domingo, 4 de septiembre de 2011
Cuentos de la abuela
Sueños embrujados...
sábado, 3 de septiembre de 2011
Corazón perdido
Avanza, finge una sonrisa
Muestra tus blancos dientes
Estruja en tu pecho tu tesoro
Llega a casa ya por favor
Y muéstrame mi corazón.
Te lo llevaste hace un año ya
No le vi nada de malo entonces
Ahora lo tienes y revuelves
Lo cuelgas de un gancho mirando mi foto.
Será que lo guardaste
en esa cajita donde latía
tocaba a tu puerta desesperado
y tú no abrías.
No me pareció nada malo
Darte mi corazón
De haber sabido
De tu hechizo
Poco caso habría hecho a tu sonrisa
Habría corrido tan rápido para morir pronto como todos los demás
Porque todos estamos cerca de ti
Tan lejos de vivir.
María
Chocolate
viernes, 2 de septiembre de 2011
La Mujer Maravilla contra las brujas

La Mujer Maravilla nunca había lucido tan derrotada. Con tremenda colitis el traje sexy ya no es lo de antes y con el orgullo humillado dirige su avión invisible hasta su guarida. Abatida se tira en su cama y sin querer se le escapa un suspiro, ¡como extraña a los malos! Ahora su vida transcurre intentando recuperar la simpatía de los que alguna vez fueron sus seguidores, rastrea los problemas para oportuna salvar a las victimas, con ansias de guerra sueña levantar su látigo y fustigar con valentía combatiendo a los enemigos. ¿Qué pasa ahora? En la escena se encuentra con gente insulsa, estúpida y sumisa, todos con esa ridícula sonrisa, contemplando con la boca abierta a sus nuevas salvadoras, tan humanas que hasta derraman lágrimas cuando agradecen y tan ordinarias que se pintan los labios frente a los presentes. Bridget Jones y todas esas bobas con sus historias románticas, quizás no salvando a nadie del incendio, pero brindándoles la esperanza y esa ilusión que a ella siempre le falto.
Malditas brujas.
"Canto de Brujas"
jueves, 1 de septiembre de 2011
Fuegos fatuos
miércoles, 31 de agosto de 2011
Sopa Clutterbuck
Nuestra abuela nos enseñó de extractos y brebajes, la sabiduría de las runas, las bondades de raíces y el manejo de calderos. Pero ella se avergonzó de todo eso, así que, desde pequeñas, tomamos caminos diferentes.
Deberían verle cuando corta vegetales: cubos de zanahoria con ridícula precisión, trozos simétricos de calabacín. Rose es una cocinera exacta... tan aburrida, tan engreída dentro de su bobo delantal.
Entre cocina y brujería no hay diferencia, ella igual es maléfica, lo traemos en la sangre, sólo usamos distintas maneras de conquistar, yo robo miradas, labios; ella seduce estómagos.
He visto los rostros de placer de quien prueba sus panecillos o degusta su famosa sopa Clutterbuck, luego la he visto sonreir orgullosa, mirándome sobre el hombro, desdeñando mis pócimas, ¡unturas putrefactas!, les ha llamado.
Su cocina es un templo rebozante de tomates, patatas, granos; no hay en el pueblo quien no recurra a ella para preguntarle de condimentos o tiempos de cocción. Rose prefirió tener amigos que continuar con el legado de la abuela. En sus repisas deberían habitar venenos, huesos, mandrágoras: es una traidora. Era.
Respiro tranquila, en el comal se retuerce como vientre con cólico, una muñeca; frente a mí desfilan más vecinos, corren con cubos de agua. En el retrato de la abuela se dibuja una sonrisa, ya puede descansar.
En adelante, les acompañaré aquí, siempre quise visitarlos.
Papitas
martes, 30 de agosto de 2011
Entre olivos y estrellas
Santo Oficio
Y serás ante todo mi embajadora en el mundo;
Y enseñarás el arte de envenenar,
De envenenar a los que son señores poderosos de todo;
Si, tu harás que mueran en sus palacios;
Y atarás el alma del opresor (con el poder);
Y cuando halles un campesino que es rico,
Entonces enseñarás a la bruja, tu alumna, cómo
arruinar todas sus cosechas con tempestades horribles,
Con relámpagos y con truenos,
Y con granizo y viento...
Y cuando un sacerdote le cause mal y la hiera
por sus creencias, le retornará el daño
por duplicado, y lo hará en mi nombre……..
Diana, la Reina de todas las brujas
Y cuando los sacerdotes o la nobleza
os digan que debéis poner vuestra fe
En el Padre, en el Hijo, y en María, entonces contestareis:
"Vuestro Dios, el Padre, y Maria son
Tres diablos..."
"Para mi no es el verdadero Dios ni Padre;
Ya que he venido para exterminar el mal,
A todo hombre malvado y a su obra destruiré.."
"El que es pobre sufre con el hambre penetrante,
Y el trabajo duro en la miseria, y a menudo también
por el encarcelamiento indebido; aún así
su alma será recompensada por sus sufrimientos,
Y será feliz en el otro mundo,
Redes de misterio y mentiras.
Urnas llenas de sangre derramada salvajemente de
Justos perseguidos por católicos y gente sin moral y conciencia, que
Aferradas a una verdad escupida por un dios "amoroso"
Se contaban por miles en fogatas donde ellas agonizaban.
lunes, 29 de agosto de 2011
La Vieja Nina
La vieja Nina como le decía el pueblo se peina el pelo negro, brilloso, no tiene canas; su cara es muy arrugada, sus facciones son arrugas, sabes que es una cara cuando habla (poco lo hace) o parpadea. Una edad difícil de calcular. Nina visita el pueblo sólo para ir al molino, a su regreso se le ve pasar llevando en cada mano dos cubetas llenas de masa negra. Nadie le ayuda, los pies negros y partidos siempre parecieron ser resistentes.- Es fuerte la vieja Nina- Decía Otilio en compañía de los trabajadores al verla pasar llevando sus dos cubetas pesadas. Otilio era el jefe de los peones de unas parcelas, las más grandes del pueblo; desde niño trabajó la tierra. Nina le daba tacos de manteca y sal cuando Otilio iba a la pila por agua. No le hablaba, nomas le estiraba la mano ofreciéndole el taco. Otilio parece haberlo olvidado, la ve mientras le da el sorbo al aguardiente. Son las seis de la tarde, le propone a los compañeros ir de cacería el domingo en la mañana. –Tengo ganas de comer una bestia del campo, que sepa a hierba y tierra, de carne fresquecita- les dijo Otilio a los trabajadores que asentaban mientras el aguardiente se acababa. Susana, la vecina de la abuela Nina, no la volvió a ver jamás después de ese domingo, lo único que recordaba era la figura de Nina adentrándose al campo muy de mañana.
El domingo Otilio se encontró con los muchachos, en las primeras horas del día subieron el cerro; si bien su propósito era ir de cacería Otilio no les decía específicamente qué cazarían. –Un tlacuache, me dijo mi compadre Rubén que por esta zona se ha visto uno muy grande, de pelaje negro, brilloso. Dice que él lo vio- Sin que se lo preguntasen les mencionó Otilio a los hombres quienes iban cargados de escopetas y trampas; no olvidando una garrafa al tope de aguardiente y un recaudo para el guisado. -¿A qué saben esos animales? No los he comido- decía uno de los peones, otro más comentó que debían saber asquerosos -esos animales son ratas grandes-. Sabrosa, la carne dicen es muy sabrosa, al decir esto Otilio logró callarlos. No importaba que estuvieran de cacería, seguía siendo su patrón y el grupo obedecía. No tardaron mucho para encontrar la presa. El más joven de ellos sintió el golpe de unas ramas en su pierna, gritó que algo pasó junto a él, “un tlacuache”, todos lograron ver al animal mientras éste corría entre las yerbas, el pelo negro le brillaba, la luz del día lo hizo más visible, fácil de atrapar. Nadie disparó, se dispersaron, solo Otilio le siguió, el resto le cerraría el paso. El animal asustado venía de regreso sin darse cuenta a topar en los pies de Otilio. No le disparó, desfundó el machete y se lo metió en el pescuezo, el animal se retorció en sus pies hasta morir. En efecto se trataba de un animal ominoso parecido a una enorme rata, Otilio sacó el machete del pescuezo y ordenó a dos hombres levantasen el cuerpo; buscaron un lugar para cocinarlo y celebrar. Otra cosa no dicha por Otilio es que aparte de comerlo deseaba mucho la piel de ese animal, su casa estaba repleta de pelajes, cueros de animales cazados. Comenzó a desollarlo, mientras unos hacían la fogata, otros cortaban los chiles, tomates y cebollas; el joven servía el aguardiente. La mano de Otilio cubierta de sangre se agitaba pidiendo su trago. El animal sólo en músculo fue cortado primero de la extremidades, en el corte de las patas traseras Otilio se dio cuenta que se trataba de una hembra. Metió el cuchillo en la panza, en un corte sacó todas las tripas, la menudencia y las echó atrás de unos arbustos. Le degolló para luego meter los pedazos de carne en dos cazuelas, el animal no cupo en una. –Puss ya así hirviendo y el olorcito del recaudo puede saber bueno- Dijo Félix, hombre de confianza. Apenas cinco tortillas se habían calentado cuando comenzaron hacerse tacos, en las mascadas y tragadas se notaba un gran placer, efectivamente era muy sabroso, nadie asociaba el sabor de esas carne con algo que antes hubieran degustado. Otilio comía el tercer taco, contemplaba la piel del animal, brillante.
La piel del tlacuache se volvió parte de la colección de Otilio, lucía bien. Lo peor de esos días, exactamente un día después de la cacería fue la terrible infección en el estomago de Otilo y el resto del grupo, se la pasaron seis días con fuertes dolores en el vientre, diarrea y un vomito incontrolable. Indigestión les dijo el médico del dispensario. El que parece no haber sanado fue Otilio, a los pocos días empezó a tener altas fiebres, en los delirios le decía a su mujer que la piel del tlacuache era el cabello de la Vieja Nina, que la había visto parada allí junto a las otras pieles.
En realidad Nina no es mi abuela, soy hijo de Otilio, del difunto Otilio. Conocí a la vieja Nina de niño, en los acarreos de agua, allí estaba ella con los tacos de asiento de manteca y sal; repetidas veces le pregunté su nombre, jamás respondió, le empecé a decir abuela. Mis padres me prohibieron hablarle, mi papá tenía aversión a Nina. Es una bruja, es nahuala decía. Me asusté y no volví a aceptarle taco alguno, dejé de hablarle. Mi papá no volvió a ser el mismo después de aquella cacería. No dejó de ver y hablar de Nina hasta el día en que murió.








