viernes, 18 de noviembre de 2011

Celos





Llevaba cinco noches sin dormir, por  más esfuerzos que hacia no lograba que de mi pluma emanará alguna historia impactante para mi columna en el periódico.
Eran las diez de la noche, del día anterior a la entrega del trabajo; la desesperación anidaba en mi cabeza, haciéndome imposible pensar en algo para escribir. Venció el cansancio y terminé dormida sobre el escritorio. Desperté gracias a que mis vecinos pusieron a un volumen muy alto, un tango titulado “celos”, interpretado por Enrique Chia.
Recordaba vagamente haberlo escuchado antes, sin embargo me era imposible hacer memoria.
Empecé a escribir sin darme cuenta, ni noción de lo que estaba haciendo; cuando terminé, no reconocía lo escrito en esa hoja de papel húmeda, al parecer por las lagrimas que derramé.
Las siguientes líneas son las contenidas en aquel escrito:
Durante cuatro años, estuve internada en una clínica de recuperación personal.
Salí del encierro, en octubre de 1999; mi familia esperaba con cierta avidez mi salida de la clínica, siempre quedó perplejo el por qué de mí ausencia. Mi madre me abrazó, como solo ella lo sabe hacer, ambas teníamos un inextricable temor; aunque el mío no se podía comparar al de ella. El encierro me provocó una gran inseguridad, estar libre no era tarea fácil después de vivir encerrada. El cielo teñido de rojo esa tarde se imponía ante mí, ¿hace cuantos años había dejado de ver un atardecer? ; no sabía si agradecer mi libertad, por  ver ese espectáculo del sol o solamente dejar que él jugará con mi aciago destino nuevamente.
Mí encierro en la clínica se debió a la muerte de mi esposo, nunca encontraron el cuerpo; suponemos que fue asesinado.
Miguel fue la causa de mis alegrías, apetitos e instintos que creí incapaz de experimentar alguna vez.
Cuando nos casamos, teníamos como escenario al sol ocultándose tras las montañas, fue el momento más feliz de mi vida.
Me compró una casa, en un edificio céntrico; tal y como yo la quería, lo hizo para que formáramos un hogar.
Antes de casarme trabajaba  como reportera   de la sección policíaca de un diario, me fascinaba mi trabajo, siempre me apasionó la muerte. Papá me contó una vez, que de niña, cuando jugaba con mis muñecas, les creaba toda una historia, sin embargo todas tenían un final trágico, siempre morían; las metía en su cajita fingiendo que eran sus ataúdes, las guardaba en algún lugar oscuro o las enterraba en el jardín ulterior de la casa. Después lloraba con estolidez por que estaban muertas; entonces iba a desenterrarlas, las sacaba todas sucias con manchas de salsa de tomate que les embarraba como si fuera sangre; mi mamá me observó jugando con mi muñeca “muerta” y me regañó diciéndome que la limpiara, por que así se veía muy fea, enojada le dije que a mí me gustaban más muertas que vivas y que hasta después de morir serian mías.
En un principio, mi matrimonio iba viento en popa; los dos pedimos vacaciones en nuestros trabajos, para decorar la casa y disfrutar de las primeras semanas de vida conyugal. Al termino de este periodo, una mañana que me disponía a ir al trabajo, Miguel me lo prohibió, discutimos bastante tiempo, exigió que mi deber era permanecer en la casa, cuidando nuestro hogar, exaltada respondí que si no trabajaba no me sentiría bien, sin embargo, por mas que trataba de argüir algo factible a mi favor, él respondía con una mejor excusa que terminó convenciéndome.
Propuso que podía trabajar en la casa escribiendo alguna columna que no fuera tan sádica y peligrosa como la que tenia; me conocía muy bien, tenia un cierto arbitrio sobre mí, tanto que llegó a convencerme que si trabajaba en esa sección era por mi gran temor de que me pasara algo, afirmó que nunca fui capaz de dejar de temerle a todo.
Tenía tanta razón, analicé minuciosamente lo que me dijo; era cierto, yo siempre le había temido a todo, tanto que yo no salía si no era acompañada.
Cumplió lo que propuso, me consiguió una nueva sección, ahora escribiría sobre “¿Cómo decorar su casa y otros secretos para el hogar?”. Admito que no me agradó en lo absoluto mi “nueva sección”; la publicaban semanalmente y Miguel no me permitía ir a entregarla, él lo hacia por mí.
Tal vez esta situación en un inicio no me disgustó, suponía que Miguel me lo pedía por mi propio bien. Pasé tres meses tranquila, la ansiedad aun no corroía mi paciencia.
De la única manera en la que veía al mundo exterior era por el balcón, la televisión o cuando a Miguel se le ocurría sacarme a pasear.
A veces me daban ganas de salir, me acercaba a la puerta, tomaba temblando la manija, sudaba frió mientras oía el sonido de los engranes de la puerta al abrirse y apenas me asomaba un poco; como cuando abría la puerta para recibir alguna visita, la cerraba ofuscadamente y corría hacia algún rincón a esconderme.
El miedo era incierto, confuso, una sensación que nunca había experimentado.
Observaba por el balcón que el sol se estaba metiendo, mientras le hablaba por teléfono a su trabajo; ansiaba oír su voz, pero no contestó él, si no una mujer, preguntó quien hablaba, le respondí que Malena, oí por el auricular que le dijo “es para ti, mi amor”, después colgó.
Fue tal el odio que sentí por él que bebí hasta perder la razón, sin embargo cerramos el caso como si nada hubiera pasado.
Al día siguiente de lo ocurrido, mi vecina tocó la puerta, la abrí con mi miedo característico.
- ¿Cómo esta señora Malena? Vengo a molestarla creo que debe saber algo.
Le contesté que no estaba de humor; antes de cerrarle la puerta vislumbré en su cuello una bolsita de albahaca; mi abuela me dijo que todas las “brujitas” como las llamaba se colocaban una en el cuello, abrí nuevamente la puerta y la invité a pasar:
-  No me diga nada, mejor escúcheme y hágame un favor. Mi marido me engaña y necesito algo para detenerlo.
Le entregué un sobre con dinero y salió obcecada, sin mirar atrás.
No pasaron mas de veinte minutos cuando volvió a tocar a mi puerta, me entregó una hoja con lo que debía hacer y se retiró sin decir nada.
Leí la hoja rápidamente y lleve a cabo el arduo trabajo. Mi trato hacia Miguel cambió rotundamente, ya no le hablaba y lo evadía a cada instante.
Tal y como  lo dijo la vecina, Miguel presento ciertos síntomas tales como mareos, nauseas, fiebre etc... pero después de eso todo iba a marchar bien, que ilusa fui, las cosas no resultaron como estaban planeadas.
Limpiaba debajo de la cama, cuando la escoba se atoro con un recipiente de vidrio, lo saqué, observé ofuscada  una muñeca de trapo que se encontraba adentro del recipiente con alcohol y diversas hierbas, se encontraba perfectamente sellado al igual que la casa donde yo estaba.
No tuve que escudriñar mucho, todo estaba ya demasiado claro.
Llegó justo cuando el sol estaba apunto de esconderse, el estereo tocaba un tango, no recuerdo bien el nombre creo que era “celos”, estaba en la cocina, picaba unos tomates para la cena, oí como abrían la puerta, Miguel acababa de llegar se dirigió hacia mí, sentía su presencia y dos pasos antes de que nuestros cuerpos se juntaran, lo acuchillé.
Miguel todavía vive conmigo, lo guardé en una cajita, y de vez en cuando lo saco para que hagamos el amor.
Ahora que salí del encierro, volví a trabajar, esta vez en una sección literaria y en ocasiones como hoy no se me ocurre ninguna historia que contar.


9 comentarios:

Augustine X dijo...

Hola chicos(as): Siento no haber podido postear la semana anterior, la "jefa" ya estaba enterada pero quería disculparme con ustedes. Un saludo a todos.

LUIS TORRES dijo...

Hola, esta es la segunda vez que te leo, la primera lectura tuya me gusto mucho, pero este segundo relato como que le falta pulir, se adivina el final, a pesar de que tenia alguna esperanza de un final inesperado, pero nada. Me parece un relato ingenuo, al personaje de la mujer clautrofobica pudiste darles mas personalidad.

Saludos..

Pherro dijo...

Aunque el personaje va narrando su historia, me pareció un poco revuelto el asunto, a la vez disperso.
Tiene partes muy buenas esta idea macabra.
Lo de la sumisión de ella y la posterior venganza al saberse engañada, mezclando el aspecto de su miedo con lo que a mi me pareció una doble personalidad; además el tema de la brujería... quizás te faltó entreverarlo de mejor manera, para que no se lea tan revuelto.

RoS dijo...

De entrada me ha gustado la idea de incluir una historia dentro del relato.
Como dice Luis, a un personaje así pudiste sacarle más jugo.
Y según yo, se lee forzado lo de la brujería, o no sé, algo no terminó de cuajarme.
Me quedé con ese sentimiento de que faltaba más.
Saludos.

Augustine X dijo...

Gracias chicos por los comentarios, sé que no es coloquial que comente a mitad de que la gente opine, pero bueno el cuento tiene truco. El gran truco es que lo escribí hace 11 años, no quería volver a fallar en postear y como, aunque no estan ustedes para saberlo, tengo una contractura en la espalda que me ha inmovilizado desde el miércoles hasta el día de hoy más o menos, así que pensé que no estaría mal un tallereo de este texto que quedó en el baúl de los recuerdos. De entrada soy la primera en ser severa con este texto, prometo que la siguiente semana postearé algo no tan embarazoso como esto. Un saludo a todos y gracias por la comprensión que espero me brinden.

la MaLquEridA dijo...

Poco confuso en la primera parte y el final precipitado.

Si fue escrito hace once años se entiende porque no es tu forma habitual de escribir.

Cuídate.

Pinchesendic dijo...

La historia está muy buena, sólo dentro de la pulidita de la historia primero hablas de ella como una reportera policiaca, pero despúes dices que escribe columnas, las reporteras hacen notas, así que debe ser columnista policiaca.
A mí el único problema de la historia es que no sé donde termina el escrito de la carta. Talvez con cursivas se pueda saber donde concluye.
Que te mejores de la columna, Mira ... como la columnista de tu historia..

Dr. Gonzo dijo...

No es a lo que nos tienes acostumbrados y aparte de todas las cuestiones de formato, la historia nomás no me llegó y se me hizo algo tediosa la actitud de Malena. Nomás esta vez nop.

Fantasía psiquiátrica dijo...

La primera parte fue una despersonalización bien lograda, después te lleva a este mundo por evitación. El principio de muerte de esa niña era de locura eh, qué chica, una personalidad bien definida, tan atípica pero a la vez tan familiar, no te deja escapar; como ella que está más que atrapada. Los miedos irregulares pero escalofriantes para esta periodista son el hilo de tu historia; ésta sí se tomo muy en serio que las notas rojas son nuestros deseos reprimidos. Al final narras muy bien esa trastornada libertad.
Quizá apoyado en algo ya contado, pero particularmente celebro la forma de contarlo.

Chido, me gusta lo que escribes Augustine X.