Mostrando entradas con la etiqueta Malquerida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Malquerida. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de septiembre de 2011

El cantante


El dedo índice y el medio empezaron a explorar el que había sido hasta hace poco el monte virgen a sus manos, Palpando el vello rizado, abrió una brecha entre ellos hasta encontrar lo que buscaba, el punto donde podría morir en un instante de frenesí violento.
Separando las piernas, dejó que los dedos entraran a ese túnel húmedo y oscuro visitado casi todos los días desde que él se hizo presente en su vida. Separó la rosada tela introduciendo poco a poco lo que podía hacerla llegar al límite de la locura. Delicadamente tocó cada parte de su interior reconociendo cada tela, cada olor, cada sabor, imaginando la cara del amante al verla como estaba. Desnuda, con las piernas separadas era la imagen viva del deseo.

Fijó los ojos en los de él que la veían lejanos, detuvo un momento la arremetida para llenarse la boca de los labios delgados en los que le gustaría explorar sus más recónditos deseos, saboreando la dicha en esos breves momentos de gloria.
Le gustaba perderse en sus ojos cafés e imaginar los besos que saldrían de la boca del amante que todas las noches llegaba para hacerla perder instantes de vida por el momentáneo placer que le daban esos dedos mágicos, haciéndola llegar al clímax en los momentos en que sentía morir.

Entonces lo supo, los dedos convertidos en un objeto duro comenzaron a moverse rápidamente, introducidos entre sus piernas le estaban haciendo llegar al paraíso. Doblegada a las caricias imaginarias, recorría los senos con avidez perdiendo el poco sentido que le quedaba entre esas dos montañas erigidas en monumentos para su boca.

Los gemidos se convirtieron en gritos animales rompiendo la oscuridad del cuarto. Su cuerpo se puso rígido, dejando de latir el corazón se paralizó por breves segundos, en un instante se le escapaba la vida en momentos saboreados hasta el delirio. Asomada una perla entre sus pestañas, la vida le regalaba un instante de gloria pasajera.

Quedando exhausta, su mano descansaba sobre el vientre que percibía aún el fuerte latido del corazón, tornando poco a poco lenta la respiración, relajado el cuerpo, abrió los ojos para deleitarse con la fotografía sobre el buró. La imagen de su cantante favorito la acompañaba desde que supo que vivía solo para él.
El otoño había llegado y las noches tibias y solitarias estaban haciendo mella en su ánimo, para consolarse buscaba el placer imaginario que sólo Él le podía dar, su cantante favorito.





















jueves, 22 de septiembre de 2011

El más grande de todos los tiempos

El cielo se abrió para dejar caer al que se había atrevido a enfrentar al Gran Maestro. No quería seguir sus preceptos, quería ser el máximo jefe, dictar sus reglas, apoderarse de las almas de los infortunados que creyeran en él. Desobediente sin remedio Satanás era expulsado del paraíso, con las alas rotas cayó a los ríos de lava hirviente que lo esperaban en el último aro del infierno, donde la oscuridad es perturbadora, donde jamás ha entrado la luz. Ese sería el justo castigo para quien había atrevido a rebelarse contra Él, un castigo sin fin.

Con los ojos inyectados en sangre y aliento putrefacto había esperado la ocasión escondido como serpiente entre las piedras para saltar al cuello y deshacerse del estorbo que le significaba el hacedor de todo lo bueno. Se presentaba la oportunidad para empezar a tejer sus hilos de maldad. Atrapar almas incautas para hacerlas soldados de sus ejércitos malditos y terminar con su más odiado enemigo.

El obstáculo que lo separaba de sus ideales era el Gran Maestro y contra Él era muy difícil luchar, sin embargo lo haría, se enfrentaría de poder a poder. La lucha del bien contra el mal la que estaba seguro ganar, se sabía conocedor del alma humana y de como hacerlos caer. Las debilidades a flor de piel para atraparlos entre sus garras y tenerlos por todos los tiempos de vasallos. Siervos sin voluntad pagando por sus debilidades. Palurdos sin fe ni principios.
Mil años transcurrirían sufriendo castigos indecibles, hasta que fueran perdonados, redimidos y vueltos al redil de almas nobles, perdón tan lejano como la luz que se perdió en la caída.

Los ideales del dios malo no eran los del Gran Maestro, los de él eran más prácticos, dejar que los pensamientos abyectos y las perversidades salieran a flote para apoderarse del corazón, el lugar donde podría anidar una poca de esperanza en el ser humano.

Juntó ejércitos de seres rebeldes igual que él, almas perdidas sin rumbo al que él se había encargado de lavarles el cerebro para que se le unieran comprándolos con mentiras forradas de oro y deliciosas bebidas mezcladas con traición.
Con la ira contenida y la rabia corroyéndole las entrañas, Lucifer dio el gran paso, el que decidiría su suerte. Sin más se enfrentó al Gran maestro, en una lucha dispar fue derrotado abriéndose las puertas del cielo para dejarlo caer con las alas rotas, yendo a morar hasta la oscuridad más acendrada, donde no habría retorno.

Con esa caída conseguía lo que quería, ser el dueño absoluto de un reino como siempre lo soñó, sin nadie que le dijera que hacer y que no hacer. Hacedor de calamidades arrastró consigo los vientos de paz que dormían entre los árboles.
Cayendo sin remedio, Lucifer lanzó una carcajada infrahumana, asegurándose que todos lo  oyeran para que no lo olvidaran.
El cielo perdió equilibrio en semejante lucha haciendo que todos los rayos y truenos salieran en comparsa acompañando al ángel caído seguido de sus huestes infernales. Ángeles que se le unían en vertiginosa caída hacía prisiones eternas.

Fundó su reino, reino de maldad que cada vez tiene más seguidores, almas descarriadas buscando placer y fortuna, siendo como único pago su alma que gustosos entregaban ante los placeres mundanos. Pecadores enardecidos satisfaciendo lujurias y gulas sin medida.

Mil años pasaran antes de que puedan ser perdonados los que lo sean, los demás seguirán en lucha para ser libres contra el malo que se atrevió a enfrentar al único que se le igualaba en poder.

El Día del Juicio final serán juzgados, se les quitaran las cadenas que los atan al averno, volarán libres arrepentidos de sus pecados mientras Satanás y el falso profeta quedarán por siempre en el lago de fuego de donde nunca saldrán. 
Disidentes del paraíso condenados para siempre a morir una y mil veces en el infierno, precio a pagar por pensar diferente y rebelarse contra lo que no era para ellos.














jueves, 15 de septiembre de 2011

Misión cumplida

Un olor extraño inundó el cuarto haciendo que los ojos de los habitantes se salieran de sus cuencas. Agarradas las manos a algo invisible, inhalaban el poco oxígeno que iba quedando hasta que en un espasmo quedaron inertes, con la cara al cielo nunca supieron de dónde les vino la muerte. El rictus de desesperación asomado en sus bocas era dantesco.
Cada cual quedó con el miedo tatuado en sus pupilas. Asidos a un hálito de vida las manos se alzaban como garras hacia la oscuridad.

Títeres sin hilos, arrumbados en el desván de la memoria, quedaron en el lugar al que nunca más nadie regresaría.

Ninguno quedó vivo, el aire enrarecido había acabado en el último suspiro de dos -¿o tres?- seres que la vida había juntado para un fin que nunca se sabría. Se había acabado en un instante, nadie jamás vio que en el momento preciso, en la última exhalación, una sombra gris se había escurrido entre la penumbra. Quitándose la máscara antigas, la arrojó lejos de sí marchándose del lugar satisfecho de la misión cumplida -De todos modos iban a morir- se dijo a si mismo.

Una risa maquiavélica salida de las más profundas entrañas de aquel maldito resonó hasta el último rincón. Silbando una melodía se alejó con las manos en los bolsillos, pateando un bulto que si se acercaba a ver que era, parecería una rata, como las que llegaron hace poco tiempo a la ciudad infectando las tuberías y desagües y llenando de miedo las caras de los habitantes que aún no tenían marcada su casa con una cruz blanca... la de la peste.











jueves, 8 de septiembre de 2011

La virgen de Guadalupe te protegerá

¿A quién ayudará la virgencita de Guadalupe en la próxima pelea de Manny Pacquiao contra Juan Manuel Márquez? No es que me gusten los deportes y menos el box pero de siempre me ha atraído la gran incógnita que hay cuando dos rivales se encuentran.
Debiéramos suponer que la virgencita está con los desprotegidos pero no creo que ninguno de los dos sea desprotegido, han ganado todo el dinero del mundo, no creo que necesiten un favorcito extra.

¿A quién ayuda la virgen o dios cuando le piden ayuda? ¿Al más débil, al mejor preparado, al que le caiga mejor?

Lanzando ganchos de izquierda al aire, has aprendido a esquivar un ataque...

Hoy Manny Pacquio visitó la Basílica de Guadalupe, un símbolo netamente mexicano, mientras que Márquez no sé donde andaba. Oye Márquez que una ayuda divina no hay que desaprovecharla, ¿pues dónde andas Recuerda que el que pega primero pega dos veces, así que Pacquiao ya se te adelantó.

Márquez y Pacquiao se enfrentarán el 12 de noviembre en una pelea que está generando gran expectación debido a que el filipino promete vencer a Márquez con un contundente nocaut ¡hum!

Golpea mejor el que golpea primero...

Surgió entonces la duda que me asalta -en México últimamente hasta las dudas nos asaltan- sobre quien será el beneficiado con la ayuda de la santísima.

¿Pacquiao o Márquéz?

No es que mi tema sea banal o en tono de burla -no es esa mi intención soy respetuosa de las creencias religiosas de cada quien- pero cuando era pequeña le pedía a dios que ganara mi equipo favorito, bajo la burla de mis hermanos mi equipo siempre perdía o lo que es peor, ganaba con la ayuda de los árbitros y eso no me gustaba. Prefería perder derecho que ganar chueco por eso decidí no meterme en problemas y no irle a ningún equipo ni nada parecido, dejo a dios y a la virgencita en paz que ya demasiados problemas tienen en andar arreglando el mundo como para distraerlos con cosas superfluas. Por cierto queridos dioses pueden mirar para acá, miren que ya no sabemos ni para donde hacernos.


¨Cánsate o muérete
no te pares ahora
no pensarás que todo fue una broma
la virgen de Guadalupe te protegerá...¨*


Hoy en la mañana al ver a Pacquiao en la basílica, mi duda volvió, ¿ a quién ayudará la virgen? Más allá de lo que creamos ganará el mejor preparado, quiero pensar eso aunque se diga que las peleas están arregladas-cosa extraña eso no se nos da-. Quiero pensar que no es necesaria la ayuda divina para tener un triunfo. Los mexicanos tendemos a buscar culpables, no asumimos la responsabilidad de nuestros actos, terminamos por echarle la culpa a los demás sin importar que los demás sean dios o la virgen o quien sea, el chiste es que alguien cargue con nuestras culpas que chingao.

Yo le voy a Juan Manuel Márquez -vamos a ganar primero dios- el filipino me cae mal porque madrea a los boxeadores mexicanos, pero si no es así no le echaré la culpa a la virgen, a dios o al diablo. Los mexicanos estamos tan acostumbrados a perder que una derrota más siempre sabrá mejor con cerveza, de esa para los que se quedan en el ¨Ya merito¨.






















*fragmentos de El Boxeador, Enrique Bunbury,

jueves, 1 de septiembre de 2011

Fuegos fatuos


Joaquina tenía la clara convicción que si ponía las tijeras abiertas en forma de cruz encima de la puerta de entrada de la casa,  su hijo estaría a salvo de cualquier bruja advenediza que quisiera chuparle la mollera al recién nacido.
Las luces que aparecían y desaparecían todas las noches desde su ventana no se acercarían para hacerle daño a Quique, el pequeñito al que acababa de alimentar con su savia convertida en leche materna.

Las noches alumbradas por la luna solitaria le daban un extraño misticismo al Cerro de las Cruces. En lo alto aparecían brujas en aquelarre bailando y haciendo ritos, buscando sangre joven que habrían de chupar de los recién nacidos. Eran fuegos fatuos coronando las noches de viernes.

Parada en la ventana, Joaquina cuidaba que no fuera a entrar alguna bruja por los resquicios de las ventanas o debajo de las puertas, así sería hasta que bautizaran al niño, el pecado mortal que lo marcaba sería borrado con el bautizmo y las brujas no podían acercarse nunca más a él.

Desmenuzaba las horas de la noche en penumbras, rodeada de sombras que bailaban al rededor del cuarto y que en extraño sortilegio hacían que se le erizaran los vellos y un escalofrío le recorriera la espina dorsal, y sin embargo esas sombras la hacían sentirse protegida. Al menos no estaba sola al amparo del desamparo.

Las malas horas llegan en el momento menos esperado, cuando los cantos de las cigarras arrullan los sueños cansados y las rosas dormidas sueñan con rocíos encantados cayendo sobre sus pétalos.
Con la vista perdida en la oscuridad, Joaquina nunca se dio cuenta que su hijo se movía inquieto, un leve gemido la hizo voltear, con pasos rápidos alcanzó al niño revisando que estuviera bien, acarició las rosadas mejillas, dibujo el contorno de su boca, rodeo delicadamente las orejitas. Pero nunca se dio cuenta de la gotita de sangre que había en la coronilla del bebé quien exhalando un largo suspiro dejó de soñar.

El grito infrahumano que salió de las entrañas de una madre coincidió con la desaparición de las luces en el cerro, Joaquina nunca lo sabría, había caído muerta al lado del hijo que inerte yacía a su lado.













jueves, 25 de agosto de 2011

Purificación

Hundida en el bosque veracruzano, la cabaña tenía todo para pasar un fin de semana confortable, sin televisión, internet, periódicos, teléfono, nada que pudiera distraer la mente. El espíritu conviviendo con el cuerpo a la orilla del Río Pescados que bramaba cada que sorteaba al andanal de piedras que había en el trayecto.
El murmullo furioso de sus pequeñas olas provocaban somnolencia en nosotros, acostumbrados al ruido citadino, la magia del río nos adentraba a un mundo lejos de nuestra realidad. Tumbados en el pasto y sin miedo a los bichos dejamos que el aire tibio nos acariciara el rostro. El cielo estrellado a veces se asomaba entre las copas de los árboles haciéndonos ver que el paraíso si existe y yo lo tenía ante mis ojos.

A unos pasos de ahí, en medio de árboles enormes, las luces blanquecinas del lugar alumbraban la figura de un hombre vestido pulcramente de blanco. Descalzo, con los pies en contacto natural con la tierra dejaban ver la confianza que le tenía al piso que lo sostenía, tenía el pelo cano y los ojos grises. El rostro lleno de arrugas contaba su vida a través de ellas. En medio de un círculo blanco se movía despacio contándonos lo que haríamos en ese ritual al que sin saber nos vimos envueltas.

La luna en lo alto del cielo iluminaba la copa de los árboles que no dejaban pasar mucha de su luz. Mirándonos fijamente, el hombre empezó a hablar sobre nuestra relación con el universo y el daño que le hemos causado a la tierra que pródigamente nos ha cobijado por tantos años.
Hablaba con voz pausada haciendo que no despegáramos la vista de él. Recorría poco a poco a las cuatro personas que a su alrededor permanecíamos a la expectativa. Nerviosos contestábamos con balbuceos a lo que nos preguntaba.

Los ojos grises se posaron en mi, preguntando mi nombre empezó a decir cosas que nadie que no me conozca puede saber, era la primera vez que lo veía y sin embargo parecía saber tanto como si hubiera vivido conmigo. Sin darme cuenta la vida ha dejado huellas en mi rostro que nunca pensé dijeran nada sobre lo vivido.

Tomando un sahumerio nos rodeó con humos mágicos dándonos una tranquilidad aparente y digo aparente porque era la primera vez que los cuatro que nos encontrábamos ahí teníamos contacto con un chamán.
Pasándonos por la espalda un atado de yerbas susurraba palabras que no alcanzaba a escuchar, el hombre recorrió el cuerpo de cada uno con rezos mientras las notas lejanas de los grillos y el susurro del río eran una extraña comparsa que acompañaban la letanía.

Preparados para el ritual, nos introducimos a una caverna oscura, extremadamente caliente, donde un pequeño rayo de luz se abría paso por algún rincón del suelo. En el centro de la caverna una fogata casi en extinción nos ayudaba a ver un poco más. Las brasas al rojo vivo hacían que el calor fuera extenuante. Sentados en bancas frías y duras quedamos al amparo de la curiosidad y en las manos de ese hombre, ejerciendo un raro encanto sobre nosotros.

Empezamos a sudar sin parar, el hombre nos explicaba lo que estaba haciendo. Sin darnos tiempo a reaccionar, a cada tanto echaba algo sobre las brasas levantándose un humo blanco hacia el techo, con la cara arriba el vapor casi nos quemaba. La oscuridad y el miedo nos hacía ver cosas que no había más que en la mente de quienes estábamos ahí.

El chamán pasó por cada uno de nosotros a darnos un extraño masaje, los pies, manos, cuello y vértebras dieron cuenta de sus manos expertas.
El tipo se centró en mi, habló sobre como debo tomar la vida desde hoy, vivir ocupándome no preocupándome. Estando en tal estado de indefención como me sentía, reflexioné sobre mi vida y me di cuenta de todos los errores que he cometido en el camino hasta hoy. Hundida en mis pensamientos, el vapor entraba por cada poro de mi piel sacándome todas las tóxinas que mi cuerpo guardaba haciéndome daño.

El sudor seguía corriendo sobre mi cara mientras el hombre nos hacía ver la vida de manera extraordinaria.  Quise quedarme a vivir ahí para siempre. Me dí cuenta que puedo vivir sin muchas cosas que en tres días no eché de menos. La magia de soñar, de saber que muchas cosas que me proponga las puedo lograr.

Extinguiéndose poco a poco el calor, el hombre nos indicó que era hora de irnos.  El frío de la noche nos dio de lleno en la cara volviéndonos a la realidad.
Tres chorros de agua salidos de la pared, como regaderas recibieron nuestros cuerpos calientes dándonos un baño de agua fría.
Despertándonos a la nueva vida que el hombre nos había enseñado. Restaba a nosotros seguirla o no. Cambiar la esencia de cada uno para ser mejores sin lastimar a nadie, sin dañar nada de lo que vemos o tocamos.

Se despidió dándonos una bebida que no supe que era. Inundando mi cuerpo, el líquido caliente atravesó la garganta hasta llegar al estómago. El hombre mirándome con ojos cálidos, me decía que viviera, que buscara la cura a todo lo malo que aún quedaba en mi, poco pero había. Restos de una vida infeliz que podría diluir como la sal que tuve entre mis manos.

Bebiendo el té y como por arte de magia, el chamán desapareció entre la espesura del bosque, sin darse cuenta que me había hecho renacer. Como mago que aparece un conejo de la chistera, así ese hombre apareció la vida ante mi. Vida que había dejado pasar sin darme cuenta que solo se vive una vez. Magia pura que descubrí en un lugar escondido en el bosque veracruzano.















jueves, 11 de agosto de 2011

¡Ay!

Pensé qué idea podría ser la que pudiera vomitar, 

pensé... 

pensé...

y pensé...

La cabeza me empezó a dar vueltas, las náuseas se posesionaron de mi pancita, los ojos se me cruzaron, tuve que correr al baño, vomité tanto que seguro las ideas se fueron por el caño, me quedé vacía y ya. Es demasiado para mi, soy muy mamona, en extremo, no soporto hablar de vómito aunque sea de ideas, me marea de tal manera que no puedo escribir nomás de imaginar. Mis ojos se hacen bizcos y siento que algo sube y se anida en mi garganta y...

¡Guaggggh!












jueves, 4 de agosto de 2011

No lo digan porque se oye feo

Y la sombra le seguía do quiera que fuera. Tras las huellas de Silvina, Manuelito no deja que esta se le desaparezca. Ya sea a la cocina, al mercado, a la calle, nunca se separan. Manuelito está loco pero nadie lo dice, disfrazan la verdad con palabras que duelen más que la verdad misma.

Carga un cinturón entre las manos que mordizquea para tranquilizarse cuando los fantasmas de la locura se apoderan de su mente.
Una extraña fijación ejercen sobre él los cinturones y los senos femeninos a los que se acerca sin mediar el peligro de recibir una bofetada o un golpe de la mujer que no lo conozca. Las que lo conocen, saben que no pasa de un rozón y una caricia sin malicia pero hay que tener mucha sangre fría para dejar que Manuelito acaricie los senos prohibidos sin sentir un escalofrío de terror.

Tiene treinta y tres años pero dos de edad mental. Un retraso ocasionado por el esposo -según diagnóstico médico-estando embarazada Silvina, a quien golpeó sin piedad una y otra vez hasta que se cansó. Bañada en sangre, fue hasta donde el médico quien dijo que Manuelito estaba a punto de nacer ayudado por la golpiza propinada por el esposo desalmado. Así entre golpes y lágrimas vino al mundo un niño que nunca sabría qué  papel jugaría en el destino de su familia.

Cuando Manuelito nació, Silvina sonriendo dio gracias a dios que hubiera nacido bien sin imaginar lo que la vida le estaba guardando. El tiempo le arrancaría la sonrisa convirtiéndola en una mueca de dolor que jamás se le borraría de la cara. El niño se convertiría en la sombra de su madre.

Manuelito creció como todos los niños de su edad, con los cuidados y amor que toda madre prodiga a un bebé hasta que un mal día Silvina vio que algo no andaba bien con el niño, se dio cuenta que su hijo tenía la mirada perdida en la desnudez del techo, le dio un vuelco el corazón, pasando su mano frente a los ojos inmóviles, Manuelito no pestañeó, le habló para guiar la mirada con la voz pero no hubo respuesta. Asustada corrió al médico quien le dijo que no se sabría si era ciego hasta que tuviera más edad.

No estaba ciego, su memoria estaba perdida en los límites de la locura y no podrían curarlo. El golpe que recibió Silvina al saber la noticia, mató la mitad de las  fuerzas de madre, la otra mitad las guardó para ayudar a sobrevivir a su hijo.

Aprendió a caminar cerca de los cinco años de edad. Hablar nunca ha podido, algunas veces cuando la locura lo deja, en un esfuerzo sacado de la más honda cordura pronuncia ¨Mamᨠ es cuando Silvina piensa que los milagros existen agradeciendo a dios que no se olvide de ellos.
Arrastrando los pies Manuelito anuncia su llegada, con la mirada perdida y una boca vestida con dientes chuecos que muda se queda al no saber que decir

No sabe ir al baño, hace sus necesidades sin avisar. Cuando esto sucede Silvina tiene que meterlo a bañar así sean dos o tres veces al día. La atención que necesita el niño es constante, no hay descanso nunca. Ni hablar de cuando Manuelito por instinto conoció el masaje placentero salido de un pene estéril que se prodiga cada vez que siente que la locura le da un respiro.

Siendo la sombra de su madre, Manuelito un día salió tras ella sin que esta se diera cuenta. Enferma como está, Silvina sufrió un desmayo, la gente se arremolinó a su lado sin saber si estaba ebria o se había desmayado. Manuelito pasó junto al tumulto buscando a su madre. Un vecino reconoció a Silvina y junto con otros la llevaron a su casa. Entre brumas oyó lo que había pasado. A su mente vino la cara de su hijo,  preguntando por él, nadie supo darle razón. Lo buscaron por toda la casa sin encontrarlo. Gritando y jalándose el pelo Silvina salió loca de dolor por la pérdida del hijo. No valieron los ruegos de la abuela pidiendo una poca de cordura a una madre desquiciada de dolor.

Silvina tocaba puertas, se asomaba a los zaguanes, preguntaba a la gente sin que nadie pudiera darle razón del niño extraviado. Corrió entre la gente, tropezándose y volviéndose a levantar hasta dar con él quien sentado comía una tortilla que alguien le había dado. A un lado unas monedas daban cuenta de la bondad de algunas personas que lo creyeron limosnero. Silvina descansó, había encontrado a su sombra.

Lo abrazó, le tomó la cara entre las manos, lo besaba sin parar agradeciéndole a dios haberle encontrado. Costó trabajo hacerlo levantar pero su madre en su inconsciencia al saberlo perdido se había aferrado a un cinturón que traía en la bolsa del mandil.

Manuelito se había orinado en los pantalones, el aspecto desaliñado y la cara sucia le daban un toque atemorizante, pero a Silvina lo único que le importaba era haber encontrado a su hijo, a su sombra que se le había perdido un mal día.

¨Le pido a dios que Manuelito se muera ya¨ le dijo recientemente su hermana a Silvina, ¨Si tu te mueres no sé que pasará con él¨ Terminó de decir mientras Silvina agachando la mirada no dejó que las lágrimas salieran de sus ojos. No le dijo a nadie que es lo que pide todas las noches antes que el cansancio la venza. Sabe que si ella muere nadie podrá hacerse cargo del niño, para ella sigue siéndolo aunque físicamente Manuel sea un hombre, saberlo desamparado hace que se le olvide que es pecado desear la muerte de alguien, así se lo ha dicho su madre ¨No puedes desear la muerte de nadie insensata y menos la de tu hijo¨ pero a Silvina poco le importa que sea pecado, ella es la que arrastra la sombra de la desdicha.

Sabe que Manuelito no sobreviviría sin ella que es la única que tiene la suficiente fuerza de voluntad para atenderlo. Alguna vez lo llevó a una institución para niños enfermos mentales pero no lo recibieron por no haber aprendido sus necesidades básicas, ¿Cómo se enseña a un enfermo mental a ir al baño, a comer, a sentir, a querer?
Otra vez lo dejó a las puertas de un manicomio pero al oír los gritos lastimeros saliendo de las paredes del hospital, hicieron que lo jalara de la mano para seguir la vida juntos.

Así han caminado durante treinta y tres años, uno siguiendo a la otra en un vaivén de emociones que han provocado mucho daño en el alma de Silvina que al final del día suspira pidiéndole a dios que no la desampare y la recoja junto a su hijo.

Con el dolor grabado en el alma, Silvina toma de la mano a Manuelito perdiéndose entre las sombras que les da la inconsciencia del sueño, el único que los hace evadirse de la cruel realidad.















jueves, 28 de julio de 2011

Amores errados

1... 2... 3... 

Empiezo a contar ovejas saltando la cerca. Son las tres de la mañana, hora que todas las noches mis ojos se abren a la sombra de tu recuerdo. Me envuelvo entre las sábanas sintiendo que son tus brazos los que rodean mi cuerpo. Sacudo la cabeza alejando de ti tu sombra fiel, no quiero pensarte.

Tic.. Tac... Tic... Tac... Tic... Tac... El reloj sigue su eterno caminar por las horas sin fin.

¨Padre nuestro que estás en el cielo...¨

Las oraciones que me enseñó la catequista huesuda de mi infancia aparecen como por arte de magia, quizás orando pueda apartarte de mis pensamientos.
¨Dios te salve reina y madre...¨ vano intento, he terminado las mil y un letanías y tus labios delgados se han puesto a rezar conmigo.

Tic... Tac...Tic... Tac...

Hago otro esfuerzo por desaparecer tu eterna sonrisa. Imagino ¨la peste del insomnio¨ que llegó a Macondo dejando a todos vagando en las noches sin poder dormir. Parece que la enfermedad traspasó las hojas del libro y me ha contagiado ¿Qué cura tendrá para mi el olvido de ti?

Quiero dormir... por favor déjame dormir. Mis ojos buscan el sueño en la blancura del techo pero ahí no está, te lo llevaste entre tus dedos tibios de amaneceres grises y lluviosos. Cada sonrisa tuya se llevó la tranquilidad de mi fidelidad a un amor eterno.

Tic... Tac...Tic... Tac... El eco de los minutos traspasa las paredes haciendo más lenta mi agonía.

¨ Parece que yo, yo hago del amor algo caprichoso e inmoral, respecto a ti....¨ 

La última canción que canté contigo aparece en mi mente, la repito una y otra vez ya sin luchar, te has apoderado de mis sueños. Como todas las noches has llegado a trastocar mi cuerpo haciéndote dueño de mis letargos, de mis angustias, de mi cuerpo enfiebrado por ti.

Abrazo al hombre que está a mi lado en un último esfuerzo por hacer que te alejes pero tu cara se hace más vívida. No lucho más, dejo que tus ojos cafés me envuelvan con caricias obscenas y me poseas. He llegado al límite de mis fuerzas, de nuevo te has apoderado de mis noches y sin luchar me entrego a lo que decidas, por fin voy a dormir.

Sueño contigo, con amores distantes, amores llegados en mala hora, amores errados que me quitan el sueño y llenan de culpas mis noches de insomnio.













jueves, 21 de julio de 2011

Quererte quiero

Creer que algún día acepten que nos amamos es como creer que el cielo es azul. Necesito demostrarte mi amor, no quiero esconderme. Quiero besar tu boca. El amor entre tu y yo no será aceptado jamás. Si lo aceptamos nosotras ¿Porqué esperar la aprobación de los demás? Muero por amarte bajo las sábanas, sin que nadie se entere. Que cada quien haga con su cuerpo lo que quiera. Yo quiero tener mi cuerpo junto al tuyo. Shhh! es pecado. Calla no digas a nadie que te amo. Es nuestro secreto hasta que no podamos más. ¿Quererse es pecado? ¿Si te amo es malo? ¿Quién dice? ¿Por qué si es mi cuerpo? ¿Por qué si es amor? ¿Por qué?
Si lo que quiero es quererte ¿Por qué debemos enfrentarnos a todos? ¿Quién dice que no podemos? ¿Por qué el mundo se asusta? somos tu y yo ¿Qué más da lo que piensen de ti y de mi?

Escondo mis caricias, que nadie vea que muero por besarte. Que mis manos queden suspendidas en el aire porque ansío tocarte los labios que me hacen estremecer. Tu cuerpo pegado al mio. Cóncavos sin convexos que lo complementen.

Por qué no tengo novio pregunta mi madre y en mis labios se ahoga el grito desesperado por decirle que si tengo pero que eres mi novia. Mi novia... Quiero gritar al mundo que eres mi novia. Que somos mujeres, que igual nos amamos. ¿Por qué no puedo gritarle al mundo que te amo?

Quiero explicarle a tus hijos que no somos raras, somos mujeres enamoradas nada más. Que todo es normal, que no hay pecado. Que dios no nos castigará porque Él dijo que hay que amarnos los unos a los otros, ¿Qué importa el sexo si se trata de amar?

Muero de angustia pensando en lo que dirán mis padres, los demás no me importan ¿O será que si nos importan y por eso nos escondemos? Me condenarán al exilio familiar pero viviendo juntas nada debía importar y sin embargo aquí estoy haciéndome preguntas que nadie me puede contestar.
¿Por qué dejamos que el mundo se entrometa entre nosotras si lo único que queremos es amarnos? Amarnos nada más.

¿Dónde estás? ¿Por qué no estás junto a mi apagando este fuego que me quema? ¿Por qué duermes al lado de quien no amas? ¿Por qué quererte es malo? Rompamos las cadenas que nos atan, vayámonos juntas a donde nada importemos. Allá donde todo es aceptado, donde no hay preguntas sin respuesta.

Tu y yo, sin explicar porqué siendo mujeres nos amamos. Si es amor... solamente amor. Dos mujeres enamoradas viviendo en un mundo de falsedades, en un mundo hipócrita de apariencias, donde muchos no somos lo que aparentamos.












jueves, 14 de julio de 2011

So elixir para Titi

Ondeando su rubio pelaje, cierto día paseaba la zorra Titi por el bosque. Como todas las mañanas, había lavado su blondo pelo con shampoo de manzanilla para que no perdiera el brillo rubio cenizo natural color 731 de L´oreal, se sabía hermosa y cuidaba hasta el más mínimo detalle de su apariencia. 

Muy temprano se metía a bañar, con una esponja suave acariciaba su chonchito cuerpo -es que Titi era más bien una zorra rellenita- con jabón para piel sensible Jardins du Monde, hecho de grains de café du Brasil que le había traído expresamente para ella su prima Norma que se dedicaba a vender productos por catálogo, cierto que ser bella le salía caro pero bien que lo valía, además lo podía pagar en la quincena. Compraba también desodorantes por docena o al tres por dos o al dos por uno según las promociones.
Al terminar de bañarse, se secaba bien las axilas poniéndose So elixir desodorante con un dejo de frescura para que en sus largas caminatas no apestara a zorra y no espantara a los galanes del bar al que iba en sus correrías nocturnas.

Pacientemente alaciaba su pelaje para que volara al viento si es que acaso algún gañán la invitara a pasear en moto a la que era aficionada , poníase el vestido negro con moño rosa que le daba un toque muy femenino. El borde del prominente escote dejaba a la vista unos senos espectaculares, su mejor arma para pillar incautos, zapatillas de medio tacón porque Titi era una señora zorra respetable y no estaba ya para andar sobre tacones de quince centímetros que le hacían trastabillar y caminar chueca. Por último rociaba sobre su cuerpo Channel no. 19 el perfume favorito para salir a zorrear digo a caminar buscando quien le pagara un trago. Ah y su bolso de mano que había comprado en la Plaza las Flores de reciente inauguración.

Héte aqui que un día paseando por el bosque, Titi cansada de caminar y que nadie le  ofreciera ni un trago ya no de vino del Rhin, aunque fuera de tequila, se acostó a la sombra de un árbol a ver las nubes pasar, ¡la la la la lá! Sus ojos entonces vieron al cuervo más hermoso que nadie había visto jamás. De pelaje brilloso, ojos grandes-claro es un cuervo- un pico que daban ganas de comérselo a besos, corbata de moñito que le daba un toque romántico, bastón con mango de marfil y en el ojo izquierdo un monóculo antiguo. Por último al sonreír dejaba ver una hilera de blancos dientes que brillaban como flashasos. Remataba la vestidura con un bombín que perteneció a su abuelo, el gran Eulogio III

El cuervo Eulogio, divisó desde la copa del árbol a tremenda señora zorra, se acomodó el espejuelo y bajó volando hacía ella no sin antes dar unas cuantas piruetas en el aire. Aterrizó a los pies de Titi quien ruborizada se sentó de inmediato, -Me llamo Eulogio bella dama- se presentó al instante que le besaba la pata delantera. -Yo me llamo Titi- respondió la zorra, -Bello nombre para una hermosa zorra- dijo Eulogio.

-¿Qué hace una zorra tan sola por estos lares?- Preguntó dejando que sus ojos negros acariciaran impúdicamente los senos de Titi que sólo alcanzó a cubrirse un poco con el pañuelo que llevaba amarrado al cuello.
-Nada, nada- estaba aburrida y quise salir a que me diera el aire
-Permítame acompañarla-dijo el cuervo al instante que le ofrecía su brazo. Eulogio movía el bastón haciendo círculos en el aire mientras Titi se sentía la zorra más afortunada al ir del brazo de semejante pájaro. 
Platicaron contándose sus cuitas amorosas, decíanse los tragos amargos que la vida les había dado y terminaron por darse cuenta que eran almas gemelas que el destino juntó.
Dándose caricias furtivas empezaron a reconocerse, sintiendo a cada roce un choque eléctrico que les ponía los pelos y las plumas de punta.
Sentían que habían nacido el uno para el otro, cupido había flechado a tan singular pareja, tomados de pata y ala se fueron por la vida rodeada de árboles.

Caminaron hasta el bar El Robespierre ubicado en las inmediaciones del bosque, por suerte estaba semivacío. Se sentaron en el rincón más oscuro para poder platicar a gusto, ordenaron champagne mientras el cuervo inquieto, con su largo pico besaba el lóbulo de Titi que se estremecía al sentir el tibio aliento. Entrecerrados los ojos se dejaba llevar al susurro de las frases que el cuervo decíale al oído. Con el ala izquierda Eulogio comenzó a acariciar -debajo de la mesa- las bien torneadas piernas de la zorra que empezaba a ponerse nerviosa. Olía a loción de las más finas maderas y eso hacía que Titi se transportara al cielo de las zorras.

Bebieron copa tras copa botella tras botella acompañándola con queso mozarella, queso panela, queso doble crema, queso oaxaca, queso GT, queso manchego, queso cotagge, tantos y tantos quesos que se les pasó la noche degustándolos todos.

Entre el vino y los quesos quedaron tan satisfechos que decidieron partir a un lugar más discreto, además los besos y caricias estaban subiendo de tono. Sintiendo que darían un espectáculo si no se tranquilizaban, Eulogio pagó la cuenta y se fueron caminando, perdiéndose en el bosque, yendo a hacer el amor debajo de un sauce llorón que con sus largas ramas cobijo sus suspiros dejando que la luna se asomara un poquitito de curiosa a ver que onda con la zorra y el cuervo.

Se juraron amor eterno al amparo de las estrellas, bajo los influjos del champagne que aún corría por sus venas, teniendo por cómplice a la luna sonriente que se escondió tras una nube.
Así empezaron una nueva vida de pareja tan sui generis viviendo felices hasta que nacieron sus hijos con cuerpo de zorro y cabeza de cuervo o al revés o según como se acomodaran.

Moraleja: No hay porque es un cuento.












jueves, 7 de julio de 2011

¿Olvidar? Quizás

Si ya no puede ir peor,
haz un último esfuerzo
espera que sople el viento a favor*...


¿Cuántas veces te ponía a escuchar esta canción para que entendieras que hay que seguir adelante aún en contra de las múltiples caídas que pueda haber? me odiabas lo sé, pero tenía que hacerte reaccionar. 

Otra vez te has vuelto a equivocar
siempre piensas la culpa es de los demás
y no tienes más remedio
que de nuevo, empezar...


Y te decía que el mundo es de los audaces, que no tuvieras miedo, que si te caías yo estaba ahí para ayudarte a levantar. Tus ojos negros me miraban para entender el porqué era tan dura contigo pero era la única manera de que no salieras lastimada en un mundo donde los más fuertes sobresalen. En mi mundo los sentimientos estorbaban, ¨Hay que ser dura¨ y me mirabas asustada tratando de abrazarme sin lograrlo.

Otra vez la has vuelto a fastidiar
siempre tienes que quedarte atrás
todavía te queda un buen trecho
y les tienes que alcanzar.


Y en mi forma dura de ver la vida, no me dí cuenta que te estaba robando la sonrisa por enseñarte el mundo  real, sin adornos, sin colores pastel que te hicieran creer que todo es bello. ¨La vida es dura¨ te dije escondiendo las lágrimas como siempre lo he hecho, esconderlas para que no veas lo débil que soy.
Queriendo abrazarme, te apartaba para que vieras que hay que ser fuerte para no salir lastimada, vano intento porque todo eso que te enseñé no sirvió para maldita la cosa.

Otra vez fuera de lugar
siempre estás donde no debes estar
muy cerca o muy lejos
no estás atento y se vuelve a escapar.


Te han lastimado mucho y no sé que hacer para aliviar tu dolor, hoy la canción que te enseñé como himno no hace más que lastimarme, quisiera que el tiempo diera marcha atrás para enmendar mis errores pero eso no es posible, lo hecho hecho esta´y no se puede hacer nada. La niña de hierro que crié a mi imagen y semejanza ha sido lastimada de la forma más cruel, se me olvidó enseñarte como se cura un corazón lastimado.

Otra vez perdiste tu oportunidad
siempre enfrentándote y al final
vencido por el miedo
caes al suelo y te dejas pisar.


Hoy quiero que olvides lo malo que te enseñé, que saques la casta para levantarte de este dolor que te está matando y que me tiene atada de manos ante ti.
Hoy mi corazón esta llorando, hoy el viento no está a nuestro favor, hoy desnudo mi alma ante ti, de rodillas pido perdón. lloro contigo si de algo te sirve, hoy la vida me cobra los errores pasados.

Si solo puede ir mejor
y está cerca el momento
espera que sople el viento a favor...












¨*El viento a favor Enrique Bunbury.

jueves, 30 de junio de 2011

El tiempo de las cerezas*

¿Porqué en lugar de imaginar con esta lluvia pertinaz que el cielo esta llorando, porqué no pensar que está de fiesta? sería ver el lado bueno de la lluvia.

He dado tantas vueltas sobre qué escribir acerca del tema de la semana, pero imagino que ser retraída y poco social me limita, ni siquiera en mis juventudes rebeldes asistí a ningún lado donde hubiera reuniones.  Quizás para muchos eso no es vivir, pero la manera solitaria en la que me movía podía ponerme muy contenta, es lo que me gustaba... es lo que me gusta. Escuchar música, leer un libro, beber un chorrito de tequila para que la nostalgia no arruinara la fiesta que armaba para mi solita.

¿Qué es una fiesta me he preguntado?

Una fiesta es escuchar música a volumen bajo, platicando con mi familia, con los amigos, de anécdotas, bebiendo tequila, fumando y dándonos palmaditas en señal de aprecio. Brindar con cerveza por la dicha de vernos reunidos.

Cantar poco a poco, quedito primero canciones que nos llegan al corazón, que al voltear a vernos nos identifiquemos con algún recuerdo sublime y poco a poco ir subiendo el sonido de nuestra voz para que sin pena cantemos canciones de adoloridos sin importar que nunca hayamos tenido una decepción semejante, el momento lo gozamos.

¿Bailar? no se nos da mucho el baile, somos de familia con dos pies izquierdos que al hacerlo parecemos elefantes con reumas, así que lo cambiamos por cantos que lleguen al corazón y que nos hagan sentir cercanos a lo que somos... una familia muégano sin dejar de ser independientes.

El teclado le pone calor al ambiente y reímos al ver que no sabemos ni una melodía completa, eso es fiesta para mi, arrancarle quejidos a la guitarra porque no la sabemos tocar pero como nos gusta hacerle cosquillas y que cante desentonada con nosotros.

En días de lluvia, las reuniones se ponen mejor, el frío de afuera lo quitamos con risas y abrazos que nos damos como si fuera el último día.

Hoy al despertar he pensado que las gotas bajan en paracaídas a alegrar la tierra que está ávida de agua, las plantas del jardín, los árboles, el pasto, se han puesto tan verdes porque al fin el cielo les ha quitado la sed, incluso la planta de hoja elegante ha recobrado su color, la cambié de lugar, se enojó, se puso amarilla y se estaba muriendo. No... no estoy loca, la hoja elegante ha resurgido después de regresarla a su sitio, es como yo, volver a los orígenes para recordar quien soy, volver a ser lo que fui con las hojitas un poco amarillas y marchitas pero al final sigo siendo la misma.

Salí en la mañana sin cubrirme, quería sentir las gotas cayendo en mi cabeza, sentir como resbalaban por mi cara hasta llegar a la boca. Brinqué en los charcos haciendo reír a mi hijo, se me han mojado los calcetines y la ropa, he tenido que meterme bajo otra lluvia pero esta vez de agua caliente para no enfermarme.

He empezado mi fiesta particular, como las de antes en donde sentarme a tomar una taza de café, escuchar la melodía que hoy por hoy me trae recuerdos y me hace sonreír por los momentos vividos me remonta a la casita donde nací. La he repetido tanto que los vecinos me han de soñar, qué importa, estoy siendo bendecida por un momento de felicidad que la lluvia y la soledad me han traído

Este día, he recordado que la fiesta no sólo es ruido, también son momentos en los que ser feliz es lo único que importa, como hoy... como ayer, como el sábado que viene puedo serlo, como debo ser sin dejar que la melancolía reviente los globos de mi dicha.













*Melodía de Enrique Bunbury

jueves, 23 de junio de 2011

Nostalgia de mi

-¿De verdad quieres que te cuente?- mira, las sombras que habitan en mi cuarto son de esas que no hacen daño, han estado aquí desde que recuerdo, sombras salidas de otra dimensión a la cual no pertenezco pero en la que esperan pacientemente por mi, viven en mi recámara, en mi espacio, en mi mundo.

Cuando siento que me tocan el hombro al pasar por la puerta, no me asusto sé quien es, la sombra de mi padre que me cuida para que nada me pase, a veces se enoja, se va por unas noches en busca de perdones que tardan en llegar, es cuando puedo dormir tranquila porque sus ojos claros no me ven con esa mirada de arrepentimiento.
Dicen -los que saben-que vago entre sueños al borde de la razón, que sucumbo a ayes lastimeros que salen de la misma boca del miedo de perderme en algún lugar sin nombre, vivo las pesadillas entre mis propios demonios.

-Mira- esa sombra que está colgada en el closet-¿la ves?- la blanca- no la conozco, no tiene cara, un vestido blanco es lo único que veo de ella, algún día-me ha dicho-me revelará quien es y porqué está aquí. Espero pacientemente, no tengo prisa por saber quien es o deberé decir quién fue, pero creo adivinar, el dolor de perder el amor la dejó viviendo en sus miserias lastimosas de besos castos, desecho de su infortunio.

Dicen que en las noches cuando empiezo a dormir, mi mano cae al lado de la cama, los fantasmas que habitan debajo  corren para jalarme pero la sombra que está en mi cabecera las ahuyenta. Es mi madre, que no se ha ido porque sabe que necesito cuidados como cuando era niña y arropándome en sus brazos me calmaba todo mal. Quisiera que se fueran a descansar, que sepan que estaré bien pero no me hacen caso, quieren quedarse conmigo hasta que no necesite más cuidados. Dicen que soy yo la que no los deja ir, dicen tantas cosas... dicen tanto de mi que ya no sé si soy o dejé de ser.

-¿Ves ese ahí en la ventana?- es el fantasma de un hombre que murió cerca de casa. Un día pasé por ahí, caminando, sin darme cuenta estuve a punto de pisar su sombra que fue lo único que quedó de él después que en una noche de tormenta los coches le pasaron encima sin dar tiempo a despedirse de nada -¡Pobrecito!-dije en mis adentros, me escuchó y desde entonces está en mi recámara esperando la oportunidad de que me descuide para hacerse dueño de mi cuerpo y buscar los recuerdos que quedaron hechos pedazos junto con él, ya no se separa de mi. Su cuerpo como rompecabezas lo recoge a cada paso que da sin terminar de hacerlo nunca. Nunca, una palabra sin significado en el reino del no hay más.

Hay otros acechándome, esperando la oportunidad de llevarme con ellos pero no me dejo. Cuando empiezo a quedarme dormida, desde lo alto del hoyo negro en el que juego, veo como mi alma  cae sin gritar, sin hacer nada, al borde del precipicio, con la punta de los pies arañando el vacío, veo como caigo sin hacer nada por detenerme, siento cuando una mano me jala antes que desaparezca, eres tu que me detiene porque quieres tenerme junto a ti, -Aún no- me dices y agarrados de la mano nos vamos  a esa dimensión a la cual no pertenezco pero en la que me muevo sin miedo porque voy a tu lado.

Quiero regresar a mi mundo pero la nostalgia de dejar solos estos cuerpos sin alma me lo impide, añoro mi cuerpo, mis juegos, mi espíritu libre bailando en las sombras a la luz de tus ojos pero no es tiempo de irme, alguien que susurra en mis oídos dice que no es tiempo todavía. Sonriente me quedo junto a ti esperando llegue el canto de los pájaros que anuncian que la noche está terminando de irse pero veo en penumbras los ojos llameantes de un ser que no sé quien es pero que enojado se burla haciéndome creer que he ganado la batalla, -Ilusa de mi- la noche aún no ha terminado, una mano fría me agarra del pie para no dejarme ir, abro los ojos y la luz de la luna me señala el camino a un nuevo día, libre de espectros y sombras que habitan mi recámara y que por esta vez he salido airosa de sus garras.

No me hacen daño pero ya no quiero verlos, quiero vivir en el mundo real, quiero que al cerrar los ojos el único miedo que tenga sea al no despertar y formar parte de esa dimensión en la que están los vivos, el presente en mis días rosas, en el que las sombras son solo ropas colgadas.












jueves, 16 de junio de 2011

La Madame y sus muchachas

En lo alto de la escalera la madame veía todo lo que ocurría abajo, los clientes empezaban a llegar poco  a poco, las muchachas vestidas y arregladas esperaban en las mesas a que los clientes se acercaran. Le había costado mucho trabajo juntar a las mejores jóvenes de la región para que trabajaran en la casa, sin duda había escogido bien, todas reunían las características que la madame exigía para trabajar con ella... la mejor vendedora de caricias de los alrededores.

Los hombres se disputaban sus favores a golpes si fuera preciso, con la muerte si fuera necesario, la madame era una mujer fría y calculadora que usaba los hombres para su provecho, entre sábanas blancas y caricias compradas los hacía esclavos de su amor.

La Malquerida se hacía llamar, sobrenombre que había adquirido desde que tres hombres a los que tanto amó se habían ido para casarse con otras, la habían abandonado, no la querían lo suficiente para casarse con ella, ¨ a los hombres no les gustan las putas para madre de sus hijos¨ le dijo un día El Capitán Tintasangre, hombre llegado de mar adentro en un barco repleto de marineros mugrosos y malolientes que habían surcado los mares casi por un año sin haber tocado tierra. El capitán los había llevado a la casa de La Malquerida en premio a que no se sublevaran debido al largo tiempo de abstinencia que habían tenido.

Convertido en su confidente, se había vuelto amigo inseparable de la madame desde que supo que esta estaba enamorada de José Juan De la Garza y Garza, amigo y terrateniente del lugar que había sucumbido a sus encantos una noche en que su esposa descubrió -una vez más- que la había engañado con Joaquina, la sirvienta jovencita que había sido llevada por ella para ayudar en los quehaceres de la finca, en ese entonces, José Juan llegó a refugiarse a los brazos de La Malquerida como en las múltiples ocasiones en que la señora se enojaba cuando quedaban al descubierto sus infidelidades. Se encerraban por largas noches a dar rienda al amor salvaje que se tenían, de amores y desamores los dos estaban envueltos en un amor tormentoso que no tenía fin.

-Madame-dijo Pherro- guardaespaldas y fiel compañero de muchos años atrás, -el Dr. Gonzo, Destroyer y Fernando llegaron, ¿ a quién les mandamos? preguntó.
La madame recorrió el salón buscando quien estaba disponible, -manda a NTQVCA que los entretenga y sírveles bebidas fuertes para empezar a desplumarlos.
-Si madame-contestó Pherro- retirándose en el acto.

-Esos tres nos van a dejar muchas ganancias-dijo La Malquerida al capitán que no perdía detalle del suave vaivén de los turgentes pechos de la madame quien lo descubrió haciendo que este se sonrojara. Después de tanto tiempo, al capitán le sonrojaba que ella se diera cuenta del deseo que se escondía detrás de esos ojos fieros y que nada deseaba más que desvestirla y tenerla desnuda entre sus manos. Ya sabría lo que es tener un hombre entre las piernas, pensaba el capitán sin apartar la vista de su carnosos labios.

En un rincón oscuro del salón una pareja daba rienda suelta a su pasión, Dark Ángel y Úrsula Amaranta, se daban caricias que subían de tono sin importar que los vieran, las manos de él buscaban los pechos frondosos que quedaron al descubierto a un jalón del vestido negro que cayó a la cintura, haciendo que la boca de Dark se abalanzara sobre ellos ya sin control, la lujuria se había apoderado de los dos. Las manos de Úrsula presurosas bajaron el cierre del pantalón que se veía que iba explotar si no dejaban salir a la presa furiosa que se escondía debajo de ellos.

-Llévate a esos dos al apartado- dijo la Madame a Pherro que había regresado después de cumplir las órdenes de la madame.
Estaba fastidiado de ser el gato de la madame pero ya le había prometido que muy pronto eso se acabaría, cuando La Malquerida se fuera con el amor de su vida, se quedaría al frente del negocio en tanto ella volviera, esa esperanza hacía que el Pherro aguantara las órdenes de la señora sin chistar.

Cerca de la medianoche se abrió la puerta para dar paso a un enigmático caballero que llegaba a la misma hora todos los días, se sentaba en el rincón oscuro cerca de las escaleras, pedía una botella de whisky y se quedaba ahí hasta que la botella se acabara o hasta que borracho lo llevaran a dormir en el último cuarto de arriba, donde solo entraban los clientes distinguidos. Fototropismo se llamaba, un hombre tan enigmático como su nombre.

La Malquerida sentada con una copa en la mano,  cerraba los ojos para saborear los momentos en que José Juan la hacía dueña de su amor, las caricias candentes recorriéndole el cuello haciendo que los pezones se erigieran pidiendo la boca ávida de besos sin medida, la espalda empezaba a arquearse ofreciéndose en todo su esplendor al amante que no daba crédito a lo que sus ojos veían, desnuda ante sus ojos el cuerpo de la madame, blanco como la nieve se daba a él sin ningún reparo. La acariciaba con la punta de los dedos haciéndola retorcerse de placer, las piernas entreabiertas dejaban el camino libre a su miembro desbocado, las manos expertas del hombre sabían encontrar el punto exacto donde ella ya no era dueña de si, volverla loca con sus caricias era lo que a él lo excitaba, ver a esa mujer fuerte volverse una gatita entre sus manos, una y otra vez La Malquerida y José Juan se amaban sin dar tregua a sus cuerpos gozando de un amor prohibido.
Las noches de pasión se repetían una y otra vez dejándolos cansados pero felices, los dos habían encontrado caricias nuevas entre sus cuerpos, cada uno sabía la mejor forma de hacerse estallar sin medida.

La vida rutinaria seguía sin mayores problemas, salvo los clientes que daban problemas como OJT, que llegaba con paso firme cruzando el salón, dejando a todos sorprendidos, venía de lejos, el cansancio se reflejaba en su cara. La madame ordenó a Pherro a que le diera un trago de cortesía de manos de Siracusa que quedó prendada de él al instante, con la bebida en la mano se acercó, pero en un arrebato RoS la muchacha consentida de la madame se lo quitó, pero sin que nadie supiera de donde surgió Pinchesendic, jalándola de brazo la detuvo antes que le ofreciera la bebida, esos dos peleaban  por el amor de RoS, como siempre pasaba terminaba llevándolos del brazo al apartado donde ella atendía, de lo que ahí pasó dan cuenta las sábanas y paredes que guardan celosamente lo que ahí ocurrió.

Sin duda la madame estaba contenta del rumbo que había encontrado su vida, gozaba del amor de José Juan en una incertidumbre constante, tenía al fiel Pherro que daría la vida por ella, al capitán, gran amigo que estaba atento para ella aunque nunca su amor le perteneciera, La Malquerida, madame que creía haber encontrado el amor en brazos de José Juan, un amor que no era de ella pero no le importaba el goce que sentía cada que estaba con él pagaba la incertidumbre de no tener su amor para siempre, perdidos entre sábanas su amor duraría hasta que la noche acabara.