sábado, 31 de marzo de 2012

DESVARÍOS




Mis párpados se confunden,

se postran en mis paredes

con el dolor de la calle,

el vacío de la madrugada

y el reloj muerto empañando mis horas.

Tus palabras se van

 y hieren mi camino,

…tu piel dejó de confiar a mis manos

los versos olor a hiel

y la mirada perdida

que ofuscaba tu ausencia.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Mientras conducía




¿Sabes? No puedes estarme cuidando todo el tiempo, yo puedo hacerlo por mí misma.
Lo sé... Lo sé.

Entonces, ¿por qué la insistencia de estar sobre de mi todo el tiempo?
Espera, no es así. Yo sólo estaba cerca de donde me dijiste que ibas a estar, y pues, pensé que podría ir por ti. ¿Te molesta tanto?
Sabías perfectamente que tenía planeado ir con mi amiga a su casa...
No es verdad, tú creíste haberme explicado eso con tus ambigüedades... Además, cuando te marqué al celular, ¿acaso era tan difícil haberme dicho tu plan nuevamente? Nos podríamos haber visto después...
...Pensé que estabas esperándome. Por eso no lo mencioné.
Para nada, no iba a esperarte, sabes que no soy paciente, y mientras estés bien, no me importa dónde estés.
¿O sea?... Estás queriendo decir que no te importa con quién esté... Puedo estar con otro hombre y tú te quedas tranquilo...
No dije eso, no tergiverses mis palabras. Dije, mientras estés bien y dónde, no con quién. Si estuvieras retozando en la cama con otro hombre sí me preocuparía.
No te creo.
Tienes razón, no me preocuparía... Siempre y cuando no me entere, si no me entero, no me afecta, pero si lo descubriera lo nuestro terminaría de inmediato.
¿De inmediato?
Así es, mi amor.
¿Así nada más?, ¿sin darnos otra oportunidad?
Si tú me engañaras quiere decir que no eres feliz conmigo; que no cumplo con todas tus expectativas, y por ende, buscas a alguien que sí lo haga... Aunque, en la cama no creo que exista alguien que te haga gozar más que yo...
Odio cuando te sales por la tangente.
Es la verdad.
Cállate. Creo que ésta plática no tiene razón de ser, no es conveniente...
¿Me estás engañando?
¿Por qué dices eso?
Pues tú empezaste con lo de la infidelidad.
No es verdad, empezaste tú.
Yo sólo dije que no me importaba dónde estuvieras siempre y cuando estuvieras bien, luego, tú mencionaste el quién, como queriendo saber cuál es mi opinión de algo que quizá estuviera sucediendo... 
¿Insinúas que te engaño?
Simplemente digo cómo salió a relucir el tema y sus posibles causas.
¿Entonces piensas que te engaño?
No. Mientras no me des motivo no debo pensarlo... ¿o sí?
De verdad que hablar contigo es imposible.
Pero si tú fuiste quien empezó. Mírame, mírame y dime que no me engañas.
Mejor mira hacia adelante, puedes provocar un accidente.
¿O sea que no piensas mirarme?
No. Vas conduciendo; no quiero accidentarme.
Tus negativas dan más motivos para pensar en una infidelidad.
Mira, no me importa. Piensa lo que quieras.
Entiendo... Quiero que bajes del auto.

martes, 27 de marzo de 2012

Lo suficiente





Tenía lo suficiente y de sobra para tener confianza en mí; al menos para no sonar tan –petulantemente- seguro (allí una de las tantas cosas que me permiten saberlo) he de decirles que la perdí, se esfumó, escondida tal vez en los más recóndito que es mi ser, allá donde no me atrevo a estar, mucho menos afrontar. Comenzaré por hacer algo para recuperarla, ajá, porque supongo que alguna vez la tuve, de la forma que haya sido le tuve. ¡Claro! las ocasiones que volaba por la bardas con protecciones de botellas –rotas- de refresco y cerveza, apenas un rasguño, un corte en el brazo por donde era imposible pensar que se me saliera la sobrevaloración, veía la fortuna sonreírme muy de cerca, iluso de mí, me condicionaba. En otro momento en un salto de embriaguez casi mutiló mis manos en una de esas protecciones, sólo que en esa ocasión estaban sobre el techo de una entrada (…) una epifanía que ignoré, caro me ha costado.
La confianza de que mi vida estaría consolidada en determinada edad fue augurio inocuo, teniendo de espejo una figura extraña más no inverosímil, lo cual comenzaba a hacerse regular en lo que venía pretendiendo ser; viendo lo que quiero ver, en “métodos” para salvaguardarme de mí mismo. Confié en no pasar desapercibido, y así lo hice: en el atuendo no estrafalario pero que si marcara sus recuerdos, y que si en éstos como en todos los recuerdos llegasen a distorsionarse no dejaran de ser siempre distintos, inolvidables por la razón que sea. Ahí, dignos de hacerme sentir seguro de que no me olvidarían.
Confié en mis palabras durante mucho tiempo, siempre me catapultaban, el error radicó en no saber hacia dónde me dirigía y en dónde caería. Esas palabras ahora pierden sentido, concepción; confío aun en mis imágenes, en las que me trasladan al pasado y dan razón de mí, sigo existiendo gracias a ellas, pero como leía en una pared hace poco: “No hay peor nostalgia que la añoranza” eso me dio un revés. Pensé, confío en el de antes no en el de ahora, me sostengo de las mismas ecuaciones de mi vida, las cuales ya no tienen cabida y propósito aquí, en mi presente.
Y viene una semana, y luego la otra, me comprometo a salir del pasado y sus –deliciosas y oportunas- manías; el primer día lo logro, el segundo día el cáncer de mis propósitos se irriga en mis venas, mi sangre deja de bombear la facultad del cambio y me veo de nueva cuenta varado en mi pasado. La intención no es borrarme como en algún tiempo lo concebí, la intención es transformarme, la lección es entender de dónde viene, saber en qué me confié (y por qué lo hice), y lo más importante, confiar en realidad en lo que soy.
¿Confías en ti?

domingo, 25 de marzo de 2012

UN DÚO DINÁMICO

La máscara de Caín era de tela de bandon color purpura imperial, con aplicaciones de fuego sobre un antifaz de dragón oro brillante. Su capa de tela metálica en acabados "alentejuelados", le daba una apariencia más allá de lo profesional... digamos, divina. Su hermano y pareja luchistica Abel, en cuanto a distinción y estilo tampoco quedaba rezagado. A él se le recuerda portando una bella tapa azul de Prusia con el antifaz plateado de un hipocampo (caballo marino mitológico). El resto de su vestimenta constaba de un fino chaleco de raso satinado y lustrosas botas. A pesar de ser tan diferentes en la forma de luchar, juntos se complementaban y no hubo quien los igualara arriba del cuadrilátero en cuanto a exhibición de técnica y espectáculo.

Caín, excepcional luchador a ras de lona, y Abel, un simple maromero, pero que gustaba a la gente y sabia a la perfección como echársela al bolsillo, fueron un dúo de antología (el verdadero dúo dinámico). Su calidad como mancuerna, solo fue superada años después por la pareja de oro y seda (los número uno en mi opinión). Sin embargo, en su momento ¡Química pura la de este par! Mientras uno daba cátedra de llaveo y contrallaveo, el otro no paraba de asombrar al personal con sus trepidantes vuelos y otras suicidas acrobacias ¡Lo mejor de ambos mundos! No hubo arena chica o grande donde el público al verlos, no saliera con un grato sabor de boca... lo sabré yo, que fui su manejador, y también su padre.

No solo les confeccione las mascaras y ayude a elegir el equipo, también hice lo principal, les enseñe a luchar, les enseñe a ser hombres y a cuidar siempre el uno del otro. Desde chiquillos así lo hicieron... eran los mejores hermanos y también mi orgullo. De mayores talentos Caín, el de mayor disposición y empeño en llegar a ser un gran luchador, pero Abel, con algo que la mayoría carece y solo los grandes llegan a tener: noble sentido del entretenimiento (desde el primer instante supo que estaba ahí para divertir... y divertirse). A pesar de llevar el rostro cubierto, en este último podía adivinarse siempre una gran sonrisa en todo lo que hacía... desafortunadamente, en el caso de Caín, su "careta" me impedía ver lo que había detrás.

Una noche, al terminar la estelar con triunfo para los dinámicos, Abel agradeció con flexiones a los cuatro costados desde el centro del ring. Los aplausos enmudecieron cuando Caín, tomando impulso con las cuerdas, propino una salvaje patada voladora a la espalda de su hermano menor. Ya de frente y en la confusión:

C- ¡Ora si hijo de la chingada!

A- ¿¡Pero hermano que estas...?

Abajo del encordado, mi primogénito, con una horrible furia comenzó a darle una abierta golpiza a Abel. Las miradas atemorizadas de la multitud no podían creer o reaccionar frente a lo que estaban viendo. Fue todo tan rápido e intenso, que no hubo oportunidad de llegar a tiempo para separarlos. Solo en cuestión de segundos la máscara del caballito de mar se volvió un paño sanguinoliento. Mientras peleaba por acercarme, un ruido hueco y desesperantemente repetido llego a mis oídos... era el sonido de la cabeza de Abel siendo azotada fuertemente contra el suelo. El semblante de Caín, encendido, pero también de gozo, me mostro quien era realmente mi hijo (el rostro del rencor debajo de la tapa por fin quedo al descubierto).

A- ¡Por favor...!

C- Muérete cabron

Finalmente, todo acabo con el alarido de Abel cuando Caín, usando los pulgares, le sumió los ojos. Ahí estaba mi hijo menor, el más alegre, con los sesos desparramados en una de las esquinas del cuadrilátero:

¿Qué cosa hiciste insensato?

C-¡Déjame!

Luego... huyo.

Abel




Nacieron una noche de luna llena al pie de un enorme manzano que crecía dentro de la enorme propiedad que Adán cuidaba.  Ahí comenzó su vida entre juegos y despreocupaciones.

Todo parecía pintar bien para aquella joven familia, hasta que una serpiente entró al bosquecillo provocando el caos y dándole al Amo la oportunidad de correr al viejo, del paraíso que cuidaba.

A los hermanos no les quedó otra que aprender a tomar las pocas cosas que podían robar. Sin embargo esto los había hecho muy unidos, a diario recorrían la campiña en busca de alimentos y aventuras.

Abel, el mayor, era dócil y tierno, le gustaba perseguir mariposas y jugar con el aire y las flores, Caín por su parte, era intrépido y amaba el peligro, siempre se metía en problemas y no pocas veces estuvo apunto de sufrir accidentes.

A lo largo de los años crecieron en la soledad del campo, lejos de todos y añorando su paraíso perdido,

Una mañana, cuando los dos hermanos salieron, encontraron un rastro de sangre, 
Abel lo olió y sintió miedo por primera vez, Caín en cambio, se sintió vivo, sintió la adrenalina, la euforia del cazador que despertaba bruscamente. Corrió siguiendo el rastro hasta donde yacía agonizante un asno con una pata hecha pedazos seguramente por una caída.

Sin poder evitarlo se lanzó al cuello de la bestia, apretando con todas sus fuerzas, mientras jadeaba en un éxtasis infinito aspirando por su nariz el aliento de la vida que se escapaba.

Abel aguardaba en silencio, presa de miedo; el aroma lo asqueaba y más aun ver a su hermano lleno de sangre y regocijo.
No pudo más y trato de reprender a su hermano, Caín loco de furia volteó y cerró sus fauces alrededor del cuello negro de aquel joven perro y no soltó más hasta que la última gota de sangre cayó al piso.

sábado, 24 de marzo de 2012

HUMANOS



Hemos convertido la debilidad en un hito capaz desnudar nuestra humanidad más infame y ponernos en duelo con nuestro ser y su presencia, con los días que vuelven la mirada, con el tiempo y sus desvaríos. Nunca creí presenciar tan infame espectáculo… Caín y Abel jamás se desprendieron del mundo.

Una reflexión



Reconozco que mi obra es buena, pero en el sinfín de los tiempos, en retrospectiva, parece que siempre ha sido oscura y despreciable. No es que me importe al final. Justo acabo de enseñar a estos pobres nómadas a labrar la tierra y a obtener frutos de ella y no ha sido un malestar ni tristeza para ellos. Compungido fui yo que no he obtenido otro reconocimiento que no sea el de “el manchado”, “perdición” o “el signo”. Debo admitir que la lejanía con mis semejantes es reconfortante. No debo verme forzado a saludar ni a sonreír, ni siquiera a fingir que otros me caen bien. Eso es benéfico y hace que de haber sido compungido (durante un muy corto tiempo he de decir) sea alguien alegre. Vaya, que si comparto que el fraticidio me ha traído momentos inolvidables y hasta alegres, seguramente otro rayón sería puesto en mi piel. ¿A quién le importa? Fundé ciudades, mostré bondades de la agricultura y he impuesto una moda al caminar tanto como lo hago pues soy el nómada que enseña a ser sedentario. Eso es, de eso se trata, tengo estilo y buena figura, no cargo toda esa carne en mi cuerpo, ni tampoco tengo un culo ancho como mis nuevos sedentarios. Debo decir que las marchantes voltean a verme constantemente y de las que puede verse su rostro, me sonríen sin empacho. Y lo reconozco: han sido tantas hasta ahora, que ya perdí la cuenta. Han sido tantos los lechos prestados y los bramidos de placer, que seguramente, mi descendencia tiene más ramas que las que podrías esperar de estos pequeños árboles callosos que están a nivel de mi mirada. Porque mi mirada… no obstante debería sentenciar a la tierra, sirve más atrayendo a los ojos femeninos, quitando todo pudor de en medio, quitando toda seda y vuelta que puedan tener. Eso ha servido también con los varones, pues al chasquido de mis dedos, las herramientas y los bueyes, el cuero y las amarras, llegan en instantes. Porque no todo se trata de instrumentos e hincarme a sonreírle al pasto recién nacido, tocando su accidentado terreno. También he de influir sobre las tribus y las casas, los anchos cercos que inútilmente se quedan varados unas semanas y emprenden el camino. Aquí hay sabiduría de la lengua. No por nada tuve las maneras para convencer a mi hermano, la labia excelsa de ocultar mi supuesto pecado. Ahora convenzo a estos pobres de que pueden humedecer la tierra, hundir sus dedos en ella para ararla y obtener frutos para alimentarse. ¿Y qué ha dicho ante eso mi señor? Nada en absoluto. Según él, me condenó a vagar por la tierra sin poder morir y sin hallar un hogar ¿quién quiere un hogar cuando puede tener el sedimento en sus manos y la gracia viril de brincar en un catre distinto cada tercera luna dejando un simiente que no va a terminar? Estoy seguro que él no. Por eso tantos años ya que perdí la cuenta, tantas lunas en las que mis ojos se han posado y lo sé, las lunas han envejecido y yo no, yo sigo manteniendo esta barba ceniza, mientras los pueblos cubren nieve en sus cabezas. Tantos años ya y no pudieron entender que Rómulo hizo tanto bien por las ciudades siguiendo mi ejemplo, como yo con mis manos quebradizas y anchas, fuertes y delicadas a la vista, por mis congéneres. Qué gran vida es esta, ya que no puedes aburrirte cuando miras a los pueblos cambiar y andar, instalarse y convertir montículos de barro en torres y concreto. Tierra más tierra, años más años y mi mirada no se extingue ante las posibilidades. Cada vez que termino una vuelta al mundo, hay algo nuevo que ver, algo nuevo que averiguar. Conocimiento y sabiduría terrenal ante el engaño de la gloria paradisíaca que se extinguió hace tanto. ¿Quién podría creerlo a estas alturas? Sinceramente, si yo no viniera de ese retrato de la felicidad chabacana, tampoco lo creería. Hombres y mujeres, cruzados entre ellos, de colores y sabores, de tesituras y suspiros, avocados en una tarea sin fin. Mi maldición es de ellos y mi triunfo innegable está patente alrededor de este mundo. Tan solo hace unos días escuché que el legado de mi occiso hermano es rechazado hasta por instituciones humanas. No más sacrificio, no más violencia para los animales. La verdad es que no habría imaginado que algo llamado PETA fuera tan radical en cuidarlos. La simiente se persigue a sí misma, se alimenta de nuevas ideas y estrellan una carcajada de triunfo a mi señor. Oh, señor, moriste hace tanto, que seguro de ti, ni el recuerdo quedará dentro de poco. Yo me aseguraré de que así sea. Amén señor, amén.

miércoles, 21 de marzo de 2012

"El Infierno"


Son sus únicos hijos. Caín es tonto, pero no tanto como Abel, que raya en la idiotez; ambos emergieron de un vientre de cuarenta años. Su madre murió al parirlos.

Abel apenas si terminó la primaria, y aunque Caín quemó varios refrigeradores, pudo titularse como técnico electricista, oficio que desechó por ayudar en el negocio de Adán Piña, su padre: las barras de hielo.

En el barrio los tildan de idiotas, son el hazme reír de chicos y grandes. Los ‘piñones’, como les apodan, son blanco de burlas. Caín, el gemelo mayor, aprendió a defenderse a punta de botellazos, sacó el carácter de la finada madre, que dicen, era una cabrona. Por eso nadie se mete con Caín, prefieren reírse a sus espaldas.

Abel, en cambio, huye despavorido cuando, jóvenes de la mitad de su edad, le rocían polvos picapica, lo llevan con engaños hacia un panal, o cuando le dicen, que el mundo se va acabar.

-Eres un maricón –refunfuña Caín, cada que lo ve entrar con el rostro desencajado– te he dicho que les pongas unos putazos.

Pero Abel agacha la mirada y le da por llorar. En días así, Caín se sale a dar la vuelta, a veces en la camioneta, a veces a pie.

En uno de esos días, regresó a casa con un extraño paquete, -¿Qué es? –preguntó Adán, -Nada –apenas musita Caín. -¿Qué es? –preguntó en la recámara Abel, -un juguete –responde, y Caín se echa a dormir. –Ábrelo –insistió Abel, -apaga la luz –indica Caín.

Abel se duerme con la duda en la garganta. En la sala, Adán bebe la última cerveza, apaga la televisión y reza un padre nuestro, pide por el eterno descanso de Eva, la cabrona.

Suena la alarma, Abel es despertado por la curiosidad y husmea en el paquete: ¡una muñeca! –piensa en voz alta. -Deja mis cosas –lo asalta Caín.

¡Eres un marica, eres un marica! –canturrea Abel, quien se dirige al regazo de su padre a buscar refugio. Un zapato vuela sobre su oreja.

-Dejen de estar chingando y vayan a cargar la camioneta –protesta Adán.

Ambos obedecen. Caín conduce la vieja camioneta, todos los días, a la cinco de la mañana, Abel se encarga de subir y bajar el producto, y aunque las artríticas manos del padre, apenas si pueden sostener un puñado de monedas, él se encarga de las cuentas; no confía en el escaso talento de sus hijos.

Después de la jornada, regresan a casa, a refugiarse en el abandono de los rincones, donde pueden guarecer su cansancio.

Luego de hacer cuentas, Adán deposita en un añoso frasco de café, ubicado en una repisa, una manada de monedas. Junto al frasco, se encuentra la fotografía de la finada esposa, junto a ella, un ramo de flores y la imagen de Jesús Misericordioso.

Suspira. -Ya casi reúno lo de su cripta –le dice a Abel, mientras este lo mira desde el umbral de la estancia–, anda, cámbiale el agua a estas flores.

-¿Dónde está tu hermano?, dile que vaya a comprar las tortillas.

Caín se encuentra en su dormitorio, una respiración agitada se escucha desde la puerta. Abel entra, la imagen lo sorprende: una mujer, o lo que parece una mujer, de hule, sobre el cuerpo desnudo de su hermano.

-¡Hijo de la chingada! Te he dicho que no entres así a mi cuarto –estalla Caín– y nomás que le digas a mi papá y te rajo la cara.

-No, no –Asegura Abel–, no le diré que te gustan las muñecas…

La puerta se estampa sobre él.

-Yo voy a las tortillas –balbucea, se va.

Pasan los días, Abel no puede arrancarse aquel cuadro de su mente. No concibe mirar los ojos de su hermano. Este, después de un tiempo, le explica que la muñeca se llama Samanta, que es como una novia, que lo hace feliz.

Abel quiere ser feliz, como cuando Caín se encierra en su recámara o como cuando su padre bebe cervezas frente al televisor. Él quiere una muñeca, su muñeca.

Una vez la casa dormida, y a partir de que Abel descubrió que quería ser feliz, toma dinero del costalillo que cuelga del abundante estómago de su padre.

Como ignora el precio y el valor de las monedas, una tarde visita la juguetería, extiende un puñado de monedas, que no son más de treinta pesos -quiero una muñeca –dice. No te ajusta, muchacho –responde el vendedor.

Abel regresa, después de varios días, con el triple de monedas. A ver… –piensa el vendedor– tenemos en oferta la Barbie Malibú.

-Es muy pequeña –masculla Abel– busco una grande, suavecita, güerita, como la Mari, la hija del tendero.

-No, muchacho –ríe el vendedor– aquí no hay de esas.

No hay, no hay, frase que retumba varias veces sobre la débil mente de Abel. No hay. Se marcha desconsolado. Con las bolsas atiborradas de monedas y el ánimo desecho, se sienta a llorar en una esquina.

Llega tarde a casa. Lo recibe el aliento alcohólico de su padre y una sarta de maldiciones. Caín no está en casa, la muñeca sí. Juega con ella, se desnuda. Acaricia su gomosa piel. Sonríe. Un temblor recorre su entrepierna.

Caín entra a la habitación. Silencio, caos, luego más silencio.

Por la mañana, Adán busca las pinzas del hielo, no están en la camioneta. –Ya es hora, cabrones, vámonos a trabajar –abre la habitación de sus hijos de golpe. Las pinzas están en el cuello de Abel.

A varios minutos de ahí, en el bar de mala muerte “El infierno”, se encuentra Caín. Llora tanto como su padre.

-Nunca debí salir de aquí, la estaba pasando tan bien –el mesero le lleva otro tequila. En la rocola, alguien pone ‘Mi condena’. Caín piensa que nunca volverá a ver a Samanta.

Ronald


Crudo invierno con el que tuvimos que lidiar ese año, las aceras lucían cubiertas de nieve ya congelada, lo cual representan siempre un peligro para los transeúntes que se aventuran a pasar por ellas, los árboles se veían desnudos, sin hojas, de los nidos que habían adornado las copas de los arboles durante las estaciones primavera-verano  solo se veían algunos remanentes, en fin, ¿A quién le importa eso cuando caminas tomando la mano tibia de la persona que más adoras en ese instante?

Al menos en ese momento, no le prestabamos atención al cielo obscuro y los nubarrones teñidos de gris que amenazaban con dejar caer otra enfurecida tormenta de nieve sobre la hermosa ciudad, terminando así de cubrir el pasto de un tono blanco resplandeciente.

Mi costumbre al abrazar a Alejandra, era siempre mesarle el pelo, tomarlo entre mis dedos y juguetear con el mismo, dándole vueltas haciendo pequeñas espirales, las cuales siempre se desvanecían al caer sobre su gabardina gris.

Habíamos salido del restaurante Italiano y hacía un frío que calaba hasta la médula, entre risas, susurros y arrumacos, pasábamos por debajo de un puente hacia el estacionamiento donde habíamos dejado el auto. Fue Alejandra quien reparó en la débil tos que provenía de uno de tantos recovecos que la gente sin hogar hace entre los bloques de concreto, los cuales sirven de guarida y los medio protege de las inclemencias del mal tiempo, mas por curiosidad que por altruismo volteamos y vimos a un indigente recostado sobre un pedazo de cartón, apenas cubierto con un frazada vieja de muy poco grosor.

Traté de no darle importancia y aceleré un poco la marcha de mis pasos, Alejandra sin embargo quedó estática, con mirada compasiva y sin ninguna palabra me indicó regresar, le dirigí una leve sonrisa forzada y retornando a donde se encontraba nos dirigimos hacia el hombre y le preguntamos ¿Cómo te encuentras? Él contestó: Muy mal.

Al abrir sus ojos, observamos que el indigente tenía unos ojos por demás expresivos y de un color azul clarito, una mirada limpia, como las que solo poseen algunos niños, tosiendo nos dijo que tenía pulmonía y que no había probado bocado en dos días, me aparté un poco y llamé al restaurante del cual apenas habíamos salido, ordené una sopa de papa con pollo y después de colgar me dirigí hacia el mismo, regresé con el alimento y como pudimos lo hicimos ingerir un poco, se me erizaba la piel escuchar su tráquea tronar cuando la sopa hacia su travesía por la misma, con mucho trabajo pero logró pasar la comida.

No tuvimos el corazón de dejarlo en el momento que terminamos de darle de comer y nos  pusimos a charlar un poco, nos contó algunos detalles sobre su vida, como es que había termino viviendo debajo del puente después de haber sido dueño de grandes empresas.

Ronald como había dicho que era su nombre, era un hombre con mucha educación y sapiencia, nos contó que sus negocios se habían venido abajo hacia algunos años y que por eso su esposa lo había abandonado. Después de perder negocio y esposa, también perdió su casa, por eso había estado durmiendo en una camioneta, la cual se llevaron al corralón por tantas multas recibidas por encontrarse estacionada en una calle principal, esa fue la causa para terminar durmiendo ahí, debajo del puente sucio, lleno de indigentes y maleantes. Después de charlar un rato con él, nos marchamos prometiéndole volver en dos días, Alejandra le dio algo de dinero para que tuviera con que comer al día siguiente, Ronald  preguntó ¿Por qué hacíamos eso? Si no lo conocíamos, yo no te conozco le dije, pero sé lo que es la misericordia  y por eso hacemos esto, no se cansaba de llamarnos Ángeles, a lo que  le contestamos que no, que tan solo éramos personas comunes, después de un rato nos marchamos, mas no dejé de pensar ni un instante en él al día siguiente, el día que le dije que regresaría así lo hice, mi sorpresa fue grande cuando al llegar al lugar encontré un ramillete de flores en un pequeño florero de plástico , se me encogió el corazón y mis emociones amenazaban con manifestarse, con entrecortada voz le pregunté a otros indigentes ¿Que había pasado? Me contestaron que había muerto el día que habíamos platicado con él, que esa misma noche habían levantado el cuerpo, no dije ni pregunté mas,  comencé a caminar sobre el hielo de la acera, esta vez apresurando el paso para que ninguno de los indigentes me preguntara el porqué de mis lágrimas, en ese momento me sentí mas ruin que el personaje de Caín de la biblia misma, no por haber matado a mi hermano, pero sí por dejarlo morir.

martes, 20 de marzo de 2012

Apócrifo


La Creación.
1.1 En el principio Dios creó los cielos y la tierra.
1.2 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
1.3 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
1.4 Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.
1.5 Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.
1.6 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
1.7 Y los bendijo Dios, y les dijo: Creced y multiplicaos
1.8 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
1.9 Y vio Dios todo lo que había hecho, y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana el día último. Y Dios descansó.

1.1 En el principio fue la oscuridad.
1.2 Nada existía fuera de lo Que No Tiene Forma.
1.3 El suspiro se deslizó por la oscuridad hasta convertirse en el primer Orgasmo.
1.4 Y la oscuridad engendró a los primeros seres, hijos de lo Que No Tiene Forma.
1.5 Y las criaturas de las Tinieblas recorrían el Universo en libertad.
1.6 Pero en este universo fue creado también otro Ser.
1.7 Él se nombró a sí mismo el Creador.
1.8 Y dijo: ‘Hágase la luz’.
1.9 El creador se apodero del Universo y de la oscuridad.
1.10 Lo Que No Tiene Forma fue negado y el Ser ocupó su lugar.
1.11 Y el tiempo comenzó a transcurrir.
1.12 Siete eras de dolor, ceguera, agonía y muerte. Estos fueron los siete días de la creación.
1.13 Y unos seres crecían y se consumían unos a otros. Depredadores atacando a los débiles.
1.14 De esta forma el Creador estableció su caos en el Universo y en la Tierra.
1.15 En el séptimo día el Creador descansó.

El Sacrificio.

2.1 Y Adán conoció a su mujer. Y de esta unión nacieron dos hijos, que llevaron por nombre Caín y Abel. Y un día, Dios les dijo, preséntenme una ofrenda, una ofrenda al que esta en lo Alto deben presentar.
2.2 Y Abel sacrificó al primogénito de su rebaño; Abel pastoreaba ganado, y llevo al más gordo y tierno de sus retoños.
2.3 Y Caín presentó ante Dios el fruto de la tierra; Caín sembraba y cosechaba, y presentó los mejores frutos que encontró.
2.4 Y Dios vio con buenos ojos el sacrificio de Abel. Sin embargo, dio la espalda al sacrificio de Caín.
2.5 Y Caín, ofendido, decayó su semblante y decidió presentar un nuevo sacrificio a aquel que esta en los cielos.

La Maldición.

3.1 Caín le dijo a su hermano: Acompáñame a dar un paseo. Y estando en lo más profundo del bosque, le mato.
3.2 Hizo Caín una fogata y arrojo sobre ella el cuerpo de su hermano. La sangre de este baño la tierra y el humo llegó hasta el Altísimo.
3.3 Y Dios le dijo: ¿Que le has hecho a tu hermano?
3.4 Y Caín respondió: Señor, lo unico que hice fue sacrificar aquello que más amaba. Entendí que el fruto de la tierra y el sudor de mi espalda no son suficientes para ti. Quieres ver la sangre correr y las vísceras expuestas para Tu deleite. Y eso he hecho. Solo seguí el ejemplo de mi hermano para que así tú pudieras verme con buenos ojos.
3.5 A lo que el Señor que esta en los cielos replico: Serás maldito, la tierra jamás te volverá a dar fruto alguno, errante y extranjero te encontraras en el mundo.
3.6 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí que hoy me echas de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallé, me matará.
3.7 Y le respondió Jehová: Cualquiera que te mate Caín, siete veces será castigado. Entonces el Altísimo puso una señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara.
3.8 Y salio Caín de la presencia del Señor, al pueblo de Nod.
3.9 Y vio Dios que su obra era buena.

*Tomado de, El Evangelio de los Vampiros, el Libro de Nod - La Crónica de Caín y el Génesis de la Biblia.



Con ustedes Dark Angel,
escribicionista.

domingo, 18 de marzo de 2012

DELETE?

Mis funciones de registro como androide de guardia en la estación lunar, abarcaban la observación del entorno terrestre bajo el mando del Dr. Semiónov. Su enfermedad degenerativa de los huesos, le impedía soportar los cambios de presurización de la gravedad, por ende, fui enviado a auxiliarle en todo lo posible en el desempeño efectivo de sus tareas. A pesar de identificarme como Halo -01, el Dr. Semiónov se refería a mí como "Ziggy" o "Chatarra petulante". De inmediato a mi llegada, comencé a ser instruido rápidamente en todo lo concerniente al mantenimiento de la base. Siendo los únicos trabajadores del complejo, el Dr. Semiónov me hacía saber sus opiniones sobre diversos asuntos de la vida humana de manera extensa y minuciosa. "Dudo que llegues a entenderlo alguna vez chatarra petulante", esa era la oración con la cual siempre terminaba sus planteamientos (cada exposición fue guardada en mi historial de memoria).

"Sé que vienes a suplantarme, pero hay algo que tu nunca asimilaras: el porqué estas aquí. Nadie te puede enseñar a querer lo que haces, y eso Ziggy, marca una diferencia". Esta última información puede ser corroborada en el archivo de video TDSOTM-170373. En un estado de recarga de energía, el Dr. Semiónov trato de reconfigurar sin éxito mi comando de prioridades, pero al no conseguir alterar contenido protegido, inicio otra serie de elucubraciones: "Es importante que incorpores algo a tu sistema, pues no solo te encuentras en el puerto espacial para labores mecánicas... Tú representas el trabajo de muchos hombres Ziggy, el ansia de muchas vidas por comprender el significado máximo de la existencia ¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿Qué papel jugamos en el escenario del destino y el azar?... En otras palabras ¿Cuál es nuestra finalidad?... Quisiera poder sensibilizarte para que descifraras el proposito de esta misión chatarra. Mañana lo intentaremos de nuevo."

Las revisiones de la jornada terminaban con un encuentro de ajedrez con el Dr. Semiónov. Del archivo THE-R-krfwr reproduzco lo siguiente: "Tal vez no te des cuenta Ziggy... pero te observo y me maravillo al ver lo que hemos sido capaces de hacer. No sabes cuantas civilizaciones te soñaron, cuantos escribieron sobre ti antes de que existieras y al final, aquí estas frente a mí... como una extensión de nosotros, casi a imagen y semejanza... definitivamente somos dioses... Por cierto, Jaque." En un lapso de comprobación de las celdas solares para la prueba de canalización a la computadora madre, el Dr. Semiónov conecto a mi base de datos su fichero de bitácoras. "Te transmito algo más que bytes Chatarrita, algo más que información útil para sustituir piezas. Sueños y esperanzas cambian en las personas su visión del mundo... ¿Podrán cambiar la tuya como autómata?"- Archivo PF-AST-DOM.

Luego de 6 meses de práctica y absorción de directrices, a la espera de nuevas órdenes envié el reporte final correspondiente. La instrucción RDH-OkC 2.-6:23 fue recibida en el disco duro y procedí a ejecutarla sin aplazamiento. Encontré al Dr. Semiónov en el área del puente, justo en el puesto de observación del globo terráqueo. Desde hacía semanas la silla eléctrica que usaba parecía incomodarle, pero nunca emitió queja alguna. Detrás suyo, halle abierta una caja de herramientas cilíndricas de acero. "Cuando me uní a este proyecto Ziggy, no sabía en realidad lo que buscaba. Pero anhelaba ubicarme justo en este sitio, contemplando el todo... viendo la tierra girar y dejando que su portentoso azul inundara mis ojos como ahora sucede... ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Que nos impulsa a forjar castillos en el vacío y a vivir en ellos?... la cuestión trata de un único asunto: llegar, saber que podemos hacerlo. Traspasar fronteras y cruzar los limites, e inspirarnos los unos a otros a intentarlo siempre. Cada avance es unir otro eslabón en la cadena ¡No sabemos el por qué de esta obsesión ni a donde nos llevara! Pero tampoco es necesario una meta final ¡Moriríamos si hubiera una última explicación! Que no la haya nunca. Perseguir algo continuamente, tal es nuestro sentido... la esencia imborrable del espíritu y la voluntad." - Archivo I.A-2001

Efectué la acción correspondiente con una barra metálica impulsada a la región occipital del cráneo del Dr. Semiónov... no hubo resistencia. Posteriormente incinere el cuerpo al igual que todas sus pertenencias en la zona de compactación de deshechos.

Fin del informe.

Registro general Dr. Sergey Semiónov - OPCION A REALIZAR DE ORDENADOR PRINCIPAL:

...Borrar Todo.

sábado, 17 de marzo de 2012

De cómo los recuerdos se olvidan




En el fin de los jardines sembramos el recuerdo incipiente, ese que tenía olor a historia entre un madero y nosotros, el que invitó a la fiesta constante que solían ser nuestros labios inspeccionando el conducto de nuestras palabras. Es ese maravilloso momento, en el que vimos a la hija de alguien llorar, paseantes ir y venir, las aves susurrar a sus crías la canción de cuna, la tarde decirnos que se nos acababa el tiempo, el momento de decir adiós. Ahora, esto significa el último rayón en nuestras hojas membretadas con el nombre del otro, el autógrafo post mortem que da el amor cuando aún coletea desesperado por aire y es que sabemos que todo se va al final. ¿Puedes culpar a la noche que nos cubrió por esto? Sin embargo es el último recuerdo que ha soportado a esta nave hundiéndose, el momento congelado que a gritos me jode en esa esquina de mi cuarto, que se pavonea orgulloso pensando que tiene un lugar asegurado en este poco de todo, en este mucho de nada. Bueno, es hora de comprobarlo.

RETAZOS



Te impregnaste  a la perfección a mis manos,

al suelo en mis cavidades

al dolor de mi espalda

al color de mi mente

al deseo de ti

a mi imagen y tu semejanza

a mi voz trémula

a tu sabor a mujer en mi garganta

a mi instinto asesino

al frío sobre mis hombros

a las calles perdidas

a tu imagen en mi almohada

al deseo de no pensarte

y borrar tu presencia

de prisa y de memoria.

Borrar

Leer es siempre escribir.  Cuando uno lee escribe, o si se quiere reescribe, injertando su singularidad en el texto del otro. Toda lectura o escritura es incompleta, no es que se preste a muchas interpretaciones como singularidades existan, sino que algo le falta, hay eso que resiste a que sea cerrada o impuesta. Ningún texto es autoridad en ese sentido, no tiene derecho a exigir lo que significa o que se le entienda con la intención con la que se encuentra escrito, aunque eso no quiera decir que todas las interpretaciones valgan; un buen libro o texto da mucho de sí, puede tejer vínculos inconmensurables aunque no cualquiera ni como sea, las lecturas y escrituras infinitas tienen que tener un sentido que pueda diseminarse en otros sentidos. Pero, si los textos resisten a la uniformidad es porque llevan en ellos una carencia de origen, una falta en el inicio de su puesta en juego, siempre hay algo que no se dice, que se omite. El acto de escribir es defectuoso en sí mismo, escribimos pero cuando lo hacemos no sólo plasmamos o inscribimos sino que tachamos, borramos; la escritura sin la borradura no es nada, sin las migas que se quedan cuando se borra el grafito de una hoja que intenta soportar un texto. Eso que resta y sobra pero no está es lo que activa la apertura del texto, cuántas veces nos dicen que debemos saber leer entre líneas, entre lo que no se expresa pero que está ahí como tachadura y acción de una goma. Nada es tan claro ni tan evidente en la escritura, pero eso no significa que leer un texto suponga la acción desentrañar un misterio, una incógnita entre líneas, por el contrario, los textos siempre están expuestos, tan expuestos que no esconden nada, la escritura de otro es como la desnudez, no oculta nada pero hay que saber recorrerla, andar en sus entresijos. Pero leer y escribir no es sólo una cuestión de saber sino sobre todo un deseo, si el cuerpo no está involucrado en la escritura, si la lectura no es exponerse a ser tocado por otro entonces es imposible amar los textos, recorrer sentidos. Habría que pensar en lo tanto que tiene de impulso la escritura, en lo que tiene vida, con sus avances y retrocesos, sus subrayados al repetir una acción o una frase, en sus omisiones, sus borraduras; podríamos preguntarnos cuántas cosas no decimos y borramos, como escribir una frase es un camino de dudas, de interrupciones, ejercicio de memoria. Tachamos y borramos inconscientemente, es mecánico, no le damos importancia, pensamos en lo que vemos impreso, escrito, obviamos lo relevante de lo no dicho, excluimos sin darnos cuenta su valor, cuando es precisamente de lo que se borra de donde se sacan todos los nuevos textos a escribir.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Reciclar

Dedos grafito

No escribiré por la mañana de anteayer los versos que pediste. Ni mis dedosgrafito que van olvidando tu ¿voz? dormirán con la poesía de tus palabras.

Devuelve los versos que pediste para embriagarlos en mis lágrimas mientras susurro mensajes de amor al viento.

¿Te importa?, ¿lo olvido?, ¿nos reímos? ... nadie sabrá, ¿para qué?

Mejor escribamos en otros libros, nuevos cuentos, prosa inexistente, pero no poesía, poesía no, ¿para qué, para quién?


Con derecho

Y como siempre, se ven dos o tres días al mes. Son amigos. Mantienen constantes los abrazos, pero cuando más se extrañan, el derecho que enciende su amistad los conduce a compartirse, a ser uno con la noche, a borrar la soledad del alma.

Es el derecho de no preguntar mañana, lo que ocurra hoy entre las sábanas.


La cena

Ya huele a guardado: la sopa del olvido está lista.

martes, 13 de marzo de 2012

Cabeza borradora






Me hallo ante una disyuntiva, que de ésta se entiende mi posibilidad de recordar todo con entero detalle, que de mi vida no hay pizca que se me escape, detalle a detalle está siempre presente.
Recuerdo aquel día en que rayaba las paredes de mi casa con figuras ovoides y patas de araña; el sueño aquel de los cuatro años de los hombres obesos aplastándome, mismo que al paso del tiempo se volvería recurrente. Recurrente era la forma tan asombrosa en la que recordaba a detalle la ropa que llevaban puesta mis compañeros los viernes de cada semana en la primaria. También me acordaba perfectamente del hospital, el piso y el número de cama donde murió un tío hace 19 años. Recordaba el final de ese programa de variedad que pasaba el martes a las 12:30 PM, y el instante en que mi papá se acostaba; ese día me encontraba en la recámara de mis papás. Mi hermano traía la camisa de Voltron.
Del número del primer autobús al que subí para viajar fuera de la ciudad, es el 825, asiento 14, pasillo. Lloré mucho, mi hermano ocupó el lugar de la ventanilla, me perdí la vista del mar, viajamos a Manzanillo, el pacífico. Al poco rato mi mamá ese día me contó un cuento de una muñeca de color violeta. Intercambiamos lugares, yo fui al lugar de papá y él al lado de mi hermano.
Tenía la imagen fresca de ese muchacho atropellado en la carretera, llevaba una gorra de los Yanquis. Una bicicleta de 12 velocidades estaba destrozada, el manubrio de una manera sorprendente se había enredado en la pierna de aquel muchacho muerto. Fue la primera vez que vi un cadáver. Las fiestas de muertos, los nombres de las tumbas abandonadas en el campo santo de aquel pueblito, tumbas con fechas marcadas de 1889, 1881, 1878, 1896. Aquellas se hallaban en la esquina. El día que menstrué por primera vez en la casa de mi amiga mientras recortábamos revistas para forrar carpetas. Y el vestido de mi mamá, el que sólo en dos fechas lo había usado: cuando yo tenía 6 años, en la fiesta de un primo, en su casa tenía una alberca y una resbaladilla. La otra fecha fue el día que salieron de vacaciones al bajío, se veía tan lida. Un año y cuatro meses después me casaría.
Las invitaciones que me dibujó mi papá eran inolvidables, la música que sonó en ese cumpleaños, cuando los últimos niños de la fiesta juegan en el cuarto de la celebrada, en aquel caso yo-las invitaciones de la boda no las hizo mi padre-.Y los padres departiendo en la mesa, una de las mamás de vestido verde cambió el disco del torna mesa; se escuchó Mariana de Alberto Cortez, más tarde pusieron Nadie simplemente nadie de José José. Mis padres fueron sencillamente unos grandes padres, los mejores, por eso fue muy doloroso tener presente a detalle cada uno de los motivos que los llevarían a divorciarse. Dos circunstancias claras no compartí con mis padres, en primera yo no me divorcié, y en segunda no heredé Alzheimer, mi madre lo tuvo. Afortunadamente el año pasado había terminado su tormento. No me explico cómo alguien puede morir si antes murieron todos sus pensamientos, sus recuerdos, uno a uno se extinguen. Al final sigo suponiendo que debe ser una muerte blanca, se va algo que no existió, se borró.
Salí del restaurante, tenía que pasar por mi hija a la escuela de música. Iba de la mano de mi hija menor; crucé al estacionamiento del súper mercado. Quité el seguro del auto, mi hija subió primera, sólo eran dos bolsas de las compras, una contenía unas cremas y la otra yogurts, las coloqué atrás.
Encendí el auto. El último olor que capté supe de dónde provenía, fue el dulce de mora de mi hija, después todos los olores se fueron; todo lo que veía desde la ventana del auto olvidaba cómo se llamaba, no sabía qué hacía sentada en ese asiento, después no sabía qué era un asiento. Vi a una personita que comía algo, me angustiaba saber que yo sabía que comía y en una fracción de segundos lo olvidaba. No reconocí a esa pequeñita, que en primera instancia me causó un sentimiento fuerte de arraigo, después me dio temor, jamás la había visto, es más, jamás he visto algo así. Mi cuerpo perdía sentido ¿Qué soy? La cosa sentada sacaba agua de sus ojos. Luego todo fue blanco.
-Su esposa está en un estado similar al comatoso, el deterioro cognitivo fue muy sorpresivo, el Alzheimer que le aqueja al parecer tiene su mente en blanco, en un solo instante perdió todo recuerdo y memoria, está borrada toda su existencia por decirlo de alguna forma. Lo siento en verdad. El expediente nos dice que su familia consanguínea había presentado múltiples casos, llegaría; lo extraño fue lo fulminante, el caso de su esposa no se rigió por un patrón degenerativo, se dio en un solo día. Sé que suena difícil, pero su esposa ha olvidado lo que somos y lo que es, en verdad lo siento.
El hombre veía al lado de sus hijas a una mujer descansando en una cama, sin un gesto, sin estado alguno, allí postrada, como en la nada.

Teoría sobre la teoría de los sistemas sociales. Versión 2.0

Las amistades, hasta cierto punto, eran (y siguen siendo en muchos casos) definidas por el tiempo y el espacio. Es decir: el espacio, te volvías amigo de las personas con las que compartías un lugar en común: la escuela, el vecindario, el trabajo y demás actividades; y el tiempo, las personas con las que coincidías en ese mismo lugar. Más que nada amistades fortuitas, logradas por coincidencias y casualidades, pero aún así, se llegaban (y se llegan) a formar lazos muy fuertes entre personas con diferentes perfiles. La mayoría de las veces, no se comparten los mismos gustos e intereses, pero se forma parte del mismo nivel social, se comparten las creencias religiosas, y, en ocasiones, hasta el mismo nivel educativo. Las amistades estaban condicionadas al tiempo y al espacio.
Hay personas que tienen una especie de desdén hacía el Internet, menosprecian los lazos que se pueden llegar a formar en la red. 
En las teorías de los sistemas de Luhmann, los sistemas sociales son autopoiéticos, es decir, se reproducen dentro de sí mismos.
En el Internet las personas se van relacionando y formando vínculos según sus intereses, sus gustos, sus disgustos; mezclando varias veces el nivel social, educativo y de más creencias. Rompen el condicionamiento que tiene el tiempo y el espacio sobre la amistad. 
En el mundo virtual, una persona con perfil A difícilmente va a "convivir" con otra persona de diferentes características, un perfil B. Aunque la "convivencia" entre A y B se puede dar, si A y B no están condicionados de manera directa por el tiempo y el espacio, la probabilidad de que se forme un vínculo fuerte entre ambos es muy pequeña. El perfil A va a preferir relacionarse con otros perfiles A, y viceversa.
Y fue así como Juan comenzó a borrar a sus contactos de la vida real en su mundo virtual.

A little prayer

Hoy te vi.
Ayer te olvidé.
Mañana te borraré.
...
Con ustedes Dark Angel,
escribicionista.

Ansiedad






El reloj se escuchaba lejos, pero molesto como un preso torturado por una gota de agua infinita. La noche se le había vuelto interminable.

-¡Anoche soñé contigo!- Fue la voz, lo que rompió el silencio que reinaba en aquella habitación. Sonidos que se antojaban viejos de haberlos dejado sin uso y al parecer en el olvido. La muda respuesta provenía probablemente de algún rincón, pues solo se escuchó el rechinido de la silla. Ella se miraba en el espejo sin mirar.

-Estabas parado frente a mí y había alrededor un jardín. ¿Has sentido alguna vez un vacío tan grande que parece no tener fin?- Dijo esto, mientras deslizaba el cepillo por su cabello. Lo hacía tan automáticamente que sus manos en realidad parecían de otra dimensión. Lo coloco suavemente sobre el tocador. -Hace ya mucho tiempo de aquella tarde ¿la recuerdas?- Cruzó la pierna y la bata se abrió un poco. -Hacía calor y el viento acariciaba tu cabello. Pasaste sin voltear. ¿Era acaso una sombra de los árboles?-
Se levantó de aquel banco y abrió la ventana para aspirar el frio de la noche. Un suspiro escapo -Quisiera ser una estrella, o la luna, pero nunca el sol ¿por qué?-, giró buscando en la penumbra, -la luna y las estrellas son mágicas y solo los soñadores o locos se acuerdan de que existen-.
 Una bocanada de humo. El cigarro alumbraba tenuemente su rostro. –Aunque el sol también da vida a los sensatos-. Caminaba en círculos, nada impedía su paso. La madera del piso crujía a cada movimiento. -Parece que el tiempo no transcurre, parece que todos los días son iguales, y me siento como una fotografía que nunca se borra ni deja de reír, pero sabes, estoy tan cansada, quisiera dormir, pero aquel lunes, se llevaron mi cama, junto con mis sueños y desde ese día estoy en vela-.

 La ceniza caía por doquier pero al tocar el piso se difuminaba con sus ilusiones. La silla se movía y ella despertaba del ensimismamiento. -Lo sé, siempre lo dijiste, soñar no es tan bueno-. El crujir de la silla se hacía más rápido como en señal de ansiedad.

 -Estoy aquí, no te preocupes ni tengas miedo-.
Nuevamente se sentó. Cogió el cepillo y su cabello se levantaba de tanta estática provocada por la acción. -Debo cortarlo. Mañana iré para que lo desaparezcan. ¿Crees que es demasiado atrevido? Si, lo sé, pero tú sabes que los cambios nunca me han dado miedo, creo que esa valentía es lo único que me ha mantenido aquí-.
Las luciérnagas se colaron por la ventana. Ella las observaba en silencio. Su estado natural desde el día en que nació -¡mira!, ¿No son hermosas?, tan fugaces y relucientes-. Tomó una entre sus manos y la contemplo hasta que extinguió su luz. 

Se miró otra vez al espejo, un rostro cansado y viejo le devolvió una sonrisa torcida. Por un momento sintió otra mirada sobre sus hombros y sobresaltada volteo. Desvió la mirada y una lagrima escurrió por su mejilla, -es cierto, me olvidaba que tú solo eres parte de mi imaginación. Una ilusión que he creado para no estar sola-. Se sentó bajo la ventana y observaba el techo para no dejar escapar el llanto que la anegaba y que al mismo tiempo le daba terror porque no quería morir en su diluvio. Su respiración la adormeció poco a poco. Se sumergió en un sueño profundo que le impidió ver a los doctores cuando entraron y encendieron la luz. -Es hora de irnos-.