lunes, 21 de mayo de 2012

La balada de Pipo Labola (en cucú bemol)


Y se atrevió a recomendarme entrar a terapia, consumir ansiolíticos, me dio un justificante por los días que falté al trabajo y unos más para reposar, para digerir el hecho de que he sido diagnosticado con el trastorno de personalidad antisocial. Claro, un término arcaico para un profesionista arcaico. A raíz de mi exabrupto del martes, el último de una pequeña cadena de tropiezos anímicos que lograron consternar a mis cercanos, fui casi obligado a venir a este señor que me diagnosticó de tal forma. Si bien tiene razón en algunas cosas, como mi aislamiento y reticencia a formar parte integral en ciertas actividades, sucede que es por un motivo concreto. De hecho es porque en realidad tengo un gran problema con todos aquellos a los que me quieren “integrar”. En serio ¿quieren que me una a ellos? ¿A esa gente? A esas personas que en cuanto llego a la oficina ya están viendo las notas de los llamados artistas de la televisión, ahí reunidos criticando a la actriz o al actor, hablando de su vida sexual. Ahí en la esquina tienes al chistosito del lugar, haciendo comentarios sarcásticos de la nota roja del periódico y junto a él, el discreto y mudo morboso que disfruta secretamente conocer las desgracias mortales ajenas. Subo la mirada y ahí está mi jefe discutiendo por teléfono con su esposa, gritándole cuánto gasta, cuán poco le importa que su chequera adelgace mientras ella está acumulando más y más zapatos. En el momento en que pude estar en la calle, no pude evitar mirar a la masa de gente yendo de arriba abajo, unos con pancartas, otros sólo gritando, con la cara pintada. ¿Estaban apoyando al candidato presidencial de su elección o festejaban a su equipo favorito de fútbol? ¿Cómo saberlo? El movimiento que lleva a las masas es el mismo y las consignas sólo revelan nombres, el discurso es hueco y ves a esa gente que busca pertenecer a algo. Y no falta el intelectual de banqueta que está dispuesto a unirse, a hacer sonar su propio tambor de batalla: Todo seguirá igual, esto de nada sirve. Punto. Eso es, punto. Me hace cuestionarme si el América perdió este partido.
Camino de regreso y es posible mirar al resto hacer lo que todos los días hacen, como un ritual sin fin, como contemplar la misma película tantas veces, que ya encuentras significados ocultos. Y hablando de eso, está la galería y el artista pagadísimo de su obra, tan contento y orgulloso, creando esa separación entre él y los demás, están todos esos hombres y mujeres, muriendo por sus blackberry, una conversación cortada entre unos y otras observando su pantalla, obedeciendo a cada sonido del teléfono. La comunicación se ha cerrado en la vía más importante, cara a cara ya no tenemos nada que decirnos y aún sin estar cara a cara, ya no hay forma de decirnos algo y para muestra están las redes sociales: compórtese como un idiota en 140 caracteres, tiene permiso de quejarse de la mierda que lo acosa en facebook, hay memes para todos. Y ahí están, esos niños mentales, enrolándose sencillamente en la mejor etapa de su vida: haciendo nada y fingiendo que no hay ningún problema: todo está bien, no necesito  trabajar ni estudiar, con que represente el mínimo de gastos para mis padres no habrá problema… a veces ni siquiera eso.
No, gracias señor terapeuta, no quiero integrarme a esos desintegrados, no quiero que me diga que estoy sano sólo porque me comporto como ellos, puede ponerme mi etiqueta y aislarme que es justo lo que hago en mi caso. Puede decir que tengo una enfermedad y darme unos días de incapacidad, está bien, lo acepto, pero no me puede pedir que me una a esa bola de sociópatas sólo para que diga que cumplió su trabajo y soy un hombre cuerdo.

domingo, 20 de mayo de 2012

Verdaderamente...



Mis pasos apartan la basura casi sin darse cuenta, creo que con los años se han ido acostumbrando a la suciedad. A veces prefiero seguir mi rumbo, siempre con mi lado más vil en alto demostrando mi verdadera humanidad. No me gustan las personas, son incompletas y extrañas, por eso prefiero quedarme quieto y reírme sigilosamente cuando les incomoda mi presencia tan banal pero tan realista. 

Ninguno de ellos es capaz de vencer su hipocresía. Yo lo hice solo, a fuerza de golpes, desvaríos, sangre y miedo...qué bellas remembranzas. Creo que en el fondo no somos tan diferentes, el problema es esa cosa llamada decencia.


jueves, 17 de mayo de 2012

La mil



No podría tener menos de cien cosas: shampoo para días soleados, perfume para los días tristes, plumas café de punto fino –infaltables para hacer las ges y jotas tan bonitas–, azúcar morena, mascabada, blanca y refinada, para endulzar todos los tés del mundo, esmalte de uñas en todos los colores pantone, chicles para llenar mis bolsas, vasos de mil colores y formas.
No podría tener menos de cien sentimientos: odio, rechazo, lástima, desgano, cariño, pena, entrega... por separado o en múltiples combinaciones.
No podría tener menos de cien recuerdos: mi madre cortando zanahorias, Alejandro trazando planos, aquel día que me cagué en la guardería, las malas decisiones, también las buenas, el primer beso, el primer él, la primera vez que tomé cerveza, la primera vez que fui al D.f., la primera vez que me sentí vieja, o feliz.
No podría tener menos de cien amigos: facebook lo avala.
No podrían gustarme menos de cien alimentos: ayer tragué mi refrigerador entero y lo aderezé con todo lo que encontré en la alacena: sal de grano, de Cuyutlán; viejas cartas que guardé atrás de un frasco de café, especias, jaleas del año pasado, polvito y telarañas.
No podría vivir sin lujos innecesarios, no podría detenerme ante una tienda de "pásele, todo a tres pesos". No podría ser minimalista.

domingo, 13 de mayo de 2012

EL BLUES DEL TROTAMUNDOS



Estoy tan lastimado nena,
de andar de aquí para allá,
de no tener un hogar,
de ser una pinche piedra rodante.
No tengo expectativas, ni sueños en los bolsillos.
El viejo tren ya se ha ido, pero no hay razón para echarlo de menos.
Hoy el mundo en cualquier parte está en llamas, no tenemos a donde ir.
La gente envidiaba mi vida, hoy son todos como yo.
Saben ya de mi dolor, el glamour del espíritu libre añora la chequera y la cuenta de ahorros.
Amor capitalista, desengaño neoliberalista,
enfermedades venéreas, por creer que las crisis no son contagiosas.
Somos apostadores, pero no sabemos perder.
Aborrecemos la política, porque significa responsabilidad compartida.
"¡Sálvese el que pueda!" pensamos antes de entrar al centro comercial.
Somos todos vagabundos, somos todos miserables.
Grandes distancias recorremos por la red, pero nuestra vida siempre nos aguarda.
Yo camino ciego con mi guitarra por el infierno,
el calor es insoportable pues todos están ardiendo.
El odio es un viejo lenguaje, que nunca deja de actualizarse.
El diablo ya no me pisa los talones, esta tierra ya es suya.
Amémonos por esta noche, traigo el whisky que me pediste.

sábado, 12 de mayo de 2012

No sé por qué, sólo sueña


Camina, camina mucho
Aprovecha para matar el tiempo
Libremente
Sin confusión, sin arrepentimientos.
Aprovecha para embriagarte con desconocidos
Muchos tienen cosas que hacer al otro día
Tú no
Sólo buscar en dónde más embriagarte y sí
Seguir caminando mucho.
Aprovecha para conocer más lugares
Y deja de verlos en los libros
Ríete de los que tienen cosas que hacer y preocupaciones
De los que se tienen que vestir formalmente y rendir cuentas
Tú no
Tú sólo te preocupas por caminar mucho
Marcar tus pasos y hacer cuencas por las calles
Por beber donde se pueda
Hasta quedarte dormido
Y soñar que eres un vagabundo.

DEMENCIA



Si yo fuera vagabundo no tendría calles, ni espera, ni muerte. Sería andanzas dispersas al mismo lugar, a la misma amargura. Creo que me volvería el ser más indeseable sobre la tierra, peleando por mi soledad...mi más dulce delirio.

Los días transcurrirían con pesar, agrios, así como mis manos al abrazar mi cuerpo enfermo y sucio mientras me reprochan estar vivo. Lloraría por todos aquellos que han olvidado cómo hacerlo, al fin y al cabo el llanto es sólo el alimento de las almas en vela.

Los rincones reclamarían mi presencia, el olor a escoria y locura de mis pasos, el sonido inquieto de mi voz insana y los ojos que siempre contemplan impresionados el ir y venir de personas sin rumbo. Frente a mí el mundo sería un demente espectáculo.

viernes, 11 de mayo de 2012





Pasaje caribeño

Ha empezado el calor, lo noto porque las mantas me atosigan ya por las noches y tendrán que encontrar otro uso como soporte de mi cuerpo separándole del suelo. El sol nunca toca directamente, los despertares entonces no son bruscos sino ligeros como soplos de luz en los ojos. Lo malo del calor es que  los olores se agudizan, la orina y el calor siempre han sido una combinación peligrosa aunque las chelas y un par de tabacos aminorizarán el efecto o me obligarán a olvidar que mi casa es todo un orinal. Habrá más reuniones en el parque, más vino frío y por lo menos, la soledad parecerá más cálida, colorida. Abrirán por fin, como cada verano el  "Pasaje caribeño", extraño a las mujeres que se pasean por ahí regordetas, delgaduchas, feas, hermosas con una belleza que jode por estar tan usada, todas son mis amigas, más de una se ha quedado tirada a mi lado, en mi cama. Los hombres como siempre llegan con su gran valía, su espíritu altivo y sus ganas de pillar un cacho porque trabajan horas para gente que los humilla o los desprecia. Alguno me invita un trago de vez en cuando o habla conmigo porque sus amigos lo abandonaron o porque se vino a un país donde la superación sólo se mide por ganar un poco más de dinero. Los hombres me miran con pena, como si creyesen que soy un desgraciado, un pobre hombre que duerme en la calle, si alguna vez me pagan algo es porque creen que su misericordia me hará el día, es su obra de caridad para salvarse de un futuro como el mío. Pero ellos no ven nada en mí, soy un espejo de sus miserias y por ello creen en mi desgracia, porque se miran bajo el efecto del alcohol como personas sin pena ni gloria. Pero todo eso no interesa, ni el falso orgullo ni la falsa conciencia, no se dan cuenta que yo ya no pierdo nada, que la nada es mi casa, el vacío de las calles por las noches, no entienden que yo no tengo y por lo tanto no carezco, les cuesta aceptar que soy una persona sin miedo.  

miércoles, 9 de mayo de 2012

En la misma ciudad


Si yo fuera vagabunda, pediría una ciudad con ríos, lagos, mar y volcán en un mismo sitio, esa ciudad sería Colima, donde los cocos y los mangos tapizan los jardínes, donde no hay mejor lugar para perderse, que en las fauces del volcán. Donde el baño y la picazón de mi piel no serían problema, pues verán, aún en los riachuelos que se internan en la mancha de concreto, hay momento para refrescarse, para tirarse sobre la hierba crecida pero mansa.
Caminaría kilómetros hasta llegar a Cuyutlán, haría gracias a los turistas, que ya de por sí, sentirían pena y risa por mi enmarañado atuendo; juntaría papelitos, todos, muchos, me fabricaría una historia, la que no he encontrado.
Comería las palomas –tantas y tan gordas– que abarrotan la plazuela, fabricaría jugosas brochetas, alternándolas, quizá, con colas de lagartija; las ofrecería como recuerdo: -¡Lleve colas de lagartija, verdes y retorcidas! Correría tras los niños para asustarlos, hasta que de sus gritos brotara un caramelo, un chicle aún con sabor; luego sus madres, como leonas furiosas se abalanzarían sobre mí; yo me iría dando brincos, haciendo bombetas, me lo permitiría. Esa licencia, la de huir sin despedirse, sin echar raíces, sólo cargándome de un camino a otro, sería mi tesoro, el único.


martes, 8 de mayo de 2012

De ser vagabundo





Me consumiría en los parques y en los bosques de las ciudades, haría de ellos mi hogar. Cuidaría que no se les violente y se les estropeé. Las hojas secas de otoño siempre son una estupenda cama, allí tendría los mejores sueños de mi vida.
Entraría a los cafés internet y me haría cuentas de amigos muertos, el utilizar nombres de personas que descansan en el cementerio sería una opción. De cierta forma les daría vida, les fundamentaría dándoles continuidad a sus existencias. Yo* –crearía- escribiría sus vidas, y la vez, me desharía de la mía.
Me pararía afuera de algunas de las Universidades, Facultades, pensando en lo que pudo ser mi fin, y entraría en mí un miedo enorme al saberme que de haber sido así, estaría condenado a una oficina, un escritorio o bajo el mandato de un jefe desleal y deshumanizado. Mi cuerpo lo tendría en alquiler, mientras mi espíritu se hallaría extraviado.
Comería en las afueras de los mercados, al costado de sus fondas. Me permitiría ver el ir y venir de los comensales; me saborearía en el guisado que les escurre por la boca. El dueño del local como en otras tantas ocasiones se compadecería de mí y me daría tal vez una sobra de algún platillo.  
Me enamoraría, esta vez no de un alguien o un algo, estaría entregado y  rendido al amor de mí libertad, con la que ocasionalmente como en toda relación tendremos conflictos: el riesgo mismo de existir sería uno de esos muchos inconvenientes.
Fotografiaría mentalmente las estructuras que se desbaratan y todas aquellas que se levantan; vería –por horas- el correr del agua. Me liberaría de la pena de las circunstancias, del arraigado pensar del desastre, que en el resto vería tanto con el primer rayo del sol hasta la última luz que se apaga, pobres, pensaría. Me definiría en dos leyes: mi sentido común y mi libre albedrío. Jamás les contradiría o les traicionaría, el hacerlo sería no ser. Sería el abandonarme.

“Nómada, loco, noctambulo y  soñador. Un vagabundo, trono sin rey, templo sin dios*…”
Robi Draco Rosa 

domingo, 6 de mayo de 2012

EL ONANISTA



Ser profesor de literatura en una secundaria nunca fue fácil. Y menos cuando tienes a cargo a todos los grupos del tercer grado. Tantas quinceañeras frente a ti, no solo es un reto, también es toda una prueba de resistencia. Afortunadamente, siempre tuve un último recurso a la tensión. Cada mañana bajo la ducha, ahí comenzaba mi drama. La luz blanca del amanecer entrando por la ventana del baño solo dejaba ver mi oscura silueta, pero aún así, era claro y nítido lo obeso y viejo de mi cuerpo. Las canas de mis 62 años, las arrugas en el rostro y las estrías en la cintura terminaban de enmarcar mi decadencia.

Para mis alumnas solo era un tierno "abuelito" pero por dentro, un tormentoso deseo hacia ellas me devoraba. En la regadera, aliviaba mi angustia, una pesada ansiedad que desde joven nunca pude quitarme. Mis tiempos fueron otros, poco liberales en esos años. Mi físico, casi igual que el de ahora, muy parecido al de un topo. Tímido, medio miope (usaba las gafas más feas del pueblo) e inseguro, y así pus cuando. Jamás me anime a hablarle a una muchacha y en consecuencia, me refugie tontamente en los libros. El tiempo no perdona y la soledad que me abrazaba, a la larga me encerró. Asiduo yo de las épicas, las grandes hazañas... hoy por las mañanas me masturbo llorando, pensando en Penélope, pensando en Astrid, y pensando en ti Carmen.

Quizás nunca leas esta nota y ojala así sea. Fuiste mi estudiante más sobresaliente, y llegue a amarte más que a mí mismo. Cada lectura que te di, la hiciste tuya con envidiable pasión... yo no te aburría como a las demás. Tu juventud, tus ganas de vivir... y yo tan lejos de eso, tan solo. ¿Por qué escribo esto si no quiero que lo leas? Me despido de mi mismo hablando de ti. Me toco una última vez acordándome de ti... abiertas ya las venas con una navaja de afeitar, me moriré recordándote.

No es la mejor estampa la de un viejo que entre lágrimas, se sublima mientras se desangra. Empero, es lo mejor que puedo darte... ¿Para qué ocultar lo que siempre fui?

sábado, 5 de mayo de 2012

Rap chaqueto


¡Creo que me estoy desquiciando
Me estoy pandeando
Me dicen que me saldrán pelos en la mano
Que quedaré loco
Que no tendré hijos, saldrán feos con caras de marciano!
Me están asustando
Creo que me perdí de algo
Lo hago porque me gusta, me calma
Pero dicen que es pecado y que papá dios me castigará.
Me dicen que es malo y que me voy a secar
Yo sólo quiero despejar mi fogosidad
Porque sabes, tanta pasión contenida eso sí me va a quemar.
¡Chaquetero! Me gritan en la calle
Se burlan, dicen que no puedo parar
Pero a sus hermanas deben ocultar
¡Chaquetero! Creen que es burla
Pero nada pasa, no hay culpa.
Sólo quisiera que se callaran
Y me dejen estimularme a gusto y sin acusaciones
Con pelos en la mano pero sin pretensiones
Con barros y granos pero libre.

INSTANTES



Sentí vibrar tu cuerpo

atado al deseo infame

de perderme en tus instantes

y volverte etérea,

orgasmo sin rumbo,

suelo latente en la imaginación

para volver sobre mis pasos

y encontrarte,

besar tu histeria,

tu esencia lasciva,

recorrer las calles perdidas bajo tu sexo

que reclaman insistentes

el calor de tu ausencia.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Escribicionistas, primer aniversario

Escribicionistas está concebido como un taller de corte literario, en el que óptimamente 14 personas habrán de plasmar con base en la premisa de un tema distinto cada semana, su óptica, su talento, sus inquietudes y traumas, su punto de vista expresado tal cual ellos lo elijan.
Aunque la idea no tiene nada de original ya que colectivos similares existen desde hace algunos años en la llamada blogósfera, no deja de ser interesante reunir talentos que en su primera generación, tuvieron diferentes perspectivas, casi opuestas algunas de ellas.

Tuvimos por ejemplo, el talento de una mujer activa, propositiva, que gustó de traer a este blog, letras pensadas para la conciliación, para la vivencialidad del ciudadano promedio que gusta de reflexionar y enamorarse de las posibilidades de la sencillez y los sueños. Esa era Úrsula Amaranta, quien abandonó el proyecto en agosto, dejándonos con ganas de saber más de ella, Fototropismo que supo ser dedicado en sus letras imponiéndose retos constantemente para impecables resultados, La Malquerida quien gustaba de platicar historias sobre el dolor, el malestar y las buenas cosas que se pueden encontrar en los peores momentos, NTQVCA, quien nos dejó claro que grandes contenidos, grandes ideas, podían ponerse en pequeños contenedores que nos podrían hacer pensar mucho más que mil palabras, Destroyer quien pudo hacer un ejercicio no muy lejano al del joven estudiante que proyecta sus inquietudes y perspectivas en cada momento de su aportación semanal, Pherro quien siempre se interesó en proponer enfoques distintos para sus ideas, trabajar en un nivel que contribuyera al estilo del blog, OJT que en el breve tiempo que estuvo en el blog, intentó siempre poner una perspectiva distinta, algo que pudiera ser un referente alterno y llevarnos fuera del propio texto escrito. Hasta hace poco, dos del primer equipo Escribicionista se fueron. Fer quién siempre supo sorprendernos con textos sencillos pero llenos de significados y reflexiones y el Pinchesendic quien lucía un verdadero estilo propio en sus relatos.

No hay que olvidar que la primera generación Escribicionista también se vio nutrida recurrentemente con invitados. Uno de los más frecuentes seguidores de este blog, desde Perú, Luis Torres, ha logrado con su estilo sesudo y manejo sobrio del lenguaje, aficionarnos a sus intervenciones. ¿Por qué no ha entrado al equipo? Sólo él lo sabe. Pongamos nombres como Ferrioni, Alizzia, Jo, Crónicas Urbanas, Megah, Olague y Travis, como colaboradores de honor en este año Escribicionista y sin olvidar a dos invitados que se convirtieron en frecuentes asiduos semanales como el Dr. Whoanz que aún está en la plantilla con un estilo cerebral, dedicado a inspeccionar los rincones de nuestra conciencia y volcarlos en escritos delirantemente sobrios. Pinchi Hablador, quien, aunque hace pocas semanas emigró, también supo darle colorido a la plantilla del blog con interesantes y divertidos escritos que trascendían sus propias letras, dándole un aura de dramaturgo del humor ácido como pocos pueden verse.

Acerca del equipo original; Siracusa, que nos ha traído historias mágicas, llenas de pulsiones, evocadoras, Dark, quien ha sabido pulir un estilo chocante, agresivo y obscuro y el Capitán Tintasangre con su visión narrativa envolvente, que puede transportarnos a otras eras con gran facilidad, se tomaron sus descansos pero afortunadamente para nosotros, regresaron a darnos lo mucho que tienen. El Dr. Gonzo, con su áspero sentido del humor e historias en clave de dolor, nos ha permitido tener la perspectiva del vacío y la acidez necesaria para sobrellevarlo y Ros, el alma del proyecto, una de las más constantes Escribicionistas, nos ha regalado durante este año su estilo melancólico y colorido a la vez, con varios escritos ya clásicos en el blog.

No olvidamos a nuestros Escribicionistas más recientes y que han llegado para darle sustancia a este taller: Augustine que nos ha dado el punto de inicio a reflexiones complejas e historias de un ánimo cuestionador y descubridor. Julieta quien ha soltado versos e historias llenos de nostalgia, equivalentes a un atardecer calmo y pleno de recuerdos. Hanselópolis cuya imaginación y decanto por la ciencia ficción, ha traído historias de distintos caracteres y tonalidades.

El blog no es tan activo como antes, pero mientras podamos leer algo durante la semana, el vicio de leer, aprender y descubrir seguirá patente. Gracias Escribicionistas, vamos por un año más. ¿Quién dice yo?

martes, 1 de mayo de 2012

Carente de chispa





Entendida en el auto reconocimiento pleno de nuestra sexualidad, el quedito sentido a la autoexploración. Por lo regular comenzamos tal exploración en el encima, por la carne, por la epidermis, de forma que nos lleva al reconocimiento interno (el placer en principio se evoca al sentido, a los sentidos).
Y nos erectamos al succionar los pezones de nuestras madres quienes nos perciben en no más que ternura. Resultas ser “razonable” hasta tu año y medio, dos años: ahí tu mierda se vuelve asquerosa, ahí tus “partes” se vuelven censurables  y  únicas. Encuentras disfrute en el roce de tu pants de actividades físicas; sientes “chispitas” en el frotarte en la pierna de la maestra de piano –te mira dulcemente, no perversamente-.
Lavas, aseas bien tu cuerpo. Tus papis te dejan ya lavarte sola (o). Sabes que esa parte roja está limpia, lo suficiente, huele al shampoo del pato. Qué importa, sigues tallando, limpiando, sientes “chispitas” como las que sentías en la pierna de la maestra, risitas y algo que no sabes cómo se llama, después le bautizarías culpa.
Ves el Gallery Magazine, hasta ese momento sólo conocías los dibujos en las bancas, esas formas como arañas partidas a la mitad, o la otra como salchicha en ruedas. Sabes que son, te gustaba hacerte el tonto, el inocente, en verdad hasta ahora no entiendo por qué, siempre fuiste, serás precoz. Ruegas que te presten esa revista; la sacaste de una mochila en el taller de mecánica. En casa sólo le revisaste -por horas- entre escobas y diarios viejos, el único lugar en donde no podías ser descubierto era allí. Al final no hiciste nada, en todo momento sentiste que tenías que hacer algo, tu sentido y común y libido tocaron la puerta más no les abriste.
Te hiciste de la idea pública, del concurso de chaquetas; aquí la cuestión no era el nivel de excitación, ni el control en la eyaculación, su valía y ganancia se adjudicaba al alcance, ajá, hasta dónde llegaba el liquido seminal, “los mecos” vamos. De mitos y otras cosas, la masturbación se hizo deporte, agenció  en primera instancia un reconocimiento público, años después se interiorizo, y de qué forma lo hizo.
Tus uñas de los pies es lo que pega con la sobrecama, tus dedos levantan el arco de tus pies a la par tu cuerpo se contrae. Y la mano izquierda continua moviéndose cada vez más despacio entre tus piernas. Las orbitas de tus ojos regresan a su lugar, minutos antes daban la vuelta a todo tu -universo- nervio óptico. Sonríes, hueles algo, eso te excita aún más, te llevas la mano a la nariz, aspiras fuertemente. Por mucho tiempo pensaste que justo así olía el amor.
Comenzaste a considerar como inaceptable, atípico el masturbarte no necesariamente pensado en algo sexual, en el coito (donde diablos se dé y cómo sea)… No, te masturbabas antes de salir  a tomar un café con una compañera del trabajo, te masturbabas –antes y después- de exponer un proyecto, te masturbabas pensando en viejos amores, te masturbabas mientras veías a James Spader estrellándose en un Little Bastard. Te masturbabas en la tremenda melancolía y en el cólera de tu existencia. Literal, figurativo o metafórico, tu vida se hizo una chaqueta mental.
El inconveniente en tu vida intima, no fueron los tipos: ni su entrega y optimismo en la cama, caray ni siquiera sus excentricidades –y mira que los hubo muchos de este tipo-, el inconveniente, es que nadie conocía más tu cuerpo que tú misma. Algunos llegaron a dejarte allí desnuda cuando veían la pasión con la que te tomabas. Otros se estimulaban al grado que se abalanzaba sobre ti, frenéticos, ardiendo, los recibías con un patada. Mal hecho, se comenzó a decir que eras lesbiana. No fue hasta que un día en un hospital, a horas –eternas- de pasar a un chequeo de corneas leíste en un suplemento que la mujer de Camus o ¿Sartre? No recuerdo, seguro fue uno de ellos, la cuestión es que su esposa (de cualquiera de los dos) mencionó abiertamente la pasión de su pareja por la masturbación, situación que a ella en un principio le ocasionó una gran zozobra, un vacío; al paso de los años terminó comprendiéndolo. Le erotizaba pensar que vivía con un hombre capaz de comprender el placer, al grado de otórgaselo a él mismo como nadie más.- ¡Demonios! ¿Por qué no lo comprenden de la misma forma mis parejas? – Me decías mientras te veía desnuda y tocándote.