miércoles, 14 de septiembre de 2011

E



Infiernos personales donde cada uno se quemaba cotidianamente y que al menos por una noche a la semana convergían en un infierno común que ofrecía un poco de diversión, de olvido. Olvido que también encontraba en su monitor, cuando nocturnamente, se enajenaba dando un click, escribiendo en algún blog, buscando... soñando. Pero si de soñar se trataba, entonces Darío buscaba los brazos de Lucía, la de los ojos negros, la que por momentos arrancaba de su vida, la soledad que le inundaba."

Ojalá tuviera papel y lápiz, –se dijo Daniel–, que seguía en la misma posición recostado sobre la hierba. Su débil sonrisa se iluminó al recordar a Darío: el extraño de la familia, el de aquellas historias, el único con el que compartía el gusto de escribir, Darío, el frío Darío, el muerto Darío.

También recordó a Lucía y su profundo escote; la conoció una noche en que su hermano lo invitó de juerga. ¿Habrá muerto? –pensó.

Una rata interrumpió su soliloquio; gris y enorme corrió a refugiarse bajo montañas de basura. Después la brisa putrefacta sacudió su nariz. Detuvo el escrito que hacía en el aire, se puso de pie y se marchó. Caminó entre las calles y una fila de recuerdos lo siguió: su casa, la comodidad de su colchón, familia, amigos... Pensar en todo aquello que había perdido le ocasionaba un dolor físico insoportable. Tuvo hambre, frío, ganas de darse un tiro... miedo.

Además de caos e incertidumbre, en la ciudad abundaba la tristeza. Una tristeza olorosa, aguda. Una tristeza que enfermaba a todo lo que aún quedaba con vida, a los pocos, a los que quizá, en un par de días morirían. Por la vacía calle varias preguntas lo acosaban: ¿Cuántas horas han pasado –se decía– desde que llegué a casa y todo parecía normal?, ¿y si todo es un sueño?, entonces tropezó con un viejo periódico que rezaba 'Se extiende la peste', de modo que no, no era un sueño.

Intentó pensar en otra cosa, recitó poemas mentalmente; vociferaba ¡qué diablos!, luego murmuraba ¡qué diablos!, finalmente sólo pensaba ¡qué diablos! Daniel tenía miedo, no simple miedo, no, sino algo muy distinto que no había sentido hasta entonces, y cuyo nombre, sonoro y maléfico, restallaba como un latigazo: m i e d o.

Tragó saliva y avanzó instintivamente. Anochecía en Veracruz. A pocos metros de él, una figura humanoide, más parecida a un fantasma, por lo fugaz y borrosa, entraba a un local abandonado, Daniel le gritó pero de su voz únicamente escapó un '¡espera!' ahogado; entonces siguió a la mancha humana, y subió varios peldaños hasta el umbral del edificio. Tocó la puerta, de su frente rodó un frío hilo de sudor; un haz de luz amarilla golpeó su rostro, seguida de una voz queda que le preguntó: ¿eres tú?

8 comentarios:

Leinad dijo...

(en general)
Que barbaroooos creí que esto estaria más creativo, más fantasioso, más CUENTO y no por eso ser forzosamente infantil. PFFFFFF!!

(en particular)
Ros, pues a ver que sale apenas leyendo esto y persignandome a ver que sale jajajajajaja


PD. Ese Daniel me suena a alguien conocido creeré que es quien ambos "conocemos"

Pherro dijo...

Pues se nota tu esfuerzo por mantener el hilo del "cuento".

El miedo no sirve de mucho, en ninguna circunstancia. Como sea, no me imagino en una situación semejante a la que se ha planteado hasta ahora: la soledad en un mundo donde la vida se acaba completa e irremisiblemente.

Maldito Desgraciado dijo...

De todos modos siempre estamos solos, siempre hay a alguien a quien extrañar.

Anónimo dijo...

LEINAD: En gral siento que primero nos haría falta investigar qué es un cuento, sus características, y sobre todo, la diferencia con un relato.
Te hubiera servido leer y poner más atención a lo anterior, pues en tu historia retomas a los escribicionistas, que se supone, murieron desde Fer. Creo que la secuencia se volvió a romper, duh.
P.d. Es alguien conocido. =)

PHERRO: Como lo mencionaste anteriormente, que no nos guste como va el hilo, no significa que no tratemos de seguirla, y trabajar en equipo.
Honestamente mi participación no me gustó del todo, pero eso sí, leí desde Dark, Fer, Whoanz,y Sira, los imprimí, les subrayé cosas que pude rescatar y traté de empalmar las historias.

FER: Simón.


(LA ROS)

el presley dijo...

Escribía Albert Camus en su novela "La Peste" que los bubones de la peste duermendurante siglos en las páginas de los libros para despertar en cualquier momento.

Un cuento de ciencia ficción que ha sido real en muchas ocasiones a lo largo de la Historia.

Me gustó. Saludos.

Anónimo dijo...

Lo padre de estos ejercicios es que al no tener ni pies ni cabeza, es que no sabes en que terminaran. La atmósfera que planteas me parece interesante.

Siracusa

la MaLquEridA dijo...

Rescatar la peste de tu escrito y que sea el punto clave del cuento colectivo, aún así no se siente mucha conexión en ninguno, cada uno escribimos a nuestro estilo, matando y creando personajes.


Saludines.

Fantasía psiquiátrica dijo...

Y se mantuvo el enlace, el protagonista tiene un nombre y se enfrenta a un miedo verosímil (la peste), sin alejarse –del todo- de ese contexto purpura, de MIEDO, como bien dices. Empieza a tener ya una personalidad, detalladamente delimitada: “después de caer de la nube”, eso llevó a un buen cierre, expectativa. La negación del cabrón, chido.
Saludos Ros.