martes, 6 de diciembre de 2011

Necedad

¡Odio tu maldita indiferencia!
¿Indiferencia? Pero, ¿qué no ves que sí me importa?
No pareces mostrar interés, parece que no puedes ser funcional para estas cosas…
En realidad, lo que no es funcional es lo demás… Yo sé exactamente lo que hago.
Ese es el problema, eres demasiado arrogante para darte cuenta de lo que en realidad pasa  con lo demás, en especial lo que pasa entre nosotros.
Acabó de decir esas palabras y abandonó el lugar, no sin antes azotar la puerta lo más fuerte que pudo. No logró reprimir la frustración, la indignación, la impotencia, el dolor, o cualquiera que haya sido el sentimiento que le oprimía el pecho, no pudo ocultar el llanto antes de irse.
Él se quedó solo. Pensó durante mucho tiempo cómo fue que llegaron a ese punto y qué era lo más conveniente que debía hacer. Era de esas personas que aprehendían los rencores para combatir los miedos, y se puede asegurar, que aunque no era la mejor manera de afrontar los problemas, era la más eficiente. Al menos para él. Dañaba a casi todo lo que amaba, excepto a él mismo.
Decidió tomar un trago, el vodka era su bebida favorita, pero en esos momentos sólo tenía ginebra .No importa, da lo mismo, pensó. Se sirvió en un vaso de cristal azul, un vaso que ella le regaló junto con una vajilla, junto con si comprensión y su admiración. Lamentablemente no hay un sentimiento más alejado al amor que la admiración; ella le tenía ambos, amor y admiración, lo cuál, aunque fuera algo que muchos quisieran tener de una mujer, no es algo muy sabio, pues es más doloroso cuando se termina primero la admiración que el amor.
Al servirse la ginebra en el vaso azul, por primera vez se dio cuenta del verdadero peso de la ausencia. Ese vacío que se siente al ver las cosas que pertenecieron a otra persona y a tiempos mejores, o a peores, siempre es doloroso. Recordar por medio de los objetos siempre es inevitable, por lo general,  siempre vienen recuerdos gratos, pues, nadie guarda objetos que recuerden malas situaciones, y cuando alguien no se puede deshacer de esos objetos que arrojan malos recuerdos, al menos, siempre trata de evitarlos. El caso de él era difícil de descifrar, como ya dijimos, le funcionaba mejor el rencor que el perdón. Ese día acabó borracho y perdió conciencia de lo que había pasado. Durante los días siguientes, después de que ella lo abandonó,  trató de no pensar. No lo logró. Los objetos que ella había dejado le dolían.
Nunca había sentido ese hueco, que al parecer, no tenía fin. Intentó deshacerse de todo, a manera de volver a comenzar, desde su ropa y sus discos, hasta el cepillo de dientes y las latas de comida que a ella le gustaban y que seguían guardadas en la alacena. No pudo hacerlo. Trató de odiarla. Tampoco pudo. Deshacerse de las cosas ahora le costaba más trabajo, todo le traía recuerdos. Recuerdos buenos.
Pensar, pensar, pensar. Todo lo que recordaba no sabía si era como en realidad había sucedido, siempre tendía a modificar las cosas, odiarlas un poco para sacarles partido, pero con esos recuerdos no pudo. Lo llenaban de nostalgia. No soportaba más la situación.
El examen de conciencia que se había hecho fue muy duro. Estaba decidido a hacer algo para recuperarla. Sabía que era mentira que podía cambiar, pero estaba decidido a no dejar nada por ella, sino a tomarlo todo. Ahora él era quien la admiraba y la amaba, aunque no la comprendía.
Después de varias semanas de indecisión, decidió hablarle, buscarla. La llamó, nadie contestaba. La buscó, ella había desaparecido. Ahora que no la tenía, sentía que ya no le quedaba nada, se sentía perdido y verdaderamente solo, muy defraudado; defraudado no con el mismo, sino por ella. Fue cuando se dio cuenta que él siempre había estado en lo correcto. Ese mismo día, en casa, tiró todas las cosas que ella había dejado; le perdió toda admiración, comenzó a guardarle mucho rencor. A fin de cuentas, era lo que mejor sabía hacer. Él estaba en lo correcto.

5 comentarios:

LUIS TORRES dijo...

Interesnte, un relato bien llevado e inteligente.

Pherro dijo...

Otro texto en el que de alguna manera me veo reflejado, lo cual me haría imposible escribir algo parecido para cumplir con este tema.
Y algunas cosas de las que aquí escribes las he dicho, las he oído, las he usado para justificarme con los demás y conmigo mismo.
Dada mi experiencia personal y mi manera de ser, me pareció muy apegado a mi realidad.

Augustine X dijo...

Lo que cuentas me pareció bien, y como decia Pherro, coincide a veces con lo que nos ha pasado a varias personas. Sin embargo, aunque uno sienta empatía por el texto, lo he leído como una narración muy sucia, poco pulida y revisada, se atoraba en ocasiones y no cuidaste mucho el lenguaje, creo que la idea está bien pero, sin quitarle ese toque que causa la empatía con tú texto, quizá debieses buscar pulir más y poner atención a ciertas frases para hacerlas más rotundas cambiando la forma en la que las dices. Por ejemplo lo del amor y la admiración me pareció clavado aunque quizá podías jugar más con los propios elementos de tú texto, como este que te señalo.
Gracias y saludos

Piper dijo...

Mucho de lo que dices es moneda corriente con respecto a eso de los truenes. No es sencillo desprenderse de las situaciones y de los recuerdos (en mi experiencia siempre queda algo). Lo es de los objetos, pero con tirar por la borda cosas materiales que nos remiten a tal o cual periodo no basta para olvidar y caemos en facilismo como el rencor y esas ondas cuando el objeto (porque así lo manejas objeto-poseer cuando siento que no va por ahí el asunto) amado ya no se encuentra. No se puede caminar con el veneno a diario porque de serlo así ¿Dónde quedó el aprendizaje? la idea es buena y este tipo de temas siempre me ha hecho ruido, una pulidita y desarrollar un poco más las ideas puede dar un mejor texto sin demeritar lo que has plasmado.

Saludos

RoS dijo...

Falta más fuerza, pulirle, explotar más la idea, como ya lo comentaron arriba Augustine y Piper.
A mí la manera en que abordaste el tema no me resultó enganchante, por algunos momentos me pareció repetitiva, aflojerada. La manera en que cierras me gusta, al punto.
Saludos, Fer.