sábado, 24 de diciembre de 2011

Una flor blanca



Hola a todos

No sé por dónde empezar en realidad. Vamos, sé que yo propuse el tema de esta semana y me sentí muy confiado al hacerlo porque tenía mi as bajo la manga. Por otro lado, al ir viendo los esfuerzos de los Escribicionistas por armar sus cuentos echándole imaginación y hasta poesía, me comencé a sentir un poco culpable, pues, verán ustedes, yo de la estructura de un cuento sé nada y lo de mis comentarios era simple apoyo del bendito internet. Quería sonar a que sabía porque pensé que el material que voy a publicar es bueno y que es bueno porque sencillamente, no es mío.

En una de mis frecuentes excursiones al baldío cercano a mi casa (un lugar donde puedo beber a gusto, sin ruido ni cosas que me distraigan) al estar sentado tomando tragos a mi botella, jugando con la tierra acumulada en una plancha de cemento, en una de esas topé con una especie de cuaderno, con una pasta semi dura y varias hojas apiladas, la mayoría muy arrugadas y con pliegues muy marcados, como si hubieran estado dobladas mucho tiempo y de hecho, son hojas algo viejas. En fin, pensé que ya tenía servilletas para rato, pero fue curioso que en la primera hoja se leía a manera de título: Para mis hijos que no nacieron. Aquí tengo que decir que, con ese título esperaba leer una de esas ondas donde la gente padece y llora todo el tiempo, digno argumento telenovelero y me preparaba para reirme como la última vez que leí a García Márquez, pero eso no sucedió. De hecho la historia es tan común, tan propia de los cuentos infantiles que dije: ya sé qué le voy a proponer a Ros para mi tema en la tercera ronda Escribicionista y ya publico esta onda y no me preocupo.

Bueno, ahí lo tienen, sólo quería comentárselos. Al final del cuento, viene una dedicatoria la cual también incluí, no cambié, ni quité, ni agregué nada, aunque el título no me agradó mucho (si es que esa frase de los hijos no natos es el título), así que me permití ponerle un título. Por todo lo demás, me disculpo por no haber escrito nada original para esta semana, pero quizás les guste ese cuento infantil anónimo y sepan que la siguiente semana, participaré como es adecuado. Saludos.

Una flor blanca

Se ha visto y sabido que hay terrenos donde la vegetación es escasa y los hay que incluso no pueden tener nada de vegetación. Pensemos en un terreno árido, donde la tierra misma no permite que haya otra cosa si no es tierra y más tierra. Ahora, imaginemos que este terreno no sólo es árido, también imaginemos que está rodeado de llamas. Sí, fuego, un elemento más en revoltoso conjunto con la tierra árida de la que hablábamos. Pensemos ahora, que otro elemento se agrega a la mezcla: aire. Sí, pero un aire monumental, un tornado que arrastra polvo y tierra seca y aviva las llamas. En esta misma caótica mezcla, se comienza a acercar una nube, luego otra y luego otra, jalando al aire que se torna frío y helado comenzando a llover torrencialmente.
El agua alimenta al tornado y lo convierte fácilmente en un huracán. La gente que estudia el clima le pone nombres de personas a los huracanes y hablan de su intensidad en números. Que a nosotros nos baste saber que es un huracán enorme que ahora arroja goterones de agua sobre el terreno de una manera violenta, tanto, que se esparcen entre las llamas. Este lugar se está viendo azotado por una mezcla elemental, violenta y nada prometedora de algo bueno. Esto sucede durante días y noches. El sol se muestra y luego da paso a la luna. La luna descansa y deja pasar al sol innumerables veces y nuestra mezcla elemental sigue azotando el terreno sin descanso, sin agotamiento.

Pero he aquí mientras el azote interminable continúa, en una pequeña porción de este maltratado lugar, surge un pequeño tubito verde. ¿Les parece una broma? Bueno, no estoy contando un chiste; en efecto, un tallito verde aparece en este caos y, debo decirlo, parece que una pequeña hojita le brota a un lado. Increíble, casi gracioso pero real. Con el paso de los días, el castigo sobre el terreno continúa pero he aquí que, y no quiero escuchar risas, unas hojitas ya aparecen verdes y sanas en el tallito y comienzan a tomar forma de unos pétalos. Sí, han brotado justo en el medio de la locura y la desdicha de ese terreno. Por unos segundos, las violentas gotas dejan de caer, el huracán parece detener su espiral pantagruélica; las llamas se azuzan inclinándose a los lados y el seco piso terroso parece juntas sus grietas ácidas y gaseosas. Todos ellos parecen observar con incredulidad algo que bien podríamos llamar un milagro. La pequeña plantita se yergue como sorprendida ¿Acaso esto se ha detenido? Parece expresar con un pequeño vaivén de sus petalitos. La chiquita de pronto se queda quieta y en el momento en que da un suspiro, los cuatro elementos caen y azotan nuevamente, las llamas arden con más fuerza, el huracán desata su brutalidad como si sólo se hubiera detenido para tomar impulso. La tierra se agrieta más y su aridez desafía las cuarteaduras que había logrado, fragmentándose más. La lluvia ahora es ácida y quema con sus gotas los petalitos de la plantita. Es cuestión de minutos para que se marchiten acongojados los avances de la plantita.

Esto que les cuento no es fácil, pues la pequeña plantita pierde uno a uno los pétalos que tanto le costó crecer. Las llamas la rodeaban y le daban fuertes latigazos y por momentos crecían tan alto como se alcanzaba a mirar, disfrutando el susto que le daban a la pequeña. Ella está triste, no entiende por qué sucede esto, agacha su cabecita contrariada. Tímidamente se encorvó y de entre todo ese salvaje ataque ataque, una gotita pequeña derramó de su carita por su tallo hasta el suelo. Pudo ser parte del aguacero que caía ¿o era en realidad una lágrima? Yo no sabría decirlo. Días siguieron en el caos. Sin darnos cuenta, se convirtieron en meses y luego años. Al ver ese puntito medio blanco, medio verde, no veríamos mucho, pero si nos acercamos ¿qué es lo que veríamos? Bueno, les diré lo que vio la mezcla elemental. Primero, la tierra se sorprendió de lo que veía: unas señas de verde pastito estaban alrededor de la florecita. Una sacudida de la tierra llamó la atención del torrencial que soltó su aguacero más fuerte sobre la pequeña. Las llamas danzaban burlonas y el torrencial azotaba y entonces pasó algo que se podría pensar increíble: la tierra comenzó a cerrarse ahogando a las llamas. Por supuesto que el fuego no entendía esto. La tierra se cerró por completo en unos dos kilómetros a la redonda, que podemos decir, es mucha distancia. Las llamas comenzaron a cesar y en respuesta, viento y agua descargaron el huracán más infernal en honor al fuego caído. La florecita recibió el embate, quedando prácticamente embarrada en el suelo. La tierra absorbía la excesiva agua que aplastaba los pétalos y el pastito alrededor. La florecita casi se ahoga en este ataque. La lluvia y el viento se regocijaban con esto, truenos y rayos caían sobre la tierra en reproche por haberse cerrado y extinguido al fuego. La florecita buscaba levantarse y sus hojitas mojadas, casi se quebraban al buscar respirar algo que no fuera agua. La pequeña florecita se ponía derecha y alzaba la cara mirando al viento y al agua que venían ya con un segundo azote huracanado. En el oscuro cielo de las nubes apareció un agujero en un lado y luego otro en el centro. Sin duda, la lluvia se había sorprendido por esta acción de la florecita. El aire comenzó a soplar nuevamente y otro agujero más se abrió, lo suficiente para que se filtrara la luz del sol que estaba allá afuera. Incrédulo, el aguacero intentó arreciar su ataque y la florecita lo recibió nuevamente, en esta ocasión, el sol, benéfico, tiraba sobre ella su luz que iluminó sus maltratados pétalos blancos. La lluvia entonces sufrió un par de agujeros en sus nubes y el aire ya soplaba sobre la pequeña, pero ya no con la misma fuerza, ya no el torrencial. Las nubes se estaban disipando rápidamente, la lluvia caía por partes, por momentos hasta que se debilitó. El sol brillaba lo suficiente ahora para dejar ver en el terreno árido, como el pastito se comenzaba a secar y la inundación bajó del tallo de la florecita cuando la tierra absorbió el agua por completo, dejando crecer un poco más de pasto. Sin duda, esto sorprendió a la pequeña pero el aire aún la azotaba y la jugaba de un lado a otro, queriendo arrancarla de la tierra. En lo alto del cielo, una mariposa aleteaba justo encima de la florecita que estaba tan dolorida y golpeada y veía de a poco, cómo la mariposa también era llevada y traída por el aire violento y seco. La mariposa recomponía el vuelo y volaba en círculos encima de la florecita. Ésta suspiró nuevamente y se levantó. Primero una hojita y luego otra, los pétalos se tomaban ahora el tiempo de expandirse más y ella creció. El ejemplo de la mariposa fue eso que la hizo tomar más fuerza y el aire, sorprendido, dejó de tener tanta violencia, el sol brillaba más y el polvo dejaba de levantarse. Finalmente, en algún momento el aire cedió y así como llegó, se fue también, sin mucho más ruido. Ahora era una brisa que soplaba fresca y la florecita podía ver al sol y el pasto crecer a su alrededor. Quién sabe, pero la florecita ahora se veía tan firme y radiante, que era como una sonrisa enorme en el ya no árido piso. La mariposa revoloteaba de vez en vez, animando a la florecita que ahora gozaba su lugar y su fuerza y que también regalaba belleza a ese lugar que poco a poco se convertía en un campo donde más tarde, otras florecitas crecieron y hasta algunos árboles, con pastosos caminos verdes acompañando a la pequeña flor. Una pequeña flor blanca que se había ganado el lugar en el que se encontraba.

Para mis pequeños, que aunque no llegaron, siempre van a tener un lugar en el campo de la florecita.

4 comentarios:

Gerardo Huerta Jaime dijo...

A decir verdad yo tampoco escribí nada para este tema, publiqué algo que ya tenía posteado en mi blog personal.
La historia me gustó, tiene elementos naturales reales, magnificados para resaltar los valores de tenacidad y esperanza.

RoS dijo...

Es una historia bella y triste, me parece original tu entrada.
Acertado el cambio del título, pues sólo en la dedicatoria tendría algo que ver el que tenía.
Me gusta este post, que tal vez, sea de un Pablo de hace mucho tiempo, o de un futuro.
Saludos.

Maldito Desgraciado dijo...

Para este tema estuve pensando en hacer un cuento de un colibrí, pero valió madres y no pude aterrizar nada, y mejor me hice pendejo y a seguirle con el que venía. La dedicatoria está densa, no sé qué vergas se sintió al escribirlo. Pero en fin.
Es un cuento bonito, se puede decir, que estas cosas sencillas, son un puto milagro.. y no nos damos cuenta D:
Saludos!
Felices pedas decembrinas.

Piper dijo...

Sorpresas nos podemos encontrar en los lugares menos pensados. Me gustó la historia por las imágenes que denota conforme avanza el relato y el cierre Ufff. Atinado como comentan el cambio del escrito.

Saludos Doc