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jueves, 29 de noviembre de 2012


-Reg ¿qué vas a hacer cuando seas humano?
-No lo sé Ret, no he considerado las posibilidades.
-¿Por qué no simplemente te dejas aplastar o comes el veneno, como lo hacemos todas?
-Esa es mi elección, quiero evolucionar.
-¿No tienes miedo?
-Sí, pero quiero dar ese paso.
-Estoy molesta contigo, no entiendo por qué no te limitas a ser lo que somos, tenemos todo lo que queremos, podemos ir a cualquier lugar, nuestra comunidad es numerosa.
-Tú crees que debo conformarme con comer y reproducirme, renunciar a la esperanza de algo distinto; yo creo que tenemos derecho a la aspiración de transformarnos.
-¿Cómo sabes si al convertirte en humano la situación será diferente? Quiero decir, dejar de escapar, no tener que esconderte, vivir sin que tu vida peligre a cada momento.
-Por eso quiero tomar esa opción, me atrae la incertidumbre. No te dejes pisotear, ni mueras ahogada por ese rocío que nos asfixia, no caigas en esas oscuras trampas que nos ciegan más de lo que ya estamos. Vamos Ret, da el salto conmigo, el fuego nos va a recibir, el fuego es el umbral hacia la nueva existencia.
-Siento mucho miedo, Reg.
-Decídete Ret, los humanos de esta casa están listos para acabar con nosotras, llevan varios días preparando la Gran Fumigación.
-Por eso quiero convencerte de que vengas Reg, también estamos preparadas para emigrar a otra casa. No me parece razonable que quieras arrojarte vivo al fuego y luego de eso te volverás humano ¿por qué lo crees, cómo lo sabes?
- No lo sé, pero estoy convencido de que será así.
-¿Tendremos consciencia después del cambio?
- Tampoco recuerdo lo que fui antes de ser cucaracha ¿de qué nos serviría esa memoria?
-Ve tú solo, luchas contra tu destino, no creo que eso sea bueno. Adiós Reg.
-Hasta luego Ret.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Lágrimas de limón



Unas gotitas de limón, para dar sabor, a la vida insípida que sin aviso se le presentó. Exprimen de sus ojos lágrimas agrias, recuerdos que ella insiste en retener, come limón con azúcar mientras añora un lugar y un tiempo a los que no puede volver. Zumo ácido baja por su tráquea, arrastra palabras que podrían corroer al pronunciarlas, mejor digerirlas junto con un caldo caliente, de familiar sazón. Corta su verde armadura y el limón llora, vierte un poco en el café de la mañana, después de una noche acre de insomnio. Se acicala, jugo del cítrico para aplacar su cabello, el resto del fruto lo pasa por sus axilas, adentro de su cuerpo el gusto, el aroma en su exterior. Se acuerda cuando maceraba la corteza del limón, para frotarla en sus pechos, luego su amante derramaba mezcal en ellos, más embriagados de lujuria que de alcohol; él hendía su cuerpo, justo en el centro, dos pares de brazos exprimían sudor de esfuerzo y luego de un rato de apretarse mutuamente, quedaban desmadejados en la cama, como cáscaras estrujadas, pero vivas, perladas de efluvios de pasión. Sacude su cabeza y aleja esas imágenes, un buche de tequila y una chupada profunda a medio limón con sal, las penas así tienen una faz más amena. Se promete que de sus ojos verdes claros, mitades de limón maduro, ni una gota más de tristeza volverá a escurrir. Ella sabe que el sabor agrio tiene un dejo de alegría, piensa mientras engarza en su melena azabache, una blanca flor de azahar.

viernes, 16 de noviembre de 2012



Enclaustrado en un espacio de dos por dos, el suelo es como hielo, frío trepando los muros de mi cosmos diminuto; afuera la noche instalada, me observa en la vigilia, no hubo comunicación, nadie llegó. Todas las puertas están abiertas, soy el que permanece después del rapto, testigo sin testimonios. A mi cuerpo vencido por el cansancio, le es inevitable dormir, abandonarse en el lecho y entonces ser presa del descontrol. 
Siento como un peso indefinible me inmoviliza, causándome daño, retorciendo mi cuerpo inerme en incómoda posición, no tengo gobierno en la inconsciencia. Permanezco con los ojos abiertos, no puedo ni siquiera intentar cerrarlos, un soplo de aire gélido me ha descobijado, hay una luz fija, dirigida hacia mi cara, impreciso el origen, me tiene idiotizado. Repentinamente comienzan a recorrerme, desde la punta de los pies, cientos de diminutos pasos, ascendiendo lenta y ordenadamente; variedad de insectos, avanzan meticulosamente devorándome, absorbiendo mililítricamente el rojo fluido que me animaba, escarban en la piel, entran por mis venas, carcomen mis entrañas, estoy anestesiado por esta labor; súbitamente detienen su –para mí- atroz faena, retroceden, van sacando brillo a algunas partes de mi esqueleto al retirarse, dejando colgajos de carne putrefacta pendiendo de los huesos. Emito guturales sonidos, el sufrimiento y la desesperación me impulsan para levantarme, mas de pronto todo se ha tornado en abrumadora y glacial oscuridad, siento que piso una dura superficie, húmeda, agreste, inicio la carrera hacia la liberación, desconociendo la dirección; el corazón bombea frenéticamente dentro del pecho, no voy a ningún lado, ignoro si aventajo terreno o sigo parado, mi cuerpo aterido y desgarrado casi ha perdido las sensaciones, sin embargo advierto el cansancio. Terror y dolor acribillan mi mente, pero a la vez son un aliciente para tratar de llegar a alguna parte; mis pies muy lastimados no pueden sostenerme, caigo de rodillas, sigo moviéndome penosamente, la vista no consigue encontrar un lugar a donde dirigirme, no alcanzo a ver más allá de la extensión de mis brazos. Haciendo añicos las coyunturas de mis piernas en cada movimiento, sintiendo como pierdo la sangre, decido arrastrarme; el suelo debajo de mi hiere sin piedad carne y huesos, veo con espanto que engrosan la superficie restos de osamentas, seguramente otros claudicaron en su intento de escapar. Pase rápidamente de andar a reptar y no puedo cerciorarme del trecho que he logrado avanzar, entonces decido parar, giro con dificultad hasta quedar boca arriba, sólo negrura hacia donde quiera que miro, huí sin ser perseguido. Un sonido monótono comienza a crecer, son como gritos avisándose de haber avistado algo; me pongo en alerta, dispuesto a proseguir esta lastimosa fuga, pues siento pisadas ligeras y raudas dándome alcance, dirigen sin pausa su rabia hacia mí; en pocos segundos tengo detrás colérica jauría preparándose a rematarme, entre ladridos feroces soy lanzado de un lado a otro por fauces filosas, dando tumbos encima del tropel que no abandona su curso mientras me devora. Yacen mis restos en la noche perenne, esperando el final definitivo, no puedo implorar más cuando soy sorprendido por garras aladas que me cargan en vilo, disputan el despojo de mi cuerpo, tirando hacia todos lados me van desmembrado; satisfecha su gula sueltan los retazos y creo que caigo, pedazo a pedazo, en el oscuro vacío, siento venir total paz.
Un ruido seco hace que renazca en mullido tálamo, transido de horror, sudoroso y jadeando, enérgicamente recorren mis manos el suave piyama, para cerciorarme que nada sucedió; trastornado entre sombras del alba, digo adiós a la noche y al frío malhechor, que tanto daño infligieron a mis sentidos durante el sopor.
A pesar de sentir los rayos del sol, quisiera estar seguro de haber despertado, tengo una inquietante sensación de ausencia.

lunes, 12 de noviembre de 2012


El lago descansa en silencio breves horas.
Conversa calladamente con la luna que en su espejo se admira vanidosa. La perla del firmamento se pasea pacientemente a lo largo del acuoso volumen, argentando el transcurso de una noche que parece detenida; la pálida dama no se cansa de prolongar su estadía en este turno, luna doble soñándose eterna sobre la mansedumbre del venero, hasta el momento en que la claridad comienza a adueñarse de todo el espacio y la luna se marcha lentamente.
El lago despierta poco a poco con las caricias del viento, al toque del sol su piel se entibia y sube al techo invisible, donde la esencia incorpórea de otras masas se condensa, a la espera de cumplir un ciclo casi infalible.
Ráfagas intermitentes de aire desdibujan la quietud en la superficie del lago. Durante la mañana algunas nubes navegan despacio en el reflejo de la límpida cara cristalina. Elementos inamovibles del entorno, duplican su titánica belleza en el ojo que mira siempre al cielo; al cielo que siempre se mira en el lago.
La tarde se aproxima, los vientos se aceleran, toda la fauna que habita el lugar busca a prisa refugio, pues la naturaleza y sus presagios misteriosos conjuran una tormenta. Llegan nubes negras de muchas partes, oscureciendo todo, dejando ciego al lago, vaciándose primero suavemente, luego cayendo como pesada gris cortina sobre el lago que se agita, se levanta, parece defenderse en una colosal reyerta.
Brama colérico bajo la despiadada tempestad, crece amenazante su, de por si, robusto cuerpo.
Parece tener sed y no se conforma, ruge pidiéndole a las nubes más pelea; ellas se desploman con violencia, después de cada trueno. El agua sube y baja; el lago se levanta tan alto como para arrancarle las nubes al cielo, la furia de ambos se revuelve, aparentando no tener fin. El viento veleidoso, que azuzaba a los dos, sin aviso, exhausto, inicia la retirada, al cielo no le queda nada más que arrojar, el lago reclama receso. 
Aunque nadie lo nota, las horas se fueron como agua. De nuevo la sorda oscuridad envuelve el lugar con su manto de quietud.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Infinito



Una sola palabra, hallada en la soledad de tu alma.
Una semilla que por si sola germina.
Un pensamiento toca puerto,
después de andar a la deriva.
Una chispa en la pólvora mojada,
un tizón en las cenizas.
La escarcha rezagada del deshielo,
la primera mariposa del incipiente verano.
El primer llanto, el último suspiro,
un pretexto nimio para sentarse a charlar,
hablar, sin pensar dejas salir las palabras.
Soliloquios mentales que dan escape,
fugarte fantaseando,
imaginar y sentir paz,
por unos momentos todo se va
y tú te vas con todo,
a ningún lugar,
donde todo cabe.
Pero te ahoga la comodidad
y vuelves a huir,
en busca de otra palabra,
novísimo secreto de la sabiduría,
magia para acercar la lejanía,
darle a la noche cesantía,
capturar al sol y prolongar un día,
andar más rápido que el tiempo,
convertido en luz violar la oscuridad,
en silencio volver a la orfandad,
sin nacimiento ni muerte,
no saber nada.
Pero, taimado viajero,
has guardado un recuerdo,
una melancólica tonada,
olor inolvidable de la infancia,
mapa roto de un laberinto,
que te retorna a la ignorancia,
a reintentar sin arrogancia,
mientras dioses y demonios,
discuten tu paradero,
simplemente vas de nuevo,
a inventar otro derrotero,
a ser extranjero en el universo.
Imaginándote.

sábado, 27 de octubre de 2012

Paréntesis


Erase una vez, uno de los tantos paréntesis que hace la eternidad.
Sin manual de instrucciones para caminar, en cambio un extenso historial de erratas que se suman a lo largo de la interminable sucesión del Sol y la Luna.  Una moneda girando en los dominios del azar, que toca un poco de cosas buenas y malas, una historia confundida en la incertidumbre de existir. Un cuento que al hacer un recuento, puede contar varias anécdotas divertidas, nada particularmente trágico ni triste, con un enfoque personal proclive a lo pesimista, adquirido tal vez desde su origen o recogido en el transcurso, sin intentar hacer responsable a nada ni a nadie, sencillamente una de las tantas cosas que ignora el personaje. Un cuento que quisiera ser contado por varias voces, saborear muchas dosis de revitalizantes carcajadas, recibir una carta que le explique cómo encontrar el amor, participar entrañablemente en la historia de alguien más, bailar sin cansarse, cantar a viva voz, acumular buenos recuerdos y no temer la llegada de ese momento en que el narrador diga como si cualquier cosa: “Colorín colorado, éste cuento se ha acabado…”

miércoles, 17 de octubre de 2012


  

Dos seres caminan unidos por una correa, uno es el “amo” y el otro es el GUÍA. En esa pareja se mezclan los olores de Eau de Cologne y “shampoo del perro agradecido”. Tres pares de “patas” husmeando con paciencia por las disparejas calles de la Ciudad; sin planearlo, pero con muchas ganas de llegar a un lugar donde se pueda deleitar uno de los sentidos más refinados, un lugar que se llama “Mercado”. Desde lejos son recibidos por aromas mezclados, que se van diferenciando conforme hombre y can se acercan; espíritus aromáticos de flores, frutas, verduras, carne fresca, también fantasmal fetidez de basura, rancia humedad en el piso, residuos amalgamados, del ir y venir interminable de millones de andares, en esos pasillos siempre poblados. Ágil e inteligente, el perro elige el mejor camino, olisqueando a diestra y siniestra, sin detenerse, los montones de desperdicios; una marchanta le arroja un trozo de carne de pollo, lo pesca al vuelo. Y el caminante paciente, distingue entre todos los aromas el del café con canela, el del atole de masa, de la masa asándose al comal, de la masa friéndose en la manteca, lo mismo que el chicharrón.

El perro huele el miedo de una niña, ladra y gruñe, pero no parece amenazante, el paseante sostiene la correa con firmeza y dice con tranquilidad:
-No tengas miedo, no muerde, es sólo su instinto adormecido que recuerda su bravura, ahora domada por el entrenamiento.
Y cuando algo así sucede, no puede evitar pensar, como es que éste animal, que es sus ojos, puede “oler el miedo”, en medio de todos los aromas perceptibles ¿es posible discriminar el tufo de una emoción, la intensidad de un sentimiento? 

Han atravesado el “Mercado”, un suave olor de elote asado los acompaña algunos metros más, ahora se dirigen a la zona antigua de la Ciudad, donde huele a calles recién pavimentadas, a pintura acabada de aplicar, a perfumes “frutales” tan penetrantes que causan un poco de nausea, él piensa que el sudor es el olor de la ansiedad, del esfuerzo, de la prisa, el olor que nos empeñamos en ocultar. Humo de automotores, olor predominante en esta zona, además de otros de productos plásticos, flores artificiales perfumadas con olores dulzones, plantas de “naturaleza muerta”, ¿a qué huele la muerte, a tierra mojada? Quizás la felicidad tendrá un olor que embriaga, en contraparte la tristeza una fetidez insoportable. Quisiera bañarse en olor de inocencia, como Grenouille; un chirrido de llantas lo vuelve a la realidad, el olor a neumático quemado que deja una brusca frenada y de inmediato amenazantes gritos, la violencia huele mal.

Dejan atrás el hedor de la vida cotidiana, tan decidida a emular, sin éxito, la magnífica sencillez de la Naturaleza, tan preocupada por aparentar, tan desorientada por tener el olfato averiado, el instinto pervertido.
Su amigo advierte la cercanía del hogar y aprieta el paso, se acercan al rincón personal, con olor de orden y limpieza, donde el viejo mueble de la abuela ha perdido con los años el aroma a guayabas, adquiriendo con los días, la fragancia de la soledad.





domingo, 4 de diciembre de 2011

Sit tibi terra levis!


Necio recuerdo
¿tú no te vas
o yo te retengo?
Me observas, colgado del rabillo de mis ojos. Ignoro donde, pero sé que estás. Acaso es una de las cosas que quiero creer, nada más. Tantas palabras para tratar de entender. Eres el eco sin forma de una vida, muda ilusión en el infinito silencio. Dime si la eternidad es tan vasta y oscura, que a fin de cuentas te sientes como atrapado en un puño que ciega y asfixia. Abro mis ojos en el sueño, aguzo mis oídos, pero no te siento. Despierto creo percibirte, sin embargo no te veo ni te escucho. Imagino que vivo pues aún respiro, pero mis pensamientos son muy confusos. Me empeño en mantener, junto al recuerdo de ti, tu voz y maneras, la risa, abrazos e infinidad de cosas que en su momento juzgábamos verdaderas. Entre tanto eres tan grande, como la inmensa duda que se centuplica en tu ausencia inevitable. Preguntas de angustia pueril, arrinconado vuelvo a sentir un miedo infantil. En el vórtice de la dualidad, sólo encuentro paz al ver tu rostro, silente y fugaz.
Fantasma,
eras alma
en calma,
por carne
y sangre
envuelto;
ahora
al polvo,
a la nada
has vuelto.
Despertaste,
sin huesos
ni latidos,
ingrávido.
Regresaste,
sin aviso,
por miedo
al olvido.
Vete, no temas, luego acudiremos al mismo destino; no muere la esperanza de encontrarnos en el fin y principio de todos los caminos.     
Vete, he de morir cuando sea debido, deja ya de trastornar mis sentidos.
Vete, descansa del mundo y su ruido. 
Después de
la tribulación,
vuelves a
tu concepción.
Sombra viva,
permite que
la noche
te reciba.

domingo, 27 de noviembre de 2011

"Sin cura"


-Buenas tardes Dr. Mata.
-Buenas tardes Sr. Torcuato, pase usted, tome asiento ¿qué lo trae por aquí?
-Otra vez este dolor que no me permite llevar una vida normal, Dr.
-Muy bien, recuéstese por favor, voy a revisarlo.
-Ojala esta vez sí pueda encontrarlo.
-¿Encontrar qué?
-El dolor.
-¿Pues no ha identificado usted exactamente donde siente el dolor?
-Sucede que cambia de localización durante el día, Dr., y a veces se esconde, no cesa, pero se oculta, haciéndome creer que por fin desaparecerá. Ya se lo había mencionado antes.
-Querrá decir que le duele en distintas partes de su cuerpo, durante el transcurso de las horas y por momentos las molestias aminoran.
-No, el dolor va poco a poco trasladándose de una extremidad a otra, por ejemplo, al levantarme por la mañana, me duele la mano izquierda y cuando me estoy bañando, el mismo dolor, no otro, lo siento en la rodilla derecha, está ahí, doliendo profundamente, aunque a ratos disminuye, permitiéndome concentrarme en mis ocupaciones, pero súbitamente reaparece en la espalda baja, como si me clavaran algo filoso, punzando terriblemente, me paraliza, me propina un enorme susto y además de la desagradable sorpresa, el aguijonazo del dolor y su extensa irradiación, repitiendo ese proceso varias veces al día. Es mi judío errante, caminando a su albedrío por mi cuerpo entero, pero este va armado, haciendo mucho daño cuando se le da la gana manifestarse. Incluso ha llegado a tomar el control de mi sistema nervioso central, causando estragos en mí, atacando simultáneamente más de dos órganos a la vez, llevándome a creer que sufriré un colapso fatal. Otras veces paraliza mis manos, las cosas se me caen sin poder evitarlo o taladra mi cabeza, provocándome fuertes mareos, hasta casi desmayarme.
-¿Así que su dolor no sólo es muscular u óseo, usted está seguro de que también se deja sentir en los órganos internos de su cuerpo?
-Claro Dr., se ha adaptado muy bien y ahora tiene la capacidad de viajar por mi torrente sanguíneo, deteniéndose donde mejor le parece, para  hacer lo que mejor sabe: dolerme.
-Muy bien Sr. Torcuato, debo insistir en la explicación que le he dado en sus anteriores consultas: el dolor es una reacción, provocada por algún estimulo o en ocasiones, una alerta ante el mal funcionamiento, sí, de alguno de sus órganos o la falta de cuidado en su salud o posiblemente sea provocado por el estrés…
-¡Sí, está de moda! Pero no, de verdad, puedo ver al dolor viajando debajo de mi piel, moviéndose de mi pie derecho a la mandíbula, subiendo hasta mi frente, de ahí pasa a la nuca, luego se va adentro de mi cabeza, se sitúa en alguno de mis oídos, impidiéndome escuchar con claridad y en ocasiones nubla mi vista, alternando a su antojo en ambos ojos; a veces llega a mis pulmones causándome asfixia por unos momentos, es desesperante, más cuando se instala en mi corazón, jugando cruelmente a fingir conatos de infarto, lo cual, usted comprenderá, me imposibilita llevar una vida normal, ¡todo el día está interrumpiendo mis actividades el maldito dolor!
-Muy bien, voy a recetarle…
-Los analgésicos no funcionarán, cuando empiezan a surtir efecto, el dolor ya cambio de sitio, en cuanto los siente cerca, se mueve.
-Bueno, entonces serán de mayor utilidad una radiografía o una resonancia magnética…
-Será inútil Dr., se lo he dicho antes, el dolor es invisible ¿cómo logrará verlo? Ni aun los más sofisticados aparatos podrían hallarlo.
-Muy bien ¿qué le parece si empleamos otro método, para intentar aislar el dolor y combatirlo de manera efectiva?
-¿Cuál sería el procedimiento, Dr.?
-Deberá usted ingerir una gran cantidad de licor, lo que obviamente le provocará una tremenda borrachera.
-Como usted sabe, yo no bebo.
-Sí, pero tome en cuenta que será con fines médicos, en todo momento cuidaré de su salud. Después lo atenderé si presenta usted cualquier malestar y le administraré medicamentos, en caso de ser necesario. Lo importante es lograr aislar el dolor y proceder de inmediato con un tratamiento, para lograr curarlo a usted, Sr. Torcuato.
-Bueno, si no hay otra opción, usted es el experto, Dr.
-Entonces, regrese a su dormitorio, daré instrucciones a la enfermera, para empezar inmediatamente el tratamiento.
-Usted manda, Dr.

-Enfermera ¿el Sr. Torcuato ya está en el dormitorio?
-Sí, Dr.
-Muy bien, ya sabe lo que procede.
-¿En verdad no hay otra alternativa para tratar a ese hombre?
-Por desgracia no, su enfermedad sobrepaso el punto de no retorno, sólo nos queda mantenerlo sobrio el mayor tiempo que sea posible y racionarle la ingesta de licor, seguirle el juego en estas consultas simuladas, para evitar que pudiera infligir algún daño al personal o alguno de los otros pacientes. Recuerde no perderlo de vista, pues aunque es un alcohólico pasivo, desconocemos el grado de su enfermedad a nivel mental, podría pasar a la violencia cualquier día de estos, por lo tanto tenga mucho cuidado y repórteme de inmediato el más pequeño cambio en su comportamiento.
-Así lo haré, Dr.

domingo, 20 de noviembre de 2011

"Insomnio seguro"


-La seguridad del perímetro ha sido violada en repetidas ocasiones y nadie ha podido evitarlo. Los transgresores entran y salen continuamente perturbando la tranquilidad del área, el residente se encuentra muy molesto, por eso temo que el fin de la alianza tácita entre él y nosotras pudiera comprender nuestro exterminio. Inclusive esta reunión representa un gran peligro para nuestras vidas, compañeras.
-Yo creo que no debemos temer Piernas Locas, el residente padece desidia crónica, si no hace nada por defenderse de los intrusos, menos lo hará contra nosotras que ningún daño le causamos.
-Patotas tiene razón, pero no debemos confiarnos, sabemos de la volubilidad del residente, cualquier día se desquicia e intenta cazarnos a nosotras también. Por eso propongo que demos por terminada esta junta.
-Muy bien Patas, cada una su rincón y a tratar de capturar al mayor número de intrusos posible. Por cierto ¿alguna de ustedes dos sabe por qué Patona no vino a la asamblea?
-Seguramente quedo atrapada bajo un montón de ropa sucia o las hormigas del hoyo en la ventana lograron atraparla.
-En todo caso no podemos ayudarla, ni modo, dispersémonos y cumplamos la misión.

-¡Malditos moscos! Me tienen jodido, no sirvió el mosquitero que puse en la ventana, esta rasgado en varias partes y por ahí se cuelan; tengo que cambiar esos vidrios rotos y reparar la puerta, porque estos condenados ya son una plaga. Las arañas no se dan abasto con tanto mosquito y al contrario parece que ellos se las están tragando, como a mí.
Ahora además de los zumbidos en mis oídos, tengo adentro del cuarto, el concierto de un grillo escurridizo. Nada más porque me estoy cayendo de sueño, si no ¡los aplastaba a todos!

-Kamikazes, les habla el Comandante Banzai, agrúpense en sus escuadrones, el residente se encuentra ya en el área.
En unos momentos comenzaremos el ataque. Recuerden picar, succionar todo lo que puedan y huir a prisa, no se distraigan ni pierdan tiempo. Cuando se posen en alguna superficie extremen precauciones, pues las “muchas patas” últimamente nos han causado más bajas que el mismo residente; al percibir a una de ellas cerca de ustedes, retírense de inmediato, no se confíen o pueden quedar presos en su letal hilo y trituradas en sus viscosos intestinos. Procuren volar el mayor tiempo posible, el residente no es muy diestro cazándonos al vuelo; cuando necesiten descansar busquen los sitios más oscuros y de difícil acceso para él.
Les deseo éxito en sus incursiones.
-Comandante ¿empezaremos el ataque aún con la luz encendida?
-Sí, el residente presenta síntomas de cansancio profundo.
Escuadrón Lindbergh dirija su ataque a las extremidades inferiores.
-¡Listo escuadrón Lindbergh!
-Escuadrón Barón Rojo su objetivo es el tórax.
-¡Escuadrón Barón Rojo alerta!
-Escuadrón Wright, se encargará de las extremidades superiores.
-¡Listo escuadrón Wright!
-Escuadrón Santos Dumont ¡duro y a la cabeza!
-¡Escuadrón Santos Dumont en pie de guerra!
-¡Zum, zum, zum, zum, zuuuuuuuuuummmmmmmmmm…!

-Patotas ¿de dónde viene ese sonido?
-Los mosquitos iniciaron el vuelo, Piernas Locas.
-No Patas, ella se refiere al sonido monótono e ininterrumpido.
-Tienes razón Patotas, este sonido no es común dentro del área ¡es un grillo!
-Esto es el colmo del desorden, el residente ha dejado que un grillo venga a quitarnos el sueño, como si no tuviéramos suficiente trabajo con los mosquitos.
-Patas, Patotas que les parece si…
-¡De veras te atreverías, Piernas Locas!
-Por supuesto, somos tres…
-Ella tiene razón Patas, entre las tres podríamos con el grillo.
-Pero… el residente pasará otra noche sin poder dormir.
-Que se las arregle como pueda él solo.
-Además los mosquitos son cada vez más habilidosos y resulta casi imposible atraparlos.
-No se hable más, Patas; Patotas vamos a buscar al grillo.
-Para luego es tarde Piernas Locas.

-¡Malditos moscos! No me dan tiempo ni de envolverme en las cobijas, pero ya verán, voy a dejar sus asquerosos cuerpos tapizando las paredes y veré sus insignificantes cadáveres cayendo lentamente al suelo. Repugnantes insectos, voy a teñir el cuarto con su sangre… mejor dicho con mi propia sangre, que me han estado succionando todas estas noches. ¡Arañas ineptas! No las veo por ningún lado, por lo menos el grillo se ha callado.

Tres horas después…

-Escuadrones, les habla el Comandante Banzai, reporten sus incidencias.
-Escuadrón Lindbergh, reportando éxito total en la incursión, estamos ahítos del vital líquido.
-Escuadrón Barón Rojo, también reportando niveles máximos en los contenedores de la sangre, pero sufrimos tres bajas Comandante.
-Escuadrón Wright, reportando un mediano éxito en la operación, el residente se defendió con destreza y solamente quedamos dos kamikazes con vida.
-Yo, su Comandante Banzai, del escuadrón Santos Dumont, lamento informar que todos mis compañeros perecieron en la acción, el residente, a pesar de la lentitud en sus movimientos, logró aplastarlos entre sus manos, mientras atacábamos su cara y orejas. Pero haciendo un balance, la misión es exitosa; nos replegaremos mientras llegan los refuerzos, si alguno de ustedes se siente con ganas y apto para hacerlo, puede atacar individualmente al residente. Reanudaremos las operaciones en conjunto a las 0400 horas. ¡Larga vida a los dípteros!
-¡Larga vida a los dípteros!

-¡Malditos moscos! El zumbido me suena a risa burlona cuando pasan cerca de mis oídos, vaya que son temerarios, casi se meten por mi boca y nariz. Ahora si me dejaron todo lleno de ronchas, logré aplastar a varios de ellos pero da la impresión de que se clonan instantáneamente, tengo el cuerpo tan marcado como si me hubiera dado otra vez la varicela. ¡Arañas ineptas! ¿Dónde están cuando las necesito? Por lo menos se acabó el sonsonete del grillo. Pero voy a terminar de una buena vez con este jueguito, traeré el insecticida, rociaré el cuarto entero y luego saldré a dar un paseo a la luz de la luna, ni modo, otra noche sin poder dormir.

-¡Kamikazes, les habla su Comandante Banzai, el residente planea vaporizar el área, evacuemos de inmediato! Repito, la evacuación es perentoria e inaplazable.

-¡Patas, Patotas, el residente se volvió loco otra vez! Va a fumigar, tenemos que largarnos de aquí. Bueno, al menos pudimos devorar la mitad del grillo ¡vámonos!
-¡Para luego es tarde Piernas Locas!

domingo, 13 de noviembre de 2011

"Romance fecundo"


-Abuelo ¿por qué llueve?
-Son los Dioses, que tratan de hacerle el amor a La Tierra.
-Eso no es lo que dice en el libro de “Ciencias Naturales”, de la escuela, Abuelo.
-Los libros de ahora no dicen todas las historias de la creación del mundo, hijo, cambian la verdad y resumen todo como si las cosas pasarán porque sí nada más, pero ya no cuentan el origen de cada suceso natural.
-Ya sabes que mi Mamá se enoja cuando me cuentas esos viejos cuentos, Abuelo; pero no importa, me gusta aprender lo que tú sabes. Cuéntame la historia de los Dioses y La Tierra.

-La Tierra era una bella doncella, habitaba en la mansión de los Dioses, servía a la esposa del Padre de Todos; conforme fue creciendo su belleza aumentó, lo que llamó la atención de los Dioses y despertó cierta envidia entre las Diosas. Dioses y Diosas sólo podían casarse y tener descendencia entre si, pero de vez en cuando se permitían desposar a algún mortal, lo hacían por puro placer, a sabiendas de que el Padre de Todos no aprobaba esas aventuras; así pues, varios Dioses pretendían a La Tierra, pero ella no era ambiciosa y respetaba las leyes, por lo que rechazaba firmemente los ofrecimientos y falsas promesas de los Dioses, lo cual únicamente lograba que estos la desearán más y también aumentaba la mala voluntad de las Diosas hacia ella. Una intriga se urdía en contra de la bella mortal, las Diosas no soportaban que fuera tan hermosa -además de inteligente- y la juzgaban altanera, pues a pesar de no tolerar que los Dioses se relacionaran con las mortales, ninguna se les había resistido por mucho tiempo; por otra parte los Dioses competían por ver quién seria a fin de cuentas él que lograría seducir a la doncella, pero su impaciencia empezaba a convertirse en molestia, pues ninguna de sus dadivas lograba impresionar a La Tierra. La propia esposa del Dios Supremo, empezó a ver con desconfianza a su doncella, podría ser posible que la muchacha ambicionará mucho más, por ejemplo, ser elegida por el mismo Padre de Todos, quien ciertamente veía con buenos ojos a la bella mortal, pero su sabiduría y templanza no lo guiaban hacia ninguna acción perjudicial para su súbdita, por el contrario tenía preparado un plan en caso de que Dioses y Diosas decidieran atentar contra la vida de La Tierra.
Un día que la hermosa doncella se encontraba cumpliendo sus quehaceres  en los aposentos de la Diosa Madre, uno de los Dioses se acercó a ella, decido a conquistarla o de una buena vez a asesinarla, pues ya no resistía más las ganas de hacerla su mujer; sino lo lograba, evitaría que alguno de los otros Dioses, pudiera por fin seducirla. Promesas de vida eterna, cánticos, regalos de oro y piedras preciosas, no fueron suficientes para deslumbrar a La Tierra, quien observaba con devoción los preceptos del Dios Supremo.
Encolerizado, el Dios la obligo a beber de un vino al que él mismo le había agregado veneno, pero ni la sustancia pudo contra la virtud inmaculada de la doncella; ciego de ira, el Dios trato de apuñalarla en el corazón, sin embargo, la bella muchacha puso sus dos manos sobre el pecho, impidiendo que la estocada fuera de muerte. Salió de la mansión muy malherida, sangrando profusamente. Al enterarse de esa infamia, el Padre de Todos, acudió a su encuentro, prometiéndole salvarla del deseo insano de sus corrompidos hijos. Montándola sobre una estrella fugaz, la hizo atravesar el Universo, hasta caer en un Planeta yermo, inhóspito y deshabitado, donde la doncella encontró un poco de tranquilidad, a pesar de la soledad. La tristeza y la debilidad, terminaron por matarla en pocos días, pero su sangre y lágrimas dieron vida al lugar donde había caído; así nacieron los ríos y los mares, de su cuerpo que se fue desintegrando, surgieron frutos y flores, pero al paso del tiempo los ríos y mares se iban secando, los frutos y flores se marchitaban, algo faltaba.
Mientras tanto, en la mansión de los Dioses, los mortales estaban molestos, pues nunca habían desobedecido las órdenes, ni tratado jamás de rebelarse, pero ahora le exigían al Dios Supremo que los dejará reunirse con La Tierra allá a donde la había enviado. Después de mucho considerarlo, accedió, aunque Dioses y Diosas no estaban de acuerdo, pero él les recordó que todo esto sucedía por culpa de ellos. Los mortales llegaron por fin al Planeta donde estaba su hermana, pero ya no la encontraron, sólo podían observar algunos ríos y mares secándose, lo mismo que frutos y flores deshaciéndose; tristes y enojados clamaban al Padre de Todos por esa afrenta.
Los Dioses intentaron llegar al Planeta donde estaban los mortales, pero el Dios Supremo se los impidió; no obstante ellos se acercaron lo más que pudieron y desde el cielo lloraron su error.
Primero el llanto se condenso en una masa flotante que circundaba el Planeta, entonces la esencia de La Tierra despertó y al ver que el arrepentimiento de los Dioses era sincero, aceptó la ofrenda y comenzó a llover copiosamente sobre toda la superficie del Planeta; los ríos y los mares se colmaron, frutos y flores renacieron, los mortales tuvieron así un buen lugar para vivir.
Desde entonces, la lluvia es la única manera en la que los Dioses pueden acariciar a La Tierra.

-¡Papá, otra vez llenándole la cabeza de fantasías a tu nieto!
-No pasa nada hija, para eso lo mandas a la escuela, para que le enseñen la “verdad”.
-Como siempre, me gustó mucho tu historia, Abuelo.
-Bueno, déjense de esas cosas y vamos a cenar.
-¡Tan rápido se hizo de noche! ¿Por qué hay día y noche, Abuelo?
-Dos historias en un día, es demasiado para tu Madre, luego te lo cuento, hijo.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Resultados de la primera encuesta escribicionista

A continuación los gráficos bien cucos de la primera encuesta. El tema con mayores votos será el que el escribicionista nombrado postee. Puede darle una pulidita o si considera su escrito suficiente, repostearlo nada más.




Dr. Gonzo



Ros



Pherro

lunes, 7 de noviembre de 2011

El último día...



…según mi imaginación, deberá ser el más feliz de la historia de la humanidad.
Aunque parezca un pensamiento infantil o desesperado, después de las súplicas, el desinterés o la negación, multitudes habrán de encontrar su edén personal.
Muy lejos de cualquier idea de orden perfecto, de superación continúa en los avances científicos y tecnológicos para alargar la expectativa de vida, incluyendo la manera “correcta” de vivirla. Pero no será por arte de magia, cada ser encontrará el balance entre el bien y el mal, dentro de si mismo primero, luego, manifestando en los hechos esos principios y valores generales, se logrará una convivencia de verdad armónica, basada en los más puros ideales. Probablemente la situación esté comenzando en estos mismos días, acompasándose poco a poco todos los ritmos al pulso primigenio de la energía universal, a pesar de la violencia actual y los malos augurios, una gran mayoría vislumbra un cambio real; dejando de lado apocalipsis y profecías fatales.
Honestamente, mi utopía tiene que ver con la creencia personal en un Dios, una energía detonante, principio interminable de todo lo conocido y lo oculto. Creo que cada ser humano, al término de su paso por la vida, recibirá una respuesta, no tanto un premio o castigo; indudablemente mientras tanto se debe hacer lo posible por sentirse bien con uno mismo y en la medida de lo posible, ayudar a nuestro prójimo a lograrlo. No sé si lo mejor sea seguir con una escalada frenética de descubrimientos fantásticos, tanto en la Tierra como en el espacio exterior o si será posible y benéfico volver en cierta forma a una manera primitiva de vivir, permitiendo a la madre naturaleza regenerarse y cumplir sus ciclos. Aunque por otra parte, es gratificante vivir en la incertidumbre y a pesar de que sólo la lluvia cae del cielo, al final de este viaje, espero algo más. 

domingo, 30 de octubre de 2011

♪♪♪... vieja Ciudad de hierro ...♪♪♪


Volvieron las nubes a la Ciudad, son muy grises, el viento es débil, no puede arrastrarlas; además son muchas, han ido amontonándose a lo largo de la mañana y por la tarde volvieron a formar esa pesada cortina que impide al sol ensañarse con el mobiliario y los desprevenidos habitantes. Si permaneces suficiente tiempo en las calles, podrás darte cuenta de los cambios: las sombras caminan despacio, la completa demolición de un edificio que amenazaba con desplomarse sobre los peatones, entraron los niños a la escuela, el trabajo ordenado de muchas personas para decorar una avenida principal, poco a poco han cubierto el negro pavimento de natural anaranjado. Salieron los niños de la escuela, una construcción en la cual avanzan rápidamente, suma dos pisos más a su altura; no puedes evitar perderte en los escenarios eclécticos de esta urbe señorial y miserable, majestuosa pero ajada, de noche sórdida, de día atestada, asustada, con sus vagos elegantes, pordioseros que prestan dinero, payasos que dan lástima, personas de corta edad vendiendo el cuerpo y el alma, estridencia visual ¡cuántos contrastes la vista abarca!
Déjate llevar, el viento trae palabras de personas sin rostro, no las escuches, pon atención a sus ademanes, ve con ellos en pequeños espacios, breves instantes; cuestionan, responde, practiquen juntos monólogos impersonales.
La Ciudad le da la espalda al sol, dentro de unas horas la luna lucirá más hermosa que en días pasados, pero ni un solo loco podrá admirarla; amenazada por catástrofes y bandidos, deberá pernoctar con un ojo abierto, la somnolencia hace que todo parezca más lento, los bailes se antojan eternos, malabaristas dominan al fuego, humo rancio y vino barato envilecen el juego, el pudor yace intoxicado, la lujuria camina voluptuosamente, lanza besos, viste entallada mostrando el indicio de un gozo que exige precio, nada de coqueterías ni lances de caballero, el pecado hace negocios en trato directo. La noche tomó demasiadas copas, sus carcajadas no son de júbilo, suenan a burla, vulgares; la muerte le ganó esta mano y ha salido a cobrar sacrificios sin altar, aplaca su sed bebiendo lágrimas, pero no se sacia, jamás descansa, al siguiente segundo va por más sangre y dolor, trabaja turnos completos, a la luz o en la oscuridad.
El sueño pide su tiempo, ya no encuentra encanto en los disfraces, las máscaras se han despintado tornándose muy pálidas, vomitan incoherencias y se sienten desprotegidas, procuran ser discretas al no saber porque de pronto temen, se sienten vulnerables ante remordimientos falsos. Prenden un nuevo cigarro, apuran otro trago, aspiran profundamente blanca combinación, logrando fugaz tranquilidad, las caretas caen para ser destrozadas debajo de calzados caros, vuelven los brindis y la risa, melódicamente el estruendo hipnotiza, danzas desinhibidas, concupiscentes sonrisas. Corderos con colmillos atraídos por una ninfa sensual, sirenas fuera del agua embriagando los oídos de rudos tontos, con deliciosas promesas de cumplir deseos, todos prestos a jugar el juego de olvidar que el respeto a uno mismo no se consigue con dinero. Después, con jactancia afirmarán haber tenido al espíritu de la vida rendido entre sus brazos, hechizado por sus palabras, seducido por sus maneras. Esclavizándose a vicios no a placeres, profanándose mutuamente.
Un par de horas más y la noche dormirá, se reanuda el movimiento, unos vienen y otros van, no importa cual es cual. En medio de la obligación de seguir, amanece, la Ciudad bosteza ansiosa, observa a algunos hacer de un asiento el mejor lugar para dormir; el mercado abre temprano, al paso de la gente ofrece agradables olores, la prisa corre en pies y motores, la luna no le hereda al sol su tranquilidad, ni por estar expuestos hacemos caso a la autoridad, empeñados en lograr cada uno su meta particular, perdiendo de vista que acudiremos todos juntos a la misma cita, en el mismo lugar.
Trato de hacer la señal de la cruz sobre mi cuerpo, aturdido por el cansancio dejo a medias el movimiento, aparco junto a un parque, siento el viento fresco mientras me deleito sorbiendo un café caliente, doy gracias por haber transitado con bien esta transición. El viento se ejercita a temprana hora, baja furioso al valle pues no pudo nada contra las nubes, me entretengo en presenciar su lucha contra todo lo que se le opone, ulula amenazante entre árboles y edificios, con puños gélidos aprieta cuerpos y objetos, revuelve la basura, hace llover hojas que tapizan el asfalto, puedo escucharlas al caer y crujiendo bajo mis pies, bailaré con ellas cuando el aire las levante, si no ahora, quizá en cenizas, entre la basura.
Sorprendida por el frío la Ciudad vive, acoge a sus hijos y bastardos, espléndido anfitrión, exigente patrón, consiente el ocio, invita a laborar, en las más grandes fiestas soporta el robo y la violencia, pasa de carnavales a funerales, crece hacia el cielo moderna Babel, se avejenta corrompiéndose revestida de oropel, se extiende sin orden; en ella, Mujer y Hombre viven dándose la vida, negándose, con fidelidad e hipocresía, solidarios e indiferentes; dentro de  estas arterias de trazo impreciso, se mueve un pueblo poderoso pero dividido, opulento y menesteroso, se mezcla, ordena y protesta; congregado en las calles para festejar o para reclamar, a diario sale desafiando la inseguridad, se agrupa, agrede y segrega, se manifiesta a gritos, a duras penas se reconcilia y tolera. La ciudad de los absurdos, repartida como un botín, conquistado sin sudor ni sangre, por farsantes diestros y zurdos, siguen haciendo mal uso del esfuerzo y los recursos de un pueblo que ya no confía en peroratas enfatizadas con ademanes teatrales, ni espera un Mesías, mucho menos milagros de televisión, pero que cansado de sobrevivir precariamente con un pobre poder de adquisición, carente de organización para recuperar sus derechos haciendo una nueva revolución, termina las jornadas laborales maldiciendo, buscando evasión, un poco de descanso y pervirtiendo sus valores en cualquier mundana distracción.
Es una olla. Un nido.
De hormigas, grillos, serpientes, ratas, mariposas, corderos, fenómenos y fantasmas.
Se moderniza desmoronándose, las manos que la maquillan, son extranjeras.
Santas piedras, escondidas entre gris cemento, austero pero opulento.
La nueva tendencia es la individualidad, para lograr el bien común, primero lucha solo, triunfa a como dé lugar, luego busca compañía (personal y laboral), aplaca tu instinto animal. ¿Incongruencia? No, es sólo otra creencia.
En los barrios y zonas residenciales, desde el cerro a las calles principales, turistas y peregrinos, prostitutas y rufianes, obreros, burócratas, advenedizos del erario público, profesionistas y estudiantes, ignorantes e intelectuales, héroes de goles celestes, amarillos, auriazules, una olimpiada y dos mundiales, mucha violencia, poco arte, carreras presidenciales, ídolos que no envejecen en películas y canciones, inútiles comicios electorales; yo, perdido en el tránsito, no puedo imaginarme a esta Ciudad ¿qué más le cabe?

lunes, 24 de octubre de 2011

Me declaro: sin sentido, pero vivo.



Un continuo golpeteo interrumpe mi sueño, me va sacando poco a poco del sopor. Repentinamente un golpe más fuerte me hace ver todo como en cámara lenta, además las cosas parecen estar entre neblina. No percibo exactamente donde estoy ni mi condición, escucho un murmullo lejano y siento algo llevándome de un lado a otro, la reacción de mis sentidos está muy retardada. Mi más cercano recuerdo tiene que ver con una fría madrugada, muchas personas esperando la llegada de un autobús y yo drogándome, con el fin de darme el valor suficiente para abordarlo y llevar a cabo un asalto.
Pero mi intención se ha frustrado, la droga me sumió en un profundo y pesado letargo, me veo reducido a un alfeñique sin gobierno de su cuerpo; mi cabeza estuvo balanceándose sin control varios minutos, rebotando contra el cristal de la ventanilla y en una brusca frenada del autobús, impactó de lleno contra la nuca del pasajero que viajaba delante de mí, dejándolo desmayado en su asiento, además mi cuerpo desmadejado fue a dar sobre la mujer sentada al lado mío, causándole un gran susto y mucha molestia, por lo que ha pedido la ayuda de los demás compañeros de viaje, los cuales, solícitos acudieron a auxiliarla, a pesar de mi torvo aspecto, pero aprovechando el deplorable estado en  el que me encuentro.
De pronto vienen a mi mente los gritos de algunas anteriores víctimas de mis delitos:
-¡Algún día las vas a pagar todas juntas, hijo de perra!
Rápidamente siento algo subir desde mis pies, da vueltas en mi estómago, me atenaza del cuello y trata de despertar mis instintos: es el miedo. Algunos hombres mayores y jóvenes me tienen sujeto por los brazos, me sacuden con violencia, veo sus bocas moverse y gestos amenazadores en sus rostros, un par de mujeres me están golpeando, pero no logran dañarme. Dentro del alboroto, en medio de la turba enardecida, yo parezco ausente, empiezo a darme cuenta del peligro, pero la alta dosis ingerida me tiene prácticamente indefenso.
Al parecer esta será mi última osadía, me dejo caer de rodillas para que la gente por fin me domine, cuando alcanzo a escuchar una furiosa exclamación:
-¡Hay que matarlo, le haríamos mucho bien a la sociedad eliminando a esta lacra!
Por unos instantes, estos desconocidos discuten tomar la justicia en sus manos, no estoy en posición ni condiciones de solicitar su bondad; anticipándome a cualquiera que sea su decisión, hago acopio de fuerzas y comienzo a forcejear para librarme de los captores, sin embargo la lentitud y debilidad de mis movimientos únicamente los animan para empezar a agredirme, al principio nada más siento como empujones, pero cada golpe va despertando mis sensaciones, trato de ponerme en pie entre puñetazos y patadas, muchas lanzadas sin precisión ni fuerza, pero la cantidad y mi pobre situación, les hace fácil la labor. El chofer del autobús se acerca a mí, armado con un bate, eso sí es algo peligroso, pienso y al grito de:
-¡Chinguen a su puta madre!,
arremeto contra las personas que se encuentran ante la puerta de salida.
Mientras todo esto ocurría, alguien debió llamar a la policía, ya se escuchan las sirenas, me queda poco tiempo; agarro fuertemente a un muchacho y proyecto su cuerpo contra la puerta, esta se vence bajo su peso y yo me lanzo desesperadamente, en la tentativa de alcanzar la calle. Jirones de mi ropa se quedan en las manos de los coléricos pasajeros, sus ansias de venganza no quedarán satisfechas, no a costa de mi vida; pero todavía no estoy a salvo, el escándalo ha llamado la atención de otros transeúntes y se aprestan a detenerme, por si fuera poco, la policía ha llegado. Por primera vez en mi larga carrera delictiva, me veo acorralado.
Sin embargo reconozco el sitio donde nos hemos detenido, es una terminal de autobuses de transporte público, el sol ya ha salido, deben ser alrededor de las siete treinta, la multitud puede jugar a favor o en contra de mi escape.
Simulo sacar algo de la parte trasera de mi pantalón y la gente retrocede, un policía me conmina a entregarme, pero eso es lo último que pasa por mi mente. Mido el terreno, conozco a la perfección cada tramo de este lugar, sus pasillos y cada una de las bardas, puedo atravesar el laberinto sin alas.
El primer obstáculo es una malla metálica, la escalo sin dificultad, los azorados policías y usuarios del transporte me ven iniciar la huida, en el momento justo la droga me da el efecto deseado: pura adrenalina; algunos peatones se animan a seguirme, gritan amenazas tratando de asustarme, pero nada me distrae de mi objetivo, nunca vuelvo la  vista atrás, esta vez no logré el botín, mas mi libertad es primero.
Escucho varias detonaciones de pistola, sin embargo los policías no cometerían la imprudencia de disparar directamente contra mí en un lugar tan concurrido, no me detengo, el miedo sólo me impulsa hacia adelante, además ya me encuentro bastante lejos de ellos, internándome en una zona de la terminal donde la muchedumbre se apretuja y con suerte por acá, nadie se habrá percatado del incidente.
Sigo corriendo, ahora sí, de reojo volteo, mis perseguidores se rezagaron entre tanta gente, autobuses, camionetas y puestos de comida, pero no puedo darme el lujo de sentirme a salvo, mi apariencia denota que estuve en problemas, me doy cuenta de tener la cara muy golpeada y mi ropa está destrozada, las personas se alejan de mi, pero murmuran, cualquiera podría avisar a la vigilancia, estropeando el plan.
Tras correr más de veinte minutos en línea recta, saltando bardas y chocando con la gente, llego al otro extremo del paradero, casi lo he logrado; veo a un hombre y a una mujer abriendo su local de ropa, cuelgan las prendas en ganchos, yo necesito vestirme para pasar desapercibido, ellos comienzan confiadamente su jornada laboral, tienen lo que necesito:
una camisa y una gorra, es todo.
El Diablo vuelve a lanzar los dados, tuerce la suerte y yo paso sin llamar la atención de los vendedores, cojo las prendas, sigo caminando, rápidamente me escondo entre dos puestos cerrados, no lo pienso mucho y me cambio de ropa, me calo bien la gorra.
Ando de nuevo por el pasillo, un autobús está saliendo de la terminal, algunas personas corren para subirse, aminora su velocidad, lo abordan, un pensamiento me asalta, corro también y subo al camión en marcha, no puedo irme con las manos vacías.
Ya adentro, inicio mi rutina:
-¡Esto es un atraco!