miércoles, 29 de febrero de 2012

La china

Era su costumbre desde hacía un tiempo, al llegar las cuatro y media de la tarde, Petra corría hacia la ventana para ver pasar a la chamaquita morenita y espigada que solía vender productos de la marca Avon, se escondía tras las cortinas y aspiraba el perfume que la chica solía dejar a su paso.  Tenía años queriendo gritarle al mundo lo que en sus adentros había estado guardando, recordaba los tiempos en que se separó de su marido y en sus momentos de calentura solía encaminar sus pasos hacia donde hacían la parada los piperos que transportaban el petróleo de la refinería cercana a su casa.
En uno de sus tantos vaivenes se dio cuenta que había quedado preñada, sin embargo no podía quedarse con lo que en ese momento ella llamaba producto, por no perder la manutención ni la patria potestad de los tres hijos que había procreado con su ex esposo.
Gruesas lagrimas corrían por sus abultadas mejillas cuando a su mente llegaban los recuerdos de las tantas veces que quiso abortar el resultado de su desliz, ingirió tés abortivos, algunas veces ponía a sus pequeños hijos a saltar sobre su pronunciado vientre, y en su desesperación llegó a aventarse por los escalones de la planta superior de la casa, sin embargo nada de lo que hizo para deshacerse de lo que crecía en su interior dio resultado.
El tiempo pasó de prisa, el día que nació la China como ahora todos conocían a la jovencita, Petra no la quiso ver, cuando la enfermera llegó para que la amamantara, ella pidió que la pequeña fuera retirada de su vista.
Mientras tanto Soledad se tronaba los dedos en la sala de espera donde  la pequeña le sería entregada, ella, la mujer que por tanto tiempo se había dedicado a la vida fácil, era quien había acordado con Petra que se haría cargo de la niña, así fue, la bebé le fue entregada a Soledad, quien con todo el amor del mundo le dio lo mejor que pudo a la pequeña ,ella solía decir que por el amor a la pequeña, había dejado las andanzas que por tanto tiempo había acostumbrado, se dedicó a lavar y planchar ajeno para que su hija no tuviera que avergonzarse algún día y se mudó de ciudad.
La China nunca supo que quien la crió no era su madre, por eso mismo a toda la gente le decía que no podía haber madre más amorosa que Soledad.
En la actualidad al pasar por la casa marcada con el numero 985 de la calle de las piedras lisas, la gente tiende a bajar de la banqueta, muchos voltean por curiosidad, algunos otros con lástima,  pocos conocen la verdadera historia.
Ahí, todavía en la ventana se encuentra Petra, con la mirada perdida en el horizonte, sin pensar, ahora no recuerda por qué es que se apuesta cada día en la ventana a las cuatro y media de la tarde, ya no tiene conciencia, ni sabe que la China es la niña que algún día entregó en las manos de una ex prostituta, ya su razón no entiende nada, pero como dicen por ahí, la sangre llama.

4 comentarios:

Ros dijo...

Ando de loca, entre exámenes y planos se me fue el día, si escribiera algo ahorita, estoy segura que nacería muerto, no tengo cabeza para ello.
Tampoco he leído como se debe, pero prometo ponerme al día, aún me faltan los últimos 9 post de leer/comentar.
Disculpas Pato por utilizar tu espacio. Saludos a todos, desde un extraño, sí, extraño y caluroso Irapuato.

picara_pisciana dijo...

bonita y triste historia, por un momento recorde el poema del seminarista de los ojos negros, no se encontre una rara similitud... :D saludos

Fantasía psiquiátrica dijo...

Pues considero que la historia no llevó a más, se sustenta en un artífice que –nosotros- los latinoamericanos admiramos y vivimos día a día, el drama, la consideración es, los dramas potencializan las situaciones, de lo más sencillo a lo más catastrófico, y si bien los saltos de los hijos de Petra y todas aquella alternativas para abortar pudiesen ser rudas y cotidianas, sería precisamente el último término el desenlace de esta historia.

Ros dijo...

Me quedé con varios signos de interrogación, chale, la verdad siento que este texto está falto de intención, de fuerza, no sé, sentí huecos. Creo que esta idea pudo quedar mejor con descripciones que enriquezcan el relato.