jueves, 15 de diciembre de 2011

NOWHERE MAN




La carretera se nos presenta como una posibilidad de renuncia a los lugares comunes, búsqueda constante de la otredad o fuente de exploración connatural en el ser humano. Ni de aquí ni de allá, los desplazamientos geográficos nos conducen a una extensión más de nuestros sentidos, cúmulo de secretos y posibles aperturas. Inquebrantables al paso de las estaciones las rutas de asfalto –algunas- se mantienen estoicas al calor del mediodía y solitarias por las noches; basta poner atención en las piedras y pastizales a sus orillas, cómplices del tiempo que nos arroja una hermandad profunda lejos del desfile de jaulas que es el tránsito vehicular.  El automovilista va y viene dejando atrás ya el silencio que en lontananza permanecía inerte en los espacios blancos de la vida, somos una errata en cada trecho recorrido, anotaba en mi libretilla de apuntes.

Poco a poco los respaldos iniciaron su metamorfosis en forma de pasajeros mientras observaba el mar a través de la ventana al termino de la jornada (odiaría si esta vista algún día amputara mis adentros, pensaba). Avanzaron unos cuantos por el pasillo ignorando el asiento vacío a mi derecha -mejor, prefiero viajar solo y a mis anchas-. Entre el bostezo, el oleaje y la distracción, una bolsa se colocó a mi costado mientras una señorita tomaba lugar como compañera de viaje. Esbozó un ¡hola! al que respondí de igual forma. Proseguí con la vista allá donde el golpeteo de las olas contra las rocas enmarca otra dimensión de las cosas, menudas interpretaciones podemos encontrar a cada instante. Existen ciertos detalles en los caminos inexplorados que  nos hacen el día cuando menos lo esperamos.

Llovía. El autobús proseguía su marcha, la vista marina quedó atrás acercando señalizaciones y automóviles. ¿Qué escuchas? preguntó mi mancuerna; no tuve más remedio que decir Travis pues estaba sonando. Ese grupo toca lindo, así es, le dije. La miré por un instante, la noté atractiva. No soy muy bueno para eso de los encuentros noveleros en los que se conoce una pareja por casualidad dando inicio a una historia mielera y mamadas estilo “before sunrise”, para eso, basta con vivir la vida, sentir los puñetazos que la cabrona te propina en los cojones de vez en cuando y te dejan babeando en cualquier esquina, así que continué en mi burbuja dejando a Morfeo hacer de las suyas. A la mitad del camino me despertaron los topes-vibradores de la caseta de cobro, entre lo adormilado y el rubber soul sentí entumecido el brazo; cuál fue mi sorpresa al ver que mi partner de ruta iba plácidamente dormida recargada sobre mi hombro. Los nervios hicieron acto de presencia, pero soy sincero, no llegaron a tal grado que deseara mover aquel bultito que se encontraba quién sabe dónde – Baby you can drive my car and maybe I’ll love you-. La observé de reojo,  múltiples imágenes asaltaron mi mente, sólo diré que en verdad me gustó aquel rostro y el olor riquísimo que emanaba.

Me hice a la tarea de disfrutar ese calorcito ajeno acompañado de la música  y el panorama– I’m looking through you and you’re nowhere, qué bien se sentía caray-. La proximidad sin intimidad es el más infame de los infiernos, nos deja viendo por la ventana de una cena a la cual no estamos invitados. ¿De dónde vienes y hacia dónde vas? Dedos acusadores señalando en diversas direcciones acotando que la carretera también es eso: misterio,  peligro, silencio y memoria pues lo constatan aquel par de cruces incrustadas en aquella curva ciega a lo lejos. Ni de aquí ni de allá, ambivalencia del recorrido. No sé en qué momento de mis aparentes elucubraciones Morfeo asestó un derechazo por segunda ocasión enviándome de nueva cuenta a la lona. Un enfrenón despabiló mi sueño, la guapetonaolorbonitonarizrespingada ya no estaba. La carretera había pasado a mejor vida, la lluvia continuaba, el cuarteto tocaba el abbey road y mi suéter regocijaba en su aroma.


5 comentarios:

RoS dijo...

Ay, me gusta.
Genial el retrato de este recorrido, tienes frases muy buenas que le dan fuerza al texto.
El cierre me parece perfecto.
No quitaría o pondría nada.
Saludos.

Augustine X dijo...

Maestro!!! y no suelo elogiar a mucha gente, pero me encanta como escribes. Tienes frases que me tocan, a veces de putazo y otras como caricias. Por ejemplo (y es que se merece citarte9: "somos una errata en cada trecho recorrido", bien por guardarla en esa libreta de apuntes. Lo de la proximidad sin intimidad, puff en fin esto es para mí un texto con sentido, esto debe hacerse en la escritura tocar y usted lo logra. Gracias por dar estos matices al blog. Felicidades y en hora buena por ese pedazo de texto.

Gerardo Huerta Jaime dijo...

Aprovechar los trechos, sorprendiéndonos de nuestras propias reacciones ante una oportunidad inesperada, a pesar de que, al final, seguiremos siendo la misma persona, pero con un nuevo recuerdo, placentero e inolvidable.

Definitivamente cada párrafo es en si una anécdota, una buena historia construida con interesantes detalles.
Muy gratificante poder leer algo como esto, que en lo particular me trae buenos recuerdos de una etapa en que tuve la necesidad de hacer constantes viajes en autobús.
¡Aplausos Señor!

Dr. Gonzo dijo...

Está bien interesante la forma en que construyes la historia porque es mitad reflexiones, mitad el hecho carretero. Me puede gustar mucho cómo los hilas y los haces congruentes, aunque en lo personal me quedaba con ganas de más en la historia carretera. Pero eso fue una expectativa que me puse yo.

Fantasía psiquiátrica dijo...

Viene como un soundtrack de la vida, en idealización y en sintonía del cuarteto. Tus relatos regularmente llevan un buen ritmo, y éste no es la excepción, engranan las intenciones y ahora, las carreteras. Me sigue remitiendo por instantes a Cortázar, sobre todo en la descripción en movimiento.
Saludos rey.