martes, 31 de mayo de 2011

El tipo.


Hola, ¿oye estás esperando a alguien? te vi aquí desde hace rato y me dio esa impresión.
Sí, estoy esperando a mi novio.
Uy parece que ya se tardó. 
Jeje, si ya se tardó un poco, pero siempre hace eso.
¿Entonces porqué sigues llegando temprano?
Creo que es la costumbre.
Aah, no es tan sano acostumbrarse a las cosas... ¿y cómo te llamas?, oye, mejor te propongo un trato ¿va?
¿Y de qué se trata? 
Bien, tengo que hacer unas cosas, creo que tardaré un poco, pero si las termino y no ha llegado tu novio, me dices como te llamas... y te acompaño. Y me das un beso.
La verdad no entiendo, no sé porqué debería de hacerlo.
Y porqué no habrías de hacerlo... a menos que me quieras dar el beso ahora mismo, no entiendo. Sé que no nos conocemos, pero tengo interés en conocerte. Me dan ganas de hablarte al oído, de abrazarte con tus brazos al frente y apretarte suavemente mientras percibo el olor de tu pelo, decirte que te quiero, decirte que soy una persona en la que puedes confiar, que por nada en el mundo me atrevería a lastimarte de ninguna forma. Digamos que es cuestión de estética: no puedo dañar a algo tan hermoso como tú.

La mujer se tocó la nuca y después pasó su mano por la sien derecha mientras agarraba su pelo y agachaba la cabeza, pensaba en la propuesta de ese tipo, se imaginaba como sería estar con un sujeto al que recién conocía, ¿cómo confiar en alguien que, de repente llega y te aborda?, decirle tu nombre, estrechar su mano, darle un beso...

Está bien, pero solo platicaremos. 
Con eso me basta. Quizá algún día, en caso de que nos llevemos bien, podrás conocer el motivo por el que me animé a hablarte y pretender un beso tuyo. 

Él se alejó con una sonrisa un tanto maliciosa prometiendo volver lo antes posible, ella solo le dedicó una sonrisa sin malicia. Mientras se iba y ya no podía volver más la cabeza para seguir viéndola, pensó en si ella estaría ahí cuando el volviera. 

Hizo todo lo que tenía pendiente y regresó. Cuando la buscó, ella ya no estaba ahí. En su lugar había quedado un papel, ella lo había sostenido en su mano cuando hablaba con él, no sabía porque lo había dejado en ese lugar, seguramente no le servía para nada y no se molestó en tirarlo en algún bote de basura. Él lo tomó sin saber porqué y se dio cuenta que al reverso estaba estampado un beso con labial rojo y unas palabras a un lado: Lo siento, tardaste un poco y mi novio llegó, pero aquí está tu beso.


Ecos Azulez






Desde que ella entró al lugar, él empezó a observarla. Lo miro con desdén y se dedicó a estar sentada casi toda la noche. Pidió un tequila y lo bebió de un sorbo. De vez en cuando alguno se acercaba para invitarla a bailar pero los fulminaba con la mirada, así que pronto desistieron.

Estaba sentada junto a la barra. Giró hacia la entrada y una mujer de cabello largo de color rojo encendido le sonrió, devolvió el gesto torciendo ligeramente los labios. Esta mujer, además del rojo abundante de su cabello, era sumamente blanca, los ojos estaban delineados de negro y sus labios tono sangre resaltaban su belleza. Lo que le sorprendió, fue el profundo beso que le dio al barman sin mancharle el rostro con lápiz labial, cuando ella ensuciaba el suéter o la blusa con sus colores discretos que casi no duraban.

El ambiente estaba sumergido en un océano de humo de cigarro, el cabello y toda la ropa en general iban registrando esos aromas sumados con el de la cerveza añejada en la alfombra, más el del fastidioso desodorante de baño.  Las personas entraban y salían sin ningún problema, parecían carentes de estructura ósea pues el espacio era infinitamente reducido. Esa noche era algo especial porque había un tributo a una banda de rock muy famosa. 

El Observador no había perdido detalle de la escena, adivinó el contorno de sus formas bajo el grueso abrigo negro que la cubría del frio en un lugar donde todos sudaban, sus botas negras le gustaron por ser discretas y femeninas, el cabello flotaba despeinado sin obedecer la ley de gravedad. La Vigilante pasó deteniéndose frente a él por un momento mientras los borrachos le cedían el paso hacia su lugar. Sus ojos negros se clavaron en el Observador, su boca le dibujo una mueca que él adivino como amabilidad.

La banda empezó a tocar y todos alucinaban en medio del ruido. Pidió un tequila, se recargo aburrida sobre la barra, alguien se acercó y la tomó por la cintura deslizando su mano hacia abajo, ella se sobresaltó arrojándole la bebida en la cara. Esto convino al Vigilante, pues esta mujer aparentemente imperturbable se colocó junto a su mesa.

La gente se puso de pie y empezaron a bailar en medio de contorsiones extrañas. El Vigilante se acercó un poco más para aspirar el dulce aroma de su cuerpo, sintió de pronto un ligero cosquilleo bajo su pantalón. Ella comenzó a respirar agitadamente sin saber por qué. La música extasiaba a todos sumergiéndolos en un ambiente de sensualidad. El tequila empezaba hacer efecto. El grupo inició con los acordes de un blues melancólico y romántico. La Vigilante se movía como guiada por la armónica. Se quitó el abrigo y su blusa transparente se pegaba a su cuerpo como una segunda piel. Dejó la bebida en la mesa y se soltó el cabello. Encontraba en esa melodía un secreto.

El Observador se paró detrás y la atrajo. No puso resistencia, se inclinó hacia adelante pegando su cuerpo hacia aquel hombre que la retenía. Jugaba con su cabello y movía los hombros acercándose lentamente. Él le ofreció su boca, ella acomodó su rostro, pero al final, desistió. Sonrió maliciosamente porque vio en aquel rostro las ganas de probar su saliva viciada de humo y alcohol. 

El riff de la guitarra guiaba su cadera. Se pegó a él sintiendo su miembro rígido. Unas manos fuertes recorrieron su espalda subiendo hasta el cuello aprisionando su cabello, los dedos se enredaron y nuevamente la quiso besar, pero ahora, él tenía el control. La puso de espaldas besando su nuca. Colocó sus manos junto con las de ella reconociendo la suavidad oculta bajo la falda negra. Susurros, ecos que no se percibían por el ruido de la música y la gente cantando. Al liberarse, ella lo aprisionó a la pared, contuvo la respiración, un giro inesperado separó de nuevo aquellos rostros ansiosos. El Observador miraba extasiado el movimiento de aquella cadera. La Vigilante cerraba los ojos y su movimiento estaba inspirado en una imagen de amazona cabalgando sobre él. 

Estaban en una esquina que no le interesaba a nadie. No podía más, la sostuvo en la pared mientras ella enredaba sus piernas a la cintura de aquel hombre que la embriagaba con su aroma a tabaco y vodka, -quiero hacerte el amor-  le susurró al oído mientras le hacía a un lado las bragas. -¿Aquí y ahora?- frase inconclusa que se ahogó en su garganta al sentir como el firme miembro se abría paso entre su cálida piel rosa. Ella bailaba con su miembro dentro, enterrando las uñas en aquella espalda ancha y fuerte, sus cuerpos encajaban y el ritmo de la música los guiaba, eran una misma forma. Manos que la sostenían de las nalgas, mientras su rostro se hundía entre los senos suaves y firmes cubiertos por una delicada tela negra. Con su boca deslizó una de las copas del sostén, mordió suavemente el pezón y sintió estremecerse aquel cuerpo que lo tenía enganchado de la cintura. La Vigilante le tomo del rostro, con su nariz le recorrió la mejilla, los labios que se abrían ansiosos por probarla. Lo miro largo, profundo, su cadera giraba lento, suave, sensual como la voz del cantante, todos coreaban, ella gemía. Lo tomó del cabello y mordió su barbilla, sintiendo en su interior la dureza y fuerza de quien está a punto de culminar… recargada en la pared sintió languidecer su cuerpo, un escalofrío la recorrió desde la punta de los pies a la cabeza, una pequeña convulsión la obligo a arquear la espalda y que la embestida fuera más profunda, el Vigilante tampoco se contuvo, apretó su cuerpo contra el de ella, hundió nuevamente el rostro y respiró profundamente.

Con todo cuidado la deslizo entre sus brazos, le beso la frente y la Vigilante le sonrió mostrando su rostro perlado en sudor mientras acomodaba su falda. Una sonrisa.
 -Es hora de irnos, pero ¿Deseas tomar algo más?
-No, vamos a casa. Dijo la Vigilante.

Salieron y caminaron por la calle oscura, abrazados y en silencio, dirigiendo sus pasos que resonaban a un tono de blues.

lunes, 30 de mayo de 2011

La atemporalidad de un beso


Para La Sra. Alicia.

Exterior de una escuela.

Un niño y una niña de aproximadamente 15 años de frente uno al otro.

Fade in, se establece y baja a fondo: "Dos niños" Café tacvba

Corte a .- Close up al rostro de la niña.

Era el momento. Lo sabía. Pensó que cuando llegara no iba a saber distinguirlo, pero era claro: era él y era el momento. El primer beso. Su corazón se aceleraba junto con su respiración. Sentía su mano acariciándole la mejilla, veía sus ojos color miel, y al bajar un poco la vista veía su boca rosada. Se estaba acercando tanto que percibía su aliento rozándole los labios, olía a goma de mascar. Ella también se había comido uno con sabor a fresa, por si las dudas. La besó, sintió sus labios suaves, delgados, delicados y el escalofrío que recorría todo su cuerpo, las famosas mariposas en el estómago y pensó que no cabía en ella. Se perdió en el beso, no pensó en nada mas.

Fade out.

Corte a: imágenes cortas y continuas. Sonido ambiental de cada imagen.

El primer beso. La secundaria. El mundo en guerra. Menarca. Presidentes corruptos. Crisis económica. Elegir una carrera. Huelga en la universidad. Televisión basura. Buscar un trabajo. Elecciones presidenciales. Desempleo. Violencia. Calentamiento global. Narcotráfico. Torres gemelas. Juan Pablo II. Trabajo mal pagado. Obra pública. Tráfico. Sobrepoblación. Redes sociales. La mejor película de la historia. Jefe malhumorado. Matrimonio. Fiesta. Crédito hipotecario. Meses sin intereses. Sueldos mancomunados. Recorte de personal. Deudas. Nueva crisis económica. Guerra civil. Alza en impuestos. Alza en gasolina. Asesinan terrorista. Embarazo. Hijos. Escuelas. Revolución tecnológica. Reencuentros. Puto calor. Hijos casados. Nietos. Pensión. Afore. Enfermedades.

Corte a:

Exterior.

Fade in se establece y baja a fondo: "Dos niños" Café tacvba

Abrió los ojos, se separó un poco de él, las mariposas en el estómago seguían ahí, subió la mirada a sus ojos miel que ahora estaban enmarcados por arrugas. El apartó su mano de la mejilla de ella y la bajó hasta sus manos cubriéndole las dos, ya arrugadas, ya manchadas. Y su boca se volvió a abrir para decir: aún hueles a chicle de fresa.

Besos Muertos.



Llegaste un día en el que la lluvia caía refrescante. Llegaste mordiéndote las uñas, con una blusa holgada y un tatuaje en la espalda. Llegaste de donde nace el viento y la noche se alarga. Llegaste dándome un beso… haya donde no existe el infierno.
 

Llegaste, según yo, para quedarte.
 

Y hoy te has ido.
Dejándome solamente una frazada de algodón y un viejo estéreo. Dejándome los discos de acetato y aquellos cuadros sin marcos. Dejándome solo en la noche gritando tú nombre. Dejándome un corazón agujerado y un poco de pescado salado. Solo… dejándome.
 

Dejándome, según tú, para cuidarme.
 

Hoy mi mente reposa pesadamente en mis manos. La gente pasa, los conocidos se acercan, los familiares lloran, los perros ladran. Este cuarto está lleno de irrealidades, lleno de recuerdos viejos, de fotografías guardadas en un cajón. Cuadros que muestran un cristo crucificado, una foto de ambos y un bosque donde predomina un lago. Mis pensamientos se han bloqueado, mis pies se han detenido, mi corazón se ha partido.
 
Mi corazón se ha ido contigo.
Te lo has llevado allá donde estás tú, donde reposas en una caja fría. Allá donde el destino se ha vuelto insípido, donde los sueños muren, donde el cielo se ha perdido.
 
Y aquí estoy yo, viendo los aretes que dejaste en la repisa. Viendo la falda que dejaste en la cocina. Esperando levantarme de esta pesadilla. Esperando que cumplas tu promesa y tú vida camine junto a la mía.
 
Hoy te has ido. Y lo único que me queda es besar la frente tuya. Y recordar cuando llegaste, recordar cuando fuiste mía.
 

Esperando que la pesadilla termine y te levantes de esa caja fría.





Con ustedes Dark Angel,
Escribicionista.

domingo, 29 de mayo de 2011


No me arrepiento de haber escrito este adefesio:

CARTA A LOS EFESIOS

Yo, OJT, apóstol del Basurero Usurero por la voluntad de Tituwutti, escribo esta carta a quienes en la ciudad de Éfeso o en algún lugar del mundo creen en el arrepentimiento.

Ustedes efesios teniendo entre sus filas a tan insigne dignidad como Heráclito, aún creen en arrepentimientos. Tremendo adefesio un arrepentimiento. Ya lo dijo su filósofo efesio: “Es como si alguno, habiéndose metido en el fango, quisiera limpiarse con fango”; fangosa situación aquella ocasión, la que involucra arrepentirse.

La pregunta cae por su propio peso ¿Por qué es un adefesio, tremendo encima? Simplemente no me molestaré en responder, no tendría sentido, sería un despropósito. Ya lo intentó ese apóstol de los gentiles, San Pablo, y no lo logró. Sino de dónde sospechan que proviene el término adefesio, ad-efesio, a los efesios. Este escogido por Jesucristo escribió varias epístolas, entre ellas una dirigida a los de Éfeso, no con buenos resultados por lo visto. Aquí, hay dos posibilidades; o Pablo estaba hablando literalmente huevadas o simplemente a los efesios les entró por un oído y les salió por el orto, no el otro. Sea como fuere, no nos vamos a entender. ¿Para qué molestarse?

FRAY MATEO DE LA CRUZ


-"Para que malbaratar mis pecados, con arrepentimientos vanos" –pensaba en voz alta cuando entré al bar.
Lo miré en un oscuro cantil, una botella y un puro le hacían compañía. Era diferente a nosotros, limpio, culto, educado, era también el mayor, y no era raro que para la tripulación fuera como un verdadero padre.
Fray Mateo de la Cruz era su nombre, pero aquí lo llamábamos el Padre Ateo.
Llegó a Duarte, hará unos cuarenta años, casi recién salido del seminario, joven e idealista se embarcó para traer la palabra de Dios a los  indios.
Pero aquí descubrió que los indios, estaban más cerca de Dios que el Papa. Así que decepcionado, desgarró sus hábitos y arrepentido de engañar con su lengua, se convirtió en un hombre de mar.
-¿Puedo sentarme Padre? –le dije.
-Mi capitán,  por supuesto  –se levantó pesadamente mientras hacia una cortés caravana.
-¿Has escuchado de “La Dolorosa”?
-Sí capitán –dio un trago a su bebida–  es la casa de las arrepentidas, mujeres que tras años de dedicarse a la prostitución y  la vida licenciosa han hallado la paz de Dios y se retiran del mundo a una vida de oración. ¡Vaya  sitio! Putas convertidas en monjas, qué locura…
-Calla, Mateo, ¿qué acaso no eres tú un converso?  
-Es diferente, sólo me di cuenta que el Camino no era el que seguía, que el amor que pregonaba no era más que una oscura maquinación.  En cambio en este paraíso, Dios está más presente en esa roca que en todo San Pedro.
En estas islas conocí el amor y supe que era incompatible con mi Fe. Así que renuncié a ella, pero no a la mujer. Mi Amada Flor que fue asesinada por los  Marinos de su Majestad. Desde ese día ganó a este enemigo  que le ha robado cuanto ha podido.
En estas islas perdí el cielo, gané el infierno y lo conocí a usted, y no sé qué haya sido lo peor.
Pero…¿Por qué la pregunta Capitán?
-Escuchad bien Mateo: atacaremos la Dolorosa.
-Pero si sólo hay mujeres ahí.
-Y oro, mucho oro, que el Intendente de la isla ha ocultado para que nadie sospeche.
-Pero ¿y las “arrepentidas”?
-De esas te harás cargo tú Padre. 
-Yo no mato inocentes…
-¿No? ¿Y los niños del “Salado”?
-Eso fue piedad, ya habían muerto sus padres ¿quién se haría cargo de ellos?
-Pero no quiero que las mates. Sólo que las ayudes a “arrepentirse” de esas ideas y que vengan a alegrar el barco,  a final de cuentas árbol que nace torcido…

Mea culpa


He despreciado a las mujeres más sensuales y me he acostado con adefesios mal olientes, he rechazado invitaciones a las mejores fiestas y asistido a los peores burdeles, he dado sobornos sin ver resultados, he chocado los mejores autos, he perdido a mis mejores amigos y conservado a los peores…
He vendido mi alma al diablo a cambio de una bolsa de cacahuates rancios, he combinado el mejor vino con refresco de naranja, he encendido el mejor puro con un periódico, me he casado 20 veces, he dado la espalda a mis hermanos, he comprado ropa mala y cara, he matado cachorros y salvado alacranes, he tomado leche entera siendo intolerante a la lactosa, he dado el indulto a Barrabás, e ko0omëtiid0 herrores ha proposíto…
He robado, me he drogado, he contaminado el agua con químicos tóxicos, he matado, he extinguido especies enteras, he jugado a la guerra, he desahuciado a la infancia, he dividido a la humanidad con izquierdas y derechas, he inventado el queso de puerco, he orinado en la pila del agua bendita, he comido tacos en la calle después de ir al baño sin lavarme las manos, he comprado productos milagro, he criticado y no me aguanto, he donado mi huevo izquierdo…
He desaprovechado ofertas al 3X1, me he levantado temprano cuando me puedo quedar hasta tarde en cama, he comido caviar en taco, he puesto hielo a mi cerveza alemana, he devuelto un monedero lleno de dinero, he cerrado los ojos en un table lleno de rusas, he votado por el partido verde, he sacado en abonos chiquitos en Elektra…
He comprado juventud en éxtasis tres veces, he comprado la saga de crepúsculo, he rechazado un diamante de regalo, he comprado un i phone a crédito forzoso e inflexible de cuatro años, he ido al cine a ver películas mexicanas en sala VIP, he pintado color zanahoria corriente mi hermosa cabellera castaña, me he tatuado en la frente la frase “puto el que lo lea”, he invertido en Monex sin tener experiencia los ahorros de mi vida y los he perdido…
No me arrepiento… con eso no resuelvo nada… mejor los afronto como son y procuro remediarlos y si tropiezo con la misma piedra, tampoco me arrepiento…
Rolas:
-Anthony & The Johnsons - Fistfull Of Love
-Pulp - Bar Italia
-Ride - Cool Your Boots 
-The Third Eye Foundation - La Dispute

sábado, 28 de mayo de 2011

¿Qué has hecho?




"When they said: repent, repent, repent, I wonder what they meant..."
Leonard Cohen, The Future

No te entiendo. He pasado noches y días tratando de entenderte y no lo logro. Y cuando creo que llego a comprenderte, regresas con algo más. No te entiendo.

Me miras ahora y desconozco los que fueran esos hermosos ojos que terminaron de completar mi enamoramiento. Ahora me retan, me insultan, me quieren herir. ¿En quién te conviertes ahora? ¿Por qué si me amas me lastimas así?

Los amaneceres que quería contemplar a tu lado, despertar y mirarte con esa paz en tu rostro, sonreír sin que me mires, dejarme esa enorme felicidad de mirarte durmiendo para mí nada más. Ese trozo de cielo que tú me dabas con tu sonrisa, con tus chistes, con tus ocurrencias, ahora se vuelve un trozo de infierno.
Sistemáticamente has ido echando por la borda la importancia que le daba a una vida juntos y eso duele. Contrasta con lo bello que es mirar tu rostro sonreír. Tu sonrisa ahora hace daño.

No me hagas pensar que jamás tuvimos un chance, que todo esto fue para nada, que no te atravesaste en mi vida para algo hermoso… mi hermoso. No me digas que todo el sufrimiento y todo lo bello que hemos tenido fueron para esto. Mi sueño y tu sueño eran uno, era nuestro, eso pensaba, ¿qué pasa ahora?

¿Quién eres? Desconozco esos ojos. No eres tú quien está hablándome ahora. Pero sé que eres tú. Yo sólo quería que fueras feliz conmigo como yo lo soy contigo. ¿Fue eso un error?

Estás sacando todo eso que guardaste durante este tiempo. No creo poder aguantar más, te has encargado de desmoronar esa magia que me quedaba. Me has dado la última estocada.

¿Tienes más? Desahógate, pero hazlo ahora, porque ya no creo aguantar una segunda ocasión, porque no te daré oportunidad de una segunda ocasión, no la soportaría.
¿Es en verdad un gran error? ¿Te has arrepentido de estar conmigo? Nunca he sabido qué mal te hice, nunca lo sabré, me parece. Nunca he querido a nadie como a ti ¿cómo es que te he lastimado para recibir esto de ti?

Creí que pasaría, porque aprendí que todo pasa. Pero no está sucediendo ahora, maldita sea, no pasa, siguen retumbando tus palabras en mi cabeza, siguen diciéndome tu enojo, tu molestia… tu arrepentimiento de estar conmigo.

Ahora desdices tus palabras, ahora tus ojos caen y titubeas. Ahora eres diferente, ahora eres tú. Pero se acabó. No hay arrepentimiento a tiempo.

Tú diles



La ultima vez que hablamos tenía tanta rabia que hasta te aventé el café que tenia en las manos, no lo lamenté, las palabras que me lanzaste tú antes dolían más que cualquier golpe. Al final dicen que así son los hermanos, hoy nos peleamos y mañana nos vamos a abrazar, pero tú y yo ya no somos niños y estoy segura que horas después seguíamos jurando cada uno por su lado que nunca nos vamos a perdonar.

Aun con todo hoy solo puedo recordar las cosas buenas, lo bonitos que tienes los ojos, tus cejas negras enmarcándolos, tu sonrisa, tus sueños solubles convertidos en música, la manera despectiva en que a veces miras a la gente por encima del hombro, tu espada laser de Darth Vader, cuando la empuñas para atacarnos y cuando es nuestro turno la guardas y nos das la espalda como si nada.

Pero no te extraño, porqué pese a todo estas aquí, nadie se ha muerto por Dios, dejen todos de verme con esa cara de angustia, dejen de llamarme para decirme que todo esta bien, diles tú, levántate ya de esa cama y desconéctate todos esos tubos, levántate y diles que se callen, que tú aún estas aquí y que no estamos arrepentidos de habernos peleado la ultima vez que estuvimos juntos.

viernes, 27 de mayo de 2011





Me enfoqué en hacer daño, premeditado, siempre bien planeado. Gocé del hecho de ver sufrir a otros. Sus ruegos, su clemencia en sollozos mi hinchaban el no sé qué, sentía algo bonito en ello. Es magnífico el pensar que alguien te pertenece, su vida, un ratito; que interpretado en ellos es eternidad. El dinero pasa a segundo plano, no digo que no se gane bien, cantidades jugosas, cada pescuezo tiene un precio, pero como dice el tendero “hay de precios”. Les decía, el dinero no ha sido –ni es- mi prioridad, los últimos instantes esos sin valiosos, vaya, invaluables ¿A poco nadie nunca te ha rogado por algo? Piensa que ese algo es su cochina (encantadora) vida; más disfrute si te arrancas la sombra de la culpa, si te destrabas el ancla del remordimiento. Tú los observas, los sentencias (desde allí empiezo a sentir un agradable cosquilleo en la nuca), el pobre no sabe nada de nada, menos que en quince minutos, dos horas, tres días, en una semana, cuándo tú quieras o cómo te lo hayan ordenado, se irá, no volverá. A mí nadie me ordena, no lo saben -hacen que no saben- yo lo hago por gusto. Un viejo ricachón rogó que no le cortará el índice y el meñique, el muy cabrón se meó entre ruegos, a mí me valió madres y le chingué la mano completa, nomas cachos entregamos. Entregaron el rescate completito. ¿Qué cómo le hago para no sentir nada?, no sé, creo que desde que estaba en la panza de mi mamá no sentía nada. A mi señora madre le decía la partera que el producto estaba muerto “nomas está flotando”, pero no, allí estaba yo calladito, cauteloso desde embrioncito. Las maestras de la escuela se sorprendían de mis dibujos: pura sangre de rojo acuarela. Me dejaron de comprar mascotas cuando a un cachorrito le di de martillazos en una de sus patas, eso no me detuvo. A los pollitos del rancho de la tía Jacinta les cortaba las patas con un hoja de rasurar (esto me llevaba tiempo), me gustaba verlos intentar andar sin sus patas. La primera vez que me cargué a alguien fue en el dispensario médico del pueblo, fue al médico (tres morunazos en el pecho), tardó horas para atender la pierna rota de mi hermano, esa también yo la rompí. Huí a la ciudad, donde me hice judicial. Nunca había tenido un arma, de inmediato hice uso de ella, tres teporochos que nadie echaría de menos, unos tras de otro. Me hice de reputación, los compañeros hablaban de mi valor, de mi frialdad, de mis huevos.
El trabajo sucio, lo que otros por sus ataduras morales no realizaban, esa era mi especialidad, casos perros para un perro. ¿Qué si me daban lastima? Un animal no siente lastima, siente hambre y yo siempre supe donde encontrar la comida. Me empezó a buscar gente que me pagaba por comer: prestamistas no remunerados, maridos engañados, locos rencorosos, cobardes que no se podían encargar de sus propios problemas y los patrones hartos ya de tanta sangre en las manos. De estos últimos me hice subordinado. Mi primer patrón me envió a la comarca, me detalló meticulosamente el encargo de ese día, horroroso para el promedio, a mí se hizo insignificante, me sentí ofendido. “Truénale un balazo en el corazón y córtale la cabeza, así aprenderá el pendejo y su gente…” dijo, en cambio los balazos se los troné a su esposa e hijo, a él lo torturé más de seis horas, le hice laceraciones y cortes en todo el cuerpo utilizando una punta hechiza, los cortes de los parpados le dolieron en serio; le puse a un lado los cadáveres de su esposa e hijo, le acompañaron durante toda la tortura. Al final le volé la cabeza de una sola tajada, un verdugo eclesiástico me sentí. El patrón me felicitó y me dio más dinero de lo pactado. Otro patrón me hizo su escolta, esa temporada en verdad qué hice daño, me iba convirtiendo en otra cosa, otro líquido me recorría las venas, ácido, ardía por dentro y encendía todo por fuera. Me desaté, mordí, trituré y escupí no tan sólo la mano que me alimentaba, fastidié su cuerpo y de paso, mi espíritu entero. Hasta ese instante supe de su existencia, el reconocerlo implicó sentir culpa y miedo. Grave –doble- error, en un mes este jefe sería ascendido a jefe único de la célula del bajío, mi vida corría un riesgo indescriptible, la escoria del país estaba tras de mí y era encabezada por el pútrido más vil, mi ser, mi yo.
¿Dolor? ¿Qué si siento dolor?, ojalá pudiese sentirlo, saben, en ocasiones me arrepiento de no sentir nada. A veces me arrepiento que no haya un dios que me castigue. Intentando escapar día a día, no de los sicarios, no de los políticos, no de los fantasmas, no, de mí mismo. Me arrepiento de no poder jalarle al gatillo.



“Yo quería una misión y por mis pecados me dieron una”



Capitán Willard, Apocalypse Now.

Mañana no es igual a ayer.


Atormentado por el vendaval de reproches,
ahogándose de temor por las noches.
Insistir en sentirse arrepentido,
de no haber advertido,
ir quedándose dormido,
el resultado no fue divertido.
Algo de que arrepentirse,
pues estuvo cerca de irse.
Hace un personal inventario,
más bien parece juicio sumario.
No hay concordancia,
entre edad e ignorancia.
Reconocerse arrogante,
dejar de ser farsante.
Ponerle sano remedio,
al motivo actual del tedio.
Mala decisión,
buscar evasión.
Todo creció,
algo desapareció,
volviéndose, necio,
no lo entendió,
hasta que decidió:
vivir reducido,
cambiar dirección,
seguir indefinido,
buscar distracción.
Así hasta el final,
no causar más mal,
poder dominar,
perder o ganar.

jueves, 26 de mayo de 2011

La monja.

El látigo de cinco puntas azotaba la espalda blanca como la nieve abriendo surcos, dejando salir la sangre que se detenía en el hábito caído a la cintura, la túnica pronto se vistió de rojo, rojo sangre de monja pecadora acosada por placeres insanos.

La claraboya del techo asegurada con una cruz de hierro forjado dejaba pasar la luz de la luna haciendo que su sombra se posara en la almohada dura de la cama. En las largas noches de soledad la cruz cubría su cara como protegiéndola de los pensamientos mundanos que últimamente la acosaban.

Los días monótonos entre cantos, rezos y loas habían quedado atrás, días en que haciendo tanto calor descubrió que bajo los hábitos de monja pura se encontraba una mujer, una mujer que había errado el camino a la gloria.

Sucedió una noche en que el calor intenso no daba tregua, el paseo por los jardines del convento no habían cumplido el cometido de serenarla, la luna llena ejercía un raro hechizo sobre su cuerpo haciendo que lenguas de fuego la quemaran por dentro.
Subió a la celda quitándose con mucho cuidado los hábitos que depositó en la silla huérfana del cuarto, la cama de tablones y el reclinatorio frente a una cruz eran el único mobiliario de la celda en la que dormía hace ya muchos años.

Acostándose, sintiendo desfallecer dejó reposar la cabeza sobre la almohada inmune a sueños de amor, al parecer una ola de calor estaba azotando la zona, ni siendo hijas de dios las monjas se libraban del calor intenso.
Limpiando el sudor que adornaba su frente bajó la mano que sin malicia tocó uno de los senos virginales haciendo que despertaran de inmediato los palomos dormidos bajo la túnica blanca. Un calor extraño viajó por todo su cuerpo posándose en el bajo vientre haciendo que una punzada la despertara de su letargo, con la otra mano tocó la zona prohibida tratando de calmar la desazón que se había apoderado de ella. Rozó el pubis parte inmaculada limpia de caricias y deseos, sintió un desconocido placer dejando que sus dedos hurgaran sus adentros haciendo que el corazón se le subiera a la garganta. Lejos de arrepentirse inició un vaivén frenético con gemidos que empezaron a escapar de su boca deteniéndolos al morder el puño de su mano libre.

Se revolcaba en la dura cama sin tratar de detener el clímax que se veía venir disfrutándolo, sintiendo como una humedad diferente invadía su cuerpo, abrió los ojos en el momento de máximo placer viendo la cruz en el techo que le recordó haber jurado ser pura para entregarse al señor y ya no le importó nada.
Su mano viajó rápidamente hasta llegar a los límites de la muerte ahogando un grito en la almohada con la cruz reflejada, con la cara roja y los ojos en blanco tocó por primera vez el placer de la autocomplacencia.

Así habían pasado muchas noches sin arrepentirse de que sus manos buscaran orgasmos escondidos en el cuerpo virgen saliendo sin control como adolescente abriendo los ojos a la vida  pero ya no podía seguir así, los azotes dados a su nívea espalda no calmaban la furia desconocida que llegaba todas las noches a posarse en su cuerpo haciendo que para calmarlo buscara autoflagelarse y no por arrepentimiento sino porque quería que la lujuria no la abandonara nunca, no después de haberla probado.

Así sin más, un mal día desapareció del convento dejando doblados los hábitos sobre la almohada con la cruz iluminada por el cuarto menguante de una luna cómplice, en el convento nada volvieron a saber de ella, intuían que se había escapado buscando una mejor vida.

Jamás volvieron a saber de ella, pero en el pueblo se rumoraba la llegada de una mujer con piel blanca como la luna a la célebre casa de citas del lugar, los hombres hablaban de ella como la más profesional habida nunca en el pueblo y las mujeres... las mujeres querían ser como ella.

La monja jamás se arrepintió de haberle dado un giro a su vida, el sexo descubierto con sus manos entre sábanas blancas le habían hecho encontrar la profesión a la que había sido mandada a este mundo, elegir ser puta era lo mejor que le habría sucedido después de ser virgen por mucho tiempo.

Entre el cielo y el infierno había elegido el infierno porque ahí era como quería ser: la mejor, disfrutando los placeres carnales, probando bocas de decenas de hombres que con sonrisa satisfecha dejaban el lugar jurando volver al infierno que ella había escogido.


















miércoles, 25 de mayo de 2011

Partir...(para volver)




Dices irte, esperando qué el final se nos concentre en el mejor de los posibles, como un vicio mutuo somos permanentes, porqué cuando el corazón nos muerde ya no suelta prenda.

...Pero ahora vuelves

¿Qué es lo qué sucede?

Pasa, entra ahora en mis terrenos compasivos,
Digamos qué el mundo está de sobra, que nos es desconocido
déjame a solas cobijarme con tu cuerpo
muéstrame esa benevolencia que palpita,
aquél secreto oculto que atesoras,
dejemos al abandono triste, ignorado,
del otro lado de la puerta.
Rompamos labios contra labios
¿Acaso ya no hay más sueños que enterrar?
¿Será que hoy nos sobro la arena?
Sin lugar para las dudas, sin lugar para salir
¡Qué más da quebrarnos las rodillas!... roguemos por ti,
por el momento…por el terror repetido entre nosotros.

Y es que la sangre, la tormenta, quieren llegar para escapar, más opuestamente nos arrastran al lado del otro, queda caos continuo, queriendo salir de ti, de aquí, hacia otro lugar.

¿Somos traición entonces?

Ignoradamente compartidos, sí, ignoradamente repetidos aunque no lo quieras. Dices quererte ir… para volver después, porqué sabemos bien qué cuando traba el corazón, también traban las piernas.


¿Arrepentido?


¿Quién dijo jugar, quién gana o quién pierde?

Ni de aquí, ni de allá


La vida de Simón transcurría lenta, sin emoción, como su pueblo: Villagrán.
Con el paso de los años se le despertaron incomprensibles deseos.
Dudaba todo el tiempo: decía sí y lloraba por ello, elegía blanco pero se quedaba con ganas de negro, tomaba un par de cervezas y se arrepentía de comprarlas.
Esto se debía a su condición de imbécil.
Si bien su retraso no era excesivo, pues trabajaba como mozo en una botica, la limitada capacidad intelectual le ocasionó burlas que de tan frecuentes se hicieron costumbre.
A los veintidós años era un tipo tímido e inseguro, de mirada escurridiza y paso lento. De no ser conocido como el tonto del pueblo, su aspecto promedio habría pasado inadvertido.
Su mejor amiga, Eumelia, la única en Villagrán que lo entendía, era su conciencia y confidente. Mayor a él por cuatro años, desde chica lo defendió de burlas e injusticias. Por eso Simón le profesaba lealtad infinita. Todas las tardes, saliendo de trabajar, iba a la panadería de su amiga. Podía quedarse horas con ella, entre plática y plática, le ayudaba a acomodar los bolillos o a limpiar el mostrador.
Extraordinariamente, además de Eumelia, lo quería –pero de otra forma– Maura, a quien desde niña le apodaron “La Chíngale”, una muchacha torpe de rodillas chuecas, nariz aguileña y rostro cacarizo, su fealdad era olvidada por la alegría que contagiaba al pueblo entero.
Simón la rechazó tantas veces que es hiriente contarlas.
No es que no deseara novia, pero quería una como las que salían en las telenovelas, o como las muchachas del pueblo que los domingos adornaban la plaza.
Era tonto pero no tanto para que encima anduviera con La Chíngale, ya suficiente imbecilidad cargaba como para todavía buscarla en pareja.
Aunado a eso, estaban las dudas por su preferencia sexual, secreto que sólo Eumelia conocía.
Una tarde, La Chíngale se apareció por la panadería, mientras escogía el pan que con cuidado vaciaba a una charola, le lanzaba coquetas miradas a Simón. Ella lo hacía temblar, en realidad hasta una mosca podía conseguirlo.
A Eumelia le divertía azuzar el fuego y aprovechaba para hacerla de cupido:
-¡Qué milagro Chíngale! Justo ahora Simón preguntaba por ti -y le daba unos codazos para integrarlo a la plática.
-Ah, sí -respondía torpemente.
Los jijijís de La Chíngale surgían de inmediato:
-¡Ay Simón! -y más jijijí- ¿Cómo estás? -entonces se retorcía todita- A ver cuándo me invitas una nieve -y manoteaba alegre.

Pasaban varios minutos en que él callaba, sudaba. En cuanto su enamorada salía del local, llegaba la lluvia de reclamos por parte de Eumelia:
-A ti lo que te falta es una vieja -le aseguraba enérgica- mira que otra Chíngale no te vas encontrar.
-Es que no la quiero, ni siquiera me gusta… no se parece a las muchachas que me gustan.
-¿Muchachas? O te refieres a los travestis que miroteas en la cantina, ¡ya déjate de juegos! Eso aquí o en China es jotería -entonces se alejaba apretando sus prejuicios y se hacía la ocupada.
-No sé, no sé -murmuraba Simón, y se perdía en pensamientos que lo llevaban a ninguna parte.
Así se le iba la vida, entre dobles deseos, anhelando tanto los besos de hombres como de mujeres. A veces soñaba con ciertos varones del pueblo que se le antojaban nada más de mirarlos, o pensaba en las muchachas, que los domingos en la plaza, tanto suspiro le arrancaban. Esas ideas contrariaban su básica mentalidad, lo hacían sentir sucio.
Un día escuchó en la radio el concepto ‘bisexualidad’ y se sintió libre. Creyó que la voz del aparato era sólo para él, que el mundo por fin lo aceptaba.
Imaginó que los muchachos lo miraban como él quería, se visualizó besando al joven sacristán, y acariciando a Juanita, a la que desde niña pretendía en silencio. Se imaginó feliz.
Pero el domingo siguiente en misa, la seguridad se le borró cuando asomó el sermón que trataba del fuego eterno al que estaban condenados los ‘anormales’, como el cura les llamaba. A su mundo regresaron las habituales dudas.
Asustado de caer en el infierno, llegó a casa con la decisión de tirar las revistuchas que tantas noches febriles le otorgaron; también devolvió al cuarto de su madre, los tacones que a escondidas por las noches se ponía.
Al final, como siempre, compraba más revistas y hurtaba un nuevo par de tacones. Pasados los meses regresaría a misa para salir con el mismo temor a condenarse.
Esa historia, Eumelia la sabía de memoria.
-Para qué vivir así, mejor salte del clóset -le decía enfadada.
-¡No! -de inmediato protestaba- ya suficiente es que me llamen tonto para que encima digan que soy puto.
Ella reía, a veces meneaba la cabeza. Así se les iba la vida.
Simón seguiría haciéndose el difícil con La Chíngale, que más tarde se cansaría de mirarle; continuaría hablando largo y tendido con su única amiga, y esta, defendiéndolo eternamente de los niños villagranenses, que apenas nacían y ya sabían de su condición de imbécil.
Pasaron los años, Eumelia y Simón seguían platicando todas las tardes en la panadería, uno de esos días pasó frente a ellos una niña de caminado torpe, rodillas chuecas y nariz aguileña, era tan fea como su madre, quien la llevaba de la mano. Junto a ellas iba don Genaro, que saludó amablemente.
Cuando se alejaron, Simón emitió un largo suspiro. Eumelia comprendió su nostalgia.
-¿Y ahora qué piensas? -le preguntó.
-Que esa pudo haber sido mi vida -y con tristeza, señaló a la familia que cruzaba la calle.

martes, 24 de mayo de 2011

Tenía pensado publicar otro post, pero me arrepentí.

Para Andrés los últimos 2 años han sido de decadencia pura. Cuando descubrió la infidelidad de su esposa Claudia fue cuando todo empezó a venirse abajo. No pudieron llegar a un acuerdo ni por tener a Vicky de 2 años, a Eduardo de 4 y a Crecencio, el querido perro chihuahua de la casa. Andrés no estaba dispuesto a perdonarla y por otro lado Claudia estaba dispuesta a seguir con sus amantes, así que empezaron con los trámites de divorcio.
El divorció le costó caro en todos los sentidos, estaba agotado mentalmente, desmoralizado y humillado, y con la cartera bastante gastada. El trabajo que antes le dejaba el suficiente dinero como para darse cierto tipo de lujos (salir de viaje hasta tres veces por año con toda la familia, vivir en una casa con espacio de sobra y hasta comer tres veces al día), se había terminado, pues era contratista. Consiguió un empleo en un Wal-Mart donde apenas ganaba lo suficiente para seguir con los trámites legales pero seguía con una vida lo que se puede llamar digna. Eso duró poco tiempo.
El problema que trajo cambiar a un empleo, significó que eventualmente perdiera la demanda del divorcio por no tener los recursos suficientes para pagar a un buen abogado (a pesar de que tenía todas las de ganar, Claudia tenía más dinero y el apoyo incondicional de toda su familia, y con el mismo, más influencias). Claudia ganó la custodia de los niños y de paso una pensión alimenticia, la casa y los muebles y a Crecencio.
Andrés ya no podía ver a los niños, pues su exmujer vendió la antigua casa y se cambió de ciudad para "rehacer" su vida lejos de sus "demonios". Aunque en realidad lo hizo para que él ya no viera a los chamacos.
Para ganar un poco más de dinero, Andrés tenía que quedarse a trabajar horas extras mal pagadas. Sin embargo, a duras penas completaba para rentar un cuarto de azotea y medio comer. En las mañanas desayunaba un café sin azúcar y una sola rebanada de pan, en la tarde comía lo que podía, a veces comía en las botanas de las cantinas y otras algún conocido se apiadaba de él y le invitaba a comer o le regalaba un plato (casi siempre sopas maruchan). Raras eran las veces que cenaba. De haber pesado 85 k pasó a los 69 k en unos meses (los peores meses... hasta ahora). Pero eso sí, siempre era puntual para depositar la pensión de los niños.
Estaba juntando dinero para poder hacer el viaje un fin de semana para ver a Eduardo, a Vicky y a Crecencio, que era a quien más extrañaba, pero al paso que iba, podría ir a verlos dentro de muchos meses. Meses que significaban chingas y sacrificios.
Una noche, estaba pensando en como habían pasado las cosas. Recordó el coraje que sintió cuando descubrió a Claudia con el vecino revolcándose en la cama. Recordó como iba al trabajo hasta en domingos para que no les faltara nada en casa. Todas las veces que no pudo estar al lado de su esposa en momentos difíciles, como cuando gracias a dios, falleció su suegra. Recordó la vez que le pego a Claudia cuando se enteró que su segundo hijo iba a ser niña, pues el quería dos varones y ella tuvo la culpa de que no fuera así. Duró algunas horas pensando en esas cosas, y después de hacer una especie de reflexión, se dijo a sí mismo: todo pasó por el pinche divorcio, maldita Claudia siempre le di todo, hasta le compre una bolsita para que paseara a Crecencio cuando salía a la calle a comprarme cerveza. Hasta la dejaba que se viera una vez al mes con sus amigas. No cabe duda que hay gente que no sabe apreciar lo que tiene.
Andrés era de los que no se arrepentían.