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viernes, 20 de junio de 2014

Cecilia






Revisó por última vez su maquillaje, después de tantos años el pulso se había tornado traicionero y aquella fina línea sobre su párpado distaba de serlo. Se colocó los lentes, tomo su bolsa cargada de magia y se dirigió a la puerta.

Caminar, otra vez caminar.

La parada de autobuses iba envejeciendo, igual que su lozana piel, las paredes de la calle se notaban arrugadas y algunos anuncios estaban a punto de caer, así como sus senos. -¡Que bah!- se dijo a sí misma y abordo el camión. Tantos años haciendo el mismo recorrido que ya lo sabía de memoria. Lo mismo podía buscar un chicle en la bolsa, o revisar el tema del día o tomar una siesta, no importaba, siempre tocaba el timbre en el momento preciso.

Caminar, otra vez caminar.

Llegaba a la escuela y con paso lento subía cada piso, cada salón. Tomaba su puesto y al pasar lista, notaba que sus años se habían quedado entre las bancas y el pizarrón. Caras diferentes año tras año, pero ella era la misma. Fue necesario ocultar las noches de insomnio, las preocupaciones y el dolor al empezar una clase. Tenía que fingir sonrisas y amabilidades a todos aquellos que detestaba.  Pretender estar de acuerdo y otras más sufrir por aquellos niños que lloraban contándole sus secretos. Llevo dulces y regalos en ocasiones especiales, de su bolsa salían globos y juegos para interesar esas cabecitas dispersas. Una clase, cinco o diez horas en un día, no importaba cuantas fueran, total, nadie la esperaba. Podía entrar a las siete de la mañana y esperar tres horas a que pasara el tiempo entre una y otra clase –Así es esto- se resignaba y leía, soñaba, se escapaba de la vida en la escuela. Unas veces estaba en la playa, tomando una piña colada; otras, se sentaba al borde de un risco y gritaba todo lo que tenía guardado.

Caminar, otra vez caminar.


Llegar a casa, dejar la bolsa descansando en el sillón, aventar los zapatos y quitarse el disfraz de educadora junto con el maquillaje, a veces se confundía ¿Quién se desprendía de quién?. La mitad de un cigarro, una taza de café o una copa de vino si el día había estado intenso entre exámenes y calificaciones. Un poco de televisión y a la cama. A veces, pensaba que algo estaba mal. Pero al final, amaba su vida, se sentía segura, era feliz y no cambiaría por nada su largo y cansado caminar, otra vez caminar.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Escribicionistas, primer aniversario

Escribicionistas está concebido como un taller de corte literario, en el que óptimamente 14 personas habrán de plasmar con base en la premisa de un tema distinto cada semana, su óptica, su talento, sus inquietudes y traumas, su punto de vista expresado tal cual ellos lo elijan.
Aunque la idea no tiene nada de original ya que colectivos similares existen desde hace algunos años en la llamada blogósfera, no deja de ser interesante reunir talentos que en su primera generación, tuvieron diferentes perspectivas, casi opuestas algunas de ellas.

Tuvimos por ejemplo, el talento de una mujer activa, propositiva, que gustó de traer a este blog, letras pensadas para la conciliación, para la vivencialidad del ciudadano promedio que gusta de reflexionar y enamorarse de las posibilidades de la sencillez y los sueños. Esa era Úrsula Amaranta, quien abandonó el proyecto en agosto, dejándonos con ganas de saber más de ella, Fototropismo que supo ser dedicado en sus letras imponiéndose retos constantemente para impecables resultados, La Malquerida quien gustaba de platicar historias sobre el dolor, el malestar y las buenas cosas que se pueden encontrar en los peores momentos, NTQVCA, quien nos dejó claro que grandes contenidos, grandes ideas, podían ponerse en pequeños contenedores que nos podrían hacer pensar mucho más que mil palabras, Destroyer quien pudo hacer un ejercicio no muy lejano al del joven estudiante que proyecta sus inquietudes y perspectivas en cada momento de su aportación semanal, Pherro quien siempre se interesó en proponer enfoques distintos para sus ideas, trabajar en un nivel que contribuyera al estilo del blog, OJT que en el breve tiempo que estuvo en el blog, intentó siempre poner una perspectiva distinta, algo que pudiera ser un referente alterno y llevarnos fuera del propio texto escrito. Hasta hace poco, dos del primer equipo Escribicionista se fueron. Fer quién siempre supo sorprendernos con textos sencillos pero llenos de significados y reflexiones y el Pinchesendic quien lucía un verdadero estilo propio en sus relatos.

No hay que olvidar que la primera generación Escribicionista también se vio nutrida recurrentemente con invitados. Uno de los más frecuentes seguidores de este blog, desde Perú, Luis Torres, ha logrado con su estilo sesudo y manejo sobrio del lenguaje, aficionarnos a sus intervenciones. ¿Por qué no ha entrado al equipo? Sólo él lo sabe. Pongamos nombres como Ferrioni, Alizzia, Jo, Crónicas Urbanas, Megah, Olague y Travis, como colaboradores de honor en este año Escribicionista y sin olvidar a dos invitados que se convirtieron en frecuentes asiduos semanales como el Dr. Whoanz que aún está en la plantilla con un estilo cerebral, dedicado a inspeccionar los rincones de nuestra conciencia y volcarlos en escritos delirantemente sobrios. Pinchi Hablador, quien, aunque hace pocas semanas emigró, también supo darle colorido a la plantilla del blog con interesantes y divertidos escritos que trascendían sus propias letras, dándole un aura de dramaturgo del humor ácido como pocos pueden verse.

Acerca del equipo original; Siracusa, que nos ha traído historias mágicas, llenas de pulsiones, evocadoras, Dark, quien ha sabido pulir un estilo chocante, agresivo y obscuro y el Capitán Tintasangre con su visión narrativa envolvente, que puede transportarnos a otras eras con gran facilidad, se tomaron sus descansos pero afortunadamente para nosotros, regresaron a darnos lo mucho que tienen. El Dr. Gonzo, con su áspero sentido del humor e historias en clave de dolor, nos ha permitido tener la perspectiva del vacío y la acidez necesaria para sobrellevarlo y Ros, el alma del proyecto, una de las más constantes Escribicionistas, nos ha regalado durante este año su estilo melancólico y colorido a la vez, con varios escritos ya clásicos en el blog.

No olvidamos a nuestros Escribicionistas más recientes y que han llegado para darle sustancia a este taller: Augustine que nos ha dado el punto de inicio a reflexiones complejas e historias de un ánimo cuestionador y descubridor. Julieta quien ha soltado versos e historias llenos de nostalgia, equivalentes a un atardecer calmo y pleno de recuerdos. Hanselópolis cuya imaginación y decanto por la ciencia ficción, ha traído historias de distintos caracteres y tonalidades.

El blog no es tan activo como antes, pero mientras podamos leer algo durante la semana, el vicio de leer, aprender y descubrir seguirá patente. Gracias Escribicionistas, vamos por un año más. ¿Quién dice yo?

lunes, 30 de abril de 2012

En tí con mis manos ♫




Nuestra fotografía esta entre libros y flores secas. Recuerdos de los momentos construidos. Trabajo sobre la mesa y me observas, con esa mirada tan tuya, un poco indiferente, pero cuando me distraigo puedo sentir como cambia. En ocasiones me detengo, sostengo el lápiz en la boca y trato de imaginar -¿qué pasaba por tu mente cuando nos fotografiamos?-. Fue la primera vez que nos vimos y pudimos intercambiar pensamientos de viva voz. Es raro decirlo así, pues ya desde antes, habíamos tenido ese tipo de conversacion, donde la esencia no se puede cambiar ni modificar para caerle bien al otro. Sigo trabajando, hay muchas cosas que revisar, otras tantas que planear. Cotidianidades.

 No puedo. Tu mirada recorre mi cuerpo. Se detiene sobre mis senos y un escalofrío... Cierro los ojos y siento tu boca húmeda... ¡Sacar promedios, en eso debo concentrarme!. Busco los papeles que se han perdido entre los demás. Al lápiz se le rompió la punta. ¡Carajo! Tampoco encuentro el exacto para afilar. Nunca he usado sacapuntas, no queda la punta larga ni fina como me gusta, que me permite garabatear un diez o un cinco en un cuadro de dos centímetros. Veo la pila de cosas pendientes, suspiro y de nuevo tú mirada. Tan llena de paz, me divierte ¿Qué pensarías al verme perdida entre mi propio desorden? Sonrío, ¿dónde deje el encendedor? Voy a la cocina. Tomo un trago de jugo del cartón y se me escurre por la blusa, el frio despierta mis pezones. Un cosquilleo empieza a bullir por debajo de mi pantalón, tu lengua recorriendo mi vientre… Buscó en los cajones, hasta que por fin encuentro unos cerillos.

De vuelta en mi habitación disfruto del incienso. Me tiendo sobre la cama aspirando tu aroma sobre la almohada. Disfruto mi cigarro y clavo la mirada de nuevo en tus ojos. Empiezo a contarte lo difícil que es tratar de concentrarse así, te hablo de lo mucho que me gustaría salir de vacaciones, las ganas de ir por un helado y caminar sin rumbo, sin sentido. –Me gusta mucho tu sudadera roja- me dijiste un día. Hoy la traigo puesta. –Debajo no tengo nada- digo y guiño un ojo. No sé, si sea mi imaginación perturbada, pero al instante brilla en ti una chispa de pasión. Tus dedos jalándome el cabello como si fuera una yegua a la que tomas de la crin para cabalgar. Tus envistes detrás de mí…suena el teléfono, es Susana que me invita a salir –No puedo amiga. Te lo compensaré después, yo invito el vodka- cuelgo rápido, tú me esperas en la habitación.  De regreso, me he sacado toda la ropa, menos la interior que se te excita ver y quitar de a poco. Un fulgor extraño surge de la fotografía. ¿Te robé el alma y quedó ahí entre esos colores oscuros? No lo sé, no me importa, te respiro, te siento.

Se consumió el cigarro, el incienso me provoca sueño y la ansiedad entre mis piernas aumenta. Mañana debo aplicar exámenes. Tu lengua dibujando mí oído… Aún faltan cinco días para la quincena. Y mis manos ya empezaron a recorrerme, lenta y suave. –Abre las piernas- parece que me susurras desde al altar que te he construido. La respiración agitada es evidente. Coloco la fotografía cerca, el marco lastima mi piel que se eriza al contacto de mis manos sobre la “v” que une mis piernas y conecta con el paraíso. Mi cadera empuja hacia delante y atrás, siento en el aire la fuerza de tú hombría entrar y salir de lo rosa del jardín que te pertenece. Esa mano, no me pertenece, es tuya. Llegas hasta el fondo de mí ser. Me despojas de toda la piel y vez mi alma, te la muestro sin miedo, un beso al vidrio frio, estas aquí, son tus labios los que sienten la explosión de mi cuerpo. Quedo lánguida e inmóvil sobre la colcha blanca. Y mi lápiz sigue sin punta. Miro alrededor, todo estático. Te abrazo a lo lejos, suspendo la actividad de mi cerebro, todo desaparece, solo puedo pensar en aquella noche que pasamos en tu coche, afuera de la casa de tu hermana, oyendo a los niños jugar, escuchando música y fumando ilusiones. De nuevo tomo nuestra foto, delineo tus cejas, la nariz, tu barba que se desliza por todo mi cuerpo. 

Esta tarde se consume deliciosa.

lunes, 23 de abril de 2012

Corre, Rocio. Corre




Columpiaba sus pies.
El viento cálido de la tarde mecía su cabello.
Pensaba una y mil veces sobre el porqué, cuáles eran las razones que la vida o el destino tenían para obrar así en su contra.
¿Debo siempre vivir con miedo?
Los niños poco a poco llegaban al parque. Era una intrusa.

Alguien o algo la habían puesto en medio, ahora no encontraba la salida.
Se movía entre paredes invisibles de convencionalismos.
Su espacio se hacia mas pequeño. Creyó haber escapado de su primer intento de desaparecerla. De aguantar tres años de callado sufrimiento hasta que decidió gritarlo y escupirlo por todos lados.
La salida era encantadora, pero, apenas puso los pies fuera, la libertad duro muy poco.

Llanto y miedo quedó ahí.
Sus pies corrieron tan rápido como pudieron.
Una herida profunda que atraviesa el alma.
Ganas de gritarte por tu estupidez.
De detenerte y decirte que eso no esta bien.
En el umbral te despides y tus ojos me evitan.
Una lagrima que seca el viento de la tarde.
Una esperanza en el amor que no podrá ser jamás...
Un sueño que tuvimos cuando nos conocimos.
Una fruta que dejas a medio comer por miedo.
Tu semilla crecerá sin saber de ti por tu cobardía de enfrentar la vida como es.
Pesadillas que me acompañarán de ahora en adelante,
el temor de verte sin aliento,
el dolor que punza mi corazón por tu espejismo.
¡No te vayas! quédate conmigo, lo haremos juntos.
La muerte y soledad serán tus únicas amigas de ahora en adelante,
el sobresalto y la angustia, las mías.
Me dejas en medio de un desierto lleno de sombras que me asustan.
Ve mi pecho, ¿no te das cuenta?.
Egoísta opción, pero has elegido tu camino,
recogerás tus pasos pero no los míos...

lunes, 16 de abril de 2012

Recuerdos del Tepeyac




La mañana empezaba con el habitual canto de los animales. Los vecinos se quejaban del ruido que hacían los gallos que esa familia -venida de sabe que rancho- se aferraban a criar.
Algunas gallinas habían invadido parte de la recámara. Aquella mujer se afanaba en espantarlas con su babero, las risitas de los niños –más ruidosos que las gallinas- se adivinaban en el ropero o debajo de la cama. Después de haber despachado a los animales al patio, la tía se encargaba ahora de los sobrinos.
-¡Deja ahí! Ya te he dicho que no agarres mis cosas, ¿cuándo lo vas a entender?, órale, todos a chingar a su madre- y le arrebató la cajita de las manos a su sobrina más pequeña. Los niños salieron corriendo pues sabían que si hacían enojar más a su tía no se escaparían de unos buenos jalones de pelo. En cuanto ella se quedo sola se sentó a la orilla de la cama, le paso los dedos a ese objeto que tanto cuidaba. El abrir a veces sus recuerdos la aliviaba, otras le dolía, que mejor olvidaba la caja en lo más profundo del ropero. Ese día, no sintió ni lo uno, ni lo otro. Simplemente se disponía a repetir la misma rutina, así que de rayo se levantó, acomodó unos papeles amarillentos que le servían de resguardo y antes de olvidarlo nuevamente decidió darle una ojeada a su contenido, -Haber, ¿Quién se quiere quedar en la vitrina? ¿Qué sacaremos de aquí para irse a la basura?- Lo primero que vio, pues todo estaba revuelto, fue una fotografía -¡Mira nada más!- y se dejó caer en el sillón.
-¡Ay Roberto! Si ya te decía que tenías cara de burro- y soltó una carcajada -¡Ay Roberto, me acuerdo tanto de ese día. Primero fuimos a misa, tú como que no querías, como que solo querías besarme- cerró los ojos marchitos. -¡Que chula se mira con esos moños!- me dijiste sin pena, caminamos por la Alameda, yo me reía mucho de tus cosas, ps’ mira este muchacho, tan loco que eras. Bien que lo recuerdo, había una feria en la colonia. Nos mezclamos entre la gente, con el pretexto de cuidarme, bien que te me repegabas, yo podía sentir un bultito raro, pero se sentía bien a la vez, así que no te dije que te arrimaras.
-¡Ay Rosario, que bonito vestido!- y me lo chuleaste todo el tiempo, yo estaba retemocionada porque la patrona me lo había regalado, se veía tan bonito, tan blanco que hasta miedo me daba ponérmelo. Una vez me imagine usándolo para salir con la Juana y la Lupe para ir a dar una vuelta al Paseo Bravo. Aunque también me daba miedo, no fuera a meter la pata como Lola, que queriendo parecerse a su patrona, en vez de decir “crespúsculo” dijo “se me crespo el culo” y todo por querer ser muy de sociedá. Pero cuando Doña Violeta me regaló ese vestido no hallaba el momento de estrenármelo y ya me estaba resignando a que el día de mi muerte me enterraran con el. Pero llegaste tú, muy tempranito, estabas tan guapo, con tus pantalones de terlenca bien planchaditos y ese bigotito muy peinado que me hacía cosquillas en el oído cuando me arrimabas a lo oscurito por un beso. -¡Ay Roberto! Esos besos y abrazos que me dabas me dejaban temblando como becerro recién nacido-.
-Ah que mi Chayito, entonces que, ¿cuándo se va animar a darme la prueba de su amor?
-No Roberto, primero boda, si no, pues allá usted sabrá, y se quedará con las ganas.
-Ándale Rosarito, mira que yo me caso contigo, pero dame una pruebita, esto de nomas puros besitos me dejan mal, ándele, no sea remilgosa, o que, ¿apoco tu no quieres?
-¡Ya te dije que no!, ¡Ay mira, un altar de la virgen pa’ los enamorados y familias decentes.
-Vengase mi chula, pa’ que vea que no son malas mis intenciones, vamos a retratarnos, así será ahorita, pero le prometo que pronto será en el altar de a deveras.
Rosario abrió los ojos. –De haber sabido que te irías de brasero y que nunca más te volvería a ver, ps’ te hubiera dado la prueba de mi amor- decía mientras suspiraba y se guardaba uno que otro grito, porque a causa de su decencia, se había convertido en la tía solterona que cuidaba a los más de seis sobrinos y espantaba las gallinas. Repasó por enésima vez su imagen, los huaraches negros que combinaban con sus trenzas, pero contrastaban con los moños multicolores. Su postura cercana a Roberto -¡Ay Roberto! Hubiéramos sido retefelices, segurito ahorita tienes una güera que te dio desde antes la prueba de su amor y ya te olvidaste de mi piel de obsidiana-.
Cerrando la caja retomó fuerzas -¡Órale chamacos cabrones. Hijos de su chingada madre. Ahorita van a ver!- decía mas por costumbre que por convicción y salía esperando atrapar al primer chamaco que se descuidara.

martes, 10 de abril de 2012

Y vivieron felices



Hoy se entregaron las invitaciones para la renovación de votos de Ana y Julio. Cumplen treinta años de casados –mucho tiempo- dice ella. Tienen tres hijos y algunos nietos, nunca una mascota, aunque a ella le hubiera gustado, pero Julio nunca se enteró.
Ana se fue a comprar un vestido y Julio por las cervezas. Los hijos ven a sus padres y suponen que son la familia más unida, eso los hace felices.

Ana y Julio solo comparten una dirección, una cama y unos hijos. No saben cuáles son sus sueños o dolores, cuales sus pesadillas o temores. El, solo le entrega el dinero y un beso cordial cada noche al llegar del trabajo. Ella, un ¿cómo te fue? Mecánico y desgastado a fuerza de conjurarlo sin lograr abrir la muralla para ver que había dentro. –Pero así es esto- decía Ana al irse a dormir.

Y mientras esperaban que les dieran los vestidos a las damas de honor, su hija le pregunto, esperando una respuesta romántica.
-¿Todavía lo amas como al principio?
-Pues me cae bien. Eso es lo importante. ¿No?

La respuesta dejo sin palabras a la mayor, que pensaba que el renovar votos o casarse de nuevo tenía que ser forzosamente causado por amor. ¡Ilusiones!
Cuando los vio en el altar no supo que pensar, eran para ella solo dos personas sin nada en común más que una dirección y unos hijos.

martes, 13 de marzo de 2012

Ansiedad






El reloj se escuchaba lejos, pero molesto como un preso torturado por una gota de agua infinita. La noche se le había vuelto interminable.

-¡Anoche soñé contigo!- Fue la voz, lo que rompió el silencio que reinaba en aquella habitación. Sonidos que se antojaban viejos de haberlos dejado sin uso y al parecer en el olvido. La muda respuesta provenía probablemente de algún rincón, pues solo se escuchó el rechinido de la silla. Ella se miraba en el espejo sin mirar.

-Estabas parado frente a mí y había alrededor un jardín. ¿Has sentido alguna vez un vacío tan grande que parece no tener fin?- Dijo esto, mientras deslizaba el cepillo por su cabello. Lo hacía tan automáticamente que sus manos en realidad parecían de otra dimensión. Lo coloco suavemente sobre el tocador. -Hace ya mucho tiempo de aquella tarde ¿la recuerdas?- Cruzó la pierna y la bata se abrió un poco. -Hacía calor y el viento acariciaba tu cabello. Pasaste sin voltear. ¿Era acaso una sombra de los árboles?-
Se levantó de aquel banco y abrió la ventana para aspirar el frio de la noche. Un suspiro escapo -Quisiera ser una estrella, o la luna, pero nunca el sol ¿por qué?-, giró buscando en la penumbra, -la luna y las estrellas son mágicas y solo los soñadores o locos se acuerdan de que existen-.
 Una bocanada de humo. El cigarro alumbraba tenuemente su rostro. –Aunque el sol también da vida a los sensatos-. Caminaba en círculos, nada impedía su paso. La madera del piso crujía a cada movimiento. -Parece que el tiempo no transcurre, parece que todos los días son iguales, y me siento como una fotografía que nunca se borra ni deja de reír, pero sabes, estoy tan cansada, quisiera dormir, pero aquel lunes, se llevaron mi cama, junto con mis sueños y desde ese día estoy en vela-.

 La ceniza caía por doquier pero al tocar el piso se difuminaba con sus ilusiones. La silla se movía y ella despertaba del ensimismamiento. -Lo sé, siempre lo dijiste, soñar no es tan bueno-. El crujir de la silla se hacía más rápido como en señal de ansiedad.

 -Estoy aquí, no te preocupes ni tengas miedo-.
Nuevamente se sentó. Cogió el cepillo y su cabello se levantaba de tanta estática provocada por la acción. -Debo cortarlo. Mañana iré para que lo desaparezcan. ¿Crees que es demasiado atrevido? Si, lo sé, pero tú sabes que los cambios nunca me han dado miedo, creo que esa valentía es lo único que me ha mantenido aquí-.
Las luciérnagas se colaron por la ventana. Ella las observaba en silencio. Su estado natural desde el día en que nació -¡mira!, ¿No son hermosas?, tan fugaces y relucientes-. Tomó una entre sus manos y la contemplo hasta que extinguió su luz. 

Se miró otra vez al espejo, un rostro cansado y viejo le devolvió una sonrisa torcida. Por un momento sintió otra mirada sobre sus hombros y sobresaltada volteo. Desvió la mirada y una lagrima escurrió por su mejilla, -es cierto, me olvidaba que tú solo eres parte de mi imaginación. Una ilusión que he creado para no estar sola-. Se sentó bajo la ventana y observaba el techo para no dejar escapar el llanto que la anegaba y que al mismo tiempo le daba terror porque no quería morir en su diluvio. Su respiración la adormeció poco a poco. Se sumergió en un sueño profundo que le impidió ver a los doctores cuando entraron y encendieron la luz. -Es hora de irnos-.

lunes, 27 de febrero de 2012

Elixir





Y bebí de tu copa.
La pusiste entre mis manos,
una gota bordeaba incitando a probarla.
Mi lengua la toco,
acortando la distancia,
tus deseos me apuraban
quería vaciarla.
Anhelo desmenuzante.
Tus manos en mi cuello,
apretando, tomando.
La gota en el borde fluyendo, la probé.
Y bebí de tu copa.
La pusiste en mi boca,
Explosión burbujeante,
líquido convulsionando, resbalando en la garganta.
Quedó vacía, imponente.

lunes, 6 de febrero de 2012

El cuarto Rey Mago


Vidrios rotos, algunas astillas se habían quedado sobre tu cabeza, raspones y moretones adornaban tu frente. Después de un rato, la espera había terminado, estabas en casa con la costilla rota pero el orgullo y arrogancia intacto, o al menos eso querías aparentar entre la risa y las bromas irónicas.
Evidentemente habías vaciado algunas botellas de alcohol en tu decepción. Habías dicho que no lo harías de nuevo y sin embargo, ahí estabas otra vez, siempre tropezando con tu misma piedra. Las mujeres: tu debilidad. 

Siempre te había visto como el hombre fuerte, el que a nada temía, el que estaba ahí para consolar y dar una palabra de aliento, pero esta noche conocí tu verdadero ser, tan débil como yo, tratando de hacerte el gracioso para que mi madre no se enfadara contigo, no pensabas la sarta de palabras que brotaron de tu boca entre lágrimas que secaste antes. La ansiedad me llenaba el estómago, quería detenerte, que no lo hicieras más, pero solo venían a mí los recuerdos de niña de cuando hacías lo mismo. 

La escena siempre fue así: tú, el payaso de la fiesta, mientras mi madre se sonrojaba por las miradas de lástima que -según ella- veía en todos los demás. Nunca olvidaré el día en que la luz se fue y me contaste la historia del cuarto Rey Mago, -ese que llevaba diamantes- dijiste con la voz entrecortada por el vino y con los ojos llenos de tristeza, tenía tantas ganas de consolarte, de calmar ese dolor que no sabía cuándo había nacido. -Pero se perdió porque se distrajo al ver a unos niños pobres que tenían hambre, el Rey Mago, les regalo sus diamantes- yo atenta seguía tus palabras, me hipnotizaba tu voz, tus ademanes quebrados y la lentitud de tus movimientos, te detenías de la pared y de mi pequeña figura para no caerte. 

Hoy, después de treinta y un años sigo viendo en tu mirada el mismo dolor y soledad que recuerdo en la niñez. Pones tus manos hacia atrás y caminas gracioso, tu cuerpo se encorva y tu mano en tu costado me recuerda la angustia que sentí al saber que habías chocado contra un muro de contención. No puedo evitar sonreír, ¿es de nervios? o tal vez solo quiero verte como antes. Te has ido a dormir, en mi pensamiento solo giras con la nariz roja por el frio de la noche y el alcohol de tu sangre, tu poco cabello encrespado y el rostro pálido por el miedo que también sentiste. Pero tú eres mi padre y siempre serás aquella figura de fuerza que me enseñó a no temer aunque seguramente me he visto como tú en los días de soledad en un espectáculo de tres cuartos.

lunes, 30 de enero de 2012

Paraíso



Las gotas caían pesadamente sobre las ventanas. Podía escuchar el clap clap de la odiosa lluvia que le impedía pintar. Intentó dormir temprano pero eso era imposible. En cambio, abrió la ventana y el aroma a tierra mojada inundó su ser, pensó que pronto estaría despejado, pues la luna aparecía en cuarto menguante. Tomó su paleta mezclando colores, el caballete ya se había cansado de tener un paisaje de follaje abundante, pero, con el centro blanco. Él empezó  lento y suave, pincel que acariciaba, momentos húmedos, de trazos finos y largos silencios, que de pronto se hacían duros, pero que difuminados por la espátula se tornaban invisibles. Verdes distorsionados flotaban en todas las tonalidades sobre arbustos, pasto y hiedra, árboles deliciosos a la vista junto con el de la ciencia y un manzano, se podían adivinar entre la difusa bruma que amenazaba con destruirlo todo. El pintor cerró los ojos, dejándose llevar por su lápiz, no adivinaba la forma de lo que estaba creando. Al garabatear no se dio cuenta que la luna lo había traicionado, la lluvia había arreciado. Un relámpago iluminó una serpiente, hermosa y enorme, sin embargo, algo le faltaba. El reloj del fondo marcaba las doce de la noche. Él recordó, que sentía que uno de esos animales había eclosionado en su cabeza, su pensamiento se partía como un calcificado rompecabezas. Había intentado sacarla por la boca o tal vez se deslizaría por su nariz, tobogán sonrosado, puerta por donde escaparían los anillos saturninos que le constreñían el alma y la mente. Esa mañana la había visto en la estufa, dentro de las ollas y junto al comal, no podía matarla, era la madre de sus terrores, de aquello que le recordaba eso que había jurado no hacer nunca más, pero al no poder expulsarla, la había plasmado majestuosa y soberbia como se blandía en su cabeza. Y sin embargo, algo le faltaba. Una abundante cabellera negra, piel morena aterciopelada, pies pequeños que apuntaban al este y oeste. Ombligo, círculo perfecto que dividía el norte  redondo y la planicie del sur, poblada por un manchón negro el complemento. Justo cuando delineaba la boca la luz se fue, un rayo inesperado dejó a oscuras la tarea del artista. La atmósfera se tornó tétrica, pero los colores salpicados en su camisola lo equilibraban momentáneamente. Cuando empezaba amanecer el cuadro estaba terminado, una mujer desnuda yacía con la serpiente entre sus piernas, parte de su cuerpo servía de almohada a la mirada tentadora en conjunción con sus labios. Cansado, el pintor se durmió. Un rumor se escuchó entre el silencio, algo se arrastraba entre las hojas, la lluvia aún caía pesada. Otro rayo y la oscuridad total. Pasos, susurros, sombras, día. Él se sobresaltó, se incorporó. Ella estaba ahí sentada, desnuda y contemplando la firma al calce del cuadro. –Soy Eva- pronunció mientras le tocaba la mano. Sorprendido miró su cuadro, el follaje verde permanecía impasible. Ella estaba ahí ¿Y la serpiente?