se
van los minutos
y
en uno de esos instantes,
se
han descubierto otros planetas,
pero
no se inventan letras nuevas.
Dormí
media hora,
soñé
un titulo y varias palabras,
exacta
cada una, sin orden juntas.
En
mi visión de frases, deseaba
capturar
al sol y prolongar una hora,
andar
más rápido que el tiempo,
ser
luz para violar la penumbra.
Una
cortina de lluvia
me
separaba del despertar,
su
grito ahogaba mis suspiros,
mas
no lograba desaparecer
el
olor inolvidable de la niñez,
que
he conservado hasta ahora
como
mapa roto
de
un laberinto inexistente.
Al
abrir los ojos,
pude
escuchar a las palabras
agonizando
de silencio,
discutiendo
como dioses y demonios,
el
escenario del siguiente sueño.
