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domingo, 11 de marzo de 2012

Domingo en la Santa Fe


Eran las primeras horas de aquel domingo 21 de Marzo, de todos los puntos de la comarca comenzaba el peregrinar de gente, por las laderas de los cerros bajaban los mineros y las galereñas, los mozos y los gendarmes, los soldados de bonetes rojos y los arrieros de largos calzones blancos, hasta alcanzar los estrechos y laberinticos callejones de casas apiñadas sin orden ni concierto,  donde crecía el bullicio de niños jugando y comerciantes gritando a todo pulmón sus mercaderías.
El aroma a champurrado, atole y buñuelos inundaba la plaza, mientras, a lo lejos doblaban ya las campanas de la basílica de nuestra señora de Guadalupe, anunciando el inicio del rito de purificación y piedad que se rendiría.
Las señoras de la aristocracia con sus grandes y hampones vestidos apuraban a sus damas de compañía, para llegar rápido y alcanzar uno de los lugares principales en la plaza del  baratillo, los hombres importantes acicalaban sus bigotes, mientras el humo de sus habanos se perdía en el aire, discutiendo sobre la culpabilidad de “Juan el moro”.
En realidad todos hablaban de “Juan el moro” un negro de unos cuarenta años, alto y fuerte, acostumbrado a las faenas mas duras, que había llegado como esclavo para trabajar en “La  Valenciana” de donde escapó; se dice, matando a varios de los guardias.
Capturado en un recodo del camino fue  acusado de herejía, culto al diablo, sedición, apostasía  y todo lo que el Santo Oficio había logrado hacer que confesara.
Aderezado, por supuesto, por las historias fantásticas que el vulgo inventaba, que si volaba, hacía hechizos, que si era mago, brujo o nahual, que revivía muertos y hacía pociones o que si robaba y violaba doncellas en las veredas del bosque. De repente “El moro” tenía la culpa hasta de las sequías o las epidemias que asolaban  a la Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato.
La leyenda y superstición habían hecho de aquel infeliz el blanco perfecto para descargar todos los odios y frustraciones de tan religioso pueblo.
A las nueve en punto, se abrieron las puertas de la gendarmería, apareció la figura de aquel hombre cubierto con un cilio y un sanbenito de manta burda con una enorme cruz gualda sobre el pecho, un capirote blanco lo señalaba mientras avanzaba lentamente por la calle empedrada, su cara manchada de sangre seca y cardenales en los ojos no lo dejaban ver, en dos semanas había perdido casi la mitad de su peso; apenas y podía estar en pie, los oficiales que lo flanqueaban lo tomaban por los hombros de cuando en cuando para ayudarlo a recorrer las cuatro manzanas que lo separaban del patíbulo.
Un sacerdote presidía el cortejo con un báculo de oro y plata en su mano, oraba y se dirigía a la multitud pidiendo perdón para el condenado, mientras un monaguillo balanceaba un incensario. La gente del pueblo lanzaba lo que podía contra aquel pobre negro, lo mismo un insulto, que una piedra.
Al llegar a la plaza mayor,  se escuchaban los tambores de los soldados que aguardaban. El verdugo se acercó al moro y lo acompañó a lo alto del estrado donde la horca lo esperaba, con sumo cuidado ató sus manos a la espalda y colocó la soga al cuello.
Por eso –dijo el guía– esa momia tiene esas marcas alrededor del cuello,  pasen por este lado y por favor no se queden atrás, ni tomen fotografías con flash.

CONÓCETE A TI MISMO

La siguiente auto-entrevista fue realizada al estilo del ilustre sicólogo Mario Rosadon (Sebastián Ligarde en el bodriazo "Verano Peligroso"): sentado frente al espejo con cara de suspicacia y lanzando preguntas al azar (ósea, a lo pendejo). He aquí los resultados:

Usted Hanselopolis, ¿A qué se dedica?

A buscar significados en las canciones de los Doors.

¿Y no es peligroso?

Tanto como si David Lynch se pusiera a buscar significados en las canciones de Chabela Vargas o Chabela Vargas se pusiera a buscar significados en las películas de David Lynch.

¿Las relaciones son fugaces?

¡No! Las relaciones solo son fugaces cuando se trata de uno... Chingao!

¿Usted odia a las mujeres?

No, las mujeres me odian a mí. Es una conflictiva como la que tiene la humanidad con el calentamiento global. Al final, todo lo deseamos con esa característica: un hogar cálido, comida caliente, agua caliente, una pareja caliente en una cama caliente y una barra televisiva plagada de programas hot! Entonces ¿De qué se quejan?

No entiendo Hanselopolis ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Mmm… no sé! Pero suena bien... como un pedo prdrdrdrdrdrdrdrd

Hanselopolis ¿Conoce usted la revista CARAS?

Pues la he hojeado un par de veces porque me excitan mucho las señoras popof con pecas en las tetas que salen ahí, pero por lo general cuando voy a cagar suelo llevarme literatura más sustanciosa, como el Alarma! o el Kaliman, que comparadas con la revista caras son como leer a Dostoievski.

¿Qué opina de los tópicos abordados en la saga Crespúsculo?

Mmm, habría que preguntarle mejor a un experto en el tema, alguien como Carlos Espejel, quien no sólo es una autoridad en la cuestión del vampirismo, también en la vida real interpretaba a uno, al “tremendo” Chiquidracula.

¿Cuál es su parecer de la actual crisis económica que afecta todo el orbe?

Las matemáticas son cosa del diablo. Hay que desconfiar de todo aquello que sea medir y contar ¡Pesos y medidas sólo sirven para estafar a la gente! La ciencia es la nueva brujería, el lenguaje económico el ocultismo de los judíos y los bancos, templos esotéricos.

¿De qué asuntos le gustaría escribir en la próxima ronda de Escribicionistas?

Pues definitivamente temas más serios e interesantes como agricultura, ufología, albures, enanismo, moquillo, craneoencefalograma, negros de mierda, hechicería y nigromancia, groserías, estreñimiento, contaduría, pillaje, travestismo, acrobacias en moto, memorama, Memo ríos, memomix's, enfermedades venéreas, dientes amarillos, bigamia, obscenidad, callos, embarazos no deseados, mal de ojo y mal del parkinson, acromegalia y alopecia, achaques, flatulencias (a todo mundo nos pasa), erecciones, lo naco (naquerias, nacos, anarquismo y naquismo etc.), acoso sexual, gerontofilia y coprofagia (antropofagia no, porque es de mal gusto), auditorias, derecho laboral, fraude fiscal, ¿Chicharron o Cacala?, antojitos, gordofobia, chistes de gallegos o chistes colorados, tinacos y por último, pan integral.

¿Considera merecido el homenaje que se le dará este domingo a Chespirito?

Aah, ya que se muera Chespirito.

*

La conversación, por algún extraño motivo, se volvió discusión y de ahí, poco falto para llegar a los golpes. A pesar de ello, pude rescatarme las siguientes máximas:

Aforismos del escribicionista Hanselopolis:

RELIGIÓN Y VIDA DISOLUTA

A mí me gusta llenar mis vacios con heavy metal, drogas y prostitutas ¿Cristianismo? ¡Es lo más barato que he oído en mi vida!

Soy un romántico y lo mío, lo mío, son las mujeres fáciles y cuando se ponen difíciles, recurro a la chaqueta. Muchas gracias.

Hay tantos curas pederastas por el mundo, que comienzo a pensar que se trata de una religión de depravados.

Vivo eternamente en este dilema: La palabra de Dios y la pornografía. Son dos versiones de la misma cosa con el mismo fin: crear adeptos. Playboy y la Biblia son más reconciliables que israelíes y palestinos ¡Lo juro!

Claro que coincido en algunos puntos con la Iglesia. Yo también estoy en contra del uso del preservativo... sin condón se siente más rico!

Bonus track:

¡Tan siquiera yo me limpio no como otros!

sábado, 10 de marzo de 2012

¿Qué hay de desayuno?




(Sírvase en tono de rap como rico segundo platillo)

Dedicado al chavo que le agarró el temblor cuando estaba en el baño y salió corriendo a medio proceso

Esto se llama ¿Qué hay de desayuno?

Cuando desperté pensé en salsa de chipotle
No había así que me conformé
Con un vaso de chile de árbol
A mi mamá le sale muy bien.

¿Crees que tengo ganas de clavo y tomillo?
¿Qué hay de desayuno?
Sé que no tengo razón para exigir
Sólo pido y consumo
Pero ¿Qué hay para deglutir?
La lista dice: huevos con jamón, leche y jugo

A mi chava le gusta que le haga el desayuno
Y soy muy bueno
Hago huevos con frijoles
Huevos con chorizo
A ella le gusta su dotación
Picante y con huevos
Y esas pequeñas migajas de queso esparcido

¿Te pondrás a discutir porque no tienes desayuno?
Entonces deberías ver el mío
Jugo de naranja
Y claro que hay tocino

Mamá, debes alimentar
Al hijo que quiere desayuno
Porque si no, se sale a comprar
Pollo frito como ninguno

No, no, no, no
Papá dame cien
Para ir al Pollo Feliz
Consumo tu ser
Dame el billete
No me verás en casa todo el día

Veo una chava en la esquina
Soy tan sensual con mi muslo mordisqueado
A ella le gusta la grasa de la piel
Le digo que tengo salsa
Salsa de mi jefa y me dice
¿vives con tus papás? ¡Qué tipo tan feo!

Hey, pero yo tengo desayuno todos los días
Y tú buscas a quién sacarle una cerveza
Yo te ofrezco un Frutsi y unos Rancheritos
No exijas más que mi domingo es de cien
Pero te puedo llevar a un motel
Porque ahorro ¿ves?

Eres tan linda y tan tersa
Come papas y nachos
Mi dieta es la justa
Para que me des apapachos
¿No? Entonces no.

CAMILA




(Una serie de escritos de su Doctor favorito en tres tiempos)

Vas caminando a la orilla de la banqueta
Buscando el siguiente bar
En la misma carretera
Que llega al final a las seis de la mañana

En la calle suena esa canción
De la época de tu mamá
Camila se llama, de notas tristes
La gente la canta
“Camila, la de ojos negros,
De labios que no olvidas”

Y sonríes acompañado de esa melodía
Y la cantas a la par “Camila, la de ojos negros
De labios que no olvidas”
Y vas por una cerveza más

Estás en la zona de bares
De tolerancia
De brebajes y amores
De una noche rancia
Con una iglesia tocando campanas
Que cantan
“Camila, oh, Camila
La de ojos negros
De labios que no olvidas”

“Camila, mi amor, no te vas
Caminas junto a mí
y cuando volteo
Ya no estás”

viernes, 9 de marzo de 2012



Cenizas
Los dedos de los pies se asomaron por encima de la manta, un aire frío recorrió mi cuerpo y entonces desperté, un sobresalto me hizo abrir los ojos, hondos, fijados en el techo esperando encontrar al fantasma que me había visitado esa noche. Pero no había nada, y tampoco había algo que descubrir, todo vino en el sueño, en ese flujo que atraviesa mi cuerpo al dormir, mar inconsciente que me recorre por las noches haciendo salir a flote las cenizas, los recuerdos que uno no sabe que tiene, ese otro que no sabemos que somos y que sin embargo, una noche, sin aviso, descubrimos. Un hombre tocaba mi frente, era el día que nací, no hay más, solamente la imagen de un dedo posándose en mi cabeza.
La gente nos engaña haciéndonos creer que tenemos una vida, sólo una y que además somos capaces de conocerla, recordarla. Los sujetos conscientes quieren hacernos creer que vivimos nuestra vida y por eso es nuestra, la podemos poseer, moldearla, modificarla, puede ser nuestra porque nuestras fotos, cartas, vestidos nos dicen que eso nos pertenece de alguna manera porque nosotros estamos ahí. Pero sabemos que eso no es así que la vida se nos escapa, que los recuerdos que identificamos los tenemos pero incompletos, que algo les falta y por eso queremos más, necesitamos cavar en las tumbas no expropiadas de nuestro camino, hacer de arqueólogos de un devenir que pasamos pero que no es propio hasta que lo inscribamos en nuestra existencia. Entonces queremos más piezas, más herencia, más pasado, queremos identificar nuestras vivencias, no para recordarlas sino para anularlas, las queremos para controlarlas y que no se nos escapen de nuestro relato al que ya hemos puesto pies y cabeza. Eso es la historia, la biografía como relato único, demarcaciones que nos obligan a obviar ciertas partes del pasado. La memoria es capaz de almacenar lo que se le ordena, sin embargo, resiste al mandato, a la ley de lo que nos queremos contar, y entonces aquél pequeño episodio que quisimos quemar, resiste, se niega a desaparecer quedando vivas las cenizas. Esas partículas que no tienen nombre y que sin ser designables son el motor de nuevos relatos, lo que hace sorpresivo e impredecible una historia compacta que narrarnos. Un día encuentras la vieja cabecera de la cama en la que dormías cuando eras  niña y observas una calcomanía pegada en ella, difusa, despintada, no sabrías decir que es y de repente, recuerdas a tú madre tejiendo un suéter para ti al lado de tú cama, mientras tú jugabas a contarle un cuento sobre los personajes pegados en la cabecera. Los recuerdos golpean suavemente o como golpes secos, nos abren otros espacios, nos dan más líneas que escribir, algunas se quedaran atoradas y resistirán a la escritura pretenciosa, para aparecer otro día en los sueños, en esa historia alternativa y desordenada de nuestras vidas.
¿De dónde vengo? fue una pregunta temprana y ansiosa, no busqué nada cuando surgió aquél cuestionamiento, mi madre era la fuente, la familia materna me daba una herencia que aceptaba sin querer encontrar nada. Hasta que crecí me obsesionó recabar, guardar todo lo que fuese de mi infancia como si ese síndrome de Diógenes respondiese a la necesidad de construir una nueva herencia, una que pudiese explicarme a mí misma, no como aquella que me había sido donada tan difusa y sin ser mía. Mi madre me regaló la ausencia de un padre, lo he recordado al despertar repentinamente de un sueño, lo matamos antes de que existiese, sin duelo previo ni funeral, hoy en un sueño una ceniza voló hasta mi casa y me hizo recordar una falta que por más que mi historia la resistiese, está ahí, representándose en otros relatos, dando pie a nuevas confrontaciones que vivir.

Fisgón



A ritmo de Russian Red, tabacos y una cerveza las tardes saben más apacibles. Tranquilidad lejos del marmoteo que es la sociedad es necesaria para reivindicarse al menos con uno mismo los fines de semana. Mientras intento escribir un cuento para mi colección personal que publicarán en unos años – según yo-, algo entra por debajo de la puerta y se instala de lleno en la sala, llevándome lejos del orden al que estoy acostumbrado cuando intento escribir. Enciendo un cigarro, abro la ventana, subo el volumen a the memory is cruel y regreso a mi cometido acompañado de la sutil sencillez en la voz de Lourdes Hernández. Pero no, el departamento está siendo violado por ese intruso invisible que pesa como fardo y termina por difuminar la poca concentración que conservaba tras el desenfado de un eructo cervecero.

Me levanto, fumo y camino hasta la recámara. Camino y fumo buscando aquello que me inquieta. Nada. Retomo el valor, hago acopio de los sentidos para ubicar a mi adversario, declararle la guerra. Regreso al refrigerador, extraigo la segunda cerveza. Destapo, bebo y me escucho decir ¡qué situación tan desesperante esto de no hallar responsables! ¿Existirá un maleficio detrás de todo esto? ¿Será que las musas se solidifican de maneras impensables? Me recuesto en el sofá, me dejo atrapar por la nebulosa para rastrear lo que ya denomino una aflicción temporal. Pasando por otro sorbo, la memoria rebobina a eso de las cinco de la tarde cuando subía por las escaleras hacia este mi cubil e hice un descubrimiento no intencionado. Una vez ubicada la razón de mi desquicio, una punzada desempolva los cuerpos cavernosos, pérate cabrón –me digo sonriendo-. Ahí estaban ese par de artículos altamente comestibles y bellos en toda su estructura, jugueteando al unísono por encima del respaldo en un mueble rojo que se dejaba ver tras la puerta entreabierta del departamento 308, atrayendo por completo mi atención.

Recuperada la cordura y mi ceguera aparente, llego a la conclusión siguiente: mi fascinación hacia los pies femeninos la llevo en la mochila desde hace años. La curiosidad por aquello que se encuentra vedado a nuestros ojos, escondido del mundo, como un tesoro que pocos logran apreciar; ha sido un trayecto por las más tórridas alegrías y las más infames desdichas por caminos sinuosos – como suele suceder en la vida- entre borracheras y periplos delirantes. ¿A dónde se fueron esos pasos que en pretérito me han buscado? ¿Quién será la dueña de ese parcito sublime ubicado en el tercer piso?

Me reconforta saber que no soy el único aficionado a estos manjarcitos mujeriles, pues ahora recuerdo que Tarantino es un empedernido de estos asuntos, me consuela. Digo esto, porque ahora que corrí a la mesa escribo con nuevos bríos sobre mis aparentes desviaciones. Tal vez mi próximo ensayo sea a partir del gusto hacia los secretos que van de aquí para allá envueltos en el calzado femenil.

Regreso a mi cerveza y al cuento que trataba de perfeccionar minutos antes para mi premiado futuro libro. Ni madres, ya soy presa del embeleso que provocaron pisos abajo y regresan las preguntas ¿el rostro de la vecina empatará con ese par de terroncitos que observé por andar de fisgón? ¿le olerán las patas? Las respuestas vienen solas: coincido con mi yo interno en que un par de pies lindos hablan por sí solos acerca de una mujer. Una chica caminando descalza es un deleite sumamente apetitoso para espectadores minuciosos como un servidor, la belleza exterior debe ser completa en toda su composición. Si la parte inferior no es de mi agrado por inducción desacredita algún interés extra de mi parte, así me he ahorrado la cansada tarea de acercarme a experimentar contactos innecesarios y desparramar la cartera sin mesura. Pero de ser al revés ha provocado enamorarme de las mujeres incorrectas. Es un paralelismo interesantísimo o ¿será que el hombre es bruto por antonomasia? – lo digo, por aquellos relinchidos que me han sorprendido de madrugadas siguiendo rastros indefinibles-.

Ahora que la noche aparece, le doy el turno a The organ para proseguir con lo que no tenía planeado para esta tarde y que gracias a la misteriosa vecina, me tiene por acá pensando en ese asistente óptico que suelen ser las sandalias; aventurándome a adivinar partiendo de la observación si una mujer puede ser reservada, risueña, inteligente, bruta, complaciente, autoritaria, interesada o en el peor de los casos una reverenda putona con solo mirar la base con que recorre el mundo. Los supuestos como los pies suelen ser engañosos. Algunos por más atractivos que parezcan adolecen de un defectito: apestan como muchas ideas.

Me empino la última cerveza. Pienso en la próxima estrategia: esperar a que llegue la quincena, armarme de valor y tocar la puerta del 308 e invitar a salir a la vecinita o de perdis en una de esas coincidamos mientras subo-bajo la escalera y ella abre la puerta para desenmascarar el enigma que ha surgido a partir de mis fisgoneos. A las buenas cosas se llega por accidente o por equivocación.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Cocacola


Pinche Toño, no has regresado, este y todos los días te espero. Desde esa noche no volviste a casa, a los restos de casa que aún quedan en pie. ¡Carajo! ¿Te cansaste de las croquetas?, ¿de beber agua, y no cerveza?, ¿de mí y las noches de lágrimas?

Primero ella, que muy sus razones tuvo para abandonarnos, ¿ahora tú, amigo? Mira que no me he cansado de buscarte, de seguir tus pasos, de preguntar por tus ladridos, de recorrerte por las calles; aún me hago el ánimo de que andes vagando por la casa de doña Mari o asaltando al carnicero. Te busco por las nubes. Como un fantasma, formo tu nombre entre ellas, pinto la palabra cocacola en el aire, porque verás, eso me recuerda el color de tu mirada.

La casa huele a croquetas rancias, a tristeza, a agua estancada, por eso trato de llegar tarde a ella; desde que no estás, me gusta rodear, caminar en círculos y evitar vías directas, me gusta el modo de sacarle la vuelta al asunto. Entre talleres abandonados y perros con el hambre acostumbrada camino; hace varias noches un borracho me abordó, me pidió diez pesos para comprarse una cerveza, pensé en que, sobre el sabor del agua, la habrías preferido. Te vi en los ojos de aquel borracho, Toño, te vi con la tristeza que ella nos dejó, ¿o es que era mi tristeza reflejándose en tu rostro?

Desde entonces tengo varios días buscándote en el espejo. Cerciorándome de que sí estuviste, que sí te abracé cuando ella se fue. Que estos hechos no son inventados y que mis labios no pronuncian que me estoy volviendo loca.

2012 ¿Será?

Esperamos con vehemencia que llegara el fin de semana como lo habíamos acordado, Azalea y yo nos dirigíamos hacia el lago Chelan, para ocupar la casita de campo en la tan esperada reunión con nuestros amigos. Yo al volante y como siempre distraído, no me había percatado de lo que la estación de radio local estaba transmitiendo en el momento. Fue ella, Azalea, quien haciendo una seña me obligo a voltear hacia la orilla del lago puget sound el cual había quedado sin agua, las arenas del mismo estaban secas, en la radio decían que las aguas de las costas del pacífico retrocedieron aproximadamente diez millas mar adentro.

Las descompuestas voces de los locutores hacían que el terror comenzara a invadir a todos los radioescuchas, nos advertían de un inminente tsunami, que  inundaría todas las poblaciones ubicadas a lo largo de la costa de los Estados Unidos.

Nos llenamos de pánico al enterarnos que las aguas que aquí retrocedieron, al mismo tiempo inundaban localidades tan remotas y lejanas del sur,  como Ecuador, Bolivia y Brasil. En estos lares, las dos montañas Rainier y St. Helens colapsaron en horrendas erupciones, ambas cumbres simultáneamente, la razón nadie la supo.

El freeway 5 hacia Canadá, se saturó en unos cuantos minutos haciendo imposible utilizarle como vía de escape, ir hacia el sur… imposible, minutos antes de que los medios de comunicación dejaran de transmitir,  dieron una descripción en la cual dijeron: Que el estado de California asemejaba un gran espejo estrellado por la fuerza de descomunal golpe. La falla de San Andrés había cumplido su amenaza destruyendo algunas  poblaciones, desde California hasta los mismismos andes sudamericanos.

Despejé de mi mente el pánico, y opté por tomar el freeway 90, con dirección a la ciudad de Spokane. Agradecí a mi adorada novia la sugerencia de comprar una buena cantidad de agua embotellada y carne seca, así como comida enlatada para el fin de semana, misma que ahora atesoraba en la cajuela del auto.

El carro sólo pudo avanzar un total de 85 millas, el calor era tan insoportable que al final terminó destrozando el radiador. No era posible desperdiciar el agua tratando de enfriarlo. El instinto de supervivencia nos hizo actuar de manera nada solidaria para con la gente que intentaba al igual que nosotros llegar a un sitio seguro, así que introdujimos la mayor cantidad de botellas de agua y víveres  en una mochila e intentamos seguir el viaje lo mas apartado de la gente. Si se percataban que contábamos con agua y alimento, nada podía garantizar que nuestro intento por sobrevivir algún tiempo más, pudiese concretarse.

Un infierno fue lo que nuestros ojos contemplaron en las horas siguientes: Autos abandonados al acabarse la gasolina, otros perseguidos por gente loca de desesperación a fin de que los llevasen más rápido a través del desierto.

La amargura más grande fue contemplar a un pequeño de escasos meses de nacido, llorar en brazos de su padre, quien desesperado clamaba por un poco de agua para humedecer los resecos labios de su hijo.

Mi primer intención fue desprenderme de un poco de agua para evitar que el niño muriese deshidratado. Mis principios y mi lucha por sobrevivir luchaban ferozmente en mi interior, ya que si la gente me veía entregarle el  agua, en su desesperación eran capaces de matarnos para despojarnos de ella y después matarse entre ellos. Cuando ganó la piedad y decidí darle el agua, nuestros ojos contemplaron una dantesca escena: Los huesos lanzaron tétrico sonido al romperse el pequeño cráneo… el padre había colocado al bebé bajo las ruedas delanteras del auto y con lágrimas en los ojos aceleró, tal vez fue mejor así, seguramente le evitó una larga agonía al pequeño.

Que terrible… lo que antes preservó la vida en el planeta… ahora nos la arrebataba de formas por demás crueles. ¡¡¡agua bendita… maldita agua!!!.

Buscamos refugio bajo un auto abandonado, tendimos una manta que encontramos bajo del mismo y decidimos permanecer ahí… esperando, solamente esperando.

Durante mis alucinaciones causadas por la insolación , no evitaba recordar las palabras del pastor de la iglesia, quien nos decía que antes de la gran tribulación Jesús vendría por nosotros en medio de una gran nube... quizá así será y él nos lleve hasta su reino… no lo sé. Lo que sí sé, es que hemos visto morir gente deshidratada, arrastrándose entre las rojizas arenas del desierto hirviente.

Todo lo hemos grabado tal y como ha ocurrido hasta ahora, tomando video con la cámara que nos serviría para diversión, en la misma están nuestros rostros y voces narrando la historia, el clima frio e imperante, poco a poco hace que la batería se consuma, Azalea se apega a mi cuerpo para tratar de dormir un poco, cierra sus ojos, por mis mejillas corren dos lagrimas, temeroso y con coraje…ahora sólo pregunto:
¡¡¡Dónde chingaos se han metido los dioses!!!

martes, 6 de marzo de 2012

Su lugar


—¿Por qué tan serio? ¿Qué tienes?
—Tuve un mal día, es todo. Olvídalo.
—Todos tenemos un mal día de vez en cuando. ¡Ánimo!
—Es que no entiendes... [No creo que puedas enterderme] Mejor no preguntes cosas que no quiero responder ahora...
—¿A caso piensas que no me importas?... Estas cosas obtengo por preocuparme por ti [¡¿No te das cuenta de que tienes qué callarte?!]. Tan siquiera, puedes tener la cortesía de decirme por que estás molesto...
—[¡No quiero decirte!, no es por ti, pero estás buscando que lo sea] Es por el trabajo, tengo muchas presiones con el trabajo, pasó que...
—No te preocupes, mi amor [¡Me castra que me interrumpas! mi vida no gira en torno tuyo], eso siempre pasa, siempre hay oportunidad para arreglar las cosas... Si Dios permite. ¡Ánimo!
—¡Esto es importante! [¡No metas a Dios!] ¡Ni dioses ni ánimos van a arreglar este problema ahora! No entiendes que mandé todo al carajo por... 
—¿También a mi? ¡Estás enojado conmigo también! [En momentos como éste me gustaría darte un golpe para que cerraras el puto hocico] ¡¿Qué carajos significo para ti?! Salgo sobrando, ¿verdad? ¡¿YO DÓNDE QUEDO?!
—Tú... [Creeme que estoy haciendo acopio de todas mis fuerzas para que esto no acabe mal], tú, quedas en el fondo de mi alma como mi compañera inseparable; como la dueña de mis secretos. No soy capaz de desearte nada malo... Disculpa por mi enojo, sabes que aprecio tus palabras...
—Te entiendo, ya no preguntaré más, es sólo que quería saber qué significo realmente para ti, me gusta que me lo hagas saber, porque, sé que no soy como las demás...

Él trató de explicarse en silencio cómo es que se puede deteriorar una relación en un momento dado en que la pareja se siente aludida y es incapaz de escapar a las generalizaciones exigiendo, invariablemente, un lugar especial. El mismo que muchas veces ningún ser humano merece.