martes, 25 de octubre de 2011

Es que eran muy pobres


Después de las inundaciones, mi pueblito cambió un buen. Nunca había caído tanto aguacero; pasó que hubo tres semanas de lluvia. Mi tía Catita, dijo que era un nuevo diluvio que el niño Dios mandaba por nuestros pecados; se puso a rezarle muchos rezos a la Virgencita y a San Juditas para que nos perdonaran y pararan el agua, o si no, ya de perdido, por si nos moríamos ahogados en el agua o muertos de hambre por no comer, entrar derechito en el cielo; yo le dije que no se puede contra lo que no se puede, que mejor nos fuéramos a la loma más alta para ver si nos salvábamos, porque cuando no se puede, no se puede; ella me dijo que me callara, y me puso rezar también. Mi primo Chago, hijo de mi tía Catita, se quiso poner a juntar dos animales de cada especie de las que había en el pueblo; decía que quería ser el nuevo Moisés de la época moderna, pero cuando los Ramírez no le quisieron  prestar su guajolota, desacompletó a los animales y se le salió de la cabeza esa idea, además, dijo que las arañas le daban miedo.

La vaca Serpentina que estaba rebonita, se había ahogado, se la llevó la crecida del río. La dueña de Serpentina, Tacha, que estaba más rebonita que la vaca, estaba muy triste, pues, la vaca, era el único patrimonio que le quedaba a su familia, la habían comprado para que alguien se fijara en Tacha y se casara con ella y los sacara de pobres, porque ellos eran muy pobres, se les figuraba a su mamá y a su papá de Tacha, que si ella no se casaba, se iba a tener que ir de piruja como sus dos hermanas. Yo estaba contentisísimo porque la Serpentina se había ahogado, ahora sí iba a poder juntar un dinerito y hacer que Tacha fuera mi novia aunque tuviera que compartirla, pero a la vez, me daba un poco de tristeza, por que Tacha lloraba y lloraba por su Serpentina.

Cuando el agua de los ríos bajó y solo quedaron charcos por los caminos, el gobierno entró en acción. Como casi todos perdieron las cosechas ese año y seguramente las perderían el año que viene, el gobierno decidió empezar a construir una presa de esas hidrostáticas; además, nos dieron unas despensas y nos dieron aparte un vale de quinientos pesos para reconstruir los jacales; nos prometieron que nos iban a poner una maquila de pantalones para que el pueblo se modernizara y hubiera empleos que no fueran en la labor; estaban empezando a pavimentar las calles, hasta pusieron un tráiler que iba a ser nuestra nueva escuela. Solo nos decían que a cambio, teníamos que tachar en las siguientes votaciones al partido de los colores de la bandera. A mí se me hizo justo, yo siempre tachaba a ese partido porque me caía mal.

El papá, la mamá y el hermano de Tacha estaban recontentos, y Tacha se alegró un poquito porque sabía que ya no iba a tener que ser piruja, y pues yo, tuve que hacer de tripas corazón; iba a tener que juntar dinero para parecerle guapo a los papás de Tacha y que me quisieran como yerno, así que decidí guardar mi vale de quinientos pesos  cuando nos lo dieran para tener el dinero guardado para la boda con la ex dueña de Serpentina, al cabo iba a conseguir un trabajo en la maquila, segurito de gerente, porque sé medio leer y medio escribir, y con ese dinerito que iba a ganar, ya la iba a poder hacer buena. Mientras, me quedaré en la casa de mi tía Catita, lo único malo es que todos los días me va a hacer rezar un rosario para agradecerle a San Jorge que no nos morimos en el aguacero.

Al día siguiente que nos entregaron los vales, mis futuros suegros hicieron una pachanga en el pueblo, compraron un marrano viejo y lo hicieron carnitas y consiguieron de no sé dónde, dos barriles de mezcal. La gente comenzó a gastar sus vales por andar en la verbena improvisada, pero todos estaban contentisísimos. Mi próximo suegro dijo que con el resto del vale, iba a pedir crédito para comprar un tractor y para comprar una de esas máquinas lavavajillas, que tanto le hacía falta a mi próxima suegra. Y así, todos los que estaban celebrando, iban contando sus planes.

Al final de la verbena que duró casi tres días, todos habían gastado sus vales, el único ganón fue don José, que era el dueño de la tienda y de la cantina, y que por cierto, era también el que iba a ser candidato para presidente del municipio por parte del partido de los tres colores; ahí con don José, pararon casi todos los vales. Pero la gente seguía feliz, pues el pueblo, ya pronto iba a ser una ciudad.  
  
Los papás de Tacha fueron de los primeros que se quedaron sin dinero, lo cual puso triste a Tacha, pues casi adivinaba su futuro. ¡Fue ahí cuando vide mi gran oportunidad!, yo todavía tengo guardado mi valecito, voy a comprar un borrego y lo voy a cambiar por Tacha. El borrego se va a llamar Confeti, como si fuera primo hermano de Serpentina; me voy a llevar a Tacha lejos del pueblo, a otro pueblo, porque cuando este pueblo se convierta en ciudad, de seguro que va a haber mucho smog, y eso le va a hacer daño a Tacha, porque el smog es malo para las embarazadas, porque recién la cambie por Confeti, la voy a embarazar para amarrarla y que ningún aguacero sea capaz de separarnos. 

9 comentarios:

Pherro dijo...

Bastante cómico tu relato, pero a la vez dando cabida a una realidad que se vive en algunos territorios del país y las viejas costumbres de los políticos para "resolver" los problemas de la gente.

la MaLquEridA dijo...

¿No será Noé el que juntó dos animales en el Arca?

Jeje divertido tu relato Maldito.


Saludines.

RoS dijo...

Ay, lo disfruté un montón. Qué buen... tengo duda, pero a la vez lo siento cuento.
Me gustó tu forma de narrarlo, te entregaste al personaje, siento muy bien delineado todo.

Anónimo dijo...

Este cuento es muy bueno, me puse a leer otra vez ese cuento del Gran Rulfo y si concuerda mucho con el de él "es que somos muy pobres".
Felicidades por el blog.

Dr. Gonzo dijo...

Divertido en el todo de la historia, cuento típico del pueblo llevado más allá. Se queda para lo anecdótico, faltaron más giros para hacerlo sobresaliente.

SIRACUSA dijo...

Solo puedo decir que me gustó mucho, los nombres, las costumbres, en fin, el colorido folklor que puede haber en cada una de las ciudades.

Pinchesendic dijo...

La verdad, estuvo muy divertido el relato y me mantuvo entretenido todo el tiempo, felicidades.

Fhercho dijo...

muy bueno y colorido, me agradó en todo, convertir "mi pueblo" en "mi ciudad".

Capitan TINTASANGRE dijo...

un cuento muy divertido.

costumbrista, critico y muy folclorico.

eso de cambiar a la hija por una vaca parece exagerado pero aun es una practica comun en muchas partes.

gracias por esta semana