miércoles, 8 de junio de 2011

La otra mitad



Una tarde de verano en un consultorio el reconocido doctor Carl Gustav Jung tenía una visita inesperada, este paciente a diferencia de los demás era muy especial y  recurrentemente asistido por el Doctor.

-Como es habitual debemos de presentarnos mi nombre es…
-Herman Hesse –el paciente interrumpió
-¿Perdón?
-Herman Hesse, doctor, mi nombre es Herman Hesse

El doctor postrado en una silla frente a su escritorio se disponía a sacar su libretilla de apuntes mientras el paciente sin esperar siquiera alguna petición u orden comenzó a hablar.

-Quisiera partir como el sol en el ocaso… quisiera partir con una tarde como esta. -dijo Herman mientras por un pequeño espacio un rayo de luz entraba desde el exterior iluminando de su cuerpo sólo el rostro parcialmente, dado que la gran cortina del consultorio cubría casi por completo la ventana del mismo.

-Despedirme como el sol en un ocaso…-suspiraba recostado en el diván.
-Vamos Herman ya lo hemos hablado.
-¿Qué hemos hablado?
-Sueños –el doctor le respondió- sueños extraños sobre ti, vamos relájate contaremos lentamente hasta diez.

El doctor se incorporó de su asiento sacando de su bolsillo un cristal circular atado con un hilo, el cual siempre en la sesión daba resultado.

-Mira con atención este péndulo, fija tu mirada hacia el cristal, contemos de más a menos, nueve, ocho, siete… –El doctor no contaba más de cinco cuando notó a su paciente entrando en un tipo de trance.

-Cuéntame tú sueño más reciente.- y sin titubear, Herman comenzó a narrar.

-Era pasado el mediodía, habíamos merendado María y yo, supongo qué la tarde ya llevaba algunas horas recorridas porque desde el jardín se podían advertir tonos amarillentos y naranjas, se podría decir que el ocaso se acercaba, eso era lo que mi corazón lleno de angustia me decía, lleno de angustia no se por qué.

Dirigía mis pasos a la alcoba, y notaba que se endurecían al tratar de subir a la segunda planta de la casa, miraba mis pies y podía ver como los escalones lucían enmohecidos, con las tablas apunto de ceder, corría entonces, eso intentaba sin poder correr tan rápido como yo quería, trataba de subir lo más aprisa posible al cuarto.

Voces…se escuchaban voces, una platica intima, una risa sometida, un temblor me recorría todo el cuerpo y sin abrir pegaba el oído a la puerta, procurando no hacer ningún tipo de ruido que pudiera dar aviso a mi presencia, podía escuchar una platica muy baja, yo sabia que hablaban de mi,  reconocía la voz de María mi mujer, al poner más atención identificaba a María hablar con un hombre ¡Hablaba y reía con un hombre en mi habitación!

La ira me cegaba y esa extraña angustia en mi pecho aumentaba cada vez más al sospechar lo peor, dirigí mis pasos hacia el baño, tomaba la navaja de afeitar, regresaba procurando no hacer ruido, abría sin más la puerta y veía un par de siluetas en la oscuridad en un frenesí de lujuria, de movimientos obscenos.

María lanzaba gritos en la oscuridad, en esa sucia oscuridad de infamia, y perversión, de mis ojos caían un par de lágrimas, no se si de tristeza o de rabia, un torrente de emociones como torbellino en mi nacía, sin pensarlo tomé al hombre  por la espalda arrojándolo fuera de cama, en un forcejeo rápido y descontrolado logro cortar su brazo, la navaja se escapa de mis manos, tomo firmemente su cuello y en una satisfacción insana lo estrangulo, una risa escapa de mi boca, una enferma risa aunque yo no piense en reír…

¡Y ya no puedo respirar!... ¡No puedo ya respirar!

-Calma, calma, tranquilo –Herman comenzaba a sacudirse abruptamente en el diván-, calma, no pasa nada –decía el doctor mientras sujetaba a Herman por los hombros evitando una caída inminente por tan bruscos movimientos, parecía que al dar aquella última descripción sobre su sueño, Herman experimentaba un tipo de shock.

-¡No puedo respirar, no puedo!...¡Se qué voy a morir! –En pánico clavaba su mirada en el doctor mientras se retorcía con las manos en su cuello como aquel asmático que a falta de oxígeno no puede respirar.
-No morirás…no morirás –fue lo ultimo que escuchó Herman de la boca del doctor antes de perder el conocimiento, parecía como si su asfixia mental haya traspasado a nuestro mundo atacando realmente su cuello. Y por fin desfalleciendo.

La puerta del consultorio se abría de manera abrupta y una mujer entraba sin aviso, ni anuncio.

-¡Qué esta pasando Carl!
-Lo de siempre María, lo de siempre…-respondió el doctor mientras acomodaba el nudo en su corbata, y posteriormente acercando sus anteojos a la nariz con el dedo índice.
-¿Otro ataque?
- Así es María, otro ataque…
-Y ¿Qué haremos Carl?
-Nada…solo esperar

Transcurrieron un par de horas, el doctor y María seguían en el consultorio esperando a que algo pasara, un silencio sepulcral invadía el aire, sólo haciendo ruido la manecilla de reloj que insistentemente marcaba segundo tras segundo el pesado y angustiante pasar del tiempo.

-Doctor, ¿Se encuentra usted ahí? -una sombra desde el diván se reincorporaba lentamente.
-¡Si, claro, aquí estoy! –sorprendido el doctor lo miró paulatinamente enderezarse, como si nada hubiera pasado.
-¿Sabe algo de María…sabe si ella está bien?
-¡Aquí estoy! –María suelta en llanto respondió y trato de correr hacia sus brazos siendo frenada de manera abrupta por el doctor que sorpresivamente sujetaba firmemente su muñeca.
-¿Recuerdas tu nombre? –el doctor preguntó, aún sujetando la mano de María que desde haber escuchado aquella voz proferir su nombre no paraba de llorar.
-¡Claro qué sí, doctor! Yo soy Demian, Max Demian doctor.
-Demian, ¡Maldición! ¿No has aprendido nada, ni siquiera a controlarte un poco?
-No se preocupe doctor ese Herman creo que esta vez sí desapareció para siempre.
-Eso mismo dijiste la última vez…
-He descubierto, doctor, el gusto a la muerte, a su amargo sabor –dijo el paciente de manera un tanto risueña ya en pie y frente al diván recorría abruptamente la cortina del consultorio dejando ver un cielo negro y estrellado.
- Porque la muerte es miedo ante una aterradora renovación, una renovación incontrolable.

El paciente se paraba tomando su chaqueta que había dejado en el perchero, María hecha un mar de lágrimas por fin corría hacia los brazos de su esposo, el cual sin darse cuenta sangraba de una herida proveniente de su brazo al parecer hecha recientemente.

-Estas sangrando mi amor ¿Te encuentras bien?
-Mejor que nunca, María… Mucho mejor.


12 comentarios:

RoS dijo...

Original eso de meter dos personajes en uno, que en realidad son uno (autor—personaje) y la forma en que metes a los otros personajes también involucrados en la vida del escritor. Aw. Fíjate que nunca te había leído un cuento (hur hur, el primero que te leo hur hur)y me gustó conocerte en otra faceta.
Me late que la historia se desarrollé en una tarde de sesión, con poco dices mucho, me gusta, me gusta.

destroyer!!! dijo...

vi por ahí que le faltan unos acentos a "platica"... de ahi en fuera,,, chingón.

aparte, demian es una de mis obras favoritas-que mas odio no se,,, algo tiene...

chingonas las mentes enfermas de hesse y su hijo imaginario...

Pherro dijo...

Me gustó la idea, parecida a Jekill y Mr. Hyde.
El único personaje que no identifico es María.

Dr. Gonzo dijo...

Sucumbiendo ante Demian, un personaje realmente fuerte sin duda. Siempre pensaba en Hesse como Sinclair y mira, así se muestra en tu cuento. Buen trabajo, detallado y cuidado.

NTQVCA dijo...

Igual que a Ros me gustó el recurso de una doble personalidad, mmmm, cada vez me la ponen más dificil! :)

Leinad dijo...

Ros.- Pues aún en las prisas creo que no quedo tan mal, tuve que ser bastante abstracto, que bueno que no quedó tan mal :)

destroyer!!!.- De hecho tienes toda la razón se me escaparon esas dos, gracias por decirlo, creo que si en algo trabajo es en poner más atención a ese tipo de detalles y pues si me los hacen saber (si se me escapan) es de gran ayuda, que bueno que le agrado la narración.

Pherro.- Maria Bernoulli, esposa de Herman Hesse, que bueno que la idea fue de su agrado de hecho lo imaginé todo de último minuto.

Dr. Gonzo.- Desde que leí Demian exactamente me pasó lo mismo, tanto perduró esa idea en mí, que en todas sus novelas aún cuando el protagonista cambiaba de nombre extrañamente atribuía que seguía siendo el mismo "Sinclair" narrando otra faceta de su vida.

NTQVCA.- Sacado de la manga...de último minuto de hecho este tema me metió en apuros, si bien el cuento como forma de narración no es muy complejo, se me revolvían las tripas al buscar mis 4 personajes y de que manera enlazarlos, al final pues así quedo, Gonzo nos puso a sudar, si no a todos por lo menos a mí si :)

Pherro dijo...

Pues la verdad no parece un texto hecho con premura, le ha quedado a usted un cuento muy entretenido y harto interesante, Sr. Leinad.
¿Verdad que usted y yo no somos amigos o conocidos ni nada que se le parezca?
Vengo únicamente a rendirle admiración, a pesarr de lo que diga la pretenciosa de la historia.

Leinad dijo...

Simple camaradería entre colegas escribicionistas, a ratos tallereando, a ratos expresando nuestro humilde punto de vista o expresando la sensación que el escrito de otro colega nos causó Sr. Pherro, y efectivamente no nos conocemos ni un poco...solo entre las letras de este experimento enrarecido, un halago saberse leído, gracias por comentar.

la MaLquEridA dijo...

Creo seguiré debiéndole mi comentario, Herman Hesse no me entra ni con chochos y nomás no puedo con él.

SIRACUSA dijo...

Ultimamente Hesse se ha convertido en mi favorito y verlo en tu cuento con esa dualidad me parecio genial!!!

la MaLquEridA dijo...

¿En serio todos han leído a Herman Hesse?, me siento bicho raro, sigo sin entender perdón mi ignorancia.

Saludos en tanto.

Úrsula Amaranta dijo...

Uy :S me quedo igual que La malque, pero de cualquier forma me gustó, pensando independientemente de que sea de un personaje especifico, me gustó igual que a todos esa dualidad y me pareció interesante.