sábado, 24 de septiembre de 2011

Disidentes



Ha sido en un instante, la idea pasó por su cabeza tocando desde el pensamiento, a todo su ser. Interrumpió su frenético paso por las calles del centro. Se quedó ahí parado con la mirada perdida en un razonamiento que parecía cada vez más lejano, pero que le seguía calando profundamente. Después, siguió su camino de forma pausada. Se fijó para travesar las calles y en su frente se dibujaba ese fruncimiento de la piel que muestra reflexiones fuertes. El resto de su día continuó con una comezón que no se puede localizar para rascarse. Se sentó en la mesa a comer, tomó la cuchara pero no podía evitar hacer todo esto de una forma increíblemente lenta, como si los utensilios tuvieran que darle permiso para actuar como utensilios. No terminó su comida, se levantó y fue a la ventana, se apoyó en el marco y buscó recibir un poco de aire fresco. Fue inútil, lo que antes lo reconfortaba, ahora estaba pasando como si nada, sin sentido, no tenía sentido.

En su mirada, el brillo estaba apagado, ya ni siquiera adormecido, su boca ya no dibujaba una sonrisa y su voz había perdido acento y sonaba hueca y grave. Entonces decidió no hablar, para no desencantarse de la que fuera una voz que reía y siempre tenía un comentario, el que fuera, para cada sensación que le embargara. Ahora el cortante silencio era su respuesta y la torva mirada hacía de guadaña. No es que él hubiera decidido de la nada ser así, pero hubo un instante en que la idea pasó por su cabeza tocando desde el pensamiento, a todo su ser. Así que sin mucho pensarlo volvió al lugar donde ese día ahora lejano, la idea se cruzó en su cabeza, pues quería comprenderla, ya que desde el primer instante fue como un eco lejano que le pasaba revisión a escondidas, sin permitir ser aprehendido. Caminó por ahí, pasó una y dos veces, hasta ser tres y luego cuatro. Fastidiado por no tener siquiera la sensación de ese momento, tomó asiento en una banca y miró a la gente pasar. No es que antes la gente le provocara mucho gusto, pero ahora, justo ahora, la gente parecía tan fría y apagada como él. No dejaba de mirar sus rostros, con miradas perdidas y gestos adustos. Mirar esto le estaba provocando una sensación de rechazo, se levantó y apenas pudo recargarse en una pared cercana. La gente se veía ahora molesta, una pareja discutía y un hombre caminaba por delante de la que parecía su esposa. Dos chicas paradas esperando el autobús, cruzadas de brazos, evidentemente molestas, ignorándose. Él comenzó a sentir náuseas, pero aún más fuerte, fue un nudo en su garganta, se dio cuenta que no estaba solo, que toda esa gente estaba como él, pero guardando distancia. Todos ellos estaban tan muertos como él se sentía, se sentían tan solos como él, estaban tan enojados como él, quizás hasta más y por supuesto, se sentían tan tristes como él. Se dio cuenta de que ese era el pensamiento fugaz y anónimo que le había cruzado la mente hace tiempo y cuya semilla estaba paseando en su estómago desde entonces, rascando su interior, acomodándose y haciendo lugar a todo ese remolino de pensamientos negativos que lo acosaban. Se volvió a sentar en la banca y cerró los ojos, juntó sus manos como si fuera a orar y en ese momento agradeció el rechazo, agradeció que su corazón hubiera sido roto, entendió la futilidad de todos sus intentos por ser feliz, alzó el rostro y pudo ver y sentir el error, el sinsentido, la pobreza e inutilidad de todo intento de cambiar las cosas.

Esa noche durmió, como en años no había podido dormir.

11 comentarios:

NTQVCA dijo...

Pero entonces, ¿se suicidó?, en alguna parte me parece repetitivo el rechazo hacia todo, pero creo que es conveniente comprendiendo la sensación del portagonista.

Pinchesendic dijo...

Agradable relato, de esta historia me quedo con dos cosas; esa frase "cuya semilla estaba paseando por su estómago" refieriendose a la idea es maravillosa, y la palabra: futilidad, que no sabía que significaba pero que hoy me ha gustado.

la MaLquEridA dijo...

Uno se doblega cuando ve que no hay manera de cambiar las cosas y deja de luchar contra lo que siempre rechazó.

SIRACUSA dijo...

Tu texto me dejo pensando en esa sensación que en ocasiones se tiene y no se sabe explicar. Sensación que dá comezón como bien lo narraste. No poder dormir tratando de entenderlo lo peor que puede pasar. Texto reflexivo Doc.



Saludos :D

Pherro dijo...

"... cuando de nada nos sirve rezar..." dijo Machado.
Me he dado cuenta de esas cosas que dices en tu texto y muy pocas veces he logrado dormir a gusto.
Aunque en mi caso, rezar es la mejor terapia.

RoS dijo...

Por mucho, me parece una prosa poética, la mejor que te he leído. Me gustó el ritmo, tu entrega.
La leí en voz alta y se disfruta aún más. Pfff.
Tienes imágenes alucinantes. Chale. Wow.

Capitan TINTASANGRE dijo...

a como me gusto...

de verdad, lo lei un par de veces. saboreando tu disidente texto,
una resignacion y un suspiro

hacen de tu poersonaje alguien memorable.
quiero ir a caminar por el centro y sentarme en una banca a ver pasar la vida.

Dr. Gonzo dijo...

NTQVCA: No, él no se suicidó, sólo aclaró su cabeza y durmió tranquilo esa noche.Y sí, lo repetitivo se debe a eso: la molestia constante, es una manera de ponerlo en las letras.

Pinche: Gracias, qué bueno que te agradó el escrito.

Malquerida: EN este caso sucedió así, pero no fue doblegarse, si no una especie de aceptación. Ser un disidente de la vida es algo compartido por muchos y que no te hace recurrir a medidas extremas.

Siracusa: En el texto, la fortuna del personaje es que logró entenderlo. Hay gente que se muere sin tener esa fortuna.

Pherro: Pues derivado de lo que le decía a Sira, cada quién escoge la mejor forma que tiene para sobrellevar esa sensación.

Ros y Capi: Gracias. A veces ir a esos lugares con mayor concentración de gente, se convierte en una experiencia reveladora.

Leinad dijo...

Su texto es exquisito, sentí una mezcla de Sartré en "la nausea" y de Herman Hesse en su final terrible pero libertador, lo mejor que le he leido.

Saludos

Augustine X dijo...

Se le nota el callo mi buen. Gracias, na más, ya está.
Bueno, una cosa más, muy buena:
"...como si los utensilios tuvieran que darle permiso para actuar como utensilios".
Cesudo el texto, no es algo sentido en cinco minutos, repito se le nota lo andado y gracias por dejarse ir en la escritura, cada palabra tiene un peso que toca la médula.

Dr. Gonzo dijo...

Foto, gracias, es todo un halago la comparación con Hesse y aunque en el caso de Sartre nunca he leído La Náusea sino otros de sus trabajos filosóficos, resulta también un halago enorme.

Augustine X, sí, este escrito tuvo cierto efecto de liberación en cada frase. Muchas gracias.