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domingo, 17 de julio de 2011

¡El ZORRO y EL CUERVO!



Como cada fin de semana, se reunieron las “chicas” en casa de la “Cuquis” Ibargüengoitia y Romero de Santosdominguez. Señora que como se podrán imaginar presumía ser de rancio abolengo, gran alcurnia y esmerada educación al igual que sus amigas de la “High” del pueblo de San Goloteo de Abajo, Jalisco.
Se autonombraban “las cuatro mosqueteras” y  según ellas, la junta la hacían para decidir cómo iban a ayudar a los  necesitados, quizá con sus fastuosas fiestas de “donaciones y caridades” o repartiendo sus vestidos con más de tres puestas a las mujeres del pueblo, siempre y cuando les quedaran bien, o cualquier otra idea descabellada que las pusiera como unas santas en los periódicos y en las bocas de la plebe.
Adictas a la doble moral que habían mamado desde sus cunas de oro y encerradas en el “que dirán”, las cuatro vivían matrimonios añejos, vacíos y solitarios, donde los hijos ya habían partido a Guadalajara, aburridos del pueblo, entretanto los esposos disfrutaban “cazando mariposas” y aventureras.
Ese sábado transcurría como cualquier otro, entre pláticas y bromas “La Güera” Torres sacó una botella de rompope  que rápidamente  fue sustituida por una de whisky. Al igual que la conversación que de inmediato olvidó los modales convirtiéndose en chismes de lavadero, albures y maldiciones.
-Ya casi son las nueve –dijo la “Güera Torres– ya verán qué sorpresa les tengo mis queridas “mosqueperras”. ¡Salud! y esta noche será hasta que las nalgas nos traicionen, jajaja… vamos “Cuquis” pon algo de música, pero muy movida, nada de “tus tiempos” porque pareces abuelita.
“La Cuquis”, “La Güera”, “La Bibis” y “La Xime” alzaron las copas (de vino) y brindaron, cuando en eso sonó el timbre. -Son ellos –dijo la güera corriendo a abrir.
Cuando regresó a la sala traía de la mano a dos hombres jóvenes, uno de ellos vestido de negro, con máscara y látigo, caminaba como torero partiendo plaza; el otro, vestido también de negro con pantalones de piel, gabardina, un aire oscuro, cara pintada de blanco y unas extrañas líneas negras en el rostro, apenas y se dejaba ver.
-Con ustedes –dijo la “Güera”– ¡El ZORRO y EL CUERVO!
La “Cuquis” subió el volumen de la música y apagó gran parte de la luz. El Zorro con su aire seductor se plantó en el centro de la sala, comenzó a bailar sensualmente mientras las mujeres perdían la compostura y el decoro.
El Cuervo, en tanto, se sentó entre las “chicas” y comenzó a repartir copas y caricias que fluían ya sin control; entre gritos, la capa del zorro cayó al piso al igual que la camisa.  El macho usaba el látigo con destreza en excitante danza, el pantalón y las botas fueron el trofeo de la “Bibis” que acariciaba sin pudor alguno, las piernas del zorro; este terminó el baile sólo con su máscara.
El cuervo se levantó del sillón y puso música de lacrimosa. Algo que las señoras no habían escuchado nunca, pero que al ver al joven cuervo les pareció música celestial. El cuervo fue mucho más agresivo que el Zorro. Sus movimientos de cadera  humedecían el lugar y aflojaban los sostenes. Arrojó el pantalón y tomando una botella entre sus muslos las tomó una a una obligándolas a darle grandes tragos de alcohol mientras simulaban una felación. Estaban tan entusiasmadas que no advirtieron que el Zorro ponía algo en sus bebidas.
Quince minutos después, las cuatro estaban profundamente ebrias  y dormidas.
Al despertar, advirtieron con horror que estaban totalmente desnudas y la casa totalmente vacía. Entre lágrimas de cruda y arrepentimientos,  descubrieron en una pared un letrero que decía… “Si dicen algo de lo que pasó, todo mundo lo sabrá”  y en el piso estaban tiradas diez fotografías. 

Moraleja 1.
“Nunca confíes en quien cambia su cuerpo por billetes”

Moraleja 2.
“Hay cosas que si las haces en la adolescencia son divertidas, pero después de los cuarenta son ridículas”

Y al otro dia...


Estaba el cuervo muy enojado por lo abusivo del zorro, cuando de repente una duda cruzó su mente -¿qué mierdas hacía un pedazo de queso Mascarpone en medio del bosque?- curioso como es, regresó a donde encontró el queso y descubrió que era el cebo de una trampa para el zorro, pero mal colocada por unas manos torpes, por lo que nunca hubiera funcionado…
Con el orgullo herido decidió cobrar venganza, así que fue a la única tienda del pueblo donde podía encontrar quesos finos a robar otro trozo y de regreso se paseó ufano por donde el zorro disfrutaba de la sombra…
El zorro lo vio y lo siguió dispuesto a hacerse nuevamente de una comida fácil, no se le ocurría aún nada, pero en el camino podía idear alguna artimaña… mientras le daba alcance, el cuervo acomodó la trampa…
Llegó el zorro a donde el cuervo y le saludó cortésmente -señor cuervo, veo que tiene otro pedazo de queso- el cuervo le respondió -señor zorro yo sé donde hay enormes cantidades de los mejores y para demostrar que no hay rencores, le convido un trozo de este exquisito Camembert-…
El zorro confundido y desconfiado se acercó y al olfatear que no había nada raro, tomó el queso activando la trampa e instantáneamente su garganta fue prensada, cayendo a las garras del ufano cuervo…
El cuervo se posó triunfante sobre el cuerpo de su enemigo disfrutando de su victoria mientras decía -es más dulce el sabor de la venganza acompañada de un queso mohoso y la sangre del enemigo-…
De la nada, salió disparado un guijarro que pegó en la cabeza del cuervo… era el dueño de la tienda de quesos quien regresó feliz de que su trampa mal puesta funcionara y tener una nueva piel de zorro junto con plumas negras y brillantes para su sombrero de mal gusto…
Moraleja: Planea bien tu venganza y no te descuides aún después de que tu enemigo esté a tus pies…

sábado, 16 de julio de 2011





REGRESA PUTITA MÍA:
LA FÁBULA DEL CUERVO Y LA RAPOSA EN UN ACTO


Acto Uno


El cuervo gritó: ¡Ohhhhh!
La raposa dijo: Graciassss.


Y así sucede.

viernes, 15 de julio de 2011

El Zorro y el Cuervo



El Zorro y el Cuervo

Cuando despertó, el Cuervo todavía estaba ahí.


Interpretación:

Pues eso lo contó Augusto Monterroso, yo que sé.

Bien, lo escribí yo aquí, solo es para deslindarme de linchamientos por plagio.

El Cuervo, no estoy muy segura, pero hasta que me fuí, seguía ahí.

El Zorro, aún cuando prometió que lo haría, no llegó a los ensayos.

De último minuto informan que si asistió, pero por venir crudo se quedaba dormido y cada vez que despertaba, con tranquilidad notaba que el Cuervo seguía ahí.

Por incumplimiento de contrato se decidió no pagarle al Zorro sus honorarios.

De último minuto se nos informa que el Zorro había pedido una transferencia por sus servicios profesionales, si usted le ve, por favor notifíquele que regrese a la oficina a devolver el dinero.

"El astuto y el vanidoso vano"



-¡Zeus! ¿Qué es lo que has hecho, insensato?
-¡Hades! ¿Te atreves a cuestionarme? Recuerda que soy el “Padre de los dioses y los hombres”.
-Tremendo error has cometido, hermano. Ya verás el fruto de la semilla que has sembrado.
-Solamente les he dado un pequeño regalo. ¡Míralos, que felices están! Acceso a las artes y libre albedrio decidí concederle a los mortales.
-Tu sabiduría es tan grande como tu arrogancia. Cuando te des cuenta, no podrás remediarlo.
-Exageras, los humanos no son mis esclavos, no podía tenerlos siempre observando estrictos ritos, esperando fechas para implorarme dádivas y agradecerme. Fue un pequeño obsequio, por lo bien que se han portado.
-Ahora no comprendes los alcances de este “regalo”; ellos podrán decidir, eso genera duda. Además poco a poco empezarán a desobedecerte, a cuestionarte, a denostarte, junto con eso la burla y finalmente serás un recuerdo sin esplendor.
-¡Hades, fuiste tú mismo quien me aconsejo esto!
-Por supuesto, pero nunca creí que fueras tan corto de miras, Zeus.
-Obnubiló mi mente la idea de que me rindieran culto de otras maneras: esculturas, pinturas, poemas, música, todo en mi honor y para agradarme. Mis hijas, las musas, los visitan, sin que ellos se den cuenta, los animan a crear, pero bien dices, parece que no soy el único ni el principal motivo de su inspiración.
-Mira, hermano, entre ellos hay algunos muy destacados, creadores de excelsas obras, agitan y animan el pensamiento de sus congéneres; son respetados, hacen retratos y efigies de ellos, elevan poemas y cantos para celebrarlos. Otros miran hacia arriba, buscando respuestas, resuelven problemas cotidianos; despertaste su curiosidad, no podrás revertir eso. De alguna manera, aunque sean unos cuantos, lograrán ser inmortales.
-¡Oh, Hades, será esta mi decisión más equivocada! Se diluirá mi potestad a cada giro de La Tierra.
-Te dejo cavilando, hermano. Me vuelvo al inframundo, debo atender mis asuntos.

Dándole la espalda a Zeus, Hades se retira del Olimpo, con una sonrisa de maliciosa satisfacción, distorsionando su sombrío rostro. 

Es una zorra



Vecina de mi novia, la conocí siendo una niña; yo un muchacho un poco más grande, ocupado en vivir la aventura de la vida. Terminé esa relación y dejé de visitar su barrio, casi la olvidé.

Blanquita se hizo mujer, repentinamente llamó mi atención ¿será ella? –me pregunté-, noté con sorpresa que conservaba sus rasgos infantiles, grandes ojos café oscuro, piel clara, tersa, perfecta; su suave sonrisa y cabellos negros ondulados, armonizaban a la perfección con su caminar. Poseedora de un voluptuoso cuerpo, sabedora de su atracción, no dudó en utilizarla.

Su status económico cambió gradualmente de menos a más, obtenía ganancias pese a su modesto trabajo en una oficina de gobierno, eso no se podía ocultar; después de todo, Blanquita lo merecía, los hombres de dinero le rendían tributo.

Un día le vi moretones en un brazo y en su cara, un vendaje discreto en su mano izquierda aparentaba ser un guante; no parecía incomodarle, saludaba, sonreía, coqueteaba. Blanca había tenido un accidente de auto al regresar de la playa con uno de sus amores, él no sobrevivió. Muy pronto se supo que era su cuñado, el escándalo no pareció importarle –ni su hermana–. Un nuevo amor llegó, nuevos privilegios, un ascenso laboral, una compensación, un nuevo modelo de auto, ausencias frecuentes y así... otros amores.

El tiempo no parece afectarle, bella como es, hoy la cirugía estética mantiene su lozanía. “Es una zorra” escucho decir aquí y allá de esas mujeres que con coraje, saben que no pasa desapercibida, saben que sus maridos fingen ignorarla, que las desplazan en sus fantasías porque ellos quisieran ser el cuervo de la historia de vida de Blanquita, quisieran interactuar con la zorra aunque fuese solo una vez. ¿Y yo? Pues… yo no soy hombre de dinero.

jueves, 14 de julio de 2011

So elixir para Titi

Ondeando su rubio pelaje, cierto día paseaba la zorra Titi por el bosque. Como todas las mañanas, había lavado su blondo pelo con shampoo de manzanilla para que no perdiera el brillo rubio cenizo natural color 731 de L´oreal, se sabía hermosa y cuidaba hasta el más mínimo detalle de su apariencia. 

Muy temprano se metía a bañar, con una esponja suave acariciaba su chonchito cuerpo -es que Titi era más bien una zorra rellenita- con jabón para piel sensible Jardins du Monde, hecho de grains de café du Brasil que le había traído expresamente para ella su prima Norma que se dedicaba a vender productos por catálogo, cierto que ser bella le salía caro pero bien que lo valía, además lo podía pagar en la quincena. Compraba también desodorantes por docena o al tres por dos o al dos por uno según las promociones.
Al terminar de bañarse, se secaba bien las axilas poniéndose So elixir desodorante con un dejo de frescura para que en sus largas caminatas no apestara a zorra y no espantara a los galanes del bar al que iba en sus correrías nocturnas.

Pacientemente alaciaba su pelaje para que volara al viento si es que acaso algún gañán la invitara a pasear en moto a la que era aficionada , poníase el vestido negro con moño rosa que le daba un toque muy femenino. El borde del prominente escote dejaba a la vista unos senos espectaculares, su mejor arma para pillar incautos, zapatillas de medio tacón porque Titi era una señora zorra respetable y no estaba ya para andar sobre tacones de quince centímetros que le hacían trastabillar y caminar chueca. Por último rociaba sobre su cuerpo Channel no. 19 el perfume favorito para salir a zorrear digo a caminar buscando quien le pagara un trago. Ah y su bolso de mano que había comprado en la Plaza las Flores de reciente inauguración.

Héte aqui que un día paseando por el bosque, Titi cansada de caminar y que nadie le  ofreciera ni un trago ya no de vino del Rhin, aunque fuera de tequila, se acostó a la sombra de un árbol a ver las nubes pasar, ¡la la la la lá! Sus ojos entonces vieron al cuervo más hermoso que nadie había visto jamás. De pelaje brilloso, ojos grandes-claro es un cuervo- un pico que daban ganas de comérselo a besos, corbata de moñito que le daba un toque romántico, bastón con mango de marfil y en el ojo izquierdo un monóculo antiguo. Por último al sonreír dejaba ver una hilera de blancos dientes que brillaban como flashasos. Remataba la vestidura con un bombín que perteneció a su abuelo, el gran Eulogio III

El cuervo Eulogio, divisó desde la copa del árbol a tremenda señora zorra, se acomodó el espejuelo y bajó volando hacía ella no sin antes dar unas cuantas piruetas en el aire. Aterrizó a los pies de Titi quien ruborizada se sentó de inmediato, -Me llamo Eulogio bella dama- se presentó al instante que le besaba la pata delantera. -Yo me llamo Titi- respondió la zorra, -Bello nombre para una hermosa zorra- dijo Eulogio.

-¿Qué hace una zorra tan sola por estos lares?- Preguntó dejando que sus ojos negros acariciaran impúdicamente los senos de Titi que sólo alcanzó a cubrirse un poco con el pañuelo que llevaba amarrado al cuello.
-Nada, nada- estaba aburrida y quise salir a que me diera el aire
-Permítame acompañarla-dijo el cuervo al instante que le ofrecía su brazo. Eulogio movía el bastón haciendo círculos en el aire mientras Titi se sentía la zorra más afortunada al ir del brazo de semejante pájaro. 
Platicaron contándose sus cuitas amorosas, decíanse los tragos amargos que la vida les había dado y terminaron por darse cuenta que eran almas gemelas que el destino juntó.
Dándose caricias furtivas empezaron a reconocerse, sintiendo a cada roce un choque eléctrico que les ponía los pelos y las plumas de punta.
Sentían que habían nacido el uno para el otro, cupido había flechado a tan singular pareja, tomados de pata y ala se fueron por la vida rodeada de árboles.

Caminaron hasta el bar El Robespierre ubicado en las inmediaciones del bosque, por suerte estaba semivacío. Se sentaron en el rincón más oscuro para poder platicar a gusto, ordenaron champagne mientras el cuervo inquieto, con su largo pico besaba el lóbulo de Titi que se estremecía al sentir el tibio aliento. Entrecerrados los ojos se dejaba llevar al susurro de las frases que el cuervo decíale al oído. Con el ala izquierda Eulogio comenzó a acariciar -debajo de la mesa- las bien torneadas piernas de la zorra que empezaba a ponerse nerviosa. Olía a loción de las más finas maderas y eso hacía que Titi se transportara al cielo de las zorras.

Bebieron copa tras copa botella tras botella acompañándola con queso mozarella, queso panela, queso doble crema, queso oaxaca, queso GT, queso manchego, queso cotagge, tantos y tantos quesos que se les pasó la noche degustándolos todos.

Entre el vino y los quesos quedaron tan satisfechos que decidieron partir a un lugar más discreto, además los besos y caricias estaban subiendo de tono. Sintiendo que darían un espectáculo si no se tranquilizaban, Eulogio pagó la cuenta y se fueron caminando, perdiéndose en el bosque, yendo a hacer el amor debajo de un sauce llorón que con sus largas ramas cobijo sus suspiros dejando que la luna se asomara un poquitito de curiosa a ver que onda con la zorra y el cuervo.

Se juraron amor eterno al amparo de las estrellas, bajo los influjos del champagne que aún corría por sus venas, teniendo por cómplice a la luna sonriente que se escondió tras una nube.
Así empezaron una nueva vida de pareja tan sui generis viviendo felices hasta que nacieron sus hijos con cuerpo de zorro y cabeza de cuervo o al revés o según como se acomodaran.

Moraleja: No hay porque es un cuento.












miércoles, 13 de julio de 2011

La fábula de la zorra y el cuervo



Viviane camina sinuosa y elegante por el pasillo alfombrado del Four Queens; varias miradas se clavan en su trasero, a pesar de las luces multicolores de las máquinas tragamonedas, la atención se centra en ella, es una zorra espectacular.
Luce un vestido escotado de seda negra y estiletos de enorme tacón, su cabellera espesa y ondulada forma una mancha sobre su blanca espalda, orgullosa porta un collar de perlas, que junto a sus considerables cuentas y un auto de lujo, forman parte de las jugosas ganancias de su último matrimonio.
Esta noche, busca a su presa: jamás ningún animal se ha resistido a su atractivo ni ha permanecido indiferente a su mirada.
Antes de decidirse, se sienta en la barra y pide una bebida, el barman le extiende una copa rojiza con una cereza al fondo. Fuma distraídamente mientras peina el lugar, da un sorbo a su Manhattan.
Al fondo, un galante cuervo la observa, ella le sonríe, -parece un buen prospecto –piensa.
Segundos más tarde, el cuervo se acerca, un refinado aroma la embarga.
-¿Puedo acompañarte? –caballeroso pregunta.
Lo tornasolado de sus alas atrae de inmediato a Viviane, él le invita un trago, se presenta:
-Bernard Madoff –y se pone a sus pies.
Para la cánida, el juego de seducción comienza, envuelve con halagos al cuervo, y este no deja de mirar sus labios carmín.
-¿También te apasionan las apuestas? –cuestiona ella con sonrisa maliciosa.
-¿Apasionarme? No, no preciosa, digamos que sólo me gusta oxigenar mi fortuna, ¿y tú, eres buena apostando?
Viviane se muerde suavemente el labio inferior, y con mirada pícara responde.
-Sí, las apuestas son lo mío.
-Brindemos entonces porque esta noche la fortuna nos sonría –grazna Bernard– hoy serás mi amuleto.
-¡Por el azar! –brinda ella.
El cuervo la toma de la mano y se dirigen a la ruleta, él apuesta varios miles, gana. Ella ondea la cola de placer, la cifra que ha ganado Madoff la estimula, quiere llevarlo a la cama. Se le insinúa cada vez más, nunca han fallado sus tácticas.
Bernard, boquiabierto, se deja llevar entre las adulaciones de Viviane; salen juntos del casino y terminan en una lujosa habitación del hotel Bellagio.
Entre copas espumosas ambos caen sobre una suave alfombra, los besos comienzan a pintarse en las plumas de su amante, él picotea con devoción sus piernas. La zorra saca unas semillas de su bolso –siempre funcionan–, las extiende en su mano, el córvido las come, ella le enrosca la cola en torno a su espalda, él se pierde en sus finos labios. Ella lo tiene bajo control, lo araña… ambos gimen, gruñen, se aparean. Amanece.

Un hilo de luz se filtra por la ventana, Viviane se estira, busca con un brazo a su amante, no está. Se incorpora un poco, no se escucha en el baño: se ha quedado sola en la habitación.
Se levanta extrañada, camina hacia el tocador, observa su cuello desnudo en el espejo, se lleva las manos como buscando algo entre el pelaje, ¡el collar de perlas tampoco está! Gira la cabeza… su bolso, sus tarjetas bancarias también han desaparecido.
En una mesita está puesto el desayuno, hay una nota, Viviane la lee a la par que sus ojos se inundan:
Querida, lo tuyo no eran las apuestas”.

Una lágrima resbala por su tersa mejilla, -¡Mis perlas! –emite con tristeza– debí suponerlo, al final, sólo era un cuervo.


Moraleja: El que a hierro mata, a hierro muere.

martes, 12 de julio de 2011

El zorro-cuervo, miniserie...


1
En algún lugar del vasto universo se alcanzaban a escuchar quejas, ruidos, gente muriendo, en fin, tantas cosas que pasan de forma cotidiana. Haber, ¿Pero que es ese lamento? enfocaré bien las bocinas, clarificaré la imagen y veremos quién es.
Lo hubiera dejado en santa paz de no haber sido porque estoy aburrido. Me acomodaré en mi sitio favorito, me deje llevar por este hombre, ejemplo, de que aún no han aprendido los principios básicos de la vida, quizá eso sea lo interesante, el ver como se estrellan miles y miles de veces.

2
Nuca seria amigo de una cucaracha porque siempre me han dado asco y sin embargo,  me siento como una, huyendo para que no me aplasten. Como extraño aquellos días donde no me preocupaba nada a excepción de si debía ponerme Lacoste o Ralph Lauren. ¿Superficial? ¡Jamás!  Pero un hombre que vive de su imagen debe cuidarla hasta el más mínimo detalle. Obviamente, no soy aquel preocupado hasta la saciedad por mi corte de cabello y nuca tuve la costumbre de hacerme manicura. Estaba en el rango de la pulcritud y la limpieza.
Ella, ¡ella si se creía demasiado!, su forma de ser me trastornaba y al mismo tiempo era una delicia verla caminar, sus ojos abanicaban mis pensamientos lujuriosos y me llevaban a soñarla debajo de mi cuerpo. Su perfume me volvía loco, el pensar en lamer su sabor de la copa de su cuello me ponía duro. Sabía perfectamente que Lucia algún día se fijaría en mí, ¿Qué más podía pedir? Si era un tipo guapo, exitoso, todo un caballero, ninguna se me resistía, al menos me había acostado con media empresa. Los jefes me amaban. Las cosas se me habían dado relativamente fácil, en un mundo de hombres, los hombres ganamos. Nunca había tenido una competencia que usara tacones. Cuando nos postularon al puesto yo sabía que ganaría. Lucia era hermosa, pero era mujer y solo serviría para dos cosas: adornar mi cama algunas noches y prepararme café.

3
Cuando lo vi venir hacia mí, supe inmediatamente que el cerebro lo llevaba colgado en medio de las piernas. Dejaba ver su inseguridad y el terror que le causó saber que yo le podía ganar la presidencia del corporativo. Sabía de su fama, las chicas de recepción se habían encargado de decirme lo precoz y egoísta que solía ser en la cama; un macho que en lugar de caballo conducía un auto deportivo para reafirmar su estatus. No niego que Eduardo estaba guapísimo, pero la pose que adoptaba frente a una mujer era de pena ajena. En las reuniones muchas veces me contuve de no reír o gritarle, pues la testosterona absurda que flotaba en el aire producía ese efecto en mí.  Era la única mujer presente entre todos esos hombres de negocios, estaba invadiendo su terreno y muchas veces me acusó de “haber dado las nalgas” para haber llegado a donde estaba, podía decir lo que quisiera, no desmentía ni afirmaba, me convenía el mito y el misterio. Quería ese puesto y lo iba a tener, mis años de estudio me respaldaban y de ninguna manera caería a estas alturas, en probar la teoría de que “jalan más un par de tetas que dos bueyes y una carreta”.

4
Esta tarde sí que se esta poniendo divertida, no puedo quejarme,  los humanos no son algo que se deba destruir, no al menos por ahora, parecen niños, de nada les han servido Esopo, o el buen Samaniego, ¡que puedo esperarme si la idea del purgatorio o el infierno no los detiene!. Vanidad y soberbia ingredientes indispensables para esta sopa de locos, informes, encuestas, análisis financieros, toma de decisiones, proyección de riesgos y demás minucias, pobres de sus subordinados, que bueno que me ha tocado ser jefe.

5
—Hola muñeca-, cuando Lucia escuchaba esta palabra, enserio le daban ganas de vomitarlo.
—Hola Eduardo, ¿listo para la junta definitiva de esta tarde?— respondió poniendo su mejor sonrisa y la cara de seductora que sabía funcionaba con ese tipo.
—Yo siempre estoy listo preciosa, es más, te invito a cenar para celebrar mi triunfo y para que veas que no hay rencores, vamos a comer.
-¡Claro! Me encantaría salir contigo, subirme a tu auto, sentir tu... su fuerza, y cenar en compañía del hombre más guapo, inteligente y sexy que he podido conocer-  decía mientras le tocaba los brazos y acariciaba su pecho. Eduardo se quedó sin palabras, no entendía el cambio radical de aquella fiera domesticada por Chanel.
-Te veré en el Allegue a las 3.
-¿A las 3?
-Sí, la junta se pospuso para las 6, así que nos da tiempo de ir, comer y enseñarte la fuerza de mí... auto, me voy, te espero allá, cualquier cambio me llamas, besos muñeca.
 -¡Demonios! Y pensar que aún me faltan muchos pendientes, lo que es tener una secretaria enamorada que te haga todo.

6
Malditas mujeres, por eso son la perdición y las culpables de que nos hayan expulsado del paraíso. No debí haberme ido, si no fuera tan caliente, ¡carajo! Y todo por querer preparar el escenario idóneo para robarle su aroma. Espera, espera, espera, ¿ella pudo haberme hablado para avisarme del cambio de horario? ¡Pero que pendejo! Si caí redondito en su juego de “querer sentir la dureza y potencia de mi auto”. Ahora no podré decir que Lucia..., ¡carajo! ella será mi jefa, me ordenará, me enviará por sus tampones, ¡eso no lo puedo permitir! Un hombre de mi nivel jamás aceptará órdenes de una vieja y menos si no ha pasado por mi colchón.

7
Pobrecito, el zorro se vuelve cuervo, giros inesperados en esta especie que conserva una fiel semejanza a ciertos animales de su planeta. ¡Chin! ¡Ya es hora! Por andar viendo telenovelas posmodernas se me estaba olvidando ir a poner la discordia entre la hormiga y la cigarra.

Lo que sucedió es que...


Versión alternativa #1

Estaba el cuervo admirándose ante un espejo, montado en la rama de un árbol y con un pedazo de queso en el pico, cuando el zorro llegó. Éste comenzó a hablar de la hermosura del cuervo y a preguntarle si su voz sería comparable a su belleza. El cuervo todo creído pensó en demostrarle que si y cuando abrió el pico para comenzar a cantar, el trozo de queso cayó, el zorro abrió el hocico esperando saborearlo; al momento pasó una liebre que ágilmente saltó y tomó el queso antes de que le cayera al zorro él no daba crédito y el cuervo pudo adivinar sus verdaderas intenciones. La liebre comió muy rico.

Nadie sabe para quien trabaja.

Versión alternativa #2

Al cuervo ya le habían dicho que posarse en ese árbol era peligroso por lo enredado y curveado de sus ramas además de lo chueco que estaba su tronco, pero él creía que sólo era falta de fuerza en las patas de los demás cuervos y que él, siendo tan fuerte, tan hábil, tan capaz, podría estar en donde fuera para degustar el rico queso que se había encontrado, así, nadie lo molestaría.

Llegó, se posó y un zorro comenzó a molestarlo, que si era muy bello, que si seguro cantaba hermoso; el cuervo volteó hacia abajo para pedirle al zorro que se retirara cuando perdió el equilibrio y sin poder sostenerse ni alcanzar a reaccionar para emprender el vuelo por lo cerca que estaba del suelo, cayó aparatosamente soltando el queso que rápidamente el zorro tomó, alejándose sin pensarlo.

Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza.

Versión alternativa #3

No era un cuervo, era un perico. El zorro lo vio y se decepcionó pues esperaba encontrar a un cuervo come queso. El perico solo repetía palabras sin sentido.

El que es perico donde quiera es verde.

Versión alternativa #4

No era un cuervo, era un hombre con mucho dinero, no era un zorro, era una mujer guapa que tenía claras sus necesidades materiales.

Nota: vació sus cuentas.

Versión alternativa #5

El cuervo estaba posado en un árbol con un trozo de queso en la punta del hocico. El zorro a lo lejos pudo verlo y presintió que no sería difícil obtener ese queso. Los dos estaban a la espera de una grandiosa historia inspirada por Úrsula Amaranta, cuando de repente se soltó una lluvia y un viento muy fuertes que terminó por derrumbar el árbol: el cuervo voló, el zorro huyo y el árbol se llevó los cables del teléfono (y por lo tanto el Internet).

El aprendiz y el guía (ganar-ganar)


El cuervo estaba viendo como se acercaba peligrosamente el zorro, así que decidió volar a la rama más alta que pudo encontrar, no se podía alejar mucho, pues la preciada carga era muy pesada y solo se limitaba a sostenerla con el pico.
No hacía falta mucho tiempo para que el zorro comprendiera que tenía entre la espada y la pared al cuervo, así que se tomó todo con más tranquilidad.
Mi amigo, mi querídísimo amigo cuervo dijo el zorro, yo sé que no eres muy agraciado, pero sé que eres muy lindo por debajo de ese plumaje horrendo, y sé que tienes sentimientos muy nobles, ¿no te gustaría bajar para hablar como animales civilizados la situación que nos acontece?
El cuervo se cambió del pico a una pata aquél paquetito y le dijo al zorro amigo, tan admirado y apreciado, sé que si bajo, me vas a quitar esto que tanto buscas le mostró lo que llevaba en la pata.
Sabes bien que me pertenece dijo el zorro mientras cavaba la mirada en la pata del cuervo, fue solo un descuido y tu lo tomaste... Para no entrar en más discusiones, digamos que lo dejé olvidado, pero que bueno que lo ha encontrado alguien como tu. Baja, no temas, que no te haré daño.
Sé que no me harás daño, pero me vas a quitar lo que "perdiste".
Y porqué no hacerlo, es mio.
Deberías compartirlo, tu ya haz tenido varios, y yo ni uno solo. Quiero saber lo que se siente.
Sabes que no te lo quiero quitar por no querer compartirlo, te lo quiero quitar porque me pertenece, además, no quiero que te hagas daño. Me preocupo por ti.
—¿Y desde cuando te preocupar por mi?
Desde el momento en que te niegas a devolver lo que no es tuyo. Además, tu no necesitas de eso, ¿no ves que te puede hacer daño?
Sé a lo que me atengo y sé que puede no ser muy grato, pero si estoy con alguien como tu, que ya conoce sobre estas cosas, me será más fácil, me servirás de guía.
¿Dices que te comparta, y que te guíe?, ¿y yo qué gano a cambio?
Sé donde puedes conseguir más de esto, y de mejor calidad...
Después de pensarlo un rato, el zorro por fin dijo:
Está bien, te enseñaré, pero dime una cosa, ¿porqué si sabes donde conseguir más y mejor, te aferras a que comparta lo que me pertenece? 
Como lo dije antes, quiero que seas mi guía... En realidad no me gustaría engancharme y tampoco quiero tener una mala experiencia. Por eso es que me no me animo a intentarlo solo.
Dijo eso y bajó de la rama, ya sin temor. Se acercó con el zorro y compartieron el porro. A los pocos minutos los dos alzaron el vuelo. 

lunes, 11 de julio de 2011

Putita Mía


Hoy te eh visto nuevamente. Caminaste con aquel quien solo te quiere para usarte. Tomaste su mano, mientras el abrazándote, se regodeaba saludando a alguien más. Y no sé qué es lo que te pasa, tal vez es lo mismo que esa vieja fabula, que da todo por unos cuantos halagos, esa que dice así.

Con sus negros ojos, el cuervo observaba al zorro que se hallaba en el suelo. Lo miró saltar una y otra vez, tratando de llegar a él, sin conseguirlo cada vez. Pero el cuervo callaba, porque sujetaba con fuerza en su pico un gran trozo de queso.

Cuando el astuto zorro comprendió, por fin, que no podría alcanzar el queso del cuervo, trató de obtenerlo de algún otro modo.

-¡Mi querido cuervo! -le dijo suavemente- ¡Oh, hermosura del bosque! ¡Tu fuerza es mayor que la del águila, tu vuelo es más bello que el de la golondrina, tu reluciente plumaje negro brilla más que el del pavo real! ¡Lástima que siendo tú el ave más sublime que la naturaleza haya podido crear, no te otorgo una voz comparada a tu grandeza!

Los negros ojos del cuervo habían brillado de alegría ante la adulación del zorro, pero sus últimas palabras lo irritaron. ¿Qué quería decir al afirmar que no tenía una bella voz?

-Quizá esto último sea mentira -dijo el zorro- Puede ser que el ruiseñor haya difundido esa falsedad para acabar con la única voz que puede superar a la suya. Ojalá quisieras cantar, hermoso cuervo, y así permitirme oír la música de tu canción.

Y aquel cuervo, excitado por tanta alabanza, abrió el pico y graznó sonoramente, dejando caer en el acto el trozo de queso, atrapándolo el zorro en el aire, que era lo que en verdad quería.

-Si tu humildad hubiera sido más grande que tu vanidad, tendrías aún tu queso  -dijo una vieja ardilla, quien había visto todo desde su hueco en el árbol.

Y el cuervo herido y sin queso, levantó el vuelo.

Y mientras, yo aquí, esperándote, pero no puedes verme, porque estas embobada con lo que él te dice. No soy nada para ti. Clamando tu nombre en la tardes, a la luz de un cielo que se quema por el sol, para que tú, indiferente, te des vuelta dejándome solo, con mis pensamientos.

Llamándote zorra por debajo, hasta que la palabra pierda todo significado.

***

Hoy te eh visto nuevamente. Yo, quien siempre te sigo, a donde quiera que vayas, por donde quiera que estés. Acechándote en cada paso que das, aprendiéndome tus movimientos, amada mía. Caminaste con aquel quien solo te quiere para usarte. Tomaste su mano, mientras el abrazándote, se regodeaba saludando a alguien más. Y no pude dejar de notar que te diste cuenta, cerraste los ojos y ahogaste una lágrima. Y sin embargo, ahí sigues, dándole el culo, vieja puta. Y no sé qué es lo que te pasa, tal vez es lo mismo que esa vieja fabula, que da todo por unos cuantos halagos, esa que dice así. No, si sé qué te pasa, no puedes dejar a ese hijo de perra, quien te maldice tanto que dan ganas de cortarle las cuerdas vocales, pero tú, putita mía, parece que te gusta la mala vida. Aún recuerdo la primera vez que te jaloneo del brazo al salir del cine, te encontraste con tu amiga Pilar, pero ya ves, su mala influencia feminista, y tú, sumisa mujer mexicana, solo atinaste a decirle que después le hablabas. O aquella vez que al comer te abstuviste de pedir un buen pedazo de carne y preferiste la ensalada, para guardar la línea y estar bien buena, para que él te deje morados los brazos y llagado el corazón. Mi vida, no te vayas,  te suplique, pero me dejaste solo en ese bar, te diste media vuelta y rompiste mis esperanzas.

Con sus negros ojos, el cuervo observaba al zorro que se hallaba en el suelo. Lo miró saltar una y otra vez, tratando de llegar a él, sin conseguirlo cada vez. Pero el cuervo callaba, porque sujetaba con fuerza en su pico un gran trozo de queso. Así callas corazón, mientras chupas su pene y él te jala los cabellos, callas mientras cuando él te dice que debes hacerlo, callas, solo callas.

Cuando el astuto zorro comprendió, por fin, que no podría alcanzar el queso del cuervo, trató de obtenerlo de algún otro modo. Y no fue difícil para él, te robo de mi lado, te llevo haya donde no puedo alcanzarte, pero si seguirte.

-¡Mi querido cuervo! -le dijo suavemente- ¡Oh, hermosura del bosque! ¡Tú fuerza es mayor que la del águila, tu vuelo es más bello que el de la golondrina, tu reluciente plumaje negro brilla más que el del pavo real! ¡Lástima que siendo tú el ave más sublime que la naturaleza haya podido crear, no te otorgo una voz comparada a tu grandeza! Lástima que no puedas comprender con ese pequeño cerebro que dios te dio, lástima que te guste estar donde la mierda, pero mi vida, sabes que conmigo estarás bien, sabes que yo lo doy todo por ti, regresa putita mía, no me dejes, no permitas que ese hijo de perra siga dándote de cachetadas solo porque de vez en cuando quemas la comida.

Los negros ojos del cuervo habían brillado de alegría ante la adulación del zorro, así como brillaron los tuyos al ver su ostentoso auto, así brillaron al ver su ostentosa verga pero sus últimas palabras lo irritaron. ¿Qué quería decir al afirmar que no tenía una bella voz? pero sabes que si la tienes y no solo la voz, si no toda tu eres hermosa.

-Quizá esto último sea mentira –dijo el zorro- Puede ser que el ruiseñor haya difundido esa falsedad para acabar con la única voz que puede superar a la suya. Ojalá quisieras cantar, hermoso cuervo, y así permitirme oír la música de tu canción. Déjame oírte gemir una última vez, déjame hacerte el amor como antes, a media luz y con música suave, déjame escuchar tu respiración antes de llegar al orgasmo, para después poder cerrar mis manos en tu cuello y llevarte conmigo, amada mía.

Y aquel cuervo, excitado por tanta alabanza, abrió el pico y graznó sonoramente, dejando caer en el acto el trozo de queso atrapándolo el zorro en el aire, que era lo que en verdad quería. Y así es como le diste las nalgas después de la primera noche, sin pensar siquiera que yo pase más de un año cortejándote, sin pensar en el tiempo que pasamos juntos, escudándote en que solo es sexo y que con el sexo no se mezclan los sentimientos, pero después de las primeras noches pensé que eso quedaría en el pasado y que como adultos lo resolveríamos. Pero no, tenías que darle las nalgas a ese malnacido, que solo te quiere para coger y que le cosas el botón de la camisa.

-Si tu humildad hubiera sido más grande que tu vanidad, tendrías aún tu queso  -dijo una vieja ardilla, quien había visto todo desde su hueco en el árbol. Pero no le hiciste caso a la voz de la experiencia, te dejaste llevar, cual hojita que la arrastra el viento, te dejaste llevar por sus palabras vacías y su bolsillo repleto.

Y el cuervo herido y sin queso, levantó el vuelo.

Y mientras yo aquí, esperándote, pero no puedes verme, porque estas embobada con lo que él te dice. No soy nada para ti. Clamando tu nombre en la tardes, a la luz de un cielo que se quema por el sol, para que tú, indiferente, te des vuelta dejándome solo, con mis pensamientos.

Llamándote zorra te amo, zorra, te amo, puta, te amo, zorra, te amo, puta, te amo por debajo, hasta que la palabra pierda todo significado.





Con ustedes Dark Angel,
Escrbicionista.