lunes, 10 de octubre de 2011
...c...u...e...r...d...a...s...
domingo, 9 de octubre de 2011
– El diablo?
– No, un demonio, nadie se hace llamar “el diablo” eso es muy “cliché”
– Entonces, eres un demonio? Y que haces realmente? Vienes a llevarte mi alma o a hacerme pagar por algo o a jugar con alguno de tus poderes para verme como sufro?
– Ok, entonces dime ahora si, que tal tu día? –Repitió la frase mecánicamente mientras de igual manera limpiaba nuevamente la barra
– Problemas y más problemas, este trabajo me está matando, ya no soporto a mi jefe y definitivamente no me pagan como debería, siento que cada vez hago más y que me rinde menos el dinero y…
– Eres un demonio, no deberías de tener como que un trabajo genial? Porque así como lo dices, pareces una persona ordinaria.
– Verás mi estimado y vulgar amigo, todos, dependiendo la perspectiva, somos ordinarios o geniales, por ejemplo, supermán en su planeta origen, hubiera sido un tipo común y corriente con un papá científico, pero según la historia, el cayó acá, y el tiene poderes y…
– Si, si, pero supermán no existe y…
– Entiende mi punto, mi vida es ordinaria, porque vivo entre demonios, no tan buenos como yo. Pero yo soy genial porque estoy frente a ti, y tu no eres un demonio, pero si tu te fueras al lugar donde están todos los demonios, seguro te verías genial o… Bueno no creo, pero la idea es esa, la perspectiva que nos damos nosotros mismos de ciertas situaciones.
– Entonces eres ordinario, aburrido y todo eso, pero algo puedes hacer como demonio, no? Algo mágico, fantasmal, algún hechizo… no?
– No soy un cirquero, no soy un mago, no soy una bruja, no se que quieras ver muchacho, pero si no me sirves mi siguiente trago, hare cosas feas con este mugroso bar
– Bebe– Dijo el camarero, mientras servía la bebida.
– Ya te dije que eres un pésimo camarero? Así no se le habla a un cliente y menos a uno de mi categoría– Dijo mientras se acomodaba el cuello de aquella camisa.
– Adelante, cuenta tu historia de esa canción– Dijo el camarero al demonio.
– Esa canción: hunting..
– Si, si, ya sabemos tooodos como se llama esa canción, no necesitas repetir el título, pareciera que está muy trillado, así que, si ya ambos sabemos que hablamos de esa canción, pásate el titulo y cuéntame la historia.
– Hay que ser menos amargado muchacho, te vas a morir joven… Verás, esa canción o ese pedazo de música es lo que nosotros los demonios musicales llamamos audio puro
– Ah si? Eres un demonio musical, o sea que cantas, compones melodías cual fauno?
– Algo te molesta de esa canción, y sé que es, pero, si, soy un demonio musical, y no es que ande cantando, pero soy del tipo de demonios que se gana la vida por medio de la música, ya sabes, los demonios tenemos que acarrear gente al pecado o a algún acto de locura insana para mantener satisfecho al de allá arriba– Dijo mientras apuntaba hacia abajo
– Si, hay demonios para todo, pero déjame contarte la maldita historia de una vez, no?
– Ok, ahora el del mal humor eres tú, pero bueno, cuenta la historia por favor.
– Ya voy a terminar. Como te dije, era mi primer trabajo, este tipo que no recuerdo como se llama, le llegó un momento lúcido y empezó a componer la canción, yo me senté al lado de el y escribíamos juntos, una nota el, una anti-nota yo...
– Lo que estaba escribiendo este tipo, era arte, y lo que yo estaba haciendo, era el mejor trabajo posible, la quinta sinfonía hubiera sido Arjona comparado con esta composición, pero...
– Maldita sea, siempre hay un pero– Dijo mientras se servía una porción de la misma bebida para el– Continúa por favor
– Pero como te dije, era mi primer trabajo, y quería dejar huella, impresionar al gran muchacho y a todos en general, entonces tenía que hacer lo que ningún otro había hecho, colocar mi obra maestra por delante y la obra maestra de aquel tipo como mensaje subliminal
– En serio hiciste eso? Pero, eso quiere decir que si en este momento, escucho esa canción al revés podré escuchar…
– No idiota, jamás le conté a nadie esto, cuando el organismo regulador de mensajes subliminales escucho lo que había como mensaje subliminal se dio cuenta que no servía de nada y nunca aprobó mi trabajo, no todas las canciones tienen mensajes subliminales.
– Pero no se dieron cuenta que la habías invertido?
– Claro que no, este órgano centralizado es tan burócrata que no se da 1 segundo para escuchar la canción en tu forma original.
– Ahora que lo mencionas esta melodía parece no tener principio o fin suena familiar y a su vez, siempre que la escucho, te deja esperando algo, tiene una sensación a nueces y espuma de mar, infinito y…
– Anda a contarle todos tus traumas maricas a Laura bozo, la canción no es eso, si tuvieras mis oídos serías capaz de disfrutar la melodía como es y no como una guitarra mal entonada.
– Puede ser…
– Además la canción original, dura mucho, alrededor de 10 minutos, por cuestiones comerciales, solo publicaron 2:10 minutos, los 2:10 minutos más comerciales para mi humilde opinión.
– Como sea, verás, mi historia de esta canción tiene que ver con mi padre que...
Cazando Osos

En la sinrazón de sus ojos
manipulo un instrumento
me mira ausente, carente y distante
juego con su palidez terrena
y escucho su silencio.
Mientras juego con él
me dice sin palabras que no
sus cuencas negras revelan lo que en mi vida fue
corriendo hacia atrás
tirando todas mis fichas a la primera.
El instrumento se dirige ahora a mí
tiene más sentido ahora
él me mira y saber que es mejor hacerlo así
sus cuencas negras miran y él sonríe
regreso a la tierra, donde mi motivo nació.
viernes, 7 de octubre de 2011
Efeméride

Un día nublado de octubre, tal como hoy pero hace un par de años decidí deprimirme. Desde entonces cada año lo cumplo sin falta, el levantarme tarde, llegar a trabajar a deshoras y sin bañarme, no comer, beber más alcohol del que realmente quiero, pasar los fines de semana con las cortinas cerradas viendo apenas la diferencia entre el día y la noche. Todo termina cada ocasión de manera diferente, lo que me hace esperar el final con tremenda curisiosidad. Algunas veces en el hospital con continuos ataques de ansiedad. Otras sin dinero y sin alcohol, no queda más remedio que trabajar. De aquella vez que se enfermó mi mejor amigo y por solidaridad olvidé lo mío para irle a rescatar.
Este año estoy ligeramente preocupada, vamos casi a final de mes y de la depresión nada, exceso de sexo supongo yo, será cosa de poner aquella canción de Radiohead para cambiar de percepción. ¿A dónde va a parar el mundo si es uno incapaz de deprimirse otra vez?
jueves, 6 de octubre de 2011
De George Thorogood a Radiohead
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miércoles, 5 de octubre de 2011
Fiesta en Chucándiro

Sonó el teléfono en casa de los Alvírez. Rosita emocionada fue a contestar, ya le habían dicho que Sergio acababa de regresar al pueblo, y efectivamente, era él. Una lluvia de mariposas se concentró en su vientre, ya más de diez años los habían sepultado, pero Sergio, su amor de secundaria, cumplía la promesa de volver.
-Bueno –contestó nerviosa.
-¡Hey, nena! –sonó Sergio con voz diferente.
-¡Parece increíble que hayas regresado! –sentenció ella– no creí que...
-Te dije que algún día volvería –la interrumpió– y muero de ganas por verte.
-Hoy hay fiesta en la plazuela, ¿vamos? –dijo Rosita–, esta noche tocará Banda Barranquitas.
-¿Con qué se come eso? –burlonamente contestó él.
-Vaya, veo que has olvidado la música con que me enamoraste.
-No me hagas caso, paso por ti a las ocho, bonita.
Y ambos colgaron. Ella corrió al clóset, buscó entre sus prendas un coqueto vestido, y mentalmente eligió zapatillas y bolso. Se sentó en el borde de la cama y, como diapositivas, desfilaron los recuerdos en su corazón: Ellos, amándose la vida entera. Un primer beso. Sergio buscando un mejor futuro. Mojando la suerte. El adiós, la promesa de los dólares, de casarse... de contarse en plural toda la vida.
Pero al oirle, esas ilusiones almacenadas perdieron sentido, fue como si hablara con otro, con un Sergio diferente, con un fuereño, de esos que llegaban al pueblo a comprar ollas de barro, o como los gabachos que año tras año volvían para presumir sus camionetas de lujo rotuladas con el nombre de los hijos.
Lo sintió diferente pero sacudió esas ideas cuando, más tarde, le llamó Consuelo para saber qué tan cierto era el rumor de que Sergio andaba por el pueblo. Ambas amigas se pusieron de acuerdo para verse, junto con todos los habitantes de Chucándiro, en la plazuela.
Llegó la noche y con ella Sergio, Rosita abrió la puerta: enmudeció. Se vieron por minutos, tal vez por horas. Reconocerse les llevó su tiempo, pero a pesar de los años, en las miradas aún había restos de amor, y eso les bastó. Se tomaron de la mano y partieron rumbo a la plaza.
En el camino él le mostró su iPod, de su listado de canciones ella no reconoció ninguna.
-Cuando escucho esta, pienso en ti –comentó Sergio.
-Jun- tin be-ar –deletró ella– ¿y qué dice?
-Nada... sólo me hace pensar en ti, en la tristeza de extrañarte, en mis días a solas, en estar sin lo que fuimos ¿quieres escucharla? Te la dedico.
-Bueno –aceptó ella
Pasados los segundos se retiró los audífonos.
-A mí nada me dice, sólo me hace doler la cabeza.
Él se encogió de hombros, y siguió caminando de la mano de Rosita.
Cuando llegaron al jardín principal, el jolgorio estaba a su máximo esplendor, las parejas ya se habían formado en torno al kiosko y la banda comenzaba a tocar; por allá, Conchita y Rubén Pereira sentados en una banca; en la explanada, Carmen y Lupe esperaban quién las sacara a bailar; desde un improvisado puesto, Teresita de Jesus II, reina de la feria, vendía besos a cuarenta pesos para cooperar con la reconstrucción del templo, claro que estos eran de a piquito; y para completar el cuadro, vendedores de dulces y antojitos se apilaban en los alrededores inundando de aromas el festejo.
-¿Vamos por algo de tomar? –le preguntó Sergio a Rosita.
-Sí, a doña Eduviges le queda muy buena el agua de horchata.
-¿Agua? agua de horchata bebíamos en la secundaria, yo había pensado en una cerveza.
-Pues yo no he cambiado mucho –respondió ella– sigo siendo la misma muchacha.
-No me hagas caso, es que...
-Es que eres un turista, ya ni a Banda Barranquitas reconoces, eres un turista en tu pueblo –lo interrumpió Rosita.
-Ellos tampoco me reconocieron
-Tampoco te reconozco yo. Eres demasiado turista para mí, prefiero al Sergio de mis recuerdos.
Entonces tomó su bolso, pasó al puesto de doña Eduviges y regresó a su casa con una sonrisa triste, mientras bebía agua de horchata, pensaba en lo terrible que era que a una muchacha de pueblo le dedicaran Juntin bear.
martes, 4 de octubre de 2011
Hipster
Resquebrajada
La teoría del abrigo

lunes, 3 de octubre de 2011
Diario de un Manicomio. Capitulos II-IV
Los últimos días estuve muy ocupada con unas personas que se llaman "doctores". Ellos piensan que algo esta mal conmigo porque me dan pastillas y jarabes y me meten cosas por todos lados. A mí no me gusta eso, pero mi mama me dijo que debía de hacer todo lo que me dijeran. Ella sabe lo que es lo mejor para mí.
El hotel es muy bonito. Me dieron un cuarto especial: Tiene paredes suaves, donde puedo jugar tooodo el día. Me aviento de un lado a otro, y cuando me canso, puedo tirarme al suelo, ya que este también es suave. Los doctores dicen que es un cuarto acolchado. Además, el comedor (aquí le llaman "La Nave" ) tienen unas mesas grandes grandes, donde se sienta mucha gente. Mis compañeros de mesa siempre son los mismos: Un señor que no habla y se golpea la nariz con el tenedor, una chica de como veinte años que puede hablar con los gatos y un anciano que dice que le robaron el alma. Son muy divertidos aunque casi no me hablan. Pienso que es porque soy nueva. Ya se les pasara.
Aún no puedo salir a jugar al patio. Dicen que es peligroso. Puedo herir a alguien. ¿Pero que puede hacerles una niñita a toda esa gente? aún no lo entiendo. Algún día me escaparé y jugaré en el patio con los demas. Aunque no veo muchos niños por aquí. Tal vez también estén jugando en sus cuartos especiales.
Bueno es hora de irme a dormir. Aquí se apagan las luces automáticamente a las nueve de la noche. Todo es tan moderno.
Con Amor,
Alicia.
Querido diario:
Últimamente las cosas no han salido muy bien. Uno de esos "doctores" me ha puesto una camisa muy fea. Tiene una mangas muy largas que cuando me las ponen las amarran por atrás y no me deja mover las manos. Creo que se enojaron porque le pegue al señor que se pegaba con el tenedor. Es que una vez pude salir al patio y el señor estaba detrás de mi, siguiéndome a todos lados a donde iba. Eso me daba miedo. Por eso le quite su tenedor y se lo clave en el ojo. Y después me fui corriendo.
Yo creo que eso los hizo enojar. Dicen que me llevarán a una "celda de castigo". ¿Por qué me castigan si no eh echo nada malo? Nada más me defendí. Lo bueno es que no me quitaron mi libreta. Pero dicen que no me van a dejar salir de mi cuarto especial. Hasta que se me halla pasado. ¿Qué se me va a pasar? No lo entiendo.
Con Cariño,
Sandy.
Después de dos semanas por fin me han dejado salir. Estos malditos doctores me encerraron por lo del tenedor. Solamente me daban de comer pan duro y agua. Y me mojaron con una manguera. El agua estaba friísima y yo no tenia ropa. Me puse a llorar y eso no les importo. Me la van a pagar esos "doctores".
Otra cosa que se me hace raro es que mi mamá no haya venido a visitarme. Se supone que vendría la semana pasada y ni sus luces. Me da mucho miedo pensar que algo le haya pasado. También extraño mucho a mi papí. Extraño cuando me bañaba con él. Y el me enjabonaba todo mi cuerpecito. Era nuestro secretito decía. Y luego cuando llegaba mi mamá, corríamos y nos escondíamos. Salia el primero y le decía que me estaba buscando. Y después me encontraba y nos poníamos a jugar a otras cosas. Era muy lindo.
Con Amor,
Mary.






