martes, 15 de noviembre de 2011

LOBREGUECES QUE VENDA








PERSONAJES
El ropavejero, 29 años
Facundo, 24 años
La sombra


Acto 1
En una calle cualquiera de la ciudad de México. Es media noche y un hombre vaga buscando entre los botes de basura. Una carretilla lo ayuda con su pesada carga, botes de refresco, y ropa vieja es su mayor botín. Su cuerpo está cubierto con mucha ropa, sus zapatos no tienen cordeles, su cabello es largo asoma canas prematuras. Aparece solo monologando mientras revuelve los botes de basura y le da la espalda a su sombra que indiferente y resignada espera bajo la luz de la lámpara.

LA SOMBRA.-Siempre siguiendo. Cruel destino. ¿Cuándo podré tener una vida?, quiero correr, volar, elevarme y sin embargo no puedo. Atado. Encadenado como genio a la lámpara, sin deseos ni anhelos que le importen a alguien. Me pisan, me escupen. Me transformo según el sol, a veces aparezco, a veces muero. (Observa alrededor poniéndose la mano en la barbilla)

ROPAVEJERO.- Otra noche. Otro sol que se oculta en mi vida. Vagando en busca de nada, siempre perdido del mundo. (Se mueve de un bote a otro) Tan solo si hubieras llegado, si no te hubieras llevado mi dignidad, ahora la busco y solo encuentro a mí sombra. Fiel, callada. Pellejos es lo que encuentro, pieles rasgadas que me sirven para representar un papel que no me corresponde. Papeles que ejecuto con amargura, pero no puedo negar mi destino, soy lo que soy y no te gustó. En realidad a nadie le gustó, mi compañía fue negada, era más fácil. Si pudiera, yo también la negaría.

LA SOMBRA.- ¿Si le hablara me escucharía? ¿Comprendería que su existencia no es tan inmunda como la mía? ¿Qué su papel no es sórdido ni mórbido? Estúpido, se siente sombra sin adivinar lo que es serlo.

ROPAVEJERO.- Te amé. (Encuentra un zapato de mujer, lo toca, con devoción y ternura, se sienta en cuclillas y le susurra) ¿Quién fue tu dueña? ¿Habrá tenido los ojos de mar como la mía?, ¿Un alma suave y sencilla como para haberte escogido entre miles de pares?, tu sonido la debieron anunciar, todos se volteaban a verla, su cabello suelto volaba al compás de su contoneo. Parece que lo veo, Ah está ahí (se levanta y señala al horizonte), ahí viene, (se hace a un lado para dejarla pasar) ¡abran paso, plebeyos! (se aleja con su carretilla).

 
Acto 2
Los rayos del sol comienzan a iluminar el rostro del ropavejero que esta acostado en una esquina de cualquier calle. Un golpe lo despierta de forma abrupta, sobresaltado saca un palo para defenderse.

ROPAVEJERO.- ¡Ni te atrevas a robarme porque te rompo el hocico, cabrón! Búscate un basurero y deja de molestarme, ¡pinche pendejo!, ahora hasta la basura hay que defender, ¡pinche mundo de mierda! (golpea en la cabeza al hombre que estaba dándole la espalda y obviamente aturdido) ya suficiente tengo con haber perdido todo… (Se encoleriza más, golpea una y otra vez al tipo que queda inconsciente) ¡Puta gente, puta vida!, ¡si claro!, primero muy lamehuevos y después te sacan hasta las entrañas. (Se sienta agotado junto al hombre, lo mira, ve sus zapatos recién boleados, lo fino de su traje, la corbata, se suelta a reír de forma histérica)

Acto 3
El hombre golpeado empieza a moverse lentamente, la sangre le escurre por la sien. Busca su cartera y se da cuenta que eso y todas sus pertenencias siguen en su lugar. La tarde comienza a caer. Se siente tan mareado que al intentar incorporarse se desvanece nuevamente.

SOMBRA.- Que cansado me siento. Por el medio día mi presencia empieza a ser evidente, pero tengo que moverme rápido entre las demás para no confundirme e irme con el equivocado. Aunque a veces, sería lo mejor (patea una piedra inútilmente) ¡ver tu miseria todos los días!, sin hacer nada más que rodar por las calles, entre la porquería, si supieras que me da asco retorcerme entre la mierda y que las ratas me mordisqueen  (lo mira con desprecio y asco).

ROPAVEJERO.- Beatriz, mi querida Beatriz, ¿dónde estás? Hace tanto tiempo que te fuiste, que te llevaste mi dinero, mis carros, el reloj que me dio mi padrino de cumpleaños, pero eso no es lo que me duele. (Saca el zapato de mujer y lo acaricia) Nunca me di cuenta, lo único que te importaba era tener, tener todo. (Avienta el zapato) Eras una mujer tan segura de ti, me asombraba tu carácter invulnerable, tu pose de perfección. (Se agacha y solloza) Con eso me sedujiste.

FACUNDO.- ¡Ayúdeme por favor! ¿Dónde estoy? (tocándose la cabeza y viendo el hilillo de sangre que se formó en su mano) Si me ayuda a salir le daré dinero. (Hace una señal de sacar la cartera)

ROPAVEJERO.- (Riéndose) ¿Aún crees que el dinero te sacará de todos los problemas? Pobre iluso. ¿Crees que por qué me ves así, necesito limosna? (Saca un envoltorio con dinero) ¡Mira! Esto y más tengo. Si ando aquí es porque toda la basura del mundo sobre la que se basan me asqueó, no encontré lo que buscaba. Ha sido solo y sin nadie, más que con mi sombra, que he sobrevivido a esto. No te esfuerces, la salida está ahí, delante de ti.

FACUNDO.- ¿Dónde, no la veo? (mirando hacia todos lados) No juegue conmigo. Si dice que no quiere dinero, entonces ¿Qué busca? (Se recarga en el poste de luz y trata de caminar, la calle está vacía)

SOMBRA.- Le preguntas al ser más cobarde del mundo, que no ha tenido el valor para enfrentarse a la vida como es, que prefirió huir y dejar atrás todo aquello que lo ataba a un mundo ordenado, que prefiere buscar en los botes un poco de su orgullo destruido y que él mismo arrojó dentro. ¡Huye! ¡Vete! No sigas más aquí, porque la mugre del alma se pega más rápido que una pulga de rata. (Se rasca y se pone en medio de la calle, su postura a esa hora, debía mudar)

ROPAVEJERO.- Mira, para allá esta la salida (apunta con el índice hacia la derecha y va sacando de su bolsa un cuchillo) De verdad, créeme lo que te digo, solo quiero ayudarte. ¿En serio te quieres ir? (lo abraza, Facundo trata de retirarse, pero en ese momento el ropavejero le clava el cuchillo en la garganta) Ya te ayudé, ahora solo es cosa de un momento.

SOMBRA.- (Abriendo los brazos en señal de sorpresa) ¡Vaya, lo que me faltaba! Ahora seré la sombra de un asesino. Me convertiré en su conciencia. Lo atormentaré en las noches y los días para que no olvide. (Se mezcla con la noche)

FACUNDO.- Yo…yo solo quería… (Cae muerto)

ROPAVEJERO.- Yo…yo solo quería… (Imitando la voz de Facundo) ¡Tú no querías nada! eres como todos, unos puercos en un chiquero, donde el que traga primero es mejor. (Recogiendo todo en su carretilla y con rostro de satisfacción) No me dejaste contestar tu pregunta. Yo, solo quiero deshacerme de la basura como tú y creo que hoy he descubierto que hay algo mejor que arrojar fuera de este mundo, así que te lo agradezco. (Se aleja lentamente diciendo su pregón) ¡Almas viejas o conciencias en desuso que venda!

SOMBRA- Y aquí vamos de nuevo. ¿Ser conciencia o sombra? No estoy seguro. (Repite mientras camina detrás del ropavejero, deteniéndose de vez en cuando). Si fuera conciencia estaría dentro de él, oliendo sus podredumbres. Como sombra, de pronto puedo oler el aire fresco y soñar, con que algún día… algún día me transformaré en la sombra de un árbol o una palmera que se mece suave con el viento, esperando el paso de alguna pareja o en el peor de los casos, la meada de un perro, solo de eso puedo estar seguro.

FIN DE LA OBRA

6 comentarios:

RoS dijo...

Amé el acto 1.
Me encantó leer en tu texto palabras como pellejos, hocico o chiquero.

Dr. Gonzo dijo...

Me pareció efectivo y apegado al tema, ahora lo que me queda entender es la parte de que sea una obra de teatro, porque pienso que como relato te habría salido más natural, porque aquí hay cosas que no capté como lo de patear una piedra inútilmente o el esquema dramático del moribundo final. Claro, si nos apegamos a la estructura teatral, creo que eso tiene peso, por a veces prefiero tus palabras.

pinchesendic dijo...

estuvo bastante digerible, creí por un momento que se haría una lectura pesada, pero se va como agua de coco. La segunda intervención de la sombra en el acto 3 es magistral. Me encantó como define a su poseedor y la analogía de las pulgas.
Felicidades.

tallereando sólo algunas tildes se te fueon y pienso que también uno que otro signo de admiración.

Pherro dijo...

Me gustó, porque me gustan las historias de vagabundos, de perdedores perdidos en su particular caos mental.
Pero además al imaginarlo representado, tiene mucha fuerza, muy dramático. De por sí es intensa la historia y por si eso fuera poco, el final es contundente, un giro enérgico, el asunto del asesinato.
¡¡Muy bueno Sira!!

Augustine X dijo...

Bueno, como ya sabes yo siempre metiendo la discordia, por desgracia, no coincido con los demás. A mi el texto esta vez no me ha gustado, no sé si era por el formato de guión o porque sencillamente no me atrapó, ni siquiera el navajazo me pareció sorpresivo, es decir, era un nuevo elemento pero nada más. Aún así es rico ver como intentas buscar en más formatos de escritura nuevas historias y estilos de narración. Saludos

la MaLquEridA dijo...

Me parece un poco confuso al principio, el final fue más claro, eso de ser sombra o consciencia me dejó reflexionando.


Gracias Siracusa.


Un abrazo.