domingo, 15 de enero de 2012

Bokor



Ahí estaba de nuevo  ese lamento, ese grito maldito que me despertaba todos los días a la  media noche. Desde que llegué al barrio no he podido tener una noche tranquila, por culpa de ese mugroso animal. Curiosamente nunca lo he visto en el día, seguramente se la pasa durmiendo en algún rincón cansado de sus marrullerías nocturnas. Feliz de no dejarme dormir.
En las noches sin embargo lo he observado en las azoteas, en los árboles, atacando todo lo que encuentra a su paso, lo he visto devorar  aves y huevos en los nidos, al canario de doña Ceci e incluso entrar al gallinero de la esquina y hacer verdaderas matanzas. Méndigo gato, si siquiera pudiera ponerte las manos encima,  pero no, no podría quitarme su asqueroso olor o los pelos  que suelta y que han despertado nuevamente mi asma.
Su dueño Don Jesús, es un anciano indolente e hipócrita que apenas y puede moverse, pero cada vez que le reclamo los destrozos de su animal, sólo alza los hombros y me dice “es un animalito incapaz de maldad alguna, usted exagera”.
Ese viejo me da miedo, su mirada profunda y fría le da un aire misterioso. Como había llegado de Haití, todos lo tachaban de brujo, en el pueblo se contaban muchas leyendas del negro Jesús, como lo llamaban, que él alimentaba con su apariencia y hosquedad.
Ese inmundo gato otra vez. Aullando a la luna como si fuese el dueño del barrio, como si fuera el ser más importante. Tomé mi vieja escopeta, apunté cuidadosamente y disparé.
Se escuchó un grito y la pesada caída del animal al piso. Corrí  rápidamente al jardín  con la seguridad de haberlo matado. Pero cuando llegué no había nada. Ni siquiera una gota de sangre que me dijera que lo había al menos herido.
Se escucharon los perros y el silbato del velador, así que corrí a mi casa a esconderme.  –No puede ser que no le haya dado, estoy seguro que le di. Lo escuché caer, la duda me atrapaba y decidí bajar de nuevo, con cautela y bajo la luna llena miraba con recelo. Un ruido detrás de los arbustos me sobresalto.
Así que empuñando mi arma me acerqué y lo vi. Ahí estaba recargado contra un árbol: jadeante y agitado, Don Jesús se lamía la herida.

7 comentarios:

Capitan TINTASANGRE dijo...

Es para mí un gusto estar de nuevo por aquí, después de un pesado fin de año y listo para escribicionar.

Así que nos leemos y comentamos, que yo tengo mucho que leer para ponerme al día.

Feliz 2012 y buen fin del mundo para todos.

Dr. Gonzo dijo...

Me da mucho gusto darme cuenta que extrañaba tu narrativa Cap. La forma de contar historias no ha dejado de ser tu fuerte. En la fluidez, en los recursos, en el ritmo. Es un gusto volver a leerte por acá de nuevo. Rebienvenido.

pinchesendic dijo...

Coño, que gustazo tenerte por acámbaro, por mi parte te extrañaba no mucho sino un chingo, y muy buen relato, no sé en que punto me imaginé que era don Chuy el gato, supongo que cuando dijiste que era haitiano. Pero lleno de detalles justo como los relatos del buen Tintasangre.

Anónimo dijo...

Qué gusto leerte de nueva cuenta, definitivamente, lo tuyo es la narración Cap, disfruté de la historia, nada compleja, y aunque se adivina que Jesús es el gato, tampoco llega a ser una pista muy obvia. El final me parece exacto, ¡bien!

Como sugerencia, en el 2do párrafo, 4ta línea, para seguir hablando en misma persona: si siquiera pudiera PONERLE las...

Saludos, feliz año, un placer.
=)

Ros

Fantasía psiquiátrica dijo...

Un final “cantado”, el regreso del Nahualismo, sólo que ahora desde Haití. Un gusto tenerle de regreso con sus historias de calor narrativo.
La mala vibra a los gatos es un predisposición ya bien introyectada, bendita iglesia.
Saludos compa.

Piper dijo...

Un texto contundente, que si bien apunta hacia dónde va el asuntacho, no demerita la intención y el buen hilo de la historia que empata con mis reservas ante los gatos.

Saludos.

Sofía dijo...

Me encantó. Yo no adiviné quién era el gato hasta donde dice que el gato cae y el personaje no lo ve. Me encanta tu forma de narrar!