jueves, 29 de septiembre de 2011

El cantante


El dedo índice y el medio empezaron a explorar el que había sido hasta hace poco el monte virgen a sus manos, Palpando el vello rizado, abrió una brecha entre ellos hasta encontrar lo que buscaba, el punto donde podría morir en un instante de frenesí violento.
Separando las piernas, dejó que los dedos entraran a ese túnel húmedo y oscuro visitado casi todos los días desde que él se hizo presente en su vida. Separó la rosada tela introduciendo poco a poco lo que podía hacerla llegar al límite de la locura. Delicadamente tocó cada parte de su interior reconociendo cada tela, cada olor, cada sabor, imaginando la cara del amante al verla como estaba. Desnuda, con las piernas separadas era la imagen viva del deseo.

Fijó los ojos en los de él que la veían lejanos, detuvo un momento la arremetida para llenarse la boca de los labios delgados en los que le gustaría explorar sus más recónditos deseos, saboreando la dicha en esos breves momentos de gloria.
Le gustaba perderse en sus ojos cafés e imaginar los besos que saldrían de la boca del amante que todas las noches llegaba para hacerla perder instantes de vida por el momentáneo placer que le daban esos dedos mágicos, haciéndola llegar al clímax en los momentos en que sentía morir.

Entonces lo supo, los dedos convertidos en un objeto duro comenzaron a moverse rápidamente, introducidos entre sus piernas le estaban haciendo llegar al paraíso. Doblegada a las caricias imaginarias, recorría los senos con avidez perdiendo el poco sentido que le quedaba entre esas dos montañas erigidas en monumentos para su boca.

Los gemidos se convirtieron en gritos animales rompiendo la oscuridad del cuarto. Su cuerpo se puso rígido, dejando de latir el corazón se paralizó por breves segundos, en un instante se le escapaba la vida en momentos saboreados hasta el delirio. Asomada una perla entre sus pestañas, la vida le regalaba un instante de gloria pasajera.

Quedando exhausta, su mano descansaba sobre el vientre que percibía aún el fuerte latido del corazón, tornando poco a poco lenta la respiración, relajado el cuerpo, abrió los ojos para deleitarse con la fotografía sobre el buró. La imagen de su cantante favorito la acompañaba desde que supo que vivía solo para él.
El otoño había llegado y las noches tibias y solitarias estaban haciendo mella en su ánimo, para consolarse buscaba el placer imaginario que sólo Él le podía dar, su cantante favorito.





















7 comentarios:

Pherro dijo...

Las fijaciones pueden ser poderosas.
Pero en ese caso se desaprovecha el propio potencial.
Has hecho muy tuyo ese estilo de narrar una situación de índole erótica.

Pinchesendic dijo...

Ahhh las chaquetas mentales, que bella época la de secundaria. Haz hecho que recuerde ayeres con los calendarios noventeros de Gloria Trevi.

Fhercho dijo...

El problema con este tipo de situaciones, es que, las imagenes están dentro de los parpados, ya que, sería dificil imaginar una escena así con alguien con los ojos abiertos...

RoS dijo...

El Sendic, jajajaja.

Bueno, Malque, la verdad se me hizo creativo el final, yo quizá le habría dejado hasta sobre el buró, para mi gusto la explicación última como que le resta.
Pienso que si le hubieras puesto nombre al cantante quedaría con mayor fuerza.

Saludos, =)

Anónimo dijo...

Una situación inquietante. Buen relato, bien llevado y me gustó el final.

SIRACUSA

Dr. Gonzo dijo...

Quién sabe por qué, desde el título imaginé por dónde iba el relato, pero es cierto que también hubo una laguna de ese estilo erótico que solías manejar y que en este escrito regresó.

Carlobito dijo...

Existen tantos prejuicios asociados a esta saludable experiencia, todas las personas deberían tener la capacidad de fantasear hasta ese extremo.

Me gustó mucho la descripción, fue muy sensual.

Saludos.