Escribicionistas está concebido como un taller de corte literario, en el que óptimamente 14 personas habrán de plasmar con base en la premisa de un tema distinto cada semana, su óptica, su talento, sus inquietudes y traumas, su punto de vista expresado tal cual ellos lo elijan.
Aunque la idea no tiene nada de original ya que colectivos similares existen desde hace algunos años en la llamada blogósfera, no deja de ser interesante reunir talentos que en su primera generación, tuvieron diferentes perspectivas, casi opuestas algunas de ellas.
Tuvimos por ejemplo, el talento de una mujer activa, propositiva, que gustó de traer a este blog, letras pensadas para la conciliación, para la vivencialidad del ciudadano promedio que gusta de reflexionar y enamorarse de las posibilidades de la sencillez y los sueños. Esa era Úrsula Amaranta, quien abandonó el proyecto en agosto, dejándonos con ganas de saber más de ella, Fototropismo que supo ser dedicado en sus letras imponiéndose retos constantemente para impecables resultados, La Malquerida quien gustaba de platicar historias sobre el dolor, el malestar y las buenas cosas que se pueden encontrar en los peores momentos, NTQVCA, quien nos dejó claro que grandes contenidos, grandes ideas, podían ponerse en pequeños contenedores que nos podrían hacer pensar mucho más que mil palabras, Destroyer quien pudo hacer un ejercicio no muy lejano al del joven estudiante que proyecta sus inquietudes y perspectivas en cada momento de su aportación semanal, Pherro quien siempre se interesó en proponer enfoques distintos para sus ideas, trabajar en un nivel que contribuyera al estilo del blog, OJT que en el breve tiempo que estuvo en el blog, intentó siempre poner una perspectiva distinta, algo que pudiera ser un referente alterno y llevarnos fuera del propio texto escrito. Hasta hace poco, dos del primer equipo Escribicionista se fueron. Fer quién siempre supo sorprendernos con textos sencillos pero llenos de significados y reflexiones y el Pinchesendic quien lucía un verdadero estilo propio en sus relatos.
No hay que olvidar que la primera generación Escribicionista también se vio nutrida recurrentemente con invitados. Uno de los más frecuentes seguidores de este blog, desde Perú, Luis Torres, ha logrado con su estilo sesudo y manejo sobrio del lenguaje, aficionarnos a sus intervenciones. ¿Por qué no ha entrado al equipo? Sólo él lo sabe. Pongamos nombres como Ferrioni, Alizzia, Jo, Crónicas Urbanas, Megah, Olague y Travis, como colaboradores de honor en este año Escribicionista y sin olvidar a dos invitados que se convirtieron en frecuentes asiduos semanales como el Dr. Whoanz que aún está en la plantilla con un estilo cerebral, dedicado a inspeccionar los rincones de nuestra conciencia y volcarlos en escritos delirantemente sobrios. Pinchi Hablador, quien, aunque hace pocas semanas emigró, también supo darle colorido a la plantilla del blog con interesantes y divertidos escritos que trascendían sus propias letras, dándole un aura de dramaturgo del humor ácido como pocos pueden verse.
Acerca del equipo original; Siracusa, que nos ha traído historias mágicas, llenas de pulsiones, evocadoras, Dark, quien ha sabido pulir un estilo chocante, agresivo y obscuro y el Capitán Tintasangre con su visión narrativa envolvente, que puede transportarnos a otras eras con gran facilidad, se tomaron sus descansos pero afortunadamente para nosotros, regresaron a darnos lo mucho que tienen. El Dr. Gonzo, con su áspero sentido del humor e historias en clave de dolor, nos ha permitido tener la perspectiva del vacío y la acidez necesaria para sobrellevarlo y Ros, el alma del proyecto, una de las más constantes Escribicionistas, nos ha regalado durante este año su estilo melancólico y colorido a la vez, con varios escritos ya clásicos en el blog.
No olvidamos a nuestros Escribicionistas más recientes y que han llegado para darle sustancia a este taller: Augustine que nos ha dado el punto de inicio a reflexiones complejas e historias de un ánimo cuestionador y descubridor. Julieta quien ha soltado versos e historias llenos de nostalgia, equivalentes a un atardecer calmo y pleno de recuerdos. Hanselópolis cuya imaginación y decanto por la ciencia ficción, ha traído historias de distintos caracteres y tonalidades.
El blog no es tan activo como antes, pero mientras podamos leer algo durante la semana, el vicio de leer, aprender y descubrir seguirá patente. Gracias Escribicionistas, vamos por un año más. ¿Quién dice yo?
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miércoles, 2 de mayo de 2012
miércoles, 11 de enero de 2012
Breve anatomía anímica felina

Curiosidad, erogeneidad y orgulloLe llamó llorando, no eran más de las ocho de la noche, la gata no acostumbraba a salirse del departamento. Desde pequeña ella la había acostumbrado a vivir en las dos recámaras (la segunda que ella ocasionalmente rentaba o prestaba), la sala-comedor-cocina (todo en un espacio de 2x3), el baño y el balcón en donde estaba ubicada su caja de arena. Muchas veces él pensó que ella definió una personalidad de un infante en la gata (él disfrutó y cooperó en ello); extinguió en su totalidad el instinto del felino, al menos eso creía la pareja.
-La gata no está, ya la busqué y no está. Se perdió, mi niña se perdió – dijo ella entre sollozos, apenas él entraba al departamento.
-¿Estás segura? ¿Ya buscaste bien…? –Él quería creer que la gata estaba por allí, escondida, quería también parar el llorar de ella, el deshinchar sus ojos que los lagrimares inflamaron a un punto crítico. Se puso a buscar de inmediato en el mini-espacio.
Así le abrazó durante tres días, puesto que la gata no aparecía. Algunos postes de luz de la cuadra se llenaron con la copias de una fotografía de la gata “Se busca, se recompensará a quien dé informes” decían los diez juegos de copias. Desconsolados entre las ocho de la noche regresaron al departamento. Él iba por más pañuelos para secar las lagrimas ya no sólo de ella, sino de igual forma las de él -lo hacía a escondidas- sentía que de hacerlo en su presencia le robaría el último aliento de esperanza de que la gata regresase. Le dolía, le molían ambas cosas, el sufrimiento de ella y la ausencia de su gata.
-… ¿Escuchaste? –Dijo ella, parando en seco su llanto y comunicando con sus manos que todo callará, algo escuchó y tenía que ver con la gata.
-Sí, parecen unos gatos apareándose… ¿Tú crees qué pueda ser ella? –Dubitativo pero en una entonación gustosa respondió él para luego preguntar.
Los sonidos venían de la ventana del cuarto que en ese momento no estaba ni rentado ni prestado, saltaron ambos de las sillas del comedor en donde minutos antes se encontraban lamentándose. Él se asomó primero, viendo entre el marco de la ventaba una silueta gatuna correr. Es demasiada grande para ser su gata. No quiso decirle nada ella, no le desanimaría, no le rompería más el corazón.
-¿Qué viste? ¿Es ella? –Sin lágrimas y en una combinación entre expectativa y desmoralización precipitada le preguntó.
-No. No es ella corazón –Fue firme, lo consideró en segundos y no era capaz de dar falsas expectativas. Tenían que empezar considerar la resignación, la pérdida.
El cuarto se irradió de una tristeza casi tangible, los ojos de ambos comenzaban a entrar en ese temblor que antecede a un largo llanto cuando de pronto… ella escuchó el maullar irreconocible de su gata, ese maullido entre melancólico y erótico, sí, una combinación así de extraña hacía que esta gata fuese más que particular.
-Amor, los maullidos, vienen del taller de aquí junto ¡Allí está, escúchala! ¡La encontramos, la encontramos! ¡Ve por ella! – Conmocionada en alegría al instante del reconocimiento –único- del maullido de su gata envió a él a la búsqueda. El lugar, el taller mecánico.
Entre los muchos inconvenientes del rescate se encontraba el acceso, el taller estaba cerrado, además de que existía la no tan remota posibilidad de que algún perro cuidara el taller por las noches. Esto no impidió que él se saltara el portón mientras que ella desde abajo lo animaba “tú puedes corazón, hazlo por ella, hazlo por mí, por nosotros”. Saltó al interior, las maullidos se escuchaban más cercanos, no olvidaba la gran posibilidad de la presencia de un perro vigilante; afortunadamente no fue así. La gata estaba debajo de un Dart 89, cubierta de aceite y al parecer sumamente asustada, dado que cuando él le llamó cariñosamente por su nombre al mismo tiempo que ponía sus manos sobre su pelaje la gata corrió debajo de un Topaz. Ella gritaba afuera del taller si todo iba bien allá dentro. Él de las tres veces que le gritó le escuchó sólo una vez, respondiendo “ya casi, ya casi”. Hubiese preferido que se callara, lo ponía muy nervioso.
Al paso de una hora y de manera increíble llevando a la gata en el brazo izquierdo escaló de nueva cuenta el portón, al entregarla la gata a ella, la primera respondió en un zarpazo en la mano de él, herida no profunda pero si dolorosa, y trágica en consecuencia.
El zarpazo y la sonrisa de ella del otro lado del portón son razón total para dejarles a ambas. Él perdió el equilibrio, no sin antes entregarle la gata. La caída fue fatal, cayó su frontal directo en el cemento, el cuerpo sin vida quedó adentro del taller.
Ella ahora mira desde la misma ventana en dirección al taller, acariciando el lomo de un pequeño gato hijo de aquella gata casi perdida; ella recuerda con orgullo a sus dos vidas, desafortunadamente las bolsas de sus ojos siguieron hinchadas.
Misticismo y divinidad (BAST)
“… cuando le temes al peligro muerde” es lo último que leyó Fernanda para después quedarse dormida con el suplemento cultural de La Jornada en su pecho, al menos estaba en su cama. Al ir profundizando en los sueños el lugar dónde te quedes dormida (o) es lo de menos. Esa noche Fernanda tuvo un extraño sueño (decir en ocasiones esto lo hace parecer un pleonasmo, los sueños son extraños y punto). Describe Fernanda en su sueño que en su mano izquierda sólo existían cuatro dedos y que sus yemas eran ocupadas por unas gomas suaves y rosadas, una de las gomas salpicadas por pecas cafés. Su nueva mano le permitía sentir las cosas de manera distinta, es como si por primera vez tocará todo nos dice, debe ser fabuloso le decía un voz de un hombre en el sueño que hasta ese momento no tenía una forma ni un lugar de origen. Fernanda por tanto soñó que tocaba el agua por primera vez, y hubo una primera vez también para sentir el calor, otra más para sentir el pasto verde, indescriptible nos dijo. La voz no dejó de acompañarle, es extraño (esto es realmente extraño) saber que una voz te acompaña sin escucharle, y Fernanda se decía:
-no hablo de esas cosas pesadas de la voz interior.
Fernanda y su nueva mano quisieron sentir por primera vez la corteza de un árbol, la sensación como las anteriores fue indescriptible, sólo que en esta ocasión unas uñas curvas, cuatro, salieron por debajo de sus gomitas, sintió la terrible y excitante necesidad de rasgar la corteza.
-Imagino que debe ser fantástico, ajá, la sensación que te provoca hacer eso -dijo la voz
Fernanda continuó afilando sus uñas en el árbol ignorando la voz. La voz repitió la misma frase
-Imagino que debe ser fantástico, ajá, la sensación que te provoca hacer eso -dijo la vozFernanda en este momento dejo de ignorar la voz, le escuchaba más cerca. Sus nuevas garras no dejaban de escarbar la corteza, la corteza al ser desgastada iba moldeando un orificio, en el cual comenzó a escuchar sonidos como si alguien estuviese atragantándose; del orificio se moldeaban unas encías de las cuales brotaban unos dientes, dientes que mordieron ferozmente la mano de Fernanda. Despertó.
Estaba en un hospital con la mano izquierda vendada, colgada a lado de la cama. Respiraba aceleradamente, su respiración se iba reacomodando a su ritmo cardiaco, el mal sueño había terminado. Unas punzadas vinieron a la mano, y de nuevo esa sensación de una voz que no escuchas, la punzada se convirtió en un apretón, en un jalón, en desgarre. Logró mover su cuerpo, necesitaba saber que mordía su mano, algo debajo de la cama. Un hombre sin edad, sin voz, apretaba con sus dientes grandes y fuertes la mano izquierda de Fernanda. No podía hacer nada.
-No podía hacer nada –le dijo el hombre sin dejar de morderle la mano (otro dato extraño).
Entre lágrimas y desesperación Fernanda decidió voltear a otro lado, el otro lado en ese instante fue la ventana, y atrás de la ventana la luna roja y de su luz un gato pardo. El dolor se esfumó, de hecho pareció nunca haber estado allí, una sensación de frescura, humedad, algo que curaba las heridas.
Entre parpadeos lentos, Fernanda observa lo que parecía una nube blanca muy cerca de su mano; al estar ya casi despierta nota a su gata de angora (a la cual no deja subir a su cama) quien lame delicadamente su mano izquierda. Fernanda la jala hacía ella para luego abrazarla y besarla.
When I went down, my girlfriends house.
And I sat down, lord, on her front step.
And she said a, come in now Jimi.
My husband just now left, just now left.
Ohh yeah, ohh yeah, ohh yeah, ohh yeah.
Catfish Blues, Jimi Hendrix
-La gata no está, ya la busqué y no está. Se perdió, mi niña se perdió – dijo ella entre sollozos, apenas él entraba al departamento.
-¿Estás segura? ¿Ya buscaste bien…? –Él quería creer que la gata estaba por allí, escondida, quería también parar el llorar de ella, el deshinchar sus ojos que los lagrimares inflamaron a un punto crítico. Se puso a buscar de inmediato en el mini-espacio.
Así le abrazó durante tres días, puesto que la gata no aparecía. Algunos postes de luz de la cuadra se llenaron con la copias de una fotografía de la gata “Se busca, se recompensará a quien dé informes” decían los diez juegos de copias. Desconsolados entre las ocho de la noche regresaron al departamento. Él iba por más pañuelos para secar las lagrimas ya no sólo de ella, sino de igual forma las de él -lo hacía a escondidas- sentía que de hacerlo en su presencia le robaría el último aliento de esperanza de que la gata regresase. Le dolía, le molían ambas cosas, el sufrimiento de ella y la ausencia de su gata.
-… ¿Escuchaste? –Dijo ella, parando en seco su llanto y comunicando con sus manos que todo callará, algo escuchó y tenía que ver con la gata.
-Sí, parecen unos gatos apareándose… ¿Tú crees qué pueda ser ella? –Dubitativo pero en una entonación gustosa respondió él para luego preguntar.
Los sonidos venían de la ventana del cuarto que en ese momento no estaba ni rentado ni prestado, saltaron ambos de las sillas del comedor en donde minutos antes se encontraban lamentándose. Él se asomó primero, viendo entre el marco de la ventaba una silueta gatuna correr. Es demasiada grande para ser su gata. No quiso decirle nada ella, no le desanimaría, no le rompería más el corazón.
-¿Qué viste? ¿Es ella? –Sin lágrimas y en una combinación entre expectativa y desmoralización precipitada le preguntó.
-No. No es ella corazón –Fue firme, lo consideró en segundos y no era capaz de dar falsas expectativas. Tenían que empezar considerar la resignación, la pérdida.
El cuarto se irradió de una tristeza casi tangible, los ojos de ambos comenzaban a entrar en ese temblor que antecede a un largo llanto cuando de pronto… ella escuchó el maullar irreconocible de su gata, ese maullido entre melancólico y erótico, sí, una combinación así de extraña hacía que esta gata fuese más que particular.
-Amor, los maullidos, vienen del taller de aquí junto ¡Allí está, escúchala! ¡La encontramos, la encontramos! ¡Ve por ella! – Conmocionada en alegría al instante del reconocimiento –único- del maullido de su gata envió a él a la búsqueda. El lugar, el taller mecánico.
Entre los muchos inconvenientes del rescate se encontraba el acceso, el taller estaba cerrado, además de que existía la no tan remota posibilidad de que algún perro cuidara el taller por las noches. Esto no impidió que él se saltara el portón mientras que ella desde abajo lo animaba “tú puedes corazón, hazlo por ella, hazlo por mí, por nosotros”. Saltó al interior, las maullidos se escuchaban más cercanos, no olvidaba la gran posibilidad de la presencia de un perro vigilante; afortunadamente no fue así. La gata estaba debajo de un Dart 89, cubierta de aceite y al parecer sumamente asustada, dado que cuando él le llamó cariñosamente por su nombre al mismo tiempo que ponía sus manos sobre su pelaje la gata corrió debajo de un Topaz. Ella gritaba afuera del taller si todo iba bien allá dentro. Él de las tres veces que le gritó le escuchó sólo una vez, respondiendo “ya casi, ya casi”. Hubiese preferido que se callara, lo ponía muy nervioso.
Al paso de una hora y de manera increíble llevando a la gata en el brazo izquierdo escaló de nueva cuenta el portón, al entregarla la gata a ella, la primera respondió en un zarpazo en la mano de él, herida no profunda pero si dolorosa, y trágica en consecuencia.
El zarpazo y la sonrisa de ella del otro lado del portón son razón total para dejarles a ambas. Él perdió el equilibrio, no sin antes entregarle la gata. La caída fue fatal, cayó su frontal directo en el cemento, el cuerpo sin vida quedó adentro del taller.
Ella ahora mira desde la misma ventana en dirección al taller, acariciando el lomo de un pequeño gato hijo de aquella gata casi perdida; ella recuerda con orgullo a sus dos vidas, desafortunadamente las bolsas de sus ojos siguieron hinchadas.
Misticismo y divinidad (BAST)
“… cuando le temes al peligro muerde” es lo último que leyó Fernanda para después quedarse dormida con el suplemento cultural de La Jornada en su pecho, al menos estaba en su cama. Al ir profundizando en los sueños el lugar dónde te quedes dormida (o) es lo de menos. Esa noche Fernanda tuvo un extraño sueño (decir en ocasiones esto lo hace parecer un pleonasmo, los sueños son extraños y punto). Describe Fernanda en su sueño que en su mano izquierda sólo existían cuatro dedos y que sus yemas eran ocupadas por unas gomas suaves y rosadas, una de las gomas salpicadas por pecas cafés. Su nueva mano le permitía sentir las cosas de manera distinta, es como si por primera vez tocará todo nos dice, debe ser fabuloso le decía un voz de un hombre en el sueño que hasta ese momento no tenía una forma ni un lugar de origen. Fernanda por tanto soñó que tocaba el agua por primera vez, y hubo una primera vez también para sentir el calor, otra más para sentir el pasto verde, indescriptible nos dijo. La voz no dejó de acompañarle, es extraño (esto es realmente extraño) saber que una voz te acompaña sin escucharle, y Fernanda se decía:
-no hablo de esas cosas pesadas de la voz interior.
Fernanda y su nueva mano quisieron sentir por primera vez la corteza de un árbol, la sensación como las anteriores fue indescriptible, sólo que en esta ocasión unas uñas curvas, cuatro, salieron por debajo de sus gomitas, sintió la terrible y excitante necesidad de rasgar la corteza.
-Imagino que debe ser fantástico, ajá, la sensación que te provoca hacer eso -dijo la voz
Fernanda continuó afilando sus uñas en el árbol ignorando la voz. La voz repitió la misma frase
-Imagino que debe ser fantástico, ajá, la sensación que te provoca hacer eso -dijo la vozFernanda en este momento dejo de ignorar la voz, le escuchaba más cerca. Sus nuevas garras no dejaban de escarbar la corteza, la corteza al ser desgastada iba moldeando un orificio, en el cual comenzó a escuchar sonidos como si alguien estuviese atragantándose; del orificio se moldeaban unas encías de las cuales brotaban unos dientes, dientes que mordieron ferozmente la mano de Fernanda. Despertó.
Estaba en un hospital con la mano izquierda vendada, colgada a lado de la cama. Respiraba aceleradamente, su respiración se iba reacomodando a su ritmo cardiaco, el mal sueño había terminado. Unas punzadas vinieron a la mano, y de nuevo esa sensación de una voz que no escuchas, la punzada se convirtió en un apretón, en un jalón, en desgarre. Logró mover su cuerpo, necesitaba saber que mordía su mano, algo debajo de la cama. Un hombre sin edad, sin voz, apretaba con sus dientes grandes y fuertes la mano izquierda de Fernanda. No podía hacer nada.
-No podía hacer nada –le dijo el hombre sin dejar de morderle la mano (otro dato extraño).
Entre lágrimas y desesperación Fernanda decidió voltear a otro lado, el otro lado en ese instante fue la ventana, y atrás de la ventana la luna roja y de su luz un gato pardo. El dolor se esfumó, de hecho pareció nunca haber estado allí, una sensación de frescura, humedad, algo que curaba las heridas.
Entre parpadeos lentos, Fernanda observa lo que parecía una nube blanca muy cerca de su mano; al estar ya casi despierta nota a su gata de angora (a la cual no deja subir a su cama) quien lame delicadamente su mano izquierda. Fernanda la jala hacía ella para luego abrazarla y besarla.
When I went down, my girlfriends house.
And I sat down, lord, on her front step.
And she said a, come in now Jimi.
My husband just now left, just now left.
Ohh yeah, ohh yeah, ohh yeah, ohh yeah.
Catfish Blues, Jimi Hendrix
martes, 4 de octubre de 2011
La teoría del abrigo

… Pero Led tenía esta rola tan genial en su disco doble, ajá, en el doble, donde viene Kashmir, la que tocaron después con la orquesta filarmónica de Londres. Me gusta ver series viejas, en cierta manera siento vida en el pasado; ahora que lo pienso siempre ha sido así, añoro el pasado, sí, lo añoro aun tan absurdo e inentendible pareciese. Mientras tanto en el pasado: me armé una avalancha de una tabla y balines de los carros, arrojándome, controlando el volante de mecate, no tuve caída aparatosa en su uso; jugar e imaginar. Hay una imagen no sé si decir no nítida –sí, así-, estuve allí, otros iguales lo hemos hablado, tiene un manchón de sueño: la arena, el espacio reducido, el mar cerca y la luz dándole reflejo azul turquesa. El sándwich en la tele, sándwich calentado en sandwichera desde hace años, después de eso, o se tragó, o se tiró, o se hizo otra cosa: proteína, hongo, polvo; entonces ese sándwich se repite una y otra vez en cualquier sandwichera del ahora. Trágicamente pensado en aquel día viendo el video de los ochentas que en su fondo proyectaba a los cincuenta mientras yo le veía desde esta década; tiempos entrampados. Termino en días el Club Dumas; me inquieta y voy encontrando la lógica de sus títulos, del tarot, el ahorcado (arcanos) y de dragones con diademas, sí, autores y temas distintos pero que en un momento se dan continuidad, un algo los hace encajar. Me enseña. Quise brincar muy alto desde el primer piso y en tan corta distancia me he estrellado. La bomba de mis ojos. El hombre entrenado para morir , el Dead Man de Jarmusch, eso me recordó esta canción (Neil Young), al Indio (de abrigo de oso) diciéndole a Blake que se deje ir entre el canibalismo de un western y una embarcación mapuche que se interna en un río negro. No pongas la mente en blanco (imposible esto) mejor usa un negro, toma una cápsula de amnesiac o prozac, siéntate en tu cabeza, implota y hazte de un agujero negro. No te acobardes si se te cae un diente, dile al silencio que el sol entra por la ventana, entre cortinas de carrizo, en el sentir de no querer un instante, ni un instante respirar. Cierra quedito la puerta que hoy más valiera no despertar.
martes, 20 de septiembre de 2011
1965

No podían tener más esos objetos, las pertenencias del Dr. José Leopoldo Ramos les provocaban a sus hijos aún sentirlo cerca, como si estuviera vivo, probablemente. Su esposa (había muerto cinco años antes) e hijos no volvieron a saber de él, se cumplían 17 años desde aquel día en que no regresó a casa. Habían sido varías las pertenencias que desecharon, la última propiedad del Dr. José Ramos eran estos libros, pasarían a una librería de segunda mano. En una reunión de hermanos llevada a cabo la semana anterior determinaron sacar los libros, la hermana dio la opción de donarlos. Así sería. No los soportaban un instante más. Su madre nunca pudo recuperarse de la desaparición de su esposo, ellos sabían que su madre murió de tristeza, de incertidumbre. Suficiente la espera de 17 años, muerto o vivo no regresaría.
El comportamiento de su padre en los últimos años antes de su extraña desaparición se tornó extrovertido en ocasiones; atípico, introspectivo muchas veces: su comunicación hacia la familia disminuía día a día, dejó de ir al hospital, de dar consulta. Pidió un permiso provisional en la Universidad, no volvió a dar clases. Gran parte del día la pasaba en la biblioteca, de ahí mismo quitó todo título, reconocimiento. Cualquier alusión al sistema académico terminó en la basura. Canceló sus créditos del banco. Le hizo vender a su esposa uno de los dos autos, el que quedó se utilizaba sólo en situaciones de emergencia; dejó de ver la televisión. Dormía en el estudio, el mismo en donde atendía a sus pacientes; una noche los tres hermanos desde la ventana de una de las recámaras de la casa vieron cómo el Dr. José Ramos quemaba los expedientes de sus pacientes: bitácoras, folders llenos de notas y registros. Pasaba días enteros sin hablar, los alimentos se le llevaban a la biblioteca o al estudio, salía a la calle para lo indispensable, hubo meses en los que no salió. Empezó a recibir llamadas telefónicas en altas horas de la madrugada. En una ocasión uno de los hermanos escuchó una de esas llamadas “Pronto, lo haré pronto” dijo el Dr. Ramos colgando el auricular. En algunas ocasiones el Dr. Ramos decidió acompañarlos en la mesa, ahí su expresión no se redujo a silencios ni a monosílabos, daba grandes discursos a su familia: les hablaba del fin de los tiempos desde un carácter simbólico, de la enajenación del mundo, el control mediático, el rezago educativo, de lo conveniente de mantener a una sociedad ignorante, la gran incapacidad de las instituciones para brindar seguridad, bienestar y justicia, el cómo esas mismas instituciones tienen espacios en donde se deposita a los anormales, a los distintos, los atípicos, espacios en donde la misma sociedad esconde lo que no desea confrontar. En esos términos y en ese ímpetu se daban los discursos en la mesa, el Dr. no dejaba hablar a ningún integrante de la familia. Instruía, es lo que les decía, instruía. Finalizados sus discursos recogía los platos de todos llevándolos luego al fregadero, volvía de nueva cuenta al estudio, a ensimismarse.
El comportamiento de su padre en los últimos años antes de su extraña desaparición se tornó extrovertido en ocasiones; atípico, introspectivo muchas veces: su comunicación hacia la familia disminuía día a día, dejó de ir al hospital, de dar consulta. Pidió un permiso provisional en la Universidad, no volvió a dar clases. Gran parte del día la pasaba en la biblioteca, de ahí mismo quitó todo título, reconocimiento. Cualquier alusión al sistema académico terminó en la basura. Canceló sus créditos del banco. Le hizo vender a su esposa uno de los dos autos, el que quedó se utilizaba sólo en situaciones de emergencia; dejó de ver la televisión. Dormía en el estudio, el mismo en donde atendía a sus pacientes; una noche los tres hermanos desde la ventana de una de las recámaras de la casa vieron cómo el Dr. José Ramos quemaba los expedientes de sus pacientes: bitácoras, folders llenos de notas y registros. Pasaba días enteros sin hablar, los alimentos se le llevaban a la biblioteca o al estudio, salía a la calle para lo indispensable, hubo meses en los que no salió. Empezó a recibir llamadas telefónicas en altas horas de la madrugada. En una ocasión uno de los hermanos escuchó una de esas llamadas “Pronto, lo haré pronto” dijo el Dr. Ramos colgando el auricular. En algunas ocasiones el Dr. Ramos decidió acompañarlos en la mesa, ahí su expresión no se redujo a silencios ni a monosílabos, daba grandes discursos a su familia: les hablaba del fin de los tiempos desde un carácter simbólico, de la enajenación del mundo, el control mediático, el rezago educativo, de lo conveniente de mantener a una sociedad ignorante, la gran incapacidad de las instituciones para brindar seguridad, bienestar y justicia, el cómo esas mismas instituciones tienen espacios en donde se deposita a los anormales, a los distintos, los atípicos, espacios en donde la misma sociedad esconde lo que no desea confrontar. En esos términos y en ese ímpetu se daban los discursos en la mesa, el Dr. no dejaba hablar a ningún integrante de la familia. Instruía, es lo que les decía, instruía. Finalizados sus discursos recogía los platos de todos llevándolos luego al fregadero, volvía de nueva cuenta al estudio, a ensimismarse.
Formar su realidad interior
El Dr. Ramos en sus días de prosperidad y reconocimiento fue un eminente psiquiatra y psicoanalista. En ambas formaciones sus sustentos teóricos habían sido hasta ese momento muy ortodoxos, claro debe reconocerse que, nunca perdió ese lado humano que es muy difícil reconocer en esas actividades. Médico psiquiatra por más de 30 años en el Hospital General; llevó varios casos a nivel particular, aquellos relacionados con eventos traumáticos eran de su especial interés, las obsesiones en sus singulares planos le apasionaban. El homicidio cometido por uno de sus pacientes (asesinó a su pequeña hija) fue el primer detonante de los repentinos cambios en la personalidad del Dr. José Ramos. Días después de este catastrófico evento comenzó a dar de alta a sus pacientes, muchos crónicos, algunos en cortos periodos de tratamiento. Pretendía no obviar a su familia sobre aquel fracaso que le hundió profesionalmente, personalmente. Al Dr. Ramos se le reconocía dentro del gremio por sacar siempre avante a sus pacientes, siempre apegado a las normas, a las reglas, a ejecución clínica comprobatoria, a las dosis –prescripciones- exactas del malestar tratado. Al Dr. Ramos no le fue difícil distinguir entre lo normal y lo anormal, criterios, sintomatologías, conductas; su ética y moral socialmente aceptada (herramienta infalible en el trabajo de sus pacientes), no fue suficiente en el filicidio. Sus manuales -entre ellos el reconocido DSM II- fueron directo a la basura, se interesó en nuevos temas, propuestas relacionadas con la introspección, el orientalismo, la combinación –anti natura- de disciplinas: Psiquiatría y existencialismo, empirismo y subjetividad, etc. Temas como la simbología del espíritu, metafísica de la expresión, espacialidad y temporalidad; un cambio radical en la formación del Dr. Ramos. Sus clases en la Universidad fueron desechando la idea de un marco “universalista” del hombre, sus intervenciones dieron realce a la pluralidad, hizo a un lado la idea de un ética y moral absoluta “Ataduras, la persona normal es aquella que ha renunciado su voluntad para aceptar la voluntad del grupo…” les decía a sus alumnos. Días antes de pedir su permiso provisional la junta académica estaba por expulsarlo de la Facultad; sobrepasó los límites, persuadió a los alumnos a quemar biblias, constituciones, textos –gratuitos- de educación básica, bibliografía y manuales de psiquiatría tradicional. Un sector del alumnado estaba motivado, emocionado ante el abrupto cambio de su catedrático, que no está por demás decir, era una de las vacas sagradas de la institución; el otro sector reprobaba el actuar del Dr. Ramos. Inconcebible, decían los más puritanos conservadores, sus colegas; amigos de años dejaron de hablarle cuando lo encontraban entre pasillos.
Le dijo a su esposa que él iría por los periódicos ese domingo por la mañana, su esposa palideció al ver el terrible aspecto de su esposo; cuatro meses de no salir del estudio, de no verlo: el pelo largo, la barba (canosa) muy crecida, el pijama sucio, las sandalias de distintos pares, destilaba un fétido olor. Llevaba una caja de zapatos sujetada por el brazo derecho, pegada a la costilla. Besó a su esposa en la frente. Los tres hijos estaban dormidos. -Regreso, ten listo el desayuno- fueron las últimas palabras del Dr. José Leopoldo Ramos. No se volvió a saber de él. Hubo detalles que asentaron la decisión de sus hijos al respecto de irse deshaciendo de las pertenencias –del recuerdo- del Dr. Ramos. Tres fueron notorios: ese mismo domingo por la noche un coche bomba detonó en las inmediaciones del Palacio de Justicia, no hubo ningún muerto. El hecho fue noticia nacional. No formaban parte de la cotidianidad los autos bomba o artefactos explosivos, menos si éstos pretendían o como en este caso, aparentaban un atentado. Otra versión es aquella rumorada por el alumnado, decían que el Dr. Ramos se había fugado con una alumna, Leticia Vallejo, estudiante de Ciencias Políticas; se le vio en la mayoría de cátedras impartidas por el Dr. aunque no pertenecía a su área. Mucha comunidad estudiantil comulgaba en lo expuesto por el Dr. Ramos, la quema de textos le dio una nueva revaloración entre grupos disidentes. Ella, se sabía, tenía una afinidad con él más allá de la ideología. La última versión fue comentada por el que después se convertiría en el esposo de la hija de Ramos. Estaba en la comisaría de aquel pueblito, era él, más viejo, la piel quemada, el pelo largo y cano. Lo reconocí, sobre todo por lo que le decía al pobre policía, un anciano también: “mírate allí, condenado a ser un sirviente de leyes que ni conoces ni entiendes. Un pedazo de hombre sin voluntad en sus últimos días sirviendo a las instituciones que seguro lo liquidarán y le olvidarán. Atrás de tu escritorio apolillado, en una autoridad nula que no te da ni para gobernarte a ti mismo”. El viejo policía le respondió entre risas, “sí Leopoldo, sigue viviendo en tu mundo, anda, vete, aquí en estos tiempos ya no tienes sentido”.
El Dr. Ramos en sus días de prosperidad y reconocimiento fue un eminente psiquiatra y psicoanalista. En ambas formaciones sus sustentos teóricos habían sido hasta ese momento muy ortodoxos, claro debe reconocerse que, nunca perdió ese lado humano que es muy difícil reconocer en esas actividades. Médico psiquiatra por más de 30 años en el Hospital General; llevó varios casos a nivel particular, aquellos relacionados con eventos traumáticos eran de su especial interés, las obsesiones en sus singulares planos le apasionaban. El homicidio cometido por uno de sus pacientes (asesinó a su pequeña hija) fue el primer detonante de los repentinos cambios en la personalidad del Dr. José Ramos. Días después de este catastrófico evento comenzó a dar de alta a sus pacientes, muchos crónicos, algunos en cortos periodos de tratamiento. Pretendía no obviar a su familia sobre aquel fracaso que le hundió profesionalmente, personalmente. Al Dr. Ramos se le reconocía dentro del gremio por sacar siempre avante a sus pacientes, siempre apegado a las normas, a las reglas, a ejecución clínica comprobatoria, a las dosis –prescripciones- exactas del malestar tratado. Al Dr. Ramos no le fue difícil distinguir entre lo normal y lo anormal, criterios, sintomatologías, conductas; su ética y moral socialmente aceptada (herramienta infalible en el trabajo de sus pacientes), no fue suficiente en el filicidio. Sus manuales -entre ellos el reconocido DSM II- fueron directo a la basura, se interesó en nuevos temas, propuestas relacionadas con la introspección, el orientalismo, la combinación –anti natura- de disciplinas: Psiquiatría y existencialismo, empirismo y subjetividad, etc. Temas como la simbología del espíritu, metafísica de la expresión, espacialidad y temporalidad; un cambio radical en la formación del Dr. Ramos. Sus clases en la Universidad fueron desechando la idea de un marco “universalista” del hombre, sus intervenciones dieron realce a la pluralidad, hizo a un lado la idea de un ética y moral absoluta “Ataduras, la persona normal es aquella que ha renunciado su voluntad para aceptar la voluntad del grupo…” les decía a sus alumnos. Días antes de pedir su permiso provisional la junta académica estaba por expulsarlo de la Facultad; sobrepasó los límites, persuadió a los alumnos a quemar biblias, constituciones, textos –gratuitos- de educación básica, bibliografía y manuales de psiquiatría tradicional. Un sector del alumnado estaba motivado, emocionado ante el abrupto cambio de su catedrático, que no está por demás decir, era una de las vacas sagradas de la institución; el otro sector reprobaba el actuar del Dr. Ramos. Inconcebible, decían los más puritanos conservadores, sus colegas; amigos de años dejaron de hablarle cuando lo encontraban entre pasillos.
Le dijo a su esposa que él iría por los periódicos ese domingo por la mañana, su esposa palideció al ver el terrible aspecto de su esposo; cuatro meses de no salir del estudio, de no verlo: el pelo largo, la barba (canosa) muy crecida, el pijama sucio, las sandalias de distintos pares, destilaba un fétido olor. Llevaba una caja de zapatos sujetada por el brazo derecho, pegada a la costilla. Besó a su esposa en la frente. Los tres hijos estaban dormidos. -Regreso, ten listo el desayuno- fueron las últimas palabras del Dr. José Leopoldo Ramos. No se volvió a saber de él. Hubo detalles que asentaron la decisión de sus hijos al respecto de irse deshaciendo de las pertenencias –del recuerdo- del Dr. Ramos. Tres fueron notorios: ese mismo domingo por la noche un coche bomba detonó en las inmediaciones del Palacio de Justicia, no hubo ningún muerto. El hecho fue noticia nacional. No formaban parte de la cotidianidad los autos bomba o artefactos explosivos, menos si éstos pretendían o como en este caso, aparentaban un atentado. Otra versión es aquella rumorada por el alumnado, decían que el Dr. Ramos se había fugado con una alumna, Leticia Vallejo, estudiante de Ciencias Políticas; se le vio en la mayoría de cátedras impartidas por el Dr. aunque no pertenecía a su área. Mucha comunidad estudiantil comulgaba en lo expuesto por el Dr. Ramos, la quema de textos le dio una nueva revaloración entre grupos disidentes. Ella, se sabía, tenía una afinidad con él más allá de la ideología. La última versión fue comentada por el que después se convertiría en el esposo de la hija de Ramos. Estaba en la comisaría de aquel pueblito, era él, más viejo, la piel quemada, el pelo largo y cano. Lo reconocí, sobre todo por lo que le decía al pobre policía, un anciano también: “mírate allí, condenado a ser un sirviente de leyes que ni conoces ni entiendes. Un pedazo de hombre sin voluntad en sus últimos días sirviendo a las instituciones que seguro lo liquidarán y le olvidarán. Atrás de tu escritorio apolillado, en una autoridad nula que no te da ni para gobernarte a ti mismo”. El viejo policía le respondió entre risas, “sí Leopoldo, sigue viviendo en tu mundo, anda, vete, aquí en estos tiempos ya no tienes sentido”.
martes, 13 de septiembre de 2011

“Las ideas comenzaron a chocar entre sí, unas sin dirección alguna, otras bien centraditas, otras fuera de lugar. Y después de una semana de preparación, fue como se convocó a los primeros catorce escribicionistas...”
Se ahorró leer el resto de los escritos. Estaba a punto de cerrar la ventana, y para hinchar su frustración vio que la dinámica de esa semana era “cuento colectivo”. Este era el primer escrito, sí, el que daría principio al cuento, el llamado “E”. De inmediato quiso sacarse el mal sabor de boca. Es su primera búsqueda del sábado -hace semanas no sale (ensimismado), la calle es tan peligrosa (paranoico)- quería leer algo de un blog, sabía de cosas –espacios- interesantes, pero ese día se sintió azaroso y llegó a “Escribicionistas” –debut y despedida- pensó. Los sábados eran ya un rito de navegación, por tanto ese sábado no se vería manchado por el mal intencionado cuento colectivo. Imaginó volver a “visitar” el sitio pasados unos días, el puro morbo ¿Hacia dónde podría ir esa historia con ese inicio?
Se olvidó por completo de esto, se fue a lo seguro: sus Favoritos, su dedicación –enajenación- sabatina le había hecho de una respetuosa – neurótica- lista de lugares interesantes en la red: blogs de críticas, de música, de cine, de ilustraciones, de fetiches (en figuras o escritos); enlaces de descarga: libros, películas, revistas, discografías, rarezas, el soundtrack de la película Cobra por ejemplo. Lo básico –además de la pornografía- películas de su niñez, películas “distintas”, esas por lo regular las deja para el domingo, es otro de sus ritos. El domingo decide no acompañar a la familia al desayuno; les saluda a todos en la noche al bajar por la cena. Sube y sigue en lo suyo: navegar. Tiene canal en Youtube, es egoísta, no sube ningún video, sólo se atrapa en videos nostálgicos (obsesivo, neurótico). Es exquisito (inseguro) en las fiestas en donde el Youtube es la consola del aquelarre. “Videos curiosos” le decía la ex novia, la de tres meses de noviazgo. Él decía tres palabras: “la pobre pendeja”. No le perdona lo de la fiesta de disfraces. Miembro de Taringa, allí bajó completito el “Coming Home” de Bátiz. Mentaba madres del viejo unos años antes, no fue hasta que lo oyó en serio con su prima la de Tecate, que le gustó. La verdad no le gustan los nuevos discos, se le hacen forzados (desfasados). Una de las ventanas choca, corre un buen aire ese sábado. “Houdinis Laste Escape” un gabacho blog de arte-ilustración, dibujos: un simio con una banda café que le recorre la cabeza en uniforme militar, entre hojas verdes (en la selva) le ve rabioso. Etiquetado el 11 de septiembre. Más adelante leyó el portal de un periódico rojillo “El otro 11 de septiembre”, el artículo detallaba el golpe de Estado al gobierno de Salvador Allende. Se le antoja ir a la cocina. Es muy ansioso, cuando algo le deprime o le emociona va corriendo al refrigerador. Coloca delicadamente la mayonesa al pan. Dos rebanadas de jamón, queso blanco, un vaso con leche. De regreso a su recámara -regresará más tarde por más comida (compulsivo)-. Ahora se le antoja ver fotos, piensa en buen criterio, confía en sus palabras, siempre llega a buenos sitios (sobrevalorado); se topa un álbum de fotografías electrónicas titulado “Exposición fotográfica: 50 años del Instituto Conde Saldaña”. Da click en “fotografías de los años 80 y 90”; en la primera foto que revisó (voyerista) estaban unas chicas que tenían peinados acompañados de copetes, una de ellas luce una blusa de cuadros en negro y blanco horrible, “1 Pub año 91-92”. El año en que entró a la secundaria; su hermana –recuerda- maquillaba a casi todas las del salón, hasta ese día que sin querer le arrancó las pestañas a una amiga de su mejor amiga. Nadie más le pidió que la maquillase desde ese fatal accidente. Hay también fotos de los 50s, pasando por 60s y 70s. Muy pocas le resultaron interesantes, tal vez aquella que decía “Teatro en el Instituto 1978”. Decidió abrir otra ventana (disperso, de fácil aburrimiento). Encuentra un análisis de la película “Donnie Darko”, de lo más interesante lo siguiente: “Frank saca a Donnie de su habitación y posteriormente de su hogar, iniciando una Paradoja Predestinada. Frank dice que el Universo Tangente colapsará en poco más de 28 días”. Se pregunta, en este día, -siempre hay un momento en que se hace este tipo de preguntas, le pone nervioso no hacérselas (obsesivo)- ¿Y si lo que estoy haciendo en realidad no es lo que estoy haciendo? (psicótico) Bueno sí, hace un momento lo hice, pero ahorita no. Entré a un link, luego lo de las fotos ¿o fue antes? … Iré por algo más de cenar ¿Pero en realidad que estoy haciendo? Alguien toca la puerta de la recámara. Abren. No logra ver quién es, ha oscurecido y sola la luz del monitor alumbra su habitación. El aire dejó de azotar la ventana…
Se ahorró leer el resto de los escritos. Estaba a punto de cerrar la ventana, y para hinchar su frustración vio que la dinámica de esa semana era “cuento colectivo”. Este era el primer escrito, sí, el que daría principio al cuento, el llamado “E”. De inmediato quiso sacarse el mal sabor de boca. Es su primera búsqueda del sábado -hace semanas no sale (ensimismado), la calle es tan peligrosa (paranoico)- quería leer algo de un blog, sabía de cosas –espacios- interesantes, pero ese día se sintió azaroso y llegó a “Escribicionistas” –debut y despedida- pensó. Los sábados eran ya un rito de navegación, por tanto ese sábado no se vería manchado por el mal intencionado cuento colectivo. Imaginó volver a “visitar” el sitio pasados unos días, el puro morbo ¿Hacia dónde podría ir esa historia con ese inicio?
Se olvidó por completo de esto, se fue a lo seguro: sus Favoritos, su dedicación –enajenación- sabatina le había hecho de una respetuosa – neurótica- lista de lugares interesantes en la red: blogs de críticas, de música, de cine, de ilustraciones, de fetiches (en figuras o escritos); enlaces de descarga: libros, películas, revistas, discografías, rarezas, el soundtrack de la película Cobra por ejemplo. Lo básico –además de la pornografía- películas de su niñez, películas “distintas”, esas por lo regular las deja para el domingo, es otro de sus ritos. El domingo decide no acompañar a la familia al desayuno; les saluda a todos en la noche al bajar por la cena. Sube y sigue en lo suyo: navegar. Tiene canal en Youtube, es egoísta, no sube ningún video, sólo se atrapa en videos nostálgicos (obsesivo, neurótico). Es exquisito (inseguro) en las fiestas en donde el Youtube es la consola del aquelarre. “Videos curiosos” le decía la ex novia, la de tres meses de noviazgo. Él decía tres palabras: “la pobre pendeja”. No le perdona lo de la fiesta de disfraces. Miembro de Taringa, allí bajó completito el “Coming Home” de Bátiz. Mentaba madres del viejo unos años antes, no fue hasta que lo oyó en serio con su prima la de Tecate, que le gustó. La verdad no le gustan los nuevos discos, se le hacen forzados (desfasados). Una de las ventanas choca, corre un buen aire ese sábado. “Houdinis Laste Escape” un gabacho blog de arte-ilustración, dibujos: un simio con una banda café que le recorre la cabeza en uniforme militar, entre hojas verdes (en la selva) le ve rabioso. Etiquetado el 11 de septiembre. Más adelante leyó el portal de un periódico rojillo “El otro 11 de septiembre”, el artículo detallaba el golpe de Estado al gobierno de Salvador Allende. Se le antoja ir a la cocina. Es muy ansioso, cuando algo le deprime o le emociona va corriendo al refrigerador. Coloca delicadamente la mayonesa al pan. Dos rebanadas de jamón, queso blanco, un vaso con leche. De regreso a su recámara -regresará más tarde por más comida (compulsivo)-. Ahora se le antoja ver fotos, piensa en buen criterio, confía en sus palabras, siempre llega a buenos sitios (sobrevalorado); se topa un álbum de fotografías electrónicas titulado “Exposición fotográfica: 50 años del Instituto Conde Saldaña”. Da click en “fotografías de los años 80 y 90”; en la primera foto que revisó (voyerista) estaban unas chicas que tenían peinados acompañados de copetes, una de ellas luce una blusa de cuadros en negro y blanco horrible, “1 Pub año 91-92”. El año en que entró a la secundaria; su hermana –recuerda- maquillaba a casi todas las del salón, hasta ese día que sin querer le arrancó las pestañas a una amiga de su mejor amiga. Nadie más le pidió que la maquillase desde ese fatal accidente. Hay también fotos de los 50s, pasando por 60s y 70s. Muy pocas le resultaron interesantes, tal vez aquella que decía “Teatro en el Instituto 1978”. Decidió abrir otra ventana (disperso, de fácil aburrimiento). Encuentra un análisis de la película “Donnie Darko”, de lo más interesante lo siguiente: “Frank saca a Donnie de su habitación y posteriormente de su hogar, iniciando una Paradoja Predestinada. Frank dice que el Universo Tangente colapsará en poco más de 28 días”. Se pregunta, en este día, -siempre hay un momento en que se hace este tipo de preguntas, le pone nervioso no hacérselas (obsesivo)- ¿Y si lo que estoy haciendo en realidad no es lo que estoy haciendo? (psicótico) Bueno sí, hace un momento lo hice, pero ahorita no. Entré a un link, luego lo de las fotos ¿o fue antes? … Iré por algo más de cenar ¿Pero en realidad que estoy haciendo? Alguien toca la puerta de la recámara. Abren. No logra ver quién es, ha oscurecido y sola la luz del monitor alumbra su habitación. El aire dejó de azotar la ventana…
martes, 6 de septiembre de 2011
El rumor y lo legitimado

Contextualización: es sabido que el Estado de Veracruz actualmente es trinchera y campo de batalla para algunos grupos delictivos (como muchos otros Estados de la República), el crimen organizado ha sido deliberado en su discurso: granadazos, secuestros, levantones, ejecutados, colgados, incendios de autos, etc. Fue en las redes en donde dos individuos (damita y caballero propiamente) bajo el cobijo de lo antes mencionado tuvieron tal vez un contagio de histerismo o una arrebatada –irresponsable- necesidad de atención, quizá un sentimiento de solidaridad (dudoso), ¿una psicosis?, mimetización, ¿Resonancia virtual?... Dictando más o menos lo siguiente en el refrigerador de conciencias reprimidas (Facebook) : “Tal y cual escuela sufrirán ataques por parte del crimen organizado” “El ataque será colectivo, mejor es no salir y claro, proteger a sus hijos”; los rumores fueron tomando resonancia al grado de que padres de familia de la ciudad –y puerto- de Veracruz atestaron las calles de las escuelas de sus hijos; padres alarmados corriendo al interior de los colegios, madres con crisis nerviosas, maestros evacuando las escuelas; literalmente ardiendo el ánimo de la gente y de toda la ciudad. Para sorpresa de la ciudadanía –afortunadamente- no hubo detonaciones, ni disparo alguno. El signo más colérico de ese medio día fueron quizás las mentadas de madre de otros conductores al ver paralizado el tránsito vehicular. La policía dijo “No pasa nada señores, a sus casas y no se alarmen, no crean todo lo que ven en las medios, en las redes”, algo similar dijeron las autoridades estatales. La cuestión no paró ahí, alguien tenía que pagar la injuria de ese rumor y sus terribles resultados. Se echó mano de la policía cibernética, su eficiencia nos entregó a dos terroristas, “allí están sus villanos de la historia, no se tolerará rumor, farsa alguna que ponga a la comunidad en shock, se condenará a cualquier agente del caos, hasta 30 años de prisión. En Veracruz no se juega con la tranquilidad de la gente”.
La realidad: en los meses transcurridos de este año y parte del anterior en diferentes ciudades del Estado de Veracruz (Veracruz, Boca del Río, Cardel, Xalapa) se han presentado diversos hechos relacionados con el –rotulado- crimen organizado, no nos neguemos, es parte del inconsciente colectivo de los veracruzanos y de una gran parte del país; pero bien, mi intención no es la formulación del porqué del incontrolable crimen y sus causas o de la razón más que palpable de un estado fallido (no es rumor, es tangible). Mi humilde intención se finca en la repercusión mediática de esta nota (sí, los terroristas virtuales) y cómo de ella se sazona una estocada –más- a la “libertad de expresión”. Por cierto nada nuevo bajo el sol al respecto de este tema, a las pruebas me remito, detallo a continuación:
La comunicación es un axioma, es decir, los individuos no podemos dejar de comunicarnos, no importa la productividad o la laceración de lo dicho, el principio es claro: tenemos que comunicar, perpetuación, relevancia y valor de signos, símbolos estará determinada por el contexto. No es ajeno a nadie los hechos que actualmente acontecen al país, los post, es decir: desempleo, pobreza, rezago educativo, incomunicación, intolerancia, etc. Éstos están insertados en nuestro imaginario, digamos, es nuestra cotidianidad; la resonancia de mencionados hechos se facultan y se legitiman en mayor medida dentro de los medios de comunicación y ante todo en la función del rumor (claro, de la moralidad). La función del rumor es crear expectativas, alejadas del binomio “bueno o malo”, expectativas al fin, ese es el propósito. Día a día nos alimentamos de rumores fundados –mayormente- en el sobreentendido y el malentendido, deformación de discursos, de lo dicho, correspondientes siempre éstos a un contexto, un ambiente, el cual alimenta o resta la fuerza de ese rumor; en cierta manera quien da vida al rumor es el consenso, ir de lo subjetivo a lo solidificado, a lo que muchos enuncian y viven (discriminación, abusos, violencia, etc.).
En Veracruz Estado, la implicación del rumor ha tenido a últimas fechas una función primordial, sobre todo las sustentadas en las redes sociales. Esta función puede enmarcarse en dos propósitos: el instintivo (la supervivencia, el sentido de protección) y el institucional (credibilidad y control), el resto de las funciones –me parece- son las mismas que para el resto del mundo, es decir: espacio de reafirmación, condición voyer, sentido de pertenencia, ajá un conjunto de represiones (al que felizmente pertenezco). Y en ese andar del alejamiento en lo virtual, el rumor ocupa un lugar privilegiado, es decir el inconsciente virtualizado, desafortunadamente éste es observado y controlado, sí, como la comunicación en general, (no existe la llamada “libertad de expresión”, y para los que existe es porque expresen lo ya expresado o, volvemos, el medio les dicta qué decir).
En un sentido metafórico es la base de nuestra maqueta mental, ejemplificaré burdamente: si la Señora A “sube” a una red social que su hijo se está convirtiendo en un zombi y el contexto en donde vive la Señora A dicta que una planta termoeléctrica está causando estragos en los infantes, presentando éstos inhibición a los objetos, ojos rojos, lenguaje torpe y motricidad aun más torpe, es sustentable que la comunidad a la que pertenece la Señora A arda en pánico y proteja a sus vástagos. En un paralelismo, la Señora B “postea” el mismo rumor, pero su contexto es ajeno a plantas termoeléctricas, ni siquiera hay noción del concepto zombi en su comunidad (en esta realidad Plantas vs Zombis es inexistente, de igual manera George Romero) el resultado, la gente desechará lo dicho por la Señora B dado que no empalma en su realidad, no hay congruencia del discurso y los hechos.
Es claro que desde este momento tendremos la necesidad-imposición de regular lo pensado, pues corremos el riesgo de convertirnos en radicales del ciber espacio. El espacio virtual tiene una regla muy sencilla, el atípico es reverenciado o linchado. No cabe duda que el mundo virtual desde hace mucho tiempo traspoló nuestra realidad, podría llegar a decir que en ambas cohabitamos sin dar cuenta a veces de en cuál estamos, el término de esa confusión es sencillo, ambas son alienadas. Entonces, lo suscitado en Veracruz, huele, tiene un –fuerte- tufo de censura, control, es el dictamen de la comunicación global: “Puedes decir lo que quieras siempre y cuando sea lo que nosotros queramos que digas, eres libre de decir lo que nosotros queramos”.
La realidad: en los meses transcurridos de este año y parte del anterior en diferentes ciudades del Estado de Veracruz (Veracruz, Boca del Río, Cardel, Xalapa) se han presentado diversos hechos relacionados con el –rotulado- crimen organizado, no nos neguemos, es parte del inconsciente colectivo de los veracruzanos y de una gran parte del país; pero bien, mi intención no es la formulación del porqué del incontrolable crimen y sus causas o de la razón más que palpable de un estado fallido (no es rumor, es tangible). Mi humilde intención se finca en la repercusión mediática de esta nota (sí, los terroristas virtuales) y cómo de ella se sazona una estocada –más- a la “libertad de expresión”. Por cierto nada nuevo bajo el sol al respecto de este tema, a las pruebas me remito, detallo a continuación:
La comunicación es un axioma, es decir, los individuos no podemos dejar de comunicarnos, no importa la productividad o la laceración de lo dicho, el principio es claro: tenemos que comunicar, perpetuación, relevancia y valor de signos, símbolos estará determinada por el contexto. No es ajeno a nadie los hechos que actualmente acontecen al país, los post, es decir: desempleo, pobreza, rezago educativo, incomunicación, intolerancia, etc. Éstos están insertados en nuestro imaginario, digamos, es nuestra cotidianidad; la resonancia de mencionados hechos se facultan y se legitiman en mayor medida dentro de los medios de comunicación y ante todo en la función del rumor (claro, de la moralidad). La función del rumor es crear expectativas, alejadas del binomio “bueno o malo”, expectativas al fin, ese es el propósito. Día a día nos alimentamos de rumores fundados –mayormente- en el sobreentendido y el malentendido, deformación de discursos, de lo dicho, correspondientes siempre éstos a un contexto, un ambiente, el cual alimenta o resta la fuerza de ese rumor; en cierta manera quien da vida al rumor es el consenso, ir de lo subjetivo a lo solidificado, a lo que muchos enuncian y viven (discriminación, abusos, violencia, etc.).
En Veracruz Estado, la implicación del rumor ha tenido a últimas fechas una función primordial, sobre todo las sustentadas en las redes sociales. Esta función puede enmarcarse en dos propósitos: el instintivo (la supervivencia, el sentido de protección) y el institucional (credibilidad y control), el resto de las funciones –me parece- son las mismas que para el resto del mundo, es decir: espacio de reafirmación, condición voyer, sentido de pertenencia, ajá un conjunto de represiones (al que felizmente pertenezco). Y en ese andar del alejamiento en lo virtual, el rumor ocupa un lugar privilegiado, es decir el inconsciente virtualizado, desafortunadamente éste es observado y controlado, sí, como la comunicación en general, (no existe la llamada “libertad de expresión”, y para los que existe es porque expresen lo ya expresado o, volvemos, el medio les dicta qué decir).
En un sentido metafórico es la base de nuestra maqueta mental, ejemplificaré burdamente: si la Señora A “sube” a una red social que su hijo se está convirtiendo en un zombi y el contexto en donde vive la Señora A dicta que una planta termoeléctrica está causando estragos en los infantes, presentando éstos inhibición a los objetos, ojos rojos, lenguaje torpe y motricidad aun más torpe, es sustentable que la comunidad a la que pertenece la Señora A arda en pánico y proteja a sus vástagos. En un paralelismo, la Señora B “postea” el mismo rumor, pero su contexto es ajeno a plantas termoeléctricas, ni siquiera hay noción del concepto zombi en su comunidad (en esta realidad Plantas vs Zombis es inexistente, de igual manera George Romero) el resultado, la gente desechará lo dicho por la Señora B dado que no empalma en su realidad, no hay congruencia del discurso y los hechos.
Es claro que desde este momento tendremos la necesidad-imposición de regular lo pensado, pues corremos el riesgo de convertirnos en radicales del ciber espacio. El espacio virtual tiene una regla muy sencilla, el atípico es reverenciado o linchado. No cabe duda que el mundo virtual desde hace mucho tiempo traspoló nuestra realidad, podría llegar a decir que en ambas cohabitamos sin dar cuenta a veces de en cuál estamos, el término de esa confusión es sencillo, ambas son alienadas. Entonces, lo suscitado en Veracruz, huele, tiene un –fuerte- tufo de censura, control, es el dictamen de la comunicación global: “Puedes decir lo que quieras siempre y cuando sea lo que nosotros queramos que digas, eres libre de decir lo que nosotros queramos”.
lunes, 29 de agosto de 2011
La Vieja Nina
Es la casa más peculiar en el caminito de piedras que te lleva a la pila de donde toma el agua la gente, rodeada entre hierbas y plantas. La casa era de pura piedra maciza, viejísima me imagino, de techo alto, de teja; dos puertas, por lo regular en el día siempre abiertas. Una ventana grande desde donde se puede ver el piso de cemento empastado en un color verde ya muy gastado. La silla tejida y los costales de maíz, frijol, junto la única recamara: su cama y la cobija de lana. No hay imágenes religiosas, la habitante aquí cree en otras cosas. Aunque en la cocina donde está la abuela Nina hay un calendario con la imagen de la virgen; la leña, la estufa y el combustible ardiendo, una ventana y una puerta son por donde sale el humo, negrísimas las paredes. La mesa y una silla, un plato (el único), la abuela pocas veces tiene visita. La abuela Nina siempre trae ese vestido sucio, no le he visto con otro qué yo recuerde. Se le ensucia de tierra cuando sale a cortar el epazote. Nina tiene muchas plantas, las hierbas y los árboles son su jardín.
La vieja Nina como le decía el pueblo se peina el pelo negro, brilloso, no tiene canas; su cara es muy arrugada, sus facciones son arrugas, sabes que es una cara cuando habla (poco lo hace) o parpadea. Una edad difícil de calcular. Nina visita el pueblo sólo para ir al molino, a su regreso se le ve pasar llevando en cada mano dos cubetas llenas de masa negra. Nadie le ayuda, los pies negros y partidos siempre parecieron ser resistentes.- Es fuerte la vieja Nina- Decía Otilio en compañía de los trabajadores al verla pasar llevando sus dos cubetas pesadas. Otilio era el jefe de los peones de unas parcelas, las más grandes del pueblo; desde niño trabajó la tierra. Nina le daba tacos de manteca y sal cuando Otilio iba a la pila por agua. No le hablaba, nomas le estiraba la mano ofreciéndole el taco. Otilio parece haberlo olvidado, la ve mientras le da el sorbo al aguardiente. Son las seis de la tarde, le propone a los compañeros ir de cacería el domingo en la mañana. –Tengo ganas de comer una bestia del campo, que sepa a hierba y tierra, de carne fresquecita- les dijo Otilio a los trabajadores que asentaban mientras el aguardiente se acababa. Susana, la vecina de la abuela Nina, no la volvió a ver jamás después de ese domingo, lo único que recordaba era la figura de Nina adentrándose al campo muy de mañana.
El domingo Otilio se encontró con los muchachos, en las primeras horas del día subieron el cerro; si bien su propósito era ir de cacería Otilio no les decía específicamente qué cazarían. –Un tlacuache, me dijo mi compadre Rubén que por esta zona se ha visto uno muy grande, de pelaje negro, brilloso. Dice que él lo vio- Sin que se lo preguntasen les mencionó Otilio a los hombres quienes iban cargados de escopetas y trampas; no olvidando una garrafa al tope de aguardiente y un recaudo para el guisado. -¿A qué saben esos animales? No los he comido- decía uno de los peones, otro más comentó que debían saber asquerosos -esos animales son ratas grandes-. Sabrosa, la carne dicen es muy sabrosa, al decir esto Otilio logró callarlos. No importaba que estuvieran de cacería, seguía siendo su patrón y el grupo obedecía. No tardaron mucho para encontrar la presa. El más joven de ellos sintió el golpe de unas ramas en su pierna, gritó que algo pasó junto a él, “un tlacuache”, todos lograron ver al animal mientras éste corría entre las yerbas, el pelo negro le brillaba, la luz del día lo hizo más visible, fácil de atrapar. Nadie disparó, se dispersaron, solo Otilio le siguió, el resto le cerraría el paso. El animal asustado venía de regreso sin darse cuenta a topar en los pies de Otilio. No le disparó, desfundó el machete y se lo metió en el pescuezo, el animal se retorció en sus pies hasta morir. En efecto se trataba de un animal ominoso parecido a una enorme rata, Otilio sacó el machete del pescuezo y ordenó a dos hombres levantasen el cuerpo; buscaron un lugar para cocinarlo y celebrar. Otra cosa no dicha por Otilio es que aparte de comerlo deseaba mucho la piel de ese animal, su casa estaba repleta de pelajes, cueros de animales cazados. Comenzó a desollarlo, mientras unos hacían la fogata, otros cortaban los chiles, tomates y cebollas; el joven servía el aguardiente. La mano de Otilio cubierta de sangre se agitaba pidiendo su trago. El animal sólo en músculo fue cortado primero de la extremidades, en el corte de las patas traseras Otilio se dio cuenta que se trataba de una hembra. Metió el cuchillo en la panza, en un corte sacó todas las tripas, la menudencia y las echó atrás de unos arbustos. Le degolló para luego meter los pedazos de carne en dos cazuelas, el animal no cupo en una. –Puss ya así hirviendo y el olorcito del recaudo puede saber bueno- Dijo Félix, hombre de confianza. Apenas cinco tortillas se habían calentado cuando comenzaron hacerse tacos, en las mascadas y tragadas se notaba un gran placer, efectivamente era muy sabroso, nadie asociaba el sabor de esas carne con algo que antes hubieran degustado. Otilio comía el tercer taco, contemplaba la piel del animal, brillante.
La piel del tlacuache se volvió parte de la colección de Otilio, lucía bien. Lo peor de esos días, exactamente un día después de la cacería fue la terrible infección en el estomago de Otilo y el resto del grupo, se la pasaron seis días con fuertes dolores en el vientre, diarrea y un vomito incontrolable. Indigestión les dijo el médico del dispensario. El que parece no haber sanado fue Otilio, a los pocos días empezó a tener altas fiebres, en los delirios le decía a su mujer que la piel del tlacuache era el cabello de la Vieja Nina, que la había visto parada allí junto a las otras pieles.
En realidad Nina no es mi abuela, soy hijo de Otilio, del difunto Otilio. Conocí a la vieja Nina de niño, en los acarreos de agua, allí estaba ella con los tacos de asiento de manteca y sal; repetidas veces le pregunté su nombre, jamás respondió, le empecé a decir abuela. Mis padres me prohibieron hablarle, mi papá tenía aversión a Nina. Es una bruja, es nahuala decía. Me asusté y no volví a aceptarle taco alguno, dejé de hablarle. Mi papá no volvió a ser el mismo después de aquella cacería. No dejó de ver y hablar de Nina hasta el día en que murió.
La vieja Nina como le decía el pueblo se peina el pelo negro, brilloso, no tiene canas; su cara es muy arrugada, sus facciones son arrugas, sabes que es una cara cuando habla (poco lo hace) o parpadea. Una edad difícil de calcular. Nina visita el pueblo sólo para ir al molino, a su regreso se le ve pasar llevando en cada mano dos cubetas llenas de masa negra. Nadie le ayuda, los pies negros y partidos siempre parecieron ser resistentes.- Es fuerte la vieja Nina- Decía Otilio en compañía de los trabajadores al verla pasar llevando sus dos cubetas pesadas. Otilio era el jefe de los peones de unas parcelas, las más grandes del pueblo; desde niño trabajó la tierra. Nina le daba tacos de manteca y sal cuando Otilio iba a la pila por agua. No le hablaba, nomas le estiraba la mano ofreciéndole el taco. Otilio parece haberlo olvidado, la ve mientras le da el sorbo al aguardiente. Son las seis de la tarde, le propone a los compañeros ir de cacería el domingo en la mañana. –Tengo ganas de comer una bestia del campo, que sepa a hierba y tierra, de carne fresquecita- les dijo Otilio a los trabajadores que asentaban mientras el aguardiente se acababa. Susana, la vecina de la abuela Nina, no la volvió a ver jamás después de ese domingo, lo único que recordaba era la figura de Nina adentrándose al campo muy de mañana.
El domingo Otilio se encontró con los muchachos, en las primeras horas del día subieron el cerro; si bien su propósito era ir de cacería Otilio no les decía específicamente qué cazarían. –Un tlacuache, me dijo mi compadre Rubén que por esta zona se ha visto uno muy grande, de pelaje negro, brilloso. Dice que él lo vio- Sin que se lo preguntasen les mencionó Otilio a los hombres quienes iban cargados de escopetas y trampas; no olvidando una garrafa al tope de aguardiente y un recaudo para el guisado. -¿A qué saben esos animales? No los he comido- decía uno de los peones, otro más comentó que debían saber asquerosos -esos animales son ratas grandes-. Sabrosa, la carne dicen es muy sabrosa, al decir esto Otilio logró callarlos. No importaba que estuvieran de cacería, seguía siendo su patrón y el grupo obedecía. No tardaron mucho para encontrar la presa. El más joven de ellos sintió el golpe de unas ramas en su pierna, gritó que algo pasó junto a él, “un tlacuache”, todos lograron ver al animal mientras éste corría entre las yerbas, el pelo negro le brillaba, la luz del día lo hizo más visible, fácil de atrapar. Nadie disparó, se dispersaron, solo Otilio le siguió, el resto le cerraría el paso. El animal asustado venía de regreso sin darse cuenta a topar en los pies de Otilio. No le disparó, desfundó el machete y se lo metió en el pescuezo, el animal se retorció en sus pies hasta morir. En efecto se trataba de un animal ominoso parecido a una enorme rata, Otilio sacó el machete del pescuezo y ordenó a dos hombres levantasen el cuerpo; buscaron un lugar para cocinarlo y celebrar. Otra cosa no dicha por Otilio es que aparte de comerlo deseaba mucho la piel de ese animal, su casa estaba repleta de pelajes, cueros de animales cazados. Comenzó a desollarlo, mientras unos hacían la fogata, otros cortaban los chiles, tomates y cebollas; el joven servía el aguardiente. La mano de Otilio cubierta de sangre se agitaba pidiendo su trago. El animal sólo en músculo fue cortado primero de la extremidades, en el corte de las patas traseras Otilio se dio cuenta que se trataba de una hembra. Metió el cuchillo en la panza, en un corte sacó todas las tripas, la menudencia y las echó atrás de unos arbustos. Le degolló para luego meter los pedazos de carne en dos cazuelas, el animal no cupo en una. –Puss ya así hirviendo y el olorcito del recaudo puede saber bueno- Dijo Félix, hombre de confianza. Apenas cinco tortillas se habían calentado cuando comenzaron hacerse tacos, en las mascadas y tragadas se notaba un gran placer, efectivamente era muy sabroso, nadie asociaba el sabor de esas carne con algo que antes hubieran degustado. Otilio comía el tercer taco, contemplaba la piel del animal, brillante.
La piel del tlacuache se volvió parte de la colección de Otilio, lucía bien. Lo peor de esos días, exactamente un día después de la cacería fue la terrible infección en el estomago de Otilo y el resto del grupo, se la pasaron seis días con fuertes dolores en el vientre, diarrea y un vomito incontrolable. Indigestión les dijo el médico del dispensario. El que parece no haber sanado fue Otilio, a los pocos días empezó a tener altas fiebres, en los delirios le decía a su mujer que la piel del tlacuache era el cabello de la Vieja Nina, que la había visto parada allí junto a las otras pieles.
En realidad Nina no es mi abuela, soy hijo de Otilio, del difunto Otilio. Conocí a la vieja Nina de niño, en los acarreos de agua, allí estaba ella con los tacos de asiento de manteca y sal; repetidas veces le pregunté su nombre, jamás respondió, le empecé a decir abuela. Mis padres me prohibieron hablarle, mi papá tenía aversión a Nina. Es una bruja, es nahuala decía. Me asusté y no volví a aceptarle taco alguno, dejé de hablarle. Mi papá no volvió a ser el mismo después de aquella cacería. No dejó de ver y hablar de Nina hasta el día en que murió.
lunes, 22 de agosto de 2011
Ilusiones
La promesa: el mago nos presenta algo común, un mazo de cartas, un pájaro, un hombre. Nos muestra un objeto, quizá nos pida que lo examinemos, para que veamos que es real, inalterado, normal.*
No sé si esto pudiese ser interesante para mi análisis. Fue un sueño muy común, parece no tener significación alguna en mi vida, claro usted es el experto, aunque no hay sueños comunes ¿o sí? Me siento muy extraño cuando me mira así, lo sabe. El silencio no es algo común, eso lo aprendí aquí. Está bien deje de mirarme, le contaré.
Una calle enorme, no la conozco, ni siquiera es parte de otro sueño. Camino, personas junto a mí siguen sus destinos, se me ocurre que igual no son felices, no estoy seguro de ello. Simples, son figuras simples, detalles simples: gente, edificios, autos, letreros, árboles, un cielo, un sol; no hay cambio alguno, insisto en mi andar. Le informo no saber a dónde voy, no me noto, siento o parezco cansado. Usted disculpará los abruptos cambios de mis tiempos, recordemos, el proceso de sueño no se rige en tiempos; disculpe de nueva cuenta la impertinencia pero es que he aprendido mucho de la materia. Independiente de esto, el sueño es muy plano, normal. Otro detalle, éste tal vez le parezca interesante: en mi andar comencé a contar las mujeres que allí deambulaban, ¿para qué perdería el tiempo (otra vez el tiempo) contando soles o nubes? de éstos como le dije sólo había uno y el cielo era completamente azul. Los hombres parecen no interesarme. Encontré un sentido, propósito. Mujeres en su mayoría: bocas rojas, cabello corto o largo, niñas, adolescentes, maduras, estéticas, podría ser éticas, no histéricas. Imposible que me inmutara. El sol no me otorgaba energía, ellas lo hacían. Mis piernas rápido se movían. Quiero enfatizar lo normal de esto, lo real, bueno lo cuasi real del sueño, me comprende. Es todo, y en el sentido tradicional no hay nada “mágico” en su contenido, usted dirá.
El giro: el mago toma el objeto común y lo convierte en extraordinario. Ahora bien, uno busca el secreto pero no lo encuentra, porque, claro está, no miramos. Uno no quiere saber. Uno quiere… que lo engañen. Pero aún no aplaude, porque hacer desaparecer algo no es suficiente.*
Como tuvo a bien apuntar, ningún sueño es un rasgo simple, vago. El sueño es una magnificencia, una realidad que cohabita en nuestros inconscientes. Para muchos individuos -llamados por la sociedad alienada: orates, enfermos mentales, la rotulación que desee- ese espacio se funde en su realidad, otorgándole un refugio -una infinita simbología- obvio está, interpretados en significación social o individual, arcaicos o particulares. Una primera revelación, quizá es el adjetivo propio para estos tiempos de descomposición social. Impetuosamente diríamos señor que, propiamente su sueño creó un mundo simple, pero a la vez extraordinario en contrariedad con su sentir, mágico sí así queremos llamarlo. Intuye un beneplácito al saber -creer- la tristeza en otros, cerca, pero fuera de usted. Ahora bien la intuición es irrealidad, al menos hasta poder comprobar lo contrario a lo pensado, a lo premeditado. Pero no me mire así, no es un trucaje, es su sentir. No deje de mirar hacia adentro, no se niegue.
Por otro lado, el tiempo es inevitable para el estado físico, el tiempo mental se perpetúa, no obedece a un finito, de ahí su andar sin motivo alguno, pareciese. Aprovecho para reconocerle su instrucción en el universo de los sueños. Continuando, la figura del Sol, la simbología del Sol, es la representación del rey, el omnipotente y dador de vida; no niega su existencia pero la recrimina, lo hace único entre un cielo azul, limpio, inconexo a esta realidad. No olvidemos el árbol, aunque no sea un elemento primordial de su sueño éste representa a la madre tierra, y sí, considerando el grupo de mujeres de las que dice interesarse son su ánimus, su Tierra, su propio Mundo, su percepción femenina del mundo, de la que tal parece depende –se compone- en demasía. Abstracta diría la idea de la histeria, sin embargo primordialmente significativa, y la negación de su propia histeria por consecuente. La histeria como el malestar que le impide.
La prestidigitación: uno debe hacerlo aparecer nuevamente.*
La prestidigitación: uno debe hacerlo aparecer nuevamente.*
Parece que hemos rebasado el tiempo de nuestra sesión. Si desea podemos partir de aquí en nuestro próximo análisis, considerando otros símbolos no descritos. Pero no me mire de esa manera, sea comprensivo no conmigo, sino contigo. Responda ¿Le pasa algo? ¿No le gusta lo que mira? Haga el favor de pararse y retirarse.
Es verdad, no puedes caminar; en realidad no estoy hablando con ningún analista, psiquiatra o psicólogo. Creo que estoy de vuelta, el efecto del fármaco ha pasado. Estoy hablándome aquí, desde más de hace una hora viéndome al espejo, escuchándome e interpretándome. Sentado, sentado en esta silla de ruedas y con estas piernas que un día ya no quisieron moverse.
* The Prestige, Christopher Nolan
Dr. Whoanz
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