lunes, 2 de julio de 2012

RIP

Era de esperarse, había que soltar la esperanza y suponer que iba a pasar. Nosotros, los hombres, tenemos una clara tendencia a la inconsistencia, al desastre y a la tragedia; en todas las civilizaciones, he leído estos días,se tienden a buscar narraciones salvadoras para evitar la caída, para evadir el apocalípsis y la hecatombe. Pero no queríamos, al menos yo no, un ángel salvador, ni un hombre más allá de sí capaz de cambiarlo todo, lo que se esperaba era una ruptura, franqueamiento sin valor, quién sabe si bueno o malo, mejor o peor, simplemente cambio, corte, fisura en el eterno espacio uniforme de un territorio llamado México, que desde hace un tiempo es marca registrada, producto bruto de un conjunto de gente que se enriquece creando y manteniendo esa lógica del esclavo y amo que crea ciudadanos irresponsables y victimistas. La herencia dada no ha sido traicionada, hemos aprendido la miseria de los mayores y entonces no se puede heredar nada respetable, pero parecía que despertábamos de un letárgo, no a una revolución, ni a una luz segadora de esperanza sino a un claroscuro que permitia otra mirada, otro horizonte, aún con los lastre ideológicos pisándonos los talones pero viéndo por fin las farsas creadas que hemos aceptado y seguido sumisamente. Pero la esperanza es tan efimera y capaz de revertirse contra los redentores, hace falta mucho más que buenas intenciones ¿Qué hacer cuando el fraude es un dispositivo que atraviesa y gobierna a todos los integrantes de una sociedad en mayor o menor medida? ¿Cómo salir de la ignorancia y de la acriticidad en la que se ha sumido esta sociedad sin punto de partida, sin distancia, agonizante de lo mismo? La imposibilidad de la democracia es lo que permite su ejercicio pero eso supone una relación con el otro totalmente ajena a la que hemos establecido, ya no se trata más de una comunidad restituyente, unida por una identidad establecida, las diferencias hacen comunidad, la agonía de ser incompletos y no predestinados es la tragedia que hace posible cualquier política, el deseo de un sentido a construir sabiendo que será una tarea incesante como la labor misma de nuestras vidas individuales, no democracia real sino deseo de una democracia siempre por venir.
Ha ganado el PRI, siglas que personifican la ausencia de toda singularidad ciudadana, la saturación del sentido, ruptura de todo por venir porque ya se ha trazado lo que viene, instauración de un presidente como la erección de un coloso en lugar del cuerpo del muerto no encontrado, habrá que esperar que el fantasma de esa democracia no encontrada nos llame, nos interpele, no para descurbrirla sino siempre para crearla desde ese lugar que nunca ha tenido. Por el momento ahora sólo nos queda el duelo.

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