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domingo, 13 de julio de 2014

Mudanza



Ya me quiero ir, ya me quiero ir a la vida que me prometí no puedo esperar, no puedo esperar a ser fuera de aquí me debo apurar, me debo apurar a cerrar esas maletas quiero correr, quiero correr a la sonrisa de la luna no puede ser, no puede ser sigue agarrada a mi mano no la quiero ya, no la quiero ya debo cambiar de error déjenme salir, déjenme salir se supone que ya estaba bien ya me quiero ir, ya me quiero ir a la vida que me prometí.

jueves, 3 de julio de 2014

A tropezones

Aristóteles pensaba que la inteligencia estaba en el corazón, pero fue Herófilo de Calcedonia, el bque le atinó, era él un médico medio cochinón que disectaba cuerpos de manera pública y fue el que la situó – a la inteligencia - en el cerebro. Y eso es lo único que debían saber, finalmente, para lo que nos importa actualmente. Tienes a toda esta gente, que anda por la vida caminando y/o sentada en una computadora en su lugar de trabajo, viendo al limbo (en ambas modalidades de caminata o sentada), desechando toda esa probable capacidad intelectual en el chisme, porque si se levantan de checar sus redes sociales, lo más probable es que terminen hablando de otras personas y riendo indiscretamente en bolita. Es un caso muy específico ¿verdad? Pero tan real, tan cotidiano… ah chingá, que el tema de lo cotidiano ya pasó. Pero es que de verdad, esta burocracia democrática en la que vivimos hace mal, de veras que sí. Uno ya no sabe a dónde mirar, porque se encuentra lleno de estas cosas que caminan y hablan. Gente les llaman. Bueno, por todos lados están y estultos están también. Digo y para ser honesto, mirar al espejo también es un buen ejemplo de esto. Están por todos lados, a tropezones, titubeantes ante la poca expectativa… casi creo esa babosada de que “sólo usamos el 5% de nuestro cerebro” que gustan de decir los merolicos pseudo científicos, de no ser porque ellos son una muestra muy cercana de ello. En fin, que dudas, realmente te pones a pensar y eso está cabrón. Estaba yo en esas reflexiones, tamborileando mis dedos cuando se me acercó una compañera (sí, yo también ya comencé a decirles así, me invade la estulticia ¿¡ven!? Yo tan inteligente) iniciando algo más o menos así: - Oiga compañero, es que me dicen que es usted psicólogo - … - Es que fíjese… ay, la verdad para que yo diga esto es que ya tengo que estar muy mal, pero la verdad es que tengo esto que le dicen mal de amores - …… - Y bueno, es que fíjese que yo creo que como le dicen, hay que desahogarse ¿no? Y pues o sea, usted deberá entender, no sólo por psicólogo, o sea, usted es un hombre ¿verdad? - ¿Qué me delató, compañera? - Ay y pues, creo que necesito terapia porque no dejo de pensar en todo esto y ya llevo como seis meses así o más, pero es que yo creo que no tengo nada fijo, o sea me cuesta relacionarme con el sexo opuesto, la verdad es que siempre salgo toda fregada, si no es engañada, es desengañada y hasta endeudada, pero es que una sólo quiere complacer al hombre con el que está. Eso es normal ¿no? O sea hasta el asunto de complacer, de querer ser buena mujer, porque una que no tuvo nada en la vida, quiere compartir lo poco que tiene ahora. ¿Usted cómo ve compañero? - Me quedé en lo de la terapia compañera. ¿Va a usted a creer que me distraje? ¿Me lo podría decir con más calma? Creo que comienzo a ver un patrón aquí, cada que usted suspira. - Ay no, ni me diga de patrones, ya con el de aquí es suficiente, ya le llegó el arguende de que rompí con Ramiro y ahora me manda cartitas en postis y desde su oficina asoma la cabeza y me sonríe y yo es que me pongo muy nerviosa y no sé por qué, o sea una tiene su pegue, pero no tiene que ver con cómo me visto… - Claro que no – afirmé mirando su escote - No, no, es que es la forma de ser, la personalidad, me decía mi mamá que yo destilaba inteligencia, que era muy viva de niña. ¿Usted conoce a los niños estos índigo compañero? - ¿Son españoles? - No, no, que son súper sensibles y tienen muchas ideas e inteligencia, pero nunca la pueden expresar porque están limitados por la vida o sea las circunstancias… yo así me siento a veces, las circunstancias no dejan salir mis capacidades, mis cualidades, o sea es como si estuviera atrapada en una jaula, mi cerebro en una jaula ¿me entiende? - Sí, una jaulita compañera. - Sí y yo tengo todo esto que no me deja, sentimientos cruzados, mi corazón está peleado con la razón… siento como si estas lágrimas que derramé no hubieran servido de nada, sólo quería amar y ser amada y… y… - Ay compañera ya se le olvidó la línea de la telenovela ¿verdad? Vea la repetición, la pasan por internet - ¿Cómo dice compañero? Ay, es que de veras estoy en otro mundo, esta desesperación ¿a poco usted no ha pasado por esto? ¿A poco su corazón no ha llorado y llorado durante días, semanas o meses? - Mi corazón bombea sangre y diría que… - Es que por eso, yo siento que lloro sangre y no me quito esta pena. La razón no me da… - Eso está claro - … para sobreponerme a esto. ¿Cómo callo al corazón y le abro la puerta a la mente compañero? Y hasta aquí pude. Es que ustedes tienen que entender algo, tanta discusión acerca del corazón (que parecía que se le iba a salir a mi compañera) y la razón (que a ninguno de los dos se nos daba en esos momentos) me dejó mareado y mejor me levanté. Claro, me disculpé con ella caballerosamente, uno nunca sabe cuándo ella pueda ser un reconfortable escote digo hombro para llorar y además se debe a sus semejantes que para eso estudió uno una carrera y todo eso. Y me salí pues a tamborilear mis dedos a otro lado a contemplar la tarde pasar dando tropezones. Finalmente así me sentía yo también, que no me daba el cacahuate para nada, todo torpe de mal pensar, me deslicé con la tarde que buscaba titubeante bajar el sol, ya eran casi las ocho. Noche, ya apúrale, ya es tarde.

viernes, 20 de junio de 2014

Un día y otro

1 Sólo camina hacia el fin del día, en la dirección en que el sol se comienza a esconder. En el aire estarán los ecos de las risas que acompañaron las horas, en el frágil momento en que olvidas lo que hiciste en la mañana, el dejo de un “te amo” se diluye en la brisa. Detente en la parte más alta, quizás un montículo, quizás un pedazo de banqueta mal puesto y saborea con tu lengua tus labios, del sello inconfundible de esos besos que te tomaron por sorpresa a media tarde, como un juramento que no has de olvidar. En cuanto ladeas la cabeza, el temblor de los últimos rayos se convierte en un suspiro y estás dejando que el cielo azul claro se torne azul marino, que vocea a los fantasmas de la noche, justo a tiempo para recordar que ésta es tu rutina: el tap tap de las gotas de lluvia, que tararean tu canción favorita y engarzan versos para la noche. No lamentes su final, mejor celébralo, hay respiraciones conjuntas, todas a punto de madrugar, de despertar, sueños que están culminando y jadeos que ven llegar el sol del nuevo día. Todos ellos y tú, van a comenzar el día otra vez: lágrimas y sonrisas abrazadas con el retozo de las aves y su luz emergiendo. 2 Ha sido caminar y caminar, que es como vagar sin rumbo, con la entraña oprimida por ese final que se acerca. El sol ha dejado de quemar ya sólo un rato y ahora es momento en que recuerde esas tardes que menguaban tu voluntad en la duda y el enojo, nublando todo asomo de tranquilidad. Amargo es el sabor en tu boca, lleno de microbios que tienen más fortuna que tú al morir cuando se encuentran con el aire. Es la brisa de la noche la que te retuerce el pecho preguntando en dónde y con quién… el arte de ignorarte, el premio tanto tiempo prolongado que otorga la embriaguez que nubla tu sentir al grado de exacerbarlo. Nunca sirvió de nada, pero qué bonito te ausentaba de tí. En cuanto ladeas la cabeza para ocultarte en esa banqueta de matas puercas, recuerdas el aguacero que no cesaba en buscar mezclarse con tus lágrimas. Esa desidia de llegar a un techo, vomita el hedor que detectabas en las cercanías. Un perro atropellado con las vísceras expuestas, con cara sonriente y sangre seca, ferrosa, como una sinfonía dedicada al miedo a todo. Miedo, eso es, agria ilusión de pensar que esto iba a terminar. Pero aún en las casas los focos están prendidos y las siluetas de sus techos de obra negra y lonas y cartones apilados con tabiques sueltos te hacen mención de que estás muy lejos de donde perteneces. No tiene nada de malo cuando recapacitas y con una clavícula rota y el sabor de un charco con verduras podridas, te pones de pie. Tanto tiempo tardó que ya puedes ver un poco del sol asomarse, a joderte la vida otra vez. Y comienzas el nuevo día justo como lo hiciste ayer: buscando un hogar.

domingo, 15 de junio de 2014

A quien corresponda




Sabía que tenía un por qué. Odié este tema. Si la semana pasada odié no haber podido publicar, ésta, odié hacerlo. El motivo es que para mí el verano nunca significó nada bueno, nada que me trajera un recuerdo más allá de ponerme a trapear y sacudir la casa a base de regaños y mentadas de madre. ¿Cómo te pones todo imaginativo o poético si la palabra verano sólo te provoca náuseas? No te pones todo “mira, mi estructura narrativa dará pie a esto y esto y aquello otro”, no, en realidad te pones todo “¿A quién se le ocurrió esta madre?” y cuando sabes que fue a Ros entonces bajas la voz lentamente.

Imagina que tus veranos eran irse al parque por las tardes, de preferencia en una ciudad ajena a la tuya, visitar a los primos en el lugar playero más cercano, o simplemente irte a retozar por ahí con los amigos u objeto de amor y comiendo nieve, manoteando en las fuentes y recibiendo la sombra de algún árbol alto y noble. Bueno, aquí, supongo, es el inicio de todas esas anécdotas simpáticas o sentimentales… ¿qué puede tener de simpático o sentimental llegar al final del día sudado, mil veces pendejeado y explotado? De verdad, ya era suficientemente bueno no ir a la escuela y no ver a profesores y compañeros, regaños y tonterías por igual, pero tenía que ser el intercambio de la penalidad: no vas a la escuela, está bien, pero sí vas a soportar tu particular encierro en casa.
No iré de más explicaciones, aquí no hay espacio para el fomento de tus veinte minutos de lectura diaria. Es más, si lees esto, probablemente te lleve dos minutos para asquearte, así, en esta inmundicia de escrito, sólo para que sientas lo que el verano fue para mí y me sienta complacido de haber establecido cierto nivel de empatía. Pero bueno, eso es una cosa, así que si el tema siguiente es invierno, entonces ya tenemos algo de qué hablar.

domingo, 16 de diciembre de 2012

El avatar final



Abrí mi único ojo

Espejo negro, manos tiesas

Tenía una linda corbata

Pero el resto del traje no me quedaba ya.

Apreté mis nudillos y liberé movimiento

Mi boca seca murmuraba el último argumento

Antes del suspiro que se tragó la noche estrellada

Antes del fuego que se apagó.

El remolino de pensamientos se entregó

Con la luz de un día que fue

De una reflexión que murió

De un mal día que pasé.

Con mi única boca hablé y sentencié

Todo es perfecto ahora que, entre reverencias y bocas abiertas,

Mis pies descalzos lavé, con lágrimas de incrédulos

De furiosos pendejos

Que adornan mis nuevas tumbas.

Y ahora que ya nada es más

El adiós se dibuja ya

Con nueva vida sin oscuridad

Con un beso de verdad.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Consecuencias

 
Ese acto consecuente de respirar y exhalar, la tierra en ondas, el polvo y la arena.
En cuanto los pies terminaron de resquebrajarse y el traje está deshilachándose, con grandes agujeros y un cincel barrenando el hueso.
El tiempo – como mera percepción psicológica - atacándome a traición y que me llevó concentrarme para ver los segundos avanzar, para sostener un minuto de felicidad, para derribarlo con la casualidad.
Y en la parte más oscura del túnel, se abre la promesa de avanzar rascando hasta superar ese gran bache de kilómetros, en aras de una pequeña, frágil, diminuta sonrisa, que borra los errores, que los hace tenues y los sepulta un poco más lejos.
Acompasadamente eyectando líquidos y gritos, con las uñas negras, estoy hecho de cristales rotos, el de la ventana me mira y sonríe: te he dejado…
De entre los propios despojos, la sonrisa con actitud terminal y el porte de la mentira fluyen hacia abajo, jodiendo y resoplando, eyaculando sangre, colisionando culpas entre mordidas y rasguños, el de la ventana me mira y sonríe: te he dejado destazado

domingo, 2 de diciembre de 2012

Eres una catástrofe




Lo que antes era afinar los sentidos, ahora es abandonar lo encontrado. Rodando como si no pareciera real, como un juego de niño, como un eco lejano. Y ahora sin sentido y sin sonido, como un maltrecho conocimiento de libros arrugados, de libros abandonados.

Dime ¿qué encontraste en ese niño barbado que te enloqueció? Nacido en la carretera de la secuencia que se repite y se repite. Levantado y en dos pies, rodando como un juguete. Entre todas esas personas y con los ojos enrojecidos, ahogándose.  Solo en ese mundo que eras tú. Encerrado en una verdad, prisionero de una realidad.

Lo que solía ser, era, como un sueño de sonrisas, siendo ahora un secreto a voces, de lo mucho que conoces. Ojos brillantes y hermosos, dime ¿qué fue lo que te enloqueció? Escondido entre colillas, botellas y sueños rotos ¿qué fue lo que te enmudeció? ¿Hay que gritarlo a los cuatro vientos o sólo a un viandante? ¿Es que no se acabó? ¿O sólo era un enloquecido momento trepidante?

Como en una película muda, sonidos ausentes de dos palabras que siempre repetiste. Encerrado en un muro que no deja ser, en un mundo que no quiere pertenecer. La prisión se construyó gracias a tí.

¡Mis oídos no pueden escucharte!

¡La prisión explota sólo por pensarte!

jueves, 22 de noviembre de 2012

Sopita






Ella se levanta, piensa y planea, cómo demostrará su amor el día de hoy
con un cielo azul y sus propios colores, ella les dará toda su atención.
Los sienta, los besa y los abraza y su juventud en la sonrisa queda fija
siendo la mejor desde el día uno hasta el final.
Se va a la cocina con knorr tomate y knorr suiza
cuidando la sal y la pasta en hervor
con la yerba necesaria que de sabor y amor
cantando para ellos que la miran embelesados como un recuerdo lejano
moviendo sus pies como si dejaran ritmo en cada nota de su voz.
Ella sonríe siempre y con cariño se les dirige
y ellos contestan afianzándose a su corazón.
Y la sopita calientita, sabrosa y caldosa
que sus manos les dejarán el resto de su vida
exprimiendo lágrimas con un limoncito a la mitad
con un dulce paso, amargo paso, ácido paso de sabor.
Con todo lo que le haya sucedido
ahora para ella todo es felicidad
se mueve con cuidado con la cuchara
y con canciones alimenta a sus trozos de vida.
Y la poca boca en la sopita
cucharita llena de sabor
y bailando, la promesa de estar siempre a su lado
los ama y ella no sabe si la amarán
la historia de su vida.
Y entre todos con la sopita, ríen y comen y disfrutan el momento
lugar que no se ha de olvidar por más que las toermentas arrasen
ellos en ella siempre vivirán.

domingo, 11 de noviembre de 2012

El discurso de su vida


 
Introducción

De pie, quieto, ardiendo en llamas, quemando el pasto a sus pies descalzos, la gente no puede acercarse a él. Está en el mejor momento para dar su discurso, el discurso de su vida. Se le encuentra bien vestido, el traje de gala que tanto trabajo le costó arreglar, doblar, colocarse mientras se veía con ese otro que ora lo miraba inquisidor, ora lo miraba con sarcasmo pleno. Consulta su reloj, es la hora y la multitud que no puede acercarse le aclama con gritos, otros tantos con aplausos, otros, confundidos sólo lo miran fijamente, hay quienes lloran y hay quienes cubren su rostro.  Mientras los segundos avanzan miserablemente y a cada minuto el escenario se ve más cerca, temblando, circundando en luces que se opacan y encienden como si latieran. La sonrisa del otro aparece. El traje impecable. Cierra sus ojos: está preparado.

Salida

El regocijo aún se escucha no tan lejos

Aplausos a rabiar con gritos ahogados

Las llamas parecen irse, pero no es así

El sol, las estrellas ahora le llaman

A descansar envuelto en fuego que consume

A pasear a la distancia de lo que odia hoy

Su mejor tino fue no tener mañana

Absorbido y derretido en las horas

El tiempo ya no existe, sólo la furia

jueves, 1 de noviembre de 2012

La Catástrofe (Segunda parte)



Y el adiós no lastima más, no te ahogas en sueños que al despertar te enganchan con sangre a la realidad

Es el día en que no recuerdas ya, es el momento en que la nostalgia se va, es la sorpresa de no encontrar muertes en par ni gente que mienta más y los corazones rotos ya tienen su pegamento ideal

Y con la rueda que has de girar no hay más piedras que la detengan, es el día en que en tu espejo pensamientos volverás a trazar, es la noche en que el cielo te responderá, la luna no tendrá inconveniente en iluminarnos ignorando a la niebla

A los ojos de necios no hay que responder, los proyectos no se quedaron atrás, las lágrimas se fueron al mar y la gala de noche no puede esperar, entre botellas nunca habrá que desesperar por los sueños diluidos en tormentas

Porque resulta que todo está bien, a Cri Cri le gustaban los niños, en el mundo no estamos partidos, los labios se nos parten de reír y las sonrisas son de mera felicidad. Es el teatro mejor montado, ese donde no se llega a un final, sólo a un continuará

jueves, 25 de octubre de 2012

jueves, 18 de octubre de 2012

¿A qué huele un recuerdo?




Él va llegando, está a una cuadra de casa y ya puede oler un rico guisado, el aceite quemándose lento, friendo la orilla de algún filete, consumiendo el agua hirviente de una pasta. Conforme se acerca puede oler la sutil fragancia del café acanelado con sabor a sonrisa inocente, inocente de la situación que se cierne. A  unos pasos de introducir la llave para abrir, casi puede ver esos hot cakes extraños que en un mediodía cualquiera tienen el dejo en la saliva de la felicidad tal cual y sin complicación. Al abrir la puerta hay una sonrisa, un abrazo y ojos que brillan. Mientras desliza sus dedos en su cabello, dedos de punta mordisqueada, alaciándolo en su avance, reconociendo los detalles en su rostro, la pequeña arruga al lado de sus ojos, la hendidura en la comisura inferior de sus labios en su sonrisa, se acerca a su cuello y huele su aroma, el mejor de sus olores, más allá de su sutil perfume, el sahumerio de sus palabras, del sentimiento, dulce y suave, meciendo sus sentidos. La abraza mientras no deja de olerla y mira cómo su mejor traje está ya dispuesto sobre la cama, con su olor a nada, posible olor de la redención.

Mientras ellos se alejan, mientras sus oídos se llenan de promesas incumplidas, de horas y horas de conquista y unas manos que se sueltan, sólo un olor queda. Él lo va a preservar lo más que pueda, sus manos y él mismo están impregnados, lo conservará así como ella ha aspirado su amaderado y casi amargo olor entre sus dedos y lo enterrará en el rincón prohibido y nocturno de sus memorias. Finalmente se van a ir y él tendrá de regreso ese remolino cadencioso de su bálsamo cuando regrese por su traje para su última gala, mientras en el ambiente esté derramándose inocua tierra seca, en el efluvio de esas cuatro paredes… el efluvio de su propio mundo.

jueves, 11 de octubre de 2012

Viaje de ida


 
 
Cada vez que miro a la ventana puedo ver su paso, con un ritmo indulgente para no llegar, una mirada fría para no llorar, un gesto adusto para no mostrarse. Aún cuando no está  frente a mí puedo ver su demonio sonreír, otro momento de oscuridad, de no cansarse de decir que todo está bien.

Los sueños que rompió y le reconstruyeron, las sonrisas que tejió y que se llevaron, él, que no dejó de pulir en la faz de la noche esas estrellas que le daban luz en sus días, mi amigo que está partiendo. Esto es un sentido adiós para él.

Cada vez que miro al cielo puedo recordarlo preguntándose ¿es esto un milagro o es un desperdicio? Bromeando con todo eso que sabía muy bien, riéndose en el lugar donde el eco es pronunciado, donde los recuerdos pueden besarse libres.

La escena que protagonizó, donde era un trovador y organizó una fiesta de desconocidos en un palco irreal, él, que dejó salir sus ideas con llano miedo, en el momento en que se perdió para siempre, sólo iba a dar un paseo, mi amigo que ya se fue, malas noticias. Esto es un sentido adiós para él.

Y ahora que ya se fue, puedo cerrar su libro, con el último recuerdo, acomodando los dobleces correctos y jugando la tierra con sus pies descalzos mientras el reloj colgaba sus manecillas. Ahora yo también puedo ir a ningún lugar, el camino se trazó, se mudó donde una sonrisa espera en una banca con un lápiz y una hoja en blanco.

 

 

jueves, 4 de octubre de 2012

La Catástrofe (Parte 1)



No podría ya decir exactamente cuándo fue que sucedió y no tiene importancia ya. Revisar fechas le quita al tiempo la fuerza que puede obtener al ser prolongado o breve, por eso es que he dejado de mirar relojes y calendarios. Porque el tiempo lo acomodo yo, como los dobleces de mi camisa que preserva su forma, como la arena que no puedo agarrar pero que puedo mover. Así acomodo el tiempo, porque el tiempo corroe.
Si el recuerdo lo exige, el tiempo se doblará, tan curvo que se extienda cuanto yo quiera, que se extienda el largo de mi brazo o el largo de mi mirada, una medida o dos, las que yo dicte, porque el tiempo es abrasivo, es dúctil.
Si lo que yo deseo es brevedad, que la memoria juegue al bufón de los segundos, el pensamiento se verá interrumpido por la conciencia, horrible juego de la realidad que no quiero enfrentar. Es ya un arte controlar al tiempo, y es que éste corrompe.
Por eso, para hacerle jugadas al ácido que es el ojo del sol y la luna, es que contaré todo a capricho, dentro del necesario paso a paso que ha de hilar mi historia. De eso no puedo escapar, y es que el tiempo, agrieta.
Y comienza la historia de líquidos, diluidos, de saliva, de lugares comunes y lugares desconocidos que sucedieron. Estas son las memorias borrosas de una catástrofe que todavía no pasa pero que ya terminó.

viernes, 6 de julio de 2012

Dos caminos como mínimo



Todo se trata de eso, de elegir, incluso puedes elegir no elegir como el estúpido personaje de Ewan McGregor en la película esta de junkies, Trainspotting se llama. Sí, hasta la no elección termina siendo una elección. No es cosa de retórica, más bien de sentarte a pensar las cosas. ¿Qué será de tu vida sin esas decisiones que la han marcado?
Bueno, cuando concientizas a este nivel la parte de las elecciones, puedes volverte un poco obsesivo al respecto, ni más ni menos: optar por la moneda y que el azar decida muy al estilo Dos Caras o aventarte un tin marín (¡Aguas con los escupitajos!) al mejor estilo de la secundaria en pleno exámen. Total, que de tus decisiones vas forjando ese tenebroso lugar que llaman futuro. No hay engaño, no hay quien pueda decir lo contrario ¿o puedes elegir sobre lo que ya pasó? En un momento dado puedes elegir que te atormente o que te valga madres y hasta en lo que no tiene forma de ser cambiado representa una elección. Claro, claro, ¿a qué va todo esto? Es que pienso que mucha gente no concientiza su poder de decisión (y esto no es un barato intento de libro de autoayuda) y la forma en que le puede cambiar la vida. Parece que el instinto de conservación ya se atrofió y decidimos que podemos seguir pasándola mal, sufriendo y haciendo de ello un estilo de vida, el cual ahora, es vanagloriado por las masas sedientas de un (des) motivo en la vida. Digamos que es más sencillo dejarse llevar e ir sin rumbo por la misma que ponerse a pensar en ser proactivos. Por lo mismo, por esa sencillez, se ha vuelto una moda que es válida. De ahí que salgan conceptos ingeniosos como los nini o la generación X y mucha gente de mi edad (entiéndase que la vivimos) aún siguen aferrados a la definición. Llegó un momento en que los había casi con un orgullo lleno de desdén que decían: Yo soy X, yo soy Generación X. Guau y los huevos se te rompen en cada intento de darle validez a tal mensaje. Afortunadamente ahora tenemos a los nini lo cual aparentemente los autoriza a peinarse con manteca y usar pantalones entubados, tiesos y remojados en pepsi cola.
Cierto, todos elegimos de qué color, qué tipo de ropa, qué corte, qué queremos proyectar, pero debes estar seguro que no sea algo que te avergüence a los 35 años y le reclames a tu madre por qué te dejaba salir a la calle vestido así.
Y aún así a los 35 años has elegido de qué color, de qué tipo de ropa, qué corte, qué quieres proyectar. ¿Elegiste bien? Habrá esa dosis de vanidad que has podido cubrir, esa forma de elevar tu estatus, sea social o pleno de autoestima. ¿Cuánto tiempo puedes vivir en ese monumento que eriges a tu seguridad? ¿Cuánto tiempo puedes vivir con tus elecciones? Oh no, esto no es la idea de que vayas y pases a hacer un drama y digas: ¡Hoy voy a cambiar! ¡Porque soy mujer! Y toda esa mierda barata de la idea del cambio y la diferencia. Seamos imaginativos. No es eso, no tomes una pistola y salgas a matar gente a la medianoche.... aunque no es mala idea, en esta ciudad no hay gente así, se reservan a ciudades grandes, porque sabes, ellos eligen hacer eso en donde puedan tener su momento en la historia, donde sea notable... difícilmente en tu rancho. Así que bien podrías innovar, hacer historia, obtener tu notabilidad, salir de la mediocridad y de la pachorra, ¡Haz patria, mata a un naco! Pero hey, no me veas a mí, yo elegí tener tv por cable, un carro carísimo del año, una novia buenérrima, un departamento de lujo, un ipad, un ipod, un iphone, un ¡ay güey, baja esa pistola culero, bájala! ¡¡¡Elige no matarme!!! ¡Elígeme estoy limpiooooo!!

jueves, 21 de junio de 2012

Apología


“Estaba frente a esta cosa que no me dejaba ni siquiera hacer un chiste ¿sabes? Es como si de veras todo se hubiera jodido… estaba, ya sabes, entrando a esa fase en la que-te-das-cuenta y de inmediato, en mí viene una fase contingente que es en-la-que-me-vale-madre y entonces todo toma forma nuevamente y puedo pasar a otra cosa. Sólo así pude librarla.
“Puedo decirte que ahora que estoy viejo, puedo ser bastante sincero al respecto, pero antes no era así, vaya, tan solo aceptarlo me llevó muchos años y no hace muchos de ellos que ya podía hablar libremente de eso. Esta actitud indolente, me ha hecho muy bien a la fecha si he de ser sincero, porque lo que era realmente importante, no fueron esos proyectos que dejé sin terminar o ese alejamiento gradual de buscar algo que satisficiera mi ímpetu guardado. Lo que era importante, era que tenía un lugar de seguridad. Justo como lo tengo ahora, porque eso me granjeó mi pasividad ante las cosas que pasaban frente a mí. No pudo haber sido mejor para poder estar aquí sentado contándotelo. De todas formas, siempre llegaba ese momento de… ya sabes, de enfrentamiento con la realidad, pero conforme pasaba el tiempo se hacía más sencillo darle la espalda.
“La seguridad que encontraba ante la no exigencia, ante la escasa palpabilidad de forjarme una vida por mí mismo, estaba impulsada por aquellos que me rodeaban, por los que fomentaban mi estatus. La insatisfacción era algo que no podía permitirme, pero el salir al mundo de allá afuera a evidenciar mis características exclusivas ante los demás, era menos que permisible  cuando aquí adentro lo tenía todo. Hacer una vida de esto, es lo que realmente se convirtió en un reto. ¿Cómo mantenerlo sin que incomodara a alguien? Bueno, ese fue el secreto que fui descubriendo.
“Empezar, continuar… es tortuoso si lo piensas detenidamente. Hay que dejar las ideas fluir, que estén ahí para que cuando maduren las puedas llevar a la práctica… tal vez hasta las termines. Por eso debes ser callado, no externar esas ideas que han florecido en ti, no expreses lo que es tuyo, porque difícilmente encontrarás eco en la red que tú tejes poco a poco. Los sueños de éxito en la escala en que se venden allá afuera están sobrevalorados. Una defensa sobria y comprensible se encuentra cuando te sientas a pensar en qué otras cosas se han hecho ya y cuántas otras están por hacerse. No te salgas de tu zona de seguridad, el impulso ha de venir de cuán seguro estés de que harás lo que es debido y no habrá margen de error… claro que siempre habrá margen de error.
“Por eso calla, guarda, espera; que ni el tiempo logre hacerte temblar, pues el tiempo sobra y te da más oportunidades de decir: Ahora sí, para la otra. No escatimes en tus minutos ni en tu deseo. Cumple con lo estrictamente necesario y ante cualquier exigencia, da la vuelta. No cedas ante las exigencias del mundo externo, se tú, se individual, al fin que no hay una necesidad que te obligue a lo contrario. Nadie tiene por qué hacerte creer lo contrario.”
El viejo se levantó de su silla y me pidió amablemente que me retirara. No quiso externarme su punto de vista de otros tantos temas que pudimos haber tocado y que a él tanto le interesan. Fue a sentarse a la orilla de su cama a mirar nuevamente hacia la ventana, al sol que se ocultaba y sonreírle con gesto saturado, como retándolo a salir al otro día, a sabiendas que como el mismo sol, él estará ahí, viéndolo mostrarse en ese lugar, inamovible, seguro, sin temor a extinguirse.

sábado, 16 de junio de 2012

Sigue. Alto.





Hubo ese momento en que quise ser pero el permiso no llegó. La historia ni siquiera es difícil de predecir, ese tipo de cosas que puedes ver claramente luego de que intentas, intentas e intentas. Tener la intuición para saber cuándo detenerse es algo que sólo el orgullo puede permitir. Una caída tras otra, un golpe aquí, otro allá, sigues levantándote. No pudo ser más poética la referencia, aunque en realidad, nada de poesía tenía.

Terminé tambaleando y mirando al frente, buscando ubicar la vista, sin esperanza, solo, distraído, justo en la esquina de la calle de la soledad, ridículo puente a los ojos que dejaron de mirarme.

Siempre que quiera compartir, sé que tendré que ceder, siempre que quiera guardarme algo, tendré que romperme... al fin y al cabo, tengo que darme el gusto culposo de impresionarme con las novedosas formas en que aunque espere nada de todo, termine por decepcionarme.

Así que el permiso no llegó, el orgullo no permitió, la soledad se instaló en una calle...

compartir fue ceder, guardar fue romper y siempre he sabido decepcionarme...

Por eso, ayer maté a esa vocecita que con murmullos y risitas me decía: Vive.

lunes, 21 de mayo de 2012

La balada de Pipo Labola (en cucú bemol)


Y se atrevió a recomendarme entrar a terapia, consumir ansiolíticos, me dio un justificante por los días que falté al trabajo y unos más para reposar, para digerir el hecho de que he sido diagnosticado con el trastorno de personalidad antisocial. Claro, un término arcaico para un profesionista arcaico. A raíz de mi exabrupto del martes, el último de una pequeña cadena de tropiezos anímicos que lograron consternar a mis cercanos, fui casi obligado a venir a este señor que me diagnosticó de tal forma. Si bien tiene razón en algunas cosas, como mi aislamiento y reticencia a formar parte integral en ciertas actividades, sucede que es por un motivo concreto. De hecho es porque en realidad tengo un gran problema con todos aquellos a los que me quieren “integrar”. En serio ¿quieren que me una a ellos? ¿A esa gente? A esas personas que en cuanto llego a la oficina ya están viendo las notas de los llamados artistas de la televisión, ahí reunidos criticando a la actriz o al actor, hablando de su vida sexual. Ahí en la esquina tienes al chistosito del lugar, haciendo comentarios sarcásticos de la nota roja del periódico y junto a él, el discreto y mudo morboso que disfruta secretamente conocer las desgracias mortales ajenas. Subo la mirada y ahí está mi jefe discutiendo por teléfono con su esposa, gritándole cuánto gasta, cuán poco le importa que su chequera adelgace mientras ella está acumulando más y más zapatos. En el momento en que pude estar en la calle, no pude evitar mirar a la masa de gente yendo de arriba abajo, unos con pancartas, otros sólo gritando, con la cara pintada. ¿Estaban apoyando al candidato presidencial de su elección o festejaban a su equipo favorito de fútbol? ¿Cómo saberlo? El movimiento que lleva a las masas es el mismo y las consignas sólo revelan nombres, el discurso es hueco y ves a esa gente que busca pertenecer a algo. Y no falta el intelectual de banqueta que está dispuesto a unirse, a hacer sonar su propio tambor de batalla: Todo seguirá igual, esto de nada sirve. Punto. Eso es, punto. Me hace cuestionarme si el América perdió este partido.
Camino de regreso y es posible mirar al resto hacer lo que todos los días hacen, como un ritual sin fin, como contemplar la misma película tantas veces, que ya encuentras significados ocultos. Y hablando de eso, está la galería y el artista pagadísimo de su obra, tan contento y orgulloso, creando esa separación entre él y los demás, están todos esos hombres y mujeres, muriendo por sus blackberry, una conversación cortada entre unos y otras observando su pantalla, obedeciendo a cada sonido del teléfono. La comunicación se ha cerrado en la vía más importante, cara a cara ya no tenemos nada que decirnos y aún sin estar cara a cara, ya no hay forma de decirnos algo y para muestra están las redes sociales: compórtese como un idiota en 140 caracteres, tiene permiso de quejarse de la mierda que lo acosa en facebook, hay memes para todos. Y ahí están, esos niños mentales, enrolándose sencillamente en la mejor etapa de su vida: haciendo nada y fingiendo que no hay ningún problema: todo está bien, no necesito  trabajar ni estudiar, con que represente el mínimo de gastos para mis padres no habrá problema… a veces ni siquiera eso.
No, gracias señor terapeuta, no quiero integrarme a esos desintegrados, no quiero que me diga que estoy sano sólo porque me comporto como ellos, puede ponerme mi etiqueta y aislarme que es justo lo que hago en mi caso. Puede decir que tengo una enfermedad y darme unos días de incapacidad, está bien, lo acepto, pero no me puede pedir que me una a esa bola de sociópatas sólo para que diga que cumplió su trabajo y soy un hombre cuerdo.

sábado, 12 de mayo de 2012

No sé por qué, sólo sueña


Camina, camina mucho
Aprovecha para matar el tiempo
Libremente
Sin confusión, sin arrepentimientos.
Aprovecha para embriagarte con desconocidos
Muchos tienen cosas que hacer al otro día
Tú no
Sólo buscar en dónde más embriagarte y sí
Seguir caminando mucho.
Aprovecha para conocer más lugares
Y deja de verlos en los libros
Ríete de los que tienen cosas que hacer y preocupaciones
De los que se tienen que vestir formalmente y rendir cuentas
Tú no
Tú sólo te preocupas por caminar mucho
Marcar tus pasos y hacer cuencas por las calles
Por beber donde se pueda
Hasta quedarte dormido
Y soñar que eres un vagabundo.

sábado, 5 de mayo de 2012

Rap chaqueto


¡Creo que me estoy desquiciando
Me estoy pandeando
Me dicen que me saldrán pelos en la mano
Que quedaré loco
Que no tendré hijos, saldrán feos con caras de marciano!
Me están asustando
Creo que me perdí de algo
Lo hago porque me gusta, me calma
Pero dicen que es pecado y que papá dios me castigará.
Me dicen que es malo y que me voy a secar
Yo sólo quiero despejar mi fogosidad
Porque sabes, tanta pasión contenida eso sí me va a quemar.
¡Chaquetero! Me gritan en la calle
Se burlan, dicen que no puedo parar
Pero a sus hermanas deben ocultar
¡Chaquetero! Creen que es burla
Pero nada pasa, no hay culpa.
Sólo quisiera que se callaran
Y me dejen estimularme a gusto y sin acusaciones
Con pelos en la mano pero sin pretensiones
Con barros y granos pero libre.