Mostrando entradas con la etiqueta Fantasmas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fantasmas. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de junio de 2011

Mas alla de Tintasangre



Apenas y recuerdo el dolor que sentí esa noche cuando la daga abrió mi vientre,  cuando giré y vi como corrían todos a rodearme, tratando de ayudarme. Pero ya no era yo.
Quise gritar pero nadie me escuchaba, el padre Mateo se arrodilló a mi lado –al de mi cuerpo, quiero decir– y rezó por mi descanso. Me acerqué y  miré con espanto mi rostro, por primera vez me vi tal cual era y me horroricé al contemplar al demonio que había sido.
A lo lejos, una sombra me llamaba pero yo no quería ir, me resistía y trataba de regresar a mi cuerpo, para levantarme y empezar de nuevo. Ser un hombre bueno esta vez. Fue inútil.
Entonces miré a algunos de mis hombres que lloraban en silencio, culpaban a Ruth de mi muerte. Querían matarla también. Cobrar venganza en la pobre mulata que asustada se refugiaba junto a Mateo y Rodrigo de Trajano, el alférez, ahora con mi muerte ascendido a Capitán.
-Alto –gritó Rodrigo–, desde este instante Ruth estará en la tripulación. La prepararemos y protegeremos para que ella siga los pasos de su padre.  
Todos se quedaron sorprendidos ante tal revelación, sobre todo Ruth que no entendía lo que pasaba.
-Finalmente –el Capitán Rodrigo explicó– Ruth es hija de nuestro Capitán Tintasangre, ocultarlo fue la única manera de protegerla, yo le prometí que si algo le pasaba velaría por ella y la traería al Quimera para convertirla en una gran pirata, para seguir con el legado y leyenda de Tintasangre  –tomó su cuchillo y se cortó en la palma de la mano, con el rojo liquido derramado sobre mi cadáver refrendó esa promesa, todos siguieron su ejemplo jurándole lealtad a él y a Ruth.
-No Rodrigo –le supliqué en vano– por favor rompe la promesa que me hiciste. No le cuentes la verdad, no la subas al Quimera, no la marques con mi nombre que es lo único que la ha mantenido a salvo de mis enemigos.
De repente, a lo lejos oí un trueno y una grieta se abrió en el suelo.  Era mi destino y mi juicio. Sin poder evitarlo me dirigí hacia allá. Pero no podía dejar a Ruth, no ahora que sabía que era hija de Tintasangre.  Y fiel a mi conducta de marrullero pirata, me aferré a mis deseos: escapé.
¿Cuánto tiempo ha pasado? No lo sé, mucho o poco, no importa ya.  Me convertí en un viejo fantasma demasiado arrepentido para el infierno y demasiado culpable para el cielo.
Un fantasma que recorre Duarte noche a noche; que en su castigo ha visto nacer y morir a muchas generaciones de su propia estirpe, sin poder hacer nada.  Sin poder protegerlos, sin hablarles, sin ser visto.
Sólo cuando un Tintasangre está a punto de morir, es cuando al final voy por  ellos y los traigo a morar a este pueblo de mármol blanco para que estén a mi lado, hasta que logremos ser perdonados.

SIN TERROR


Imagínense que están regresando a sus hogares, dónde sea que vivan, el sol se ha ido y el día ha oscurecido. Llegan en momento tal que ya no hay nadie transitando por las inmediaciones, la madrugada quizá. Incluso se encuentran alcoholizados o bien drogados o con algún estupefaciente encima o simplemente cansados, en fin, no están en todas sus capacidades fisiológicas. En aquellas condiciones, se te aparece un fantasma; uno de características intimidantes, provocando miedo a quien se le cruce.

El relato no te asusta, tampoco es el fin aterrorizar; sin embargo, la idea que tú volviendo a tu casa por lugares conocidos por ti recibas lo desconocido, es de temer. Todo lo que conocemos nos da seguridad, aquello que no, nos inquieta, nos hace dudar; le tenemos miedo a lo desconocido, no sabemos que sucede y nos acongojamos. No es lo mismo caminar por tu zona que ir perdido por una selva, ahí sí cágate en tu pantalones si deseas, cualquier entidad te va parecer atemorizante.

Otra cosa es encontrarte rodeado de tu cotidianidad y justo en ese instante de mayor confianza tener un encuentro con, ya no una entidad del mundo de los muertos sino con una entidad biológica extraterrestre; de hecho que te espanta, ¿Qué es esa cosa? Dios mío. Si eso de por sí es para sobresaltarse, un encontronazo con un alien; y por otro lado que se te revele un fantasma también es para estar miedoso, entonces algo doblemente aterrador sería toparse con el fantasma de un alien. Sea como fuere, frente a lo que se ignora, el miedo siempre está latente.

sábado, 25 de junio de 2011

Te veo en la otra no vida




Este era el fantasma de un señor que acababa de morir. Entonces tomó sus maletas espirituales y comenzó a vagar por las calles. Un día o una noche, nunca me aclararon, que va y le jala las patas a un vecino suyo, pero no por mala onda, es que no sabía qué hacer y pensó en pedirle consejo al vecino. Pues el vecino se asustó y que se infarta. Entonces está el fantasma del señor y del vecino y los dos vagando y penando y peleándose que porque lo asustó y se murió el vecino y el otro de tan apenado, pues penaba más fuerte. El vecino le dice al señor que tienen que buscar descanso y que si les prenden una veladora y les hacen sus rezos, quizá podrían estar en paz. Y bueno, para que no pasara otro infarto y fueran tres fantasmas, el señor y el vecino que le dejan unas notas a doña Eva. Fue un problema porque al ser incorpóreos, o sea, ser nomás como unos sopliditos de aire, pues no podían agarrar el lápiz, hasta que vieron que nunca iban a poder ni agarrar el lápiz ni mucho menos escribir una nota. Se dieron cuenta, con el paso de los días, que poseer a Pancho, el hijo de doña Eva, era más fácil y él podía escribir la nota. Bueno, fue un relajo porque cuando el señor se metió al cuerpo de Pancho, el propio soplo de vida que movía al muchacho comenzó a rechazar al señor y que le dice y usted qué quiere, por qué se mete así sin avisar y el señor así de no Pancho, pérame, hazme un favor, escríbeme una carta o tú dile a tu mamá que me haga unos rezos y Pancho, no qué rezos, sáquese, déjeme, y que se mete el vecino y no podían aplacar a Pancho y ya del relajo se andaban peleando ya hasta entre los tres. Pues nunca se pusieron de acuerdo y al pobre de Pancho, doña Eva ya lo tuvo que mandar a exorcizar porque cada que le preguntaban que qué le pasaba, Pancho le decía que tenía adentro a dos hombres y el cura le dijo a doña Eva que su hijo era homosexual y había que sacarle el diablo. Le echaron agua bendita, le rezaron, le pusieron cruces chiquitas en todo el cuerpo, mientras Pancho ponía los ojos en blanco y se andaba peleando con quién sabe quién. El caso es que el señor y el vecino se terminaron chocando y dejaron al pobre de Pancho, quien luego de haber sido exitosamente exorcizado (a ver, díganlo de corrido: exitosamente exorcizado), se quedó con mucho miedo, muchas reservas y una tarde de verano que se tira de la ventana.
Y pues ay, el señor y su vecino. Pues ellos vagaban y penaban, espantaban gente pero era sin querer, es que se les acercaban y no podían tocarles, no podían comer, no podían ser vistos y para unos fantasmas esto no sirve mucho y es que ellos no tenían la vocación de asustar. Ambos veían a la familia que dejaron atrás y a su mundo, las cosas que les gustaba hacer y eso, ahora sólo podían contemplarlas. Pensaban y platicaban, filosofaban, no veían a más fantasmas y hasta como fantasmas esto los hacía sentirse solos.
Un día o una noche, tampoco lo tuve muy claro esta ocasión, el señor y su vecino se dieron cuenta de que no había luz al final del túnel para un fantasma y que tampoco los rezos les iban a poder ayudar. De repente veían uno que otro fantasma vagando y penando y que parecían sentirse bien así. Para los fantasmas no hay vida, parecían darse cuenta, ni siquiera hay no vida. Claro, finalmente para los que les guste asustar, será una buena vida/no vida. Pasaron muchos años, muchos, muchos. Vieron morir a sus parejas y vieron crecer y morir a sus hijos y esto les apenaba en cierta forma. Vieron nuevas generaciones nacer y el mundo cambiar, estaban ahora un poco contentos, porque se dieron cuenta de que vivos, no podrían haber atestiguado tantos e interesantes cambios. El señor y su vecino estaban cada vez más cómodos y a veces se reían con los engaños que le daban a la gente las religiones, las tradiciones y las instituciones acerca de ellos, los fantasmas. Se dieron cuenta de que la eternidad les esperaba. El vecino estaba un poco mal por eso, él pensaba que, aunque fue divertido ver pasar tantos años, no debería hacerlo así, no era conveniente que viera pasar más y más épocas, él estaba muerto y tenía que dormir para siempre. Convencido de esta idea, no le gustó más estar así y se fue desvaneciendo ante la sorpresa del señor que apenas alcanzó a decirle que lo vería en la otra no vida. El señor ahora estaba solo por completo y sin su vecino le parecía aburrido mirar la historia de la vida crearse. Le comenzó a dar curiosidad por el lugar donde habría ido su vecino, pensó que tal vez podría llegar y teniendo este pensamiento, se comenzó a desvanecer. Ahora, su último descendiente había muerto y el mundo por fin lo había dejado en paz.

El invasor



Entre más pasa el tiempo mas se lamenta Martín por ser tan cobarde. Después de lo que ha visto ni siquiera es capaz de regresar la mirada. No hace más que repasar todas las oportunidades que tuvo en la vida para demostrar que era capaz de enfrentarse, de no detener el caminar y seguir con paso firme. Ante los compañeros que le golpeaban, frente a la chica que le gustaba; si al menos hubiera ayudado a aquella mujer mientras la asaltaban en lugar de esconderse detrás de los autos. ¿Qué sería ahora si en todas esas ocasiones hubiera desenterrado el valor desde adentro y se hubiera atrevido a mover al menos un pie?, quizás si entonces hubiera tenido los huevos no estaría ahora, en este momento, petrificado por el miedo; si juntara las fuerzas para regresar la vista, ahí inmóvil sentado en la sala, deseando que el hombre que lo ve desde su recámara no estuviera, o que al menos, no le mirara fijamente, para tener las agallas de verlo mejor y explicarse porque diablos es idéntico a él.

viernes, 24 de junio de 2011

Sit tibi terra levis!




Me observas, colgado del rabillo de mis ojos. Ignoro donde, pero sé que estás. Acaso es una de las cosas que quiero creer, nada más. Tantas palabras para tratar de entender. Eres el eco sin forma de una vida, muda ilusión en el infinito silencio. Dime si la eternidad es tan vasta y oscura, que a fin de cuentas te sientes como atrapado en un puño que ciega y asfixia. Abro mis ojos en el sueño, aguzo mis oídos, pero no te siento. Despierto creo percibirte, sin embargo no te veo ni te escucho. Imagino que vivo pues aún respiro, pero mis pensamientos son muy confusos. Me empeño en mantener junto al recuerdo de ti, tu voz y maneras, la risa, abrazos e infinidad de cosas que en su momento juzgábamos verdaderas. Entre tanto eres tan grande como la inmensa duda que se centuplica en tu ausencia inevitable. Preguntas de angustia pueril, arrinconado vuelvo a sentir un miedo infantil. En el vórtice de la dualidad, sólo encuentro paz al ver tu rostro, silente y fugaz.
Fantasma
eras alma
en calma,
por carne
y sangre
envuelto;
ahora
al polvo,
a la nada
has vuelto.
Despertaste,
sin huesos
ni latidos,
ingrávido.
Regresaste,
sin aviso,
por miedo
al olvido.
Vete, no temas, luego acudiremos al mismo destino; no muere la esperanza de encontrarnos en el fin y principio de todos los caminos.     
Vete, he de morir cuando sea debido, deja ya de trastornar mis sentidos.
Vete, descansa del mundo y su ruido. 

jueves, 23 de junio de 2011

Nostalgia de mi

-¿De verdad quieres que te cuente?- mira, las sombras que habitan en mi cuarto son de esas que no hacen daño, han estado aquí desde que recuerdo, sombras salidas de otra dimensión a la cual no pertenezco pero en la que esperan pacientemente por mi, viven en mi recámara, en mi espacio, en mi mundo.

Cuando siento que me tocan el hombro al pasar por la puerta, no me asusto sé quien es, la sombra de mi padre que me cuida para que nada me pase, a veces se enoja, se va por unas noches en busca de perdones que tardan en llegar, es cuando puedo dormir tranquila porque sus ojos claros no me ven con esa mirada de arrepentimiento.
Dicen -los que saben-que vago entre sueños al borde de la razón, que sucumbo a ayes lastimeros que salen de la misma boca del miedo de perderme en algún lugar sin nombre, vivo las pesadillas entre mis propios demonios.

-Mira- esa sombra que está colgada en el closet-¿la ves?- la blanca- no la conozco, no tiene cara, un vestido blanco es lo único que veo de ella, algún día-me ha dicho-me revelará quien es y porqué está aquí. Espero pacientemente, no tengo prisa por saber quien es o deberé decir quién fue, pero creo adivinar, el dolor de perder el amor la dejó viviendo en sus miserias lastimosas de besos castos, desecho de su infortunio.

Dicen que en las noches cuando empiezo a dormir, mi mano cae al lado de la cama, los fantasmas que habitan debajo  corren para jalarme pero la sombra que está en mi cabecera las ahuyenta. Es mi madre, que no se ha ido porque sabe que necesito cuidados como cuando era niña y arropándome en sus brazos me calmaba todo mal. Quisiera que se fueran a descansar, que sepan que estaré bien pero no me hacen caso, quieren quedarse conmigo hasta que no necesite más cuidados. Dicen que soy yo la que no los deja ir, dicen tantas cosas... dicen tanto de mi que ya no sé si soy o dejé de ser.

-¿Ves ese ahí en la ventana?- es el fantasma de un hombre que murió cerca de casa. Un día pasé por ahí, caminando, sin darme cuenta estuve a punto de pisar su sombra que fue lo único que quedó de él después que en una noche de tormenta los coches le pasaron encima sin dar tiempo a despedirse de nada -¡Pobrecito!-dije en mis adentros, me escuchó y desde entonces está en mi recámara esperando la oportunidad de que me descuide para hacerse dueño de mi cuerpo y buscar los recuerdos que quedaron hechos pedazos junto con él, ya no se separa de mi. Su cuerpo como rompecabezas lo recoge a cada paso que da sin terminar de hacerlo nunca. Nunca, una palabra sin significado en el reino del no hay más.

Hay otros acechándome, esperando la oportunidad de llevarme con ellos pero no me dejo. Cuando empiezo a quedarme dormida, desde lo alto del hoyo negro en el que juego, veo como mi alma  cae sin gritar, sin hacer nada, al borde del precipicio, con la punta de los pies arañando el vacío, veo como caigo sin hacer nada por detenerme, siento cuando una mano me jala antes que desaparezca, eres tu que me detiene porque quieres tenerme junto a ti, -Aún no- me dices y agarrados de la mano nos vamos  a esa dimensión a la cual no pertenezco pero en la que me muevo sin miedo porque voy a tu lado.

Quiero regresar a mi mundo pero la nostalgia de dejar solos estos cuerpos sin alma me lo impide, añoro mi cuerpo, mis juegos, mi espíritu libre bailando en las sombras a la luz de tus ojos pero no es tiempo de irme, alguien que susurra en mis oídos dice que no es tiempo todavía. Sonriente me quedo junto a ti esperando llegue el canto de los pájaros que anuncian que la noche está terminando de irse pero veo en penumbras los ojos llameantes de un ser que no sé quien es pero que enojado se burla haciéndome creer que he ganado la batalla, -Ilusa de mi- la noche aún no ha terminado, una mano fría me agarra del pie para no dejarme ir, abro los ojos y la luz de la luna me señala el camino a un nuevo día, libre de espectros y sombras que habitan mi recámara y que por esta vez he salido airosa de sus garras.

No me hacen daño pero ya no quiero verlos, quiero vivir en el mundo real, quiero que al cerrar los ojos el único miedo que tenga sea al no despertar y formar parte de esa dimensión en la que están los vivos, el presente en mis días rosas, en el que las sombras son solo ropas colgadas.












miércoles, 22 de junio de 2011

Peor que una sombra


Yo te acompaño siempre
adonde quiera que vayas.
Estoy pegado a ti
sin que tu lo notes.
Igual que tu sombra.
No te molesto, para qué
no te guío, para qué
no estoy a tus pies ni sobre ti,
estoy a tu lado.
Cuando hay poca luz no me agrando,
no desaparezco cuando estás en un umbral,
tampoco me fundo en la oscuridad cuando ella te atrapa, para qué.
Sin embargo, soy peor que una sombra.
No me sabes fiel a ti, como a ella si la sabes.
Pero estoy a tu lado, hasta más constante
pues yo no te abandono.
Aun así, estoy seguro que
si me supieras como a tu sombra,
me temerías, o peor,
no me tomarías en cuenta, como haces con ella.
Para qué.

Cuando no soy

Decido
Ser sólo lo que soy, lo verdadero, lo que mis ojos ven, lo que hay adentro
también ser viento, ser frío, calor extenso, ser manos, cuerpo, y pies andando.
Decido ser música vibrando, ser copa y vino…también ser labios,
ser tormenta y arco iris de vez en cuando.
Alas, ser alas de parvadas que elevadas siguen generando vértigo a los ojos,
sin embargo también quiero ser tierra, también serpiente,
que arrastrando anhelos dolorosamente dejó de ser gusano,
quiero ser hambre en aumento, un alimento escaseado que a ratos se renueva.
Decido ser agua ardiente, ser consuelo abnegado,
Y como lágrima decido brotar, desde lo que oculto, desde mi yo callado.
Estoy listo para ser beso, para ser bala,
y estamparme en contra tuya sin motivos,
decido ser jardín, hoy quiero ser planta…también ser árbol,
ser infinitamente alto y ver que tan grande es dios en sus dominios.
Quiero ser fuego, un incendio alborotado buscando paz en entrañas deprimidas,
un ardor certero y propagado, decido ser semilla, ser tu arado,
un arrullo enamorado, silencioso, que germina,
decido alegremente crecer y apostar por florecer hoy entre tus tierras.
Yo quiero ser tus piernas, secretamente andarte, ser tus pasos, y tus huellas.
Y ser lo que verdaderamente soy, lo que nadie ve
Lo que algunos cuentan.

Eduviges





Con un rebozo abrigándole los huesos, la tía Eduviges se sienta en su mecedora al pie de la puerta: le gusta ver hacia la calle.
Como otros días, de su rostro flota una infinita tristeza. Si le pregunto qué le pasa, contesta que es su condición de vieja; después vuelve a posar la mirada en un punto fijo, y así pasan las horas hasta que la noche cae, hasta que se mete la soledad de la luna en su alma.
La familia dice que le gusta ver el movimiento de la calle, a los niños que juegan en la banqueta, o a los pájaros que llegan a nuestro jardín, yo más bien creo que ella ve hacia dentro, hacia las palabras y actos de su pasado. A veces me siento junto a ella lo más callada posible, y, como frutas dejadas envejecer a propósito, nos marchitamos entre el horror del silencio. En la casa todo es viejo, tan viejo y marchito como duraznos chupados, todo se consume en una relajada languidez.
Desde hace años, siento a la tía Eduviges en otro mundo, como viviendo una existencia menos humana, como si una gran vereda la alejara del lugar en el que se quedó. ¿Dónde se quedó? ¿Qué es? ¿La mecedora, un caminar lento… una visión quimérica?
Sus pasos ya recorren distancias no geográficas. La piel se le torna niebla, en calma. Una expresión de limbo se conserva en su rostro. Junto a ella la realidad se pinta del color de la melancolía.
Todas las noches, la enfermera la lleva dentro, es hora de dormir, dice. En la habitación, sus ojos cansados y fríos descubren las mismas cosas en el sitio donde las ha dejado. De su boca escapa un murmullo tembloroso. Es ignorada. Esperaba, tal vez, un desorden, un tumulto, algo que sepa diferente. Pero esperar ya no es una opción.
Las arrugas de sus manos reiteran su fantasmal existencia, a estas alturas, entre la vida y la muerte, no hay diferencia. Cierra sus ojos y se va borrando, quizá quiere ver el otro lado del río.

martes, 21 de junio de 2011

V I D E N C I A S







Figuras inexactas surgidas de mis pesadillas, columpiándote es mis pestañas que se desploman bajo torrenciales errores purgados.

Andante entre los vivos que no te miran pero te presiento, tan fuerte y suave, como la nube, como la roca, no me asustes, sé que estas aquí.

No hay razón para temerte, eres sólo aire que respiro junto con el aroma a lirios que anuncian tu pertinaz inexistencia.

Tiempo te faltó para decir te amo, para pedir perdón, por eso me has encontrado,

Ahora vienes y quieres una oportunidad, no te la puedo negar,

Sin más, ocupas mi espacio, mi cuerpo, ojos y boca para darle voz a tu despedida,

Mañana te irás, dejando solo un espacio que ha sido ocupado por alguien más.

A la luz del foco de mi habitación te escondes tras la puerta, ¿tú también sientes miedo?

Solo vete, ya encontraste el portal, no podemos quedarnos juntos, no soy tu compañera de juegos, aún vivo, aún estoy aquí.

lunes, 20 de junio de 2011

Los compañeros de Lilia


Lilia se sentó junto a aquella tumba que tanto le gustaba. Del dueño del aposento no conocía gran cosa, pero siempre tenía flores frescas. “Juan Carlos” se leía. Nombre bastante común. Demasiado común pensó. Lilia tomo una flor. Tulipanes, según recordaba. Hacía mucho que no veía una flor de esas. La olio, pero ningún aroma llego hasta ella. En fin, solo con verla se sentía viva.

Lilia siguió caminado. Ya alcazaba a ver la tumba de “Humberto”. Le grito, pero de su boca no salió sonido alguno. Volteo a ver su flor, pero esta se había quedado atrás, como si nunca la hubiera tomado. A veces se le olvidaba que ya no podía tomar las cosas.

Lilia se sentó debajo de ese viejo árbol. Una suave brisa agito las hojas, llevándose unas cuantas de ellas. Sin embargo su cabello permaneció quieto. Quieto, como la muerte que la rodea. Como la soga que le aprisiona el cuello.

Lilia camino un poco más, haya, donde estaba “Bertha”, al parecer, abuela de “Juan Carlos”. Apenas rozo el mausoleo perlado, sin duda, recientemente pulido. Lilia se quedó allí, acostada, viendo sin ver las nubes pasajeras, sintiendo sin sentir, llorando en la eternidad. Llorando ante aquellas tumbas que la veían, que la esperaban. Soñando con poder algún día despertar a alguien para así no pasar tan sola la eternidad.

Lo único malo es que también se le olvidó que ya no podía soñar.






Con ustedes, Dark Angel
Escribicionista.

Fe


A la chingada la ciencia, me vale madres. Al carajo tus argumentos agnósticos y tus aires de grandeza al afirmar que lo sobrenatural no existe porque no es comprobable. ¡a la chingada tus pinches argumentos! ¿Tú eres cientifico? ¿Tú tienes algún estudio que lo compruebe? ¿no verdad? Sólo repites lo que dicen que dicen los “estudios científicos” y con eso ya te sientes superior, te sientes certero, crees que no existe porque tu no crees ¿Qué idiotez mas grande es esa? por favor, métete tus comentarios en lo mas profundo de tu ego y a mi…a mi déjame intentar creer.

Si yo pudiera, atraparía un pedazo de tu esencia, energía, vapor, (¿De qué estas hecho?) si yo pudiera volver a verte, ahora en otra forma, o escucharte fuera de mis sueños, olerte de nuevo, sentirte. Si todo eso que dicen me pasara a mi, verte de reojo convertido en sombra, sentir el ambiente inundado por tu perfume, estremecerme con el escalofrío que provoca la idea de haber vuelto a sentir tu mano, o escuchar en medio de la noche, cuando estoy sola, que pronuncias mi nombre y yo sin saber de dónde viene.

Sé que no resucitarás, pero la ilusión de saber que aun existes y que puedes regalarme un día de estos el suspiro de tu existencia terrenal, me hace mantenerme atenta a cada rincón de nuestra casa y anhelar un encuentro, rogar en el silencio: “háblame”.

A la chingada la razón, a la chingada la ciencia y todos aquellos que con su cara intelectualoide y sus argumentos fríos me quieren convencer de que nunca será posible que yo pueda presenciarte de nuevo.

¿Existiré yo en tu plano? ¿Seré un fantasma? ¿O mi espíritu débil y pálido no ha logrado traspasar las dimensiones para llegar hasta tu mundo a través de mis lágrimas y mis ruegos que imploran un poquito de ti?

¿Será acaso que el fantasma aquí soy yo que no puedo con tu ausencia, que no entiendo el no volverte a ver?

No me importan tus propios argumentos, esas charlas de café en las que yo te hablaba de otros mundos y tus reías tan cínico y déspota. Déjame guardar un cachito de tu nueva forma en un frasquito para poder soportar estos días, manda al olvido tu razón, ven y prometo fingir ante los demás que nada ha pasado, prometo decir que creer en fantasmas es de ignorantes y que la ciencia esta en contra de esto, aunque igual que todos sepa que eso no es verdad.