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lunes, 2 de julio de 2012

RIP

Era de esperarse, había que soltar la esperanza y suponer que iba a pasar. Nosotros, los hombres, tenemos una clara tendencia a la inconsistencia, al desastre y a la tragedia; en todas las civilizaciones, he leído estos días,se tienden a buscar narraciones salvadoras para evitar la caída, para evadir el apocalípsis y la hecatombe. Pero no queríamos, al menos yo no, un ángel salvador, ni un hombre más allá de sí capaz de cambiarlo todo, lo que se esperaba era una ruptura, franqueamiento sin valor, quién sabe si bueno o malo, mejor o peor, simplemente cambio, corte, fisura en el eterno espacio uniforme de un territorio llamado México, que desde hace un tiempo es marca registrada, producto bruto de un conjunto de gente que se enriquece creando y manteniendo esa lógica del esclavo y amo que crea ciudadanos irresponsables y victimistas. La herencia dada no ha sido traicionada, hemos aprendido la miseria de los mayores y entonces no se puede heredar nada respetable, pero parecía que despertábamos de un letárgo, no a una revolución, ni a una luz segadora de esperanza sino a un claroscuro que permitia otra mirada, otro horizonte, aún con los lastre ideológicos pisándonos los talones pero viéndo por fin las farsas creadas que hemos aceptado y seguido sumisamente. Pero la esperanza es tan efimera y capaz de revertirse contra los redentores, hace falta mucho más que buenas intenciones ¿Qué hacer cuando el fraude es un dispositivo que atraviesa y gobierna a todos los integrantes de una sociedad en mayor o menor medida? ¿Cómo salir de la ignorancia y de la acriticidad en la que se ha sumido esta sociedad sin punto de partida, sin distancia, agonizante de lo mismo? La imposibilidad de la democracia es lo que permite su ejercicio pero eso supone una relación con el otro totalmente ajena a la que hemos establecido, ya no se trata más de una comunidad restituyente, unida por una identidad establecida, las diferencias hacen comunidad, la agonía de ser incompletos y no predestinados es la tragedia que hace posible cualquier política, el deseo de un sentido a construir sabiendo que será una tarea incesante como la labor misma de nuestras vidas individuales, no democracia real sino deseo de una democracia siempre por venir.
Ha ganado el PRI, siglas que personifican la ausencia de toda singularidad ciudadana, la saturación del sentido, ruptura de todo por venir porque ya se ha trazado lo que viene, instauración de un presidente como la erección de un coloso en lugar del cuerpo del muerto no encontrado, habrá que esperar que el fantasma de esa democracia no encontrada nos llame, nos interpele, no para descurbrirla sino siempre para crearla desde ese lugar que nunca ha tenido. Por el momento ahora sólo nos queda el duelo.

lunes, 18 de junio de 2012





Sobre un tono de desidia adoptado recientemente.
 

Haciendo osadía de que dos personas de la filosofía, Kant y Derrida, han hecho uso de su inteligencia para escribir unos textos que se titulan muy similarmente a esto que leen a continuación y en la desidia de pensar, buscar o indagar algunas otras ideas me ha parecido interesante copiarlos, modificarlos y apropiarlos, aunque sea sólo en el título, en la cabeza, en el principio del hilo conductor, principio falso y roto pero ¿acaso hay algo que no sea siempre, de entrada, copiado o plagiado? Pero no quiero emplear aquí ningún tono de erudición porque, como dice Derrida, parece que nos preocupa mucho el tono, como si este fuese capaz de diagnosticar las intenciones y los móviles de lo que se dice. Nos preocupa el tono, y esto ya no es más problema de estos filósofos, me separo de ellos para esconderlos entre líneas.  A Kant le preocupaba el tono, ese tono de falso gran señor que solían tener aquellos que decían llamarse filósofos y hablaban desde un horizonte oscuro, mistagógico, desde el misterio y no desde la razón (aunque no creo que exista razón irracional y sin misterio). A mí me preocupaba también un tono, el de la gente que siempre tiene algo que decir, algo que opinar, esa gente que con una cierta autoridad autoproclamada cree estar más allá del bien y el mal, la que es capaz de decir lo que debe hacerse sin tomarse el tiempo para meditarlo, la que critica a este o al otro, la que hace un gran discurso fantasma basado en las opiniones de otros o en las viejas tradiciones heredadas de gobiernos falsos, esa gente que sigue un proceso electoral con pasión y algarabía pero que a la hora de la hora se decanta por el peor partido porque al final nunca le interesó todo lo que leyó, porque al final entre la papeleta electoral y ellos no tiene que existir ninguna pose, momento de sinceridad devastador para el futuro de un país. Si digo que hay un tono de desidia en la gente, es por el simple hecho de que a nadie que le importe verdaderamente una situación denigrante como la que se vive cada sexenio en las elecciones presidenciales, sería capaz de considerar la mínima posibilidad de votar a alguien que no sabe ni siquiera citar tres libros que haya leído. Pero a la gente no le importa eso, lo que le importa es olvidar, México no tiene memoria y ya no sólo a largo plazo sino a corto, entonces, se nos olvida y empezamos a abrir un debate, los típicos ciudadanos preocupados que empiezan a pensar  sobre la mejor opción para el país, millones de mensajes por todas las redes sociales (pretenden que sea la nueva democracia cuando ni siquiera hemos sabido en nuestro país que significa esa palabra), todo mundo opina pero nadie alza la voz en lo importante, nadie tiene el suficiente valor para señalar con frases cortas y firmes el circo que se monta cada vez que hay que cambiar el gobierno. Se tiene el tono de interés político para hablar de una mujer que se ocupa como distractor de lo que debería importar, y no es que dicho suceso sea un reflejo del humor picante mexicano o de la idiosincrasia mediocre de un pueblo, como también he oído alguna gente que cree que en otros lados eso no pasaría, ya veíamos a Berlusconi, y su gran gusto por las mujeres, el cual durante mucho tiempo lo llevo a tener un programación altamente machista en la televisión italiana. Pero hablamos de ello con sumo interés, creyendo que somos críticos y que ejercemos nuestra valiosa libertad de expresión, luego en la cotidianidad somos gandallas, tranzas, pasotas, no se reflexiona sobre lo que se puede cambiar día a día. Ahora no quiero sonar, porque de eso se trata el tono de sonar a algo, no quiero dar un tono de positivismo y de crítica constructivista que apoya su valor en la edificación de uno mismo y donde poco a poco sumando esfuerzos saldremos todos adelante, lo que quiero decir con esto es que nosotros no tenemos un tono desidioso al hablar, sino que ese tono resuena en nuestra vida, la ahueca de costilla a costilla, es, entonces, la desidia de vivir lo que hace que haya un tono, aburrido, similar, tono de falsa resignación. Falsa porque cuando llega la hora de opinar todos se apuntan como si regalasen despensas o como si a los de televisa les preocupase quedar mal frente a todo su público en un programa donde atacan con saña y bajeza a un candidato a la presidencia, el problema no es lo que le hacen a él sino lo que nos hacen a nosotros, el lugar donde nos tienen situados como para pensar que pueden permitirse un comportamiento así. Pero es muy fácil y es que la desidia nos atraviesa, tanto que ellos comen de nuestros ojos, de verlos todos los días, y es que todas las televisoras, todas las cadenas están compradas, tanto las  locales como las internacionales y su negocio se enuncia como la adquisición de nuestro tiempo de cerebro disponible, más tele basura significa un individuo más blando que sea capaz de tragarse toda la publicidad anunciada y por tanto, capaz de tener mayor deseo de adquirir mercancías que le ofrece un mercado (un mercado que es ya político) que intenta manipularlo. Cedemos a todo, consumimos, comemos, nos dejamos tragar, no resistimos o lo hacemos hasta el punto cómodo, entonces decimos que el mundo está muy mal, que la crisis nos agota, empezamos a opinar sin ver donde estamos parados o que tanto hicimos para estar ahí. La desidia embarga nuestra vida y su tono inunda nuestra existencia coartando la posibilidad de cualquier crítica, somos tan desidiosos que hemos  llegado al punto en donde lo único que nos queda es la queja o el miedo, y a los poderosos igual, ya no saben que pasa se le fue de las manos y entonces recurren al temor o a la provocación. Qué fácil es ser victima y señalar a los verdugos, sencillo es también vivir asustados o creyendo que no hay nada por hacer, no hay futuro por venir, quizá no llegue a ver mundo en unos años, mientras tanto habría que pensar que quizá lo propio del hombre es crear maravillas para después gastarlas, destruirlas y acabar con ellas. Quizá es hora en la que ese tono de desidia adoptado recientemente en la política a causa de su imposibilidad, de la dificultad de un paraíso político o de una utopía democrática, sea cambiado por un tono de honestidad, en donde el hombre se atreve a sopesar su fin, o se arriesga a asumirse como inacabado, imperfecto, hombre por fin que no espera el mesías salvador, que llegue en forma de presidente, dios redentor o un nuevo orden económico justo y limpio, hombre que entiende la imperfección de sus obras y con ello de sus decisiones políticas, ese que por fin deja de llorar la pena de un padre que ya no está y no puede cuidarlo más, acabar lo que no hace o hacer lo que no tiene ganas de enfrentar, en fin, hombre con su fin atravesado que piensa la vida como un camino infinito en donde el único tono por adoptar es el de la crítica, siempre abierta y sin sentirse nunca cómodo, tono donde el futuro tendrá que ser pesadamente nuestro y del que debemos hacernos cargo, labrarlo sin cese y sin ese lastre pesado de la desidia que nos han enseñado tanto nuestras ideologías redentoras de mundos felices. Quizá la vida es apocalíptica pero habría que dejar de llorar por ello. 

lunes, 11 de junio de 2012

Ayer maté todo promesa por venir. Tiré a la basura toda la lista de buenos deseos e intenciones de las cuales el futuro se ríe a carcajadas porque nunca son realizables. No es que ahora viva sin deseos ni proyecciones, lo que pasa es que intentó matar la histeria que los rodea, matar la necesidad de que todo hacía lo que tiendo tenga un lugar certero de llegada, no hay afirmaciones irrefutables ni tesis a sostener, la vida es antitética, sin posición de partida ni lugar estable al que llegar. Es precisamente por ello que todo esto es un rodeo, una falsa posición, fortuita, trivial y sin sentido, heme aquí, consciente, fingiendo que soy capaz de acallar, de matar esa capa de mí que me obliga a querer mantener el control, necesidad de hacer planes, de determinar mi existencia porque los abismos sobre los que se erige son demasiado profundos e insostenibles. No puedo matar, no puedo vivir sin esto, todo es una mentira, no soy capaz de sostenerme a mí mismo, es bueno saber que siempre queda el suicidio.

viernes, 11 de mayo de 2012





Pasaje caribeño

Ha empezado el calor, lo noto porque las mantas me atosigan ya por las noches y tendrán que encontrar otro uso como soporte de mi cuerpo separándole del suelo. El sol nunca toca directamente, los despertares entonces no son bruscos sino ligeros como soplos de luz en los ojos. Lo malo del calor es que  los olores se agudizan, la orina y el calor siempre han sido una combinación peligrosa aunque las chelas y un par de tabacos aminorizarán el efecto o me obligarán a olvidar que mi casa es todo un orinal. Habrá más reuniones en el parque, más vino frío y por lo menos, la soledad parecerá más cálida, colorida. Abrirán por fin, como cada verano el  "Pasaje caribeño", extraño a las mujeres que se pasean por ahí regordetas, delgaduchas, feas, hermosas con una belleza que jode por estar tan usada, todas son mis amigas, más de una se ha quedado tirada a mi lado, en mi cama. Los hombres como siempre llegan con su gran valía, su espíritu altivo y sus ganas de pillar un cacho porque trabajan horas para gente que los humilla o los desprecia. Alguno me invita un trago de vez en cuando o habla conmigo porque sus amigos lo abandonaron o porque se vino a un país donde la superación sólo se mide por ganar un poco más de dinero. Los hombres me miran con pena, como si creyesen que soy un desgraciado, un pobre hombre que duerme en la calle, si alguna vez me pagan algo es porque creen que su misericordia me hará el día, es su obra de caridad para salvarse de un futuro como el mío. Pero ellos no ven nada en mí, soy un espejo de sus miserias y por ello creen en mi desgracia, porque se miran bajo el efecto del alcohol como personas sin pena ni gloria. Pero todo eso no interesa, ni el falso orgullo ni la falsa conciencia, no se dan cuenta que yo ya no pierdo nada, que la nada es mi casa, el vacío de las calles por las noches, no entienden que yo no tengo y por lo tanto no carezco, les cuesta aceptar que soy una persona sin miedo.  

miércoles, 2 de mayo de 2012

Escribicionistas, primer aniversario

Escribicionistas está concebido como un taller de corte literario, en el que óptimamente 14 personas habrán de plasmar con base en la premisa de un tema distinto cada semana, su óptica, su talento, sus inquietudes y traumas, su punto de vista expresado tal cual ellos lo elijan.
Aunque la idea no tiene nada de original ya que colectivos similares existen desde hace algunos años en la llamada blogósfera, no deja de ser interesante reunir talentos que en su primera generación, tuvieron diferentes perspectivas, casi opuestas algunas de ellas.

Tuvimos por ejemplo, el talento de una mujer activa, propositiva, que gustó de traer a este blog, letras pensadas para la conciliación, para la vivencialidad del ciudadano promedio que gusta de reflexionar y enamorarse de las posibilidades de la sencillez y los sueños. Esa era Úrsula Amaranta, quien abandonó el proyecto en agosto, dejándonos con ganas de saber más de ella, Fototropismo que supo ser dedicado en sus letras imponiéndose retos constantemente para impecables resultados, La Malquerida quien gustaba de platicar historias sobre el dolor, el malestar y las buenas cosas que se pueden encontrar en los peores momentos, NTQVCA, quien nos dejó claro que grandes contenidos, grandes ideas, podían ponerse en pequeños contenedores que nos podrían hacer pensar mucho más que mil palabras, Destroyer quien pudo hacer un ejercicio no muy lejano al del joven estudiante que proyecta sus inquietudes y perspectivas en cada momento de su aportación semanal, Pherro quien siempre se interesó en proponer enfoques distintos para sus ideas, trabajar en un nivel que contribuyera al estilo del blog, OJT que en el breve tiempo que estuvo en el blog, intentó siempre poner una perspectiva distinta, algo que pudiera ser un referente alterno y llevarnos fuera del propio texto escrito. Hasta hace poco, dos del primer equipo Escribicionista se fueron. Fer quién siempre supo sorprendernos con textos sencillos pero llenos de significados y reflexiones y el Pinchesendic quien lucía un verdadero estilo propio en sus relatos.

No hay que olvidar que la primera generación Escribicionista también se vio nutrida recurrentemente con invitados. Uno de los más frecuentes seguidores de este blog, desde Perú, Luis Torres, ha logrado con su estilo sesudo y manejo sobrio del lenguaje, aficionarnos a sus intervenciones. ¿Por qué no ha entrado al equipo? Sólo él lo sabe. Pongamos nombres como Ferrioni, Alizzia, Jo, Crónicas Urbanas, Megah, Olague y Travis, como colaboradores de honor en este año Escribicionista y sin olvidar a dos invitados que se convirtieron en frecuentes asiduos semanales como el Dr. Whoanz que aún está en la plantilla con un estilo cerebral, dedicado a inspeccionar los rincones de nuestra conciencia y volcarlos en escritos delirantemente sobrios. Pinchi Hablador, quien, aunque hace pocas semanas emigró, también supo darle colorido a la plantilla del blog con interesantes y divertidos escritos que trascendían sus propias letras, dándole un aura de dramaturgo del humor ácido como pocos pueden verse.

Acerca del equipo original; Siracusa, que nos ha traído historias mágicas, llenas de pulsiones, evocadoras, Dark, quien ha sabido pulir un estilo chocante, agresivo y obscuro y el Capitán Tintasangre con su visión narrativa envolvente, que puede transportarnos a otras eras con gran facilidad, se tomaron sus descansos pero afortunadamente para nosotros, regresaron a darnos lo mucho que tienen. El Dr. Gonzo, con su áspero sentido del humor e historias en clave de dolor, nos ha permitido tener la perspectiva del vacío y la acidez necesaria para sobrellevarlo y Ros, el alma del proyecto, una de las más constantes Escribicionistas, nos ha regalado durante este año su estilo melancólico y colorido a la vez, con varios escritos ya clásicos en el blog.

No olvidamos a nuestros Escribicionistas más recientes y que han llegado para darle sustancia a este taller: Augustine que nos ha dado el punto de inicio a reflexiones complejas e historias de un ánimo cuestionador y descubridor. Julieta quien ha soltado versos e historias llenos de nostalgia, equivalentes a un atardecer calmo y pleno de recuerdos. Hanselópolis cuya imaginación y decanto por la ciencia ficción, ha traído historias de distintos caracteres y tonalidades.

El blog no es tan activo como antes, pero mientras podamos leer algo durante la semana, el vicio de leer, aprender y descubrir seguirá patente. Gracias Escribicionistas, vamos por un año más. ¿Quién dice yo?

viernes, 27 de abril de 2012


Laberinto
 
Parece inevitable querer una salida ¿Qué hacemos acaso normalmente de nuestras vidas? ¿En qué pasamos el tiempo sino en intentar encontrarla? Sí, traten de no pensar en ello, no desear una salida, una meta, un lugar, estado, misión, satisfacción a la que tender. Intenten pensar la vida sin sentido, así nada más con lo que hay. No es fácil, lo sabemos, por eso la religión, el dogmatismo, los nacionalismos, el amor como salvación, los modelos de vida, todos son una salida al laberinto, una mano que entra en él, segura, cálida a la cual te puedes aferrar hasta encontrar la escapatoria.
¿Qué nos han enseñado? ¿Qué el sentido de la vida debe imponerse y tragarse, comerlo como una manzana que abre una doctrina y una vida que reniega del sufrimiento y la tragedia, identificándola  con un lado negativo y desdeñable de la existencia? Seguimos la serpiente y entonces nos vemos inmersos en un mundo construido desde la conciencia, encerrados en los pensamientos impuestos, en la búsqueda de soluciones cuando ni siquiera hemos hecho ninguna pregunta. Quiero decir, ninguna pregunta propia, atópica, ¿acaso sabemos hacernos cargo de nuestro espacio? No, el mundo ya está inventado ¿no? sólo hay que ocuparlo sin inventarlo. Es mejor ser culpables enviando la culpa a lo otro, si el pecado original no fuese una falta con la que fustigarse sino una carencia originaria que nos obligase a inventar todos los sentidos sabríamos vivir sin salida, querríamos perder nuestra vida en este laberinto sin sentido, sin causa originaria y sin salvación final. Pero hay que perderse para entender que no hay nada que encontrar, si hay algún juego en el laberinto, si se gana algo en o de él es ahí en su camino y en su no haber nada que encontrar.

viernes, 20 de abril de 2012

Cry baby cry




El primer faje que nos dimos fue en mi habitación, al principio estabas un poco frio, ni te me acercabas y yo no sabía por dónde empezarle. Como para ambientar el asunto me acerqué al tocadiscos y puse un vinilo de George Michael en el que se dejó sonar aquella canción tan caliente que me hacía pensar en ti cuando no estaba contigo. Tenías puestos unos pantalones de mezclilla pegaditos al cuerpo y que abultaban algo que no sabía si me atrevería a tocar, de pronto me di cuenta que no podía contener el deseo y entonces me abalancé a ti con unas ansias que nunca antes había sentido. Sin embargo, al estar tan próximos pensé que habría que jugar con el lapso, con los contratiempos del encuentro, así que te di la espalda y deje que me agarrases la cintura mientras yo movía las caderas al ritmo de Careless Whisper. Empezaste a darte cuenta de que se trataba y entonces, dejaste que mi cuerpo guiara tus manos con un movimiento lento que tocaba mi pelvis y daba forma a mis nalgas. El saxo de la canción iba y venía mientras yo empezaba a transpirar quedito por el cuello, me di la vuelta y empecé a tocar esas facciones tuyas tan blancas y tan inalcanzables por más que las rozase. Ayude a tú dedo índice a bajar desde mi frente hasta el cauce que se encontraba en medio de mis senos, la sensación diseminó la calentura a todo lo que restaba de mi cuerpo y entonces un cosquilleo trepidante me atacó entre las piernas.
-A comer- gritó mi madre al otro lado de la puerta.
Me alejé de ti con pena y fui a quitar la canción que ni siquiera pudo terminar. Nuestro primer faje apenas y duró cuatro minutos, te pide que te fueses y entonces volviste hacer el mismo poster pegado de Johnny Deep en una columna fría, blanca que sostenía las paredes de mi cuarto. Aún te recuerdo Johnny y pienso en todo que lo descubrí de mí gracias a tú frialdad y mi calor en aquellos años precoces.

sábado, 17 de marzo de 2012


Borrar

Leer es siempre escribir.  Cuando uno lee escribe, o si se quiere reescribe, injertando su singularidad en el texto del otro. Toda lectura o escritura es incompleta, no es que se preste a muchas interpretaciones como singularidades existan, sino que algo le falta, hay eso que resiste a que sea cerrada o impuesta. Ningún texto es autoridad en ese sentido, no tiene derecho a exigir lo que significa o que se le entienda con la intención con la que se encuentra escrito, aunque eso no quiera decir que todas las interpretaciones valgan; un buen libro o texto da mucho de sí, puede tejer vínculos inconmensurables aunque no cualquiera ni como sea, las lecturas y escrituras infinitas tienen que tener un sentido que pueda diseminarse en otros sentidos. Pero, si los textos resisten a la uniformidad es porque llevan en ellos una carencia de origen, una falta en el inicio de su puesta en juego, siempre hay algo que no se dice, que se omite. El acto de escribir es defectuoso en sí mismo, escribimos pero cuando lo hacemos no sólo plasmamos o inscribimos sino que tachamos, borramos; la escritura sin la borradura no es nada, sin las migas que se quedan cuando se borra el grafito de una hoja que intenta soportar un texto. Eso que resta y sobra pero no está es lo que activa la apertura del texto, cuántas veces nos dicen que debemos saber leer entre líneas, entre lo que no se expresa pero que está ahí como tachadura y acción de una goma. Nada es tan claro ni tan evidente en la escritura, pero eso no significa que leer un texto suponga la acción desentrañar un misterio, una incógnita entre líneas, por el contrario, los textos siempre están expuestos, tan expuestos que no esconden nada, la escritura de otro es como la desnudez, no oculta nada pero hay que saber recorrerla, andar en sus entresijos. Pero leer y escribir no es sólo una cuestión de saber sino sobre todo un deseo, si el cuerpo no está involucrado en la escritura, si la lectura no es exponerse a ser tocado por otro entonces es imposible amar los textos, recorrer sentidos. Habría que pensar en lo tanto que tiene de impulso la escritura, en lo que tiene vida, con sus avances y retrocesos, sus subrayados al repetir una acción o una frase, en sus omisiones, sus borraduras; podríamos preguntarnos cuántas cosas no decimos y borramos, como escribir una frase es un camino de dudas, de interrupciones, ejercicio de memoria. Tachamos y borramos inconscientemente, es mecánico, no le damos importancia, pensamos en lo que vemos impreso, escrito, obviamos lo relevante de lo no dicho, excluimos sin darnos cuenta su valor, cuando es precisamente de lo que se borra de donde se sacan todos los nuevos textos a escribir.

viernes, 9 de marzo de 2012



Cenizas
Los dedos de los pies se asomaron por encima de la manta, un aire frío recorrió mi cuerpo y entonces desperté, un sobresalto me hizo abrir los ojos, hondos, fijados en el techo esperando encontrar al fantasma que me había visitado esa noche. Pero no había nada, y tampoco había algo que descubrir, todo vino en el sueño, en ese flujo que atraviesa mi cuerpo al dormir, mar inconsciente que me recorre por las noches haciendo salir a flote las cenizas, los recuerdos que uno no sabe que tiene, ese otro que no sabemos que somos y que sin embargo, una noche, sin aviso, descubrimos. Un hombre tocaba mi frente, era el día que nací, no hay más, solamente la imagen de un dedo posándose en mi cabeza.
La gente nos engaña haciéndonos creer que tenemos una vida, sólo una y que además somos capaces de conocerla, recordarla. Los sujetos conscientes quieren hacernos creer que vivimos nuestra vida y por eso es nuestra, la podemos poseer, moldearla, modificarla, puede ser nuestra porque nuestras fotos, cartas, vestidos nos dicen que eso nos pertenece de alguna manera porque nosotros estamos ahí. Pero sabemos que eso no es así que la vida se nos escapa, que los recuerdos que identificamos los tenemos pero incompletos, que algo les falta y por eso queremos más, necesitamos cavar en las tumbas no expropiadas de nuestro camino, hacer de arqueólogos de un devenir que pasamos pero que no es propio hasta que lo inscribamos en nuestra existencia. Entonces queremos más piezas, más herencia, más pasado, queremos identificar nuestras vivencias, no para recordarlas sino para anularlas, las queremos para controlarlas y que no se nos escapen de nuestro relato al que ya hemos puesto pies y cabeza. Eso es la historia, la biografía como relato único, demarcaciones que nos obligan a obviar ciertas partes del pasado. La memoria es capaz de almacenar lo que se le ordena, sin embargo, resiste al mandato, a la ley de lo que nos queremos contar, y entonces aquél pequeño episodio que quisimos quemar, resiste, se niega a desaparecer quedando vivas las cenizas. Esas partículas que no tienen nombre y que sin ser designables son el motor de nuevos relatos, lo que hace sorpresivo e impredecible una historia compacta que narrarnos. Un día encuentras la vieja cabecera de la cama en la que dormías cuando eras  niña y observas una calcomanía pegada en ella, difusa, despintada, no sabrías decir que es y de repente, recuerdas a tú madre tejiendo un suéter para ti al lado de tú cama, mientras tú jugabas a contarle un cuento sobre los personajes pegados en la cabecera. Los recuerdos golpean suavemente o como golpes secos, nos abren otros espacios, nos dan más líneas que escribir, algunas se quedaran atoradas y resistirán a la escritura pretenciosa, para aparecer otro día en los sueños, en esa historia alternativa y desordenada de nuestras vidas.
¿De dónde vengo? fue una pregunta temprana y ansiosa, no busqué nada cuando surgió aquél cuestionamiento, mi madre era la fuente, la familia materna me daba una herencia que aceptaba sin querer encontrar nada. Hasta que crecí me obsesionó recabar, guardar todo lo que fuese de mi infancia como si ese síndrome de Diógenes respondiese a la necesidad de construir una nueva herencia, una que pudiese explicarme a mí misma, no como aquella que me había sido donada tan difusa y sin ser mía. Mi madre me regaló la ausencia de un padre, lo he recordado al despertar repentinamente de un sueño, lo matamos antes de que existiese, sin duelo previo ni funeral, hoy en un sueño una ceniza voló hasta mi casa y me hizo recordar una falta que por más que mi historia la resistiese, está ahí, representándose en otros relatos, dando pie a nuevas confrontaciones que vivir.

viernes, 24 de febrero de 2012

Aluche



Hacía un calor tremendo, de ese seco que asfixia y del que parece que no hay escapatoria. Nos bajamos en Aluche, tres paradas antes de que acabase la línea verde del metro, estábamos muy lejos del centro, muy lejos de ese Madrid que sale en los anuncios turísticos, tan lejos que es el lugar perfecto para mandar a las minorías a realizar sus trámites administrativos, como si fuese una indirecta, como si al llevarnos hasta ahí nos quisieran decir  “anda, cruza la frontera y regresa a tú casa”, o por lo menos esa interpretación le daba un amigo. Caminamos bajo el sol del mediodía, duro, despiadado, sobre un terreno árido, asfalto y tierra, de pronto unas ruinas, un edificio demolido, una calle sin pavimentar y al fondo una carpa, sí, sí, una carpa a donde se lleva a los extranjeros a examinar. Ni siquiera una oficina ni un edificio, no, una simple carpa de circo donde se representa el teatro de la pseudo hospitalidad y fraternidad entra las naciones. La escenografía es perfecta, es tan falsa como lo que se intenta hacer: ser hospitalario poniendo unas barreras casi imposibles de traspasar. Trámites absurdos, engorrosos, policías, guardias que te revisan antes de entrar a la carpa, no vaya a ser que te quieras robar un pedacito de miseria de la que se regala. Chinos, rumanos, dominicanos, cubanos, argentinos, mexicanos, senegaleses, búlgaros, ecuatorianos, negros, güeros, blancos, prietos, altos,  mujeres, hombres, niños y embarazadas, todos ahí con un objetivo,  permanecer en el país, conseguir un permiso de estancia o renovar la posibilidad de mandarles unos pocos euros a sus parientes de otras partes del mundo. Un ecuatoriano le pregunta a una encargada que cuando sabrán la respuesta de su trámite, ella ni lo mira y lo trata como a un idiota, le dice que para responder a esa pregunta tiene que pedir cita, que ella no sabe ni puede hacer nada, hace muecas, voltea hacía otra lado y simula que no hay nadie rogando una respuesta. Hay que ir bien vestido, es mejor ir bien vestido, la percha ayuda a que no te vean como una india pata rajada, hay que tener seguridad y porque no, también un poco de soberbia, fingir que no te hacen un favor, ser amables pero no tanto porque aunque uno no lo crea pese a que lleves todos tus papeles, eres el extranjero, el extraño, el que viene a quitar el trabajo a la gente local, porque aunque intenten evitarlo, tú eres el otro que nunca se parecerá a ellos. Entonces, uno debe fingir, simular tranquilidad y llevar hasta lo que no necesitas para que vean que eres legal. Si todo está en regla entonces te dan un permiso que después del inicio de la crisis ya no es de un año sino de seis meses, un permiso de medio año que te llega a tu casa 4 meses después del trámite, eso quiere decir, dos meses de tarjeta de residencia. Espero mi turno y junto a mí se encuentran sentadas una señora y su hija, la niña llama a su madre “negra”, ella la interpela y le pregunta:
- ¡Ah sí! y ¿tú que eres?, tú también eres negra.
- No mamá yo no soy negra- Responde la niña.
Veo mi número en la pantalla y entonces me doy cuenta que ha llegado la hora de jugar a no ser negra. Salgo de la oficina, el trámite ha ido bien, mi pellejo está salvado. Caminamos de regreso, partimos a nuestras casas, entró en el metro y veo a las familias de migrantes legales e ilegales aceptar su inferioridad, admitir ese discurso que los domina, los veo renegar de ellos mismos para ser aceptados, sólo por una mejor oportunidad, por una mejor calidad de vida. Pienso entonces en mis amigos altruistas y solidarios, en todos los discursos baratos de la fraternidad, tan europeos e imposibles, en sus protestas por la igualdad y la democracia, en sus demandas de justicia y en como el sistema legal de un país es el resultado de la idiosincrasia de su pueblo. Todos nos hacemos de la vista gorda y así fingimos no ser los "otros" que tanto nos dan miedo.

viernes, 10 de febrero de 2012




Payasa

Son las 13:30, hace frío y la gente hace las últimas compras para la comida del día. Algunas señoras arrastran el carrito de las compras del mercado mientras otras llevan la pesada carga de las bolsas, porque el salario no les da para comprarse ese dichoso vehículo que les ayudaría con su lumbago. El paseo delicias está lleno como de costumbre, circulan gente de barrio, automóviles, pordioseros y teporochos, este es un lugar poco presuntuoso, tranquilo, donde los inmigrantes encuentran oportunidades y la gente mayor puede estar cerca del centro de Madrid sin tener que pagar mucho.
Los supermercados suelen ser económicos, todos confluyen ahí. Hoy, a las 13:30 la gente llena las cajas de Lidl, necesitan llevar los ingredientes faltantes, así sucede todos los días. A la puerta del supermecado, está el hombre negro de siempre, murmurando cuando alguien pasa, pidiendo una plegaria o una moneda para un bocata. Las señoras se encuentran con la vecina, saludan al de la marisquería, se atoran con la estrecha puerta que lleva a la consumición de lo que el doctor les ha dicho que puede ser riesgoso por su edad, entre las cortezas de cerdo, las patatas, las galletas y el pan, las señoras disfrutan de sus dos placeres: la comida y el chisme con la vecina. Pero no todas las mujeres que van al super son iguales, ahí está ella, entró sola, con tres bolsas guardadas en el abrigo al que le faltan dos botones, lleva el cabello teñido, puede intuirse en las raíces blancas que se muestran tímidas en su cabeza, está detrás de la estantería de galletas y comida chatarra, en ese pasillo que los encargados de los supermercados  han inventado para la gente que no puede darse grandes lujos, una hilera en medio de dos estantes donde colocan productos inútiles a precios risibles, un kit de masajes, un portarrollos de cocina, zapatillas de trekking cuyos posibles compradores son señores de barrio, jubilados que apenas y dan un paseo por el Retiro. Pero para ella, como para mucha más gente esos placeres inútiles la hacen sonreír, pronto serán Carnavales y también San Valentín, así que el Lidl ha traído de oferta disfraces, chocolates, pantuflas y un reloj de cocina con radio incluida. Desde lejos se la ve feliz, su mundo se resume a ese espacio, de pronto, la vemos sonreír, ha visto algo que la ha hecho feliz, está sola, tan sola que su cuerpo lo grita por todas partes. Sonríe, y si nos posicionamos en la sección de los productos enlatados podemos verla como ha cogido un objeto en sus manos, lo acaricia, se ríe más, le habla, se emociona, es una señora menuda y sus huesos suenan cuando los espasmos de la risa la invaden. Decide no dudarlo, aunque haya pasado ya media hora. Son las 14:00, pero a ella nadie la espera en casa, vive de una pensión y el paquete de arroz junto con el kilo de champiñones no son más que para ella, así que no tiene por qué darse prisa. Pero por fin lo hace, coge la peluca roja que admiraba con tanta alegría en sus manos, la lleva con lo demás de la compra, hace la fila de la caja, coloca sus productos en la cinta y saca con sus manos artríticas ese típico monedero chiquito que suelen usar las señoras. El importe son 3.60, entre monedas de 10 y 5 céntimos entrega su riqueza que se verá recompensada, agarra una de las bolsas del abrigo y guarda el arroz y los champiñones. Coge la peluca roja con las manos y la coloca en su cabeza, camina con una sonrisa en la cara, mientras por detrás otras señoras le gritan “vieja payasa”. Sale del supermercado y el negro de la entrada le dice “guapa”, ella asiente con la cabeza y le da 5 céntimos, toca su pelo postizo, camina con un frio que llega a los tres grados, y piensa en su pasado que murió, en aquél día cuando su madre que ya no existe, la disfrazó de payasita por carnavales, con su peluca roja y su overol amarillo. Recuerda, con lágrimas en los ojos, sola, la mano de su madre mientras ella saltaba vestida de payasa por el Paseo Delicias.