lunes, 29 de agosto de 2011

La Vieja Nina



Es la casa más peculiar en el caminito de piedras que te lleva a la pila de donde toma el agua la gente, rodeada entre hierbas y plantas. La casa era de pura piedra maciza, viejísima me imagino, de techo alto, de teja; dos puertas, por lo regular en el día siempre abiertas. Una ventana grande desde donde se puede ver el piso de cemento empastado en un color verde ya muy gastado. La silla tejida y los costales de maíz, frijol, junto la única recamara: su cama y la cobija de lana. No hay imágenes religiosas, la habitante aquí cree en otras cosas. Aunque en la cocina donde está la abuela Nina hay un calendario con la imagen de la virgen; la leña, la estufa y el combustible ardiendo, una ventana y una puerta son por donde sale el humo, negrísimas las paredes. La mesa y una silla, un plato (el único), la abuela pocas veces tiene visita. La abuela Nina siempre trae ese vestido sucio, no le he visto con otro qué yo recuerde. Se le ensucia de tierra cuando sale a cortar el epazote. Nina tiene muchas plantas, las hierbas y los árboles son su jardín.
La vieja Nina como le decía el pueblo se peina el pelo negro, brilloso, no tiene canas; su cara es muy arrugada, sus facciones son arrugas, sabes que es una cara cuando habla (poco lo hace) o parpadea. Una edad difícil de calcular. Nina visita el pueblo sólo para ir al molino, a su regreso se le ve pasar llevando en cada mano dos cubetas llenas de masa negra. Nadie le ayuda, los pies negros y partidos siempre parecieron ser resistentes.- Es fuerte la vieja Nina- Decía Otilio en compañía de los trabajadores al verla pasar llevando sus dos cubetas pesadas. Otilio era el jefe de los peones de unas parcelas, las más grandes del pueblo; desde niño trabajó la tierra. Nina le daba tacos de manteca y sal cuando Otilio iba a la pila por agua. No le hablaba, nomas le estiraba la mano ofreciéndole el taco. Otilio parece haberlo olvidado, la ve mientras le da el sorbo al aguardiente. Son las seis de la tarde, le propone a los compañeros ir de cacería el domingo en la mañana. –Tengo ganas de comer una bestia del campo, que sepa a hierba y tierra, de carne fresquecita- les dijo Otilio a los trabajadores que asentaban mientras el aguardiente se acababa. Susana, la vecina de la abuela Nina, no la volvió a ver jamás después de ese domingo, lo único que recordaba era la figura de Nina adentrándose al campo muy de mañana.
El domingo Otilio se encontró con los muchachos, en las primeras horas del día subieron el cerro; si bien su propósito era ir de cacería Otilio no les decía específicamente qué cazarían. –Un tlacuache, me dijo mi compadre Rubén que por esta zona se ha visto uno muy grande, de pelaje negro, brilloso. Dice que él lo vio- Sin que se lo preguntasen les mencionó Otilio a los hombres quienes iban cargados de escopetas y trampas; no olvidando una garrafa al tope de aguardiente y un recaudo para el guisado. -¿A qué saben esos animales? No los he comido- decía uno de los peones, otro más comentó que debían saber asquerosos -esos animales son ratas grandes-. Sabrosa, la carne dicen es muy sabrosa, al decir esto Otilio logró callarlos. No importaba que estuvieran de cacería, seguía siendo su patrón y el grupo obedecía. No tardaron mucho para encontrar la presa. El más joven de ellos sintió el golpe de unas ramas en su pierna, gritó que algo pasó junto a él, “un tlacuache”, todos lograron ver al animal mientras éste corría entre las yerbas, el pelo negro le brillaba, la luz del día lo hizo más visible, fácil de atrapar. Nadie disparó, se dispersaron, solo Otilio le siguió, el resto le cerraría el paso. El animal asustado venía de regreso sin darse cuenta a topar en los pies de Otilio. No le disparó, desfundó el machete y se lo metió en el pescuezo, el animal se retorció en sus pies hasta morir. En efecto se trataba de un animal ominoso parecido a una enorme rata, Otilio sacó el machete del pescuezo y ordenó a dos hombres levantasen el cuerpo; buscaron un lugar para cocinarlo y celebrar. Otra cosa no dicha por Otilio es que aparte de comerlo deseaba mucho la piel de ese animal, su casa estaba repleta de pelajes, cueros de animales cazados. Comenzó a desollarlo, mientras unos hacían la fogata, otros cortaban los chiles, tomates y cebollas; el joven servía el aguardiente. La mano de Otilio cubierta de sangre se agitaba pidiendo su trago. El animal sólo en músculo fue cortado primero de la extremidades, en el corte de las patas traseras Otilio se dio cuenta que se trataba de una hembra. Metió el cuchillo en la panza, en un corte sacó todas las tripas, la menudencia y las echó atrás de unos arbustos. Le degolló para luego meter los pedazos de carne en dos cazuelas, el animal no cupo en una. –Puss ya así hirviendo y el olorcito del recaudo puede saber bueno- Dijo Félix, hombre de confianza. Apenas cinco tortillas se habían calentado cuando comenzaron hacerse tacos, en las mascadas y tragadas se notaba un gran placer, efectivamente era muy sabroso, nadie asociaba el sabor de esas carne con algo que antes hubieran degustado. Otilio comía el tercer taco, contemplaba la piel del animal, brillante.
La piel del tlacuache se volvió parte de la colección de Otilio, lucía bien. Lo peor de esos días, exactamente un día después de la cacería fue la terrible infección en el estomago de Otilo y el resto del grupo, se la pasaron seis días con fuertes dolores en el vientre, diarrea y un vomito incontrolable. Indigestión les dijo el médico del dispensario. El que parece no haber sanado fue Otilio, a los pocos días empezó a tener altas fiebres, en los delirios le decía a su mujer que la piel del tlacuache era el cabello de la Vieja Nina, que la había visto parada allí junto a las otras pieles.
En realidad Nina no es mi abuela, soy hijo de Otilio, del difunto Otilio. Conocí a la vieja Nina de niño, en los acarreos de agua, allí estaba ella con los tacos de asiento de manteca y sal; repetidas veces le pregunté su nombre, jamás respondió, le empecé a decir abuela. Mis padres me prohibieron hablarle, mi papá tenía aversión a Nina. Es una bruja, es nahuala decía. Me asusté y no volví a aceptarle taco alguno, dejé de hablarle. Mi papá no volvió a ser el mismo después de aquella cacería. No dejó de ver y hablar de Nina hasta el día en que murió.

12 comentarios:

Pherro dijo...

Me gustan los textos que hablan de las viejas creencias que subsisten en los pueblos, sobretodo entre la gente mayor.
En cierto momento me acordé de "El Perfume".

DESTROYER!!! dijo...

uyyy esta suena a historia de mi pueblo!!!... los tlacuaches, los nahuales, parcelas, los tacos de manteca... awww :') me puso nostálgico!!!...

me sentí como en las historias que nos contaba un viejo loco cuando ibamos a las faenas en el monte,,,

decía que las bolas de fuego que se veían a media noche en el monte eran brujas o de la historia de un hombre que si mató a un nahual cerca de la cruz blanca awww.... jejeje me emocioné de más!!!

de donde eres o de donde sacates esta historia???

saludos!!!

Dr. Gonzo dijo...

El relato es más bien sencillo pero detallado, como en el asunto de la desollada o el de la caería; por ahí se te fueron algunos dedazos y acentos, nada del otro mundo. Sólo el final no me encajó del todo porque vuelve demasiado explícito el asunto de la intención del escrito (el tema, vaya)y dio la puntilla clásica del cuate que se muere en su delirio. Igual vas a pensar que me pongo de exigente, pero aluego no me siento tan impresionado, me laten los giros más fuertes.

LUIS TORRES dijo...

Muy candencioso a mi modo de ver, y la forma de narrar en primera persona y en tiempo presente, se mancha varias veces por palabras mal puestas como ejemplo dos botones:

"Es la casa más peculiar en el caminito de piedras que te lleva a la pila de donde toma el agua la gente, rodeada entre hierbas y plantas. La casa era de pura piedra maciza, viejísima me"

donde dice "la casa era" deberia decir "la casa es"

"La vieja Nina como le decía el pueblo se peina el pelo negro"

deberia decir "como le dice el pueblo"

Y por alli hay otros errores similares.

en terminos generales, un relato regular, muy visual y descriptivo.

Saludos..

Anónimo dijo...

A mí me late como estampaste la historia, lenguaje muy de pueblo, los nombres elegidos y las descripciones son excelentes, casi puedo escuchar al niño relatando todo esto.
Tu forma de describir hizo que se me antojaron los tacos esos, neta.
Concuerdo con lo de los tiempos y dedazos, cosillas de edición... pero disfruté, sobre todo eso: disfruté mucho este tema, llenito de imágenes. Saludos.

Anónimo dijo...

Oh, resulta que la de arriba es anónimamente, la Ros.

SIRACUSA dijo...

Me gustó tu historia. Es interesante pensar como ciertas creencias se van convirtiendo en leyenda y como la gente se va apropiando de ellos convirtiéndolos en parte del imaginario colectivo que se va transmitiendo, logrando recrearlas en la mente y haciendo uso de nuestros propios recuerdos. :D

Piper dijo...

Al final consigue el objetivo, atrapar. Buena historia estimado, las descripciones me parecieron atinadas que hasta se le seca a uno la garganta que dan ganas chingarse una caña con tacos de manteca y sal,con respecto a esos errores que mencionan,descuide para eso son los ejercicios. Seguiremos leyendo a los escribicionistas...

la MaLquEridA dijo...

Me confunde cuando hablas de hierbas y después ya son yerbas a mi parecer debías usar hierbas por lo que te refieres al escrito.

Creo que algunos guiones están mal empleados.

El final no entendí qué le pasó a Otilio.

No sabía que había nahualas, por lo general el término nahual es para referirse a un hombre con cuerpo de animal.

Bueno el texto pero...

Sofía dijo...

Me da la impresión de que el lenguaje que usan los personajes es muy sofisticado para ser gente de pueblo. Me pareció un poco predecible el final desde que dices que la vecina de Nina no volvió a verla después del día en que se fue al bosque, o cuando mencionas el color de la piel del tlacuache con palabras parecidas a las que usaste para el cabello de Nina.

Capitan TINTASANGRE dijo...

esas historias de nahuales y pueblos magicos me gustan mucho

y tu historia no es la excepcion. imagino a la vieja Nina ahi de pie aun depues de muerta, clamando su venganza

Fantasía psiquiátrica dijo...

Pherro: Yeah, esos relatos se heredan, y el recordarlos es muy mítico. No lo había relacionado con “El Perfume. Saludos.
Destroyer: De esas bolas de fuego se mantienen en el colectivo de acá, Veracruz. Soy de Xalapa, la historia la construí de visitas a varias comunidades, pueblos cercanos a la capital , cortesía de mis abuelos. No me quise separar del contexto, del lenguaje de esos encantadores lugares. Saludos.
Gonzo: En efecto Gonzo, la intención fue hacerlo sencillo pero meterle en las “atmosferas” , en lo descriptivo; el final, igual, fue si quieres “arquetípico”, pero como le dije a Destroyer era no separarme a lo ya dicho: la figura del Nahual, aunque de acuerdo estoy que quizá -la figura- pudo ampliarse y nutrirla. Saludos pa.
Detalle de dedazo y acentos se considera, gracias.
Luis: Lo consideré en principio, tomé mucho de el elemento atemporal, saltar sin perder la descripción; ahora que lo mencionas es un buen detalle, bien.
Mi intención fue el imaginario de los pueblos, de allí alimenté mi escrito.
Saludos y gracias por leer.
Ros: Pura imagen, de lo descrito –que parece sustento la historia- . Perfecto que lo hayas disfrutado. Sabes, sólo en el caso del niño, yo no imaginé a éste como un niño, un adulto joven quizás; sin embargo de pelos que lo entendieras-interpretaras de esa forma, vamos, lo escrito es para volarse en esos lugares y en esas historias de todos de una u otra forma conocidas.
Saludos Ros.
Siracusa: comparto Siracusa, así mismo lo entiendo y lo percibo. En el recuerdo lo contado se transmite, perdura. Bien dices: imaginario colectivo, Yeah. Saludos.
Piper: bien que le haya gustado, y más el estimulo de los sabrosos tacos y la noble caña, a qué noble es... de erratas experiencia, sigan las critícas.
Saludos rey.
Malquerida: Hierba o yerba, planta, lo entiendo como un sinónimo, la confusión es… tendenciosa. Cuáles son esos guiones por favor. Murió, al final murió. Y yo no sabía que había misoginia en al nahualismo.
Saludos.
Sofía: el propósito era ése, ajá, ser predecible pero bajo el imaginario de la comunidad y el mito. Esos “cabos” que mencionas fueron así mismo: intencionales.
Gracias.
Capitán TintaSangre: mucho de lo descrito (como es notorio) estuvo alimentado por las historias de la abuela, en sí hay una Nina, tía abuela de un amigo la cual vive (espero) muy cerca de un “nacimiento” de agua; entre historia y la tía abuela me alimentaron.
Chido que te haya gustado, saludos Capitán.