sábado, 18 de junio de 2011

La Cattive Compagnie



Ya no queda más que los años haciendo peso sobre el cuerpo como lastre a nuestra agotada voluntad, aquí todo es humedad, todo es llanto, añoranza de un pasado mejor, uno juega a estar en su pasado y vive intensamente todo, lo desmenuza, lo regurgita, como si de bocado se tratase para aprovecharlo al máximo, sin saber ya, qué de todo fue cierto y que tanto es un vago recuerdo alimentado por la imaginación, solamente por mórbidos deseos que a deshoras siempre nos visitan.
Mi historia a manera de no poderla contar sin precedentes comienza a temprana edad, más allá de disfrutar mojarme entre la lluvia, jugar a brincar charcos, o las comunes competencias de fuerza, las letras  llegaron a mí para quedarse, haciendo un parte aguas, un antes y un después, se presentaron a mí al igual que a todos los infantes con coloridas cualidades, de formas rectas, otras curvas y retorcidas, primeramente la función sencilla de las vocales que en adición casi arbitraria entre estas y las consonantes generaban las palabras, y en mí la cautivación a ellas, fueron como simples adobes, que poco a poco fui utilizando en un conjunto simple, inicialmente formando habitaciones, después casas detalladas, dando paso posterior y con la práctica a grandes construcciones, hasta que rascacielos de palabras llenaron mi imaginación y mis escritos, grandes ciudadelas de múltiples mansiones extendiéndose hasta el infinito, creando así un vasto universo, ávido de palabras, como arquitecto de las mismas y en la búsqueda de nuevos planos es como di con aquella, mi segunda pasión.
Pocos días habían pasado de la primavera de mil novecientos veintisiete, cuando una carta llegó dirigida de una antigua amistad, entre saludos y bendiciones me invitaba a pasar unos días en su mansión, dada la buena relación  y el anhelo de volverla a ver, me aventuré a responderle una carta afirmativa tomándole la  palabra, era una fácil decisión buscaba darme un respiro en un aire distinto, despabilarme un poco, ya que de aquel fulgor juvenil sobre las letras sólo quedaba una triste llama a punto de extinguirse, mi trabajo de ser el mayor de mis deleites, se había transformado en un simple acto monótono y aburrido, al principio figuraba mi empleo como un peldaño hacia un prominente futuro, un futuro que figuró siempre distante, terminando tal cual como inicié, un simple cuentista con un espacio breve y prescindible en el periódico de la localidad.
Rosita Alvírez, era el nombre de aquella amistad, simplemente “Ros” en complicidad de letras, ella al igual que yo encontraba placer en el anonimato, gustaba beber la soledad en pequeños tragos, y de vez en cuando brindar por ella chocando copas, otras veces chocando labios, apostábamos siempre a lo desconocido, a veces apostábamos con el afán de no ganar, con afán de perdernos. Había una mezcla de rectitud e indecencia en ella; su mirada poseía un gesto infantil e hipnotizarte, sus ojos eran grandes y su escote siempre pronunciado, un aroma a flores siempre daba aviso a su presencia haciéndome caer en un tipo de placer insano, su mirada clavándose en mis ojos y su dulce voz, más de alguna ocasión, fue lo único necesario para levantar las llamas del deseo, dieciocho años era la edad de mi locura y un metro sesenta dos era la medida de mi enfebrecida adicción, sumando un par de labios rosas y un enrojecido rubor en sus mejillas, nuestra fiebre era un mal de dos, externada sólo en el acto, pues jamás hablábamos al respecto, siendo así este incendio pasional, una verdad oculta entre ella y yo. Al pasar del tiempo fuimos distanciando los caminos hasta que partimos tomando cada quien distintas vocaciones, sin perder nunca el contacto, nos escribíamos continuamente para saber uno del otro, muchas de esas cartas eran sutiles incitaciones a revivir el pasado, algunas otras eran poesías que en lenguaje cifrado explayaban nuestro mutuo deseo de estar de nuevo uno cerca del otro, parecía seguir fértil aquella emoción, aún después de tanto tiempo y de cientos de kilómetros a la distancia, eran sin lugar a dudas, las letras lo que pudo más que la carne en nuestros pasos, eran las letras lo que durante todos esos años alimentaban nuestra imaginación, que sin lugar ni tiempo, nos llevaban uno al lado del otro, veintisiete años ya tenía mi soledad y un metro sesenta y dos seguía siendo mi adicción, un metro sesenta y dos en un sobre compacto, surgiendo entre las letras, saciando la sed del cuerpo que ninguna otra fuente sació, ella y yo resanando huecos, espacios jamás llenados completamente por el cuerpo, generados por el desamor o por el hastío del placer en constante desborde.
Partí alrededor de las seis de la mañana con rumbo fijo hacia sus brazos. El trayecto me supo a melancolía, el olor de las floridas praderas a ratos me hacia traerla a ella, ponerla en el asiento del vagón, justo a mi lado. El tren arribó a las dos y un cuarto pasado el mediodía, la travesía había sido un tanto larga, los pasajeros se quejaban, sin embargo para mí, había sido un breve momento, un palpitar acelerándose a la par de acortar la distancia entre ella y yo, bajé del tren sin más que una maleta ligera y un sobre entre mis manos, su invitación. Ya en la estación una elegante mujer se acercó a mí lo suficiente, frente a mi frenó, repitió  en tono de pregunta mi nombre, mi seudónimo con el cual siempre publicaba, y dije -sí- al sospechar que Ros mandaba por mí a esta noble dama de acompañante, ella simplemente me sonrió, inclinando un poco su cabeza acercó mi rostro al de ella con sus manos que en un instante inadvertido y presuroso habían pasado tras de mis hombros sosteniéndome la nuca, sin momento para reaccionar aquella elegante mujer plantaba sus labios sobre los míos, pude sentir su cálido pecho en mi corazón, que en resonancia al suyo parecía responder acelerado, un beso tenue, delicado, como el fino pincel del pintor deslizándose sobre el lienzo con magistral precisión, se hizo el silencio a dos, labios por labios en cadencia exacta, ninguna mujer en mi vida había despegado en tan pausado instante mis pies del suelo, su beso pasajero había sido muy breve, como un cordial saludo, quizá para ella, más no para mí, en aquel beso había perdido la noción del tiempo y del espacio, aquella mujer, me había llevado sin escalas ni boleto, a un paraje de excitación ensordecida, sólo para hacerme volver al tono de su fuerte voz decir  -bienvenido, Ros espera-.
Amablemente la mujer, en efecto, me guió hacia el transporte que Ros había mandado, sin entender mucho de lo que ocurría, di mi maleta al chofer dejando sólo la carta entre mis manos, tomé asiento en la parte trasera junto con aquella dama aún desconocida.
–Llámeme “Malquerida”- dijo abriéndose paso entre el silencio, mientras una sonrisa benevolente nacía en su rostro.
 – ¿Carta de Ros?- Alguien preguntó desde el asiento del copiloto–. “No Tiene Que Ver Con el Amor” soy yo, Ros al igual que a ti, también nos ha invitado-. Antes que pudiera preguntar aquella voz femenina respondía, dejándome atónito al simplemente asentir con la cabeza.

Llegamos alrededor de las cuatro de la tarde, un sirviente nos dio la bienvenida y nos guió hacia dentro de una bella mansión, de pronto la vi, nacía ella entre mis ojos, en luz tenue, era ella sentada en un sofá, imperturbable, con aquel mismo rubor en sus mejillas, una pierna en cruce sobresaliendo de la abertura de un vestido largo, lucía un escote pronunciado como los de antaño, sus rizos sueltos caían resorteando hacia sus hombros, era ella intacta e imperturbable, la misma desde aquél entonces, la que nacía desde las letras visitando mis calurosas noches, usaba unas gafas abatibles que aumentaban su porte intelectual, descansaba un libro sobre su regazo y su mirada se sumergía en aquel desconocido ejemplar, parecía que lo que leía había llamado profundamente su atención, ya que ni el anuncio del sirviente avisando nuestra llegada la importunó, hasta pasado después un instante cerró aquel tomo para ponerlo sobre una mesita de lectura tranquilamente, guardó sus gafas y en un cambio extraño de ánimo simplemente saludó efusivamente a sus recién llegados invitados.
-¿Me imagino que ya se habrán presentado en el camino? –Dijo con una suave voz en ligero tono de burla.
-De cierta forma nos hemos presentado –“Malquerida” respondió ante el silencio impuesto por “no tiene que ver con el amor” y yo de nuevo un simple -sí- de respuesta.
Se escucharon voces detrás de nosotros era un grupo de cinco personas que al igual que las damas anteriores se identificaron con seudónimos como “Pherro”, “Dark”, “Fer” “Siracusa” y por último una mujer de un cabello rojo intenso que dijo llamarse simplemente “Úrsula”.
-Los he citado aquí a algunos con la premisa de un taller novedoso y algunos otros por simple nostalgia del pasado, sin embargo, todos compartimos algo, la pasión a las letras, los dejo retirarse a sus habitaciones y ya mañana explayaremos más sobre este tema.
Sin antes terminar de dar las últimas instrucciones o el buenas noches de despedida, un extraño más de entre las sombras surgió tomando fuertemente su cintura, Ros simplemente soltó un suspiro sorpresivo, sin dejarla siquiera voltear el extraño aquel acercó sus labios a su oído, murmurando algo a lo cual Ros sólo respondía con miradas perturbadas y una posee en extremo recta posiblemente generada de aquel choque de labios contra oído, sin dejar de hablarle, el extraño subió una mano desde su cadera hasta una de las copas de su escote, en ese momento no pude más que voltear mi mirada, mientras escuchaba que ella ligeramente reía.
-Aquel es “Gonzo” el amor en turno de la dama “Ros”.
-¿Quién eres tú? –Pregunté a aquel tipo de una manera un tanto enérgica, se encontraba a mi lado y se dirigía a mí en un tono de completa confianza.
-Yo soy “Destroyer” y al parecer somos el último grupo en llegar. –Señaló la entrada del salón donde un grupo de otras tres personas alcancé a percibir.
Una extraña sensación se apoderó de mi cuerpo, era un celo, un frenesí desmesurado, al recrear aquella última visión, ese hombre de entre las sombras había usurpado mi cultivada imaginación entre Ros y yo, la había saboteado, con sus manos echaba a un lado las mías para recorrer lentamente su talle, frenando sólo para sujetar firmemente sus caderas, después su pecho, arrancaba sin piedad mis labios, poniendo los suyos sin aviso en su oído, desde las sombras sólo había llegado para privarme de ella, de su aroma, de mi flor.
El sirviente nos dijo que nos guiaría en pares a nuestras habitaciones, comentó que la asignación para las mismas estaban ya estrictamente establecidas quedando así la imposibilidad de algún tipo de cambio, a sorpresa mía y del grupo recién llegado las habitaciones habían sido sorteadas cada una para dos ocupantes, un caballero y una dama en cada una, todo mundo al principio exclamó, otros simplemente por el cansancio no hicieron más que llegar a su habitación sin siquiera emitir sonido alguno, yo me sentía en un caos enrarecido y trataba de hilar el cómo había llegado a aquel lugar, desde haber conocido a Ros, sus cartas, la invitación, el beso de la enigmática dama, y por último aquella enardecida visión del hombre tomando por la espalda a Ros, aturdido no hice más que seguir al sirviente al escuchar llamarme, sin siquiera poner atención con quien compartiría cuarto.
Ya en aquella habitación para mi sorpresa en el sorteo había tocado compartir estancia con un caballero, aun seguía un tanto aturdido por toda la serie de sorpresas, sin más extendí mi mano.
-Hola yo soy….
-Sin nombres por favor, llámeme “Capitán Tintasangre” un gusto conocerle, he visto ya su seudónimo en la lista de asignación. –Interrumpió tomando mi mano, dando un fuerte apretón.
-No entiendo el porqué de hablarnos en seudónimos.
-Reglas de la casa camarada, la dama “Ros” ha prohibido estrictamente el uso de nombres de pila, argumentando que aquí no hay hombres ni mujeres, solo “escribicionistas”. –Hablaba mientras caminaba hacia lo que parecía ser un gran balcón.
-¿“Escribicionistas”?
-Así es, aficionados, apasionados a las letras, no importando credo ni ocupación, desde cuentistas, gente de abolengo, hasta bucaneros como yo. –El capitán encendía un puro el cual había sacado del interior de su levita-. Mañana sabremos más, sobre esta tan extendida invitación, si bien algo se me informó al respecto, aún no me queda muy claro el por qué de esta reunión. –El capitán dejó de hablar para dar un par de caladas a su puro, yo simplemente me tiré en cama pues sólo quería dormir y olvidar.

La primera noche nos cubría calurosamente, no hacía mucho rato que recostado había caído en un sueño profundo, cuando de pronto un ruido me despertó, entre penumbras advertí que “Tintasangre” no ocupaba la otra cama.
-¿Te desperté? –una  voz desde las sombras en lo que distinguí como un sofá frente a mi cama habló.
-¿Quien anda ahí? –dirigí mi voz dudando y aún un tanto adormilado.
-Eso no importa querido, pues al parecer hubo una segunda asignación de habitación y aquí me tienes.
-¿Ros, eres tú? –Sin decir más, aquella sombra de fuerte aroma a rosas se paraba acercándose a la cama, y al topar con esta comenzó a acercarse como si de un felino se tratase, hasta quedar completamente encima, dejando de su cuerpo al mío escasos centímetros de distancia, acercó su cabeza hacia la mía que aún reposaba sobre aquella almohada, mordió mis labios sin besarlos, mordiscos intensos, repetidos, exploró mi rostro con su lengua, comenzó a pasarla por el cuello generando en mí una fuerte descarga eléctrica desde los pies hasta el último de mis cabellos, la tomé por lo hombros, sentí una piel cálida, tensa y suave, sorprendido no hice más que deslizar mis manos hacia su baja espalda, me daba por enterado que no traía prenda alguna, la acerqué hacia mi cuerpo, aterrizando suavemente el suyo sobre el mío, sólo una tenue sábana separando su tibio sexo, del mío enardecido, una excitación sin precedentes me habitaba, en delicado vaivén ella posaba sus caderas sobre mí, la tomé en un fuerte abrazo jalándola de nuevo hacia mi pecho, separando con mis brazos la cabeza de uno de sus hombros le acerté un mordisco fuerte por el cuello, a lo cual ella respondió con un grito suave y excitante, su cuerpo era como una llama intensa que me consumía, traté de quitar la sábana como el único obstáculo entre nuestra unión.
-Sin sábana no…-me dijo susurrando mientras jugueteaba con su boca en mi oído.
-¡Suficiente, es todo por hoy! –Alguien más exclamo desde el balcón que inadvertidamente parecía estar al tanto de lo que entre Ros y yo pasaba. De pronto sentí un fuerte mareo todo a mi alrededor giraba, después la oscuridad lo cubrió todo y no supe más de mí.

Campanadas pude escuchar, fuertes campanadas que se metían por la ventana, abruptamente desperté un tanto alterado al no saber qué había pasado, al verme de ese modo “TintaSangre” a mí se dirigió preguntando si me encontraba del todo bien, al cual respondí pasado un breve tiempo a su pregunta que en efecto estaba todo bien, estaba desconcertado, dado que aún los recuerdos de la noche anterior, tenían morada fija en mi memoria.

Sin antes vestirme por completo, surgió en mí, las ganas de escribir todo aquello que había pasado, entendí que todo había sido un morboso sueño dadas las visiones del día anterior y el clima caluroso de la temporada, comencé a escribir sin parar, aquella llama que en mi juventud había quedado abandonada y a punto de extinguirse, renacía en mí, en mi relato, el cual de una manera completamente descriptiva abordaba la última visita recibida entre mis sueños, con un tanto de imaginación extra, incrementaba lo que había sucedido, ponía la medida entre sus dos pechos y el color exacto de su sexo, las cualidades del mismo y el cuanto había tardado en recorrer mis manos desde sus pantorrillas hasta su dulce cuello.

Al parar de escribir y por fin leer lo ya escrito, sentí una mezcla entre aberración y excitación, parecía que había capturado aquel momento exacto, toda ella había sido capturada a un par de letras que bien hiladas me llevaban de la mano a revivirlo todo, describía todo de una manera un tanto exagerada, sin llegar al punto de lo inverosímil, este tipo de literatura era nueva para mí, un mundo de letras nuevo e inexplorado, un nuevo plano para una nueva construcción se mostraba ante mí. Llamaron a la puerta de manera enérgica, “Tintasangre” respondió un fuerte -¿Diga?- mientras yo guardé aquel escrito extraño en la cajonera.
-¿Están todos ahí? –desde afuera alguien preguntaba
-Completos –TintaSangre respondió mientras abría la puerta
-Parece ser que en algunos cuartos algunos invitados sin dar aviso ni recoger sus pertenencias han abandonado la mansión –“Fernando” uno de los últimos en llegar era quien había tocado, comentándonos la situación-. Sólo una nota en la cama de mi compañera de cuarto y en otras más hemos encontrado,
Fernando nos guió hasta su cuarto en el cual notamos que en la cama de su acompañante se encontraba una nota en una hoja en blanco y sobre esta una rosa, la nota sólo decía:
“No tiene que ver con el amor” “Le Cattive Compagnie I”
Inspeccionamos los demás cuartos de puerta en puerta en total encontramos siete vacantes de acuerdo al listado de invitados con una nota en blanco en cuatro camas y solamente tres con el título repetido una y otra vez:
“Gonzo” “Le cattive compagnie II” y “Pherro” “Le cattive compagnie III GB”.
-Quizá de juerga se habrán ido –Tintasangre comentó, y sin más que extrañecidos mirándonos los unos a los otros regresamos cada uno a nuestra respectiva habitación.

Eran las siete de la mañana del nuevo día cuando el sirviente a nuestro cuarto llamó comentaba que el desayuno estaba servido y Ros esperaba por nosotros, salimos del pasillo para encontrarnos simultáneamente con los aún invitados restantes, nos dirigimos hacia el comedor en el cual se encontraba Ros, dirigió saludos personalmente de uno en uno hasta que “Malquerida” interrumpió cuestionaba a Ros del porque de las habitaciones compartidas entre mujer y varón, marcando su recatada postura ante aberrante decisión tan ausente de decoro, Ros sólo respondió que era con la finalidad de romper esquemas y conocernos un poco mejor. Casi al terminar el desayuno un hombre entraba desde la cocina con una charola plateada y sobre ella una taza de té, de llamar la atención era una máscara cubriendo parcialmente su rostro. Se acercó a Ros, dejó la taza de té y sin decir más partió de nuevo a la cocina.
-¿Y ese hombre tan extraño? –Siracusa preguntó
-Es un sirviente de muchos años.
-¡Vaya! Usted siempre llena de sorpresas Ros –Tintasangre añadió al tema.
-Se ha dañado el rostro y no me gusta ver tan horrorosas marcas, ¡Mucho menos mientras como! -Sorbía su té, no sin antes haberle dado algunos soplos-. Un nuevo taller es lo que hoy nos reúne, un nuevo taller, una nueva forma de expresión.
-¿Y los faltantes? –Malquerida habló en tono inquisitivo.
-Ellos se han marchado desde temprano, algunos de ellos ya participaron en el taller me comentaron mandar muy pronto sus escritos.
-¿Qué clase de escritos? –sin darme cuenta pregunté
-¡Pues escribicionismo querido! –Sonrientemente me miró- los espero a las seis en el salón para empezar a trabajar.

Nos retiramos, yo emprendí camino de nuevo hacia mi cuarto aún no me quedaba del todo claro que era lo que hacía en aquel lugar, mis labios parecían arder y sentía el cuerpo un tanto adolorido, entré al cuarto, de nuevo estaba solo, me senté en la cama, recordé el escrito que había hecho hace varias horas entrada apenas la mañana, abrí el cajón y ya no estaba, lo busqué por todas partes siendo nula mi suerte, mi escrito había desaparecido.

Salí con prisa del lugar, dirigí mis pasos hacia la biblioteca, miré la puerta un poco abierta, parecía no haber cerrado por completo, empujé un poco y antes de dar el paso que me adentrara a dicha habitación, me contuve al ver un par de cuerpos abrazados, retrocedí, jalé lentamente hacia mí lo poco que había abierto, lo suficiente para no cerrar del todo la puerta, lo suficiente para mirar, la biblioteca permanecía en una tenue luz,  dado que el lugar tenía las cortinas de un púrpura intenso y aún permaneciendo cerradas, dejaban un tenue paso a la luz del cercano mediodía, pintándolo todo en un ligero tono violáceo, una mujer de mediana figura sucumbía ante un hombre alto que en mi vida había visto, se acercaba salvajemente hacia ella, la besaba bruscamente por el cuello mientras poco a poco la arrinconaba, llevando su cuerpo hacia el librero, el hombre en un abrazo simulado aflojó las cuerdas del corsé cayendo el vestido por su propio peso, dejando ver dos redondos pechos y unas piernas separadas sólo por unas diminutas bragas, comenzó a recorrerle el cuerpo con su manos, generando en ella ligeros gemidos, sin nunca despegar los labios de ella de los suyos, sujetó sus piernas que separaba y llevaba hacia su cuerpo para subirla en breve instante sobre una mesa de estudio a un lado del librero, para ella únicamente fue un gemir abrupto mientras con sus  brazos hacía un nudo hacia su cuello, aquel hombre sin más preámbulo a ella se unió, lanzando esta última un gemido fuerte. Me preocupé al creer que alguien podía haber escuchado tan rebosante gemido, casi cerré la puerta, miré acaloradamente alrededor, no había nadie, me asomé de nuevo, su acto era un enardecido vaivén, un romper de olas frecuente y repetido, sus gemidos ahora ya eran compartidos a par y ritmo, de pronto ella se erizaba y en una fuerte contracción parecía que su cuerpo empequeñecía frente al de él, advirtiendo lo que se acercaba el tapo fuertemente su boca para apagar aquel intento fallido de grito, quedando sólo un lamento mudo de desfallecimiento.

Me alejé despacio del lugar, tratando de no hacer ningún tipo de ruido, mas mi corazón parecía querer delatarme, salí al jardín bajo la imperante necesidad de aire fresco, por mi mente cruzaba la pregunta de a que misterioso lugar había llegado, regresé pasado un par de minutos y antes de doblar pasillo para retornar a la antesala de la biblioteca, frené en seco al ver salir a el sirviente de la máscara extraña de manera acelerada se dirigió a la cocina, esperé un instante más esperando que la mujer que lo acompañaba saliera igual, pasado un instante después que él, nadie salió, me acerqué a la biblioteca y en el momento exacto que jalé la puerta la mujer del interior salía sujetando la cerradura entre sus manos y empujando hacia mí.
-¡Oh!, ¿perdón te asusté? –Era Siracusa quien salía a la par que yo trataba entrar.
-Nada de eso. -Un tanto nervioso respondí ante la idea que ella diera por hecho que todo el tiempo estuve detrás de la puerta.
-No hay nadie dentro –ligeramente acomodaba su cabello- he entrado esperando ver algún tomo interesante, mas no he encontrado alguno, y del dichoso taller nadie ha llegado, la biblioteca está vacía.

Fingí desconcierto, ante su aseveración, le respondí que de cualquier forma quería entrar con el pretexto de buscar algún buen libro en el cual invertir mi tiempo, ella simplemente sonrió saliendo de la biblioteca.
-Si te vas como los otros, más allá de una rara nota, deja mejor tarjeta de presentación o algún número de contacto –lo dijo riendo mientras se marchaba en dirección hacia su cuarto.
Me sentí un tonto en el interior, el lugar seguía un tanto acalorado y un húmedo olor se mezclaba con el de los libros de antaño, ya en el interior decidí buscar algo que leer. Llamando mi atención dos raros tomos, que sin nombre, descansaban uno al lado de otro, el primero eran una serie de hojas sueltas zurcidas a mano de lo que parecían ser intentos de poemas, enrarecidas prosas, relatos un tanto sombríos y un poema llamado “Entra” remarcado, encerrado en un círculo rojo, al parecer pintado por lo que deduje era lápiz labial, el segundo tomo sólo era una pasta con el centro hueco, al abrir el libro pude encontrar un par de hojas dobladas, tomé asiento cerca de una de las pequeñas mesas de trabajo y comencé a leer lo siguiente:

“la noche entraba rigurosa, un calor extenuante me recorría todo el cuerpo y a falta de sueño decidí dirigirme a la cocina, al entrar pude ver que no era el único que penaba, tres hombres más se encontraban sentados en la mesa del servicio doméstico, me presenté con ellos respondiendo cada uno amablemente mi saludo era “Dark”, “Destroyer” y “OJT” el cual se molestó al oír decir a los otros dos, decían que su seudónimo era “ojete”, platicábamos de nuestros respectivos viajes, una persona más llego identificándose como sirviente, a todos nos extraño que usara máscara un sirviente, le pedimos quitársela a lo cual amablemente respondió que no era conveniente, argumentando no querer espantar más el sueño o quitarnos el apetito por algunos días, se ofreció a traernos algún alimento o bocadillo que fuese necesario, todos nos negamos, sin embargo Dark preguntó, si tenía autorizado el ofrecer algo de licor, a lo cual el sirviente asintió afablemente, sin tardar de pronto nos encontrábamos los cuatro con copa de cognac en mano, platicando cada uno nuestras aventuras y de nuestros más amados escritos, de pronto un aroma a rosas nos llegó, que en breve instante se hizo intenso, las luces por un momento parecían bajar de intensidad, simplemente reímos y decidimos brindar a fondo, antes de dejar nuestras copas vacías sobre la mesa, alguien más entraba a la cocina. A la par que se acercaba, parecían las luces apagar al ritmo de sus pasos, antes de apagar el último foco que separaba nuestra desconocida visita de la mesa, pude ver una pierna acercándose a nosotros, las luces apagaron por completo.
Sentí unos dedos que temerosos tocaban mi pecho, era una mano proveniente desde el respaldo de mi silla, seguidos de una palma que sin permiso entraba por mi pecho, tocaba mis pezones, ligeramente rasguñaba, una fuerte descarga me dejó petrificado, no por temor, era una fuerte excitación, tomé aquella mano y la dirigí hacia mi sexo, sus dedos ligeramente lo rozaron para después subir lentamente por el vientre, el olor a rosas se fraguaba en ella y ahora desde mi pecho hasta mi sexo, entre penumbras surgía el cuerpo dueño de aquel aroma, y de media vuelta del respaldo hacia mí, me montaba en un girar de piernas, serpenteando comenzó a frotar su sexo contra el mío, henchido de deseo sujeté uno de sus pechos y ligeramente mordí el lunar central de este, lamía mi oreja. En la oscuridad de aquella cocina sólo se generaba el aroma a seducción, de ser deseo de dos, se hizo de pronto caricias a cuatro, seis y ocho manos, ocho manos en búsqueda de saciar un cuerpo, una rosa oscura, una dulce flor, turnando el tiempo de aspirarla y poseerla, éramos una sola caricia  un solo ímpetu, una hidra de deseos devorándole el cuerpo, rozando su talle, lamiendo su esencia, mordisquemos, nos rasguña alguien arremete hacia su centro, un grito, luego cuatro, rosa deshojada, olor a sangre, un desmayo, todo gira, se pierde, un himno de aullidos, y todo se pierde…,

Pherro

El escrito terminaba, espantado giré las hojas, parecían tener unas manchas oscurecidas y no si por la mezcla entre excitación o por el romanticismo tan explicito en aquel escrito, sentía que mi respiración se hacía corta y mi corazón latía de nuevo fuertemente, euforia en gotas por la frente me escurría, un ruido escuché claramente desde la puerta…y un intenso olor a flores.
De pronto alimentado aún por aquel relato, sentí lo mismo que aquel personaje narraba, una fuerte contracción me paralizaba, era presa entonces de un extraño pánico angustiante.
-Encontraste entonces ya el escrito –Alguien dijo a mis espaldas, un hondo vacío en el pecho me provocó aquella voz, como si esas palabras me hubieran volado el corazón, en certero tiro a mis entrañas.
-Siempre con ganas de descubrirlo todo, siempre con tus ganas de encontrar lo inexplorado, anticipándote-. Sin más, concentrando mis fuerzas, giré hacia aquella voz, era Ros y a su lado “Malquerida” que arrimando una silla de las dispuestas bajo las mesas de estudio, jalaba una hacia ella para tomar asiento, sacando papel y pluma, comenzando a escribir.
Ros se encontraba frente de mí, traía un escote negro, el cual le hacía lucir sus senos respingados, dejaba ver un blanco abdomen, unas bragas del mismo color que el del sostén y por encima de estas un liguero corto sujetando unas mallas, que identifiqué, dada aquella extraña luz violácea, de un tono rojo transparente, me sorprendió verla de esta forma, sorprendiéndome aún más lo que traía en sus manos.
-Tu escrito es contrastante, es…digamos un tanto, “romántico” y electrificante –Decía en un tono sarcástico.
La tomé por los hombros y al tocarla sentí aquella descarga, misma descarga generada por nuestro encuentro nocturno anterior. Extendiéndose desde las yemas de los dedos, recorriendo mis manos hasta el pecho para posterior regarse por todo el cuerpo, haciéndome languidecer frente a ella, quedando al punto del desmallo sobre el suelo, a escasos centímetros de caer por completo, alcancé a sujetar sus pies los cuales calzaban unos tacones altos.
-Es veneno amor…un magnifico veneno, una extraña infusión, de amor y en su máximo esplendor un tónico de muerte.
Volteaba hacia los lados con la poca movilidad que aun poseía, sentía una enervante pasión, un éxtasis corpóreo, me arrastraba hacia el lado del librero, tratando de llegar al muro y ya teniéndole de soporte intentar, sentarme.
-Sigan, Sigan, Ros… por favor usted no pare –Decía Malquerida que al parecer no paraba de escribir, lanzándonos miradas, para después enfocarla enardecidamente en su escrito, como el pintor abstraído en la captura de lo visto en el trasplante hacia su arte.
Las puertas se abrían y “Tintasangre” entraba con dos cuerpos que arrastraba como si de animales se tratasen,
-Aquí están  capitulo uno y dos –Con su fuerte voz exclamo, eran “no tiene que ver con el amor” amortajada con una sábana nupcial de la cual sus brazos descubiertos eran lo único que asomaban y en el lado izquierdo “Gonzo” quien simplemente desnudo con unas hojas incrustadas en su espalda, fue puesto en el suelo a un lado del otro cadáver.
-Bien, muy bien –extrañamente Ros aplaudía cual niña emocionada.
-Capitulo tres y cuatro aquí –Entraba el mayordomo de la máscara quien traía unos guantes negros postrando sobre el suelo los cuerpos de Pherro y Siracusa.
-¿Qué pasó con Úrsula y los demás cuerpos? –preguntaba Ros.
-Descansando en el frigorífico con los del capítulo tres –respondió el mayordomo.
-Y usted siendo capitulo dos y aquel el uno –Dijo dirigiendo su cabeza hacia .
Aún aturdido no entendía muy bien que pasaba, sabía que mi vida estaba en riesgo, me congeló la respuesta dada por Tintasangre, no entendía por qué Ros no parecía sentir ningún tipo de temor ante el terrible asesinato de su amante, mi corazón aun seguía extasiado sin poderme mover.
-¿Creíste que era yo aquella noche, no es así? –Ros se inclinó a mí  que haciendo uso de toda mi fuerza había podido sentarme contra la pared, a un lado del librero
- Así es querido el capitulo uno que Tintasangre arrastra –tronaba sus dedos a fin de que Tintasangre  trajera el cadáver a la cercanía de nosotros dos- era ella “no tiene que ver con el amor”.
Mostrándome un lado de su cuello, pude ver un intenso morete, a mi mente venia aquel mordisco que le había acertado según yo a quien creí que era Ros.
-Malquerida, espero que no hayas parado de escribir. –Ros lo dijo mientras miraba a Malquerida que en efecto no dejaba de escribir.
Tintasangre dejaba los cuerpos inertes sobre el suelo, al igual que el mayordomo.
Ros los empezó a besar a ambos, Malquerida no dejaba de redactar en ningún momento, sólo para en algunos momentos voltear, mirarnos, ver nuestro alrededor para posteriormente capturarle en esas hojas que escribía.

Mi corazón se comenzó a acelerar aún más, ya que esos besos tenían lugar a cabo a una distancia muy cercana la de mi cuerpo sentado el cual permanecía en el suelo.

El mayordomo comenzó a besar a Ros por el cuello, mientras Tintasangre se concentro hincadamente en sus caderas, haciendo a un lado su diminuta ropa interior, para explorar con su lengua aquel húmedo sexo, el mayordomo ahora no traía una máscara como la de antes, era un gran signo de interrogación dejando salir de su rostro sólo su boca, la cual inteligentemente usaba para recorrerle la nuca a Ros, después sacando una pequeña navaja de su bolsillo, cortó su sostén justo por la mitad, en el enlace de sus dos grandes pechos, al ella sentir sus dos senos liberados, dio una media vuelta para plantarle sus rosas labios al mayordomo, el cual al recibir tan fuerte beso, parecía haber sido mordido, ya que pude ver un pequeño hilo de sangre saliendo de su mutua y salvaje unión, ella tomaba la navaja de sus manos, en lo que yo creí que era para asesinarlo, sólo lo tumbó al suelo con el peso de su cuerpo, para después montarlo y cortar con la navaja salvajemente sus ropas, dejando su cuerpo en desnudes total, la cual mostraba claramente a la vista de cualquiera, una fuerte erección. Tintasangre, quien se había hecho a un lado ante el ataque de Ros al mayordomo, volvió a ella tomándola por las espaldas para posteriormente, de un fuerte jalón a su cabellera, plantarle un beso fuerte, arrebatándole la navaja, ahora el trozaba las bragas de la dama Ros, dejándola solo así con un ligero liguero y aquellas medias transparentes, Ros quien en cuclillas se encontraba montada sobre el mayordomo, solo se incorporo un poco lo suficiente para sacar sus ya trozadas bragas, tomando con firmeza el miembro del mayordomo para introducirlo rápidamente en su suave caverna, gritó un poco, con otra mano jalo hacia ella a Tintasangre a quien pidiéndole de manera sonriente, entrego la navaja para cortar igual las ropas de este, desnudo ya, lo sujetó por las nalgas, acercándolo a su rostro para devorar su sexo, el mayordomo tendido sobre el suelo comenzaba a hacer ligeros ondeos pélvicos que desembocaban en un vaivén de la boca de Ros hacia el henchido miembro de Tintasangre, de nuevo aquel aroma a rosas se fraguó en toda la biblioteca, pude ver como malquerida comenzaba a desabotonarse la camisa, mientras ligeramente frotaba su pecho, esto sin dejar de escribir, completamente entrada en aquel texto,  Ros mirándome no hizo más que sonreír y me lanzó, aquella ropa interior ya trozada, mi corazón se partía en mil pedazos, era mi amor enlodado, mi pulcro amor crucificado entre dos verdugos, el mayordomo levantó un poco la cadera de Ros para zafar aquella unión, a lo que ella entendió que tenían que ponerse de pie, Tintasangre retrocedió, ahora el mayordomo tomaba a Ros por la cintura y la clavaba los dientes en el oído, puso el cuerpo de ella contra los libros, como si fuese un policía y se encontrara Ros en algún tipo de revisión rutinaria, el hombre separo sus piernas, ella se inclino un poco para dejar entrar aquel miembro erecto en los templos más oscuros de su cuerpo, donde algunos años ese tipo de uniones y aun a la fecha estaban totalmente prohibidas al pertenecer a un grupo excluido de la sociedad, los homosexuales. Ros solo gemía de placer o dolor no sabía a que pertenecían sus gritos, el tomó sus piernas y la levantó a lo que Tintasangre no hizo sino recibirla entre sus brazos colocando su sexo en las puertas del de ella para posteriormente penetrarle con fuerza, era un abrazo de tres personas unidas como guirnaldas a una misma flor, aquel acto aberrante me generaba repulsión, a la par de una grande e indescriptible excitación, sentía aquel mareo de la noche ya pasada, esa misma llama ya no solo emanaba de mí , sino de todo aquel cuarto, la biblioteca había dejado de ser el templo de los libros, para ser una cámara infernal, donde Satán y sus acólitos celebraban sus gracias, derrochando gemidos y perversión, los tres eran como olas chocando unas con otras contra Ros que como piedra resistía el quebrar de sus mareas agitadas, de frente y a sus espaldas, parecían tratar de destruirla. Malquerida seguía escribiendo absorta ante aquel acto, finalmente Ros y los otros dos gritaron, no era un grito común son algo mas lamentado como el aullido del lobo llamando a su jauría, sentí un escalofrío horrendo y mi sexo se encontraba a punto de la eyaculación. Se separaron y posterior a esta separación, Tintasangre con la mano al corazón, caía duramente contra el suelo, el mayordomo lucia tan extasiado, que trato de dar unos pasos más hacia la mesa donde Malquerida escribía para desfallecer a la altura de los pies de esta, solo alcanzando a tocar su pantorrilla con el estirar de su mano.

-Bien muy bien –Ros seguía simplemente aplaudiendo- solo tú y yo amor, de nuevo el mundo parece abstraerse a nosotros dos, a nuestra fiebre como cuando teníamos dieciocho años.
Se acerco a mí y antes de ayudarme a levantar frotaba su sexo contra mi rostro, sentí repulsión por ella por tan viles y oscurecidos actos, pero al corazón nadie engaña, a él, parecía haberle sido de poca importancia, reviviendo fuertemente entre latidos ante aquella, mi Ros.
 Posando su sexo ante mi rostro no hice más que seguir el juego, su juego y para mi mayor anhelo desde mis lejanos dieciocho años, lo recorrí desesperadamente con mi lengua, sujetando por detrás sus caderas, las cuales separaba para introducir mi dedo por detrás.
-Así es mi amor, así, sin tantas ataduras, siempre el mejor erotismo es el real, el que en un impulso arrebatado del cuerpo se lleva a cabo, he aquí nosotros tallereando  en un nivel más elevado, sin ataduras, sacando el animal que nos habita, sacando la mas pulcra exoticidad, la vida siempre es más real, amable y sencilla, siempre se disfruta más lo que naturalmente nace y se sigue, que aquello que la sociedad implementa como algo estricto y reprimido –lo dijo mientras pude ver que señalaba la sábana nupcial con la cual estaba parcialmente cubierto el cuerpo de no tiene que ver con el amor.
-Al rose de su sexo con mi lengua, sentía de nuevo esa poderosa descarga penetrando mi cerebro, tan fuerte que retorcía mis manos.
-Es el veneno amor, aquel veneno preparado por él.  -Señalando el cuerpo muerto del mayordomo con la máscara.
-Se activa con el calor generando una fuerte excitación, se abandona lo racional dejando solo al animal que a todos nos habita, la sensualidad, la necesidad de enterrarse entre cuerpos y de penetrar. –Comenzó a lamer mi pecho y recogiendo la navaja que había dejado en el suelo después de haber cortado las ropas de “Tintasangre”, para posteriormente rasgar las mías, dejando mi cuerpo desnudo frente al de ella, su mirada parecía mucho mas excitada que nunca, comenzó a lamer mi miembro, lo introdujo de manera total en su boca, llegando hasta la garganta, solo pude lanzar un suspiro ante ese acto inesperado, el pecho se me subía desde mi vientre a la garganta.
-Se ingiere por contacto por la piel o ingiriéndose en líquidos es mucho más fuerte, como el cognac que el mayordomo dio a los del capítulo tres –lo decía a la par que recorría con su lengua desde mi miembro hasta mi pezón.
Sin resistirlo màs y aun con pocas fuerzas, la jale, inesperadamente cayó sentada de piernas abiertas frente a mí, resultando en una fuerte y dolorosa penetración para los dos, ella solo grito tan fuerte y excitantemente que Malquerida apresurada en escribir, paro de hacerlo sólo para dar unos paso hacia  nosotros y después caer contra el suelo de la biblioteca, Ros no le dio mucha importancia y comenzó a mecerse contra mi cuerpo, la sentía cálida y goteante parecía estar literalmente poseída por tantos actos, asesinatos, venenos, besos y muerte parecían haberla llevado a la cima de la excitación, se mecía bruscamente mientras el olor a rosa fuerte empezó a despedir su suave y húmeda piel, freno un poco, giro un poco la cabeza, y miro que Malquerida había caído muerta contra el suelo.
-¡Maldito! También la enveneno a ella, pero ¿Qué estaba pensando? ¡Ese no había sido el plan! –Me mordió los pechos, aún sin despegar su unión en mí, para mi aquel terrible acto había dejado de serlo, al tenerla en mis brazos, conmigo adentro, ver su rostro sonrojado y sus pechos revolotear ante su brusco movimiento, el suave ondeo de sus erguidos brotes, los cuales sujetaba firmemente con las yemas de mis dedos pulgares.
-Nada más importa ya, ¿Tú también percibes rosas? –Lo dijo mientras jadeaba cercana a mi oído
-Sí, las rosas más exquisitas que jamás había olido.
-Entonces todo está por acabar, nos ha engañado a todos, por favor, no pares, abrázame más fuerte –lo dijo mientras cambió la imagen de su rostro, de esa excitación exorbitante, a un gesto de total ternura. No sé si por la droga pero en aquel instante todo se calló, solo era ella y yo, volando lejos por encima del deseo y del amor, éramos dos remando, dos olas con mismo ritmo exacto en medio de un océano, una suave tormenta germinado tierra, era el agua de mi flor, ella mi dulce y mejor aroma, se convulsionaba y yo tras de ella, como si todo lo hubiéramos medido de manera exacta, de pronto Ros recargaba sin más, su cabellera rizada por mi hombro, veintisiete años de esperanza y de rencor, veintisiete años de nostalgia y unido a mí, mi mejor sueño de un metro sesenta y dos se había secado, sus pétalos se habían caído…mi flor había muerto.

No hice más que gritar, lloraba mientras abrazaba fuertemente su rostro hacia mi pecho, no sabía bien que tanto de todo esto era cierto y el porqué de tan grande teatro, mi adicción se había agotado, la había inhalado y consumido por completo, desfalleciendo entre mis brazos.

-!Bravo!, !Bravo, esto ha sido sin lugar a dudas algo excelente! –Sorprendentemente era el
  mayordomo,  levantándose desde el suelo. Quien no dejaba de aplaudir.
-¡Esta obra será la mejor de las mejores!, drama, amor, erotismo crudo, poesía entre cuerpos, fragantes emociones, es lo mejor. –Trate de pararme pero era inútil, sentía mi cuerpo nublado de excitación y furor, sentía todo el cuerpo mas no podía moverme.
-¡Excelente, no había esperado menos de usted!  Mire que doble dosis de veneno de amor nadie había soportado, aquel roce con no tiene que ver con el amor, el tocar las hojas del capítulo III y una dosis triple con el rose de Ros ¡Simplemente magnifico!. –Acercándose a lo que era uno de los cajones de una mesa de estudio sacó algo como un tipo de jeringa-. Calma, calma, esto no dolerá ni un poco –. Decía mientras se acercaba a mí.
Traté de poner resistencia, pero misteriosamente no podía mover ninguna parte de mi cuerpo,  inyectó aquel líquido de la jeringa, se retiro después,  para de otro cajón sacar una vestimenta de color negra la cual acompañaba una capa y un sombrero de mismo tono.
-!La Cattive Compagnie! ¡Mi obra completa! –Lo dijo mientras de la espalda de Gonzo desincrustaba un par de hojas clavadas en su espalda- ¡Caray Malquerida se ha lucido con este grandioso escrito! –Dijo al tomar sus hojas que descansaba sobre la mesa- Pero si se me olvida este otro, el de mi amada “No tiene que ver con el amor” –Se agachó cerca del cuerpo de Ros donde habían quedado las hojas de mi escrito.

-¡Por fin!! ¡Las malas compañías completas! ¡El mejor relato de mi historia!               –Simplemente reía de manera enloquecida ese monstruo, me había generado tanta rabia la muerte de Ros que trate de levantarme, para caer torpemente con el suelo.
-Tranquilo, tranquilo todo a su momento. -Lo dijo mientras dándome la espalda se cambiaba su máscara de interrogación por una donde se podía ver el rosto sonriente de “Guy Flakes”, algún enrarecido personaje ingles de cuentos de antaño.
-El antídoto tardara unas horas en surtir de todo efecto.
-¡Maldito imbécil! ¿Por qué no me has matado al igual que los otros, por que matarlos a todos, porque maldiciones dejarme a mi vivo?.
-Nunca es bueno interpretar una magna obra sin no hay mínimo un espectador que la atestigue. –Se acercó hacia mí de manera amenazante- Fototropismo soy yo querido “Sendic”, un temor a la luz y un amor hacia las sombras, un apasionado también a los escritos, Fin del acto para ti mi camarada.
Lo dijo mientras saco un pequeño tolete de su bolsillo azotándome un seco golpe en la cabeza, y ya no supe más de mí.

Se escuchan gritos de terror, hombres armados entraban a la biblioteca, aún me giraba todo, pasos, hombres uniformados, tipos con grandes cámaras y fuertes flashes, segando mi aún nublada vista, hombres apuntando con pequeñas libretas y en la gran entrada de la biblioteca, “Fernando” quien parecía hablar aterrorizado con uno de los hombres, que de entre tantos parecía traer galardones en su hombro siendo probablemente el de mayor rango, miré hacia abajo, noté que no me encontraba sobre el suelo, si no arriba de la espalda de un cuerpo cubierto por una melena roja y larga, miré mis manos, estaban llenas de sangre, y en una de ellas la navaja del asesino aquel, como pude, me paré aún desorientado, pude ver que debajo de mí no solo era un cuerpo, si no el de todos se encontraba en una pila  amontonados, la luz había dejado de ser violácea o purpura para ser fuertemente clara, miré el ventanal, la cortina estaba recorrida y en el cristal decía:

La cattive compagnie terminada.


Los hombres uniformados no hicieron más que gritarme al unisonó, al notar que estaba de pie – ¡Al suelo!- y – ¡tire esa arma!- es lo único que escuché, a lo cual no hice nada más que atender sus fuertes indicaciones.

El juicio de esperarse salió todo mal, un jurado a la unísono y sin deliberar me condenó culpable del asesinato de doce personas en aquella gran mansión, con la mínima condena de treinta y ocho cadenas perpetúas en una prisión de máxima seguridad.

Todo aquello que representábamos ha partido, en un libro robado por el asesino llamado fototropismo, mientras tanto yo sigo aquí restándole días a mi vida que transcurre lenta y dolorosamente, he aquí solo el pinchesendic, en una oscura celda, contando mi última historia que tengo que contar, sólo entre estas letras y un muro con barrotes, sin embargo, de vez en cuando el olor de rosas desde el campo de afuera me hace recordar dos cosas; el veneno vil hecho por el demonio y asesino cruel de mi Ros, y el aroma a flores de mi Rosa. Sesenta y cuatro años de dolor y sufrimiento he pasado, escurriendo amor a gotas por mis ojos y aún sigue siendo un metro sesenta y dos dentro de un sobre apretado entre mis manos, como el recuerdo de mi más grande adicción, mi única visita que en memorias apartadas con olor a flor, llega y me abraza, como solamente en esos días, erizando mi corazón desde que la conocí, de igual forma, como en aquellos, mis mejores años.



11 comentarios:

Pherro dijo...

Tiene un ritmo de letargo, precisamente como un recuerdo añejo, al que se la han dado muchas vueltas, que fluctua entre la realidad y la alucinación, entre la negación y la desesperanza, un recuerdo que le da un sentido mórbido a una vida sin propósito. Lo peor de estar preso ha deser no poder liberarse de los malos recuerdos.
Me gustó, aunque por la extensión, es para leerse en más de una ocasión.

Dr. Gonzo dijo...

Tuve algo de problema para conservar el interés, creo que hay partes donde das muchos rodeos, sin embargo debo decir que el planteamiento es bastante bueno porque ubicas un chingo de elementos de manera sólida y es algo a lo que ya nos tienes acostumbrados. Es curioso pero siento que el elemento erótico se vuelve disonante con los personajes que a veces se sienten como sin vida y pierde peso ante lo atrapante de la historia.

Anónimo dijo...

Aw, qué loca historia, la disfruté. Me encantó el título. Pero, ¿por qué se les antoja matarnos, poes? Snif. Jaja.
Tu historia atrapa, seduce... como dice Gonzo, por el chingo de elementos que pusiste. Un placer leerte algo así, algo poético y cochinoso, fue mao menos como un disparo de perversión-erotismo-miedo-amor-repulsión-y-deseo en una misma bala. Una dósis fuerte para un tranquilo domingo. Bang. Daré una segunda leída.
=)
(ROS)

Leinad dijo...

Pherro: Así es, es una memoria perdida que como en el inicio se indica es un recuerdo que da vueltas una y otra vez, sobre la extensión del texto créeme que si se me complicó, porque si bien no metía freno podía haber terminado en un libro jajajajaja

Gonzo: No creo dar muchos rodeos, pero si pasarme de explicito en ciertas circunstancias, en el juego de plantar la idea de algo erótico y una memoria perdida, a los personajes desafortunadamente no los podía manejar de manera mas sólida o más profunda, si bien porque todos eran parte de un recuerdo lleno de morbo, una memoria de alguien que se aferra a sus pecados por así decir. Al dar mas fuerza o vida a los personajes esto se haya hecho libro, (se me complicó el tener que parar) he de ahí que en algunas partes tienes mucha razón los personajes no se sabe que sienten, piensan o el porque de sus actos, pero creo que siempre así sucede en las memorias de uno, los personajes no tienen mucha vida mas allá del simple recordar de los actos o del como se desenvuelven en la vida de quien los recuerda.

Ros: Una locura, ya se, siempre la narrativa se me complica porque cuando la “imagino” (la trama) me voy de filo, queriendo recrear hasta el menor de los detalles y todo lo que se desenvuelve quedando así siempre cosas raras y muy largas, (quizá tediosas) admito en algún momento haber querido frenar y ya no escribir más, pero no podía terminarlo tan bruscamente por que se notaria y a final de cuentas de nada haya servido el haber ideado todo tal cual como se ideó, eso de matar a todos, pues…. No se, mi subconsciente algo me quiere decir, jajaja. Ya en serio es un elemento dramático que le inyecta un poco más de no se que, que se yo... esta bien para ser honestos desde un principio en mi idea se genero que todos tenían que morir no se por que, así trabaja mi cerebro u_u


Gracias por leer algo tan largo y comentar se aprecia todo comentario, y una disculpa por presentar trabajo tantos dias despues

Úrsula Amaranta dijo...

Y cae el telón rojo...yo así me imaginé, el telón rojo en un teatro antiguo. A mi me impresiona eso de que manejaste muchos elementos, pero no los soltaste, regresaste, se redondeo, todo quedo bien, sin cabos sueltos, y si, pareciera que es muy largo, pero no, no tanto, y para tantos cabos, me parece que en poco espacio se resolvió bien. La parte erótica, a mi gusto, perfecta, el lenguaje que manejas en todo el texto me gusta, yo no lo utilizo jamás en un texto mio, pero me gusta disfrutarlo cuando alguien mas lo hace porque la verdad es raro encontrarlo, normalmente ya utilizamos un lenguaje menos rebuscado. Y bueno, me parece curioso encontrar que junto con el erotismo, se insipiraron en asesinatos y misterio, eso le da un toque peculiar.

SIRACUSA dijo...

Me gustó mucho tu relato, hay demasiados giros inesperados que hace interesante cada momento, aunque quizá si lo redujeras un poco estaria genial, el título me gustó y la parte erótica ufff dio calor.

buena vibra!!!

Leinad dijo...

Ursula: Mira que me costó un buen hacerlo no podía parar, ya tenia la idea pero en alimentarla en manera exacta, era mi mayor problema ni más (para hacer un grande libro) ni menos (para hacer un relato muy acartonado). Unos errores ortográficos por ahí andan vagando, pero ya tenía el tiempo encima y tenia que publicar, que bueno que te gusto el lenguaje, en lo particular a mí me excita algo que juega mas con mi mente e imaginación, que la cosa explícita, aunque dependiendo del lugar y del momento las dos de igual forma motivan.

Siracusa: Quizá si divague un poquitín, pero así según yo (poniendo cada cosa como está) podía narrar o dar paso a lo siguiente, aunque el problema no era la historia, ya que la tenia clara, lo que si tuve que idear eran los encuentros sexuales meterlos al relato sin romper la historia o afectar la misma, quizá por eso luce a ratos medio inflado, que bueno que te gustó el lenguaje, intenté ser mas sugerente y menos explícito.

Gracias a ambas por comentar, no he comentado a los demás por falta de tiempo pero en un momento más dejo comentarios

NTQVCA dijo...

Por lo visto con todas estas historias iremos perdiendo el interés de reunirnos alguna vez!
Me ha gustado tu historia, los primeros renglones te atrapan y no queda más que seguir para ir descubriendo, las partes "eroticas" me parecen bastante bien y me imagine a Ross como toda una vampirersa, ¡que mala ella!

Leinad dijo...

NTQVCA: Que bueno que le gustó mi locura, ya no hallaba como terminarla, pero prueba superada a todos no?...espero ya no me odien tanto por mis sugerencias en los temas. Un fuerte saludo para usted

pinchesendic dijo...

la verdad se trata de una historia que hasta hoy pude leerla, porque quería darme el tiempo necesario para disfrutarla, y aunque en un principio me sentí como que excluido de la historia, pensé que era porque mi pseudónimo es pinche sendic y una palabra como pinche no era para este relato, aunque recapacité y dije !que tal si el protagonista soy yo? porque no ha habido nombre, y no me queda más que agradecerte.
Una historia con un lenguaje muy cuidado. y un buen desenlace.

Leinad dijo...

Nada que agradecer señor sendic, no sé porque pero se me hizo el personaje más adecuado para ser el protagonista de mi historia, gracias por leer.