lunes, 30 de abril de 2012

En tí con mis manos ♫




Nuestra fotografía esta entre libros y flores secas. Recuerdos de los momentos construidos. Trabajo sobre la mesa y me observas, con esa mirada tan tuya, un poco indiferente, pero cuando me distraigo puedo sentir como cambia. En ocasiones me detengo, sostengo el lápiz en la boca y trato de imaginar -¿qué pasaba por tu mente cuando nos fotografiamos?-. Fue la primera vez que nos vimos y pudimos intercambiar pensamientos de viva voz. Es raro decirlo así, pues ya desde antes, habíamos tenido ese tipo de conversacion, donde la esencia no se puede cambiar ni modificar para caerle bien al otro. Sigo trabajando, hay muchas cosas que revisar, otras tantas que planear. Cotidianidades.

 No puedo. Tu mirada recorre mi cuerpo. Se detiene sobre mis senos y un escalofrío... Cierro los ojos y siento tu boca húmeda... ¡Sacar promedios, en eso debo concentrarme!. Busco los papeles que se han perdido entre los demás. Al lápiz se le rompió la punta. ¡Carajo! Tampoco encuentro el exacto para afilar. Nunca he usado sacapuntas, no queda la punta larga ni fina como me gusta, que me permite garabatear un diez o un cinco en un cuadro de dos centímetros. Veo la pila de cosas pendientes, suspiro y de nuevo tú mirada. Tan llena de paz, me divierte ¿Qué pensarías al verme perdida entre mi propio desorden? Sonrío, ¿dónde deje el encendedor? Voy a la cocina. Tomo un trago de jugo del cartón y se me escurre por la blusa, el frio despierta mis pezones. Un cosquilleo empieza a bullir por debajo de mi pantalón, tu lengua recorriendo mi vientre… Buscó en los cajones, hasta que por fin encuentro unos cerillos.

De vuelta en mi habitación disfruto del incienso. Me tiendo sobre la cama aspirando tu aroma sobre la almohada. Disfruto mi cigarro y clavo la mirada de nuevo en tus ojos. Empiezo a contarte lo difícil que es tratar de concentrarse así, te hablo de lo mucho que me gustaría salir de vacaciones, las ganas de ir por un helado y caminar sin rumbo, sin sentido. –Me gusta mucho tu sudadera roja- me dijiste un día. Hoy la traigo puesta. –Debajo no tengo nada- digo y guiño un ojo. No sé, si sea mi imaginación perturbada, pero al instante brilla en ti una chispa de pasión. Tus dedos jalándome el cabello como si fuera una yegua a la que tomas de la crin para cabalgar. Tus envistes detrás de mí…suena el teléfono, es Susana que me invita a salir –No puedo amiga. Te lo compensaré después, yo invito el vodka- cuelgo rápido, tú me esperas en la habitación.  De regreso, me he sacado toda la ropa, menos la interior que se te excita ver y quitar de a poco. Un fulgor extraño surge de la fotografía. ¿Te robé el alma y quedó ahí entre esos colores oscuros? No lo sé, no me importa, te respiro, te siento.

Se consumió el cigarro, el incienso me provoca sueño y la ansiedad entre mis piernas aumenta. Mañana debo aplicar exámenes. Tu lengua dibujando mí oído… Aún faltan cinco días para la quincena. Y mis manos ya empezaron a recorrerme, lenta y suave. –Abre las piernas- parece que me susurras desde al altar que te he construido. La respiración agitada es evidente. Coloco la fotografía cerca, el marco lastima mi piel que se eriza al contacto de mis manos sobre la “v” que une mis piernas y conecta con el paraíso. Mi cadera empuja hacia delante y atrás, siento en el aire la fuerza de tú hombría entrar y salir de lo rosa del jardín que te pertenece. Esa mano, no me pertenece, es tuya. Llegas hasta el fondo de mí ser. Me despojas de toda la piel y vez mi alma, te la muestro sin miedo, un beso al vidrio frio, estas aquí, son tus labios los que sienten la explosión de mi cuerpo. Quedo lánguida e inmóvil sobre la colcha blanca. Y mi lápiz sigue sin punta. Miro alrededor, todo estático. Te abrazo a lo lejos, suspendo la actividad de mi cerebro, todo desaparece, solo puedo pensar en aquella noche que pasamos en tu coche, afuera de la casa de tu hermana, oyendo a los niños jugar, escuchando música y fumando ilusiones. De nuevo tomo nuestra foto, delineo tus cejas, la nariz, tu barba que se desliza por todo mi cuerpo. 

Esta tarde se consume deliciosa.

domingo, 29 de abril de 2012

AMNESIAC



Desearía tener mis recuerdos ordenados alfabéticamente, en archivos AVI o RMVB para volver a verlos en el Media Player Classic cuando yo quiera, y no como los tengo ahora, difuminados y borrosos sin saber acaso si los viví o los soñé, si las personas de mi vida fueron reales o personajes de ficción… la memoria humana es una mierda y sin registros fidedignos, el pasado al tratar de evocarlo se vuelve angustia.
   
Muro de Facebook, 3 de octubre de 2010

Olvidarnos de lo que nos duele, y no olvidar jamás un rostro, una conversación o un aroma. Olvidar, poder recordar y nunca ser olvidado. Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y Memento... el ayer como fuente inagotable de múltiples interpretaciones, siempre distinto al revisitarlo pero al mismo tiempo inmutable. La memoria degenera, los hechos no... y es que nada pasa realmente, el mundo también olvida y nos olvidamos de el al morir. No aferrarse al pasado, la vida sigue y para avanzar, el olvido. Lo que no sirve, a la verga... y sin embargo:

Si pudiera borrarme esos viejos recuerdos,
que como viles cuervos arrancan ya mis ojos,
dejando mis despojos entre historias hirientes,
igual de indiferentes al amor y a las gentes.

Rockdrigo Gonzales "Distante instante"

Y aquí estoy de nuevo... perdido en un sueño profundo.
Y una vez más lo intento... Abro mil puertas, y busco mi primer hogar, mis viejos juguetes, las calles de antes, los amigos de la infancia y las risas extraviadas. Atravieso mil espejos para hallar mi habitación, enciendo mil televisores para ver las caricaturas... quiero todo aquello que ya no puedo recuperar. Quiero cada cine en su lugar, cada pupitre en su sitio.

Y al final despierto, siempre despierto... 

sábado, 28 de abril de 2012

Encontrando caminos


I Sonrisas

Sonrisas elegiste
En el cristal empañado de tu infancia
La fría memoria desmantelada
Las emociones que debían estar ahí
Ahora sonrisas elegiste
Curando la ausencia de recuerdos
Evitando más heridas del pasado.

II Silencio

Buscando el inicio
Se rompe la voz y el sonido
¿Qué es lo que pasa?
¿Por qué no puedes hablar?
¿Acaso aprendiste a dejar de hablar?
El camino se cerró, mi voz desapareció
Sólo una mirada de recelo se quedó
¿Dónde diablos la dejé?
Fue tan atractivo el silencio que mis palabras se bebió

III Brillo

Lo indecible reparó el daño
En ningún momento pareció que fuera a funcionar
Parecía un sueño (y lo era)
Y germinó.

IV En los mejores días

Mucho desapareció y dejó ver un nuevo sol
Que no contenía ciclos de exceso ni dolor
Que permitió una sonrisa
La única que puedo recordar
La única que me puedo permitir
La única que dejó un sueño intacto

V En el ocaso

Tal como llegó, tal como se fue
el hondo juego de luces se apagó
con una risa retumbando en las paredes
la confianza se terminó.

Ahora sólo está la espera
de que la chispa se apague
de que por fin todo acabe.

viernes, 27 de abril de 2012


Laberinto
 
Parece inevitable querer una salida ¿Qué hacemos acaso normalmente de nuestras vidas? ¿En qué pasamos el tiempo sino en intentar encontrarla? Sí, traten de no pensar en ello, no desear una salida, una meta, un lugar, estado, misión, satisfacción a la que tender. Intenten pensar la vida sin sentido, así nada más con lo que hay. No es fácil, lo sabemos, por eso la religión, el dogmatismo, los nacionalismos, el amor como salvación, los modelos de vida, todos son una salida al laberinto, una mano que entra en él, segura, cálida a la cual te puedes aferrar hasta encontrar la escapatoria.
¿Qué nos han enseñado? ¿Qué el sentido de la vida debe imponerse y tragarse, comerlo como una manzana que abre una doctrina y una vida que reniega del sufrimiento y la tragedia, identificándola  con un lado negativo y desdeñable de la existencia? Seguimos la serpiente y entonces nos vemos inmersos en un mundo construido desde la conciencia, encerrados en los pensamientos impuestos, en la búsqueda de soluciones cuando ni siquiera hemos hecho ninguna pregunta. Quiero decir, ninguna pregunta propia, atópica, ¿acaso sabemos hacernos cargo de nuestro espacio? No, el mundo ya está inventado ¿no? sólo hay que ocuparlo sin inventarlo. Es mejor ser culpables enviando la culpa a lo otro, si el pecado original no fuese una falta con la que fustigarse sino una carencia originaria que nos obligase a inventar todos los sentidos sabríamos vivir sin salida, querríamos perder nuestra vida en este laberinto sin sentido, sin causa originaria y sin salvación final. Pero hay que perderse para entender que no hay nada que encontrar, si hay algún juego en el laberinto, si se gana algo en o de él es ahí en su camino y en su no haber nada que encontrar.

lunes, 23 de abril de 2012

Para ti, JuanCa.


La tibia noche cayó.
Cayó sobre tus hombros, tu espalda, sobre tu mente.
El alcohol nubló tus pasos. Nubló tus manos.
Nubló tu vida.


Las lámparas de la avenida y los perros callejeros fueron testigo.
Corrieron tras de ti, mientras que las otras apagaban sus luces rítmicamente, al son de humo y hierro torcido.
Tu cuerpo explotó, mientras aun pensabas, aun respirabas.


Y la noche tibia cayó, llenando el ambiente con el sucio sabor a sangre.
Lo cubrió todo, durante escasos siete minutos.
Sufriste, llorando imploraste.
Caíste.
Junto con la noche.


Mientras caías, el sol asomó su rostro, lleno de laberintos por entre los cuales pasaste.
Recogiste tu alma de entre despojos humanos.
Despreciaste el tiempo que te quedaba junto a nosotros.
Preferiste irte.


Caíste. Junto a la noche.
Y vives. Cerca del sol.










Con ustedes Dark Angel,
escribicionista.

Corre, Rocio. Corre




Columpiaba sus pies.
El viento cálido de la tarde mecía su cabello.
Pensaba una y mil veces sobre el porqué, cuáles eran las razones que la vida o el destino tenían para obrar así en su contra.
¿Debo siempre vivir con miedo?
Los niños poco a poco llegaban al parque. Era una intrusa.

Alguien o algo la habían puesto en medio, ahora no encontraba la salida.
Se movía entre paredes invisibles de convencionalismos.
Su espacio se hacia mas pequeño. Creyó haber escapado de su primer intento de desaparecerla. De aguantar tres años de callado sufrimiento hasta que decidió gritarlo y escupirlo por todos lados.
La salida era encantadora, pero, apenas puso los pies fuera, la libertad duro muy poco.

Llanto y miedo quedó ahí.
Sus pies corrieron tan rápido como pudieron.
Una herida profunda que atraviesa el alma.
Ganas de gritarte por tu estupidez.
De detenerte y decirte que eso no esta bien.
En el umbral te despides y tus ojos me evitan.
Una lagrima que seca el viento de la tarde.
Una esperanza en el amor que no podrá ser jamás...
Un sueño que tuvimos cuando nos conocimos.
Una fruta que dejas a medio comer por miedo.
Tu semilla crecerá sin saber de ti por tu cobardía de enfrentar la vida como es.
Pesadillas que me acompañarán de ahora en adelante,
el temor de verte sin aliento,
el dolor que punza mi corazón por tu espejismo.
¡No te vayas! quédate conmigo, lo haremos juntos.
La muerte y soledad serán tus únicas amigas de ahora en adelante,
el sobresalto y la angustia, las mías.
Me dejas en medio de un desierto lleno de sombras que me asustan.
Ve mi pecho, ¿no te das cuenta?.
Egoísta opción, pero has elegido tu camino,
recogerás tus pasos pero no los míos...

¡VIVA L'FAJES!

Hace algunos años en París, en una peña de mala muerte, alguien muy ebrio, escucho la siguiente breve conversación:

- ¿Estás decepcionado del amor?

- No, estoy decepcionado de mi mismo. ¿Sabes? Siento que actualmente las personas estamos más encajonados en la dimensión del gusto y la pasión, que en la valoración interna del ser humano. Es decir, nos casamos con un modelo de nuestro amor ideal, y no nos damos la oportunidad de conocer otras cosas que probablemente nos harían más felices. Nos quejamos de que no nos toman en cuenta, pero... no le puedes exigir a los demás lo que tú mismo no das.

- ¡Es que el amor es una apuesta!

- No, el amor deja de ser una apuesta cuando te fijas en lo que realmente importa: las virtudes y los valores de la persona. Creo que lo que nos aterra, una vez que hallamos esto, es que también se trata de un compromiso... de no lastimar a esa persona, de no traicionarla. Y hay que añadirle a este egoismo, nuestra hueva al tratar de acoplarnos con el otro. Apenas vemos algo que no nos gusta y salimos huyendo a empezar de cero con otra persona. En vez de ir tratando de arreglar las diferencias, rechazamos de tajo a la menor provocación. Queremos todo en bandeja de plata, no nos gusta esforzarnos para que una relación funcione. Que irónico que en tiempos donde la comunicación es un paradigma dominante, tanto tecnológico como social ¡No sabemos comunicarnos!

- Tú lo has dicho ¡Salud!

- Yo no sé porque todas las damas de las cuales me enamoro, resultan ser unas gatas. En fin ¡Salud!

Lleno de curiosidad, el tipo que oyó este dialogo, se levanto de su silla y busco a las personas autoras de esta plática. Para su sorpresa, lo único que encontró fue al personaje de aca abajo, tomando solo frente a un espejo:



domingo, 22 de abril de 2012

LIGERAMENTE…



Palabras trémulas,

perfecta sincronía

entre mi voz y tu piel,

imprecisa

con sabor a hiel y última vez,

con los nervios que se arrojan al deseo

y se rompen como fieles vigías en el calor de tu cénit

y se adhieren

para volver la mirada y seguir de paso

hasta el lado etéreo de tus profundidades.

El faje de mi vida

Cuando mocoso, siempre que me atascaba de tragadera, mi jefa me decía: ¡Que te fajen! Ya con el tiempo y con la sabiduría que mis estudios y mi propia inteligencia supieron proporcionarme, supe que esa expresión se refería a que me colocaran una especie de cinturón grueso que me apretara para que mis deseos de ingerir alimentos de más, se vieran limitados y mi vientre no excediera su típica hinchazón. Con todo y eso, el faje era el tema preciso para presumir entre los cuates… o bueno, eso hacían los cuates. Se trataba de que en tus manos cayera el ansiado atractivo de nuestras compañeras y los más atrevidos, los más efectivos, nuestros semidioses del amor, hasta de las maestras. Un roce, un pellizco, una plena agarrada en las más generosas de senos y nalgas… todo valía, todo era un faje, todo eso te hacía un campeón. Yo tenía 13 años y mi único acercamiento a un buen faje fue cuando, bien pedo, me sostuve de un árbol para no caerme y estrellar mi humanidad contra el piso y lo rasposito del tronco supo estimularme en la nebulosa de mi incróspida humanidad, hasta hacerme poner los ojitos en blanco. Frotándome y frotándome, obtuve el éxtasis deseado mientras acariciaba el accidentado terreno del tronco del viejo árbol. Claro, yo no iba a decir una palabra de esto a mis cuates: Al contrario, tenía que adornarme, yo ya me había “fajado” a incontables chavas que nadie conocía muy bien o cuyos generales eran más bien difíciles de corroborarse. Mi historia de agasajos se volvió tan legendaria como la de los que estaban en los más altos peldaños. Pero oh, mi ambición es legendaria. Ya tenía 15 años y estaba por abandonar la secundaria y debía dejar mi rúbrica de legendario fajador, de avezado ícono de la calentura juvenil, debía dejar mi legado insuperable, mi David, mi Carpina Sixtina Alzadina de la época secundariana. Para un mentiroso experto no debía haber problema. Sólo tenía que fijarme en la profesora más buena, la más asediada hasta por los pobres patéticos del sindicato y profesores bonachones de a cien pesos la hora, como asediada por el resto de los alumnos que experimentaban sus bochornos nocturnos con su figura. Ahí estaba ella: Imelda. Su nombre sonaba tan sensual por sí mismo que ni me preocupaba que fuera maestra de quién sabe qué, ni que en realidad tuviera a un hombre. Claro, no todo iba a quedar en un: me la fajé; no, se trataba de imponer mi ley y llegar al: me la terminé cogiendo y así poder ver las caras de sorprendidos de todos ellos, que sólo aspiraban a un pellizco para poder tocarse bajo sus sábanas. Yo sería leyenda. El único problema es que necesitaría una prueba, necesitaría LA prueba. Ropa interior, nada difícil de conseguir de algún tendedero cercano, una talla cercana, un hilo dental, algo bastante sensual que no dejara duda de mi hazaña. Para asegurar la ayuda involuntaria de Imelda, me acerqué a ella solicitándole su ayuda para obtener un libro de la biblioteca del cual, sólo por existir una copia, era prestado a profesores. Yo le rogaría que en aras de poder aprobar un examen me ayudara a sacarlo. De buena gana ella asintió y al verla tan de cerca, supe que mi plan era perfecto. Imelda sacaría el libro el lunes e incluso me dijo que podría pasar a recogerlo a su casa esa misma tarde y ella me apoyaría a revisar todos esos contenidos que yo necesitara. Fue tan amable que incluso me dijo que podríamos cenar juntos después de revisar esos contenidos. No se detuvo en hacer notar que yo le caía muy bien por buscar obtener una buena nota acudiendo a una profesora y sobre todo, por lo mucho que mi mirada y sonrisa le agradaban tanto para ser un púber. En fin, eso fue lo de menos, todo estaba listo, estaba por conmocionar a la comunidad de calenturientos. Llegué el lunes, con la historia bien armada, la prueba y justo media hora antes de que Imelda llegara a la escuela, yo volteara a verla sugerentemente y ella afirmaría sonriente, justo después de terminar mi historia. Y así fue, maravillé, llené de nudos en la garganta a esa generación saliente de la Secundaria Oficial No. 78 Antonio López de Santa Anna. Ninguno de ellos tendría oportunidad de corroborar la historia más que por la tanga hilo dental que les mostré, tampoco podrían intentar nada con ella, puesto que saldríamos esa semana. Yo era el triunfador. ¿Que si fui a su casa esa tarde por el libro y cenar con ella luego de hablar de asuntos académicos y escucharla hablar de mi mirada y mi sonrisa y todo eso que le gustaba de mí? Nah, no tenía chiste, yo tenía que estar a las 8 de la noche en mi casa a más tardar. *Extracto de Las Crónicas del Hernia

viernes, 20 de abril de 2012

Cry baby cry




El primer faje que nos dimos fue en mi habitación, al principio estabas un poco frio, ni te me acercabas y yo no sabía por dónde empezarle. Como para ambientar el asunto me acerqué al tocadiscos y puse un vinilo de George Michael en el que se dejó sonar aquella canción tan caliente que me hacía pensar en ti cuando no estaba contigo. Tenías puestos unos pantalones de mezclilla pegaditos al cuerpo y que abultaban algo que no sabía si me atrevería a tocar, de pronto me di cuenta que no podía contener el deseo y entonces me abalancé a ti con unas ansias que nunca antes había sentido. Sin embargo, al estar tan próximos pensé que habría que jugar con el lapso, con los contratiempos del encuentro, así que te di la espalda y deje que me agarrases la cintura mientras yo movía las caderas al ritmo de Careless Whisper. Empezaste a darte cuenta de que se trataba y entonces, dejaste que mi cuerpo guiara tus manos con un movimiento lento que tocaba mi pelvis y daba forma a mis nalgas. El saxo de la canción iba y venía mientras yo empezaba a transpirar quedito por el cuello, me di la vuelta y empecé a tocar esas facciones tuyas tan blancas y tan inalcanzables por más que las rozase. Ayude a tú dedo índice a bajar desde mi frente hasta el cauce que se encontraba en medio de mis senos, la sensación diseminó la calentura a todo lo que restaba de mi cuerpo y entonces un cosquilleo trepidante me atacó entre las piernas.
-A comer- gritó mi madre al otro lado de la puerta.
Me alejé de ti con pena y fui a quitar la canción que ni siquiera pudo terminar. Nuestro primer faje apenas y duró cuatro minutos, te pide que te fueses y entonces volviste hacer el mismo poster pegado de Johnny Deep en una columna fría, blanca que sostenía las paredes de mi cuarto. Aún te recuerdo Johnny y pienso en todo que lo descubrí de mí gracias a tú frialdad y mi calor en aquellos años precoces.

miércoles, 18 de abril de 2012

Puntual


Qué es un faje y cómo se hace, faje mega caliente, agasajo, calentada, prender el boiler para meterse a bañar; fajes en la escuela, canciones para el faje, pfff, esto y más me mostró Google, para decir que es el punto medio entre hacerlo y no hacerlo, el roce con ropa. ¿O sin?

Me aventuro a pensar que no sólo de roces se trata, sino de sentir lo rico en el cuerpo, el goce, una probadita. De ser así, mi primer faje fue con la comida. Con muchas. Mi madre me daba ‘picaditas’ cuando la veía cocinar. Sentada en el pretil, no tardaban los cubitos de zanahoria, las galletas con no sé qué o las cucharadas de sopa, para juzgar qué tan bueno estaba el guiso del día. Yo relamía mis bigotes, por eso me gustaba estar ahí, también por adelantada, por chismosa, por anunciar a mis hermanos qué tan bien sabía esto o aquello.

Cuando llegaba la hora de comer, entonces decidía si primero quería la sopa, o le entraba de lleno al platillo fuerte, en casa había libertad de elegir. Me gustaba, me gusta saber lo que llevo a mi boca, y si sé cómo se hace, lo disfruto más; quizá por eso llego temprano a todas partes, para echarme la probadita, para poder quedarme, para poder escapar.

Te lo juro






-Yo no me fajé a tu chava, ya te dije, que grande es tu necedad… ¿Quién dices que nos vio? ¿Ý en dónde? ¿En la parada del camión? Si a esa hora yo ni andaba por ahí. Deja de permitir que la gente te meta cosas en la cabeza Lauro. Tu morra te quiere y te respeta, me consta.
-¿Y por qué te consta cabrón? A poco muy amigo o qué…
-No es eso, se le ve a leguas que te quiero el chingo. Observa sus ojos cuando llegas a la escuela, de inmediato deja de hacer lo que esté haciendo. Suelta todo, hasta sus amigas, esas con las que siempre está en la rampa…
-A las que por cierto ni me ha presentado. Siempre que me acerco para saludarla, se para en chinga, le dice algo a uno de ellas al oído y luego me lleva por donde están los baños. En cambio esas chingadas siempre te hablan, te sonríen. Es más, Uriel el del tercero “D” me dijo que una de esas pendejas se le salió decir en clase de Historia que Karina y tú hacen bonita pareja. Ese mismo día me dijo, nada más que no te quise decir nada para evitar pedos; pero con lo de ayer en la parada del camión mis sospechas se confirmaron, así que te vengo no ha advertir, sino a romperte toda tu pinche madre, pinche “amigo” culero, deshonesto. De esa forma me pagas todos los paros que te he hecho, sabes qué, ¡Vales madre!
-No, no, en serio que te han metido muchas pendejadas en la cabeza Lauro, mira yo a esa hora estaba en la casa del Zuri, ya ves que tiene el nuevo de Resident desde hace una semana y el culero me lo quiso presumir, claro a manera de invitación. Estuve jugando toda la tarde en su casa, puedes preguntarle. Además ¡No mames! Es tu vieja cabrón, yo no rallo los cuadernos de mis cuates. Tu eres mi amigo, que mi amigo, mi carnal. No me chingues con esto… Mira, allí va Karina, háblale güey y arreglamos este desmadre de una vez. En su cara te lo sostengo.
-Karina, Karina ¡Karina chinga! Te estoy hablando ¡Ven!
-Otro vez me vas a chingar con lo mismo Lauro, ya te dije que me dejes en paz, si vas a seguir con la misma madre hasta aquí la dejamos… Hola Federico, perdón es qué ni te vi.
-No te preocupes, puss como sabes ¿no? Aquí Lauro que me quiere romper la madre, necio de que ayer nos vieron fajando en la parada del camión…
-¡Oye hijo de la chingada que estoy aquí! Pinche cinismo el tuyo y el de esta pen…
-El de esta… ¿qué cabrón?, a mí me vas respetando, y sabes qué, te voy a decir la neta. No, no me estaba fajando con este cabrón, ni me gusta. Discúlpame Fede, pero pues esto es de netas. Si en algo te ha fallado tu amigo es mantener en secreto que ando con Ernesto, el de segundo “B”, pero con ése no me vieron ayer, fue con Hugo el de electricidad, y a ese sí no le vas a decir nada porque como sabes te puede romper tu madre, si no él sus cuates los de las bicicletas. Además Lauro esto no es nuevo, lo mío contigo ya fue, te lo juro que estoy hasta la madre de tus niñerías, y para que te dé pena aquí enfrente de tu amigo: besas bien culero, no me causas nada, nada me oíste. Da por terminada esta chingadera, y ni se te ocurra hacer un mitote aquí o ponerte a llorar, porque te lo juro Lauro que te pego un madrazo- Karina se alejó contorneando sus púbers pero lindas caderas hasta llegar con sus amigas en la rampa.
Federico con el rostro contraído, estupefacto, veía el rostro desencajado su amigo. Los ojos se le llenaban de agua, a la vez que esos mismos ojos parecían tragarse las lágrimas que exigían salir de puro coraje, de pura vergüenza; a la par que apretaba sus puños con todas sus fuerzas. No dijo nada, salió corriendo al salón para regresar casi de inmediato, algo llevaba en la mano. Federico no pudo distinguir lo que empuñaba su amigo, a los lejos vio que se acercó al conjunto de amigas que parloteaban. Karina ese día llevaba una coleta, vestía el uniforme de educación física; movía la cabeza mientras soltaba una carcajada, empuñaba una paleta de hielo. No había dado cuenta de que a su derecha Lauro le veía fijamente, como un centinela ahí clavado a su lado. Sus amigas algo le dijeron, justo al voltear Lauro asestó a su garganta, empuñaba un cúter. Las amigas gritaron horrorizadas, mientras la pobre Karina se llevaba la mano a la garganta de la cual salían borbotones de sangre, manchando su uniforme, las blusas y faldas de sus amigas se salpicaban de puntos rojos. Lauro ahí inmóvil con el cúter escurriendo de sangre le veía.
En el momento que Federico llegó a la escena le escuchó decir a Lauro en una voz apenas susurrante:
- Karina todo lo sabía pero no imaginé que te atrevieras a embarrármelo así en la cara, tan PUTAmente cínica. Te juro que te quería, te juro que pasaría toda esta mierda por alto, lo que si no te perdonaré es que me hayas evidenciado. Que mis besos y mis fajes no se hayan significado nada, que mi deseo así, haya sido regado como la sangre que te sale del cuerpo. Te lo juro Karina, no me arrepiento. Lauro estaba como en trance, el cuerpo de Karina se yacía inerte en la rampa de cemento. La cabeza quedó en dirección hacia abajo, la sangre que emanaba de su garganta seguía un caminito hasta las canchas.


Moraleja: Nunca pongas –expongas- en entre dicho la virilidad de un hombre, y mucho menos en edad temprana, esto podría traer consecuencias excitantemente sangrientas, y en mejores casos definir sus futuros fracasos de alcoba.

lunes, 16 de abril de 2012

Recuerdos del Tepeyac




La mañana empezaba con el habitual canto de los animales. Los vecinos se quejaban del ruido que hacían los gallos que esa familia -venida de sabe que rancho- se aferraban a criar.
Algunas gallinas habían invadido parte de la recámara. Aquella mujer se afanaba en espantarlas con su babero, las risitas de los niños –más ruidosos que las gallinas- se adivinaban en el ropero o debajo de la cama. Después de haber despachado a los animales al patio, la tía se encargaba ahora de los sobrinos.
-¡Deja ahí! Ya te he dicho que no agarres mis cosas, ¿cuándo lo vas a entender?, órale, todos a chingar a su madre- y le arrebató la cajita de las manos a su sobrina más pequeña. Los niños salieron corriendo pues sabían que si hacían enojar más a su tía no se escaparían de unos buenos jalones de pelo. En cuanto ella se quedo sola se sentó a la orilla de la cama, le paso los dedos a ese objeto que tanto cuidaba. El abrir a veces sus recuerdos la aliviaba, otras le dolía, que mejor olvidaba la caja en lo más profundo del ropero. Ese día, no sintió ni lo uno, ni lo otro. Simplemente se disponía a repetir la misma rutina, así que de rayo se levantó, acomodó unos papeles amarillentos que le servían de resguardo y antes de olvidarlo nuevamente decidió darle una ojeada a su contenido, -Haber, ¿Quién se quiere quedar en la vitrina? ¿Qué sacaremos de aquí para irse a la basura?- Lo primero que vio, pues todo estaba revuelto, fue una fotografía -¡Mira nada más!- y se dejó caer en el sillón.
-¡Ay Roberto! Si ya te decía que tenías cara de burro- y soltó una carcajada -¡Ay Roberto, me acuerdo tanto de ese día. Primero fuimos a misa, tú como que no querías, como que solo querías besarme- cerró los ojos marchitos. -¡Que chula se mira con esos moños!- me dijiste sin pena, caminamos por la Alameda, yo me reía mucho de tus cosas, ps’ mira este muchacho, tan loco que eras. Bien que lo recuerdo, había una feria en la colonia. Nos mezclamos entre la gente, con el pretexto de cuidarme, bien que te me repegabas, yo podía sentir un bultito raro, pero se sentía bien a la vez, así que no te dije que te arrimaras.
-¡Ay Rosario, que bonito vestido!- y me lo chuleaste todo el tiempo, yo estaba retemocionada porque la patrona me lo había regalado, se veía tan bonito, tan blanco que hasta miedo me daba ponérmelo. Una vez me imagine usándolo para salir con la Juana y la Lupe para ir a dar una vuelta al Paseo Bravo. Aunque también me daba miedo, no fuera a meter la pata como Lola, que queriendo parecerse a su patrona, en vez de decir “crespúsculo” dijo “se me crespo el culo” y todo por querer ser muy de sociedá. Pero cuando Doña Violeta me regaló ese vestido no hallaba el momento de estrenármelo y ya me estaba resignando a que el día de mi muerte me enterraran con el. Pero llegaste tú, muy tempranito, estabas tan guapo, con tus pantalones de terlenca bien planchaditos y ese bigotito muy peinado que me hacía cosquillas en el oído cuando me arrimabas a lo oscurito por un beso. -¡Ay Roberto! Esos besos y abrazos que me dabas me dejaban temblando como becerro recién nacido-.
-Ah que mi Chayito, entonces que, ¿cuándo se va animar a darme la prueba de su amor?
-No Roberto, primero boda, si no, pues allá usted sabrá, y se quedará con las ganas.
-Ándale Rosarito, mira que yo me caso contigo, pero dame una pruebita, esto de nomas puros besitos me dejan mal, ándele, no sea remilgosa, o que, ¿apoco tu no quieres?
-¡Ya te dije que no!, ¡Ay mira, un altar de la virgen pa’ los enamorados y familias decentes.
-Vengase mi chula, pa’ que vea que no son malas mis intenciones, vamos a retratarnos, así será ahorita, pero le prometo que pronto será en el altar de a deveras.
Rosario abrió los ojos. –De haber sabido que te irías de brasero y que nunca más te volvería a ver, ps’ te hubiera dado la prueba de mi amor- decía mientras suspiraba y se guardaba uno que otro grito, porque a causa de su decencia, se había convertido en la tía solterona que cuidaba a los más de seis sobrinos y espantaba las gallinas. Repasó por enésima vez su imagen, los huaraches negros que combinaban con sus trenzas, pero contrastaban con los moños multicolores. Su postura cercana a Roberto -¡Ay Roberto! Hubiéramos sido retefelices, segurito ahorita tienes una güera que te dio desde antes la prueba de su amor y ya te olvidaste de mi piel de obsidiana-.
Cerrando la caja retomó fuerzas -¡Órale chamacos cabrones. Hijos de su chingada madre. Ahorita van a ver!- decía mas por costumbre que por convicción y salía esperando atrapar al primer chamaco que se descuidara.

DIMENSIÓN DESCONOCIDA

- La siguiente película es de... bueno, no hay ningún tipo de información que nos de algún indicio de su procedencia, realización o autor. Por el tipo de imagen y rollo usado, podemos inferir que su filmación se dio a finales de los 30 y mediados de los 40. El contenido lo corrobora, pero... mejor sea usted Von Müller quien, como coleccionista de piezas raras, juzgue el material que a continuación le presento.

- Trate de no incendiar la cinta esta vez señor Harsányi y procure no descuidar el proyector. También le advierto que si intenta timarme con algún experimento estudiantil de reciente elaboración, me veré en la penosa necesidad de usar mis influencias en el ministerio de Berlín para clausurarle el cine y echarle del país ¿Le queda claro?

- Si Von Müller.

- Córrala!

Antes de que el sonido del carrete inunde la sala, Von Müller enciende rápidamente un cigarrillo y de igual forma guarda el encendedor en el bolsillo derecho del saco. Luego de la tercera exhalada de humo, la imagen grisácea del negativo aparece en la tela de la pantalla:

En la primera secuencia de imágenes, aparece un niño en diversas situaciones, que a Von Müller le parecen familiares. Poco a poco va reconociendo los lugares mostrados en el filme, "Maldición, seguramente ya conocía este trabajo, aunque...". De pronto, su corazón da un vuelco cuando su madre entra a escena. Esta, levanta amorosamente al niño de los primeros cuadros y en ese preciso momento a Müller se le esclarece todo: "Esa... esa, es mi infancia". Sin embargo, un nuevo elemento rompe con esa visión. Un soldado se une a los protagonistas y Müller cae en la cuenta de que se trata de su padre... al cual nunca conoció pues falleció en la guerra antes de que el naciera.

Lo que a continuación sucede, es toda la vida de Müller desde una óptica... perfecta, sin dolor, sin aflicciones y libre de frustraciones. Müller no sabe si pasan días o años en esa sala, pero no quiere que la película acabe nunca, empero, en una escena donde el muere rodeado de familiares, amigos y esposa, la exhibición toca a su fin.

- Bueno, Von Müller ¿Qué piensa?... ¿Von Müller?... ¿Está usted bie...?

Con la mano derecha apretándose el pecho, Müller aparece muerto. En su rostro había lágrimas, pero en su boca, una sonrisa de satisfacción quedo plenamente visible... como si hubiera presenciado la mejor película del mundo.

sábado, 14 de abril de 2012

Después de todo creo que sí existe el destino...



Para ti...

Fueron años en secreto, miradas insistentes, mi obsesión por tus labios, por tus ojos penetrantes…tristes. Éramos perfectas desconocidas  entre ayeres sin rumbo y palabras a medias, entre calles vacías y la dulce indiferencia  que opacaba tus lágrimas cada que la realidad tiraba piedras a nuestro destino.

Nunca cruzamos palabras, sólo miradas fugaces y perdidas, a veces tímidas, otras lascivas. No sabía casi nada de ti, pero las voces asfixiadas lo decían todo cuando por “casualidad” te sentabas a mi lado y ligeros roces encontraban nuestras manos, tu pierna, mi rodilla, mi instinto asesino, tu cruel disimulo.

Sólo mis notas vacías fueron testigo de tu existencia. Sin saberlo habíamos sido unidas para caminar por el mismo rumbo, pero el miedo y los desvaríos adolescentes  nos hicieron salir corriendo sin volver la mirada, bajar los párpados y seguir a ciegas.

Las calles no dejaron de añorar tu nombre, preguntar por tu paradero, reclamar tu presencia. Pasaron cuatro años y un día cualquiera te vi, cruzando la calle con pasos disimulados, llevando a rastras el tiempo tal vez perdido,  con tus labios perfectos, tu semblante tímido pero tus ojos aún tristes.  No pude disimular mi sorpresa y me quedé helada, recordándote con la mirada y con el más vivo deseo de estar contigo…tú hiciste lo mismo y saliste corriendo.

Sabes, creo que es obra del destino que de la manera más absurda alguien nos presentara y nos hiciera estrechar nuestras manos cómplices de antaño. Sólo el tiempo y las mismas miradas insistentes  me harán caer en tu piel o intentar callar tu nombre entre mis versos y desvelos.

Conocidos



I

Ayer y mañana, ahora que he tallado mis ojos y sacudido mi cabeza, he optado por lo que la memoria no puede recordar, por el candor de tu aliento lo más lejos posible, sin necesidad de decir “hola” y mucho menos “adiós”. Eso digo yo. Vagar sin saber quién eres, tal vez sea mejor, hará de este mundo el menos perfecto, pero de cualquier manera, nunca lo ha sido.

II

Estuve con la mirada en el ángulo oscuro del techo, el sol se ocultó después de mí, el reloj avanzó en su círculo interminable, en el mejor de mis rincones, donde significan nada el frío y el estómago contraído. Ahí es donde el olvido comenzó a forjarse, pude saber que en el camino diario, la mala memoria es algo que hay que impulsar y defender con el corazón. El mismo que, marchito, sigue arreglándoselas para respirar.

miércoles, 11 de abril de 2012

El tiempo de las sonrisas

Quizá no te conocí, aunque parecías tan claro, con tu mueca de madrugada, quizá sólo fuiste la espuma de mi cerveza. Me parece que fue en abril, era primavera, el tiempo de las sonrisas. Había cumplido años la tía Josefina; llegaste después de las tres, de parte de no sé quién y de no sé dónde; llevabas un paquete bajo el brazo.
Josefina te abrazó conmovida, te sirvió un plato de mole y te quedaste varios días, los días que duró la fiesta. Bailamos por horas, brindis y platillos volaron sobre nuestras cabezas.
Luego de la fiesta, continuamos la nuestra, perdimos el tiempo y el sentido de las horas, nos clavamos, uno a otro, la locura. Demasiado.
No debimos salir de casa de Josefina, que aún sin invitados, sabe a fiesta, pero nos aferramos a respirar otras vidas, a morder al destino, a jugarnos conocidos.
Tantas tres de la tarde han pasado sin ti, a veces Josefina pregunta el por qué de mi tristeza, le digo que espero el tiempo de las sonrisas, entonces ella, saca una pequeña libreta de su delantal y anota cuántos más pollos matará o qué grupo tocará en su próxima fiesta repleta de desconocidos.