El dulce favorito de él era un sofisticado chocolate con una pizca de
flor de sal; nada más placentero para su
paladar que ese exquisito bocadillo gourmet impregnado de toda la delicia del
chocolate y que en la última mordida sorprendía al gusto con un fino y único
toque de sal.
Ella estaba irremediablemente enamorada y disfrutaba consentirlo; se
escapó un día a la playa y se remojó en
mar hasta asegurarse que cuando él la besara, toda su piel y cabellos tuvieran una pincelada de sal. Luego se dirigió a la casa de él, se untó
delicadamente un poco de esas edible
creams sabor chocolate en las partes favoritas de su cuerpo y se tendió en la cama a esperarlo e impresionarlo con la nueva y mejorada
versión de su chocolate flor de sal.
