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lunes, 6 de junio de 2011

EL BESO


Junto a Le Penseur son las obras más reconocidas del primer moderno, Auguste Rodin, un francés que dio otro rumbo a la escultura; rápido para realizar sus prototipos y casi ni se encargaba de esculpir, sólo modelaba con los dedos, el encargado del trabajo duro era Jean Turcan. Esta escultura está basada en los Romeo y Julieta de la gran obra de Dante Alighieri, símbolos del adulterio Paulo y Francesca, condenados a enamorarse de forma adúltera por la eternidad; fueron brutalmente asesinados por el iracundo esposo, coincidentemente hermano del amante, sorprendidos mientras leían la historia de amor entre Lancelot y Guinivere. El escultor escogió ese específico momento de la lectura de aquel libro amoroso, en el que nunca lo terminaban de leer pero siempre acababan haciendo lo suyo; obra muy sugerente, no sólo muestra la pasión de amantes sino también su lujuria; Le Baiser, en su idioma tiene esa doble connotación, tierno beso como sustantivo e intenso follar como verbo; la viva imagen de la mujer tomando a su hombre, ambos desnudos, pues sólo lo casto es obsceno. El artista no debería ser esclavo del modelo aunque fuera necesario para obtener perspectivas, no Rodin, también era siervo pero de sus deseos más libidinosos; tan grande como su fama fue su apetito sexual, se comía a sus inspiraciones, vivía de ellas.
“Me critican que paso mucho tiempo pensando en mujeres; sin embargo, ¿En qué puedo pensar que sea más importante?”
Auguste Rodin

domingo, 5 de junio de 2011

Negro labial


Javier nunca pensó que Carmen lo tomaría tan bien, aunque despertó nervioso esa mañana, todo fue cuestión de animarse a decir al terminar el desayuno -Me voy a la chingada con Lucía, porque con ella siento lo que contigo ya no-, y aunque fue extraño no escuchar llantos, ni gritos, ni nada, también sintió un aligeramiento de los tanates, que traía atorados a media garganta, porque uno será muy hombre y lo que sea, pero venir a decirle a la mujer que la estás mandando al carajo es otra cosa, no es como emborracharse o darse de golpes con quien se le ponga a uno enfrente, ni tener una querida o dejar hijos regados por el mundo, es fallarle a la persona con la que supuestamente ibas un a pasar el resto de la vida y desconocer las enseñanzas del viejo que cantaba con voz destemplada algo como:

la mujer de casa de uno es catedral,
las que andan por ahí son capillitas,
podrá un santiguarse en cualquier templo
pero nomás tomar en catedral agua bendita

si dejas de rezarle a la patrona
y de ponerle veladoras y ramitos
del Señor verás la furia vengadora
y se te caerá la reata en pedacitos

Y él sentía justo en ese momento que todo se le comenzaba a caer en pedacitos...

Lo más extraño de todo fue que ella, tan tranquila como si nada, sólo se le quedara viendo y luego de un largo silencio -Ya lo veía venir, y aunque duela,- dijera -no voy a rogar que te quedes-, y ante la cara de estúpido de Javier, añadiera -nada más, antes de que te vayas regálame una noche más, solamente una, y luego, si puedes y quieres, agarras tus chivas y te vas-, a lo que él asintió de inmediato y es que a Javier lo que le interesaba era no dejarla enojada, por aquello de que dejando niños y casa iba a seguirla viendo con frecuencia, y mujer enojada es peligrosa, no iba a arriesgarse a que le saliera luego con alguna venganza...

-¡Venganza!- pensó mientras se metía a la regadera - ninguna vieja se quedaría tan tranquila cuando venga uno a decirle que se acabó, y más si hay otra de por medio-, pero nada más fue cosa de entrar al agua tibia para que los pensamientos se le nublaran y cambiara la idea, -¡No!, qué va- se dijo -Carmen sería incapaz de una venganza-.

Durante todo el día no pudo quitarse de la cabeza la noche que le esperaba, seguro serían primero llantos y ruegos de Carmen, y luego gritos y sombrerazos, al ver que no habría nada que le hiciera cambiar de opinión, ya estaba decidido, y más se convencía de haber tomado la decisión correcta cada vez que pensaba en Lucía, en cómo le habría de recibir en menos de veinticuatro horas, con los labios entreabiertos y los ojos entrecerrados, con el pecho dispuesto, con los brazos abiertos, y las piernas, también.

Llegó a casa por la noche, más nervioso que cansado, y subió a la habitación, que encontró resplandeciente por una interminable colección de velas y veladoras, todas blancas, que coronaban cada mueble de la recámara y rodeaban la cama y el cubo en donde una botella de champaña, abierta previamente, soltaba un tanto de vapor, señal de que su contenido estaba ya bien frío.

Le esperaba Carmen, como nunca, vestida toda de blanco, como recién casada dispuesta a entregarse por primera vez, con un corsé ajustado que enseñaba un vientre todavía plano, una cintura aún breve y unos pechos redondos, grandes y jugosos; y medias de seda sujetas por un liguero que se confundía con la diminuta tanga y se ceñía a sus caderas ahora más amplias que hace algunos años, pero también más apetitosas y experimentadas, y unas piernas firmes que ya no recordaba.

Sin preámbulo la mujer le extendió una copa de champaña que en ese momento le servía y le dijo -relájate, hoy los niños dormirán en casa de mis padres-. El primer trago, que bebió de un sólo golpe, le supo un poco más amargo de lo normal pero no demasiado, tal vez por el nerviosismo que todo esto le provocaba.

Carmen le recibió con mil besos en la cara y en la boca, en el cuello, en las orejas y en las manos, besos pintados de negro que se prolongaron hacia el pecho y los brazos mientras la camisa desaparecía tras la cortina, el pantalón debajo de la cama y los zapatos sabrá Dios dónde; besos que le llenaron el vientre, la espalda, las piernas; que se le atropellaron en los glúteos y se le enroscaron en el sexo, llenando de humedad y labial negro cada pliegue y cada valle de su cuerpo, y ofreciéndole más vino, cada vez menos amargo y de mejor recorrido, hasta terminar él solo la botella.

Al fin, luego de este juego inesperado, inexplicable, de besos y caricias, montole la mujer con una furia desmedida que le dejó satisfecho con facilidad, ebrio, lleno por dentro y por fuera de algo que no había sentido jamás.

No había lugar a dudas, no había rencores en la mujer, no habría venganza, todo era pues un acto de amor desinteresado, concluyó mientras sentía ya el cuerpo y el cerebro adormilados, como llenándose de una calma interior y una paz al exterior poco comunes, que no le permitían mover cualquier milímetro cuadrado que hubiesen tocado aquellos labios carnosos que, de negro, Carmen retocaba frecuentemente con cuidado y precisión exagerados.

-¡Maldición!- pensó Javier torpemente, acusando el efecto embriagador del alcohol en el cerebro y el maquillaje en la piel, mientras Carmen caminaba lentamente al baño y él observaba alejarse el redondo trasero -¡que se joda Lucía!, aquí estoy donde debo estar, ni más ni menos-, y luego de un par de minutos de silencio, decidido a mantener eternamente ese estado de placidez exclamó -¡Ya no me voy mujer, lo juro, aquí me quedo!-.

-¡Qué lástima!- respondió Carmen, que salía del baño con la cara lavada, el cabello recogido y enfundada en sus ropas habituales, acercándose a darle un último beso en la mejilla, -de aquí ya no te mueves- le dijo mientras le mostraba el oscuro colorete; y dejando caer a la alfombra, que ardió con facilidad, la vela más cercana a la puerta de la habitación, -¡tú ya te fuiste para siempre!- concluyó.

AURORA



Porto Cristo, era una pequeña aldea de pescadores ubicada en  Mallorca, en las Baleares,  unas hermosas y cálidas islas en pleno Mar Mediterráneo.  Ahí,  entre arena y montañas  rodeadas de mar y hermosos atardeceres, vi la luz por primera vez.
Mi familia tenía una villa cerca de Levante, donde mis  padres  cosechaban y producían los mejores vinos de la región. Por esa razón, pude asistir a los mejores colegios y contar con una educación esmerada, pues como decía mi padre “Algún día heredarás todas las tierras de aquí a donde descansa el sol en su cuna del mar”.
Ahí conocí a Aurora, la muchacha más hermosa de la isla –y ahora sé, que del mundo entero– su cuerpo comenzaba a curvarse y su rostro inocente enmarcado por rizos negros que caían sobre sus hombros, eran suficientes para volverme loco. Ambos teníamos quince años.
La  recorría con la mirada, imaginando, soñando con poder tomarla entre mis brazos y besarla.  Y veía, como de reojo, ella sonreía provocando en mí, calores como no los sentí  jamás.
Me sentaba en una banca del pueblo a verla pasar, siempre escoltada por su nana. Perdiéndome en el profundo embrujo de sus ojos negros. En su boca rosada, en sus pequeños pasos, que coqueta apresuraba para escapar un segundo de la mirada de su guardiana y regalarme una sonrisa. Aprendíamos, en lecciones  intensivas, el lenguaje del amor en nuestras miradas furtivas, ocultas en esa mezcla de inocencia y deseo desconocido.
Y es que era hija de Don Hernán el herrero, hombre grande y tosco, celoso de cuanto hombre volteara a ver al pequeño ángel que tenía por hija. Razón por la cual, apenas y podía acercarme a ella. Nuestro amor era un juego de escondidas, donde un par de minutos eran suficientes para recorrer su piel y decirle al oído cuanto la quería, antes de salir huyendo de los bastonazos de Doña Sofía.
Así pasaron tres años, ocultos y enamorados.  Una tarde de Octubre, quedamos de vernos detrás de la noria. Como tantas otras tardes, platicaríamos de nuestros sueños, nos tocaríamos con pasión, moldeándonos con las manos, y besaríamos nuestros anhelos de casarnos. Cada día era más difícil separarnos y esperar la bendición del cura para amarnos.
Esa tarde, cuando llegué, vi a lo lejos como un hombre sometía a una mujer. Me acerqué y era ella. Tirada en el piso, forcejeaba con el hijo del Conde de Mallorca, que intentaba violarla.
En ese instante, sentí una furia incontrolable, entré a la noria y con un tridente para juntar paja, me acerqué sigilosamente al maldito, que la montaba como perro en celo, mientras ella, suplicaba. Así de un golpe le clavé el tridente una y otra vez, y otra vez, él sólo imploraba piedad, gritaba y se retorcía, yo descargaba todo mi odio y rencor.
Tomé a Aurora de la mano, la besé como nunca antes, ella bañada en sangre respondió juntando sus labios con fuerza, nos quedamos ahí, mirándonos fijamente, tratando de explicar lo que había pasado.
-¡Vete!  –me dijo– No tardarán en venir los hombres del conde y te matarán. No quiero que te maten.
-¿Estarás bien?
-Sí –contestó dándome un beso. El beso más largo y triste….
Tomó una piedra y escribió algo antes de dármela.
Me alejé corriendo rumbo al mar, abordé como polizón un barco que zarpaba hacia América. Oculto entre la carga pude ver por una escotilla el humo que salía de mi casa. Incendiada.
Cerré los ojos acariciando mi roca que decía TE AMO escrito en sangre.  Prometí volver por ella. Algún día.
En ese instante murió Pedro Antonio de García y Luna. Pero nació Tintasangre.

Su primer beso…


La única novia que ha tenido era de manita sudada, cuando jugaba botella con besos como castigo nunca le tocaba y cuando le tocó, la chava esta salió corriendo, ha tratado de seducir borrachas feas y siempre lo batean, una vez le contraté una prostituta para desquintarlo y el trato era que besos no porque se enamora y el pobre acabó en 2 minutos o tal vez menos, en los puestos de besos de la feria, siempre se los dan en la mejilla y lo hacen con cara de asquito…
Ha practicado con su brazo y hasta a su hermana le robó  unas revistas “15 a 20” con consejos para besar y dice ser un experto en hacer nudos con los tallitos de las cerezas, ha visto miles de películas y videos porno y novelas aburridas para estar listo, pero no llega…
Es lo único que pide, un besito con babas y lengua de por medio, pero por más que lo intenta y lo espera no llega, inclusive ha pensado en cambiarse de bando a ver si un hombre sí se anima, pero le da miedo que le duela lo que sigue del beso…
No sé, tal vez deba lavarse los dientes más seguido e ir al dentista porque a veces ni el tolera su mal aliento… eso y cincuenta centavos de autoestima…
Esta es la historia verídica de mi pobre amigo el señor sin esperanza que a sus 28 años sigue sin probar un rico beso… eso y muchas cosas más…
 Rolas:
-Pearl Jam - Last Kiss
-Sixpence none the richer - Kiss me

sábado, 4 de junio de 2011

Perturbando labios





Labios de sabores, multitud de colores, de deseos, de caprichos

Manos suaves, manos con dedos, dedos que avanzan, que hurgan, que conocen

Madrugada de callejón, mañana ajena, noche de encarcelamiento en tus piernas

Ansia de saber, de conocer y de pertenecer, de colocarse, de acomodarse, de saber la medida de mis brazos en tu cintura

Marcas de dientes, coladas en tus interiores, en tu exterior, en el recuerdo de la semana, en el pensamiento previo a tus sueños

En el estómago ardor, puñalada en el corazón, miel y hiel, una letra, un mundo que entender

Café sabor canela, crema chantilly, galletas Marinela, aderezo de ajo, caramelo, cerveza, cenizas y el más solo de los hombres adicto a ellas

Ojos que esperan, vaho en el cristal, has visto llover y nevar, el sol lastima, no es un día para llegar

Y cambiar lágrimas por ojos encendidos y penas por la brisa fría de un lejano lugar, hielo y dos amantes perdidos

Soñadores de lo furtivo, lágrima y sangre, pasión en resumen, el ahogo de la cotidianeidad

Sentencia definitiva, ostracismo perpetuo, inducido, por los amantes del odio, alejado de ti y de tus iguales

Ahora sólo acecho en las escasas oportunidades, bebida y sueños, rechazo el día, despertar en la noche, ser tu nueva adicción

Y todo comenzó con un beso.

viernes, 3 de junio de 2011

La Sra. González


México, D.F. 3 de junio del 2011.

Estimado Sr. González:

Esperando se encuentre bien de salud, nos place informarle el resumen de nuestras investigaciones, en el que se dan por perniciosas sus sospechas hacía su honorable esposa, la Sra. González, quien podría estar “besuqueándose” de manera infiel, poco apropiada y desleal con su socio, el Sr. Gutiérrez.

La investigación fue elaborada por nuestro mejor agente (modestia aparte) Ricardo Pestana, su servidor, y fue llevada hasta el ultimo resquicio para que no quede duda alguna de la conclusión.

Durante la realización suplantamos al chofer de la Sra. González manteniéndonos la mayor parte del día con ella, tiempo durante el cuál se limito a saludar de lejos al Sr. Gutiérrez. Nunca habló con él y nunca lo besó. Solo se dedicó a hacer sus actividades normales y en el transcurso de sus horas libres se encerró a besarse con nuestro agente. Si, a besarlo despacio y lento, a lamerle igual que se hace a un espárrago, a succionarlo y despedazarlo después, como concluimos no le habrá besado nunca a usted.

El anticipo que nos dio cubre los gastos de hotel de nuestro destino (el de la Sra. González y su servidor, por supuesto), en breve le haremos llegar la factura por concepto de cobro del saldo por nuestros servicios profesionales.

Atentamente

Ricardo Pestana

Servicio de Investigaciones RP

"Seis a Nueve"

Dame un beso de fuego,
si deseas te pertenezca.
Otro de humo,
en el cual me desvanezca.
Beso de pasión sublime,
a mi alma enternezca.
Un beso nuevo cada noche,
que a ninguno se parezca.
Tus labios hablan en húmedo silencio.
Suspiro con tu aliento en cada beso.
Bajando despacio de tu boca,
dejando un rastro de besos,
sin prisa voy y regreso,
de tu cuello a tu pecho.
Se agita incontrolable
tu vientre cuando lo beso.
Pétalos de piel,
en el centro de tu mundo,
los atrapo en un beso profundo,
sacia mi sed, tu magma de miel.
Inhiesta la respuesta;
nos besamos, cerrando el círculo,
bebiéndonos la entraña,
con paciencia, con maña.

jueves, 2 de junio de 2011

A ver a qué hora

No entiendo porque los escritores de cuentos infantiles hacen que la vida parezca bella cuando la realidad es otra.
Por ejemplo yo -la bella Blanca Nieves- me pusieron a convivir con siete enanos mientras espero la llegada del príncipe que me hará feliz el resto de mis días.

Debo esconderme de mi pinche madrastra que me quiere matar sólo porque yo soy más bonita que ella qué culpa tengo yo, habemos bonitas y feas a ella le tocó ser fea ni modo no sé porqué con sus poderes no se hace bonita pero en fin debo cuidarme para que no me encuentre.

Un día mi príncipe llegará montado en su caballo bayo a por mi pero en lo que llega debo esconderme, en lo que él anda por el bosque pajareando yo me tengo que chutar la vida con una horda de enanos que me tienen los pelos de punta.

¿Se imaginan lo que es levantarse casi de madrugada para prepararles el lunch? que si a Gruñón todo lo que le pongo le parece mal, que si a Tontín le dan risa las manzanas, Tímido se esconde tras de mis faldas para ver que le estoy poniendo y cuando lo veo se sonroja, ash pinche enano payaso. Dormilón es el último en levantarse, se va sin bañar, corriendo atrás de todos cantando su ai ho ai ho, mñeh, el Mocoso ya ni quiero decir, la otra vez me dijo ¨Vengan esos cinco¨ y se me quedó pegado un moco en la mano que hace que casi vomite.

El enano sabio es el que los guía a todos, él que me ayuda a ponerlos en paz porque ah jijo pinches enanos son una calamidad.

Cuando llegan de la mina habría que verlos todos me quieren besar mi linda cara, llenos de hollín los mando a lavarse antes que siquiera me toquen, se enojan pero ni modo luego tengo que lavarme la carita con agua y con jabón, dsenrredarme el pelo con peine de márfil, ah no esa es una canción, anyway debo ponerme la crema que cuesta muy cara si no no podría resisitir el paso del tiempo y ya ven que en los cuentos uno debe conservar su bella personalidad, ¿se imaginan a La bella Durmiente despertando y con miles de arrugas? pues yo no quiero que me pase eso mejor cuido mi cara y mi bello cuerpo.

Lo peor es en la noche, empiezan a quitarse sus mallas, pinches enanos ridículos no sé porque no usan pantalones como la gente normal pero en fin, se quitan las mallas, las botas que tienen que dejar afuera porque como apestan, el aire se vuelve irrespirable.
Los gorros que sacuden llenando mi piso de polvo de la mina, aí voy con mi escoba y recogedor a levantar otra vez todo su tiradero, y este príncipe que no llega.

Terminan de ponerse sus camisones porque esa es otra, usan camisones tan fácil que es dormir en boxers pero no, tienen que ponerse su camisón. 
Cuando están limpios y con pijama les sirvo de cenar haciendo ellos un ruido fenomenal, aggg porqué no se callan, todos piden que les sirva primero menos el mudo obvio, él solo me ve diciendo a ver a qué horas pinche Blanca crees que porque no hablo me debes dejar al último o qué chingados.

Yo lo que quiero es que ya se vayan a dormir y me dejen en paz.

Pero falta el beso de buenas noches mmta aí vienen otra vez. Empujándose todos queriendo ser los primeros,  me hacen enojar entonces agarro una cuchara de peltre y empiezo a levantar al voz para que me hagan caso, sólo así entienden.
Debo estar muy atenta a que se duerman porque varias veces he encontrado a un despistado en mi cama queriendo calentar el nido de amor ajá.

Uno a uno me dan mi beso siendo Tontín el último, me choca debo limpiarme sus babas. Me voy a la cocina a despatarrarme, ya me cansa esta vida tan dura y el príncipe seguro está hablando con el conejito y los pajaritos y sepa su madre quien más.

A ver a qué hora pinche príncipe, ven a rescatarme que ya me cansé de cuidar a los enanos, mira que si te sigues tardando la que va a buscar a otro seré yo o me quedaré con un enano para cada día de la semana aí tu sabes.










miércoles, 1 de junio de 2011

Madrugada



Comienzo insospechado entre finales que de momento pasaban y se terminaban de pronto sin previos ni avisos, no como en las películas románticas que siempre odiamos tanto y a la vez nos han moldeado la idea de esperar que lo más bello se nos concentre en el último minuto, el último escape, saber qué aún cuando todo dolió y fue pasajeramente dañino, estúpido y sin sentido, seguíamos esperando que ese algo de la vida  nunca controlado, mostrase la mejor sonrisa o el indulto a nuestros actos, soñábamos (y como soñábamos) nuestro mejor papel ajeno, tal vez el del ser protagonista de la vida del otro, o de la pareja que se odia, se daña y en momentos discontinuos son una copla perversa, una copla poética, como dos palabras ajenas y contrarias pero de gran valor genérico.


¿Cómo no olvidar qué hay recuerdos? Cómo olvidar nuestra tonta capacidad de llorar sin mostrar el llanto, con las miradas secas, áridas como el desierto, digno representante de nuestro desquicio compartido, nuestra mejor manera de decirnos las cosas entre silencios nocturnos y otros cuantos a media tarde, entre sabanas quemadas en  hoteles de cualquier lado.


Será qué el nuevo mundo què nos nace por debajo de los sueños ahora ya no solo perturba nuestros labios,  también habla nuestras palabras, esas palabras que nunca decimos por que en nuestro mundo no caben, sin dimensión o cimientos, por lo menos en mi espacio decir que te quiero es demasiado ofensivo y demandante tanto como el reflejo odioso de oírte decir lo mismo.


He de decir que es cierto que nada es justo, ni los besos explorando otras salivas, ni las noches enteras de cogidas en búsqueda de algo que siempre hizo falta, alguna verdad omitida, un algo que nos diferenciara, porque sabíamos que la justicia es sólo una medida denigrante impuesta por el más fuerte, aquí siempre hubo un sinsentido de equilibrio, nunca se buscaron igualdades y en ese acto mismo residía nuestro placer en constante desborde, en sabernos diferentes y mal parados ante un mundo que ya  conocíamos como aburrido, débil, siempre ajeno y a la vez conocido mas allá de nuestro radio de alcance.


Necedad, es la verdad que más nos calza en este momento, es la verdad más pura e inquebrantable, necedad de tenernos de jugarnos de ser lo que somos sin tener siquiera por qué aparentarlo, simplemente penetrarnos sin saber el porqué y solo penetrarnos en silencio donde la locura no nos haga presa fácil de la culpa, sanos de locura conocida, sanos de pretextos, vacíos, tragando noches en desvaríos perversos e incontrolados donde seas mi puta y yo un simple cliente de momento.


Todo es siempre vano, el figurar entre lo real y lo sano nunca ha sido de mis cualidades, mucho menos de las tuyas, habrá que cerrar las puertas que nunca abrimos y hablar constantemente, convencernos de que no hay que ceder ante las ideas del otro, seguir siendo el mismo par cambiante de desequilibrados mentales, desvergonzados, y aunque sea solo de rato o por las noches, modelar como seria nuestra historia no contada que a falta de argumentos solo se muestra en ausencias y esbozos que ni tu ni yo creemos mas, siempre deslindaremos la culpa a un tiempo que no llegue; si no es al terminar de leer estas letras, probablemente será en un mañana eterno.


Sólo cierra los ojos, acerca los labios, más ten cuidado con los míos pues rotos y afilados se dirigen contra ti, ¿dime, qué tanto dices sentir?

Violeta profundo




Somos lengüas: ¡estirémonos!

Chupar, beber: el suelo, tus ojos, el tapón de una pluma. Lamer, besar. Qué rico que la vida se nos vaya en probar.
Aquel beso, el primero, fue un disparo en el centro de mis sentidos, —saliva, dientes, alma— un smuack inesperado. Yo, encendida de pena, como una actriz que por error entra a una escena que no le corresponde, con todos los colores y sabores en mis labios, dejaba escapar la emoción a borbotones por mis manos. Era un estómago bajo los efectos de un temblor violeta profundo. Era.
Luego, las bocas me supieron a dulce de anís, a té de arándano, a las cosas más cursis del universo: flor huele de noche, grillitos aplastados en el vientre, cri-crí, cri-crí. Por fortuna, eso se fue.
Hoy me queda claro que los besos no saben a dulce de anís, si acaso, a chicle, a cigarro, a cerveza, y, ¡carajo! qué buena es la cerveza.

martes, 31 de mayo de 2011

El tipo.


Hola, ¿oye estás esperando a alguien? te vi aquí desde hace rato y me dio esa impresión.
Sí, estoy esperando a mi novio.
Uy parece que ya se tardó. 
Jeje, si ya se tardó un poco, pero siempre hace eso.
¿Entonces porqué sigues llegando temprano?
Creo que es la costumbre.
Aah, no es tan sano acostumbrarse a las cosas... ¿y cómo te llamas?, oye, mejor te propongo un trato ¿va?
¿Y de qué se trata? 
Bien, tengo que hacer unas cosas, creo que tardaré un poco, pero si las termino y no ha llegado tu novio, me dices como te llamas... y te acompaño. Y me das un beso.
La verdad no entiendo, no sé porqué debería de hacerlo.
Y porqué no habrías de hacerlo... a menos que me quieras dar el beso ahora mismo, no entiendo. Sé que no nos conocemos, pero tengo interés en conocerte. Me dan ganas de hablarte al oído, de abrazarte con tus brazos al frente y apretarte suavemente mientras percibo el olor de tu pelo, decirte que te quiero, decirte que soy una persona en la que puedes confiar, que por nada en el mundo me atrevería a lastimarte de ninguna forma. Digamos que es cuestión de estética: no puedo dañar a algo tan hermoso como tú.

La mujer se tocó la nuca y después pasó su mano por la sien derecha mientras agarraba su pelo y agachaba la cabeza, pensaba en la propuesta de ese tipo, se imaginaba como sería estar con un sujeto al que recién conocía, ¿cómo confiar en alguien que, de repente llega y te aborda?, decirle tu nombre, estrechar su mano, darle un beso...

Está bien, pero solo platicaremos. 
Con eso me basta. Quizá algún día, en caso de que nos llevemos bien, podrás conocer el motivo por el que me animé a hablarte y pretender un beso tuyo. 

Él se alejó con una sonrisa un tanto maliciosa prometiendo volver lo antes posible, ella solo le dedicó una sonrisa sin malicia. Mientras se iba y ya no podía volver más la cabeza para seguir viéndola, pensó en si ella estaría ahí cuando el volviera. 

Hizo todo lo que tenía pendiente y regresó. Cuando la buscó, ella ya no estaba ahí. En su lugar había quedado un papel, ella lo había sostenido en su mano cuando hablaba con él, no sabía porque lo había dejado en ese lugar, seguramente no le servía para nada y no se molestó en tirarlo en algún bote de basura. Él lo tomó sin saber porqué y se dio cuenta que al reverso estaba estampado un beso con labial rojo y unas palabras a un lado: Lo siento, tardaste un poco y mi novio llegó, pero aquí está tu beso.


Ecos Azulez






Desde que ella entró al lugar, él empezó a observarla. Lo miro con desdén y se dedicó a estar sentada casi toda la noche. Pidió un tequila y lo bebió de un sorbo. De vez en cuando alguno se acercaba para invitarla a bailar pero los fulminaba con la mirada, así que pronto desistieron.

Estaba sentada junto a la barra. Giró hacia la entrada y una mujer de cabello largo de color rojo encendido le sonrió, devolvió el gesto torciendo ligeramente los labios. Esta mujer, además del rojo abundante de su cabello, era sumamente blanca, los ojos estaban delineados de negro y sus labios tono sangre resaltaban su belleza. Lo que le sorprendió, fue el profundo beso que le dio al barman sin mancharle el rostro con lápiz labial, cuando ella ensuciaba el suéter o la blusa con sus colores discretos que casi no duraban.

El ambiente estaba sumergido en un océano de humo de cigarro, el cabello y toda la ropa en general iban registrando esos aromas sumados con el de la cerveza añejada en la alfombra, más el del fastidioso desodorante de baño.  Las personas entraban y salían sin ningún problema, parecían carentes de estructura ósea pues el espacio era infinitamente reducido. Esa noche era algo especial porque había un tributo a una banda de rock muy famosa. 

El Observador no había perdido detalle de la escena, adivinó el contorno de sus formas bajo el grueso abrigo negro que la cubría del frio en un lugar donde todos sudaban, sus botas negras le gustaron por ser discretas y femeninas, el cabello flotaba despeinado sin obedecer la ley de gravedad. La Vigilante pasó deteniéndose frente a él por un momento mientras los borrachos le cedían el paso hacia su lugar. Sus ojos negros se clavaron en el Observador, su boca le dibujo una mueca que él adivino como amabilidad.

La banda empezó a tocar y todos alucinaban en medio del ruido. Pidió un tequila, se recargo aburrida sobre la barra, alguien se acercó y la tomó por la cintura deslizando su mano hacia abajo, ella se sobresaltó arrojándole la bebida en la cara. Esto convino al Vigilante, pues esta mujer aparentemente imperturbable se colocó junto a su mesa.

La gente se puso de pie y empezaron a bailar en medio de contorsiones extrañas. El Vigilante se acercó un poco más para aspirar el dulce aroma de su cuerpo, sintió de pronto un ligero cosquilleo bajo su pantalón. Ella comenzó a respirar agitadamente sin saber por qué. La música extasiaba a todos sumergiéndolos en un ambiente de sensualidad. El tequila empezaba hacer efecto. El grupo inició con los acordes de un blues melancólico y romántico. La Vigilante se movía como guiada por la armónica. Se quitó el abrigo y su blusa transparente se pegaba a su cuerpo como una segunda piel. Dejó la bebida en la mesa y se soltó el cabello. Encontraba en esa melodía un secreto.

El Observador se paró detrás y la atrajo. No puso resistencia, se inclinó hacia adelante pegando su cuerpo hacia aquel hombre que la retenía. Jugaba con su cabello y movía los hombros acercándose lentamente. Él le ofreció su boca, ella acomodó su rostro, pero al final, desistió. Sonrió maliciosamente porque vio en aquel rostro las ganas de probar su saliva viciada de humo y alcohol. 

El riff de la guitarra guiaba su cadera. Se pegó a él sintiendo su miembro rígido. Unas manos fuertes recorrieron su espalda subiendo hasta el cuello aprisionando su cabello, los dedos se enredaron y nuevamente la quiso besar, pero ahora, él tenía el control. La puso de espaldas besando su nuca. Colocó sus manos junto con las de ella reconociendo la suavidad oculta bajo la falda negra. Susurros, ecos que no se percibían por el ruido de la música y la gente cantando. Al liberarse, ella lo aprisionó a la pared, contuvo la respiración, un giro inesperado separó de nuevo aquellos rostros ansiosos. El Observador miraba extasiado el movimiento de aquella cadera. La Vigilante cerraba los ojos y su movimiento estaba inspirado en una imagen de amazona cabalgando sobre él. 

Estaban en una esquina que no le interesaba a nadie. No podía más, la sostuvo en la pared mientras ella enredaba sus piernas a la cintura de aquel hombre que la embriagaba con su aroma a tabaco y vodka, -quiero hacerte el amor-  le susurró al oído mientras le hacía a un lado las bragas. -¿Aquí y ahora?- frase inconclusa que se ahogó en su garganta al sentir como el firme miembro se abría paso entre su cálida piel rosa. Ella bailaba con su miembro dentro, enterrando las uñas en aquella espalda ancha y fuerte, sus cuerpos encajaban y el ritmo de la música los guiaba, eran una misma forma. Manos que la sostenían de las nalgas, mientras su rostro se hundía entre los senos suaves y firmes cubiertos por una delicada tela negra. Con su boca deslizó una de las copas del sostén, mordió suavemente el pezón y sintió estremecerse aquel cuerpo que lo tenía enganchado de la cintura. La Vigilante le tomo del rostro, con su nariz le recorrió la mejilla, los labios que se abrían ansiosos por probarla. Lo miro largo, profundo, su cadera giraba lento, suave, sensual como la voz del cantante, todos coreaban, ella gemía. Lo tomó del cabello y mordió su barbilla, sintiendo en su interior la dureza y fuerza de quien está a punto de culminar… recargada en la pared sintió languidecer su cuerpo, un escalofrío la recorrió desde la punta de los pies a la cabeza, una pequeña convulsión la obligo a arquear la espalda y que la embestida fuera más profunda, el Vigilante tampoco se contuvo, apretó su cuerpo contra el de ella, hundió nuevamente el rostro y respiró profundamente.

Con todo cuidado la deslizo entre sus brazos, le beso la frente y la Vigilante le sonrió mostrando su rostro perlado en sudor mientras acomodaba su falda. Una sonrisa.
 -Es hora de irnos, pero ¿Deseas tomar algo más?
-No, vamos a casa. Dijo la Vigilante.

Salieron y caminaron por la calle oscura, abrazados y en silencio, dirigiendo sus pasos que resonaban a un tono de blues.

lunes, 30 de mayo de 2011

La atemporalidad de un beso


Para La Sra. Alicia.

Exterior de una escuela.

Un niño y una niña de aproximadamente 15 años de frente uno al otro.

Fade in, se establece y baja a fondo: "Dos niños" Café tacvba

Corte a .- Close up al rostro de la niña.

Era el momento. Lo sabía. Pensó que cuando llegara no iba a saber distinguirlo, pero era claro: era él y era el momento. El primer beso. Su corazón se aceleraba junto con su respiración. Sentía su mano acariciándole la mejilla, veía sus ojos color miel, y al bajar un poco la vista veía su boca rosada. Se estaba acercando tanto que percibía su aliento rozándole los labios, olía a goma de mascar. Ella también se había comido uno con sabor a fresa, por si las dudas. La besó, sintió sus labios suaves, delgados, delicados y el escalofrío que recorría todo su cuerpo, las famosas mariposas en el estómago y pensó que no cabía en ella. Se perdió en el beso, no pensó en nada mas.

Fade out.

Corte a: imágenes cortas y continuas. Sonido ambiental de cada imagen.

El primer beso. La secundaria. El mundo en guerra. Menarca. Presidentes corruptos. Crisis económica. Elegir una carrera. Huelga en la universidad. Televisión basura. Buscar un trabajo. Elecciones presidenciales. Desempleo. Violencia. Calentamiento global. Narcotráfico. Torres gemelas. Juan Pablo II. Trabajo mal pagado. Obra pública. Tráfico. Sobrepoblación. Redes sociales. La mejor película de la historia. Jefe malhumorado. Matrimonio. Fiesta. Crédito hipotecario. Meses sin intereses. Sueldos mancomunados. Recorte de personal. Deudas. Nueva crisis económica. Guerra civil. Alza en impuestos. Alza en gasolina. Asesinan terrorista. Embarazo. Hijos. Escuelas. Revolución tecnológica. Reencuentros. Puto calor. Hijos casados. Nietos. Pensión. Afore. Enfermedades.

Corte a:

Exterior.

Fade in se establece y baja a fondo: "Dos niños" Café tacvba

Abrió los ojos, se separó un poco de él, las mariposas en el estómago seguían ahí, subió la mirada a sus ojos miel que ahora estaban enmarcados por arrugas. El apartó su mano de la mejilla de ella y la bajó hasta sus manos cubriéndole las dos, ya arrugadas, ya manchadas. Y su boca se volvió a abrir para decir: aún hueles a chicle de fresa.