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domingo, 3 de julio de 2011

Una de esas legendarias...

Esta era una de esas reuniones a las que nadie quería faltar, toda la banda estaba presente y sabía que ella iba a ir!!!
Todos llegamos a buena hora para empezar la ingesta desde temprano, organizada con la clásica “vaca”, donde sólo hacía falta un lugar amplio, unas cuantas mesas y un estéreo aceptable para poner la música y armar el desmadre…
Era una época gloriosa, juventud, ganas de vivir, de aprender, de los primeros intentos de amar, pero sobre todo, de hacer muchas pendejadas, tomar hasta terminar fulminados, gastar lo mucho o poco que le podíamos sacar a nuestros padres para dejarlo todo regado en forma de vómito, pelear a la menor provocación, intentar robar unos besos envinados y si se podía, un fajesote y ya los más afortunados hasta un acostón…
Iniciamos la tarde con el 13 de Blur, el Be Here Now de Oasis, el OK Computer de Radiohead, repitiendo miles de veces Clint Eastwood de Gorillaz, muy fresón aun, al más puro estilo de la escuela mientras le dábamos fuego a los tacos de canasta… ya cuando estábamos más desinhibidos empezábamos a mamonear con banda y yo me adueñé un rato del estéreo para poner mil veces la de costumbres de aquel disco homenaje a Juan Gabriel con la chingonsísima voz de Julio Preciado…
Mucha cerveza para empezar, luego las botellas de legítima procedencia, no muy finas, pero sí más seguras... serían como las 6 de la tarde cuando se empezaron a aislar los grupos, en un lado, muchos jugando futbol-prenda, por cada gol recibido, el equipo tenía que quitarse algo y así hasta terminar todos en calzones… casi todas las morras estaban ahí bien prendidas, incluida aquella pinche escuincla por la que hasta estrené camisa…
En otros montones, los de cuarto año emocionados por su primer gran peda mítica y los de áreas con sus pláticas de “gente grande”… pero en ese momento como que esos me valían madre, yo tenía mi mente y mis ojos puestos en esa méndiga que se hacía del rogar y coqueteaba con otro pendejo…
En algún momento mi mejor amigo de toda la vida y yo nos escapamos a dar una larga caminata con un par de niñas que se llaman Nancy a ver que les sacábamos… después de una rogadita de 2 horas y empedarlas más de lo que estaban por fin obtuvimos el anhelado premio, pero… intercambiamos Nancys… el con la que yo quería y yo con la que el quería, total, solo eran unos besos!!!
De regreso, ya muchos se habían ido y quedamos el selecto grupo de borrachos extremos bien conocidos para ya poner el asunto más salvaje…
Nos contaban que hubo de todo, rompimientos, nuevas parejitas, madrazos, botellazos, risas, todos los ingredientes necesarios para que una peda en verdad fuera peda…
Llegó la hora de sacar una botella de “tequila” de cinco litros que le compré a un nerdoso por la módica cantidad de 60 pesos…
Para esto, por andar siempre de pedo, ni me acordé de la morra por la que fui, total, ya ni me importaba, lo que contaba era embrutecernos aún más!!!
Como a las 4 de la mañana nos corrieron de la casa del amigo donde nos embrutecíamos ya que nuestra plática llegó a oídos de su santa madre y no le gustó lo que escuchó…
Otra chava afortunadamente nos dio asilo, porque ese pueblo estaba medio lejos y era difícil salir… en gratitud a su hospitalidad, acabamos pedísimos y el cuarto donde nos acomodó terminó hecho un asco, no sin antes llevarse una dosis de besuqueada por parte de mi pinche mejor amigo…
Las leyendas surgidas esa noche se siguen recordando en las reuniones periódicas que tenemos con esa vieja banda y más aquella donde la morra esta se quedó esperando a que me le acercara para que ya me diera el sí...
Chingada madre!!!
Extraño mis 17 añitos!!!

CRUDA REALIDAD



Cuando Marcos despertó esa mañana, no recordaba nada, un fuerte dolor de cabeza y un sol asesino que se filtraba por la ventana no le permitían abrir los ojos, menos pensar con claridad. La boca le apestaba a cenicero y a mezcal barato, todo le dolía.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, se incorporó lentamente sentándose pesadamente a la orilla de la cama. Mirando pesadamente los posters en las paredes, el tapete desgastado y una gran pantalla del otro lado. ¿Dónde estoy? Se preguntó.
Apesadumbrado, intentó incorporarse, mas con el pie derribó una botella, haciendo un ruido que trató inútilmente de contener. -Shhhhh –le dijo tratando de callarla, pero al levantarla se dio cuenta de su desnudes.

Una voz masculina le gritó desde el otro lado de la casa: -Amor, ya te levantaste, ven a desayunar. 

-¿Qué?, ¿Qué hice?, ¿Qué paso?  –Se repetía Marcos una y otra vez sin atinar a responderse. Tenía hambre, el olor a chilaquiles y café era tentador, pero no se atrevía a asomarse para no enfrentar su homofobia que, al parecer, había quedado en esa cama desvirgada.

Se sentó en un rincón a pensar en la noche anterior, pero no recordaba nada, el alcohol le había producido una gran laguna mental, sólo se acordaba de haber llegado a la fiesta en casa de Dolores, donde se reunirían todos los amigos de la prepa, a quienes hace casi veinte años no veía. Esperaba con ansiedad volver a ver a Milagros, su novia de aquel entonces y en cuyos brazos despertó un día hecho hombre. 

Recordaba haber visto llegar a sus amigos, que ahora con canas, calvas y barrigas le echaban “carrilla”. Las “chicas” también lucían sus cuarentas, unas más dejadas que otras, excepto Milagros que aun lucía una figura tan sensual como a los veinte; eso provocó en él las mismas mariposas de la juventud. La cena, el brindis, la música ochentera, todo transcurría entre anécdotas, recuerdos y bromas.

Se acordó que fue a perseguir a Milagros hasta la cocina, tratando de aislarla para platicar con ella, ardía en deseos de estar a su lado, de recuperarla, pero recordó también cada una de las palabras de ella rechazándolo por estar felizmente casada.

-Esa fue la puñalada que me orilló a beber como cosaco –se dijo Marcos disculpándose. Riendo como tonto.

De pronto se abrió la puerta. Sólo atinó a cubrirse un poco.  -¿Se puede?  amorcito. –Se escuchó la misma voz del caballero, mientras pasaba lentamente con una charola de alimentos.  -¡Jorge! ¿Eres tu Jorge?   

-Claro wey a quién esperabas  –dijo riéndose a carcajadas– deberías ver tu cara, a poco si creíste que te habías metido con otro wey…jajaja.   –Marcos entre apenado y molesto no atinaba qué hacer.

Qué peda te pusiste cabrón, jajaja. Te traje arrastrando.  La fiesta se te acabó temprano, apenas eran las once y tú ya estabas de mala copa. 

-¿Qué paso? ¿Qué hice? –Preguntó Marcos .

-¿Antes o después de que la Mili te bateara?

-Antes.

 -Te enojaste y agarraste una botella de mezcal, le comenzaste a decir de cosas hasta que los muchachos te callaron, por las malas, por cierto.  Después te peleaste con “El patas”, con “El loco” y con “El feo”

-¿Con los tres? 

-Sí, hasta te les aventaste de la mesa diciéndoles que eras Rey Misterio, Jajaja.  Obviamente perdiste, pero eso no fue lo peor  –dijo Jorge.

-¿Hubo algo peor? –preguntó Marcos rojo de vergüenza.

-Pues como la Milagros no te peló,  te quisiste desquitar con lo que fuera…

-¿Y?

-Que te subes a la mesa a hacer striptease hasta que la Dolores te corrió de su casa. Afuera empezaste a gritar hasta que llegó la poli, te pusiste necio y comenzaste a decir babosadas, después te llevaron al bote. Total que pagué tu fianza y te traje para acá.

-Gracias Jorge.

 -Naaá, para qué son los amigos.

-Sólo te pido que no se lo cuentes  a nadie.

-No mi Fua para qué se los cuento, si ya eres el rey del “youtube”.

Paraíso mingitorial



Bailan. Beben. Se necesitan y se tienen unos a otros. Hacen el amor entre los pasillos. Amontonados en espacios diminutos. Humo. Empañan ventanas que no se abren. Mujeres de rostros lobunos que abren las piernas para alcanzar los compases de una hipnotizante -idiotizante-, melodía. Sudor frío y caliente también. Luces que parpadean. Humo. Gemidos que claman dolor. Humo. Humo. Cuerpos que han caído en una batalla que ya no van a ganar. Me parece todo muy divertido, también me parece muy cordial.
Yo también debería empañar ventanas y amontonarme con alguien, pero mis necedades primarias me mandaron al final de la hilera para alcanzar el baño. Pienso en agua y en faldas. En faldas bañadas en agua, -que sea agua sucia-. La vejiga se entumece y amenaza con reventar al menor movimiento. Éstas son las cosas que le pasan a las personas que no pertenecemos al gremio, al grupo, a los que sí deben estar aquí. A mi sólo me va a tocar tener un accidente de vuelta a casa o voy a vomitar aquí mismo o me voy a meter entre las bragas ladillosas de mi mala suerte.
¿Qué hacen allí adentro? ¿no les bastan los pasillos? ¿no pueden dejar un lugar para mear a gusto? ¿tienen que venir a escupir su sexualidad aquí también?
Tal ves silbar ayude a olvidar la furia contenida. Lo intento, pero intentar seguir la melodía de los gemidos en el aire no sirve. Me retuerzo en mi cómodo lugar. Alguien me mira a tres o cuatro personas de distancia. sonríe dejando ver sus dientes y su lengua amarilla. Se ríe de mi, yo también lo haría.
Enciendo un cigarrillo mientras dejo que mis pies su muevan para encontrar ese espacio vacío que se forma frente a mi cada vez que la persona que se encuentra en el fondo desaparece a través de la puerta anhelada para convertirse en una deidad. Eso sucede cuando desaparecen en el umbral que divide a los desgraciados de éste lado, de los inmortales que viven dentro de ese paraíso mingitorial.
Un momento. Un respiro. Otro golpe al pecho. Era la bestia que me acusaba. Estaba embrutecida y bramaba exigiendo alivio. Sus ojos como piedras volcánicas y el aliento a humedad. Me odiaba y yo la odiaba a ella. Dominaba su espacio y el mío. Un par de patadas al piso. Embistió. Me vi en la necesidad de correr. Ir a la calle para buscar un espacio en el que pudiera esconderme. Entre los faros tal vez, ese pequeño espacio de obscuridad que todavía le pertenece a la noche. Pero no pude moverme, ya no podía hacerlo. El cigarrillo de había terminado y yo también. La puerta ya estaba a mi alcance, ese lugar del que ya se había profetizado. Ese lugar que ya se había prometido. No pude llegar, morí antes.
La bestia viro hacía mi más rápido de lo que mis reflejos me permitían moverme. Enmudecí cuando me alcanzó. Corneó mi espalda y me levantó en el aire. Las personas se seguían abalanzando unas sobre otras, me recordaron a las ratas de Hamelín. Reían y se retorcían, chocaban sus lenguas como si su vida dependiera de eso. Yo intentaba explicarles pero no escuchaban. Mis gritos eran mudos. Mi angustia pronto se convirtió en alivio. Ahora era yo el que reía.
Cuando llegué a la puerta del baño, ya era demasiado tarde. Ya no había peligro. No hay nada peor que ese momento cuando ya es demasiado tarde. Creo que lloré.
Me voy a casa, seguro vomito en el camino.

ETERNO RETORNO
El show debe continuar

Las alturas de los Andes son como ninguna otra que hayas visto antes. No por sus paisajes, ya que uno bello encuentras hasta en el planeta rojo, sino por su forma de ver las cosas.

Antes de llegar al boquerón del Padre Abad, mucho antes, se encuentra el pueblito de Ortos. Abre paréntesis.

Guía Turística del pueblo de Ortos en la localidad de Pingay
Este llamativo pueblo se encuentra a 548 Km de la ciudad de Lima en un viaje que dura 2 días rumbo a la ciudad de Pucallpa, en el extremo oriental de la República Bananera del Perú. Su clima no es benevolente, menos benévolo; muy al contrario es hostil, pero vale la pena tanta hostilidad para contemplar semejante belleza. Su espectacular paisaje consta de profundos nevados recubiertos de un manto de nubes notablemente blancas, al otro lado se vislumbra densa neblina que encubre una selva lluviosa en su interior. Con panorama como ese, las puertas del cielo ya no tienen nombre. El pueblo en sí es un retablo viviente, los retablos son artesanías propias de alta montaña, coloridos y florales; de igual manera, Ortos es un retablo gigante donde cada casa está hermosamente pintada al mejor estilo andino. En cuanto a la gastronomía, las sopas ponen la hora con consistencia y contundencia. No olvidar a la pachamanca, carnes y tubérculos con exquisitas especies cocinadas bajo tierra literalmente, gracias al magma que brota de sus entrañas. Las festividades son folclóricas y la más destacada es La Itinerante, cuya fecha no depende de ningún calendario sino de la misma providencia. Así pues, ¡Qué esperas para visitar Ortos! Y no olvides traer un orto de plata.
Municipio de Ortos

Cierra paréntesis. Este pueblito es muy peculiar pues existe entre ellos una noción del eterno retorno. La gente no tiene años, miden sus edades de acuerdo a su productividad; tanto los niños como los viejos no tienen edad, la mayoría de edad sólo se alcanza en el momento más pleno de sus capacidades tanto físicas como intelectuales. Sus recorridos no los basan en distancias sino en esfuerzo, ya que no es lo mismo ir monte arriba que monte abajo. Entre ellos no rige ni papel moneda ni moneda, sus transacciones económicas las realizan en el marco de la reciprocidad; de esta manera, la diferencia entre lo tuyo y mío se diluye en el nuestro. Pareciere todo prestado, pero simplemente es la visión cíclica que los domina.

Me olvidaba, en cuanto al tema de la semana: Fiesta. Hay una en el pueblito de Ortos que ejemplifica jodidamente el eterno retorno, se llama La Itinerante. Esta sucede en cualquier momento, sólo depende de la muerte de un neonato. Los pueblerinos tienen la creencia que cuando un bebe fallece, este se convierte en ángel guardián de toda la comunidad, así que hay que celebrarlo a lo grande; después del bacanal que se meten, entierran al finadito con todo el dinero recaudado del turismo, para que les traiga prosperidad.

Colorín colorado, este cuento se ha cagado.

sábado, 2 de julio de 2011

Asfixia




Y así, la fiesta empezó, la música suena y suena, amplios catálogos revisados, nos gustan nuestras fiestas especiales, donde escuchamos por igual a David Bowie y la Sonora Santanera en la época de Sonia López. El vino se acaba y los tabacos rápido forman montañitas que vamos guardando en bolsas amarillas distintivas de nuestros suministradores de enseres fiesteros y es que eso es esto, una fiesta, imágenes y música, risas y llantos. Porque así sucede en cualquier celebración que se precie de serlo. Llega un momento en que la plática se pausa, así que nos paramos y te tomo de la mano y comienzo a moverme como si de verdad supiera bailar esos tiernos, lentos y eternos bailes de pareja. Tú sonríes y me rodeas con el brazo y la mirada en tus ojos refleja los míos y tu sonrisa es esa tan plena que no permites que olvide. Bailamos tendido y te sientas junto a mí, de nuevo a brindar por nosotros, de nuevo a mirar la noche despejada y sus estrellas, el lienzo de palabras poéticas en el que mi pecho alcoholizado y feliz, deja caer palabras que riman, palabras bellas y palabras que dicen tu nombre. Sonríes y me abrazas, me disfrutas así y no reconozco a nadie tan feliz como nosotros. Apoyas tu cabeza en mi pecho mientras tomas esas cartas que te escribí, esas cartas modernas en papelitos de colores, los pequeños trozos de servilleta donde dejé tu nombre plasmado, firmándolo como poesía que viaja en actas, identificaciones y documentos oficiales, porque todo lo que lleva tu nombre es bello y me inspira. Me platicas esas anécdotas en las que te reías tanto con mis payasadas y nos volvemos a reír y también esas anécdotas donde tú me hacías reír con tus ocurrencias y nos reímos otra vez por eso. No hay más vino pero hay felicidad y algunas cervezas muy frías, las chocamos y bebemos, porque hoy es nuestra fiesta, hoy nuestro recuerdo se remonta a esas épocas en las que nos conocimos y nos miramos por primera vez. Te descubrí poco después, porque el amor puede nacer y puede crecer. Es el momento en que las primeras lágrimas van a dar al piso, es que te veo bostezar y no es para menos. El cielo comienza a tener un pequeño resplandor, un aviso de que está por amanecer y de que la fiesta se ha extendido. ¿A quién hemos molestado? A nadie, nuestras risas han sido de gusto y felicidad, nuestro llanto de añoranza y nostalgia, nuestra música no ha sonado tan alto y aún así, ha tenido todas esas notas y timbres que sólo la música interpretada con sentimiento y ánimo puede tener. ¿A quién pudimos molestar? Somos como las aves de la mañana que te buscan despertar con la mejor de las notas, así como tú me haces despertar diciendo mi nombre, que nunca sonó tan bello hasta que lo pronunciaste la primera vez y es que no me he dado cuenta que caí a la cama rendido, vestido y con una sonrisa enorme, te abracé y tú me abrazaste y en un beso fundido nos llevaron las sombras a soñar uno con otro.

Ya es tarde, me duele la cabeza, mi garganta está cerrada, mi boca sabe amarga y apenas puedo caminar derecho. Ya amaneció, ya es medio día y hoy como todos los días, no estás… hasta la próxima fiesta.

viernes, 1 de julio de 2011

La fiesta no termina




Luego de la lluvia, el sol comienza a abrirse paso entre las nubes, insinuándose tibiamente. Veinticuatro horas de tormenta, terminan en pesado sopor, humedad volviéndose vapor, el calor parece una garra que asfixia, pero aún en este ambiente, todas las formas de vida empiezan a moverse. Hormigas reanudan su interminable cadena de ida y vuelta, grillos escondidos dejan oír sus monótonas notas, parvadas de palomas suben y bajan, removiéndose el letargo, los perros se sacuden el agua y la pereza, los girasoles se estiran, dando la cara al sol que se escondía, pétalos perlados arrojan su fragancia al viento, esencia invisible de la vida, dispersándose en medio de luz y olores. Una multitud de flores, proyectan su belleza entre el azul del cielo, tensan el arco de colores; de un lado doncellas de etéreos aromas, al otro extremo un reino de verdor, domina en rededor. Hadas del bosque salen a la hora del crepúsculo, asisten a sus clases de canto bajo la tutela de las aves, refrescan la garganta, bebiendo rocío de las plantas; el viento participa ululando entre los árboles. La luz se despide coloreando nubes que coronan las cumbres, murmullo de ríos se une al bullicio de trinos, aullidos, canto de gallos, apacibles mugidos y el silencio que viene apersonándose, en la oración de la tarde. Muy pálida antes del reflejo, la luna se asoma, un paso por segundo, dando espacio a su sequito de luces titilantes, remotas pero permanentes.  El día y la noche, cumpliendo su pacto tácito, se reparten los hemisferios del firmamento. Centinelas de fija mirada, otean en la oscuridad; la fiesta, por unas horas, duerme en paz.

jueves, 30 de junio de 2011

El tiempo de las cerezas*

¿Porqué en lugar de imaginar con esta lluvia pertinaz que el cielo esta llorando, porqué no pensar que está de fiesta? sería ver el lado bueno de la lluvia.

He dado tantas vueltas sobre qué escribir acerca del tema de la semana, pero imagino que ser retraída y poco social me limita, ni siquiera en mis juventudes rebeldes asistí a ningún lado donde hubiera reuniones.  Quizás para muchos eso no es vivir, pero la manera solitaria en la que me movía podía ponerme muy contenta, es lo que me gustaba... es lo que me gusta. Escuchar música, leer un libro, beber un chorrito de tequila para que la nostalgia no arruinara la fiesta que armaba para mi solita.

¿Qué es una fiesta me he preguntado?

Una fiesta es escuchar música a volumen bajo, platicando con mi familia, con los amigos, de anécdotas, bebiendo tequila, fumando y dándonos palmaditas en señal de aprecio. Brindar con cerveza por la dicha de vernos reunidos.

Cantar poco a poco, quedito primero canciones que nos llegan al corazón, que al voltear a vernos nos identifiquemos con algún recuerdo sublime y poco a poco ir subiendo el sonido de nuestra voz para que sin pena cantemos canciones de adoloridos sin importar que nunca hayamos tenido una decepción semejante, el momento lo gozamos.

¿Bailar? no se nos da mucho el baile, somos de familia con dos pies izquierdos que al hacerlo parecemos elefantes con reumas, así que lo cambiamos por cantos que lleguen al corazón y que nos hagan sentir cercanos a lo que somos... una familia muégano sin dejar de ser independientes.

El teclado le pone calor al ambiente y reímos al ver que no sabemos ni una melodía completa, eso es fiesta para mi, arrancarle quejidos a la guitarra porque no la sabemos tocar pero como nos gusta hacerle cosquillas y que cante desentonada con nosotros.

En días de lluvia, las reuniones se ponen mejor, el frío de afuera lo quitamos con risas y abrazos que nos damos como si fuera el último día.

Hoy al despertar he pensado que las gotas bajan en paracaídas a alegrar la tierra que está ávida de agua, las plantas del jardín, los árboles, el pasto, se han puesto tan verdes porque al fin el cielo les ha quitado la sed, incluso la planta de hoja elegante ha recobrado su color, la cambié de lugar, se enojó, se puso amarilla y se estaba muriendo. No... no estoy loca, la hoja elegante ha resurgido después de regresarla a su sitio, es como yo, volver a los orígenes para recordar quien soy, volver a ser lo que fui con las hojitas un poco amarillas y marchitas pero al final sigo siendo la misma.

Salí en la mañana sin cubrirme, quería sentir las gotas cayendo en mi cabeza, sentir como resbalaban por mi cara hasta llegar a la boca. Brinqué en los charcos haciendo reír a mi hijo, se me han mojado los calcetines y la ropa, he tenido que meterme bajo otra lluvia pero esta vez de agua caliente para no enfermarme.

He empezado mi fiesta particular, como las de antes en donde sentarme a tomar una taza de café, escuchar la melodía que hoy por hoy me trae recuerdos y me hace sonreír por los momentos vividos me remonta a la casita donde nací. La he repetido tanto que los vecinos me han de soñar, qué importa, estoy siendo bendecida por un momento de felicidad que la lluvia y la soledad me han traído

Este día, he recordado que la fiesta no sólo es ruido, también son momentos en los que ser feliz es lo único que importa, como hoy... como ayer, como el sábado que viene puedo serlo, como debo ser sin dejar que la melancolía reviente los globos de mi dicha.













*Melodía de Enrique Bunbury

miércoles, 29 de junio de 2011

Mirando adentro


Cielo nublado por nubes pasajeras desde afuera,
tus brazos en candado fuerte, enterrando como ataúd mi inútil voz.
Y me caigo terriblemente desde tu corazón hasta al suelo,
yo no sirvo en el suelo,
ni a la distancia, donde tus ojos no me encuentran,
ni más allá de tus palabras, cuando llamas por mi nombre al cuerpo,
¡Qué ganas de festejarte nuevamente tengo yo!
¡Qué ganas de celebrarte como algo cierto!
Como la extasiada visión de algún profeta hecha nudo y carne,
extraña, como la primer lágrima de la montaña antes de ser cascada,
cayendo desde ti hacia mis brazos, simplemente aquí, en este frío cuarto,
¡Qué ganas de ti en mí!, de brindarte en una copa, beberte, aniquilarte,
agua de tu calma encendida, consumiendo las ansias de ser luz y alumbrarnos,
¿Y qué importa que no haya mas invitados?
¿Quién los necesita?
Aquí hay sangre que pregunta por ti, aves revoloteando.
Sólo necesito rezarte desde el pecho hasta tu oído,
celebrando que tus labios, simples y agrietados,
han sembrado ecos en mi bajo vientre.
Es que siempre es necesario bebernos todos esos minutos amargos,
agotando esas llamas de poesía hecha en sigilo, untada por las manos.
Hoy quiero brindar sin lágrimas, sin alegatos,
evitar la pesadumbre de un invierno venidero,
¡Salud por ti y por mí!
Salud por todo este silencio unido a nuestras bocas,
deseando (sin decir) que esto sea permanente.

Sin asunto



…Sin embargo llegan, y se adentran en mis ojos, los mismos que fuertemente intentan no dejar escapar un mar de recuerdos, donde tú y yo somos simples náufragos que espantados por las olas dieron con tierra entre sus pasos, dos extraños cantándole a la arena, un nostálgico recuerdo de sal, unas voces rezándole a la noche.
Nacer, seguir, intentar, fallar, seguir intentando un año más, cumplir años, alargar las metas, y festejar que aún no somos nada de lo que soñamos, andar donde no queremos, siempre extrañando a aquellos que ya están lejos, que aunque quieran y no, ya tienen morada fija en el corazón. Un cuartito de limón y nada más que un trago de tequila para olvidar los deseos que contrariadamente atentan contra la razón, un trago más de licor y brindar de nuevo por ti… por ellos.
…Y es que quizá tengas razón, quizá yo soy simple y burda tierra, un algo enrarecido, seco, que se quiebra, sin embargo siendo tierra tú eres mar, donde mis recuerdos más húmedos nacen y vuelven... te procuro.
Siempre fallo, tercamente fallo y es algo raro encontrarle el gusto a esto, al dolor de la distancia, letras de motivo fuerte que no llegarán, que aquí se quedan como muda confesión de mi mejor recuerdo.
Embriaguemos más los sueños y que el cuerpo ya no mienta, me embriagaré de letras por la noche, y arrojaré mi cuerpo junto con estas letras al olvido.

Espero que hoy me lea.

Se hizo tarde


Este es un intento, amigo, una carta que teme ser leída. Se me hizo tarde, lo sé, ya varios años nos han sepultado. Fui perdiéndote y no busco solución.
Contesto deseando que estas palabras se pierdan por la red, que hayas olvidado tu contraseña o cambiado la dirección de tu e-mail.
En tu último mensaje me invitabas a tu cumpleaños, pero sobre todo, a volver: ¿Sólo dime cuándo… cuándo ya por fin nos veremos? Ese día cerré mi Facebook.
Era más fácil vivirnos tras la pantalla, ¡por qué tenías que sacudirme si sabes que me aterra volver!, todo era cómodo, un clic, luego otro, subir fotos, blabladerías, agregar a cien extraños. Escribir, esperar una respuesta. Respirar quedito. Si dejaba de actualizar entonces estaba muerta, no existía en el mundo. Amarnos era sencillo, pero tu sola propuesta me hizo temblar.
Yo no sé de regresos. Te prefiero como algo en el pecho, habitándome de lejos. Amigo, tu nombre es confuso, eres recuerdo terroso, mi pasado.
Ahora pienso en ti y en todo eso que abandoné con los años. Viejas escenas de lo que fuimos desfilan frente a mí: besos de cerveza, mis caderas y tus manos jugando por los rincones, miradas cómplices que siempre decidían escabullirse, dos mitades perdidas.
¿Recuerdas aquellas noches en que parecíamos felices? Éramos jóvenes sin tiempo encima. Nos reuníamos en casa cuando mis padres se ausentaban, y cogíamos y fumábamos en cantidades industriales. Entonces no teníamos culpas, ni le llorábamos a nuestros muertos. Éramos numerosos en amigos y alcohol.  Nuestros cuerpos eran una fiesta.
¿Recuerdas mi sonrisa? No me lo digas, esto se trata de no contestar.

Esa fiesta no se olvida

Cuando iba en la secundaria, siempre había querido ir a las fiestas de los amigos de mi hermano, él siempre llegaba contándome historias geniales de sus fiestas que duraban desde las seis de la tarde hasta el día siguiente, contaba anécdotas chistosas de sus amigos y sus borracheras, de la música que escuchaban, de los problemas en los que se metían con los vecinos y de las chicas que lograban ligar. Siempre tenía toda mi atención, y cada que le decía que me llevara, solo se limitaba a contestar "estás bien morro, aguanta".

Cuando terminé segundo de secundaria, obtuve la calificación mínima para lograr pasar el curso empecé a conocer chicas y la calle, así que descuidé mucho la escuela, lo que provocó el enojo de mis padres y durante todo el verano, me dejaron de dar dinero, me ponían a lavar la ropa y los trastes y me obligaron a ayudarle a mi papá de vez en cuando en el taller, pues era mecánico. Ya me había resignado a que serían unas vacaciones que pasarían sin pena ni gloria y que entraría a tercero sin nada nuevo que contar, pero no fue así.

El fin de semana antes de volver a clases, como a las dos de la tarde, cuando el sol está en su mero punto, llegó mi hermano que volvía de pasar las vacaciones en la casa de mi abuela. Venía lleno de sudor y con la cara cansada, pero cuando me vio en el taller desponchando una llanta, se le dibujó una gran sonrisa y me dijo, '¡Felicidades carnal!, ya me dijeron que te volviste un desmadre, te haz ganado acompañarme a la peda de Chino así que lárgate a bañar, que no quiero que vayas todo mugroso'. Fue tanta mi emoción que no pude ocultarla, tiré al suelo la llanta haciendo bastante ruido, lo cual irritó a mi padre y solo alcanzó a pronunciar entre dientes tremendas maldiciones, pero no me reprendió, aunque me dedicó una mirada de esas con las que uno puede adivinar lo que están pensando los demás, en mi caso, fue una mirada que me decía 'pendejo'.

Esa tarde llegamos a la casa de Chino, iba muy nervioso, no sabía lo que me esperaba. Cuando estábamos enfrente de la puerta, salía el sonido amortiguado de la música. Mi hermano tocó la puerta y Chino la abrió cabrón ya te estábamos esperando, dijo en lo que le daba una calada al cigarro —¿y este cabroncillo quién es?, náh no importa hay un chingo de raza que ni conozco, pásenle yo me quedé parado un rato en la puerta viendo a toda la gente que había en la casa, unos estaban tirados en el suelo jugando a la botella, otros viendo un partido de fútbol en la sala (no sabía como lo hacían, la música estaba muy fuerte), en la cocina  había unas chicas riendo, y otros tantos grupos dispersos por toda la casa, pero en todos había en común el humo en el aire y botellas en el piso, o al menos eso me pareció.

¡Niñera! se escuchó un grito desde otro rincón de la casa, eran los amigos de mi hermano que le estaban hablando entre carcajadas y señas ya ves porque no te traigo, estás bien morro dijo mi hermano mientras avanzaba al grupo. Llegó a donde estaban y les comentó con una sonrisa, este es mi carnalito y es un pendejazo en la escuela, pasó muy apenas... y en eso sentí una mano en el hombro de un sujeto que tenía los ojos rojos y la mirada desencajada, como si no supiera donde se encontraba  bienvenido al grupo carnalito dijo mientras me echaba el humo en la cara. Todos los demás rieron bastante, aunque a mi no me pareció nada gracioso. Inmediatamente otro sujeto me pasó una cerveza bien fría  chupale pichón me dijo, todos los demás me veían esperando mi reacción, tomé la botella y de un trago bebí casi la mitad y todos se me quedaron viendo con una cara de asombro. Creía que el sabor de la cerveza era amargo y horrendo, ya la había probado antes, pero no fría, a veces tomaba la que dejaba mi papá, pero cuando lo hacía ya habían pasado horas desde que el se quedaba dormido y abandonaba las botellas, el sabor que tenían era horrible y hasta me causaba náuseas, pero tomar de esa botella fría, fue una sensación comparable con un chapuzon en la alberca en un día muy caluroso, y más porque iba acompañado de una especie de aprobación por los amigos de mi hermano. Vieeeeentos, este cabroncillo pinta para pedote dijo mi hermano, se me hace que aguanta más que tú, y señaló al tipo que me había echado la bocanada de humo en la cara. Todos rieron.

Pasó algún tiempo y yo solo me reía de lo que decían los demás, se llevaban bien a pesar de estar algo borrachos la mayoría, yo no me atrevía a decir nada, solo reía. En cuanto terminaba una cerveza, me pasaban otra más,  ya comenzaba a sentirme mareado. De repente me dieron unas grandes ganas de orinar, y no sabía donde estaba el baño, sentía  mucha vergüenza preguntarlo. ¡Qué van a pensar de mí! ¡que soy un mocoso mión! era lo que pensaba mientras  me aguantaba las ganas y veía a los demás reír. No pude aguantar más, estaba a punto de preguntar donde estaba el baño cuando de repente mi hermano así sin más dijo, voy a tirar el agua, ahí vuelvo  ¡ya te entró la de miar! dijo alguien y todos rieron. Seguí a mi hermano con la mirada para ver donde estaba el baño, y una vez que vi que subió las escaleras, me sentí mejor.

Pasaron quince minutos y mi hermano no volvía, yo ya no aguantaba más, así que decidí separarme del grupo de borrachos e ir a buscar el baño, cuando subí las escaleras, vi una larga fila, me di cuenta de inmediato que todos esperaban entrar al baño, a unos se les notaba más urgencia en el rostro que a otros. Bajé un tanto desesperado pensando en que si hubiera ido desde el primer momento en que me dieron ganas, tal vez ahora estaría a tres lugares para entrar a regar las margaritas. Fue cuando de repente, vi el cuarto con la puerta entre abierta, ya no aguantaba más las ganas de orinar y me metí en el. Adentro, había una pareja demostrándose su amor, pero no me importó, agarré un envase vacío de cerveza y empecé a orinar hasta que  estuve a punto de llenarlo, me dio algo de miedo, pensé que si lo llenaba iba a tener problemas, pero no fue así, le doy gracias a quien quiera que haya inventado el caguamon. Acabé de orinar, y sentí gran alivió, la pareja que estaba prensada en un abrazo, ni me hizo caso, pero cuando iba a salir, la chica solo me dijo, cierra bien la puerta, no queremos que nos molesten... lárgarte, niño. Salí de la habitación lo más rápido que pude, pero antes le puse el pasador desde afuera para que nadie más los molestara.

Llevaba el envase de caguamon en la mano lleno de mis orines, y en eso un tipo grande me lo arrebató dame eso morrillo  dijo. Pensé que iba a pasar lo que en todas las películas pasa, que le iba a dar un trago y le iba a saber bien, sin enterarse de lo que en realidad tomaba, pero no fue así, al momento que la agarró, la dejó a un lado y me dijo ¡no mames! es un pinche caldo, ten otra — y me pasó una cerveza en lata que estaba heladísima. Debo decir que me decepcioné un poco, pero no quiero pensar en lo que hubiera pasado si le hubiera dado un trago a la botella y se hubiera dado cuenta, creo que me hubiera colgado del calzón en el tendedero. Preferí no pensar en eso.

Empecé a deambular por la casa esquivando borrachos y parejas, la música era muy buena y parecía que todo el mundo estaba feliz, cuando de pronto la vi, se encontraba como a cinco metros de mi, estaba bailando, llevaba pantalón de mezclilla, chamarra negra, converse rositas; se veía hermosa. Jamás pensé en encontrar algo tan hermoso en medio de ese ambiente de borrachos. Se fijó que la estaba mirando y me dedicó una sonrisa, no estoy seguro de cual era mi expresión, pero le devolví la sonrisa y entonces, se me acercó.

Qué onda, vamos a bailar me dijo en lo que pegaba sus caderas a las mías, fue una bonita sensación. Ella no parecía mayor que los demás, así que me dio más confianza. Ocho rolas después, terminó la música bailable y empezaron a poner a Janis Joplin, ella no soportaba esa música. Grita como puerca dijo vamos a otro lugar donde no escuche sus berridos, además ya van a empezar de marihuanos. Me tomó del brazo y salimos al patio trasero.

Ya estando en el patio, se acercó a mi oído y dijo me caes bien, pero no te hagas esperanzas de que vamos a coger esa afirmación me sacó de onda, yo no pretendía nada más que verla bailar, fue ella la que me invitó a contonearme y después al patio. Yo solo le sonreí y le comenté que no pretendía eso (no por el momento), que mejor me dijera cual era su nombre. A ella también le tomó por sorpresa lo que le dije, y dudó un instante, después, me echó los brazos al cuello y me dio un beso. ¡Mi primer beso de una borracha!, tenía el aliento dulzón, pero no me importó, al principio pasó por mi cabeza que era como besar a una botella, pero luego me di cuenta de que tal vez mi aliento era peor, así que ni para qué comentar algo.

Duramos al menos veinte minutos abrazandonos y besándonos antes de que empezara la verdadera fiesta, de repente paró la música y se empezaron a escuchar gritos y ruidos de envases quebrándose, me aparté de ella un instante y cuando se dio cuenta de lo que pasaba, me apartó de un fuerte empujón ¡no me chingues, la policía!, y en un instante, desapareció de mi vista. Mi hermano salió corriendo al patio buscándome, me vio y me jaló de la playera, ¡pelate wey! si nos cargan nos chingamos los dos con mis papás y nos fuimos hasta la barda. Yo estaba asustado, pero no más que mi hermano. Yo no soy muy alto y la barda si lo era, no sé cómo es que logré saltarla sin tantos problemas, cuando estaba del otro lado, vi a mi hermano que ya me adelantaba como diez metros y yo empecé a correr tras de él, pero le perdí la vista. Sentí que se me bajaba lo poco mareado que estuve.

Al dar la vuelta en la esquina, un policía me detuvo, porqué tan agitado, dijo mientras me tapaba el paso no me digas que andabas de cabrón nnno, no, no yo estoy asustado por lo que está pasando, nunca había visto tantos policías dije mientras agachaba la mirada, está bien, vete a tu casa a jugar con los carritos, te ves muy mocoso para juntarte con estos marihuanos. En ese instante, vi que tenían a Chino detenido en una patrulla, el volteo a verme y me sonrío. Me asusté aun más, pero después me dio risa su cara.

Qué tranza carnalito fue lo primero que me dijo mi hermano cuando llegué a la casa, el ya estaba ahí, el desgraciado me dejó morir estuvo buena la fiesta ¿no?, me preguntó estuvo con madres le respndí—. Se acercó a mi y me tomó por los hombros como si le estuviera hablando a un niño chiquito o a su novia escúchame bien cabróncete, me dijo en un tomo muy serio, prométeme que vas a olvidar todo lo que pasó y no le vas a decir a nadie,  dudé un poco antes de contestar y me estrujó en busca de mi respuesta ¡promete que te vas a olvidar de todo! sí, sí, está bien, yo no diré nada. Eso es chingón, estás creciendo me dijo  y acabó por darme una palmada en el cachete.

Por supuesto que no cumpli mi promesa, nunca voy a olvidar esa fiesta. El lunes que volví a la escuela, ya tenía muchas cosas que contar.

martes, 28 de junio de 2011

FindERavE







El señor Alucine y la señora Locura

Tienen el honor de invitarlo a usted y su apreciable familia a su fiesta anual.

Le enviamos el menú para confirmar su asistencia.



Serpentinas.
Aros multicolores como los que hay en mi lengua. Papelitos de doble impresión. Te comerás a los Rolling Stone.

Dulces.
Caramelos repartidos de gran variedad: Valium y Prozac, glorias envueltas en rojo celofán.

Brownies de chocolate.
Aderezados con pasto verde, camino a Ciudad Esmeralda, tren de la risa, montaña rusa a punto de descarrilarse, arañas tejiendo rieles.

Gelatinas.
Mosaicos de naranja, limón y grosella. Suave sensación de vodka en tu sangre ardiente, torrente sensual.

Azúcar.
Cayendo en tu nariz. Refrescando tus ojos, ríos fluyendo de vitalidad. Ansiedad acelerada buscando más.


Manzanas.
Hermosas y sabrosas. Para hacer la pipa de la paz. Dulzón recuerdo de melancolía, de nostalgia mágica al final del arcoíris.


Ciruelas, nueces y guayabas.
Frutas amigas del encantador peyote, dentro de la piñata de pecados capitales. Que romperemos a las 12 de la noche para ahuyentar a las brujas.



¡NO FALTES!

lunes, 27 de junio de 2011


Dos días después de lo acontecido en la casa de los sueños, no puedo pensar en nada mas que en aquella extraña fotografía, una fotografía en la que se expresa la inocencia de un niño, pero que en la noche, se transforma en un ser difícil de catalogar.

Todo empezó en la víspera del 30 de abril, conocido en México como Día del Niño, pero en otras partes del mundo como la Noche de Walpurgis. La noche de Brujas.

Mi novia, quien pertenecía a una sociedad ocultista, me invito a una de sus celebraciones. Escéptico acepte su propuesta ya que me imaginaba un aquelarre medieval, con fogatas, orgías, danzas y viento. Cual seria mi sorpresa al descubrir que el "aquelarre" se llevaría acabo en uno de los departamentos mas altos de la ciudad, con vista al parque central y amueblado al estilo minimista. Lo único que desentonaba con ese pasaje moderno era un cuadro que presentaba a un niño, con la sonrisa mas expresiva jamas vista, con los ojos grandes y claros y una actitud angelical. El retrato estaba gastado de las puntas, polvoriento y muy viejo. Le calcule mas de 50 años.

Al entrar a la espaciosa sala nos encontramos rodeados de 5 velas negras dispuestas en forma de estrella que, según me explicaron después, representaban los 4 elementos terrestres y el elemento espiritual. Todo se me hacia un poco raro y al parecer a las 6 personas que estaba allí también. No era común que alguien ajeno a su circulo se involucrara. Mi novia se acerco a la que parecía la bruja mayor y le dijo nempe videlicet sui ritus*. La mujer pareció entender y me pidió que me sentara en una mesa cerca del cuadro.
El ritual comenzo.

Las mujeres comenzaron una extraña contorsión en la que sus manos se juntaban y se movían en círculos. Dos de ellas se acercaron lentamente hacia mi mientras se quitaban lentamente sus blusas. Me recostaron en la mesa, lentamente me desabrocharon la camisa y ataron mis manos. La música seguía y las demás danzaban freneticamente. La luz de las velas parpadeaba mientras la bruja mayor sacaba un puñal de su bolsa. El frió metal toco mi carne. La sangre brotaba mientras mis ojos se detenían en el cuadro. No era el mismo. Algo había cambiado. Su sonrisa antes delicada e infantil se tornaba mas morbosa y sus ojos negros como la furia de una tempestad parecían observarme. Lentamente vi como cambiaba su rostro. El cabello crecía y las facciones se endurecían. Trate de voltear pero no pude. Sus ojos estaban en conexión con los mios. Mi sangre había sido derramada en una copa. Las mujeres bebían de ella, para después poder entregarse al placer de la carne en una orgía. Las 7 mujeres comenzaron a tocarme, a morderme, a besarme. Una de ellas poso su mano sobre mi miembro y comenzo a estimularlo. La erección fue lenta. Mientras una de ellas me ofrecía sexo oral otra exigía lo mismo. Cada una de ellas se fue turnando para disfrutar de mis regalos. Después cada una de ellas se poso sobre mi y comenzo a mover su cuerpo contra el mio. Así paso la noche, larga, fría y enigmática.

Al día siguiente desperté en mi apartamento. Los recuerdos llegaron a mi mente, como la briza marina empapa el rostro. Y aunque las memorias sobre el sexo estaban allí, el cuadro cubría todo. Es como si me hubiera transformado en el y el en mi. No me lo podía sacar de la cabeza, ni cuando llegue al trabajo o cuando mi jefe me llamo para los pendientes del día. Pareciera que lo único que veía era ese cuadro. Maldita el día en que acepte ir.

Salí del trabajo corriendo para encontrarme con mi chica. Casi rompí la puerta de cristal del local del que era recepcionista y le dije que quería hablar con ella. Respondió que faltaban 10 minutos para que saliera. Desesperado me senté en la banca y encendí un cigarrillo. Tenia meses sin fumar pero la situación era estresante. Al salir casi le grite que qué me estaba pasando. Raro, ella estaba riendo.

Aun no puedo explicar como olvide la noche que platique con ella. Solo se que a media noche me encontraba desnudo en su cama mientras ella estaba muerta en mis brazos. Lo único que se con certeza es que algo esta creciendo dentro de mi. Algo que nunca había sentido. Algo que despierta al psicópata que todos tenemos dentro.






Con ustedes Dark Angel,
Escribicionista.



*Chavos, una disculpota. Falte a la platica motivacional y no eh podido comentar tanto como quisiera. Y aunque no me justifico, la verdad es que el trabajo me tiene absorto (Siracusa ya hasta me quiere madrear). Pero juro por mis cigarros que en esta semana me pongo al corriente en este experimento social. ¡Saludos Escribicionistas!

Jenifer Candy


La invitación era un frasquito alargado con semillas y liquido transparente y aceitoso en el interior además de un papel albanene impreso donde después de una poesía de agradecimiento, indicaba la dirección de “la misa de acción de gracias” y la posterior “recepción” de los XV años de Jenifer Candy.

Llegué a la misa a la hora en punto, ya había algunos familiares esperando a la quinceañera y su familia, había un olor exagerado a perfume, pude ver que la mayoría de las mujeres iba sobradamente maquilladas, mucho escote y mini falda, vestidos demasiado pegados a cuerpos no muy estéticos y brillantina en el cuerpo, demasiado gel y spray en el cabello al igual que los hombres que además del tradicional traje, algunos habían optado por camisas con el logotipo Versace bordado en distintas partes, cinturones con hebillas grandes y zapatos blancos.

Jenifer Candy llegó, venía en una limusina blanca con moños en naranja y morado adornando el auto, bajaron los chambelanes que lucían un intento de smokin con fajilla naranja, corbatín morado y pañuelo bicolor, todos con acné, demasiado flacos y desgarbados y mucho gel para resaltar sus cortes y sus cabellos parados. Jenifer Candy hizo su aparición triunfal, envuelta en su vestido naranja y morado con adornos y aplicaciones en plata, blanco y dorado.

La parte de arriba quedaba muy ceñida a su cuerpo, los listones de la espalda se veían forzados y hacían saltar la lonja. En la cabeza traía una corona, y su peinado también traía brillantina además, igual que las invitadas, de demasiado gel y spray, le colgaban de cada lado y hasta sus mejillas, dos rizos que contrastaban con el cabello tan lacio y tirante de su chongo.

La misa transcurrió como tantas misas, yo tomaba fotos aquí y allá, detalles de las uñas de las invitadas que ahora con esta moda de acrílico, vuelven todo un espectáculo las manos de las mujeres.

Saliendo de la iglesia nos dirigimos a la fiesta, mi duda sobre el poco espacio de la casa para hacer una pachanga de tal magnitud quedó resuelta cuando descubrí que las mesas, las lonas, la tarima para el grupo y que todo el evento estaba sobre la calle a pesar de las mentadas de madre de automovilistas y peatones.

En mi mesa había gente desconocida, en el centro un gran arreglo que combinaba flores, globos, figuras de foami, estrellas, papel y con unicel su nombre, las servilletas de las tortillas, los saleros, los servilleteros y las fundas de los refrescos y botellas traían algún adorno en color del vestido y alusivo a la fiesta, algunos eran feos y otros particularmente horribles y de mal gusto, chácharas que en caso de llevármelas terminaría tirando a pesar de mi remordimiento por la cantidad de dinero que habrán gastado.

La comida consistió en arroz, carnitas, barbacoa y pollo con mole. A decir verdad, delicioso y lo mejor de la fiesta. Transcurrió en medio de un mariachi que tocó las mismas y deprimentes canciones de siempre.

Pasando un tiempo considerable, el conjunto musical comenzó a tocar, saludos para la quinceañera y cómo se la están pasando, comenzaron a tocar la huaracha sabrosona y baila como Juana la cubana, poca gente bailando y así transcurrió mientras mas y mas gente seguía llegando y ocupando las más de 25 mesas regadas por la calle, hasta que llegó la hora del vals.

Ya era noche, el sonido del conjunto y de la música ambiental retumbaba horriblemente, ya no se podía platicar y en medio de el mar de gente el cantante del conjunto daba instrucciones para que todos sentados esperáramos la salida de Jenifer Candy.

De Beethoven (si, lo juro) a Ray Conniff, pasando por Yanni e incluso Pink Floyd, Jenifer Candy bailó su vals junto a sus seis chambelanes arrítmicos y apáticos, mientras ella con la mirada perdida y una sonrisa boba, disfrutaba sus minutos de princesa exagerando sus movimientos y fingiendo delicadeza con las manos para terminar con los brazos extendidos alzada por los chambelanes que tenían la cara roja por el esfuerzo de cargarla, mientras los invitados aventaban pétalos de rosa que previamente nos habían repartido.

Sus hermanas pasaron a darle su último juguete, a coronarla y brindar con ella mientras su padre, evidentemente hasta la madre de borracho, declamaba un discurso inentendible e indescifrable que de cualquier modo no importaba pues ya nadie hacia caso. Yo, que hice un esfuerzo por entender sus palabras, me reí bastante al alcanzar a entender el final triunfante de sus palabras: “Hija, te presento en sociedá , sociedá, te presento a mi hija, haz de ella lo que quieras”. Con esto dio paso al baile con los padrinos que duró aproximadamente 30 minutos pues había que incluir como padrino al representante de cada familia que había ayudado con algo para la fiesta, incluso pasaron mujeres para el caso de que no hubiera un representante hombre, así fue como me enteré que hubo padrinos de las cosas mas absurdas como saleros, corona, limusina, y de arroz y carnitas. (¿Qué fue entonces lo que pagaron los papás?)

Jenifer Candy terminó su presentación con un cambio de vestuario para bailar reguetón, qué mejor muestra de que ha dejado de ser una niña, que bailar sugestivamente el perreo enfrente de toda la familia y ante los aplausos emocionados de sus padres. De los seis chambelanes cuatro bailaban torpemente, pero los otros dos hacían gala de sus habilidades y continuaban el perreo alegremente ante los aullidos y chiflidos de emoción de la familia.

Como si no hubiera sido ya bastante denigrante, al terminar la canción la familia pidió que bailaran otra a lo cual todos accedieron y apagando las luces para alumbrar sólo con estrambóticos y reflectores de color, dieron inicio al baile que se prolongó hasta la madrugada.

Yo me retiré temprano excusando otro compromiso, ya no me esperé a la partida del pastel pues ya no existía tal, y todo porque la madrina de pastel había elegido un modelo que tenía que armarse en el lugar definitivo donde lo partirían, así que la dueña de la pastelería llegó a entregarlo y lo acomodo en una mesa: varios pisos de todos tamaños, redondo y cuadrado, y cada piso adornado con fruta fresca encima. Total que para cuando habían decidido partirlo, eligieron otra mesa y había que trasladar todo el pastelote hacia el otro lado del salón, tal cosa no resultó, todo se cayó al suelo, la fruta quedó regada por el concreto, la madrina y la mamá quedaron embarradas de pastel y decidieron ya no llevar a cabo el ritual de la partida.

Así que me fui a mi casa sin pastel pero si con itacate que la señora insistió en regalarme ( y al que yo no opuse resistencia) de carnitas y arroz, mis oídos ya no aguantaban el volumen tan alto de la música, ya no podía platicar con mi acompañante, y lo que tocaban no era de mi agrado.

Nos costó salir de entre el tumulto de gente, grupos de señores ya muy tomados que apenas podían sostenerse solos y los otros grupos de niñas pubertas que corrían presurosas de un lado al otro de la fiesta con un aire de misterio y como si tuvieran asuntos importantes que atender, mientras los grupos de niños hacían intento por fumar y tomaban cerveza con notable esfuerzo por fingir que el sabor les era agradable, pero ya visiblemente hasta la madre.

Yo no supe nada mas de la fiesta hasta un mes después que me encontré a quien amablemente me había invitado, y en medio del saludo, por amabilidad, pregunté como se encontraba Jenifer Candy y si había estado contenta con su fiesta, a lo que la señora, en voz baja, contestó, que no sabía nada de ella porque ya en la madrugada, sus papás la habían encontrado fornicando con uno de los chambelanes (palabra usada por la señora) en la cocina de su casa, y habían optado por correrla en ese mismo momento sin derecho a que se llevara sus regalos, “oiga, todo el gasto que sus papás hicieron en la fiesta para que ésta niñas les pague con esto, qué barbaridad”.

Sólo dije “si, que barbaridad” y me fui, haciendo un recuento de la cantidad de veces que he ido a fiestas así y que invariablemente terminan de manera similar.