lunes, 31 de octubre de 2011

Utópica




1. Todo pensamiento tiene la libertad y obligación de solidificarse; hay un sistema regulador el cual determina si dichos pensamientos –después materias- no afectan la seguridad y libertad de otros.
2. Soma, pero regulado. Se dará prescripción de ésta sólo a psicópatas y desahuciados.
3. Oligarcas, dictadores, presidentes y delincuentes de cuello blanco estarán encerrados en una prisión tridimensional. Sin riesgo alguno para con esta realidad, ni para el retorno de éstos.
4. Ruptura de la lógica capital; no hay moneda, ni mercados. Se retoma el trueque.
5. El pensamiento occidental y todos sus vicios son hechos caducos; carácter predominante del pensamiento oriental, dejando fuera de éste todo asunto: fundamentalista, tropiezo fanático, narcisismo o genocidio.
6. Máquinas del tiempo. Posibilidad de interceder realidades. Las modificaciones de eventos no tendrán repercusiones sobre el resto (civilización) si éstos no lo desean. Se integran los micro universos individuales y colectivos.
7. Bibliotecas y jardines obligatorios en todo territorio o zona perteneciente a este nuevo mundo; obras y títulos diversos, tanto textos físicos como virtuales. Área de comics y novelas gráficas (autores de todo el globo, lo que ahora signifique eso).
8. Exhibición de cintas cinematográficas de todas las épocas, de todos los tiempos. Se recuperan clásicos perdidos, nacerán nuevos clásicos. Regresa el auto-cine.
9. Los monopolios son un delito grave, se castiga con exilio dimensional.
10. Los medios de comunicación serán regulados por un filtro, no hay opción para enajenados, brutos, vulgares o nihilistas. La programación y los productos responderán a una intención lúdica mas no enajenante y estúpida.
11. Habrá museos en donde se exhiba la miseria y estupidez de las antiguas civilizaciones. Un recordatorio permanente del lugar adonde no tenemos que regresar.
12. Pluralidad y relativismo en cualquier disciplina artística.
13. Atención inmediata a disciplinas como: la Filosofía, la Historia, la Semiótica, la Psicología, la Sociología, la Antropología y toda ciencia orientada a las Áreas de las Humanidades. Éstas como se mencionó, no se limitarán al pensamiento y efecto occidental; el Confusionismo, el Tao, el Budismo, el Hinduismo, serán unas de las muchas opciones de introspección, aunque se seguirán respetando las viejas orientaciones y cultos. Serán cesados y expulsados de inmediato aquellos que hagan rentable la fe de los ciudadanos.
14. La Alquimia tendrá un nuevo sentido y propósito en los habitantes de esta nueva sociedad. Ellos serán su propia piedra filosofal.
15. Cafés y bares en donde sólo se toque música en acetatos; géneros diversos.
16. Legalización de drogas; se realizarán estudios holísticos con el propósito de conocer el tipo de sustancia –acorde- según la espiritualidad, temperamento, carácter, psique, fisiología y personalidad del individuo. No se conformará un espacio de adictos fetiches, el sujeto que consuma alguna sustancia tendrá a su vez que crear algo que favorezca a la civilización.
17. Creatividad, obligación de todos (inventos, teorías científicas, arte, etc.).
18. Maltrato a los animales crimen altamente castigado. Los animales y la naturaleza (vida vegetal, marina, extraterrestre, intraterrestre y demás) serán respetados de la misma forma que el hombre.
19. Educación-de todos los niveles- gratuita, ajena a modelos constructivistas, trabas sindicales y cualquiera de esas limitantes. Los nuevos modelos educativos estarán sustentados en el auto-descubrimiento, el auto-conocimiento, la sensibilidad para con el mundo, reconocimiento interno y externo, y obviamente en ciencias y disciplinas que favorezcan el desarrollo del individuo. Cualquier nivel académico no tendrá una atribución de estatus o de valor (del tipo que sea), el fin único es la satisfacción del individuo que le emprende, y a su vez el beneficio aportado a sus conciudadanos con el conocimiento –no aprendido- interiorizado.
20. Reconocimiento de una Ética humanista; fuera cualquier Ética Autoritaria.
21. Las festividades de Día de Muertos instituidas en todas las civilizaciones. Tributo y honra a nuestros muertos. La navidad será tomada con una llana banalidad, aunque la gente –que guste- será libre de celebrarle.
22. No a la moralidad entendida en un dualismo (bien-mal), la moralidad entendida desde el mos, las costumbres, los hábitos, etc. La moralidad entendida desde muchas visiones.


Máxima:
“El sueño es el mito del individuo y el mito es el sueño de la humanidad”
C.G. Jung

♀/♂(XXX)+☺=☼


¿Qué es una utopía? ¿Podríamos decir, que es lo que la mente cree que es lo mejor en este momento especifico de su vida? Porque, tal ves hoy pueda decir que mi utopía es un mundo donde no existan mis pinches deudas, donde la libertad sea realmente libertad (aunque esto también es confuso, mi concepto de libertad puede ser completamente diferente al de ustedes), donde los baños estén limpios (y si lo tapan, tengan la decencia de destaparlo) y los pinches escuincles no les respondan a sus madres, donde el cáncer y las embolias se curen completamente con un par de pastillas, donde el reggaeton sea crimen y la pena de muerte sea mundial, donde el suicidio no sea satanizado, porque ¿dónde dejan su derecho a vivir... y por lo tanto a morir? ¿Esto pasa como una utopía? ¿Seria parecida a la de alguien más? ¿Alguna otra persona piensa que no deben exigirle a los hombres traer el cabello corto y la barba rasurada, solo para encontrar trabajo? No sé, no sé, porque no mejor dejamos de soñar y aceptamos la realidad como es, así, agarrarse los huevos y esperar el putazo por donde menos esperamos. 
Y sí aun tengo que pensar en una, creo que seria un mundo donde las pinches utopías no existen.






Con ustedes Dark Angel,
escribicionista.

domingo, 30 de octubre de 2011

♪♪♪... vieja Ciudad de hierro ...♪♪♪


Volvieron las nubes a la Ciudad, son muy grises, el viento es débil, no puede arrastrarlas; además son muchas, han ido amontonándose a lo largo de la mañana y por la tarde volvieron a formar esa pesada cortina que impide al sol ensañarse con el mobiliario y los desprevenidos habitantes. Si permaneces suficiente tiempo en las calles, podrás darte cuenta de los cambios: las sombras caminan despacio, la completa demolición de un edificio que amenazaba con desplomarse sobre los peatones, entraron los niños a la escuela, el trabajo ordenado de muchas personas para decorar una avenida principal, poco a poco han cubierto el negro pavimento de natural anaranjado. Salieron los niños de la escuela, una construcción en la cual avanzan rápidamente, suma dos pisos más a su altura; no puedes evitar perderte en los escenarios eclécticos de esta urbe señorial y miserable, majestuosa pero ajada, de noche sórdida, de día atestada, asustada, con sus vagos elegantes, pordioseros que prestan dinero, payasos que dan lástima, personas de corta edad vendiendo el cuerpo y el alma, estridencia visual ¡cuántos contrastes la vista abarca!
Déjate llevar, el viento trae palabras de personas sin rostro, no las escuches, pon atención a sus ademanes, ve con ellos en pequeños espacios, breves instantes; cuestionan, responde, practiquen juntos monólogos impersonales.
La Ciudad le da la espalda al sol, dentro de unas horas la luna lucirá más hermosa que en días pasados, pero ni un solo loco podrá admirarla; amenazada por catástrofes y bandidos, deberá pernoctar con un ojo abierto, la somnolencia hace que todo parezca más lento, los bailes se antojan eternos, malabaristas dominan al fuego, humo rancio y vino barato envilecen el juego, el pudor yace intoxicado, la lujuria camina voluptuosamente, lanza besos, viste entallada mostrando el indicio de un gozo que exige precio, nada de coqueterías ni lances de caballero, el pecado hace negocios en trato directo. La noche tomó demasiadas copas, sus carcajadas no son de júbilo, suenan a burla, vulgares; la muerte le ganó esta mano y ha salido a cobrar sacrificios sin altar, aplaca su sed bebiendo lágrimas, pero no se sacia, jamás descansa, al siguiente segundo va por más sangre y dolor, trabaja turnos completos, a la luz o en la oscuridad.
El sueño pide su tiempo, ya no encuentra encanto en los disfraces, las máscaras se han despintado tornándose muy pálidas, vomitan incoherencias y se sienten desprotegidas, procuran ser discretas al no saber porque de pronto temen, se sienten vulnerables ante remordimientos falsos. Prenden un nuevo cigarro, apuran otro trago, aspiran profundamente blanca combinación, logrando fugaz tranquilidad, las caretas caen para ser destrozadas debajo de calzados caros, vuelven los brindis y la risa, melódicamente el estruendo hipnotiza, danzas desinhibidas, concupiscentes sonrisas. Corderos con colmillos atraídos por una ninfa sensual, sirenas fuera del agua embriagando los oídos de rudos tontos, con deliciosas promesas de cumplir deseos, todos prestos a jugar el juego de olvidar que el respeto a uno mismo no se consigue con dinero. Después, con jactancia afirmarán haber tenido al espíritu de la vida rendido entre sus brazos, hechizado por sus palabras, seducido por sus maneras. Esclavizándose a vicios no a placeres, profanándose mutuamente.
Un par de horas más y la noche dormirá, se reanuda el movimiento, unos vienen y otros van, no importa cual es cual. En medio de la obligación de seguir, amanece, la Ciudad bosteza ansiosa, observa a algunos hacer de un asiento el mejor lugar para dormir; el mercado abre temprano, al paso de la gente ofrece agradables olores, la prisa corre en pies y motores, la luna no le hereda al sol su tranquilidad, ni por estar expuestos hacemos caso a la autoridad, empeñados en lograr cada uno su meta particular, perdiendo de vista que acudiremos todos juntos a la misma cita, en el mismo lugar.
Trato de hacer la señal de la cruz sobre mi cuerpo, aturdido por el cansancio dejo a medias el movimiento, aparco junto a un parque, siento el viento fresco mientras me deleito sorbiendo un café caliente, doy gracias por haber transitado con bien esta transición. El viento se ejercita a temprana hora, baja furioso al valle pues no pudo nada contra las nubes, me entretengo en presenciar su lucha contra todo lo que se le opone, ulula amenazante entre árboles y edificios, con puños gélidos aprieta cuerpos y objetos, revuelve la basura, hace llover hojas que tapizan el asfalto, puedo escucharlas al caer y crujiendo bajo mis pies, bailaré con ellas cuando el aire las levante, si no ahora, quizá en cenizas, entre la basura.
Sorprendida por el frío la Ciudad vive, acoge a sus hijos y bastardos, espléndido anfitrión, exigente patrón, consiente el ocio, invita a laborar, en las más grandes fiestas soporta el robo y la violencia, pasa de carnavales a funerales, crece hacia el cielo moderna Babel, se avejenta corrompiéndose revestida de oropel, se extiende sin orden; en ella, Mujer y Hombre viven dándose la vida, negándose, con fidelidad e hipocresía, solidarios e indiferentes; dentro de  estas arterias de trazo impreciso, se mueve un pueblo poderoso pero dividido, opulento y menesteroso, se mezcla, ordena y protesta; congregado en las calles para festejar o para reclamar, a diario sale desafiando la inseguridad, se agrupa, agrede y segrega, se manifiesta a gritos, a duras penas se reconcilia y tolera. La ciudad de los absurdos, repartida como un botín, conquistado sin sudor ni sangre, por farsantes diestros y zurdos, siguen haciendo mal uso del esfuerzo y los recursos de un pueblo que ya no confía en peroratas enfatizadas con ademanes teatrales, ni espera un Mesías, mucho menos milagros de televisión, pero que cansado de sobrevivir precariamente con un pobre poder de adquisición, carente de organización para recuperar sus derechos haciendo una nueva revolución, termina las jornadas laborales maldiciendo, buscando evasión, un poco de descanso y pervirtiendo sus valores en cualquier mundana distracción.
Es una olla. Un nido.
De hormigas, grillos, serpientes, ratas, mariposas, corderos, fenómenos y fantasmas.
Se moderniza desmoronándose, las manos que la maquillan, son extranjeras.
Santas piedras, escondidas entre gris cemento, austero pero opulento.
La nueva tendencia es la individualidad, para lograr el bien común, primero lucha solo, triunfa a como dé lugar, luego busca compañía (personal y laboral), aplaca tu instinto animal. ¿Incongruencia? No, es sólo otra creencia.
En los barrios y zonas residenciales, desde el cerro a las calles principales, turistas y peregrinos, prostitutas y rufianes, obreros, burócratas, advenedizos del erario público, profesionistas y estudiantes, ignorantes e intelectuales, héroes de goles celestes, amarillos, auriazules, una olimpiada y dos mundiales, mucha violencia, poco arte, carreras presidenciales, ídolos que no envejecen en películas y canciones, inútiles comicios electorales; yo, perdido en el tránsito, no puedo imaginarme a esta Ciudad ¿qué más le cabe?

El camino de Regreso


“Todo es cuestión de perspectiva”
Era el último sábado de aquel Octubre, eran las 10 de la noche y la luna llena devoraba con su brillante color, una gran parte del firmamento. Ahí estaba sentado con Carolina, ojos grandes y muy negros, camisa de franela, y con su tan típica sonrisa de sábado comiéndole la cara.
Carolina y yo éramos desde cuarto de primaria, cuando yo acababa de llegar al colegio “Miguel Hidalgo”, este colegio que solo tenía 3 salones. Recién había llegado, me presentaron al grupo que ya llevaba 4 años de conocerse y por sus caras no aceptarían a una persona nueva en su muy exclusivo círculo. La única niña que me sonrió y me cedió la mitad de su pupitre fue Carolina, blusa de tirantes y una cola de caballo muy bien hecha para ser las 11 de la mañana. A las semanas enfermé y me tuvieron que operar y la única persona que me fue a visitar a la casa fue ella y aunque nunca le dije donde vivía, era muy fácil dar con las casas cuando vives en un puerto que pretende ser ciudad, pero que no es mas que un pueblo.
Terminó la primaria y estando sentados en las escaleras de aquella iglesia donde se había oficiado nuestra misa de graduación, estábamos mirando el infinito y surgió la pregunta:
-Donde vas a estudiar la secundaria?
Si me lo preguntan, no supe que contesté, pero al cabo de un par de semanas, ya estábamos inscritos en la misma secundaria, separados por varias aulas. Ya no íbamos a un colegio, sino a una secundaria federal. Ella era un poco mas astuta que yo en muchos aspectos, yo nunca me había subido a los camiones o ir mas allá de 10 kilómetros alejado de mi casa. Ella siempre me acompañaba, me decía: “te acompaño, por si olvidas el camino de regreso”. Durante la secundaria seguimos siendo mas amigos, y aunque las hormonas afectaron por un breve lapso nuestra gran amistad, nunca dejamos de serlo.
Terminando la secundaria, fuimos al bajío de fin de cursos, y estando sentados en las escaleras de aquella prestigiosa universidad, decidimos estudiar en la misma vocacional.
Mi pueblo, seguía siendo el mismo, Carolina, seguía siendo la misma, éramos unos nostálgicos empedernidos, ya que, cada que había oportunidad nos escapábamos a la capital, a la feria de todos santos o a Comala a embrutecernos con alcohol.
Aunque éramos muy amigos, teníamos gustos diferentes, a ella le gustaba La arquitectura y a mi… Bueno, no tenía ni idea de lo que me gustaba. Llegó el momento de decidir que carrera estudiar, y como era sabido, teníamos que salir de aquel pueblo con costa e ir a la capital, la gran ciudad, una urbe completamente diferente. Acompañado de Carolina, seguro no olvidaría el camino de regreso, pensaba mientras leía las carreras disponibles.
Al poco tiempo y en carreras completamente diferentes, nos dimos cuenta que esa capital no era mas que la misma ciudad que habíamos dejado, solo que llena de más gente, pero en esencia era lo mismo.
Nunca pudimos ser novios, ni tener nada más que una muy buena amistad y solo eso.
Carolina y yo, éramos unos nuevos desempleados, con un título de piel de porcino, pero sin nada donde laborar. Así que empezamos a buscar por todos lados, pero era de esperarse que en una ciudad tan pequeña las oportunidades se reduzcan considerablemente, así que hicimos lo que mejor pudimos y entramos a trabajar en lo primero que hubiera.
6 meses habían pasado ya desde que entramos a trabajar a aquella nueva plaza comercial, estábamos en la azotea de la misma, eran las 10 de la noche y nos acompañaba 6 latas de cerveza muy frías.
-Mañana me voy, ya no quiero trabajar aquí, quiero algo nuevo o buscar algo mejor o simplemente diferente- Le dije mientras la veía.
Juro que nunca la había visto llorar, al menos por mi culpa, pero esa vez lloró y me abrazó, porque ella sabía que era una despedida.
Toda mi vida cupo en una maleta roja y una azul, una laptop y una mochila que me había regalado Carolina.
Ni amigos, ni familia me llevaron al aeropuerto, solo Carolina con ojos rojos y una cajita verde en sus manos. Aunque me quise ir desde hace mucho, a conocer realmente una Ciudad, una metrópoli, algo tan contaminado que te lloren los ojos de tan solo ver el smog; En el fondo no quería dejar mi pequeña ciudad, pintoresca y llena de casitas de adobe y techos bajitos, de casonas con patios en medio de la casa, de calles repletas de naranjos o cualquier árbol frutal.
-Y si no te gusta el olor de la ciudad? Y si no logas soportarlo?
-Lograré superarlo
Carolina y yo, siempre sostuvimos la idea de que todo tenía su olor particular, Sabíamos que hasta los mocos tenían su olor único, pero que con el paso del tiempo, nos acostumbrábamos a ese olor. Suspiré mientras aquel avión rugía y el aeropuerto anunciaba mi vuelo.
Me entregó la cajita y me dijo:
-Aquí viene todo lo que te puede ayudar a encontrar el camino de regreso.
Años más tarde me di cuenta que al abordar aquel avión perdí todo rastro de propiedad por alguna ciudad, ya que, en algunas soy un provinciano, aun y cuando no existen las provincias, o para otros no tan ortodoxos me dicen chilango, aun y cuando ellos son los chilangos, o por el rastro de historia hasta soy jalisquillo o peor aún si leen mi acta de nacimiento me dicen cachanilla.
Cada que llego a una ciudad más grande que la anterior me agrada por un tiempo, pero es solo cuestión de tiempo y perspectiva que es exactamente igual a la anterior, solo que con un poco más de gente y menos personas.
De Carolina nunca supe nada, la cajita nunca la abrí por miedo de volver al camino de regreso.

sábado, 29 de octubre de 2011

Esta ciudad



Esta ciudad me reconoce, toma mis pasos con bondad, sus construcciones se hacen llamativas a mis ojos y su gente parece familiar al mirarme. Esta ciudad no es esa donde yo nací y he vivido tantos años. Las ciudades a las que viajo no son más que lugares de paso, no estoy más de dos días en ellas, muy específico es mi quehacer en ellas que no me detengo a observarlas y admirarlas. Esta ciudad me abraza, me dice que de ahora en adelante puedo ver y contemplar, puedo detenerme y, alzando la mirada, mi paradoja se cumple al ver los palacios de dios brillar imponentes. Y abajo, justo abajo, su gente surcando arrugas, jorobada y oscura, hablándole al oído a una de esas imágenes paganas que su libro rechaza y esta gente, en su inocencia, besa la imagen y agachada continúa su camino.
Esta ciudad tiene rincones familiares y extensiones desconocidas, curvas constantes y gente distante. No muy diferente a mi intención de caminar en ella, de no ser porque ahora vengo de la mano contigo. Tú estás haciendo un contraste en lo que esta ciudad me ofrece y en lo que entre nosotros dos sucede. Estás triangulando esta ciudad, como estás aperturando mi visión, estás en el medio de los lugares que siempre me he negado a aceptar como míos, porque yo no pertenezco ni pretendo pertenecer, pero vaya, justo en esta mañana fría y soleada, yo me pude volver devoto de tus labios y tus caricias y sin necesidad de inclinarme ante una imagen, ahora este palacio inerte bañado en oro es mi palacio.

viernes, 28 de octubre de 2011

Quédate


Esta ciudad con la que desperté ayer es nueva para mí y para ser sincero, no se aún que hacer con ella. Acostumbrado que estoy a ver todo gris aún en verano y ahora descubro tanto sol en este invierno, yo que atormentado y siempre muriendo de frío me paraba bajo la sombra de un parabus a ver pasar el intermitente trafico; que gozaba con fisgonear a la gente marchita caminando entre el smog; yo el que me volvía transparente dejándome empujar con los tumultos de gente, hoy no sé cómo recibir ese aire grisáceo que en vez de molestarme me acaricia igual que lo hicieron ayer tus manos. Hoy soy el que goza con cara de tonto el grito del periodiquero, que se embelesa con el pitido del oficial que incita con cara de angustia a avanzar a los carros; que me parece hoy melodioso el tono en La del carro de camotes que espanta a su paso a los distraídos por las tardes. ¿Qué inútil puede pasar el tiempo caminando entre un mercado, solo para adivinar entre trajeados de oficina que salen a almorzar algún atisbo de tu mirada? Ningún programa me merece mayor atención que escuchar de manera asombrosa esa marcha que me regala hoy esta extraña urbe. No puedo negar que me siento como un imbécil, que se ha convertido en aquello que tanto odiaba, sin embargo, no dudo que esta nueva ciudad se ha transformado solo gracias a que con todo lo que me suena nuevo viene incluido tu recuerdo, tú de visita sonriendo, abriendo tus brazos hacia mí, tú en esa foto frente a nuestra calle favorita, y yo junto a ti, el mayor deprimido que para mi sorpresa se ha vuelto un absurdo enamorado.





Caracol

Poéticamente habita el hombre en la tierra
Hölderlin

No tengo ciudad. La mía es una ciudad invivible, imposible. No se puede vivir en ella porque carece de existencia, no se localiza en ningún espacio delimitado y tampoco pertenece a un tiempo. La ciudad en la que puedo pensar, la que suele habitarme, no se configura en un espacio único sino que se teje como un juego efímero de encuentros y desencuentros. La ciudad es desorbitante, nunca cierra espacios, los abre. ¿Podría acaso, entonces, una ciudad como esta convertirse en mi ciudad? Comúnmente se piensa la ciudad como una casa, lugar de residencia e incidencias, de permanencias y donde se echan raíces. Pero tanto la casa como la ciudad se conforman verbalmente no estáticamente, ambas se erigen habitándolas. Habitar es construir aunque también es una forma de migración, de pasar por la tierra. Las ciudades, la ciudad no es un lugar donde se vive o a donde se puede llegar sino los lugares que se llevan como crónicas de viajes. Ciudades invisibles como las de Calvino, algunas que exigen habitar los deseos y contentarnos con ello, otras especulares donde se reflejan nuestros deseos de una urbe ideal.
Un migrante, sin ciudad fija desde que recuerdo. Las coordenadas geográficas me sitúan en una tierra que no es mía, tan lejana del lugar del nacimiento, ajena. ¿De qué hablar entonces? Llevo la ciudad en mí, aunque esta no exista más que como mi habitación, no es una entidad cerrada sino la posibilidad misma de habitar, de hacer casa en cualquier lugar donde voy. Con la fragilidad de nunca saber cuál es el siguiente paraje, llevo mi ciudad como el caracol lleva su casa a cuestas.

jueves, 27 de octubre de 2011

Mira, te voy a platicar pero no me llames Chilanga

Soy chilanga de pura cepa, sin mezcla y sin tradiciones ajenas. Vivo en una ciudad caótica en donde la gente se tropieza y empuja pero no lo tomes personal, la vida aquí se vive de prisa y a veces no queda tiempo de pedir disculpas o decimos un Perdón rapidito porque el metro se nos va. No es nada contra ti.

La mayoría de la gente dice que aquí no hay oportunidades, pero si te fijas bien si las hay, lo que pasa que habiendo tanta, estas se reducen, entonces hay que pelear por ellas de la mejor manera. 
Mira, si vienes de provincia con primaria terminada dime tu, ¿En qué podrías trabajar? Ni modo que de ejecutivo en Reforma o de gerente en Vip´s. ¿Ves? es difícil conseguir algo si no estás preparado, pero claro te enojas y dices ¨No hay trabajo¨, en vez de ponerte a estudiar o hacer algo para salir adelante porque no hay otra forma. Si los que son profesionales no encuentran qué se pueden esperar los que no estudian. La vida es muy dura pero no hay de otra, hay que prepararse. ¿Que no tienes dinero?, Pues trabaja de lo que sea, a poco crees que todos los que tienen dinero nacieron ricos. No, hay muchos que empezaron desde abajo aunque suene a cliché pero así es.
Si tienes ganas hay hasta de barrendero pero el chiste es que quieras hacerlo.

Ahora bien, mucha gente de provincia dice que aquí somos ventajosos, ladrones, oportunistas, burlones y odiosos por decir lo menos.
Aquí cada rato hay manifestaciones de gente del interior, provocan caos y pérdidas, sin embargo pueden parar el tráfico cuando quieran pero si la policía los controla dicen que los están reprimiendo. Entiendan que hay un orden que hay que seguir y no debe romperse sea el motivo que sea. Hay manifestaciones pacíficas, esas también causan desorden pero no agredimos a los manifestantes. Nos enojamos -obvio- tampoco es para ponerse a aplaudir.

Los plantones en el zócalo, las marchas de los que se desnudan, oye ese no es un espectáculo agradable para nadie y sin embargo no podemos hacer más que dedicarnos a mirar. En ocasiones nos reímos pero es que causa gracia ver semejantes panzas y cuerpos chonchos cubiertos apenas con una minúscula truza, o ¿a poco a ti si te gusta ver eso? 

En Chihuahua hace tiempo decían ¨Haz patria, mata un chilango¨ eso dolía oyeme. Por qué querrían que muriésemos si no les hemos hecho nada. Al menos yo, nunca le he hecho daño a un chihuahuense ni siquiera he lastimado a mis chihuahuas con eso te digo todo.
En Monterrey se dice que si muere un chilango no avises a su familia porque llegan al velorio y luego se quedan a vivir allá. Tsss mal plan.

En Guadalajara al ir a comprar cosas a una tienda, me las aventaban al escuchar el ¨cantadito¨ que dicen tenemos los chilangos, según yo hablo normal. Sentía feo, era una forma de agresión pero no podía hacer otra cosa, estaba en su territorio, aguantaba vara como decimos aquí. 

Te quejas porque nos burlamos de tu forma de hablar. No nos burlamos, nos da gracia por el tono pero de eso a burlarse hay mucha diferencia. Imagínate, a mi me dicen que hablo como aeromoza o como la voz de la que anuncia las ofertas en el super. También dicen que tengo voz de niña caprichosa o chipilona pero eso es según con quien hable y no me enojo por eso.
En Hermosillo me decían ¨Guacha¨ por ser del Distrito Federal, les daba gracia mi tonito pero no me enojaba, soy de aquí y ya, qué le hago.

Nunca he entendido porque nos odian, lo juro. Fíjate, aquí vienes y de lo que sea encuentras trabajo hasta de policía pero esos son casos extremos, no hagas eso por favor.
Dicen que los taxistas son ladrones, bueno dicen pero cómo saben que el taxista que los robó es chilango, qué tal si era de provincia pero como trabaja aquí dan por sentado que lo es.

En Acapulco un día, le pedí a un taxista que me llevara a la playa. Me trajo paseando un buen rato- no conocía Acapulco-. Después de marearme dando vueltas, me dejó en el mismo sitio que lo tomé y dijo que pasando la calle estaba la playa que nunca vi. Me cobró 400 pesos, ¿Te das cuenta? Fue un robo en despoblado. Pero no por eso digo que los taxistas de allá son rateros.

Cuando te llegan a asaltar dices: Me robó un chilango. ¿Cómo sabes que era chilango a ver dime? ¿Acaso antes de robarte la cartera se lo preguntaste? ¿Le dijiste eres de aquí o de provincia? Pues claro que no pero como te robaron aquí, dices: Es chilango.

Y así podría citar tantos ejemplos pero parecería que te estoy presumiendo pero no, mira, solamente quiero que te des cuenta que en todos lados hay gente ventajosa y mala no nada más la chilanga, ¿entiendes?

En esta ciudad te puede pasar de todo cuando vas en la calle. Te echan el carro, te empujan, puede que se te queden viendo por la forma de vestir pero no hagas caso, es que a veces estamos tan distraídos que en realidad no te estamos viendo, vemos la nada, el vacío de los pensamientos.

No entiendo por qué hablar de lo malo que hay en la ciudad, también hay muchas cosas buenas. Hay gente que le da de comer a los que no tienen, gente que ayuda sin esperar nada a cambio. Gente que convive con los demás sin meterse con ellos. Espectáculos gratis, museos, exposiciones, asaltos, balaceras, pero asht no me digas que donde vives no pasa nada. La violencia está generalizada así que no me vengas con que aquí está muy mal todo.

Hay gente mala, gente buena también pero el estigma de que somos malos y ventajosos lo cargaremos por siempre aunque no lo seamos.
¿Y qué le vamos a hacer? Es el precio que pagamos por vivir en la Ciudad de los Palacios, la ciudad donde hay de todo hasta chilangos de pura cepa en peligro de extinción.


















miércoles, 26 de octubre de 2011

Plata y Cantera




Mi ciudad tiene sangre de plata, y piel de cantera rosa.
Me gusta caminar por sus caminos inconexos que suben y bajan por las laderas de las montañas donde los callejones fueron creados; donde la naturaleza abrió paso, laberintos de historia y leyenda que entre beso y beso se amontonan y crecen sin orden ni concierto.
Las casas son altas, viejas, húmedas, llenas de fantasmas y almas en pena porque aquí nadie se quiere ir, y en momias nos convertimos lentamente a través de los años con el simple hecho de tomar el agua, así que si desean visitarme, no hay prisa, estaré los próximos mil años aquí.
Mi Guanajuato huele a humo de alhóndigas encendidas, sabe a libertad y tequila, se oye como Jorge Negrete llevando una serenata, se siente como el Quijote y su fiesta Cervantina.
Visitar mi ciudad es ir a paso lento, es perderse en sus plazas, es escuchar trovadores callejeros, recorrer cafés y bares, es sentarse en la escalinata de la universidad y bajar lentamente hasta la plaza de la paz, es caminar por su mercado que alguna vez  soñó con ser estación de trenes.
Por las noches, sin embargo, es mi mejor rutina seguir a la estudiantina con una copa de tinto, y rezarle a José Alfredo en una vieja cantina.





martes, 25 de octubre de 2011

Exploradora de este mundo y sus misterios




Los árboles se van perdiendo en el horizonte. El cambio de paisaje es notable, de un lugar desértico y llano paso a las montañas y verdes visiones que me anuncian la proximidad con la tierra que me vio nacer. La ventanilla del autobús me impide sentir la brisa y los aromas que se reproducen invisibles. -Mi corazón, se ha desdoblado en tres partes- le digo a la señora del Opus Dei que viaja conmigo. Ella se había dispuesto a contarme toda la historia de su ministerio, la verdad es que sólo podía pensar en llegar. –¿A dónde vas?- me preguntó al sentirme distante de sus palabras y de como un milagro había salvado al Padre nosequién.  -¿Cómo puedes tener el corazón desdoblado en tres partes?- decía aburrida mientras intentaba destapar su lata de refresco, se la quité de las manos y la abrí, la artritis en sus manos era evidente, me conmovió. Silencio. Las dos nos guardamos las respuestas, las preguntas, pero mi mente viajaba a cada uno de los lugares donde había dejado una parte de mí, -por eso soy una exploradora del mundo y sus misterios-, Guadalupe no comprendió mis palabras, ni esperaba que lo hiciera, hay cosas que no se pueden explicar, que sólo se sienten y con eso basta, pensamientos.

 El sueño me venció, lo último que vi fue el lucero de la tarde, que al aparecer por el Este indicaba a los antiguos indígenas que era tiempo de cosechar. Con estas imágenes me perdí junto con la noche que empezaba a caer y difuminar los paisajes de ensueño, dando paso a esos sitios.
Primero: la ciudad colonial, trazada por ángeles que señalaron a Don Julián Garcés donde debía fundarse la ciudad que serviría de descanso y lugar de comercio para españoles. Las calles trazadas en forma de damero. Casas donde se tejieron intrigas. Levantamientos. Movimientos estudiantiles. En fin, es poco el tiempo para describir cada una de ellas, por eso, el historiador alemán Hugo Leicht pensó que sería bueno reunirlas en un libro que diera cuenta de las calles y su origen. Sin embargo, cada lugareño o foráneo tiene su propio libro de recuerdos, tan tibio y fresco como las mañanas y tardes en el Barrio del Artista, ante bodegones, claroscuros y retratos de mujeres hermosamente desnudas.
Mis huellas se grabaron al caliente asfalto de las tres de la tarde, borradas por las de otros. Palafox y Mendoza calle céntrica donde está situada la facultad de Filosofía y Letras, asilo de todo tipo de entes raros y exóticos que inundaban las cantinas donde una jarra de cerveza costaba quince pesos, que entre el consomé de camarón y galletas saladas intentaban arreglar el mundo que terminaba en el palomar, entre olores amargos y dulzones.
El Callejón de los Sapos, con una cantina antigua donde una pasita es imprescindible. El zócalo con sus dragones, los Portales que ahora desentonan llenos de trasnacionales, que cerraron sus puertas el día que los zapatistas visitaron la ciudad. El Carolino, colegio jesuita hasta la expulsión de estos en 1767. El “gateo bravo” antes conocido como “Paseo Bravo” mote ganado a raíz de la infinidad de empleadas domésticas que salen a dar la vuelta los domingos, entre organilleros, novios y besos fugaces, el pajarito que te dice la suerte y el kiosco donde moños multicolores enarbolan la libertad perdida de lunes a sábado. La iglesia de Santo Domingo, la Capilla del Rosario, Cinco de Mayo con sus puestos ambulantes de chalupas y molotes. Los portales de Cholula, donde cada domingo me comía una nieve con los abuelos después de ir a misa al convento de San Gabriel, una capilla abierta que me transportaba: era una indígena recibiendo la doctrina y el bautizo sin comprender nada de lo que los humildes franciscanos intentaban decir. La sobriedad de sus paredes me hacía sentir dentro de un mundo irreal. Las pirámides de Cholula y sus bebedores de pulque, los antros en la Recta. Tierra que me dio el otro ser, que me templó como una pieza perfecta de talavera.

Todo esto se transformó y se puso gris cuando mis padres se mudaron a “la tierra de la gente buena”. Las visitas a la ciudad se tornaron una aventura. Mi padre me esperaba en México y salíamos a las once de la noche. Entre humo de cigarro, café y música nos aventábamos el viaje en menos de seis horas. La carretera se hacía grande y ancha, el auto disminuía su velocidad. Las palabras salían dibujadas, tomaban formas inexactas al pedirle que acelerara más, un poco más. La tierra opaca del centro de la República me atraía, me invitaba a probarla en puños húmedos. En cambio, estas transmutaban en fresas con crema, tan frías, tan deliciosas, ¿augurio de mi próximo destino? Las saboreaba despacio, lo agrio de la fruta y el azúcar tronaban en mi boca como chispas del fogón de la abuela.
Aguascalientes no me gustaba en un principio, carecía de ese encanto de los volcanes y los amaneceres helados a faldas de la Malinche, pero aprendí a amar sus atardeceres sangrientos delineando el Cerro del Muerto, las lunas de octubre que iluminaban mi camino a la salida del trabajo. La feria de San Marcos y los litros de cerveza que corrieron por mis venas el primer año, una atracción vertiginosa. Caminando por la Expo, entrando al casino, apostando en los dados y la ruleta, bailando con la tambora. Nuevas amistades, nuevos hombros en los cuales apoyarme. La Romería y la Catrina que ahora están tatuadas en mi mente divagante, de velo negro y púrpura el vestido.

Mi tercera ciudad.
Apenas va germinando, poco a poco van creciendo las raíces que me envuelven tibia y cálidamente, guardo momentos, pétalos de flores que no se mueren. Ahí está el amor, los besos y abrazos que me enternecen, apasionan y cubren mis noches de suaves imágenes. Las fresas y su feria, de los primeros recuerdos de la vida que empezamos a compartir. Los helados de queso y zarzamora: sabores que se esconden bajo mi lengua. El sonido del tren que se aleja es la música que fondea nuestras llamadas. El viaje me llena de impaciencia, el rímel corrido y el lápiz labial dejado en la lata de jugo se corrigen cuando llego y leo “bienvenido a Irapuato”. Una casa y un futuro aguardan, cascabeles y campanas de boda anuncian el puerto tranquilo donde quemaré mis naves. Sueño contigo, como nos alejamos en tu auto negro de la central de autobuses, me miras como si fuera lo más bello que has visto en toda tu vida, te regalo un beso y recargo mi cabeza en tu hombro, pones una mano sobre mi pierna, mejor me abrazas, la paz llega lenta, en dosis pequeñas, aspiro tu aroma y suspiro.

-¡Despierta!, hemos llegado- me dice Guadalupe mientras limpia su brazo de las babas que le dejé. Toma su bolsa y se baja del autobús, limpio mis ojos tratando de recordar las calles, que de nuevo, por unos días caminaré. Y solo atino a pensar en una frase que leí, cuando José Arcadio incitaba a Úrsula Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”.

Es que eran muy pobres


Después de las inundaciones, mi pueblito cambió un buen. Nunca había caído tanto aguacero; pasó que hubo tres semanas de lluvia. Mi tía Catita, dijo que era un nuevo diluvio que el niño Dios mandaba por nuestros pecados; se puso a rezarle muchos rezos a la Virgencita y a San Juditas para que nos perdonaran y pararan el agua, o si no, ya de perdido, por si nos moríamos ahogados en el agua o muertos de hambre por no comer, entrar derechito en el cielo; yo le dije que no se puede contra lo que no se puede, que mejor nos fuéramos a la loma más alta para ver si nos salvábamos, porque cuando no se puede, no se puede; ella me dijo que me callara, y me puso rezar también. Mi primo Chago, hijo de mi tía Catita, se quiso poner a juntar dos animales de cada especie de las que había en el pueblo; decía que quería ser el nuevo Moisés de la época moderna, pero cuando los Ramírez no le quisieron  prestar su guajolota, desacompletó a los animales y se le salió de la cabeza esa idea, además, dijo que las arañas le daban miedo.

La vaca Serpentina que estaba rebonita, se había ahogado, se la llevó la crecida del río. La dueña de Serpentina, Tacha, que estaba más rebonita que la vaca, estaba muy triste, pues, la vaca, era el único patrimonio que le quedaba a su familia, la habían comprado para que alguien se fijara en Tacha y se casara con ella y los sacara de pobres, porque ellos eran muy pobres, se les figuraba a su mamá y a su papá de Tacha, que si ella no se casaba, se iba a tener que ir de piruja como sus dos hermanas. Yo estaba contentisísimo porque la Serpentina se había ahogado, ahora sí iba a poder juntar un dinerito y hacer que Tacha fuera mi novia aunque tuviera que compartirla, pero a la vez, me daba un poco de tristeza, por que Tacha lloraba y lloraba por su Serpentina.

Cuando el agua de los ríos bajó y solo quedaron charcos por los caminos, el gobierno entró en acción. Como casi todos perdieron las cosechas ese año y seguramente las perderían el año que viene, el gobierno decidió empezar a construir una presa de esas hidrostáticas; además, nos dieron unas despensas y nos dieron aparte un vale de quinientos pesos para reconstruir los jacales; nos prometieron que nos iban a poner una maquila de pantalones para que el pueblo se modernizara y hubiera empleos que no fueran en la labor; estaban empezando a pavimentar las calles, hasta pusieron un tráiler que iba a ser nuestra nueva escuela. Solo nos decían que a cambio, teníamos que tachar en las siguientes votaciones al partido de los colores de la bandera. A mí se me hizo justo, yo siempre tachaba a ese partido porque me caía mal.

El papá, la mamá y el hermano de Tacha estaban recontentos, y Tacha se alegró un poquito porque sabía que ya no iba a tener que ser piruja, y pues yo, tuve que hacer de tripas corazón; iba a tener que juntar dinero para parecerle guapo a los papás de Tacha y que me quisieran como yerno, así que decidí guardar mi vale de quinientos pesos  cuando nos lo dieran para tener el dinero guardado para la boda con la ex dueña de Serpentina, al cabo iba a conseguir un trabajo en la maquila, segurito de gerente, porque sé medio leer y medio escribir, y con ese dinerito que iba a ganar, ya la iba a poder hacer buena. Mientras, me quedaré en la casa de mi tía Catita, lo único malo es que todos los días me va a hacer rezar un rosario para agradecerle a San Jorge que no nos morimos en el aguacero.

Al día siguiente que nos entregaron los vales, mis futuros suegros hicieron una pachanga en el pueblo, compraron un marrano viejo y lo hicieron carnitas y consiguieron de no sé dónde, dos barriles de mezcal. La gente comenzó a gastar sus vales por andar en la verbena improvisada, pero todos estaban contentisísimos. Mi próximo suegro dijo que con el resto del vale, iba a pedir crédito para comprar un tractor y para comprar una de esas máquinas lavavajillas, que tanto le hacía falta a mi próxima suegra. Y así, todos los que estaban celebrando, iban contando sus planes.

Al final de la verbena que duró casi tres días, todos habían gastado sus vales, el único ganón fue don José, que era el dueño de la tienda y de la cantina, y que por cierto, era también el que iba a ser candidato para presidente del municipio por parte del partido de los tres colores; ahí con don José, pararon casi todos los vales. Pero la gente seguía feliz, pues el pueblo, ya pronto iba a ser una ciudad.  
  
Los papás de Tacha fueron de los primeros que se quedaron sin dinero, lo cual puso triste a Tacha, pues casi adivinaba su futuro. ¡Fue ahí cuando vide mi gran oportunidad!, yo todavía tengo guardado mi valecito, voy a comprar un borrego y lo voy a cambiar por Tacha. El borrego se va a llamar Confeti, como si fuera primo hermano de Serpentina; me voy a llevar a Tacha lejos del pueblo, a otro pueblo, porque cuando este pueblo se convierta en ciudad, de seguro que va a haber mucho smog, y eso le va a hacer daño a Tacha, porque el smog es malo para las embarazadas, porque recién la cambie por Confeti, la voy a embarazar para amarrarla y que ningún aguacero sea capaz de separarnos.