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domingo, 25 de septiembre de 2011

Ultimatum



Por todo este tiempo creí en ti. Escuché tus palabras, me desesperaba porque los demás no entendían lo que tan claramente decías; cuando sus necias y cerradas cabezas te hacían repetir lo mismo una y otra vez.
Creí en tu poder, en la fuerza de tus ejércitos…ahora me dices que no son de este mundo. Que tu padre te ha abandonado y que aceptaras el sacrificio, sin alzar la mano.
Y me pides que me sacrifique contigo, ¿por qué he de buscar yo la muerte por tus ideas que no son las mías?
Cuando yo sólo busco el bienestar de mi gente, por eso te seguí, porque prometiste liberarnos del yugo del tirano. ¿Lo recuerdas?
Porque tenemos hambre y sed…y tú, tú juraste alimentarnos aun si fuera con tu sangre y tu cuerpo.
Tú juraste liberarnos.
¿Acaso es justo que después de tantos pesares, de soportar hambre y sed, solo por servirte me digas que todo está a punto de terminar por una estúpida profecía, de una alucinación de un loco, de un sueño?
Que para vivir debemos morir, y aun peor, con alegría, que tu reino tendrá las puertas abiertas para los justos.  ¿Y?  ¿Mientras que hacemos?  ¿Vivir en la miseria sin futuro .porque para ganar tus promesas hay que ser pobre y aceptarlo?
No.  Me niego a aceptar ese destino.
¿Acaso crees que las legiones no levantarán sus espadas para callarnos? ¿Sólo porque tú has dicho que pongamos la otra mejilla en vez de alzar los puños?
Tienes que hacer algo… y pronto.
Si tú no tomas la iniciativa, yo te daré el empujón que necesitas para armarte de valor. Para alzar tu mano como aquella tarde en el templo. Porque estamos cansados.
Para que tu padre volteé y mande sus tropas en tu auxilio. ¿O nos has mentido?
¿Acaso te dejará morir solo?
Si no haces nada, simplemente quitaré la venda a todos los que te seguimos. Y verán que no eres más que un hombre.
Tienes hasta después de la cena para actuar o lo haré yo y no me importa si me llaman disidente o traidor.
Porque ya no te creo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Disidentes



Ha sido en un instante, la idea pasó por su cabeza tocando desde el pensamiento, a todo su ser. Interrumpió su frenético paso por las calles del centro. Se quedó ahí parado con la mirada perdida en un razonamiento que parecía cada vez más lejano, pero que le seguía calando profundamente. Después, siguió su camino de forma pausada. Se fijó para travesar las calles y en su frente se dibujaba ese fruncimiento de la piel que muestra reflexiones fuertes. El resto de su día continuó con una comezón que no se puede localizar para rascarse. Se sentó en la mesa a comer, tomó la cuchara pero no podía evitar hacer todo esto de una forma increíblemente lenta, como si los utensilios tuvieran que darle permiso para actuar como utensilios. No terminó su comida, se levantó y fue a la ventana, se apoyó en el marco y buscó recibir un poco de aire fresco. Fue inútil, lo que antes lo reconfortaba, ahora estaba pasando como si nada, sin sentido, no tenía sentido.

En su mirada, el brillo estaba apagado, ya ni siquiera adormecido, su boca ya no dibujaba una sonrisa y su voz había perdido acento y sonaba hueca y grave. Entonces decidió no hablar, para no desencantarse de la que fuera una voz que reía y siempre tenía un comentario, el que fuera, para cada sensación que le embargara. Ahora el cortante silencio era su respuesta y la torva mirada hacía de guadaña. No es que él hubiera decidido de la nada ser así, pero hubo un instante en que la idea pasó por su cabeza tocando desde el pensamiento, a todo su ser. Así que sin mucho pensarlo volvió al lugar donde ese día ahora lejano, la idea se cruzó en su cabeza, pues quería comprenderla, ya que desde el primer instante fue como un eco lejano que le pasaba revisión a escondidas, sin permitir ser aprehendido. Caminó por ahí, pasó una y dos veces, hasta ser tres y luego cuatro. Fastidiado por no tener siquiera la sensación de ese momento, tomó asiento en una banca y miró a la gente pasar. No es que antes la gente le provocara mucho gusto, pero ahora, justo ahora, la gente parecía tan fría y apagada como él. No dejaba de mirar sus rostros, con miradas perdidas y gestos adustos. Mirar esto le estaba provocando una sensación de rechazo, se levantó y apenas pudo recargarse en una pared cercana. La gente se veía ahora molesta, una pareja discutía y un hombre caminaba por delante de la que parecía su esposa. Dos chicas paradas esperando el autobús, cruzadas de brazos, evidentemente molestas, ignorándose. Él comenzó a sentir náuseas, pero aún más fuerte, fue un nudo en su garganta, se dio cuenta que no estaba solo, que toda esa gente estaba como él, pero guardando distancia. Todos ellos estaban tan muertos como él se sentía, se sentían tan solos como él, estaban tan enojados como él, quizás hasta más y por supuesto, se sentían tan tristes como él. Se dio cuenta de que ese era el pensamiento fugaz y anónimo que le había cruzado la mente hace tiempo y cuya semilla estaba paseando en su estómago desde entonces, rascando su interior, acomodándose y haciendo lugar a todo ese remolino de pensamientos negativos que lo acosaban. Se volvió a sentar en la banca y cerró los ojos, juntó sus manos como si fuera a orar y en ese momento agradeció el rechazo, agradeció que su corazón hubiera sido roto, entendió la futilidad de todos sus intentos por ser feliz, alzó el rostro y pudo ver y sentir el error, el sinsentido, la pobreza e inutilidad de todo intento de cambiar las cosas.

Esa noche durmió, como en años no había podido dormir.

Se miraba en el espejo



Se miraba en el espejo con atención, observaba cómo su rostro se iba transformando poco a poco. Nunca le gustó cómo se veía con un ojo maquillado y el otro no; para saberse siempre bonita, pintaba los dos al mismo tiempo. Luego un poco de guinda en los labios y rosa en las mejillas. Lo hacía para él aún cuando ella sabía que él, no lo apreciaba. Trataba de hacerlo lo menos evidente posible, para evitar discusiones. Había pasado ya mucho tiempo desde la última vez que realmente se sintió feliz, completa, a su lado.

En su pecho una mezcla de miedo, amor, culpa y dolor se retorcía y crecía como si estuviera viva. Sabía que dependía de él, sabía que su palabra pesaba mucho. Decía todo el tiempo cosas que la lastimaban, él no se daba cuenta, ella pensaba que no lo hacía a propósito. Pero le dolían, le calaban en el fondo del alma y poco a poco en su corazón se iban ahondando las llagas. Se miraba en el espejo y se regañaba "¿Cómo pudiste abandonarte así? ¿Cómo fue que lo dejaste tomar control de tu vida? ¿Qué harás tú sin él?, no sirves para nada, él dejó de fumar por ti, nadie más te querrá como él". Por eso el miedo. Pero cuatro años había pasado a su lado, tal vez a propósito había creado esa dependencia. Él siempre había sido un caballero, ese hombre que la hacía sentir protegida pasara lo que pasara. Aún ahora era difícil pasar un momento con él sin reirse, sin sentirse a salvo. Había cambiado el romance por esa seguridad y, hasta ahora, poco le había importado. Se miraba en el espejo y recordaba, la tarde aquella comiendo elotes en la alameda del sur, el día que compraron las bicicletas y en ellas regresaban a casa, felices. Esa vez en la playa cuando por primera vez la vió usando vestido, esa mirada magnética en los ojos de él. Por eso el amor. No quería tomar esa desición. No quería tomar ninguna desición, pero sabía que tarde o temprano llegaría el momento en que todo explotaría. Lo amaba, y él la amaba a ella, mucho, y ella lo sabía bien. Se miraba en el espejo y se preguntaba "¿Cómo es que te atreves a pensar en esto, después de todo lo que él ha hecho por ti? ¿Cómo puedes dudar de nosotros si fuimos tan felices?". Por eso la culpa. Ponía sobre su rostro polvos y cremas, tratando de verse bien sin que se notara. Se sentía atrapada, se sentía invadida, se sentía sola. Su mente era un lío de ideas confusas, de sentimientos encontrados, de fotos rotas y regalos que se tiraron a la basura. Ella sabía que él sí era feliz. Ella sabía que él pensaba que todo estaba bien, que todo era perfecto. Y no sabía si era prudente decir algo que cambiara esa idea. Después de todo, no había tomado ninguna desición. Odiaba la simple idea de hacerle daño, le era imposible hacerlo a propósito. Pero se miraba en espejo e imaginaba, las palabras que diría el día que al fin hablara con él y le dijera "Ya no soy feliz contigo. Te amo, pero no sé si quiero seguir". Y por eso el dolor.

viernes, 23 de septiembre de 2011

"Nunca en paz"


Con el estigma de ser diferente,
todo llega a parecer decadente,
más un plan inicia en tu cabeza,
de tu cuerpo anulas la pereza,
ante los hechos te ves impotente,
y a ojos ajenos, poco inteligente.
Tan fácil es decirte criminal,
aunque no pases de lo oral.
Deseas concretar la utopía
y dicen que invocas anarquía;
en medio de velada monarquía,
muchos declaran democracia,
¡vaya que la farsa tiene gracia!
En sus manos tuercen la justicia,
piensan en tu cuello con malicia;
a sus viles órdenes esta la milicia,
es un juego de bajeza y estulticia.
A pesar de que huyas de su vista,
de por vida estarás en su lista;
prefieren obligarte a partir,
evitando se te llame mártir.
Quizá si gozarás la opulencia,
padecerías la misma indolencia;
pero es la infinita carencia,
lo que aviva tu consciencia.
Irredento enemigo del sistema,
esos pocos te nombran anatema.
Con valor asientas tus reales,
en la égida de valores inmortales.
Loco solitario, inadaptado,
ansían por verte colgado,
hacer de tu nombre vituperio,
tirarte con dolo al cementerio
o por lo menos olvidado.
Silente te llegará la muerte,
si tienes suerte, disidente. 

Disidente


Cansada de gastar en regalos de bodas, Natalia ha decidido resolver ese fastidioso problema. Una fortuna gastada en el cenicero para Alberto y Luisa, hubiera preferido unos lindos zapatos antes de pagar ese juego de cubiertos de plata para Héctor y Claudia. Años de esmero en entregar lo que cada pareja de amigos pedía esperando que llegara su turno, y nada, su media naranja no llega y ella con la lista eterna de cada cosa deseada. Por fortuna hoy le han llegado las invitaciones y con emoción que le transtorna el corazón las rotula meticulosamente sobre la mesa, leyendo en voz alta una y otra vez:

“Yo Natalia, tengo el gusto de participarles mi propia promesa de amor, la cual se llevará a cabo el día 14 de noviembre del presente año. Mi mesa de regalos en los siguientes almacenes…”

jueves, 22 de septiembre de 2011

El más grande de todos los tiempos

El cielo se abrió para dejar caer al que se había atrevido a enfrentar al Gran Maestro. No quería seguir sus preceptos, quería ser el máximo jefe, dictar sus reglas, apoderarse de las almas de los infortunados que creyeran en él. Desobediente sin remedio Satanás era expulsado del paraíso, con las alas rotas cayó a los ríos de lava hirviente que lo esperaban en el último aro del infierno, donde la oscuridad es perturbadora, donde jamás ha entrado la luz. Ese sería el justo castigo para quien había atrevido a rebelarse contra Él, un castigo sin fin.

Con los ojos inyectados en sangre y aliento putrefacto había esperado la ocasión escondido como serpiente entre las piedras para saltar al cuello y deshacerse del estorbo que le significaba el hacedor de todo lo bueno. Se presentaba la oportunidad para empezar a tejer sus hilos de maldad. Atrapar almas incautas para hacerlas soldados de sus ejércitos malditos y terminar con su más odiado enemigo.

El obstáculo que lo separaba de sus ideales era el Gran Maestro y contra Él era muy difícil luchar, sin embargo lo haría, se enfrentaría de poder a poder. La lucha del bien contra el mal la que estaba seguro ganar, se sabía conocedor del alma humana y de como hacerlos caer. Las debilidades a flor de piel para atraparlos entre sus garras y tenerlos por todos los tiempos de vasallos. Siervos sin voluntad pagando por sus debilidades. Palurdos sin fe ni principios.
Mil años transcurrirían sufriendo castigos indecibles, hasta que fueran perdonados, redimidos y vueltos al redil de almas nobles, perdón tan lejano como la luz que se perdió en la caída.

Los ideales del dios malo no eran los del Gran Maestro, los de él eran más prácticos, dejar que los pensamientos abyectos y las perversidades salieran a flote para apoderarse del corazón, el lugar donde podría anidar una poca de esperanza en el ser humano.

Juntó ejércitos de seres rebeldes igual que él, almas perdidas sin rumbo al que él se había encargado de lavarles el cerebro para que se le unieran comprándolos con mentiras forradas de oro y deliciosas bebidas mezcladas con traición.
Con la ira contenida y la rabia corroyéndole las entrañas, Lucifer dio el gran paso, el que decidiría su suerte. Sin más se enfrentó al Gran maestro, en una lucha dispar fue derrotado abriéndose las puertas del cielo para dejarlo caer con las alas rotas, yendo a morar hasta la oscuridad más acendrada, donde no habría retorno.

Con esa caída conseguía lo que quería, ser el dueño absoluto de un reino como siempre lo soñó, sin nadie que le dijera que hacer y que no hacer. Hacedor de calamidades arrastró consigo los vientos de paz que dormían entre los árboles.
Cayendo sin remedio, Lucifer lanzó una carcajada infrahumana, asegurándose que todos lo  oyeran para que no lo olvidaran.
El cielo perdió equilibrio en semejante lucha haciendo que todos los rayos y truenos salieran en comparsa acompañando al ángel caído seguido de sus huestes infernales. Ángeles que se le unían en vertiginosa caída hacía prisiones eternas.

Fundó su reino, reino de maldad que cada vez tiene más seguidores, almas descarriadas buscando placer y fortuna, siendo como único pago su alma que gustosos entregaban ante los placeres mundanos. Pecadores enardecidos satisfaciendo lujurias y gulas sin medida.

Mil años pasaran antes de que puedan ser perdonados los que lo sean, los demás seguirán en lucha para ser libres contra el malo que se atrevió a enfrentar al único que se le igualaba en poder.

El Día del Juicio final serán juzgados, se les quitaran las cadenas que los atan al averno, volarán libres arrepentidos de sus pecados mientras Satanás y el falso profeta quedarán por siempre en el lago de fuego de donde nunca saldrán. 
Disidentes del paraíso condenados para siempre a morir una y mil veces en el infierno, precio a pagar por pensar diferente y rebelarse contra lo que no era para ellos.














Disidente


Cuando Rafael abrió la puerta, ya todos estaban ahí. Entró con sigilo e intentando resistir el torrente de miradas tomó asiento.

El Jefe, que de pie frente a la ventana le daba la espalda a todos, preguntó sin siquiera voltear.

-¿Ahora s podemos comenzar?

Todos los ojos brincaron hacia Rafael, quien luchaba por poner en orden el legajo de reportes que extraía de su morral.

-Sí- respondió titubeante- perdón por el retraso, fue difícil...

-Ahórranos las aclaraciones. -cortó el Señor- ¿Qué dijeron?

Hubo un silencio de apenas segundos, pero largo como la eternidad.

-Que no – Sentenció finalmente Rafael.

El Señor suspiró larga y profundamente pero sin retirar la vista del ventanal. Nadie en la sala dijo una palabra, pero todos intercambiaban miradas entre perplejos e incrédulos. Él dió media vuelta y se inclinó apoyando sus manos en el borde de la mesa. Su expresión era desconcertantemente serena.

-¿Así nada más? ¿No?.

-La trascripción de lo que dijeron está en el reporte; si me permite, Señor, procedo a leerle...

-No, no, deja el reporte en la mesa, cuando hayamos terminado lo leeré. Quiero que nos cuentes lo que pasó.

-Bueno... en realidad la reunión duro poco, cosa de una hora y nuestra conversación se dio en tono muy afable, es decir, nadie se alteró, no hubo reclamos ni se levantó la voz en ningún momento. Ellos nos escucharon con atención, tanta, que por un momento creí que aceptarían nuestra propuesta.

-¿Y entonces?

-Pues usted lo conoce, Señor, con él no se puede saber, lo mismo es un barril de pólvora que un encanto.

-¡Él no es ningún encanto! Es un traidor y un embaucador –terció Miguel, e iba a continuar pero el jefe lo detuvo en seco con un ademán.

-¿Qué fue exactamente lo que te dijo?

Rafael se puso de pie.

-¿Quiere usted que le lea la trascripción?- Todas las pupilas huyeron hacia otro lugar con un dejo de sorna. Rafael, de los siete, quizá era el más dedicado, pero a veces pecaba de cándido.

-No, Rafael, he dicho que me dejes el reporte sobre la mesa. Lo que quiero es que me digas lo que te dijo tal y como lo recuerdes.

Hubo otro silencio incomodo, Rafael pareció titubear.

-Dijo que se retiraban porque usted ha olvidado de los objetivos científicos con los que iniciaron el proyecto y que lo esta convirtiendo en un asunto de promoción personal. Dijo que no piensan participar en una investigación cuyo único fin es transformarlo a usted en una celebridad, que prefieren deslindarse del asunto antes de verlo convertido en una cuestión de culto que nada tenga que ver con la ciencia.- Sentenció de un hilo. Aunque trató de que no se notara, no pudo evitar que una sonrisa se le dibujara en el rostro cuando observo la petrificada expresión de todos. Se apoderó de su alma un sentimiento nuevo, de congoja, por permitirle a su corazón darle cabida a la satisfacción de demostrarles que podía ser duro y cruel, que podía, aunque usando palabras de otros, ponerlos a todos a en su sitio. Sintió vergüenza de, por un brevísimo instante, estar de acuerdo con la disidencia. Agacho la cabeza y volvió a tomar asiento.

-¿Y qué más dijo?-

-Nada más. Después de ello argumentó que no teníamos ya nada de que hablar y él y toda su gente abandonaron el salón.

El Jefe tomó asiento. Su rostro, a pesar de la frialdad no reflejaba nerviosismo ni enojo. Apoyando los brazos cruzados sobre la mesa, dijo finalmente:

-El rompimiento, entonces, es definitivo y nos toca actuar. Caballeros: ¿Que proponen?

-Debemos aplastarlos. –estalló Miguel- Son apenas un puñado de nosotros y están poniendo en riesgo todo el plan, no podemos permitir que lo que tanto trabajo ha costado se malogre por las cerrazón de un ato de...

-No, Miguel, -interrumpió el señor- no vamos a enfrentarnos a ellos, tenemos que ser más inteligentes, más sutiles.

-Yo propongo que los ignoremos y sigamos adelante. - intervino Uriel- Las últimas semanas, aún con tropiezos, no hemos necesitado de su ayuda para continuar. No los necesitamos.

-¿Olvidas que ellos poseen parte del código? - insistió Miguel- ¿Qué el sistema tendrá errores y fallos quizá terminales debido a ello? Además, existe el riesgo de que utilicen la información que poseen en nuestra contra y nos arrebaten el proyecto o parte de este. Hay que acabarlos.

-Dije que no los enfrentaremos, Miguel.- Repitió el jefe con firmeza. Miguel asintió levemente y guardo silencio. Ni siquiera él, el más combativo del grupo, osaba oponerse al señor cuando usaba ese tono.

-Yo creo que debemos organizar una campaña de descrédito.- Afirmó Gabriel.

- Explícate –Le requirió el jefe.

-Debemos difundir la idea de que los levantados no se retiraron, sino que fueron expulsados por insubordinación; debemos culparlos de sabotaje tras cada cosa que salga mal, a fin de cuentas no sería mentira: La parte que él diseñó es fundamental para el proyecto y sabemos que muchas cosas fallarán por su defecto.

-Muy bien.

-Debemos asegurar su desprestigio total, ponerlos en una situación de la que ya no puedan levantarse, hasta sembrar el temor hacia ellos. Podemos convertirlos en el enemigo, incluso en algo monstruoso. El caso es garantizar que si un día regresan nadie los siga, nadie crea una palabra de lo que digan.

-Perfecto. ¿Cómo comenzaríamos?

-Pienso que el primer paso es transformar su imagen. Cuando hablo de convertirlos en monstruos no lo hago metafóricamente: Hay que convertirlos en verdaderos monstruos, de apariencia y alma repugnantes, aprovechando que nadie los conoce. Si nos apresuramos a sembrar en la gente la idea de que cualquier cosa que se relacione a ellos y especialmente con él, huele a podrido, pronto todo lo que hagan o digan solo confirmará en la mente de todos que ellos son la causa de todas sus desgracias y sus penas. El beneficio sería doble, pues no solo estaríamos automáticamente exculpados de cualquier fallo, sino que terminaríamos en el papel de paladines, de defensores de la gente. Héroes, vamos.

-¡Estupenda idea, Gabriel! Miguel, tu te encargaras de este operativo, reúne a tu gente y muévanse, no vaya a ser que ellos estén pensando una ofensiva.

-Sí, Señor.

-Y, Miguel...

-Dígame, Señor

-Pon especial atención a la imagen de él: Quiero que lo despojes de todo rastro de belleza y de bondad, tiene que verse sanguinario y cruel, pero al mismo tiempo débil e impotente en comparación nuestra.

-Cuente con ello, Señor.

-Vamos, la junta terminó.

Y estaban retirándose cuando el Jefe, que había vuelto a ponerse de pie y miraba a través del ventanal, los detuvo.

-Esperen.

-Diga, Señor –respondió Gabriel

-Ustedes saben -dijo sin voltear- que Luzbel y su gente no tienen razón, que esto no es un acto de soberbia, que mí intención no es y nunca ha sido volverme objeto de veneración para nadie. ¿Verdad?

Tras una breve pausa, Rafael respondió.

-Lo sabemos, Señor, descuide.

Y Él, con una seña, los autorizó a retirarse.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Afuera, hoy








Aquella tarde el cielo se miraba frágil, y el aire se sentía apagado como una inmensa sábana de frío que nos pasaba por encima de manera suave, tenue, cobijándonos, apagando lentamente nuestra humeante esperanza que no hacía más que escurrírsenos por los ojos. Era triste el rostro de tía estela, tío Manuel no dejó ni un instante de hacer trizas sus dedos entre nudos, ahora sé que trataba de amarrar aquel aroma tuyo en su pañuelo y yo plantado como el helecho en la esquina de tu cuarto, trataba de amarrarme bien las hojas y no ser presa de ese cambio repentino de primavera a un otoño agresivo y venidero.

Aun recuerdo tu sonrisa cautiva, tu delgada y última voz de arrullo tratando de aquietar nuestra tormenta de alaridos, tu despedida agreste y aquel aroma de ternura cálida y preventiva en momento exacto, anticipándote a nuestro invierno, anticipándote aquí a mis letras.
 
Porque a veces, seguidamente por las madrugadas, en el desayuno, en el variado humor de la cocina y hasta en la sal misma de los días nos visitas.

Te fuiste ya lo sé.

Te fuiste… pero te quedas.

Allium cepa


"... es como esas señoras envalentonadas
que no tienen más que amor en su corazón picoso."

Este texto apesta, literalmente y en sentido figurado, y si le rascas un poquito, también. Frota el punto naranja de la esquina inferior izquierda (¿verdad que se parece a un catálogo avon?) y entenderás de qué hablo.

La historia la recuerdo más o menos así:

-Cómela, ¡es milagrosa! previene gripas, fortalece la memoria, anda, además le da buen sabor al caldo –decía mi madre.

Y yo, la veía delante de mí, con su rabo alegre: crocante, picosa, venosa. En cubos o rebanadas la comía. A su olor pronto me acostumbré, y vaya que aprendí a saborear lo jugoso de sus capas. La llevaba en el lonche de la escuela, o la pedía con gusto al taquero de la esquina. Disfrutaba verla retorcerse en el aceite, observar los rostros ansiosos de los comensales

En cada bocado me creí más inteligente, llegué incluso a agradecer a su carne blanquecina uno que otro diez. ¡Sí que era milagrosa! Más ferviente fui de ella que del niñito dios o del ratón que me dejó dinero a cambio de un diente.

Aún no entiendo mi desamor hacia ella, pero un día dejé de necesitarla, supongo que me pasó como me ha sucedido al escuchar una canción tantas veces hasta terminar aborreciéndola; fue así, de repente, como decirle adiós a una época, a un amigo. O puede que haya sido más complicado, un beso no dado, un rechazo hacia mi aliento, pero si eso llegó a pasar, entonces mi memoria se encargó de protegerme (gracias).

Hoy, lo más que me acerco a ella es cuando voy a la papelería y pido papel cebolla, me gusta su textura, lo translúcido y delgado de sus fibras. Me recuerda esas telitas que brotaban entre sus aros cuando mamá la cortaba, y yo, a un lado del pretil con mis ojos chillones, la saboreaba.



martes, 20 de septiembre de 2011

Planeaciones

La nueva maestra se encontraba en el despacho de la dirección; para hacer tiempo en lo que llegaba la directora, comenzó a ver, estudiar y luego analizar una fotografía del personal docente de la escuela, todos aparecían en el retrato con la misma expresión de siempre: ojos fijos, ceño casi fruncido y labios severos.
La directora llegó después de cinco minutos y, cuando entró al despacho, la maestra la saludó con el rigor que exigía el protocolo de la escuela y se puso de pie.
Buenos días dijo la maestra casi haciendo una reverencia ante la presencia de la directora.
Su interlocutora no contestó el saludo y siguió avanzando hacia el frente hasta ponerse detrás del escritorio, estiró la mano en un ademán que indicaba a la maestra tomar asiento. La maestra obedeció. La directora se sentó en una lujosa silla que tenía el respaldo enorme y puso sobre la mesa una carpeta que al parecer contenía el expediente de la maestra, lo abrió y comenzó a revisarlo.
De seguro me va a felicitar dijo sonriente la maestra.
Todo lo contrario respondió la directora. Hizo que el rostro de la maestra cambiara rápidamente.
¿A qué se debe entonces que me haya llamado? preguntó la maestra con un verdadero tono de intriga y desconcierto en su voz.
Está usted despedida sentenció la directora reclinándose en el respaldo de la silla, puede recoger sus cosas en lo que resta del día, no es necesario que imparta sus clases el día de hoy.
Pero, ¿por qué? preguntó con algo de duda la maestra, pensó que la directora estaba bromeando ¿Por qué toma esa decisión tan, tan...? Yo tengo los mejores promedios de la escuela en cuanto a resultados de aprendizaje...
Y así era, la maestra había logrado tener el mejor grupo de la escuela, lo tomó siendo el peor de todos y logró poco a poco transformarlo en el mejor. En la prueba de aptitud académica, a nivel estatal, obtuvo el primer lugar, cabe decir, muy por encima de los demás; a nivel nacional, obtuvo el quinto lugar, y con esto, hizo acreedora a la escuela a un jugoso incentivo económico, pero no solo eso, también a un llamado de atención grave, pues, cómo era posible lograr esos resultados solo en un grupo... ¿Y los demás?
Hemos tenido una junta directiva dijo la directora en tono displicente y, llegamos al acuerdo de que los métodos que emplea para la enseñanza de sus alumnos, no cuadran con el programa educativo de la institución.
¿Mis métodos? preguntó aún más desconcertada la maestra pero he tenido los mejores resultados con mis alumnos, además, le doy algo de vida a este lugar con...
¡He escuchado suficiente! interrumpió la directora inclinándo su cuerpo hacía adelante y gestículando—. ¿Cree usted que sacar de sus aulas a los jóvenes y darles la clase en los jardines habla bien de esta escuela?, ¿Qué piensa cuando hace que los alumnos  den una exposición sin haber memorizado el material, y en lugar de eso, improvisen?, ¿Cómo pretende que exista una buena educación si les encarga otros libros de texto que no están avalados por la secretaría? ¿Piensa que motivar a los alumnos a que pregunten más cosas a los profesores es buena idea? Por esos motivos esque la juventud está descarriada. Pero lo más importante, ¡usted no hace planeaciones! ¿Cómo piensa educar a los alumnos si usted misma no es ordenada...?
Es usted una retrograda dijo bastante molesta la maestra yo misma me voy de aquí, buscaré otro plantel donde valoren mi trabajo, no pienso aguantar tantos prejuicios.
Yo me encargo de que no consiga trabajo en ningún otro planteldijo la directora cerrando fuertemente la carpeta no le permitiré que siga jugando con la juventud del país. Retírese de mi vista. Le haremos llegar su cheque en unos días.
Y la maestra salió del despacho no sin antes azotar la puerta del mismo. La directora solo se escurrió sobre su silla.
Cuando la maestra llegó a su casa, por supuesto, antes que su marido, se sentó en el sillón de la sala, se quitó los zapatos con los pies y prendió la televisión en el canal de las novelas. Su marido llegó un poco después.
¿Qué tienes? preguntó el marido con mucho interés tu nunca ves tele a estas horas, mucho menos las telenovelas.
No es nada dijo la maestra cuando jugaba con sus pies desnudos—, es solo que, pensaba que sólo a los alumnos les castigan la creatividad en las escuelas.